Mientras transitamos este año y medio de dolor, asistimos inconscientemente a la gestación de un nuevo sustantivo que concentra y evoca a gran parte de los vicios de nuestro país: corrupción, desidia oficial, desorden, riesgo innecesario, evitabilidad desatendida, improvisación, incuria, inidoneidad, peligro, desprecio por la vida, muerte.. Como tal es empleado en muchos medios y comentarios, en algún discurso y en reflexiones mas elaboradas.
De momento no hay ambigüedad. Todos esos vicios y otros que podemos agregar al inventario son los causantes de la muerte de nuestros chicos y del grave daño a los sobrevivientes.
Y no es malo que esa palabra al enunciarse invoque un hecho horroroso y doloroso y sus causas. Mas contundente aun es que el sustantivo vaya acompañado del otro que le añadiera su miserable autor: REPUBLICA DE CROMAÑON, significando hoy un modo institucional de corrupción, negligencia, inescrupulosidad y muerte.
Una parte de nuestra lucha debe dedicarse a conservar este significado, por lo que tiene de motivante. Hoy la voz “Republica de Cromañon” genera rechazo. Carga con todo un sentido trágico y despreciable. Pero también genera distancia: es algo que está enfrente. Nuestra sociedad tiene esa tendencia: aislar y separar aquello que la incomoda.
Parte de nuestra lucha es mostrarlo no aislado, sino presente en lo cotidiano. La Republica de Cromañon, sigue estando en medio, en un taller clandestino, en una escuela, en un sótano que aloja peruanos trabajando, en un cine, en un estadio, en un parlamento, en un gobierno.
Hace algunos años, AMIA invocaba la tenaz acción solidaria de una comunidad; después significó muerte, muerte horrorosa. Hoy evoca impunidad. Triste parábola de una palabra que acompaña en sus diversos sentidos, una triste historia. Hoy el sustantivo tiene una resonancia separada de las vidas que se perdieron en la calle Pasteur. La memoria de esas vidas es un desgarrador esfuerzo de sus deudos, que la sociedad alienó en un aniversario. AMIA es hoy un proceso judicial frustrado, un carnaval de inmoralidades oficiales (anteriores y actuales), que seguramente culminarán en alguna estación anterior a la que corresponde en justicia. Pero AMIA hoy no resuena con la imagen de sus 86 muertos. Esta disociación de las victimas respecto del hecho que las causó, esta separación entre las causas y las consecuencias, facilita la desincriminacion de estas
.Hoy tampoco EMBAJADA DE ISRAEL evoca a sus veintinueve muertos. Y por eso su causa se halla fácilmente a las puertas de la prescripción. Nadie se sonrojará cuando se declare extinta la causa penal. Ningún Tribunal asumirá la declaración de prescripción como un juicio sobre el desempeño de los jueces. Y lo más grave aun, nadie (salvo los familiares) la juzgará como una ominosa afrenta a la memoria de esos veintinueve seres humanos.
En el futuro de un sustantivo se cifra también el resultado de una lucha. Lucha que esta compuesta de infinidad de gestos, actos y acciones, cuya trascendencia no podemos aun medir. Todos tienen importancia. Como la tiene que REPUBLICA DE CROMAÑON sea un vocablo que debe estar indisolublemente unido a lo que causó: los 194 rostros que en estos días debimos recordarle a Aníbal Ibarra.
Que una palabra resuma todos estos conceptos, es bueno por su contundencia argumental. Mas no alcanza, pues los argumentos son, en nuestro medio, armas de las múltiples contiendas verbales que a diario encaramos, no con el propósito de enriquecernos en la disputa de razones, sikno de vencer al adversario a través de supuestas mejores elaboraciones.
Decir que algo es un Cromañon, es todavía algo fuerte y asimilable. Carecemos de perspectiva como para afirmar que esa fortaleza y claridad vienen de la resonancia que ha adquirido el sustantivo, o son solo un efecto de la proximidad temporal con los hechos acontecidos en REPUBLICA DE CROMAÑON




