Requerimiento elevación a juicio Rafael Levy I.

CONTESTAN VISTA - REQUIEREN ELEVACIÓN A JUICIO

Señor Juez:

JOSÉ ANTONIO IGLESIAS , abogado, por derecho propio y en representación de los querellantes, con el patrocinio letrado de la Dra. BEATRIZ CAMPOS , con domicilio constituido en Eduardo Acevedo 510, en la causa caratulada CHABÁN Y OTROS S/ ESTRAGO SEGUIDO DE MUERTE, Expte. 247/05 , a V.S. decimos:

1.

OBJETO

1.1.

Requieren elevación a juicio

Que venimos a contestar la vista que nos fuera conferida mediante resolución del 16 de septiembre pasado, en los términos del artículo 346 del Código Procesal Penal de la Nación, con relación al imputado Rafael Levy.
Esta querella considera que la instrucción se encuentra completa a su respecto y con relación a los hechos que motivaron su procesamiento.
Por lo tanto, solicitaremos que se eleve la causa a juicio respecto del nombrado, quien deberá ser juzgado por la comisión de los delitos que en cada caso, se especifican en el apartado 5. de esta presentación.
En los apartados siguientes expondremos, respecto del imputado sus datos personales completos, la relación circunstanciada de los hechos por los que se lo incrimina, las pruebas que justifican la incriminación, la calificación legal atribuida, y los motivos en que se funda la imputación.

2

Datos personales del imputado

Rafael Levy , es argentino, nacido en la ciudad de Catamarca, Provincia de Catamarca, el 22 de enero de 1953, hijo de Isaac Rafael y Matilde Esquenazi, con domicilio real en Viamonte 2366, piso 1° C, de esta ciudad, identificado con D.N.I. 10.560.303.

3.

Hechos

3.1.

Relación de los hechos investigados en esta causa

3.1.1.

La noche del 30 de diciembre

A este efecto nos remitiremos a la versión de los hechos acontecidos el 30 de diciembre de 2004, que se consideró acreditada en la sentencia dictada por el Tribunal Oral 24 el pasado 19 de agosto de 2009, en la causa “Chabán, Omar y otros s/Estrago”. Destaco que, más allá de que dicha sentencia ha sido objeto de diversos recursos de casación, en ninguno de ellos se cuestiona la versión de los hechos sino su valoración, a distintos efectos.

3.1.1.1.

