El recital de Callejeros nos ha producido dolor e indignación.

El recital de Callejeros nos ha producido dolor e indignación. Un espectáculo obsceno, montado sobre el lucro y con absoluto desprecio de los 194 fallecidos. Patricio Fontanet fue muy claro: “me chupa un huevo”. Como el 30 de diciembre, nada le importó de la seguridad de sus seguidores. Como hace dos meses, cuando irrumpieron en un teatro en Flores, transgrediendo la prohibición del empresario y la falta de habilitación para que ellos tocasen. “Me chupa un huevo”. Frase elocuente emparentada con aquella de Aníbal Ibarra al relanzarse al ruedo político: “los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”. Las miserias se vinculan....


Y lo triste es que en este aquelarre de desprecio y dinero (el de los $ 40 por su disco, el de la recaudación del Chateau Carreras, etc.), nosotros tengamos que explicar porque reclamábamos el silencio de Callejeros. Como si los deudos de madre e hija asesinadas por Sebastián Cabello tuvieran que explicar porque éste no debe manejar. Como si el día siguiente al 30 de diciembre de 2004 fuera igual al 29 de diciembre.


Y en esta sociedad de las nivelaciones, nuestro derecho al duelo y al respeto por la memoria de nuestros muertos es igualado al supuesto derecho de Callejeros a trabajar. Roguemos que ningún remisero corra picadas… Cada uno de los integrantes de Callejeros bien podría haber “trabajado” tocando individualmente en otros grupos. Callejeros cerrò una noche y hoy no puede reabrirla.


Ningún recital tiene que terminar. El recital del 30 de diciembre terminó con la muerte de 194 chicos. Para que ese recital terminase era necesario liberar a Chabán y ponerlo al frente de su local, colocar a Callejeros en ese escenario, traer a los miles de sobrevivientes y resucitar a los 194 fallecidos. Si no, terminó.


Pero más allá de este sentimiento, deberíamos reflexionar sobre el lucro y el peligro que entraña. El lucro mató a mi hijo (el lucro del empresario, el del grupo y el de los funcionarios y los policías corruptos). Cuando las cámaras se vayan, cuando los recitales de Callejeros dejen de ser nota, nuevamente el negocio mandará. Si es provechosa la venta de bengalas, las bengalas volverán (uno de los asistentes al pasado recital, llevo cinco), si es negocio la droga y el alcohol, allí estarán Callejeros y su productor para recoger los frutos. ¿Y la seguridad de los chicos?: “me chupa un huevo”.


José A. Iglesias