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LA SOCIEDAD Y EL DOLOR AJENO.






Susana Giménez Marcelo Tinelli Moria Casán Cacho Castaña

En estos días, en los que se reinstaló la discusión sobre la inseguridad , podemos ver como distintos referentes de nuestra sociedad se manifiestan con respecto a ella. Me resulta llamativo el ver que la mayoría se refiere solo a uno de los tantos modos de inseguridad que nos amenazan a diario. Por supuesto que no es menor que secuestren, violen o maten a nuestros hijos, padres, hermanos, madres, abuelos etc, no ya en las calles, sino hasta dentro de nuestras propias casas, de hecho; no lo es, pero no debemos perder de vista que existen otras formas de inseguridad que también matan, la inseguridad en el tránsito, la inseguridad en el transporte público en general, la inseguridad en los espectáculos públicos, la inseguridad en los boliches, el gatillo fácil, etc. Los últimos hechos parecen haber precipitado el comienzo de ciertos procesos que (creo yo) son necesarios que se produzcan en el seno de una sociedad como para alentar la esperanza del tan ansiado cambio. Ahora bien, si así fuera, creo que tendremos que tener en claro (y eso lo tendremos que construir entre todos) qué es lo que queremos que cambie y para ello, tendremos que empezar por nosotros mismos. Nada puede cambiar si el cambio no se produce primero en nosotros.

No podemos seguir esperando que los demás (sin importar quienes sean) solucionen nuestros problemas, porque corremos el riesgo de seguir perdiendo a nuestros seres queridos mientras eso sucede (si alguna vez sucede). Tenemos la oportunidad de hacerlo por nosotros mismos, quizás la marcha del 18, a Plaza de Mayo (así lo espero) haya sido el primer paso de un camino largo que tendremos que recorrer TODOS. Si todos tomamos conciencia (como parece) que lo que le sucede a los demás es lo mismo que nos pasa a nosotros y exigimos la protección que nos deben, nadie podrá ignorar nuestros pedidos, porque desgraciadamente, éstos, están basados en argumentos que no son ni políticos , ni ideológicos ni filosóficos; por lo general, esgrimimos una pancarta que lleva el rostro, el nombre y el apellido de nuestros seres queridos.

No les dejemos creer a algunos "referentes sociales” que tienen el monopolio de la verdad, por buenas intenciones que éstos tengan. No estoy de acuerdo con la idea de que la defensa de los Derechos Humanos y “esas cosas” sea sinónimo de defensa de la delincuencia, no acepto aquello que “el que mata debe morir” y esto; lo reconozco, es lo más difícil de entender y mucho más aún de aceptarlo, pero aún así; no podemos defender la vida de algunos infligiéndole la muerte a otros, por más despreciables que éstos nos parezcan. Si lo hacemos así, una vez más prevalecerá la muerte, como si ya no fuera suficiente tanta muerte en nuestra historia reciente.

Tampoco debemos dejarle a ningún gobierno, ni a instituciones (por más prestigio bien ganado que éstas tengan) la iniciativa de la defensa de estos derechos porque no son propiedad de nadie, SON UNIVERSALES, por lo tanto, es nuestra obligación defenderlos, si no lo hacemos, corremos el riesgo que los gobernantes de turno o algún político mediocre hagan politiquería diciéndonos que ellos son quienes los defienden y que solo algunos organismos son los que los reivindican, en un Estado de Derecho ni se defienden ni se reivindican, tienen plena vigencia, aún para aquellos que nos infligieron el dolor de habernos arrebatado la vida de un ser querido. Que nadie se confunda: esto, de ninguna manera pretende ser la defensa de nadie, sin lugar a dudas que los que mataron y matan, violaron y violan, asesinaron y asesinan, sometieron o someten ya sea por acción propia o indirecta o por omisión DEBEN RENDIRNOS CUENTAS A TRAVÉS DE LA JUSTICIA Y PAGAR CON LA CÁRCEL EL DAÑO QUE NOS HICIERON, ya sea en lo individual como en lo colectivo.

Solo soy un padre que sufrió UNA de las formas de inseguridad descripta más arriba, perdí a mi hijo en Cromañón, pero la violencia verbal y el odio que afloró en muchos por estos días, no hizo más que recordarme algo muy doloroso para todos nosotros:
POR MUCHO MENOS DE LO QUE HOY SE DICE Y SE PROPONE, FUIMOS ENCASILLADOS COMO VIOLENTOS, INTOLERANTES, NAZIS, GOLPISTAS, FACHISTAS Y DESESTABILIZADORES, y aún hoy; debemos luchar (y demostrar) que la gran mayoría de los padres y madres que perdimos a nuestros hijos esa noche no somos nada de eso; me pregunto: ¿porqué, para la mayoría fue más fácil acusarnos que entendernos?, ¿porqué, aún para aquellos que antes ya habían pasado por lo mismo que nosotros y con plena conciencia de nuestro dolor nos acusaban de golpistas? ¿porqué tuvimos que soportar que nos digan que no cuidamos a nuestros hijos?.

No tengo las respuestas y estas preguntas aún me siguen taladrando el alma , pero de una cosa sí estoy seguro: si los funcionarios de un gobierno, los políticos, los notables, los “referentes sociales” de cualquier organización, los famosos, los especialistas, los jueces, la policía o nosotros mismos, como ciudadanos comunes no cambiamos estas actitudes y permitimos (y nos permitimos) esas conductas, LO ÚNICO QUE NOS ESTAMOS ASEGURANDO ES LA CREACIÓN DE UN NUEVO CASO DE INSEGURIDAD,
vaya como ejemplo de esto que digo lo sucedido con los 17 chicos fallecidos en una discoteca de Vicente López , Kheyvis en diciembre de 1993, nuestras conductas pasivas y permisivas, la falta de justicia, la falta de castigo a los responsables políticos, municipales y materiales de esas muertes, gestó y ayudó a que se produzca Cromañón, y hoy; esos padres y madres no pueden ni siquiera homenajear a sus hijos en el lugar de los hechos porque ni siquiera eso les permiten. Vayan mis respetos y mi eterno agradecimiento a estos padres y madres ya que fueron los primeros que se acercaron a nosotros para consolarnos en nuestra noche más oscura. Apelo a aquellos que aún tienen sus familias completas a que “no sean espectadores pasivos de sucesos como estos, no juzguen, no culpen, no señalen, porque todos creemos que nunca nos va a pasar, hasta que nos toca”.

Arturo S. García
Papá de Matías, fallecido en Cromañón.