Sentencia Oral IV.

Que en ese ínterin fue que se produjo el foco ígneo en el techo el cual presentaba una aureola de fuego. Pudieron llegar hasta la barra del fondo, pero ahí explotó la luz y se formó una pelota humana que hizo que quedaran estancados.
Señaló que la gente empezó a gritar, que había mucho humo y que se sentía ardor y sequedad en la garganta. En un momento le pareció que cerca de la barra había una puerta aunque ésta no conducía a ningún lado.
Después de un rato, señaló que vio un cartel de salida y que sintió una brisa. Allí alguien la “manoteó” y pudo salir del lugar. Aclaró que estaba confundida y que no podía establecer con precisión el sector por donde egresó del salón, agregando incluso que no recuerda haber vuelto a pasar por las puertas “vaiven”.
Una vez en la calle se fue para la esquina y trató de respirar. Ese día no recibió tratamiento, y al día siguiente, como comenzó a escupir negro, fue al médico para que la revisen.
Preguntada acerca de si antes del show de “Callejeros” se tiraba pirotecnia, dijo que ella no recordaba haber visto que se lanzara ese tipo de elementos anteriormente, pero estimó que seguramente se arrojaron, pues de lo contrario Chabán no habría salido a hablar de la manera en que lo hizo.
Interrogada para que aclare que quiso decir cuando señaló que “explotó la luz”, respondió que no fue solamente que la luz se apagó, sino que explotó, es decir, que hubo un estallido y se cortó.
También declaró en el juicio Libia Susana Pérez, quien relató que el día 30 de diciembre de 2004 concurrió al recital de “Callejeros” en el local República Cromañón, acompañada por sus amigas Laura y Johana, por el novio de la primera llamado Damián y por un amigo de éste último.
Aclaró que era la primera vez que asistía al boliche mencionado, que también era el primer evento que presenciaba de la banda “Callejeros” y que tanto ella como sus compañeros concurrían con entradas sacadas con anticipación.
Indicó que en las inmediaciones del lugar había mucha gente y que en la calle no había una buena organización de los asistentes. No recuerda haber visto policías en la vía pública ni que se arrojara pirotecnia en las afueras del local. Sí advirtió que se ofrecían entradas en la calle a un precio mayor.
Para ingresar al local tuvo que formar una fila y fue revisada por personal de seguridad que vestía remeras negras. Dijo que a ella la palparon solamente y que vio que a otras personas les hacían sacar las zapatillas. Agregó que como estaba por empezar el show el acceso se hacía más rápido.
Si bien se mostró dubitativa a la hora de indicar las vías de acceso, marcó el sector del hall principal como el lugar por donde entró y dijo que había una serie de biombos que separaban las filas de hombres y mujeres.
Una vez en el interior del salón –el cual estaba lleno de gente- se ubicó en el sector medio, entre las escaleras. Señaló que sonaba música de fondo, puntualmente el tema “Jijiji” de “Los Redondos”.
En ese momento salió Omar Chabán –aclaró que ella no lo vio- y le pidió a los asistentes que no tiren pirotecnia porque había mucha gente, el lugar era pequeño e iba a suceder una masacre. Agregó que el público “no respetó” lo que decía.
Después de ese discurso, comenzó el recital de “Callejeros” y ella tomó de la mano a su amiga Johana para dirigirse hacia el escenario. Pasó un poco de la canción y en el sector medio, el salón se empezó a iluminar. Ahí advirtió el fuego y con su amiga trataron de correr hacia la barra ubicada en el fondo del lugar.
Señaló que antes de llegar a dicho sector se cortó la luz y que la gente gritaba, lloraba y se desesperaba. Nadie sabía por donde salir y la multitud te llevaba.
Refirió que no vio carteles de salida y que no tenía conciencia del lugar por donde podía alcanzar la calle. Dijo que en un momento se cayó al piso y que otras personas lo hicieron arriba de ella.
Estuvo un rato allí atrapada, hasta que un chico junto con un bombero la sacaron del lugar. Una vez en la vía pública permaneció sentada hasta que pudo reaccionar; alguien le preguntó si quería ir a una ambulancia, pero se negó porque había gente que se encontraba en peor estado. Finalmente la fueron a buscar sus padres.
Se fue a su casa, pero a las horas comenzó a ahogarse y no podía respirar, razón por la cual fue derivada a una clínica.
A preguntas efectuadas por las partes, dijo que ha concurrido a otros recitales de rock en distintos lugares, que era seguidora de los Piojos y que no conoce a la banda denominada “La familia piojosa”. Que recién en el año 2004 comenzó a escuchar a “Callejeros”.
