Diario del Juicio Oral

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Cromañón en la educación: Universidad de Río Cuarto

Universidad de Rio Cuarto
Murió una víctima más. Son seis las personas fallecidas en el incendio de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Río Cuarto: Juan Andrés Politano, alumno de 22 años; Carlos Ravera, Liliana Giacomelli y Damián Cardarelli, ingenieros investigadores, Gladis Barella, médica investigadora y Miguel Mattea, jefe de investigadores de la Planta piloto de la Facultad.
En el laboratorio de la Facultad de Ingeniería de la UNRC el derrame de un tambor de gas hexano, altamente volátil e inflamable, provocó el estallido en cadena de otros recipientes similares, según narraron los testigos. A instantes de producido el incendio, dijo el Rector de la Universidad, que se tratará de determinar por qué esos tambores se hallaban ahí y con urgencia, deslindó responsabilidades “eso depende de la Facultad, no del Rectorado” . En aquel momento, el Vicedecano de la Facultad, Carlos Bortis, insistió en decir “No sé que pudo haber pasado, porque no teníamos conocimiento de que hubiera elementos explosivos almacenados, estaba prohibido el depósito de hexano.” Pero más tarde, en la investigación, apareció el borrador de un convenio con la empresa que llevó el combustible a la UNRC. Alumnos y docentes declararon que habían advertido a las autoridades sobre los riesgos, hasta llegaron a decir que podría producirse otro Cromañón. Es historia conocida por nosotros, los familiares de las víctimas de Cromañón, que sucedido el hecho todos los responsables se culpen unos a otros. La pregunta del millón es ¡¿por qué doce recipientes de hexano, con 200 litros cada uno estaban en un laboratorio donde alumnos y profesores realizaban proyectos y experimentos?!
Y otra vez nos encontramos contando nuestros muertos, otra vez haciendo una lista con sus nombres y otra vez la palabra EVITABLE aparece dolorosamente unida a la palabra TRAGEDIA .
Cromañón es un aviso fuerte, con un altísimo costo en vidas, sobre todo de jóvenes, sobrevivientes con secuelas importantes, familias lastimadas para siempre. La justicia es muy lenta y a veces injusta, los funcionarios actúan como de rebote ante hechos impactantes, luego, el tiempo diluye los proyectos y las buenas intenciones. Pero los familiares y los amigos de las víctimas de Cromañón, decidimos que esta vez no, que es demasiado alto el costo como para que no se lo tenga en cuenta, por eso, al mismo tiempo que luchamos por la memoria y la justicia, también luchamos para que Cromañón “no se repita” . Después de mucho conversarlo, discutirlo, llegamos a la conclusión de que el ámbito de la Educación es el ideal, para instalar esta lucha. Ya hemos realizado algunas actividades esporádicas, muy positivas, trabajando el tema de los Derechos, la seguridad, las responsabilidades, las emergencias, con alumnos y profesores tanto de escuelas primarias como secundarias, y una experiencia excelente realizada en conjunto por la Universidad de Buenos Aires y el Municipio de Ituzaingó, dedicada a trabajar estos temas con los docentes, que después serán multiplicadores con sus propios alumnos y toda la comunidad educativa. Queremos que esta experiencia se haga extensiva a la Ciudad de BsAs. y al resto del país.
Es indispensable que los chicos, los adolescentes, los jóvenes aprendan cuáles son sus derechos, dónde y cómo reclamar si estos no se cumplen, quiénes son los responsables del incumplimiento de las normas de seguridad, que aprendan a actuar en situaciones de riesgo, que ejerciten conductas para preservar su integridad física y psíquica, también conductas solidarias. Y es el ámbito educativo, el lugar privilegiado para internalizar estos saberes, por ejemplo, deberían conocer mínimamente las normas o leyes que los protegen como la cantidad aproximada de gente que puede entrar en un lugar cerrado, la existencia de puertas de emergencia, de matafuegos, cómo actuar en situaciones de emergencia, cosas que se detectan fácilmente con una simple mirada. Esto no quiere decir que los chicos deben ser técnicos en materiales o normas de construcción, diferenciar entre elementos ignífugos o combustibles, esto no es lo que corresponde, sino lo absolutamente necesario, digamos que debiera ser un “mientras tanto”, porque existen funcionarios y organismos específicos creados para dictar normas de seguridad y controlar que estas se cumplan, pero en este momento de nuestro país donde se preservan las ganancias y no las vidas, donde las coimas, la corrupción son moneda corriente, debemos aprender a cuidarnos al mismo tiempo que exigimos que esto cambie y los funcionarios y empresarios cumplan con las responsabilidades que les competen.
La muerte de los chicos en Cromañón debería servir para que los jóvenes que van a un boliche a divertirse o a una Universidad a estudiar, a un viaje de egresados, fueran capaces de decir “no entro” si este lugar está lleno en exceso, si la empresa no se hace responsable del descanso de sus choferes, si en el aula hay elementos peligrosos almacenados “no entro” , saber que tienen derecho a elegir, a preservarse, saber que esta actitud tomada colectivamente, les provocaría orgullo, no vergüenza, entonces veríamos como empresarios, funcionarios, adultos que deberían ser responsables, comenzarían a cumplir con las normas correspondientes y no habría más chicos masacrados por divertirse, laboratorios incendiados, ómnibus destrozados en las rutas, dejaríamos de contar nuestros muertos, de hacer listas con sus nombres y Cromañón dejaría de ser una metáfora.