Al respecto dice el pronunciamiento “Pues bien, se ha podido acreditar con certeza en este juicio que el día 30 de diciembre del año 2004, en el local “República Cromañón” sito en la calle Bartolomé Mitre 3.060 de esta ciudad, y en momentos en que el conjunto musical “Callejeros” estaba ejecutando el primer tema del repertorio programado para esa fecha, siendo aproximadamente las 22:50 horas, un o unos sujeto/s no identificado/s arrojó o arrojaron hacia el techo uno o unos artefacto/s pirotécnico/s de tipo “candela”, cuyas ráfagas de fuego alcanzaron la parte superior del local, más precisamente el sector del techo frente a la cabina del “disc-jockey”, en el medio del salón e inclinado sobre las escaleras que conducen a los baños –dada la precisión de la ilustración, ver fs. 148 y setes. de la pericia de bomberos-.
La transmisión del potencial térmico del elemento pirotécnico que tomó contacto con los materiales revestidos del plano cobertor, entre los que se hallaban el tendido de una media sombra, espuma de poliuretano y guata –todos combustibles-, desembocaron en el desarrollo de un foco ígneo, cuyo proceso combustivo derivó en la formación de una atmósfera nociva para la salud de todas las personas que estaban en el lugar.
A su vez, y en lo que respecta a la trayectoria de los productos en combustión, se acreditó que la reacción del material combustible generó la emisión de humo denso y oscuro que fue invadiendo los espacios que se diferenciaban en niveles, los que una vez saturados en sus planos elevados se trasladaron hacia los niveles inferiores del recinto.
La saturación del predio con gases de combustión hizo lo propio en las personas que estaban en el local, y al no ser controlado el foco ígneo, el público se vio obligado a dirigirse de manera intempestiva fuera del predio.
No obstante, al estar el establecimiento colmado de gente, en cantidad excesivamente superior a la permitida, y con sus salidas en parte obstruidas y en algún caso “clausurada”, y tomando en consideración que al instante de iniciarse el incendio se cortó la luz de la parte interior del local, denotan el peligro al que se vieron expuestas las personas.
Para acreditar las premisas a las que venimos haciendo referencia, tuvimos en consideración los testimonios de un nutrido grupo de concurrentes que prestaron declaración en el transcurso del debate, los informes periciales que realizaron la Superintendencia Federal de Bomberos -básicamente aquella que elaboró la División Siniestros –fs. 2/8 y 115/176—y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial –I.N.T.I.-.
En mismo orden, también se tuvo en cuenta el testimonio de los principales Marcelo Gabriel Ochoa y Alfredo Daniel Cocco, ambos de la División Coordinación Judicial de la Superintendencia Federal de Bomberos, y del principal Sergio Ramón Santillán.
Por último, se hace hincapié en la declaración testimonial de los doctores Osvaldo Raffo y Fernando Tressa.
Veamos en concreto cada uno de los puntos aludidos.
En lo que respecta al elemento pirotécnico identificado como “candela”, que ha sido reconocido como aquél que produjo la noche del 30 de diciembre de 2004 el foco ígneo sobre el material que revestía el techo del local “República Cromañón”, corresponde reproducir algunos de los testimonios que han sido vertidos durante las audiencias de debate por diversos asistentes al evento.
Así, Federico Claramut precisó que con posterioridad a las manifestaciones que el cantante de la banda efectuó frente al público –Patricio Santos Fontanet-, “una candela incendió el lugar al quedar enganchada en la media sombra que había en el techo del local”.
En ese sentido, también el testigo Rodrigo Nicolás Figueroa sostuvo que pudo observar que desde el sector ubicado delante de la cabina de sonido un chico –del que no puede referenciar dato alguno- “apuntó hacia arriba con una candela y provocó un incendio en el techo”.
Ello encuentra sustento en lo oportunamente expresado por Damián Gabriel Espinosa, quien ante estos estrados afirmó que “al inicio del recital de Callejeros observó que uno de los primeros fogonazos de una candela pegó en el material que se encontraba en el techo y desató el incendio”.
En idéntico orden declaró Victoria Elena García, quien arguyó que “una candela pegó contra el techo y rápidamente incendió el lugar”.
A mayor abundamiento, Pablo Luís Ignacio Cantagalli indicó que “una lucecita de una candela quedó enganchada y prendió fuego el techo, generando mucho humo”.
Corresponde también sindicar lo anunciado por Javier Alejandro Domínguez, quien oportunamente sostuvo que “en el centro del salón, cerca de la columna de la derecha, una persona que se encontraba arriba de otra, apuntó con una candela hacia arriba y provocó que el techo se prendiera fuego”.
Conforme el testimonio reproducido en esta etapa del plenario por Laura Mirta Fernández, se desprende que la testigo pudo observar como “una persona que estaba arriba de otra con el torso desnudo encendió una candela y dirigió todas las bolas de fuego al mismo lugar del techo, incendiándose la media sombra que lo cubría”.
María Sol Demergasi manifestó –con relación al suceso que se comenta- que “vio al sujeto que, desde el medio del salón, disparó las cargas de una candela hacia arriba e incendió la media sombra”.
También resultó ilustrativo de ello lo sostenido por Eduardo Martín Di Pascua, quien evidenció que “por haber estado presente en el recital del grupo ‘La 25’, sabía que el local podía incendiarse”. Continuó su relato manifestando que “cuando empezó el show de Callejeros, observó que el disparo de una candela impactó en el techo y produjo un fuego de pequeñas dimensiones, que en cuestión de segundos se agrandó e incendió la media sombra sobre la gente”.
Idéntica descripción del suceso es posible hallar en los testimonios vertidos oportunamente frente a este Tribunal por los concurrentes Nicolás Martín Garro, Silvio Fidel Maltese, María de los Ángeles Mata, Marta Cecilia Reales, Hernán Ruíz, Julia Pamela Fernández y Mauro Velos, entre otros.
La idoneidad de dicho elemento para activar un incendio también ha sido analizada por el principal Sergio Ramón Santillán, quien al prestar declaración en el juicio puntualizó que llevó a cabo una clasificación de la pirotecnia en orden a su aptitud para producir fuego, mencionando a las “estrellitas”, a la “candela”, y a los artefactos sonoros –trátese del “petardo” y el “tres tiros”-.
Es decir, más allá de que todo el material incautado podría haber producido el incendio, Santillán sostuvo que una “candela” o un “tres tiros” serían más aptos para ello porque emiten la energía calórica durante un recorrido que puede dirigirse hacia cualquier sector, incluso hacia arriba.
En esa línea, explicó que el material que disparan los señalados elementos asciende hasta alrededor de 10 metros de altura. En el supuesto de la “candela”, las pequeñas señales lumínicas que emite se dirigen hacia un mismo punto y, luego, se dispersan al caer; en cambio, en el caso del “tres tiros” se ramifican aproximadamente a partir de los 3 metros de altura.
Los mismos relatos de los concurrentes mostraron coherencia con lo expuesto por el principal Alfredo Gabriel Cocco al momento de prestar declaración testimonial, oportunidad en la cual dijo que si bien es extremadamente difícil establecer con certeza el objeto puntual que dio origen a ese incendio, luego de varios análisis se inclinó por concluir que fueron elementos pirotécnicos; éstos al impactar encendidos contra la guata y la espuma de poliuretano iniciaron el proceso de combustión.
Asimismo, señaló que la combustión se desató sólo en un sitio del cielo raso, lo cual se infiere por la presencia de escasa cantidad de material semicombusto. La existencia de más de un sector de fuego necesariamente hubiera producido más restos de tal elemento, teniendo en cuenta la superficie del local.
De tal modo, y conforme se desprende de fs. 5 del legajo de bomberos, se acreditó que el proceso combustivo se caracterizó por un incursionamiento ígneo reconocido técnicamente como “fuego de altura”, manifestándose con gran desprendimiento de humo y gases de combustión -monóxido de carbono y otros-.
Bajo este supuesto, repárese en lo manifestado a fs. 164 de la pericia de bomberos, en la que se afirmó que “…En primera instancia debieron involucrar a las personas que se encontraban en el Área del primer piso –pasarela/balcón interno-, luego en un lapso relativamente corto, tales productos ganaron los niveles inferiores donde se hallaría la mayor cantidad de asistentes, tornándose la atmósfera del recinto dificultosa y hasta peligrosa para la respiración…”.
Resulta necesario acudir nuevamente a Cocco y Ochoa, ambos pertenecientes a la División Coordinación Judicial de la Superintendencia Federal de Bomberos, en virtud del informe que los nombrados labraron acerca de las características del proceso combustivo que tuviera lugar en el local “República de Cromañón”, y que obra a fs. 117/176 del legajo correspondiente a la experticia aludida.
En primer término, Cocco precisó que la pirotecnia como elemento ígneo tiene la capacidad de generar la temperatura necesaria para hacer entrar en combustión a la guata y a la espuma de poliuretano encontrada en el techo del local. Si bien la pirotecnia en sí misma genera humo, éste no es tóxico, solamente impide una correcta visión.
Respecto de las características del material adhesivo que se encontraba en la loza del techo del local, Cocco explicó que ese tipo de pegamento de contacto es altamente inflamable, y que incidió en el proceso combustivo porque es un elemento combustible más que al tomar contacto con el poliuretano generó llamas y productos propios de la combustión. Ese material es denominado “guata”.
De manera conteste a lo apuntado párrafos arriba sobre la trayectoria de los productos en combustión, añadió que una vez terminada la combustión del material, éste deja de producir los gases tóxicos, pero esos gases que se encuentran calientes y en las partes superiores del recinto, comienzan a descender a los niveles inferiores a medida que baja su temperatura.
Por ello, estimó que las concentraciones de ácido cianhídrico y monóxido de carbono que se generaron en el incendio abarcaron, primero, los sectores cercanos al entresuelo, y luego descendieron a la planta baja del local.
De igual modo se expidió el Principal Ochoa, en tanto afirmó que la temperatura para el inicio del fuego sobre la espuma de poliuretano no necesita ser demasiado elevada y ese material mantiene su combustividad, produciendo gran cantidad de gases tóxicos que fueron descendiendo en el sentido ya explicado.
Con relación a la influencia de la media sombra en la producción de gases tóxicos, indicaron que si bien la combustión de la guata y la espuma de poliuretano fue el factor perjudicial determinante, la quema de la media sombra aumentó el peligro, ya que incrementó la cantidad de humo y goteó sobre los asistentes provocándoles quemaduras.
En sentido similar, en lo que atiende a la incidencia de la media sombra en el foco ígneo, surte efecto la hipótesis que aportó el informe confeccionado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, estimando que “…Como en el local estaba colocada la media sombra, ésta se incendió y propagó el fuego en múltiples focos a la espuma de poliuretano. Por ello el tiempo real de propagación del fuego afectando la espuma de poliuretano podría haber sido menor que el calculado...” –ver fs. 10 del aludido informe-.
En lo atiente a la producción de gases tóxicos, el Principal Cocco explicó que el tiempo de descenso de dichos gases no habría superado los 13 o 14 minutos desde iniciado el proceso combustivo. Ello así, debido a que por las dimensiones del local la temperatura no habría superado los 600 grados y luego fue bajando, lo que permitió el descenso de los productos tóxicos de la combustión. El material sintético que se quemó, cuando entra en ignición, libera en forma repentina grandes cantidades de humo negro y denso.
A modo de síntesis, concluyeron que el proceso combustivo y la trayectoria del humo en el local Cromañón se habría producido de la siguiente manera: la superficie inicial del fuego fue de unos 20 a 30 centímetros; a medida que aumentaba la temperatura la guata, que es un elemento altamente combustible y reacciona a alta velocidad, comenzaba a inflamarse, lo que permitía que el proceso se extendiera; la combustión de los materiales del techo generó gran cantidad de gases tóxicos que abarcaron inicialmente todos los sectores superiores del local, por lo que se lo puede denominar como “fuego de altura”: aproximadamente en 6 minutos esos gases abarcaron toda la superficie del techo que se encuentra separada del sector del escenario por una viga de 70 u 80 centímetros; a medida que avanzaba el fuego, la ignición de la espuma de poliuretano y la guata aumentaba la trayectoria de humo y su temperatura a unos 400 grados más o menos; una vez que cesó la combustión al consumirse la totalidad del material que había en ese sector, las partículas de humo comenzaron a descender de temperatura y bajaron ocupando el resto del ambiente, es decir, los sectores del escenario, las partes inferiores y traseras del local.
Aquí debe quedar en claro que según lo manifestado por el Principal Cocco el proceso combustivo se autoextinguió al consumirse la totalidad de material del sector que tenía la capacidad de arder. Es decir, que el fuego no se apagó por obra de alguna persona, sino por falta de material combustible.
En otro orden, si bien no era nuestra intención inmiscuirnos ya en las causales del deceso de las víctimas, entendemos que resulta necesario hacer notar los dichos de los galenos para acreditar el peligro común al que se vieron expuestos los concurrentes a “República Cromañón” aquel día 30 de diciembre de 2004.
Ya en este punto es posible afirmar que la gran cantidad de víctimas se produjeron como consecuencia del proceso ígneo que provocó una atmósfera con concentraciones de gases tóxicos desprendidos de la combustión, lo que implicó una consecuencia grave y fatal en las personas en un período breve de tiempo.
Conforme lo expusieran los Dres. Osvaldo Raffo y Fernando Tressa al analizar las consecuencias producidas por la inhalación de los gases tóxicos que emanaron de la combustión de aquellos materiales, las muertes pueden explicarse mediante el síndrome lesivo por inhalación de humo, que se trata de una concatenación de síntomas y signos que pueden resultar letales.
Para los forenses fue un factor determinante el que se trató de un lugar cerrado, dado que aquí el nivel de oxígeno se desplaza por la presencia de humo. Esa carencia de oxígeno técnicamente se denomina anoxia; cuando el nivel desciende a un 15% las personas se hallan en peligro y cuando baja aún más hasta un 5% se produce el deceso.
Otro dato distintivo del suceso que nos convoca es el efecto térmico que se produjo en el ambiente –siempre teniendo en cuenta que se trató de un lugar cerrado-, dado que el aire se calienta y al ser inspirado provoca quemaduras de distintos grados. El humo a elevada temperatura es susceptible de producir edemas, cuanto menos a nivel de las vías respiratorias superiores y, además, tapiza las mucosas formando una capa impermeable al oxígeno.
En esta misma dirección, y para reflejar con un poco más de claridad a qué tipo de peligro quedaron expuestos los concurrentes, los médicos dijeron que dentro de los componentes propios del citado síndrome actúan gases tóxicos, pero fundamentalmente monóxido de carbono y ácido cianhídrico.
He aquí el por qué de la importancia a la que hacemos referencia cuando destacamos el peligro común que generó el incendio, puesto que, en anuencia a lo explicado por el Dr. Raffo, la vida media de una persona severamente intoxicada con monóxido de carbono es corta.
Más aún, agregó, con relación al cianuro, que se trata de un gas mortal que actúa de manera extremadamente rápida. A modo ejemplificativo calculó que tras realizar tres respiraciones en un ambiente en el que se encuentre condensada esa sustancia, la persona pierde el conocimiento, convulsiona y muere en minutos.
A todo lo expuesto se suma, como factor de importancia, la acción de gases irritativos que se hallan en el humo. Entre los principales, los expertos mencionaron al amoníaco, al cloro y a la croleina, que si bien no son venenosos, agravan el cuadro al generar lesiones y provocar broncoespasmos –contracciones musculares de las vías respiratorias-.
Como se puede apreciar, las propias características del foco ígneo –“fuego de altura”-, del material que sirvió para la combustión y de los gases que fue desprendiendo dentro del recinto, nos llevan a concluir que se trató de un proceso con alto grado de expansividad e incontrolabilidad, que generó un peligro común, en tanto puso en riesgo la vida de la totalidad de los concurrentes; tal como lo requiere la configuración típica del delito de incendio prevista en el artículo 186 del Código Penal.
En este punto recordemos que la doctrina caracteriza al incendio como fuego peligroso y que para su configuración típica no era necesaria la existencia de llamas vastas, si es que era idóneo para provocar ese peligro comunitario, como evidentemente sucedió dentro del local.
Continuando con el relato de lo sucedido, los médicos Osvaldo Raffo y Fernando Tressa indicaron que un patrón importante que contribuyó a la producción del resultado fatídico fue la conjunción entre el incendio y el pánico, ya que acrecentó la posibilidad de que las víctimas sufrieran lesiones e incluso fallecieran.
Como ya se mencionó, el efecto de la atmósfera lesiva, asimismo, pudo verse triplicado cuando la persona está en movimiento, lo que generalmente sucede frente al pánico y la desesperación.
Casi la totalidad de los concurrentes a “República Cromañón” que se escucharon en el transcurso del debate fueron contestes con el cuadro situacional reflejado por los mentados especialistas, dado que explicaron, palabras más, palabras menos, que el incendio provocó un humo negro que impedía respirar, generándose una intempestiva carrera del público para intentar salir del lugar.
Iván Manuel Leiva, al momento de prestar declaración testimonial ante esta sede, hizo referencia a que el “humo era tan negro y denso que le impedía respirar y orientarse dentro del local”, resaltando que en la “desesperación por salir, la gente lo aplastó contra una de las paredes del salón”.
En ese sentido, Gabriela Acuña definió al humo que reinaba en el local como “ácido y picante”, agregando que “se desvaneció por la presión de la masa de personas que la rodearon”.
Leonardo Andrés Almirón rememoró que “el humo era espeso y negro y que en la carrera hacia la salida las personas que venían por detrás lo hicieron caer al suelo”.
Matías Arcori aludió “que al intentar salir cayó al piso y quedó atrapado sin poder respirar por el humo que había”.
Federico Claramut sostuvo que “la gente presionó sus piernas y se produjo una especie de efecto domino a la altura de las puertas cine, lugar donde no se podía respirar por el humo”.
Miriam Berruezo indicó que “se vio sofocada por el humo y los gritos del público” y añadió que “pese a la fuerza que hizo para intentar salir, en determinado momento se desmayó, despertándose el 20 de enero de 2005 en el hospital”.
Al momento de brindar su testimonio, Carina Soledad Blanco refirió –con relación al humo que invadió el lugar- “que era como tener una bolsa de basura negra en la cabeza, que le dificultaba respirar”.
Conteste con ello, resultan ser las manifestaciones vertidas por Emilce Lorena Bravo, quien señaló que “sólo se respiraba humo, que la hizo rendir y dejar de empujar”.
En idéntico sentido declaró Damián Gabriel Espinosa, quien dijo que “la cantidad de humo que había en el salón le impedía respirar y que al dirigirse hacia las puertas una muralla de personas se lo impidió”.
Pablo Luís Ignacio Cantagalli destacó que “el humo lo molestaba muchísimo porque le quemaba la garganta”, añadiendo que “se generó una aglomeración de personas que pugnaban por salir”.
Con relación a ello, Yanela Sola Capucheti afirmó que sufrió dos desmayos dentro del local porque el humo no la dejaba respirar y que cuando pudo recobrar la conciencia “notó que tenía las piernas trabadas con otras personas”.
En similar sentido depusieron, Natalia Florencia Espinosa, César Guillermo Colque, Sebastián Eduardo D’Angelo, Matías José Estrada Godoy, Oscar César Díaz, Eduardo Martín Di Pascua, Carlos Alberto Dojorti, Sergio Ariel Duarte, Mariano Alberto Farreras, Laura Andrea Barrios, Laura Mirta Fernández, Sebastián Darío Fernández, Carlos Ariel Ferrero, Fabián Horacio Galeano, Victoria Elena García, Facundo Gil Sanz, Ramón del Valle Sosa, Adrián Marcozzi, Juan Francisco Masullo, María Laura González, Verónica Chintia Herrera, Julio César Hortal, Samanta Monhen, Maria Belén Varela Galván, Gustavo Facundo Orazi, Emiliano Palacios, Aldana Soledad Villamil, Diego Ariel Monges Torres, Jorge Fernando Prieto, Ariel Luis Renna, Fernando Ezequiel Rodríguez, Federico Alejandro Romero, María Candelaria Saggin, Sebastián Alberto Sandoval, Pedro Lagües, Julia Pamela Fernández, Carolina Soledad Moreira, Carla Galeano, y Amelia Esperanza Ramella.
Con relación a la duración del incendio que tuvo lugar en “República Cromañón”, el Principal Cocco dijo que no debió prolongarse más allá de los diez minutos.
Tal dato no puede pasarse por alto si insistimos en la “incontrolabilidad” del foco ígneo, dado que como se advierte el fuego actuó de manera veloz a raíz de los elementos que le sirvieron de combustión.
Como consecuencia de la diferencia que exhibió el peritaje confeccionado por personal del I.N.T.I. –que arrojó un tiempo de 13 minutos-, adujo que evidentemente hay que agregarle las circunstancias particulares del caso concreto donde el punto de inflamación se puede ir reduciendo por las condiciones de la atmósfera donde tuvo lugar.
También explicó que el humo que generaba la utilización de pirotecnia seguramente impidió que el inicio del proceso ígneo sea visualizado inmediatamente por los asistentes, quienes probablemente hayan demorado entre tres o cuatro minutos en advertirlo. La valoración conjunta de los elementos de prueba reseñados de conformidad con las reglas de la sana crítica racional, permite tener por acreditado que el origen del incendio se debió a la detonación de una o unas “candela/s” contra la parte superior del local, y que el fuego producido en el caso concreto generó el peligro común para bienes y personas que caracteriza al incendio típico.
…Ingresando a la cuestión inherente al acaecimiento del resultado típico agravado de las muertes, volvemos a lo expuesto por los médicos Raffo y Tressa, y a partir de sus dichos cabe afirmar con certeza que las muertes acaecidas fueron consecuencia directa e inmediata de los gases que emanaron por la producción del incendio del material que se encontraban en el techo del local.
En efecto, luego de haber analizado los informes médicos incorporados a la causa, los expertos concluyeron que las muertes se pueden explicar mediante el síndrome lesivo por inhalación de humo formado por gases tóxicos e irritantes que actuaron en diversas proporciones.
Con relación a las autopsias, explicaron que contienen una síntesis de los motivos por los cuales se produjeron las muertes, y que si bien se utilizaron distintas terminologías, todas ellas hacen referencia al síndrome lesivo por inhalación de humo, a excepción de Florencia Díaz, quien falleció por compresión toracoabdominal, consecuencia también del siniestro producido. Al tratar la agravante específica del delito de incendio volveremos sobre este punto.
Continuando con las características del síndrome lesivo, los expertos explicaron que por tratarse de un lugar cerrado, el nivel de oxígeno se desplaza por la presencia de humo.
En segundo lugar, añadieron que el efecto térmico del ambiente que se genera cuando el aire se calienta hace que al ser inspirado provoque quemaduras de distintos grados.
Por su parte, cuando el humo se calienta puede provocar edemas en las vías respiratorias superiores, y tapiza las mucosas formando una capa impermeable al oxígeno.
Otro componente distintivo del síndrome lesivo por inhalación de humo, es la presencia de gases tóxicos, fundamentalmente de monóxido de carbono y ácido cianhídrico.
El monóxido se condensa en el humo que se produce por la combustión incompleta de algún material orgánico que conlleva carbón –recalcando que tiene 300 veces más afinidad que el oxígeno con la globulina-, con la que se une formando la carboxihemoglobina que impide la oxigenación de los tejidos.
Cuando el monóxido de carbono condensado en el ambiente alcanza un valor entre el 25 % y el 30%, comienzan los dolores de cabeza –ver a modo de ilustración la declaración testimonial de Carolina Soledad Moreira- y la disminución de potencia muscular; al llegar a un nivel del 50% se inician las convulsiones; y al alcanzar un 70% provoca la muerte de las personas.
A su vez, de manera paralela a la intoxicación, la carencia de oxígeno en los tejidos genera lesiones en el sistema nervioso y a nivel cardiovascular, hasta provocar un infarto agudo de miocardio.
Con relación al cianuro, indicaron que actúa de manera extremadamente más rápida; calculando que con tres respiraciones en un ambiente en el que se encuentra condensada esa sustancia, la persona pierde el conocimiento, convulsiona y muere en minutos.
A diferencia del monóxido de carbono, ataca el fermento que la célula posee para respirar produciendo cianosis.
Mientras que a la persona que se intoxica con monóxido de carbono se la puede auxiliar con oxígeno, resaltaron los forenses que no sucede lo mismo con aquellas que están intoxicadas con cianuro, en tanto pese al suministro de oxígeno no podrían receptarlo.
A todo lo aunado, se colige que el síndrome lesivo por inhalación de humo se explica en lugares cerrados donde se manifiesta un efecto térmico del ambiente con presencia de gases tóxicos – básicamente monóxido de carbono y ácido cianhídrico-.
Debe sumarse a dichos extremos la acción de gases irritativos que se hallan en el humo –amoníaco, cloro y croleina entre otros-, si bien no venenosos, agravan el cuadro al generar lesiones y provocar broncoespasmos.
A modo de síntesis, sostuvieron que con motivo del siniestro se produjeron distintos tipos de anoxia, a saber; anóxica –falta de oxígeno-, anémica –disminución de la hemoglobina generada por efecto del monóxido de carbono-, e histotóxica –provoca el bloqueo enzimático celular por acción del cianuro.
A su vez, añadieron que no fue uno de ellos el que causó los decesos, sino que todo el conjunto de síntomas estuvo interrelacionado.
En última instancia, señalaron que el síndrome puede ser mortal en el momento, o bien, presentar un período de latencia, diferencia que radica en las condiciones físicas y en el tiempo de exposición de los gases tóxicos.
Resaltó Tressa que el grado de exposición es lo que marca la variación entre un deceso inmediato y la posibilidad de sobrevivir con o sin la aparición de secuelas.
Queda claro entonces que el proceso combustivo producido dentro del local, desembocó en la muerte de las personas que habían concurrido al recital, y que luego se citan en el apartado 3.1.1.5.