Exhibida que le fue la foto 134 aportada por la doctora Fangano, respondió no haber visto ese cartel indicador relativo a la prohibición del uso de pirotecnia en el lugar.
A su turno fue convocado ante estos estrados Jorge Fernando Prieto quien asistió a los recitales de “Callejeros” los días 28 y 30 de diciembre de 2004.
Manifestó que era seguidor del grupo indicado precedentemente desde el año 2003 ó 2004 aproximadamente, y que siempre se lanzaban elementos de pirotecnia durante sus conciertos.
Expresó que la pirotecnia era parte de la fiesta para cualquier banda de rock y que el motivo por el que se utilizaba era para devolverle algo a los músicos de lo que ellos les brindaban; lo hacían para divertirse, para darle luz a la gente que se encontraba abajo del escenario. Agregó que era una forma de trasladar la “cancha” al recital.
Puso de relieve que asistió a los recitales de la banda realizados en “Cromañón”, “Cemento”, “El Teatro de Lacroze”, “Excursionistas”, “Obras” y algunos más.
Afirmó que en el espectáculo del estadio de “Obras” Patricio Santos Fontanet, les pidió a los presentes que dejaran de encender bengalas, porque un joven se había lastimado. Aclaró que el público reaccionó negativamente e insultó a los integrantes de la banda.
Se refirió también a un incidente ocurrido en “República Cromañón” el día 1ro. de mayo de 2004 durante un recital del grupo “Jóvenes Pordioseros”.
Dijo que aquella noche una persona disparó una bengala que impactó contra el techo y se inició un incendio.
Contó que se generó gran cantidad de humo por lo que tuvieron que abrir las puertas a fin de ventilar el recinto y que en ese momento los asistentes intentaron salir.
Sin embargo, cuando se encontraban en el hall, el personal de seguridad estaba cerrando uno de los portones violetas que daban a la calle. Dijo que en consecuencia entabló con uno de los individuos de control una conversación a fin de que los dejara salir a la calle. Expuso que en un principio éste se negó, pero que finalmente lo permitió.
Destacó que la salida fue ordenada ya que había muchísima menos gente que el día 30 de diciembre de 2004 y que permanecieron allí afuera cerca de 20 minutos.
Precisó que también se procedió a la apertura de la puerta que se encontraba situada junto al escenario, la que según se enteró por los medios de comunicación, el día 30 de diciembre estaba cerrada con un candado.
Indicó que luego de apagar el foco ígneo y “airear” el lugar, reingresaron al local y continuó el recital.
Señaló también que el techo tenía unas “lucecitas” y que luego de sofocar el fuego, éstas quedaron haciendo un corto circuito, que recién fue extinguido mediante el uso de un matafuego cuando ya se había reiniciado el concierto.
Asimismo, narró que ese mismo día en la puerta de “República Cromañón” se produjo otro incidente con unos jóvenes que portaban elementos de pirotecnia y que fueron golpeados y puestos contra la pared por dos “patovicas” de seguridad del lugar. Agregó que éstos últimos les quitaron las mochilas y que las personas que estaban en la vereda los insultaron debido a que se habían comportado como si fueran policías.
Puso de resalto que el día 1ro. de mayo no se efectuó ninguna advertencia respecto del uso de pirotecnia y que luego del principio de incendio el público continuó utilizando estos elementos. Precisó que una persona de seguridad que estaba detrás del vallado frente al escenario le quitó bruscamente una bengala a un joven que intentaba detonarla.
Aclaró que volvió a “República Cromañón” el día que tocó la banda “Intoxicados” y que en esa oportunidad observó un hueco en el techo que había dejado el incendio presenciado con anterioridad. Indicó que cuando asistió a ese local el día 28 de diciembre de 2004, advirtió que el cieloraso había sido cambiado.
También dijo que concurrió al recital de “La 25” el día 26 de diciembre de 2004, pero que no presenció el incendio, del que tomó conocimiento con posterioridad.
Relató que el día 30 de diciembre se reunió con ocho amigos en la esquina de Bartolomé Mitre y Jean Jaures y observó que frente a “República Cromañón” se había formado una larga fila a fin de ingresar al interior de ese local.
Manifestó que se dirigió a una persona de seguridad que se encontraba ordenando la hilera. Aclaró que lo conocía porque era el individuo con quien había conversado en el recital realizado el día 1ro. de mayo de 2004 a fin de persuadirlo de que no cerrara el portón violeta. Refirió que el empleado los dejó entrar al salón sin efectuar la fila correspondiente, y que la entrada la había adquirido con anterioridad.
