Es un tema del que podemos hablar porque lo vivimos en la noche trágica del 30 de diciembre y días sucesivos; así como pasó con Cromañón volvemos a ver en el choque de trenes ocurrido ayer que nada se aprendió, el sistema de emergencia nuevamente demostró que no está preparado para este tipo de tragedias; hospitales colapsados, cientos de familiares agolpados en la búsqueda de sus seres queridos, y el caos reinante en los mismos. Otra semejanza con Cromañón, uno de los frenos estaba clavado al piso mientras que el otro estaba atado con alambre y candado según el juez de la causa. El testimonio del periodista Gustavo Carabajal sobre como se viaja en estos trenes es una muestra más de esta “Argentina República Cromañón”.
Seguimos sosteniendo que todo es improvisación, cuándo aprenderán?
Hospitales colapsados y familias desesperadas. Hubo que convocar a médicos de varias zonas.
El drama y la desesperación tras el accidente de los trenes empujaron a numerosos familiares de pasajeros a agolparse en los hospitales más cercanos, como el de Trauma y Emergencia Doctor Abete, en Malvinas Argentinas; el Mercante, en José C. Paz, y el Larcade, en San Miguel, que colapsaron por el traslado de más de 70 heridos. Mientras los heridos no dejaban de llegar, la policía debió cercar cada centro de salud para preservar el orden.
En el hospital Larcade, donde más de 30 personas fueron atendidas, grandes y chicos se apostaban en la entrada en busca de información sobre familiares a los que no lograban localizar. "¡No sé dónde está mi hijo, necesito que alguien me diga que está bien o si lo están atendiendo acá!", gritaba una mujer, que se desmayó y debió ser atendida en la guardia tras forcejear con un efectivo de seguridad que le impedía pasar al centro de salud.
Joaquín de la Torre, intendente de San Miguel, reconoció que ese hospital vio colmada su capacidad y que debieron convocar a más médicos de otras zonas para atender a los heridos. "Pese a la gravedad del accidente y a la urgencia que hay, la situación está controlada, pero se llamó a más médicos y también hay psicólogos que están trabajando con los familiares de las víctimas", dijo De la Torre.
Luego de ser auxiliado en el Larcade, Fernando Lamas, un pasajero del San Martín que resultó con un golpe en la cabeza, afirmó: "Venía en el tren como de costumbre hasta que escuché un terrible golpe. Luego, había un griterío infernal. Miré para atrás y vi todos hierros retorcidos. Tardé un rato en despabilarme hasta que me di cuenta de que había gente atrapada; me dio mucha desesperación".
Ana María Matheu, jefa de Emergencias del hospital Larcade, explicó que "algunos pasajeros sufrieron amputaciones por el accidente". Entre llanto y más desmayos, unos 200 familiares esperaban conocer la lista de las personas internadas en el Larcade. La tensión era tal que hasta un policía sufrió un ataque de epilepsia y debió ser atendido en la guardia.
En tanto, en el hospital de Trauma y Emergencia en Malvinas Argentinas, hasta el cierre de esta edición habían ingresado al menos 16 pacientes con lesiones, cinco de ellos con heridas entre moderadas y graves. Así lo indicó a LA NACION la doctora Graciela Bonfigli, quien precisó que había "dos pacientes críticos, con fracturas múltiples, politraumatismos y fractura de cráneo y maxilofaciales". Ninguno de ellos era menor de edad, aclaró.
Siempre al límite del peligro.
Las vacas que son transportadas en los camiones jaula suelen viajar mejor que cualquier pasajero que se sube a bordo de Ferrocarril San Martín a la hora pico.
Aplastados, así se viaja en el furgón. Mucha gente en poco espacio. Parados, sin asientos. Sin pasamanos o barandas de donde sostenerse. Con el riesgo de caer cuando la masa de gente empuja hacia las puertas ante una frenada o una curva.
Este cronista viaja todos los días en este tren. Con espacio apenas para poder respirar. Los pasajeros viajan colgados, apoyados en el estribo, tomados del pasamanos, apretados contra la humanidad de los que lograron subir antes.
Para poder subir a este tren en la hora pico en algunas de las estaciones intermedias entre las cabeceras de Retiro y José C. Paz o Pilar hay que ser rápido de reflejos y no se debe perder tiempo en elegir un coche en particular. Una vez que se logró subir al estribo de algún coche, hay que desafiar la ley de gravedad. Cientos de personas se arriesgan a viajar colgadas, con el peligro de quedar enganchadas en alguno de los parantes de los puentes de hierro por los que pasan los trenes.
Muchos aceptan el desafío, no por una cuestión relacionada con probar el sabor del peligro, sino porque esperar el próximo tren es exponerse a la posibilidad de que el servicio se suspenda, como ocurre habitualmente. En los últimos tres años tuve que caminar más de doce veces por las vías debido a que el tren en el que viajaba se había quedado parado entre distintas estaciones. Había que llegar hasta la parada de colectivos más cercana. Cuando el tren se queda parado nunca nadie da explicaciones. Tampoco nadie ayuda a las mujeres con chicos a caminar entre las vías.
http://www.lanacion.com.ar/1350677-siempre-al-limite-del-peligro?utm_source=p-notasrel