3.1.1.2.

La existencia de material inflamable en el techo del local

Uno de los factores fundamentales para la producción del resultado que se ha mencionado, ha sido la presencia de elementos combustibles en el interior del local.
Sobre ello también se ha expresado la sentencia del Tribunal Oral 24 que antes fuera invocada, y que en lo pertinente puede ser traída aquí, ya que tampoco media impugnación recursiva respecto de este aspecto de la descripción de los hechos a partir de la prueba colectada en el debate.
Dice el pronunciamiento: “Otra premisa o factor básico para que se generara la situación de riesgo típica que hemos venido describiendo es la existencia de material inflamable en el cielorraso del local, el cual al entrar en combustión liberaba gases tóxicos.
Más allá de la fecha exacta de colocación de cada elemento –como veremos se trata de la interacción de más de uno- lo cierto es que estaban colocados al momento del hecho y que los imputados estaban al tanto de ello y de sus particulares características.
Comencemos por el principio definiendo a qué elementos o materiales nos referimos y la probada existencia de los mismos en el sitio. Para ello traeremos a colación las conclusiones a las que arribaron los expertos de la Superintendencia Federal de Bomberos de la P.F.A. y del I.N.T.I.
Los primeros brindaron una descripción de las condiciones en la que se encontraba el techo del lugar al momento de realizar la pericia, inmediatamente después del hecho.
Así, realizaron una descripción detallada de la estructura del techo del local y específicamente hicieron referencia a la aplicación de material de suspensión acústica en tal superficie, constituido por placas sintéticas de similares características a la espuma de poliuretano, las cuales se disponían unas junto a otras, logrando de esta manera cubrir toda el Área.
Refiriéndose puntualmente al sector específico del siniestro, dijeron que poseía en el techo un revestimiento compuesto de espuma de poliuretano y, por debajo del mismo, se disponía una tela sintética tipo media sombra.
Pudieron determinar que entre la loza y esa espuma de poliuretano se disponía una segunda cubierta similar al producto denominado “guata”.
De la pericia realizada por los profesionales del I.N.T.I. pudo establecerse que los materiales extraídos del lugar del siniestro eran, tal como dijeron los peritos bomberos, espuma de poliuretano, “guata” y fibra sintética “media sombra”.
Esclarecido el punto en cuanto a qué materiales cobertores tenía el techo del local de baile al momento de los hechos, corresponde mencionar al menos someramente las distintas circunstancias que hacen a la colocación de dichos materiales por parte de Chabán o a la existencia previa a su gerenciamiento de “República Cromañón”. Ello, más allá que no sea un tema indispensable, lo hacemos para arrojar mayor certeza a la cuestión.
De tal forma, debemos tener por probado que, tal como dijo el nombrado, las “telas” denominadas “media sobra” y “guata” eran preexistentes a su inicio en la explotación del lugar a principios del año 2004.
Así también lo sostuvo el testigo Salvatore Albano al afirmar que en oportunidad de concurrir al local a entrevistarse con el acusado para realizar trabajos de insonorización “había media sombra en todo el boliche”. Ello ocurrió a fines de febrero de 2004 o el 2 de marzo de ese año, es decir, el local todavía no había sido inaugurado por Chabán.
En el mismo sentido se manifestó Alfredo Mario Díaz, quien dijo haber visto la media sombra ya en oportunidad de desempeñarse como empleado de seguridad en el recital que brindó el grupo Menphis antes de la administración de Chabán.
Julio Garola, gerente del hotel, aseguró que la “tela negra” con “lucecitas de navidad” había quedado de la época de “El Reventón”.
Por su parte, corroborando lo hasta aquí expuesto, Omar Fernández aseguró que visitó el local antes de que se hiciera cargo el acusado y la media sombra en el techo ya estaba colocada.
El tema queda zanjado con la imagen aportada como prueba n° 208. En la misma se observa el espectáculo que habría brindado el cantante “Rodrigo” en el local cuando aún era “El Reventón” y allí puede observarse la media sombra con pequeñas luces colocadas en ella.
Ahora bien, el mantenimiento o existencia de, al menos, parte de esa media sombra para el momento del hecho, se encuentra acreditado tanto por los dichos del propio Chabán, como de sus empleados (Alfredo Mario Diaz, Juan Carlos Bordón, los hermanos Albornoz, etc).
Sin perjuicio de ello, corroboran también el extremo los concurrentes Iván Leiva (destacó que el fuego de artificio que incendió el lugar explotó en la zona del techo, puntualmente en la media sombra), Graciela Acuña (el día del hecho observó que del techo colgaba una media sombra), Miriam Berruezo (le llamó la atención la media sombra con luces que se encontraba en el techo, únicamente en una parte del mismo), Juan Manuel Gosso (en el techo había colocada una media sombra que cuando se apagaba la luz parecía un cielo estrellado), Ariel Renna (dijo que el fuego se inició porque una candela se metió en la media sombra) y Fernando Ezequiel Rodríguez (se refirió a la media sombra que había quedado después del recital de “La 25”), entre otros.
Concretamente, en lo que hace a dicho mantenimiento y a la colocación de la espuma de poliuretano, de los dichos de Chabán, Juan Carlos Bordón y Alfredo Mario Díaz podemos reconstruir lo sucedido, resultando todos coincidentes y claros.
Utilizaremos como guía el testimonio del último, por ser el más completo.
Dijo el testigo que en el festival en el que tocó como grupo principal “Jóvenes Pordioseros”, mientras actuaba la banda “Sexto Sentido” y como consecuencia del accionar de un elemento de pirotecnia, se prendió fuego la media sombra que estaba colocada en el techo en el sector cercano al escenario (lo apagó con una manguera cercana). Bordón añadió que parte del público salió del lugar y otra permaneció en el interior, en tanto que Omar Emir Chabán dijo que para continuar el show debían esperar que se vaya el humo.
El concurrente Jorge Prieto aseguró que para salir del local se utilizó el portón cercano al escenario.
Por lo demás, según Mario Diaz, después de ese episodio la media sombra que estaba colocada en la parte de adelante del local fue retirada, en tanto que la ubicada en la parte trasera permaneció igual. Posteriormente, se colocaron en el techo unas placas de goma ignífuga para acustizar el local.
Sobre estas últimas, recordó que cierto día ingresó al salón y notó que se habían depositado varias de esas planchas de color negro y gris. Con Chabán probaron que la “goma” fuera ignífuga, para lo cual con un encendedor trataron de prender un pedazo de ese elemento y éste no hacía llama, sino que se “achicharraba” y despedía un hilito de color negro.
Ahora bien, esclarecido el punto en cuanto a qué materiales eran los que se encontraban en el cielorraso y, someramente, cuándo habían sido colocados, debemos ingresar a tratar la segunda y principal cuestión: la característica inflamable o de combustión de dichos materiales.
Nuevamente echaremos mano a los dichos de los expertos.
Así, los integrantes de la Superintendencia Federal de Bomberos, destacaron que los materiales peritados que, al decir de los expertos eran material de revestimiento (espuma de poliuretano y “guata”) y ornamentación (media sombra), resultaban pasibles de combustionarse.
En cuanto a la espuma de poliuretano, especificaron que, por las características de los compuestos químicos que la integran, generaba burbujas de aire al entrar en combustión, y por ende no necesitaba de una fuente permanente de ignición para continuar con el proceso combustivo.
Por su parte, los peritos del I.N.T.I. puntualizaron que, luego de haberse realizado el análisis sobre la espuma de poliuretano y la “guata”, se determinó que son elementos combustibles y que el primero posee la mayor velocidad de propagación de llama.
En el local –dijeron- la media sombra se encontraba colocada debajo de los paneles de poliuretano, derivando en que se incendiara la primera y, en consecuencia, se propagara el fuego en múltiples focos a la segunda, generando que ésta goteara ardiendo.
En lo que hace a la interacción de los elementos, afirmaron que si bien la combustión de la “guata” y la espuma de poliuretano fueron los factores perjudiciales determinantes, la quema de la media sombra aumentó la peligrosidad, por haber incrementado el humo y haber goteado sobre los asistentes (provocando quemaduras).
Asimismo, determinaron que su presencia no condicionó la existencia del incendio. En todo caso, favoreció a la combustión ya originada, aunque no fue desencadenante de aquél.
Respecto de los gases generados, los especialistas brindaron las especificaciones técnicas respectivas que ya hemos descripto al desarrollar la experticia.
Esclarecido técnicamente el punto en cuanto a la capacidad de combustión de los elementos que recubrían el techo del local, debemos detenernos en verificar cómo esa calidad de los materiales se mostraba latente en los hechos.
El extremo surge palmariamente de los tres incendios que se dieron con anterioridad al hecho que nos ocupa. Al primero de ellos, ocurrido mientras desplegaba su música la banda “Sexto Sentido”, ya hemos hecho referencia; nos resta pues hacer alusión a los dos restantes.
Ambos sucedieron en fecha 25 de diciembre de 2004, menos de una semana antes del hecho, en oportunidad del recital que en “Cromañón” brindó la banda “La 25”.
Para la reconstrucción de los mismos, seguiremos especialmente los relatos de Luciano Otarola –empleado del lugar- y Sebastián Pattenden –actuó como personal de control-, quienes mayores referencias hicieron al respecto y que resultaron coincidentes con lo dicho por Mario Diaz, Juan Carlos Bordón y Héctor Albornoz.
Así, podemos decir que ese día hubo dos principios de incendio. Uno de ellos se produjo en el fondo del local cerca de la cabina de sonido del lado de la segunda escalera y tuvo su origen en la conducta de un joven que, con un encendedor, quería prender la media sombra.
Comentó puntualmente Otarola que “le avisaron desde abajo lo que estaba sucediendo; entonces, salió corriendo y con un matafuego –lo tomó del primer piso- trató de extinguir el fuego, pero no pudo hacerlo porque el extintor estaba vencido”.
Finalmente el incendio se apagó arrojando vasos de agua; la extinción se efectuó rápidamente puesto que era un foco pequeño, en tanto no había llegado a “agarrar bien”.
Agregó Otarola que en ese momento Chabán se encontraba en el descanso de la escalera y que tenía un cajón de cerveza en la mano, observándolo lanzar un vaso de agua hacia el foco.
Un rato más tarde se volvió a prender el techo, pero esta vez por el accionar de material pirotécnico y en el centro del salón (ya dijimos que Mauricio Lescano, integrante de “La 25”, corroboró el extremo e hizo referencia a una candela como la detonante del foco ígneo). La media sombra comenzó a gotear; intentaron apagarla con una manguera que sacaron de una de las barras, pero no podían realizar esta tarea porque los chicos que estaban en el local la pisaban e impedían su normal funcionamiento.
Finalmente accionaron la manguera que con la presión suficiente permitió extinguir el fuego. Aclararon que debido al humo que invadió el lugar, el público fue evacuado, según Chabán por la puerta alternativa que funcionó como puerta de emergencia.
Pattenden aseguró que al no poder respirar tuvo que retirarse del salón –por la puerta que conecta a los camarines con un garaje-, comenzando a devolver una sustancia de color negro. Una vez resuelto el incidente el recital prosiguió –la banda había dejado de tocar-.
Eran, en esa oportunidad y según informe de SADAIC, unas 1200 personas.
Entonces, con lo reseñado hasta aquí, tenemos por acreditado tanto los tipos de materiales existentes en el techo del local al momento en que se desarrolló el espectáculo del 30 de diciembre, como las características de los mismos, puntualmente aquella referida a la capacidad de combustión de los tres, ya sea individualmente, interactuando o potenciándose entre sí.”