Indicó que accedió a través del pasillo amarillo y que allí le efectuaron una revisación que incluyó la orden de sacarse las zapatillas y las plantillas. Puntualizó que nunca les habían realizado una inspección semejante y que quienes cumplían esa función llevaban puesta una remera negra con la leyenda control en letras blancas o naranjas –no pudo recordarlo exactamente-.
Precisó que hombres y mujeres entraban en forma separada y que al final del pasillo indicado precedentemente se hallaba colocada una valla que separaba el hall a la altura de las puertas “vaivén”, de las cuales sólo dos estaban abiertas.
Contó que una vez dentro del local se ubicó en la parte trasera junto a la barra y que se estaba reproduciendo música de “Los Redondos”. En ese momento ya se percibía muchísimo calor y los asistentes estaban detonando bengalas.
Expresó que ello motivó la intervención de Omar Chabán, quien insultó a los concurrentes y les dijo que “se iban a morir todos como en Paraguay”. Seguidamente Patricio Santos Fontanet indicó que los jóvenes se iban a portar bien, pero no obstante ello, siguieron lanzando elementos de pirotecnia, hasta que se prendió el techo.
Agregó que desde el primer piso vio como una persona disparaba una “candela” o “tres tiros”.
Puso de relieve que estaba debajo del foco ígneo y que al principio pensó que no pasaría nada grave y siguió saltando. Dijo que la gente empezó a correr, se cortó la luz y se sentía un humo y calor muy fuerte. En consecuencia, todas las personas comenzaron a dirigirse hacia las puertas.
Narró que esperó unos segundos en el lugar y que luego se encaminó hacia la salida. Aclaró que ya a la mitad del recorrido se percibía la luz que entraba desde la calle.
Puso de resalto que delante de una de las puertas se topó con una pila de gente de aproximadamente 1,50 metros de altura, y que por ello empujó a su novia por encima de esas personas, y él se tiró detrás. Sin embargo, un grupo de concurrentes cayeron también sobre él, por lo que tuvo que aguardar que el personal de seguridad lo sacara de allí.
Destacó que más tarde volvió a ingresar al salón y que en el trayecto no podía ver nada; sólo sentía las manos de las personas que desde el piso le solicitaban ayuda.
Manifestó que en la vía pública se había formado un cordón de personas y que los bomberos no permitían que los concurrentes entraran nuevamente al local. Agregó que aquellos tampoco ingresaban ni les prestaban las linternas.
Indicó que logró subir hasta el primer piso, donde había mucha gente desmayada. Allí lo vio a Patricio Santos Fontanet, quien estaba sacando personas a través de un agujero que comunicaba con unas oficinas.
En esa oportunidad advirtió también que la puerta grande que estaba situada junto al escenario estaba cerrada. Aclaró que ese mismo portón lo vio cerrado desde el exterior.
Agregó que mientras estaba dentro del salón escuchó un estruendo y observó que en la barra del fondo alguien abrió la caja.
Destacó que continuó rescatando a los sobrevivientes hasta las 3:00 horas aproximadamente.
Manifestó que sobre la calle Bartolomé Mitre notó que un individuo que vestía una campera marrón estaba efectuando tareas de dirección y “señalaba y mandaba” a otras personas que estaban allí. Dijo que pensó que era Chabán.
Sostuvo que Chabán “sabía lo que iba a pasar”, porque eso ya había sucedido el día 1ro. de mayo y además él lo dijo aquella noche.
En oportunidad de ser oído, Adrián Matías Ramírez precisó que desde hace varios años trabaja en “Locuras”, donde específicamente se ocupa de estampar remeras.
Con motivo de su actividad conoció a Diego Argañaraz, quien durante el transcurso del año 2003 asistió en varias ocasiones al local de “Flores” para dialogar con Lucas Hasmat -hijo del dueño de la firma mencionada-.
Asimismo, indicó que en dos oportunidades conversó con Fontanet, quien también se acercó a su lugar de trabajo.
Puntualizó que para el 30 de diciembre de 2004 trabajaba en Morón y no tenía contacto con el local, donde se vendían las entradas. Añadió que las remeras negras con la leyenda “Callejeros” en blanco y “Control” en amarillo, que vestía el personal de seguridad, se estamparon en “Locuras” una semana antes del show.
Dijo desconocer los términos de la relación contractual y que las entradas sobrantes se llevaron a las boleterías, donde se hizo presente un empleado de “Locuras” -Ezequiel-.
Respecto al día del hecho, explicó que fue temprano con su señora y que después se encontraron con una pareja amiga -Martín y Yanina-.
