[1]
En el marco de su visita a Ecuador y no pudiendo guardar silencio ante lo acontecido en el local Factory, la Presidenta se vio obligada a hablar sobre Cromañón. Y dijo: “Quiero solidarizarme muy especialmente con los familiares de las víctimas de una tragedia que ha enlutado a todo el pueblo y que, en cierta medida, también nos hermana porque se parece casi más que con similitud en forma idéntica a otra tragedia que sufrimos los argentinos, también la capital de nuestro país, cuando sucedió la tragedia de Cromañón: exactamente el mismo ámbito, jóvenes en un concierto, bengalas, la tragedia, el dolor .
La forzada declaración transparenta el sentir real de la Presidenta. Es sabido que, entre sus escasas virtudes puede contarse cierta habilidad oratoria, un rico lenguaje, y la construcción correcta de las oraciones. Además, el estilo pausado de sus discursos, revela que mientras dice una oración piensa detenidamente la siguiente, de suerte que difícilmente diga algo que no esté en su mente. En todo caso, cuando no dice todo lo que piensa, sabe acudir a frases políticamente convenientes que maquillen su real sentimiento .
Y esto se traduce con nitidez en esta primera declaración. Es evidente su incomodidad ante la obligada referencia a Cromañón. De allí que trate de relativizar la comparación. Por eso cuando enfrenta a ambos hechos acude a diferenciaciones elípticas: “en cierta medida…nos hermana”, o “se parece casi más que con similitud en forma idéntica” .
Pero su pensamiento real esta en el predicado de la semejanza: “exactamente el mismo ámbito, jóvenes en un concierto, bengalas, la tragedia, el dolor” . En la ecuación fría de Cristina Fernandez de Kirchner, los ingredientes causantes de la “tragedia” , son los “jóvenes en un concierto” y las “bengalas” .
La corrupción no es para Cristina un ingrediente y, menos, el causante fundamental . Es que los procesados Juan Carlos López [2], Ministro del área de Aníbal Ibarra [3], Fabián Fiszbin, Subsecretaria de Control Comunal del citado miserable, Gustavo Torres, Director de Fiscalización, Ana Maria Fernández, directora Adjunta, Enrique Carelli, Director del área Seguridad, Vicente Risso, Subsecretario de Seguridad, Miguel Angel Belay, Comisario de la comisaría Séptima, Carlos Rubén Díaz, subcomisario, Gabriel Ismael Sevald, Comisario que también estuviera a cargo de la comisaría séptima, Oscar Ramón Sosa y Cristian Angel Villegas, policías que comandaban el patrullero estacionado frente a República de Cromañón, no son otra cosa que lamentables víctimas de la presión popular. Soldados inocentes de la causa transversal. Heroicos inmolados en la defensa de los valores de su socio Aníbal Ibarra [4]. Abanderados de la gesta kirchnerista .
Y sin duda es así, por eso la declaración. Todo el gobierno de Cristina esta infectado de ibarristas reciclados. En áreas fundamentales revistan los secuaces del destituido, alojados en cargos con decisión y cercanos a cajas imperturbables. El propio Aníbal Ibarra [5], además, no fue solo un socio circunstancial en un evento electoral, sigue siendo parte del “proyecto” .
Para Cristina, Cromañón es algo indigerible. Es, entre muchas otras cosas, un cuestionamiento frontal al Kirchnerismo. Es un estado de movilización permanente y de denuncia pública. Es una herida grave a la corrupción. Y, además, es un pésimo antecedente .
Antecedente y bandera, que bien pueden enarbolar las víctimas de la ruta 9 (las de hoy, las de hace una semana y las de hace varias semanas). Y la pueden enarbolar encarando la misma lucha, contra Cristina y contra el Poder Judicial. Ese Poder que confiesa su imposibilidad de procesar a un funcionario de turno (aún sin servilletas), pero que se mueve diligente para perseguir a los adversarios de momento (he ahí la lastimera y obsecuente acción del Fiscal Marijuan, contra De Angelis).
Por todo esto, Cristina Fernandez de Kirchner , desde aquí, desde uno de los lugares del movimiento Cromañón, te decimos con toda la voz:
¡¡antes de hablar de Cromañón, lavate la boca y pedi perdón!!