3.1.1.3.

El exceso de concurrentes

Otro factor de riesgo que incidió en la producción del resultado, es el mencionado en el titulo del presente apartado. Este aspecto ha sido considerado también en la sentencia del Tribunal Oral 24, reflejando adecuadamente la prueba producida durante el debate.
Dice la sentencia: “Como ya adelantamos, otro factor de riesgo central que conformó la situación típica, fue la gran cantidad de público asistente al evento y que excedió con holgura a las posibilidades determinadas por las condiciones edilicias propias del lugar más allá que, por ende, también excedió con creces a la habilitación otorgada en consecuencia.
Si bien la cantidad de asistentes permitidos por la habilitación (1031 personas) no resulta un tema determinante dado que la cuestión no se dilucidará por una simple deducción numérica u operará con certeza matemática, lo cierto es que resultará una guía útil para tener en cuenta a la hora de establecer un número de referencia, a fin de afirmar que el local estaba sobreocupado.
Es que el máximo de personas no está establecido de manera arbitraria por la normativa que rige la materia, más bien ese límite tiene como objetivo central –amén de otras exigencias sobre higiene y salubridad- determinar las medidas de seguridad necesarias de acuerdo a dicho número de personas. Ello, permitiría que, por ejemplo, las vías de acceso tanto generales como las específicas para casos de emergencia sean efectivas en caso de producirse un siniestro; de superarse ese número previsto, las mismas no cumplirán debidamente su función.
De todas formas no será más que eso, una guía, dado que, como veremos, es una cuestión indiscutible que el local estaba desbordado; gran cantidad de testigos fueron contestes en afirmarlo. Si bien intentaremos acercarnos lo más que sea posible de acuerdo a la prueba recabada al número exacto, no es la cuestión principal.
Lo más importante y trascendente aquí es demostrar que no se trata de algunos ocupantes que superaron el número razonable de concurrentes que podía “recibir” el lugar de acuerdo a su capacidad edilicia.
Se trata de afirmar no sólo que, como veremos, por lo menos se cuadriplicó la capacidad establecida por la autoridad de aplicación, sino más bien de asegurar que el local estaba tan abarrotado de gente que tanto quienes allí se desempeñaban como los propios concurrentes han afirmado la incomodidad y, en algunos casos como el de Miriam Berruezo (la baranda de la escalera le ejercía presión a la altura del estómago), la preocupación e inseguridad que ello les significaba (la misma testigo mencionó que el lugar era patético, feo, cerrado, oscuro, “parecía una cárcel”). Vayamos por pasos.
En primer término, intentaremos arrojar alguna luz sobre el número efectivo de concurrentes al lugar. Para ello utilizaremos tanto lo informado por el representante de S.A.D.A.I.C., como las entradas comercializadas y, finalmente, lo percibido por quienes allí se encontraban.
Una primera aproximación a la cuestión podemos tenerla del testimonio de Daniel Vicente Giménez, de la mentada sociedad de autores, quien se encontraba en el lugar el día del episodio.
Su función central era la de realizar un conteo de la cantidad de personas que ingresaban al comercio para, tras ello, cobrar el porcentaje de dinero correspondiente de los organizadores del evento.
Entonces, mediante el instrumento que utilizaba denominado “cuenta ganado”, llegó a contabilizar 2811 concurrentes al recital del día 30 de diciembre de 2004, contando tanto invitados como quienes abonaron la entrada.
Ello resultaría una primera aproximación, una especie de “piso” y dato de referencia en lo que respecta a la cantidad de asistentes al show, más allá que, si se agregan aquellos que ingresaron de manera marginal –no los invitados propiamente dichos que fueron tenidos en cuenta por S.A.D.A.I.C.-, se estaría casi triplicando el número de concurrentes permitidos por la autoridad municipal, a través de la habilitación otorgada.
Veamos por qué decimos que estamos frente a un “piso” de asistentes.
Un claro ejemplo de ello es lo informado respecto del recital desarrollado por “Callejeros” el día 28 de diciembre en el local cuando el show finalizó normalmente. En esa oportunidad, dicha sociedad de autores destacó la asistencia por todo concepto de 813 concurrentes y puntualizó que las entradas anticipadas correspondían a 525 espectadores más.
Ahora bien, del simple cotejo de los testimonios de Walter Villalba y Martín Hasmat, ambos de la firma “Locuras”, se puede concluir que únicamente en las dos sucursales en las que se desempeñaban (Morón y Belgrano), se comercializaron 797 localidades para esa fecha.
Si bien a partir de los testimonios recabados no se pudo dar con el dato respectivo a las tres sucursales restantes, el extremo no es insalvable.
En efecto, ello se encuentra corroborado y completado por las anotaciones surgidas de la agenda secuestrada en el domicilio de Diego Argañaraz. De una hoja de la misma surge que para el “28/12” se comercializaron como entradas “anticipadas” en “Flores 487, Once 863, Morón 344, Munro 96, Belgrano 297, La Cueva 61, Puerta 282, 17”, un total de 2447 entradas, a las que se deben sumar los invitados.
Lo dicho encuentra sustento en la narración del experimentado iluminador Sergio Piñeiro, quien comentó que había bastante gente ese día; en lo manifestado por Héctor Albornóz -mencionó una asistencia de 4500 personas- y en lo narrado por Fabián Leggio, quien indicó que la concurrencia de los días 28 y 30 fue similar.
Por ende la cifra de asistentes, de ceñirnos únicamente a las entradas vendidas, fue mucho mayor a la determinada por S.A.D.A.I.C.; por lo menos tres veces mayor, sin contar los invitados.
Puntualmente en lo que hace al día del hecho, que es lo que aquí importa, a poco que se analizan los testimonios de los encargados de las diversas sucursales de locales de la cadena “Locuras” y que ya hemos desarrollado al momento de referirnos a la prueba colectada, podemos arrojar algo más de certeza respecto de la cantidad de localidades que se pusieron a la venta y cuántas de ellas efectivamente se comercializaron en cada sucursal.
Así, Lucas Hasmat recordó –ante una lectura- que para cada uno de los tres recitales llevados a cabo por la banda los días 28, 29 y 30 de diciembre en el local “República Cromañón”, se colocaron a la venta 3500 entradas. Lo aseguró también Diego Argañaraz quien, como dijimos, se encargó de organizar la venta de las mismas.
Por su parte Ezequiel Orlandi destacó puntualmente la cantidad de entradas vendidas en cada sucursal para el show del día 30 de diciembre, a saber: en el local de Munro 182, en el Flores 700, en el de Once 1200, en el de Morón 500 y en el de Belgrano 300. También indicó que se había entregado un talonario de 50 entradas para los invitados. Bruno Diaz fue aún más específico en lo que hace al local de Once donde se desempeñaba, en tanto dijo haber vendido 1294 localidades.
De una simple suma se arriba a la cantidad total de entradas comercializadas o entregadas –en el caso del talón para invitados-, al menos en lo que a esa cadena de locales se refiere: 3026.
A ello se deben sumar las ventas del remanente realizado en boleterías. Aquí no tenemos ni una cifra aproximada, y por ende, debemos realizar una pequeña disquisición al respecto para arribar a un acercamiento. Para ello utilizaremos los datos suministrados por S.A.D.A.I.C. respecto del día anterior. Concretamente, el organismo informó que en esa oportunidad contabilizó que se vendieron en el local 440 entradas.
Se encuentra comprobado que el día 29 había concurrido al local bastante menos gente que el día 30; los testimonios son todos contestes al respecto, tanto de concurrentes como de empleados del lugar.
Así la situación se aclara; si ese día se comercializaron en boleterías más de 400 entradas y al día siguiente la concurrencia fue mucho mayor, seguramente se comercializó el total del remanente. Inclusive, una de las cuestiones por las que se dispuso el cierre de los portones principales fue, como demostraremos al tratar los medios de salida, porque había gente que quería ingresar sin entrada.
Entonces, siguiendo a Alfredo Mario Diaz, podemos decir que para ese momento “ya no había más entradas”, se había agotado el remante para vender allí, que eran unas 500 localidades. Se habían vendido unas 3000 por anticipado y habíamos concluido que eran 3500 en total.
Así, podemos decir con certeza que para el día del episodio se habían comercializado la totalidad de las entradas puestas a la venta.
Es momento de hacer hincapié en lo que a invitados se refiere. Utilizaremos el término en sentido genérico, esto es, no sólo para referirnos a aquellos que estaban en la lista respectiva y eran identificados con una “cintita” sino a todos los espectadores que de una u otra forma ingresaron al local a presenciar el espectáculo sin un ticket que los habilitara para ello. Lo mismo da que se trate de parientes de empleados de seguridad o de allegados a gente del local, etc.
Debemos comenzar por señalar que del simple cotejo de los testimonios recabados durante el juicio –unos 270 testigos vinculados al episodio central del incendio-, se pudo comprobar el ingreso de 86 individuos sin abonar la entrada, ya sea por contar con el favor de personal de seguridad, de la banda o del local.
De esta manera el número de asistentes al show al momento del incendio asciende a casi 3600 espectadores. Ahora sí estamos frente a más del triple de concurrentes habilitados por la habilitación. Nuestro “piso” se ha elevado considerablemente.
De todas formas, fácil es colegir que los concurrentes debieron ser varios más. Veamos.
En efecto, si de cotejar las declaraciones de unos 270 concurrentes se dedujo el número de 86 “invitados”, es posible afirmar que estos últimos fueron muchos más. Concretamente la cifra de los invitados se corresponde aproximadamente al 30 por ciento de aquellos que abonaron la entrada. De acuerdo a ello, si decimos que hay 3500 localidades vendidas y utilizamos la regla recién mencionada, arribamos a alrededor de 1000 concurrentes más que ingresaron sin localidad. Esto es, alrededor de 4500 personas.
Ello, sin mencionar aquellas de las que no se tiene registro certero y que, al decir de Diego Argañaraz y Lucas Hasmat, se comercializaron en los locales denominados “La Cueva” y “La Estaca”; si bien de las anotaciones del nombrado en primer término para fechas anteriores lo allí vendido no era un volumen importante en comparación al resto, todo lleva a sumar siempre más jóvenes hacinados en el lugar.
Este razonamiento no resulta antojadizo. Veamos cómo se encuentra vinculado con otras cuestiones puntuales que también nos permiten arribar a dicha cifra.
En esa inteligencia, tenemos como un dato de interés lo ocurrido en oportunidad en que el grupo “Rescate” brindó un recital en “República Cromañón” el día 7 de diciembre de 2004.
En esa ocasión, se mencionó la presencia de unos 5000 concurrentes; Héctor Albornoz así lo dijo y aseguró que el día del hecho había aún más personas. Alfredo Mario Díaz, en el mismo sentido, dijo que los integrantes de la banda mencionada habían dicho que los asistentes al show habían sido 5000 o 5500 y que así lo habían dejado asentado en el camarín. Una fotografía de ese sector obrante en la prueba detallada reza que esa banda musical había logrado el record de asistencia con 5500 personas dentro y 1000 fuera del local.
Ahora bien, el razonamiento que intentamos realizar es el siguiente: si por los argumentos que ya expusimos, consideramos como “piso” o mínimo más que como “guía” al conteo de individuos efectuado por personal de S.A.D.A.I.C., podemos afirmar que la cifra de asistentes al recital de “Callejeros” del día de la tragedia debió rondar las 4500 personas, como ya dijimos.
Ello así porque al momento en que el organismo informó la cantidad de asistentes al show del grupo “Rescate” citó el número de 3320 asistentes cuando en la realidad, como vimos, hubo quizá aún más de 5000 personas. La proporción de inexactitud en que incurriría el informe nos permite arribar a la cifra señalada: se informaron 2811 personas como concurrentes al recital del día 30 de diciembre pero en realidad hubo cerca de 4500, es decir, por lo menos se cuadriplicó la cantidad de asistentes autorizada por la autoridad de contralor administrativo que hemos tomado como guía.
Parece una cifra lógica y razonada, aunque no podemos dejar de mencionar los testimonios de los más entendidos que no son otros que los propios empleados del lugar y su mismísimo responsable, Omar Chabán.
En efecto, el barman Héctor Albornoz hizo referencia a unos 6000 concurrentes, Juan Carlos Bordón –empleado de mantenimiento del lugar- dijo entre 6000 y 7000, y el propio acusado se dirigió al público mencionando la primera cifra (ver los testimonio de Jorge Barzola, Gastón Basualdo, Federico Claramut, Yanela Sol Capucheti, Viviana Carro, Eduardo Di Pascua, Lucía Maltese, Mariana Monti, Martín Méndez, María de los Ángeles Mata, María Varela Galván, Gustavo Pascual, Marta Cecilia Reales, Walter Pata, Amelia Ramella).
Asimismo, sin aventurar una cantidad pero siendo por demás contundente Sergio Piñeyro, el iluminador, aclaró que “el salón estaba tan lleno de gente que tarde aproximadamente diez minutos en realizar el trayecto desde el escenario hasta la consola”. Diez minutos para hacer algunos metros.
De igual manera el nombrado Bordón aseguró que el lugar era “inaguantable” y que había tanta gente que le impedía subir la escalera que conduce a la barra situada en el primer piso.
Iván Leiva comentó que “no se podía caminar por la cantidad de gente”; Graciela Acuña contó que de tanta gente que había en el interior “costaba respirar y se le dificultó el acceso a los baños”; Leonardo Almirón sostuvo que “se sintió sofocado, que había gente por todos lados y que no se podía estar cerca del escenario”; María Arana dijo que “en comparación con otros recitales había mucha gente”; Juan Bazán aseguró que “no era posible moverse libremente por el local... el salón estaba lleno y seguía entrando gente”; y Oscar Cesar Díaz dijo que había tanta gente en el local que “impedía transitar libremente”.
Emilce Bravo aseguró que le llamó la atención la cantidad de gente que había y fue bastante gráfica al asegurar que el lugar estaba a tal punto colmado que “debió levantar por sobre sus hombros las bebidas que había comprado en la barra del fondo para que no se las derramaran”.
Ezequiel Carrizo fue muy gráfico: dijo que hacía mucho calor “y que había mucha gente, tanta como dentro de ‘un colectivo en hora pico’”.
Andrea Farinola narró que al ingresar al salón “no se podía ver como consecuencia del humo y la cantidad de gente que había, por lo que debía empujar para lograr pasar”.
María Sol Demergasi aseguró que “no se podía ni ver bien ni respirar fácilmente, motivo por el cual decidieron bajar al piso inferior”. Adrián Nieto dijo que “había muchísima gente y resultaba difícil ‘respirar’ y trasladarse dentro del recinto. Sólo podía avanzar a los empujones”. Diego Monges Torres sostuvo que “había muchísima gente... las escaleras estaban saturadas de jóvenes”; en sentido similar se manifestó Sebastián Sandoval.
Muy gráfica también fue Gisela Andrea Contrera quien comentó que “había mucha gente en el salón –las personas estaban pegadas unas con otras- y que hacía mucho calor”. Que fue hacia el sector de arriba porque sería más tranquilo, pero una vez allí advirtió “que también estaba lleno de gente y por ello comenzó a sentirse ahogada... la sensación del lugar le daba miedo, por la cantidad de personas y porque no conocía el local”. Acotó que como la situación era similar en el entrepiso decidió descender nuevamente cuando estaba por comenzar a tocar “Callejeros”, pero “había tanta gente que se quedaron apostadas en el descanso de la escalera”.
Concretamente, las cifras a las que nos permitimos arribar en un primer término se encuentran corroboradas por las indiscutibles percepciones de los testigos, varios de ellos asiduos concurrentes a este tipo de espectáculos.
Entonces, finalizado el análisis de la prueba la conclusión es obvia: el sitio estaba desbordado de gente.
Ahora bien, hablemos de 4500 o de 6000 personas, lo que queremos señalar es que el local estaba abarrotado de ocupantes y este extremo es el que en realidad importa a la hora de evaluar la conducta de los imputados según los lineamientos jurídicos que hemos trazado, como ya lo adelantamos al iniciar el acápite.
Ello así dado que esa circunstancia implicó la imposibilidad de trasladarse con cierta libertad tanto antes como, en mayor medida, cuando se produjo el siniestro, impidiendo una efectiva evacuación del lugar. Recordemos, como ejemplo, lo dicho por los testigos destacados respecto a la imposibilidad de transitar por las escaleras libremente, ambas repletas de gente y una de ellas, la que conducía al sector VIP, con una valla interrumpiendo el paso (según narró Gastón Amor y confirmó Daniel Arturo Coria, empleado de seguridad encargado de la misma).
Además, ese volumen de personas implicó que al primer movimiento sorpresivo, se produjeran verdaderos “derrumbes” de jóvenes que, como siguiendo un efecto dominó, caían uno sobre el otro formando verdaderas “montañas” humanas cerca de las vías de salida que se encontraban abiertas, bloqueándolas totalmente, al menos en un primer momento -así lo contaron coincidiendo en general Marcos Maximiliano Álvarez, Iván Leiva, Jorge Barzola, Sergio Duarte, Martín Ceferino Méndez, Jorge Cuenca y José Zamudio-.
Entonces, este factor de sobreocupación terminó inutilizando inclusive a las puertas que se encontraban abiertas, influyendo en ello la propia estructura de las mismas, lo que desarrollaremos en el próximo acápite.
Asimismo, ese ambiente irrespirable que mencionan los testigos, antes del incendio, fue otra circunstancia más que se sumó a –producido éste- generar un peligro aún mayor. Es decir, ya el oxígeno era escaso y al producirse la emanación de gases tóxicos, la existencia de aire respirable no era la necesaria para la supervivencia.
Este factor de riesgo se encuentra directamente relacionado con aquellos otros que estamos analizando y será la conjunción de los cuatro lo que provocó el desenlace conocido.
En suma, es evidente pues que esta cantidad abrumadora de concurrentes acreditada, tuvo una influencia decisiva en la configuración concreta del supuesto de hecho analizado, dado que atentó contra la evacuación del local y permitió que los asistentes se vieran expuestos a los gases nocivos producto de la combustión, es decir, al peligro común que comporta un incendio típico.
Desde un punto de vista objetivo, era indiscutible que ante un eventual incidente con el uso de pirotecnia y teniendo en cuenta las características inflamables del techo, el exceso de personas junto al estado de las puertas, comportaba una situación peligrosísima y el desarrollo del espectáculo en esas condiciones iba dirigido directamente hacia la lesión.”