En las inmediaciones del local había mucha gente y Villarreal, que estaba apostado sobre la puerta principal, hizo formar la fila de ingreso en la vereda de enfrente.
En dicho momento, no observó la presencia de policías ni la utilización de pirotecnia.
En el hall de las boleterías, el personal de seguridad separaba a los hombres de las mujeres y previo “cacheo”, solicitaba las entradas.
En el salón se podía caminar con facilidad y se ubicaron en el descanso de la escalera que conduce al sector VIP, donde había una puertita de acceso y una persona de seguridad.
Allí encontraron comodidad y buena visión. Estaba tocando la banda soporte y el público encendía bengalas y detonaba petardos.
Conocía al local desde la época en que funcionaba como boliche de cumbia y no advirtió cambios en su estructura ni en la forma de ingreso.
Al concluir la presentación de la banda “Ojos Locos”, dos concurrentes encendieron bengalas y candelas. Estas últimas, golpeaban en la media-sombra y caían.
Chabán, desde la cabina de sonido, solicitó al público que se abstenga de prender bengalas, porque impedían ver el espectáculo y porque podía ocurrir “la tragedia de Paraguay”.
Posteriormente, “Lombriz” expuso su monólogo y “Callejeros” se presentó en el escenario.
Al rato de iniciarse el concierto, una candela golpeó en la columna de la loza y se metió en la media-sombra, que comenzó a arder. El fuego empezó en la parte central del salón, cerca del escenario y parte de la media-sombra se desprendía en forma de “gotas”. Para evitar quemaduras, los asistentes se fueron para los costados, formándose un círculo en el medio.
El público que estaba en el sector VIP empezó a bajar. En la creencia que en el piso superior estarían en mejores condiciones, dado que no tenía media-sombra, decidió subir.
Allí, un extractor situado en la esquina, cerca de una columna, expulsó una bocanada de humo. Luego se cortó la luz y le dijo a su señora que se tire al piso para minimizar los efectos del humo.
En un momento se levantó y al chocar con la baranda decidió saltar hacia la planta baja, donde pudo ver el cartel de salida situado arriba de las puertas tipo cine y la claridad que venía desde el exterior. Finalmente, desde allí, alcanzó la calle.
Al salir vio que las puertas estaban de la misma manera que al momento de ingresar y que del garage salía gente.
Asimismo, observó a “Pato” y al guitarrista de la banda, apodado “Dios”, ayudando en las inmediaciones del local.
A preguntas de las partes, respondió que las tres veces que fue a ver a “Callejeros” el público usó pirotecnia y que en el sector VIP no se utilizó dicho material.
En la audiencia de debate del 5 de diciembre de 2008, Marta Cecilia Reales señaló que el 30 de diciembre de 2004 concurrió con su novio a “República Cromañón” para presenciar el recital de “Callejeros”.
Manifestó que en julio de 2004 asistió al local mencionado para ver al guitarrista de “Los Redondos” y que el público hizo uso de bengalas y de “tres tiros”.
En dicha oportunidad se ubicó al lado del vallado, cerca de la puerta de emergencia y vio que la referida abertura estaba señalizada con un cartel de salida y se encontraba cerrada con candado y alambre.
Por otra parte, precisó que su novio “Maxi” era seguidor de “Callejeros”, de “Los Redondos” y de “Etiqueta Negra”.
El día del hecho llegaron aproximadamente a las 20:20 horas y en las inmediaciones del establecimiento había mucha gente.
Al presentarse por la puerta de la derecha -vista desde el exterior-, unas personas que no llevaban identificación alguna, armaron una fila para los hombres y otra para las mujeres.
Antes de ingresar le revisaron la ropa, la mochila y las zapatillas. Posteriormente, “Maxi” le comentó que llevaba pirotecnia y que no lo habían inspeccionado.
Una vez en el interior, intentaron acceder al sector VIP pero un integrante del personal de seguridad, que estaba en la escalera, no los dejó entrar. Advirtió que en dicha zona había menos gente que en la planta superior de enfrente, que era de libre acceso al público.
Posteriormente fueron al baño y se ubicaron cerca de la barra del primer piso. Desde allí observaron que durante la presentación de la banda soporte los concurrentes prendieron fuegos artificiales.
Ante ello, Chabán dijo que “no sean locos”, que en el salón había unas seis mil personas y que si el local se prendía fuego “no iban a poder salir todos por la misma puerta”.
Al concluir la presentación de “Ojos Locos” comenzó el show de “Callejeros”.
