Produce profunda indignación el desprecio que, oculto tras un lenguaje supuestamente técnico, se desencadena sobre una víctima, quizás por su condición marginal o por afrontar situaciones “socialmente” problemáticas…. Una madre que padece el drama de que su pareja contraiga Sida mientras está sometido a prisión preventiva (etapa en la que aún es inocente, sin que esto implique legitimar la inoculación a los culpables), y que debe asumir la realización de curaciones sobre él, por delegación de una enfermera de hospital público ocupada, es, además, sindicada como corresponsable de la muerte de su criatura aplastada por un tubo de oxigeno.
Jueces parados y amparados en la burbuja de la corporación, rezuman en su piel un esencial divorcio con la función que deben cumplir. Como a diario se constata, en su formación ni han transitado por un hospital público, ni han tenido que suplir a una enfermera publica. En situaciones extremas, seguramente sacaron su credencial para recibir trato privilegiado, luego de haber estacionado su auto en lugares prohibidos.
Jueces, no más que eso. Los que ya retratara Martin Fierro.
Esta vez se llaman: Mabel De los Santos, Elisa Díaz de Vivar y Fernando Posse. Saguier.
Polémica por un fallo sobre la indemnización por la muerte de un chico.
Cuánto vale la vida de Matías
El niño de 5 años murió en un hospital porteño aplastado por un tubo de gas. Su padre, convicto, estaba internado en estado terminal. Primero, un juez indemnizó a la madre con 450 mil pesos. Ahora la Cámara lo bajó a 80 mil. Los argumentos y las críticas.
Karina Naval, la mamá de Matías, estaba ayudando a su marido cuando ocurrió el accidente.
Matías Gustavo Carrasco Naval tenía cinco años el 11 de enero de 2001, cuando murió aplastado por un tubo de oxígeno en el hospital porteño Ramos Mejía. Estaba visitando a su papá, un paciente crítico. Unos meses antes Gustavo Carrasco había contraído el VIH, mientras cumplía detención preventiva en la Unidad Penitenciaria de Ezeiza. Cuando el tubo de oxígeno cayó sobre Matías, Karina Naval, su mamá, estaba aseando a su marido, a pedido de las enfermeras y de los uniformados que custodiaban al preso.
Casi una década después, un fallo de la Cámara Nacional de Apelaciones resolvió que “la mujer fue co-responsable de la muerte de su hijo, eximió al Gobierno de la Ciudad de un 40 por ciento de culpa, y redujo el monto de indemnización por el valor-vida del chico de 450 mil pesos a 80 mil”, explicó a Página/12 el abogado de la familia Naval, Ignacio Petruzzo. Hace unos días, Petruzzo interpuso un recurso extraordinario ante la Corte Suprema de Justicia por “arbitrariedad de la sentencia dictada”.
Ver nota completa en: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-145023-2010-05-03.html




