LA LOGICA DE CROMAÑON.
¿Es posible explicar el sinsentido?, hechos como estos, ¿pueden explicarse? ¿podremos encontrar la génesis de tanta muerte, de tanta pérdida; de tanto dolor?. A cuatro años y ocho meses de haber perdido a mi hijo Matías en Cromañón, todas estas preguntas rondan en mi cabeza, trato de ordenarlas, como para encontrarle algún sentido a todo lo que nos pasó, pero me resulta difícil, cuando no imposible.
En todas nuestras marchas y en cualquier tribuna que nos tuvo como protagonistas, no dejamos de remarcar que la corrupción mató a nuestros hijos, tampoco dejamos de señalar que la ineptitud de algunos funcionarios públicos también contribuyó a producir Cromañón, pero después de todo este tiempo, y después de haber superado un proceso judicial que duró exactamente un año, como resultado de este primer juicio, quedaron en evidencia otros factores que, sumados a la corrupción y a la ineptitud en la gestión, quizás nos permitan empezar a entender Cromañón como el resultado inexorable de una cierta lógica y no como un hecho aislado.
Es sabido que no existe (ni existirá) un sistema de prevención o de protección de personas o bienes que sea perfecto, es imposible lograrlo, entonces: ¿Cómo logran transmitir la idea de seguridad aquellas actividades que son muy riesgosas, como la industria aeronáutica por ejemplo?, principalmente porque aprende de sus propios errores , en la actualidad, según algunas estadísticas proyectadas por la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional) por cada millón de partidas de aviones, se producen alrededor de 37 accidentes, ¿saben que hace la industria toda en todo el mundo? Trabaja para evitar esos 37 accidentes y no se refugia en los 999.963 vuelos que llegan a destino para tratar de demostrar que el sistema es eficiente y seguro, no trata de convencernos que los accidentes son una fatalidad, que son obra del destino, o que son el resultado de un terrible designio.
Desde Diciembre de 2004 hasta el presente, aún hoy, hay personajes que estuvieron o están involucrados y que pretenden hacernos creer que Cromañón fue un accidente inevitable, que les pasó a ellos, que las víctimas son ellos y no nuestros hijos (fallecidos y sobrevivientes). Aceptar este tipo de afirmaciones sin cuestionarlas, sin una mirada crítica, es en ese simple acto donde empieza a gestarse la lógica que genera casos como el que nos ocupa.
Cromañón no fue un accidente, y era absolutamente evitable , empezó a gestarse desde sus mismos orígenes cuando un señor, arquitecto él; (empleado del Gobierno de la Ciudad hasta hoy) por algún motivo, decidió fraguar los planos para su construcción y posterior habilitación . Cuando, una vez en funciones el local, quien lo explotara, podía obtener el certificado de bomberos para funcionar, a través de un sistema (corrupto por cierto) montado por los jerarcas de la Superintendencia de Bomberos de la Policía Federal junto a algunos empresarios también corruptos, esto quedó demostrado en el juicio que los condenara a prisión en suspenso y que se ventiló el año pasado en el mismo Tribunal Oral 24.
Cuando el gobierno de turno decidió no controlar por algún motivo, y si lo hizo fue en forma arbitraria y selectiva. Cuando la gestión del control estuvo en manos de amigos o parientes ineptos. Cuando algunos miembros de la Policía decidieron recibir de coima $100 por cada 500 chicos de más que ingresaron esa noche al local. Cuando hay señores que generan dinero con lo que hacen pero que se desentendieron (o al menos pretenden hacerlo) de las consecuencias de sus actos. Cuando su explotador es un inescrupuloso que no duda en coimear a quien sea necesario para ganar más dinero y poder “zafar” de cualquier control.
Si a un sistema de prevención o de protección (de por sí imperfecto) le sumamos todas las conductas antes descriptas, será imposible tener un sistema eficaz, no alcanzará el cuidado o celo extremo que podamos tener con nuestros hijos, incluso para con nosotros mismos, simplemente porque aquellas personas que se supone deben hacerlo funcionar, son las que lo debilitan (desde adentro) cuando violan sus reglamentos por acción u omisión (como lo hicieron funcionarios del gobierno, y esto incluye a Ibarra, los bomberos y los policías) y que, lejos de generar una defensa similar a la que anulan o debilitan, se desentienden de los resultados.
Mirando hacia atrás en los hechos, son los que siempre aparecen muy alejados en estos sucesos. Será por eso que, en general, algunos siguen pensando que los padres tenemos más responsabilidades que aquel desconocido arquitecto que, con su actitud negligente e irresponsable, es el que echó a rodar esta enorme rueda que se detuvo el 30 de diciembre de 2004 con el resultado que todos conocemos.
Cromañón es producto de la lógica que intenté describir más arriba, pero también de la lógica de la impunidad y del poder.
A menos de un día del fallo de este crucial primer juicio, le pido a Dios que ilumine a los jueces para que con su fallo, todos tengamos la oportunidad de empezar a romper con esas otras lógicas que hace mucho tiempo empezaron a degradar los valores que supimos tener como sociedad, me refiero a la lógica del “sálvese quien pueda”, a la lógica de la violación sistemática a las reglas establecidas por parte de todos, a la lógica del “yo no fui”, a la lógica del “yo no sabía”, a la lógica del “yo cumplía órdenes”, a la lógica del “algo habrán hecho”, a la lógica del “ellos se lo buscaron”, a la lógica del “ estaban todos borrachos y drogados”, a la lógica del “dejaron a sus hijos en una guardería”.
Arturo S. García, papá de Matías, fallecido en Cromañón.