Enseguida vio que unos “chispazos” que provenían de la planta baja y se dirigían al techo, encendieron la media-sombra situada cerca de la escalera que conduce a los sanitarios. Al rato empezaron a desprenderse pedazos de dicho material.
Se acercó a la barra para pedir agua y la camarera, que estaba asustada, no se la suministró.
Luego, por el conducto de aire salió una bocanada de humo negro y se fue caminando al baño junto a su novio, en medio de la desesperación de los concurrentes, que corrían y gritaban.
Por último, señaló no ser seguidora de “Callejeros” y que asistió al local para acompañar a su novio, quien le había dicho que los shows de la banda mencionada eran una fiesta.
Fue convocado a prestar declaración en el debate Ariel Luis Renna, quien previo a efectuar el relato de lo sucedido la noche del 30 de diciembre, aclaró que conoce del barrio a Patricio Fontanet sobre todo de cuando eran “mas chicos”. Agregó que no comparte salidas con el nombrado.
En el mismo sentido, puso de resalto que conoce al imputado Diego Marcelo Argañaraz, con quien comenzó a tener mayor contacto después de “Cromañón” por concurrir a marchas del barrio. Antes lo conocía de vista por tener una banda de rock. Resaltó que desconoce qué rol desempeñaba el nombrado en el grupo “Callejeros”.
Comenzando con su exposición, indicó que concurrió al local “República Cromañón” los días 28 y 30 de diciembre de 2004. Dijo que era seguidor de “Callejeros”, aunque no muy “fanático”, y que se enteró de los recitales de fin de año por comentarios de sus amigos del barrio.
Señaló que el día 30 de diciembre fue al lugar con su hermano y dos amigos de éste último y que llegaron a las inmediaciones del boliche cerca de las 21:30 hs. Aclaró que su hermano tenía entrada y que él estaba en la lista de invitados.
Sobre este último extremo, dijo que no sabe la identidad de la persona que lo colocó en esa lista, aunque seguramente fue alguno de “los chicos”.
Indicó que en la calle no había mucha gente y que no vio que existieran filas organizadas afuera del local. Refirió que en la puerta se contactó con un amigo, lo anunciaron como invitado y así pudo ingresar. Agregó que previo a ello había un “cacheo normal” y que él solamente tenía una “riñonera” que le fue inspeccionada.
Exhibida que le fue la maqueta virtual, marcó la puerta de persiana color azul y el corredor amarillo como el lugar por donde entró y a mitad de ese pasillo el sector en donde fue revisado. Agregó que no recordaba bien la vestimenta del personal que efectuaba el control, aunque estimó que tenían unas remeras negras.
Una vez en el interior del salón, se ubicó en primer término en la barra lateral de la planta baja y después subió por la segunda escalera al piso superior donde están los baños. Señaló que se quedó finalmente en el último escalón de la parte superior de la escalera aludida, junto con su hermano.
Dijo que no podía calcular la cantidad de gente que había en el lugar y que él ingresó cuando había terminado de tocar la banda soporte.
No pudo dar mayores presiones de lo que ocurría en el local –si afirmó que escuchó música “ambiente”-, aunque refirió que en cierto momento vio como una candela se metió en la media sombra e inició el fuego. Marcó la parte trasera cercana a la escalera donde estaba ubicado como el sector donde comenzó el incendio.
Señaló que en un principio trató de calmar a la gente que se encontraba alrededor suyo; sin embargo las personas comenzaron a ponerse nerviosas y ya cuando miró hacia el techo estaba todo prendido. Por ello optó por bajar a la planta e intentó salir por el escenario. La luz se cortó y cuando llegó a las vallas, no pudo saltarlas y allí se desmayó.
Aclaró que el humo le impedía la respiración y que sentía como si estuviera aspirando tierra. Su cuerpo no le respondió y recordó que junto con otras personas tiraron las vallas. Sin embargo, como no podía más, no logró subir al escenario y perdió el conocimiento.
Indicó que finalmente lo sacaron del lugar y que lo llevaron en una ambulancia al “Hospital Penna”. Después estuvo internado en “el Udaondo” una semana. Sufrió problemas en los pulmones y quemaduras en el quince por ciento del cuerpo.
A preguntas efectuadas por las partes, dijo que el día 28 de diciembre también ingresó por lista de invitados. Que esa noche se tiró pirotecnia y escuchó que alguien pidió que paren de arrojar ese tipo de elementos porque había mucho humo. Respecto de la revisación, dijo que fue similar a la del 30.