3.1.1.3.

Los medios de salida y la evacuación del lugar

3.1.1.3.1.

En la sentencia ya citada varias veces, también se aborda la temática del título. Dice: “ Sabemos por las vistas fotográficas exhibidas en el juicio y por la propia visita que realizamos al lugar de los hechos en la inspección ocular, que el local cuenta con una entrada principal conformada por dos portones de color violeta que permiten acceder al sector del hall o de boleterías y una salida de emergencia que da a un corredor de color amarillo (situado del lado derecho visto el lugar de frente).
Además para ingresar al salón propiamente dicho hay que atravesar las puertas denominadas tipo “cine o vaivén” (son un total de seis).
Por último, existe un portón -que posee dos hojas, cada una de 2,5 metros de ancho por 3,6 de alto- que se encuentra del lado izquierdo del escenario (visto de frente) que comunica el salón con un corredor de salida de vehículos correspondiente al estacionamiento del hotel “Central Park”. Se trata de la denominada “puerta alternativa”.
Ha surgido del debate que de los medios de salida indicados, no todos estuvieron expeditos para la evacuación la noche del incendio.
Así pues, en primer lugar, el Tribunal tiene por probado que la noche del 30 de diciembre de 2004, esa puerta alternativa estaba cerrada con un candado y ataduras de alambre que desnaturalizaron su función y tornaron imposible su apertura.
Para fundar esta afirmación, se tuvieron en consideración las declaraciones de aquellas personas que prestaron funciones en el salón el día del hecho, como así también de las personas que tenían conocimiento de la citada circunstancia por trabajar en el hotel lindero.
A mayor abundamiento, se hizo hincapié en el testimonio de los bomberos que se dirigieron de manera inmediata a ese sector para abrir el portón a la luz de la resistencia que oponían los elementos antes aludidos.
En esa dirección, y a fin de otorgar mayores precisiones técnicas, se acudió al informe pericial que se explayó sobre el estado que presentó la referida abertura.
Por último, el análisis culminará con una valoración sobre la ubicación, dimensión y características especiales que tenía el portón para establecer en qué medida influyó en el público, y en definitiva, en la concreta configuración del hecho.
Al respecto, los hermanos Hernán Gustavo y Héctor Damián Albornoz, empleados del local y con conocimiento especial sobre las condiciones del establecimiento en general, expresaron que la puerta estaba atada con alambre, recalcando el último de los nombrados que nunca la vio abierta.
Por su parte, Juan Carlos Bordón y Alfredo Mario Díaz, encargados del mantenimiento de “República Cromañón”, afirmaron que el portón estaba asegurado con un candado.
Asimismo, Sebastián Miguel Meniño y Ricardo David Vázquez, asistentes de sonido y cuya trascendencia viene dada por los equipos técnicos que debieron ingresar por otro acceso, aludieron que el portón estaba cerrado con un candado o cadenas.
Sergio Fernando Piñeyro, iluminador del evento, explicó que la puerta tenía un candado que no dejaba usar el “barral de seguridad”.
También se explayaron en ese sentido los testigos Mariano Ezequiel Bohuier y Maximiliano Ramón Chaparro, personas que trabajaban en el hotel lindero, en tanto aseveraron que el portón estaba cerrado con candado.
En lo que al personal de seguridad respecta, Leonardo Djerfy relató que la puerta que estaba próxima al vallado, que el día del suceso estaba cerrada con alambre y cadena. Su compañero Juan Carlos Torres precisó que esa puerta estuvo cerrada con candado y alambre las tres noches –haciendo alusión a los días 28, 29 y 30 de diciembre-.
En lo que concierne de manera exclusiva al día del hecho, Fernando Horacio Zerpa, miembro del grupo dedicado a la seguridad, afirmó que la puerta estaba cerrada.
Asimismo, Sebastián Pattenden, Oscar Ramón Ortiz y Carlos Jacobo Ávila, todos a cargo de la seguridad, fueron testigos del momento en el cual se logró abrir el portón merced a la colaboración de particulares y personal de bomberos en razón a la resistencia que oponía la abertura.
En tal sentido, deviene ineludible detenerse en lo declarado por la dotación de bomberos que se convocó en aquella puerta apenas llegaron a “República Cromañón”.
Al respecto, Dario Salgado y Luis Alberto Areco explicaron que para abrir el portón, pese a contar con las herramientas de rigor –barretas, aretes, etcétera-, tuvieron que recurrir a la fuerza manual con el resto de las personas que se habían autoconvocado, porque temían lesionar a la gente que de manera desesperada se asomaba por las aberturas del portón.
En ese sentido, añadieron que la resistencia que ofreció la puerta obedeció a la colocación de un candado y a la atadura de un alambre que sujetaba la barra antipánico.
A fin de despejar cualquier duda que pueda quedar sobre lo afirmado, repárese en las vistas fotográficas obrantes a fs. 181/185 del legajo de la pericia de bomberos.
De las mismas se advierte con nitidez que la puerta de alusión tenía, en su sistema de apertura, un candado y ataduras de alambre.
Del informe pericial que labró el ingeniero Larroque, perteneciente a la División Siniestros de la Superintendencia de Bomberos de la Policía Federal Argentina, se desprende que “de acuerdo a lo observado y a las maniobras realizadas sobre el sistema de apertura del portón, se concluye que al momento del siniestro se encontraba cerrado. Además, no podía abrirse por estar colocado el candado que impedía bajar el barral liberando la hoja correspondiente. Esta a su vez mantiene la otra hoja cerrada. Por lo tanto el portón antipático que permitía la salida de emergencia se encontraba bloqueado, pudiendo abrirse posteriormente a lo sucedido mediante herramientas adecuadas y no por el esfuerzo simple de las personas al tratar de salir del local.” –fs. 185 del legajo de la pericia de bomberos-.
Sin perjuicio de la claridad que evidencia la conclusión a la que arribó el ingeniero Larroque, el testimonio que brindó en el debate aportó precisiones que merecen ser enfatizadas.
Así, y con el objeto de comprender la implicancia que tuvo la colocación del candado en el sistema mecánico, resaltó que la puerta sólo contaba con un barral antipánico que podía ser utilizado desde el interior, no contando con mecanismos que hagan posible abrirla desde el exterior.
Además, precisó que la puerta tiene bisagras para su cierre que la traban hacia arriba y hacia los costados, conectadas con un rulemán. Cuando se acciona el barral, éste opera sobre una pieza que conecta con las bisagras, las que se liberan posibilitando de esta manera su apertura. Así debería funcionar el portón.
No obstante lo anterior, sostuvo que el problema se debió al candado que se insertó en el mecanismo de apertura.
Más aún, explicó que para vencer la resistencia que representó el candado resultó insuficiente la presión de la gente, dado que el eje donde estaba colocado hacía imposible la apertura.
A continuación, y con el objeto de remarcar los puntos que nos permitirán mensurar la importancia que tuvo la citada puerta en el fatal desenlace, se analizará su ubicación, dimensión, y el cartel que lucía en su parte superior.
Paso siguiente, será materia de verificación el grado de dificultad que todo aquello acarreó en la evacuación del público.
En lo que concierne a la ubicación de la puerta, la trascendencia viene dada por las características propias del evento, donde la masa más importante de público se aglomeró en la pista central, y más específicamente, frente al escenario, es decir, más cerca de esta puerta que de aquella que habían utilizado para ingresar.
En torno a la dimensión, vuelve a adquirir relevancia la pericia que confeccionó la División Siniestros de la Superintendencia de Bomberos de la Policía Federal Argentina. De acuerdo a las mediciones que realizó el ingeniero Guillermo Larroque, el portón estaba compuesto por dos hojas iguales cuyas dimensiones de cada una es: 2,5 metros de ancho por 3,6 de alto, como ya adelantáramos.
Por último, cabe consignar que la puerta contaba en su parte superior con un cartel con iluminación propia de bajo voltaje con la inscripción “SALIDA”.
Aquí, y dado que fueron extraídas el mismo día del hecho mientras se estaban practicando medidas de salvamento, las fotografías aportadas por el periodista Gustavo Castaing llevan a concluir que dicho cartel estaba activado y en óptimo funcionamiento –ver fs. 28.927 entre otras-.
Estas apreciaciones permiten comprender la escena que narraron los bomberos cuando abrieron las puertas; Luis Alberto Areco describió la situación como una “pared humana” de dos metros, todas ellas entrelazadas, y que estuvo aproximadamente veinticinco minutos evacuando gente para que personal del S.A.M.E. la pueda asistir en la vereda dado que el estado de somnolencia que padecían no los dejaba valerse por sus propios medios.
Así lo destacó el bombero Dario Salgado, quien explicó que al abrirse el portón cayó una pila de personas de alrededor de dos metros de altura, la mayoría de ellas desvanecidas.
Otro bombero que pudo advertir idéntica escena fue José Marcelo Díaz, quien puso de relieve que detrás de esa abertura había una “pila de personas”.
Dadas las consideraciones señaladas, no asisten dudas al Tribunal de que el portón ubicado a la izquierda del escenario, que comunica al salón bailable con el ingreso al garaje del hotel “Central Park”, estuvo cerrado con candado y ataduras de alambre el día 30 de diciembre de 2004 mientras se desarrollaba el recital del grupo “Callejeros”.
A su vez, se acreditó que la existencia del candado fue determinante para desnaturalizar su normal funcionamiento, impidiendo que sea abierta para facilitar la evacuación del público, tanto así que una considerable cantidad de personas se dirigió a ese sector convencidas de que se trataba de una salida –conforme lo advertía el cartel encendido que lucía en la parte superior-.
Más allá de las alegaciones sobre si esa puerta estaba bien o mal habilitada, lo cierto es que existía como medio de salida y había sido considerada en la habilitación como vía de escape en caso de siniestro –sobre el punto, reparar en el art. 2° de la disposición 6060 de la Dirección General de Registro y Certificados del Gobierno de la Ciudad obrante en el expte. 42.855 y en la plancheta de habilitación respectiva-.
Por lo tanto, el día del hecho debió estar expedita ante cualquier eventualidad, lo que evidentemente, y conforme se acreditó, no ocurrió.
Verificado el estado que presentaba la “puerta alternativa”, no podemos dejar de considerar una serie de cuestiones para comprender por qué estaba cerrada.
En primer término, Juan Carlos Bordón afirmó que por orden de Chabán la puerta siempre permaneció cerrada y asegurada con un candado.
En forma conteste se explayó Alfredo Mario Díaz, quien destacó que el motivo por el cual se cerró el portón obedeció a un pedido del dueño del hotel y del gerente –Rafael Levy y Julio Garola respectivamente-, puesto que en una ocasión encontraron jeringas del lado del hotel, y además porque los chicos que asistían a los recitales habían pasado al hotel a través del portón. A lo antes expuesto agregó que los trabajos de herrería que se hicieron sobre aquella también tuvieron por objeto sonorizar el local para que no pasara más ruido al hotel.
Al respecto, conforme se advierte de la documentación descripta de la prueba identificada con el número 97.1, al momento de tomar Chabán posesión del local se le hizo saber una serie de acondicionamientos que debía realizar sobre la puerta en cuestión.
El documento de referencia, entre demás anotaciones, alude a punto tales como “solucionar el tema del sonido (puerta garaje y ventiladores) ¿Cuando se puede empezar a hacer modificaciones?”.
Como se puede advertir a la luz del testimonio de Alfredo Mario Díaz y de la documentación aludida, el tema del portón estuvo presente desde el inicio de la explotación del local de parte de Chabán.
En este punto, y específicamente sobre la relación que tenían ambos establecimientos, Maximiliano Ramón Chaparro señaló que “República Cromañón” y el hotel “Central Park” se presentaban como rubros antagónicos, pues las molestias que ocasionaban los ruidos provenientes del local hizo que se realizaran varias reuniones entre los gerentes del hotel y el señor Levy.
Sobre la puerta explicó que normalmente estaba cerrada, aunque a veces se abría para descargar cosas, pero siempre desde el interior del local bailable porque del otro lado era imposible.
Por su parte, Julio Garola, gerente del hotel “Central Park”, en sintonía a lo expuesto por Mario Díaz, recordó que Rafael Levy quería insonorizar el lugar, y que la puerta que se encuentra al lado del escenario tenía un barral antipático y sólo se abría para ingresar mercadería.
Sobre el estado de dicho portón, destacó que estaba muy pesado y que tenía unas bisagras vencidas, que le habían colocado unas placas; agregó que sólo se podía abrir de adentro, accionando la barra antipánico.
En este sentido, cabe destacar que si bien todo parecería indicar que ese acondicionamiento –candado y alambre- fue puesto por orden del dueño del complejo, a los fines de evaluarse como elemento de riesgo que contribuyó a la configuración de la situación típica, aquel extremo resulta irrelevante, al menos en el aspecto objetivo.
La puerta estuvo cerrada durante el espectáculo, pese a que era claro que debía estar expedita, según los términos de la habilitación del local. Si ese portón no podía abrirse por orden del dueño del complejo, entonces los recitales no deberían haberse llevado a cabo.
En otro orden, y para determinar quién podía abrir el portón, se ha logrado acreditar que las llaves del candado estaban en poder de Alfredo Mario Díaz, persona de confianza de Chabán y encargado del establecimiento.
El propio Alfredo Mario Díaz señaló que las únicas llaves del candado que bloqueaba la barra antipático estaban en su poder, y que cuando el local se encontraba cerrado las dejaba arriba de una panchera que estaba en la barra principal, mientras que los días de recitales las dejaba arriba de una heladera que había en ese mismo sector. Incluso en ese lugar las había dejado el día 30 de diciembre de 2004.
En abono a esta última afirmación se añade la declaración de Flavio Jesús Heredia, encargado del hotel “Central Park”. De allí se desprende que cuando necesitó abrir el portón, y al no poder ubicar al personal de “República Cromañón”, consultó a Julio Garola y cortó el candado con una amoladora.
Aclaró Garola que el salón se entregó a Omar Chabán en el mes de febrero o marzo de 2004, momento a partir del cual el hotel dejó de tener injerencias con el boliche. Tal es así que la fiesta de fin de año que realizó “Central Park” en “República Cromañón” debió contar con el consentimiento de Omar Chabán.
El plexo probatorio de alusión nos permite tener por cierto que el único juego de llaves estaba en poder del personal de “República Cromañón”.
En definitiva, el Tribunal tiene por acreditado que el portón que se encuentra emplazado sobre el lateral izquierdo del escenario, al momento de los hechos, estuvo cerrado con un candado y ataduras de alambre.
Que la colocación del candado desnaturalizó el funcionamiento del sistema de apertura, impidiendo el egreso de una cantidad importante de personas que, guiados por el cartel encendido que decía “SALIDA”, se aglomeró en ese sector.
Asimismo, la llave del candado estuvo siempre en poder exclusivo del personal del local “República Cromañón”.
El cierre de un portón de esas dimensiones fue un factor determinante a la hora de evacuar el establecimiento, y por ende, influyó de manera decisiva en la producción del peligro común a que se vieron expuestos los concurrentes al quedar atrapados dentro del local que se incendiaba y provocaba una gran cantidad de gases nocivos para la salud.