En otro orden, señaló haber concurrido a los recitales de “Excursionistas” y al primero que en “Obras” brindó “Callejeros”; no recordaba mayores incidentes en éste último evento con relación a la pirotecnia. Que a la banda la sigue desde el año 2000 o 2001 y que al principio no se usaban fuegos artificiales.
Finalmente comentó que es cantante de un grupo de rock y que una vez tocaron conjuntamente con “Callejeros” en la localidad de Berisso. Aclaró que nunca compartieron una sala de ensayos.
Prestó declaración en el debate Gastón Omar Rey, quien refirió que concurrió al local “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre para ver los tres shows que la banda “Callejeros” brindó en ese lugar. Agregó que tomó conocimiento de esos eventos porque días antes había asistido al espectáculo que el mismo grupo había realizado en “Excursionistas”.
Indicó que los días 28 y 29 concurrió con un grupo de amigos, todos munidos de las respectivas entradas. El primer día hubo una revisación previa que no fue tan intensa como la que existieron los días 29 y 30, donde el personal de seguridad hacía sacar las zapatillas a los concurrentes.
Exhibida que le fue la maqueta virtual, señaló el corredor de color amarillo como el lugar por donde ingresó los días 28 y 29 de diciembre. Agregó que por el otro lado del local –es decir el izquierdo- se vendían entradas.
Respecto de la revisación, dijo que la realizaban varias personas vestidas con remeras que decían “control” o “seguridad” y que era efectuada más o menos a la mitad del pasillo por donde entró. Agregó que vio cómo esos sujetos le sacaban pirotecnia a los asistentes.
También resaltó que afuera del local observó cómo varios chicos lanzaban tres tiros y petardos en la vía pública.
Recordó asimismo haber visto un patrullero en la esquina del boliche y que incluso dos policías lo pararon a él y a sus amigos para preguntarle qué estaban haciendo en el lugar. Respecto de este extremo no pudo precisar qué día sucedió.
Manifestó que los días 28 y 29 vio que se arrojaba todo tipo de pirotecnia dentro del local, como ser bengalas, tres tiros, candelas, etc. Sobre este punto recordó que una de las noches, Chabán, desde el escenario, habló un rato pidiéndole a los concurrentes que no prendan pirotecnia porque todos iban a morir como en Paraguay.
Indicó que la gente no le dio “bolilla” y que incluso vio que le arrojaron una botella, lo que motivó que el nombrado tenga que retirarse. Acto seguido, salió al escenario “Pato” y les dijo a los chicos que paren porque no podía respirar cuando cantaba. Aclaró que en varios recitales de “Callejeros” el cantante le pedía a los concurrentes que no tiren pirotecnia porque les podía hacer mal.
Asimismo, señaló que los días 28 y 29 advirtió la presencia de menores dentro del local y que había una sola salida y puertas “chicas” para tanta cantidad de personas.
Puntualmente refiriéndose a la noche del 30 de diciembre, dijo que había mucha gente en la calle, que el tránsito no estaba cortado y que si bien no recordaba la hora en que llegó al local, ingresó cuando estaba por tocar la banda principal. Agregó que fue revisado más que otras veces en el cuerpo y que además tuvo que sacarse las zapatillas. Marcó el corredor amarillo nuevamente como el lugar por donde accedió.
Indicó que primero se dirigió hacia la barra del fondo, le dejó sus cosas a una chica y luego fue hacia delante, quedándose próximo a la cabina de sonido. Aclaró que “Callejeros” ya estaba en el escenario.
Manifestó que había mucha gente, muchas banderas colgadas de los balcones y que no se podía circular libremente en el interior del salón.
Señaló que apenas comenzó el show, vio el techo lleno de luces; ahí tomó a una chica de la mano, se corrió un poco, observó un resplandor y vio cómo un pedazo de media sombra caía al piso. Dijo que el incendio se produjo por una candela o una bengala que tiró alguno de los chicos.
Refirió que la banda dejó de tocar de a poco y que no sabe si fue conjuntamente con el corte de luz. Lo cierto es que en determinando instante se apagó la iluminación y los ventiladores dejaron de funcionar. Sobre esto último dijo que se había dirigido hacia la barra del fondo porque sabía por los días anteriores que allí había más aire, pero el 30 no lo sintió.
Expuso que quedó atrapado en la barra e instantes después pudo avanzar hasta un “kiosco” que había en el fondo del salón, al cual ingresó. Estuvo ahí, hasta que salió por su ventana; luego, pasando por arriba de la gente, pudo alcanzar al hall, donde se desmayó.
Aclaró que no se veía nada dentro del salón y que las personas estaban todas amontonadas en las puertas más “chiquitas” –en la maqueta marcó el sector de las denominadas puertas cine-.
Continuando con su relato, dijo que se despertó en la plaza y que luego volvió a las inmediaciones del lugar para buscar a sus amigos. Como consecuencia del hecho realizó un tratamiento por problemas en sus pulmones en el “Hospital Posadas” durante un año y medio.
A preguntas de las partes, señaló que es seguidor de “Callejeros” desde el año 2000 o 2001 y que ya por ese entonces se utilizaba pirotecnia en los recitales de la banda. Que nunca entró por lista de invitados y que ha tomado micros contratados para asistir a los shows.
Sobre esto último dijo que en el local “Locuras” se repartían volantes y sacaba pasajes en los micros para seguir a la banda a distintos lugares. En los ómnibus vio banderas, aunque nunca observó que llevaran pirotecnia, al menos las personas que se trasladaban con él.
Por otra parte, indicó que el uso de pirotecnia era común en todos los recitales de rock de cualquier banda; se lanzaban bengalas, candelas, tres tiros. Agregó que siguió al grupo “La Renga” durante 15 años y siempre se arrojó pirotecnia.
Interrogado acerca de los grupos de seguidores de “Callejeros”, esto es, “La familia piojosa” y “El fondo no fisura”, respondió que conocía a un chico que viajaba con integrantes del primer grupo mencionado, pero que nunca se junto con esas bandas ni sabía cuál era su comportamiento. Dijo desconocer si la noche del 30 de diciembre estuvieron en “Cromañón”.
En otro orden, indicó que “Callejeros” tenía un presentador que estuvo en el año 2004 en “Obras”, aunque no pudo recordar si lo vio en “Cromañón”. Agregó que cree haber escuchado en uno de los shows de fin de año, un tema de la banda “Ojos Locos”, pero no recordó de qué noche se trataba.
Por su parte, Ricardo Ariel Riccomini expresó que el 30 de diciembre de 2004 fue a “República Cromañón” para presenciar el show de “Callejeros”.
Sostuvo que no conocía el interior del local y que pese a que no le gusta la banda mencionada concurrió al concierto para acompañar a unos amigos.
Llegó a las 22:30 horas aproximadamente y observó que en las inmediaciones del establecimiento había mucha gente. El personal de seguridad, que vestía con remeras negras con la inscripción “Callejeros”, se ocupaba de mantener el orden en la fila de ingreso.
Además, frente a los portones violetas había otro grupo de gente pero no estaba haciendo la cola para ingresar. No vio que al personal de seguridad le dieran indicaciones.
Como sus amigos llegarían más tarde decidió ingresar solo.
Dijo haber entrado por el hall de las boleterías –ya tenía entrada- y mientras lo palpaban por todo el cuerpo, el personal de seguridad apostado en el lugar corrió el vallado y permitió el ingreso de un grupo de unas quince personas, sin someterlas a control alguno, desconociendo si tenía entradas.
Comentó que en ese momento estaba entrando “la gente de Callejeros” y no se estaba utilizando pirotecnia. Había una persona que los nombró antes de que entraran, tras lo cual así lo hicieron, se ubicaron en su lugar y comenzaron a tocar.
A preguntas del Dr. Iglesias comentó que en el salón vio que entre la escalera que conduce al VIP y la cabina de sonido, una mujer rubia (teñida), de unos 45 a 50 años y 1,65 o 1,70 metros de altura, repartía “tres tiros” al grupo de personas aludido. Agregó que dichos elementos los llevaba en un “morral”. No vio que esa mujer subiera por las escaleras.
Luego, los que recibieron fuegos artificiales se fueron al centro del boliche.
Esta incidencia sólo la comentó con un oficial de policía, cuando estuvo internado en el Hospital de Clínicas.
Aclaró que posteriormente mantuvo en reserva dicho episodio por haber recibido amenazas en distintas oportunidades, inclusive en momentos previos a su declaración en la Fiscalía Correccional nº 6.
Aseveró que en aquella oportunidad puso en conocimiento del Fiscal que minutos antes le habían proferido amenazas a través de un llamado a su celular. Agregó que en dicho acto no le fue preguntado su número de teléfono, que en aquél momento era el 1553692503.
Asimismo, indicó que informó a su abogada, Valeria Fretes, de las amenazas que lo damnificaran y que respecto a ello nunca recibió citación alguna.
Ulteriormente, como las amenazas telefónicas involucraban a su hija, dado que le decían que “tenga cuidado” con lo que iba a declarar y que sabían a que escuela concurría su hija, se mudó a Neuquén. No pudo decir el nombre del colegio, solo dijo que era privado.