Con relación a los demás medios de salida, consideramos que la “verdadera” puerta de emergencia –esto es, aquella cuyo pasillo es de color amarillo y se ubica del lado derecho del acceso principal, mirándolo de frente- si bien estuvo en todo momento abierta, fue empleada para el acceso de los hombres e incluso presentaba vallas que obstaculizaban su normal funcionamiento.
Más adelante veremos que la zona de influencia del fuego concretamente estuvo determinada por el sector de las denominadas puertas cine. Sin embargo, tenemos que resaltar aquí como un punto defectuoso más en la organización, que la puerta de emergencia no estaba expedita como debería haberlo estado justamente por ser empleada a modo de entrada y estar obstaculizada por vallas que en muchos casos ocasionaron caídas de concurrentes –y por tanto lesiones- e influyeron para detener el flujo de personas que inicialmente pugnaban por salir.
En lo inherente a que el sector de la puerta de emergencia constituía un acceso para la entrada de hombres, nos remitimos a lo declarado por los testigos Fernando Horacio Zerpa, Héctor Zerpa, Claudio Edgardo Curcuy, Javier José Coria, Carlos Jacobo Avila, Claudio Adrián Ruiz, todos empleados de seguridad que prestaron labores en ese sector.
Igual afirmación se escuchó de muchos concurrentes que indicaron haber accedido al local a través del corredor que en la maqueta virtual se observaba de color amarillo. Se pueden citar, entre muchos otros, los testimonios de Guillermo Daniel Caro, Ariel Reynaldo Chávez, Gastón Basualdo, Federico Claramut, Nicolás Papolla, Adrián José Nieto, Juan Ignacio Paz, Pedro Lagües, Daniel Vigiano y Alejandro Martín Villa.
El solo hecho de que la salida de emergencia haya sido empleada como medio de ingreso, desnaturaliza su función, esto es, que se encuentre libre y expedita para lograr una pronta evacuación en caso de un siniestro.
Pero además, como venimos explicando, fue obstaculizada por la existencia de vallas, al igual que lo fue parte del hall de boleterías. Muchos testigos han sido contestes en relatar cómo los vallados dificultaron su carrera por alcanzar la vía pública.
Al respecto, la testigo Natalia Karina Aguirres, relató que cuando llegó al pasillo de color amarillo había varias vallas y allí se tropezó; que se reincorporó y salió a la calle.
Asimismo, María Victoria Arana dijo que egresó del lugar por dicho pasillo, y agregó que le dio la sensación de que ese sector no estaba “limpio”, como que había un banco atravesado en el cual la gente se tropezaba.
Por su parte, José Gabriel Porticatto, integrante del grupo “E.S.S.A.”, expuso que entre el pasillo amarillo y las puertas cine había vallados que obstaculizaban la salida.
Y respecto del sector de boleterías, puede citarse a Facundo Fernando Tolosa, quien dijo que una vez que alcanzó el hall del local se topó con vallas tiradas y se tropezó. En esa dirección, Sebastián Alexis Lezcano expresó que en el hall había una o dos vallas largas y blancas que estaban arriba de unos chicos que no podían salir.
No queremos ser sobreabundamentes en relación a la mención de los relatos de concurrentes que ya hemos descripto al puntualizar la prueba testimonial.
Lo que se pretende resaltar es que la función de la puerta de emergencia estaba también desnaturalizada y que la existencia de vallas en el camino por alcanzar la calle constituyó un obstáculo más que dificultó inicialmente la evacuación. Estos elementos habían sido dispuestos por los organizadores.
Respecto de las puertas violetas –acceso principal-, si bien se constató que instantes antes del comienzo del recital de “Callejeros” fueron arrimadas, ello sirvió para contener a las personas que se encontraban en la calle sin entradas y pugnaban por ingresar.
Al respecto, Alfredo Mario Díaz explicó que el cierre de las puertas obedeció a la difícil situación que se había generado en ese sector media hora antes del inicio del show, en tanto había mucha gente en la calle que quería entrar pese a que no se vendían entradas.
En misma dirección se manifestó Mirta Enríquez, resaltando que la puerta se cerró porque había un grupo de jóvenes que querían ingresar sin entradas.
Sobre el punto, el testigo Héctor Zerpa añadió que los portones principales se cerraron cuando terminó de tocar el grupo soporte “Ojos Locos” para evitar que la gente ingrese sin pagar.
Otro personal de seguridad, Oscar Ramón Ortiz, relató que apenas comenzó el recital, un grupo de aproximadamente 100 personas produjo una especie de avalancha para poder ingresar porque no tenían entradas, añadiendo que mientras trataba de contenerlos junto a sus compañeros, parte del público salió del local denotando que se estaba produciendo un incendio.
Evidentemente ese cierre momentáneo de los portones principales no comportó una situación significativa de peligro. Incluso podría decirse que al menos detuvo un caudal de gente que, de haber accedido al salón, hubiera complicado aún más la situación.
No obstante ello, el tribunal entiende que la zona de influencia del fuego, es decir, el sector a donde estaba acotado el peligro común para los bienes y personas, había quedado constituido por ambos pisos del salón y finalizaba una vez que se atravesaban las denominadas puertas cine.
En efecto, gran cantidad de concurrentes, nos han ilustrado acabadamente cómo el punto crítico que había que superar para encontrar la salvación respecto del incendio eran las seis puertas “vaivén” doble hoja.
También los relatos son contestes en afirmar en que el humo denso y tóxico se sentía desde ese sector hacia adentro del salón. Ergo, es dable concluir que una vez alcanzada la zona del vestíbulo o hall de entradas cesaba la exposición a los gases nocivos propios del incendio, sin perjuicio naturalmente de los efectos retardados que seguían produciendo sobre las víctimas.
Basta sino repasar algunos relatos que sobre estas cuestiones se han escuchado en la audiencia.
Al respecto, Nicolás Papolla declaró que cuando estaba inmovilizado en la zona de las “puertas cine” pudo ver que en el hall de las boleterías había menos gente. Una vez que llegó a esa zona, accedió a la vereda por el portón de la derecha -vista desde el exterior-.
En ese orden se explayó Matías Arcori, quien trató de dirigirse al sector de las puertas por donde había ingresado porque veía luz en la zona de las boleterías, pero que la gente los llevaba para todos lados en virtud de la desesperación generalizada por salir.
Asimismo, declaraciones de una gran cantidad de testigos denotan que una gran dificultad se hallaba al sector interno de las seis puertas que comunicaban al salón principal con las boleterías.
Entre los más significativos se puede citar el caso de Gastón Maximiliano Basualdo, quien explicó que caminó hacia la barra pero sólo pudo avanzar unos metros porque había una “pila de personas” caídas en el suelo a quienes no quería pisar, añadiendo que permaneció un rato atorado y que en un momento se cayó por encima una chica, a quien debió morderla para que se corriera hacia un costado porque no podía respirar.
En un determinado momento, en medio de la oscuridad, abrió los ojos y vio una nube de humo negro denso, detrás de la que se advertía la luz del hall. Caminó en esa dirección y llegó al pasillo por el que había ingresado, donde tomó un par de zapatillas y salió hacia la calle.
También Federico Claramut recordó que cerca de las “puertas cine” se cayó al suelo –aproximadamente a la altura de una columna allí existente- e indicó que se produjo como una especie de “efecto dominó” donde las personas que estaban atrás se le cayeron encima; por ello quedó atrapado debajo de una pila de gente.
Agregó que no podía salir puesto que sus piernas estaban trabadas y tampoco podía respirar por el humo que invadía todo el local.
Señaló que estuvo tirado unos minutos hasta que vio unas linternas y sintió agua en la cara, notando que los bomberos estaban sacando a las personas que se encontraban amontonadas.
Así lo indicaron también los relatos de Alejandro Antonio Bravo, Emilce Lorena Bravo, Damián Gabriel Espinosa, César Guillermo Colque, Gisela Andrea Contrera, Juan Facundo Diana, Eduardo Martín Di Pascua, quienes atravesaron con dificultad las “puertas cine” y luego se dirigieron de manera directa a la calle.
Lo que se quiere destacar con estas aseveraciones, es que el cierre inicial de los portones violetas sobre la hora de inicio del espectáculo para impedir el ingreso de las personas que aún se encontraban afuera del local sin entrada, no tuvo una influencia decisiva en la configuración concreta del supuesto de hecho.
Ello así, en tanto quienes demoraron su salida algunos instantes en ese sector del hall de entradas ya habían egresado de la zona de conflicto.
Y los que estaban aún expuestos a las consecuencias del incendio, no habían quedado trabados por un efecto dominó derivado de la demora en la reapertura de los portones principales, sino que su permanencia en el salón propiamente dicho obedeció al obstáculo que por sí mismas representaban las denominadas puertas cine.
Sobre este extremo también corresponde hacer algunas aclaraciones.
Durante el comienzo del debate se discutió arduamente cuáles de las seis puertas “vaivén” se encontraban abiertas o cerradas.
Hemos escuchado testigos que aseveraron que todas estaban abiertas, otros que dijeron que las habían visto cerradas; los bomberos que arribaron al lugar minutos después aseguraban que sólo dos de las seis estaban abiertas.
Entre los testigos que expresaron que las puertas estaban cerradas, encontramos los testimonios de Iván Manuel Leiva, Brenda Alicia Caetano Amborebieta, Oscar César Díaz, Carla Preiti, María Laura González, María Inés Peralta y Alejandro Antonio Bravo.
De manera contraria se manifestaron Fernando Ezequiel Rodríguez, Verónica Schamann, Luis Antonio Visconti y Andrés Alvar Chabán.
En lo que atañe a los bomberos, Mariano Adrián López precisó que cuando se constituyó en el lugar advirtió que solo dos de las seis puertas estaban abiertas.
La cuestión, pues, acerca del estado de las puertas cine no fue despejada, en tanto la prueba sobre el punto no resulta inequívoca.
Sin embargo, si se repara en el estudio pericial que se efectuó con la intervención de personal del tribunal, como así también de las exposiciones de los peritos arquitectos, puede extraerse una conclusión acerca del motivo por el cual ese sector provocó un efecto embudo que detuvo considerablemente la salida de los concurrentes.
Del ensayo complementario que este tribunal ordenó efectuar sobre las puertas, se pudo demostrar con certeza que dichas puertas aún cuando estuvieran cerradas con pasadores cedían ante la simple presión que podía ejercer cualquier persona –conf. fs. 164 del legajo de requerimientos efectuados por los peritos del I.N.T.I.-...
De ello es dable concluir que el hecho de que se encontraran abiertas o cerradas no resulta relevante como factor de demora en la salida del público.
Es más, lo comprobado en el estudio aludido explica por qué algunos testigos las veían abiertas y otros cerradas. Porque justamente al ser empujadas las puertas hacen un efecto de ida y vuelta. Son como se las ha denominado “vaivén” y por eso su estado se modifica constantemente.
Las manchas negras con formas de manos que resaltaran algunas acusaciones no constituyen en sí mismas signos inequívocos de forzamiento, pues en el contexto en que se estaba produciendo el hecho y por la cantidad de humo denso que reinaba en el lugar, cualquier toque de extremidades se hubiera marcado, máxime que las puertas son de color blanco.
Si esto es así, cabe preguntarse cómo es que esas puertas pueden haber sido determinantes a la hora de entorpecer el flujo de personas que pugnaba por salir del local.
La respuesta la obtuvimos sin lugar a dudas de lo dicho por el perito arquitecto Cayetano Profeta, en tanto consideró que al abrirse las seis puertas que comunicaban al salón con el vestíbulo, rebaten una sobre otra, lo que sumado con una columna allí existente, dificultan la línea de libre recorrido hacia la salida.
Por su parte, el perito Eduardo José Lucio Frigerio señaló que las posibilidades de flujo se ven disminuidas si el ancho de salida no responde a un portón único, sino a seis puertas distintas, como en el caso de aquellas que comunicaban el vestíbulo con el salón.
Resulta por demás claro que no es lo mismo un corredor de nueve metros de ancho ininterrumpido de salida, que uno que a su vez se ve dividido en seis compartimientos
En consecuencia, es dable concluir que fue la propia estructura de las puertas cine, es decir, la circunstancia de que ese corredor de salida se encontrara dividido por seis puertas con sus respectivos marcos y hojas lo que dificultó la salida de una cantidad de personas considerable que pretendían con desesperación hacerlo simultáneamente, más allá de si estuvieran cerradas o abiertas.
En tal sentido resultan esclarecedores los testimonios que dan cuenta de la pila de personas que se produjo llegando a ese lugar y cómo los concurrentes desde el suelo veían la luz que provenía del vestíbulo –lo que denota que alguna de esas puertas estaba abierta- y de todos modos estaban amontonados y no podían egresar.
Sobre el punto, Vanina Soledad Arancibia aludió que cuando estaba presionada cerca de las “puertas cine” advirtió que desde el otro lado ingresaba luz.
Similares afirmaciones realizaron los testigos Matías José Estrada Godoy, Carlos Alberto Dojorti y Rodrigo Nicolás Figueroa -entre muchos más- al decir, por ejemplo, que “a la vez que la gente pasaba por arriba, sentía gente debajo de mis pies”, o literalmente aludieron a una “pila de personas”.
A su vez, otros concurrentes que prestaron declaración en el juicio manifestaron idénticas precisiones, pero añadieron que tuvieron que ser auxiliados por terceras personas porque habían quedado inmovilizados en aquella “pila de personas” que se formó sobre las “puertas cine” – así, Martín Ceferino Sebastián Méndez, Gustavo Martín Pascual, Diego Ariel Monges Torres, Libia Susana Pérez, Ezequiel Gerardo Carrizo y Viviana Cozodoy-.
Valoradas las pruebas reseñadas, el Tribunal tiene por acreditado que ante el exceso abrumador de concurrentes y el cerramiento del portón alternativo, la propia estructura edilicia que presentaba el local dificultó la evacuación del público, concretamente en el sector donde están situadas las “puertas vaivén”.
Vemos como los factores se conjugan para desencadenar el hecho que juzgamos. Pues la estructura de las puertas cine quizá no hubiera tenido influencia si había solamente 300 personas o si el portón alternativo hubiera estado abierto.
La evacuación de un número exorbitante de personas de la zona de influencia de fuego quedó limitada, por obra de los organizadores, a un corredor divido por seis compartimientos de tan solo 1,26 metros cada uno. A ello se suma que las puertas allí existentes eran de tipo “vaivén” y, por tanto, al abrir una, automáticamente golpeaba la que está a su lado. Finalmente ese sector se comportó como un verdadero “embudo” debido a que recién después de transcurrir la primera parte del hall y superado el sector de boleterías se recuperaba el ancho de los portones principales.
Por otra parte, y en lo atinente al sector de las boleterías, se constató que pese al cierre de los portones violetas sobre la hora de comienzo del recital, la zona crítica de acción del fuego se limitó al interior del local, tanto en su parte superior como en el salón principal.
Más aún, no sólo no gravitó en la configuración puntual del suceso, sino que, a la luz de la cantidad de gente que se encontraba fuera del local pugnando por entrar, sirvió de contención para evitar una mayor confusión en la salida del público.”

3.1.1.3.2.

La evacuación del local

La evacuación del local una vez iniciado el incendio estuvo marcada por una serie de factores que convirtieron el lugar en una trampa mortal, que terminó con la vida de las 193 víctimas fatales y que produjo gravísimas lesiones a gran parte de los que lograron escapar de ella. Esos factores fueron:

- La cantidad de asistentes triplicaba el máximo permitido en la habilitación.
- El local no estaba preparado ni autorizado para la realización de recitales.
- El local no contaba con salidas de emergencia acordes con las exigencias normativas.
- La mayoría de las puertas estaban cerradas con trabas, incluso la denominada salida de emergencia, que tenía un cartel luminoso que decía “salida”, y que recién pudo ser abierta casi una hora después de comenzado el incendio
- Sólo funcionaba uno de los tres extractores de aire instalados en el local.
- Instantes después de iniciado el incendio se cortó la luz.
- Los materiales con que estaba revestido el techo del local provocaron una rapidísima propagación del fuego, y generaron el humo tóxico al que referiremos puntualmente en el apartado 3.1.2.2. del presente.
-
Estos factores motivaron que las personas se agolparan, empujaran y pisaran tratando de salir. Así se formaban verdaderas “pilas humanas” dentro del salón, especialmente cerca de las puertas de salida. Esas pilas compuestas por personas que iban cayendo unas sobre otras dificultaron aún más la salida del lugar y provocaron lesiones a muchas de las personas que lograron salir con vida. Y los que estaban más lejos de las salidas, en especial quienes al momento de desatarse el incendio estaban en los dos sectores para público existentes en el primer piso, no pudieron ni siquiera acercarse a las puertas, y fueron sacados del lugar por terceros en estado de inconsciencia, y en algunos casos ya sin vida.

Como ya se dijera, uno de los factores que resultó ser determinante para que las personas presentes en el local no pudieran salir cuando comenzó el incendio, se relaciona con el hecho de que las puertas del local se hallaban en su mayoría cerradas.
En primer lugar, de las seis puertas vaivén de doble hoja que separan el hall de ingreso donde se encuentran las boletería del salón propiamente dicho, cuatro se encontraban cerradas con pasadores metálicos, y fueron abiertas minutos después que se iniciara el incendio a golpes y empujones. Hay que remarcar que esas puertas sólo abrían hacia adentro, y que en la desesperación por salir, quienes estaban adentro las empujaban hacia afuera. Por tal razón, sólo pudieron ser abiertas cuando quienes estaban del lado de afuera, viendo la situación, empujaron hacia adentro hasta que pudieron vencer la presión de la gente y lograron franquearlas. Esta situación generó amontonamientos y desesperación en quienes intentaban salir por ese lugar.

Por otra parte, lo acontecido con la “salida alternativa de emergencia” ya fue tratado en el apartado anterior.

Además de las dos puertas referidas, el local contaba con una puerta pequeña que comunicaba los camarines con el garaje del hotel y con otra puerta que comunica el local con la recepción del hotel Central Park. Ambas puertas fueron utilizadas como medio de salida por personas que se encontraban cerca de ellas.

Asimismo, en el sector VIP ubicado en el primer piso, existía una puerta metálica que se encontraba cerrada. Esa puerta no pudo ser abierta ni siquiera por la fuerza, por lo que un miembro del cuerpo de Bomberos efectuó un boquete en la pared -al lado de esa puerta- de aproximadamente medio metro de diámetro. Así, algunas personas pudieron salir por ese boquete, que daba a un pasillo ubicado en el primer piso del hotel. Luego de romper los vidrios de los ventanales del hotel que daban a la calle Bartolomé Mitre, muchas de las personas que habían salido por ese lugar, saltaron sobre la marquesina del local, y se arrojaron desde allí a la calle.

Es de señalar que las personas que se encontraban en los dos sectores ubicados en el primer piso -uno conocido como el sector VIP, que colocándose frente al escenario se encuentra a su izquierda, y el otro ubicado a la derecha de éste, en la parte posterior del salón- fueron las que tuvieron mayores dificultades en la evacuación. En primer lugar, porque las escaleras de acceso a esos lugares son muy angostas y no son suficientes para una evacuación rápida, lo que provocó amontonamientos que impedían el paso. Por otra parte, el humo tóxico generado por el incendio tuvo una concentración mayor en esos sectores altos, donde también las altas temperaturas provocadas por el fuego eran aún mayores. De tal suerte que en la desesperación por salir muchas personas se “tiraban” desde ahí a la planta baja, lo que causó tanto a quienes se arrojaban como a los que estaban abajo, diversas lesiones físicas. Además debe señalarse que una gran parte de quienes resultaron ser víctimas fatales del hecho, se encontraban en ese lugar, según lo refirieron luego personas que habían concurrido con ellos al recital y lograron salir con vida.

Todos estos factores, el exceso de público, el hecho de que la puerta alternativa de emergencias estuviera clausurada -sin perjuicio del cartel lumínico que hacía presumir lo contrario-, y que las puertas de salida se hallaban trabadas, la falta de ventilación, la falta de luz, entre otros, dificultaron notoriamente la evacuación, generando así un mayor tiempo de exposición a los gases tóxicos producidos por la combustión de los materiales que recubrían el techo del lugar. Esa exposición a los gases tóxicos provocó, a su vez, que gran cantidad de gente se desmayara y quedara tirada en el suelo, lo que además de impedirles salir por sus propios medios del lugar, ocasionó que, ante la falta de luz, se obstaculizara la salida de quienes no se hallaban desmayados. En definitiva, todos esos factores actuaron conjuntamente, provocando un altísimo riesgo para la vida y la salud de los concurrentes que en muchos casos perdieron la vida y en otros tantos padecieron lesiones de diversa índole.

Muchos son los testimonios que relatan el momento posterior al inicio del incendio, y las dificultades que tenían las personas allí presente para salir del local. Así, Juan Manuel Ledesma, empleado de seguridad del local, relató que el día del hecho se encontraba cumpliendo sus funciones en una de las escaleras del local y que “vio como un muchacho joven tiró una bengala de luces de colores hacia arriba. Son bolas de luces, como fuego de colores. Una de estas bolas de fuego de colores quedó enganchada en la tela media sombra que adorna el techo para que no se vea la lana de vidrio que está colocada para amortiguar el ruido. En un instante agarró la lana de vidrio como si fuese nafta, pues se prendió todo de golpe. Ahí la gente se alborotó y comenzaron a correr, algunos a tirarse desde arriba, donde está la bandeja, a unos diez (10) metros de altura y caían sobre el escenario o sobre la misma gente que estaba sobre la pista. Todos comenzaron a desesperarse por salir hacia la puerta. ... Como todo estaba oscuro y había un humo tremendo, la gente empezó a desesperarse” (testimonio obrante a fs. 237/39).

Según lo manifestado por Claudio Edgardo Curcuy, mientras se encontraba haciendo el cacheo del público en la entrada de la puerta de emergencia, habiendo comenzado ya a tocar la banda “Callejeros”, escuchó gritos en el interior del local y vio que la gente comenzó a salir apresurada. Al mirar hacia el interior del lugar observó un denso humo e inmediatamente se dirigió hacia el sector donde están las seis puertas vaivén de doble hojas. En razón de ello se dirigió hacia la entrada principal que estaba cerrada y junto con otras personas “… comenzaron a empujar insistentemente hacia adentro dado que por el sistema de bisagras solo abren hacia adentro, hasta que en un momento dado fue tanta la presión ejercida que esta sede y logran abrir la misma notando que las personas salían como podían pisoteando a los cuerpos de los jóvenes supuestamente desmayados o muertos, notando que había gran cantidad de personas amontonadas” (conforme declaración obrante a fs. 51/53).

Por su parte Gustavo Facundo Orazi dijo que cuando la gente se percató de lo que estaba sucediendo y comenzó a intentar salir del lugar “se agolparon muchas personas que quedaron apoyadas en las puertas (se refiere a las seis puertas vaivén que separan el hall del salón), siendo que inmediatamente se abren, y estas personas tropiezan y caen al suelo, empujadas por la multitud. Asimismo observa que el portón que da a la calle, posterior a la galería, también estaba cerrado. En ese momento, pasa los guardarropas y se topa con cuerpos caídos que obstruían la salida izquierda antes mencionada, quedando parado, siendo que hasta la altura de su pecho había cuerpos apilados, uno encima del otro. En ese momento observa que una persiana metálica que da a la calle, que poseía una puerta de ingreso de las típicas de comercio, estaba cerrada, y con la puerta pequeña solamente abierta, y al instante comenzaba a ser abierta. Allí queda atrapado por el grueso de la gente que lo empujaba desde atrás” (declaración testimonial de fs. 518/23).

También María Victoria Arana relató lo sucedido, expresando que llegó a Cromañón aproximadamente a las 22.30, “entrando por la puerta que ingresaban las mujeres con entradas y los que se encontraban en la lista de invitados, siendo dicha puerta un portón de chapa de color violeta de unos 5 metros aproximadamente con otra puerta más chica por donde ingresaban, encontrándose dicha entrada a unos 5 metros de la puerta principal. Que cuando se encontraban esperando para ingresar la declarante escucha a dos personas del sexo masculino quienes vestían remeras negras con dibujos en el centro,… y que uno de ellos le decía al otro que tenían que abrir el portón, refiriéndole el otro que no porque si no se iban a meter los que no tenían entrada” (declaración testimonial obrante a fs. 588/89).

En tanto, Carina Soledad Blanco manifestó que “mientras la banda continuaba tocando, pudo observar esta media sombra comenzaba derretirse y caer sobre las personas allí presentes. Que en ese preciso momento se cortó la electricidad, divisando como comenzaba a entrar en pánico todas las personas allí presentes, las cuales intentaban dirigirse hacia las puertas de salida al hall, observando que las mismas se encontraban cerradas desde afuera. En ese momento ya casi era imposible respirar, comenzando a ahogarse y desvanecerse, pudiendo sentir una corriente de aire, y notando la apertura de la puerta que se encontraba frente a ella y su novio, la cual da a un hall, divisando que las personas que se encontraban delante de ellos cayeron al suelo.” (fs. 986/87).

También Sergio Fernando Piñeiro, quien se encontraba a cargo de la iluminación del recital, expresó que el fuego se propagó rápidamente “cayendo la media sombra encendida como lluvia sobre la gente y luego los colchones. Que seguidamente y casi al mismo tiempo el fuego despedía un humo negro, con el que era imposible ya respirar. Que en un primer momento el dicente opta por querer retirarse para luego no hacerlo, tomando un matafuego que allí se hallaba, a fin de poder combatir el fuego, determinando que este no funcionaba. Que se sacó la remera con el que empezó a apagar el fuego que había alrededor de la consola y sus alrededores. Que mientras hacía ello observaba como la gente en un estado de desesperación intentaba salir, dirigiéndose hacia la puerta. Que terminado lo que estaba haciendo intentó dirigirse hacia la puerta y al ver que no podía salir, ya que todo era un caos, intentó dirigirse hacia la otra salida, por donde salen los músicos y al ir en camino se cortó la luz, por lo que regresó nuevamente hacia la puerta principal, donde permaneció unos instantes para luego caer al suelo, no pudiendo ya respirar” (declaración de fs. 2566/67).

Otro testigo, Federico Antón Diana Tedeschi, expresó que se encontraba muy cerca del escenario cuando comenzó el incendio y que “ … cuando la gente que estaba sobre las vallas comenzó a abrirse para buscar las salidas comenzó a toser, caminó hacia el fuego y vio que toda la gente se amontonaba en la salida, regresó sobre sus pasos y vio que los músicos se estaban sacando los instrumentos y se iban, saltó las vallas y en ese momento una chica lo tomó del brazo y le pidió ayuda. Que logró pasar a la chica para el lado donde se encontraba él, es decir del otro lado de las vallas y le dijo que se tapara la boca con la remera porque no se podía respirar. Que en ese momento se cortó la luz y como no encontraba una salida se acostó en el piso rendido, luego reacciona cuando una persona... lo está sacando a la calle” (fs. 1997/99)

Por su parte, Leandro Adrián González, expresó que observó “… que en el sector de la media sombra donde habían estado rebotando las chispas se había prendido fuego y caía como ´lluvia de plástico prendido´(sic). Ahí atinó a bajar, se sacó la remera para colocársela sobre la boca, porque se estaba generando mucho humo, pero en ese momento se le vino encima toda la gente que lo llevó a introducirse en el fondo del baño de las mujeres, sin que el dicente pudiera siquiera apoyar los pies sobre el piso. Allí abrió la canilla como pudo, para mojar la remera, pero no salía agua. Entonces intentó salir del baño pero era imposible, porque estaba lleno y la gente que estaba afuera quería entrar. Por eso se arrodilló, se tapó la cara con una remera y se quedó sin moverse por unos minutos, mientras iba sintiendo que las personas que lo rodeaban de a poco se caían al piso, desvaneciéndose. ... Aclaró que además de que estaba todo oscuro no podía abrir los ojos porque el humo lo quemaba. Mientras iba caminando muy despacio se le quedó trabado el pie entre la gente y perdió a Patricia que lo soltó. Quiso agarrarla devuelta pero no la encontraba, al tiempo que el deponente le costaba cada vez más respirar.” (fs. 5616/18).

En definitiva, la evacuación completa de las personas que se encontraban en el local recién pudo completarse aproximadamente a las 2:00 hs. del día 31 de diciembre, es decir, más de tres horas después de iniciado el incendio. Un dato importante a tener en cuenta es que, según el peritaje realizado por la Superintendencia de Bomberos, si la totalidad de las salidas existentes hubieran estado franqueadas (aún cuando, como luego se verá, no cumplían con las exigencias normativas), la evacuación del lugar se hubiera producido en pocos minutos:

- 2,31 minutos para 2000 personas.
- 3,28 minutos para 3000 personas
- 4,24 minutos para 4000 personas.

Es decir, que, en cualquier caso, la salida se hubiera logrado en menos de cinco minutos y, por lo tanto, los gases tóxicos no hubieran llegado a causar los efectos letales provocados.

3.1.1.4.

La presencia de personal policial en el lugar

La noche del 30 de diciembre de 2004 se encontraban apostados en la puerta del local dos agentes de policía pertenecientes a la Comisaría 7ª, en cuya jurisdicción se encuentra ubicado el local “República de Cromañón”. Ellos son el Cabo Primero Oscar Ramón Sosa, y el Agente Cristal Ángel Sosa, quienes estaban a bordo del patrullero identificado como “Móvil 107”. Esa presencia no era casual, ya que la presencia de personal policial de la citada Comisaría 7ª era habitual cada vez que se realizaba un recital en “República de Cromañón”.

También era habitual que se hiciera presente en los recitales, junto con los agentes de la referida seccional, una brigada del Cuerpo de Infantería de la Policía Federal, que era requerida por las autoridades de la misma Comisaría antes mencionada.

Esa presencia obedecía, a un acuerdo espurio que existía entre Rafael Levy, Omar Chabán y sus colaboradores, por una parte, y el personal de la Comisaría 7ª por la otra. Ese acuerdo tenía por objeto que el personal policial permitiera que el local continuara funcionando en infracción a una cantidad de normas que, de ser aplicadas, hubieran motivado su clausura. Por otra parte, ese acuerdo se ponía de manifiesto a través de la constante presencia en el local del subcomisario Carlos Rubén Díaz –imputado en esta causa-, quien concurría al lugar cada vez que se daban recitales, y recibía diversas sumas de dinero de manos de, los también encausados, Omar Chabán y Raúl Villarreal.
Ese acuerdo subsistía desde el año 1997, ya que las condiciones originarias del local y la comisión de constantes y sucesivas contravenciones, requerían de pactos espurios con Policía, bomberos y funcionarios de la Ciudad.

De esta situación, que al permitir que el local funcionara en las irregulares condiciones en que lo hacía, también funcionó como un factor determinante para que se produjeran tanto el incendio, como las consecuentes muertes y lesiones, se dará cuenta más detalladamente en el apartado 3.1.1.5. del presente escrito.

Muchas de las personas que lograron salir del lugar con vida, lo hicieron por sus propios medios y estaban conscientes, aunque luego debieron ser hospitalizadas como consecuencia de las lesiones padecidas. Otras en cambio fueron evacuadas por terceros, en estado de inconsciencia y trasladadas a diversos nosocomios.