Finalmente, señaló que los llamados intimidatorios cesaron el mismo día que declaró en la fiscalía.
Retomando el relato de lo sucedido el día del hecho, manifestó que se ubicó en la primer parte de la escalera -antes de llegar al descanso- que conduce al VIP. Allí no advirtió obstáculo que impidiera acceder al primer piso ni la presencia de personal de seguridad.
Por el contrario, desde dicha posición observó que detrás del vallado situado cerca del escenario, había integrantes del grupo de seguridad que lucían remeras con la leyenda “Callejeros”. No pudo dar mayores precisiones acerca de ese vallado porque no estaba tan cerca.
Enseguida anunciaron la presentación de “Callejeros”, ingresaros los integrantes del grupo y, al iniciarse el concierto, escuchó un estruendo. El cantante interrumpió la música y pidió al público que no tire pirotecnia porque era un lugar cerrado.
Al comenzar el segundo tema un integrante del grupo realizó idéntico pedido. Precisó que durante la ejecución de los dos temas se detonaron “tres tiros” en el centro del recinto.
Después de las advertencias continuó el recital y de repente se apagó la luz y cortó el recital. Todos silbaban y gritaban, esperando que vuelva la luz.
Vio chispazos en el techo que caían y sintió olor a plástico quemado. En el centro del salón caían unas “gotitas” que se desprendían de la media-sombra.
Se dio cuenta que el humo generado era tóxico e intentó salir por la puerta principal, por la que había entrado. No se veía nada y debido a la cantidad de concurrentes no pudo salir.
La muchedumbre lo llevó hacia “la salida de emergencia” que decía solamente “salida” y se trataba de una puerta de chapa que tenía los barrales de hierro bloqueados por un candado y una cadena. Estos dos elementos estaban ubicados sobre los dos barrales que tiene la puerta. No pudo ubicarla primeramente en la maqueta 3D, pero luego si lo hizo.
Dicha abertura estaba señalizada con un cartel carente de iluminación y muchos asistentes se agolparon en sus alrededores y ya no pudo regresar sobre sus pasos.
A pedido de la Fiscalía se le exhibe una fotografía de la puerta alternativa vista desde el interior del local y la reconoce como aquella por la que quiso salir. En la imagen reconoce la barra de bebidas cercana y el “cartelito” de salida, no así “la valla”. Prufundizando sobre el punto dice que los barrales no se veían, que por instinto o profesión fue a “manotearlos”.
Luego, a preguntas del Dr. Stragá dijo haberlos visto y que intentó accionarlos pero la cadena y el candado lo impedían. Aseguró concretamente haber visto la cadena y el candado. A preguntas del Dr. Gutierrez describe la cadena y la ubica en la parte de las dos manijas.
Justamente por su profesión sabe que los barrales deben servir para abrir la puerta de desde adentro hacia afuera de manera automática. La función de dicho mecanismo es permitir la apertura de la puerta desde adentro pero no desde afuera.
Había muchísimo humo y permaneció en dicha zona hasta que perdió el conocimiento.
Estuvo internado en el Hospital de Clínicas hasta las 18 horas del 1 de enero de 2005, donde le indicaron que debía seguir un tratamiento por haber aspirado monóxido de carbono.
Posteriormente, fue citado por la Dirección General de Atención y Asistencia a la Víctima del GCBA y recibió asistencia médica a través de ellos pero en el hospital. Ello lo recordó luego de la lectura específica de la cuestión según lo dicho oportunamente a fs. 20.067 vta, previo a ello y ante la pregunta puntual efectuada por presidencia acerca de la cuestión, dijo no recordar nada al respecto.
Asimismo, precisó que su abogada llevó fotocopias de los estudios médicos a la Fiscalía Correccional nº 6.
Dijo pertenecer a la Federación Argentina de Bomberos y que a partir de lo ocurrido no pudo continuar con su actividad de bombero, atento que no puede tener gente a cargo, utilizar ascensores, ni enfrentar fuego.
Con posterioridad trabajó en una empresa y actualmente como taxista en Neuquén.
Por otra parte, con relación a la declaración que prestara a fs. 20.068 vta., en la que refirió que ya había ido otras veces a la mentada discoteca y por eso la conocía y que el día del hecho había concurrido a “Cromañón” más gente que la habitual, en el debate sostiene que no había ido, conocía al local pero por haberlo visto desde afuera, “por pasar para tomar el tren o por ir a caminar a la plaza y pasar por enfrente”. Agregó que hacía mucho tiempo que lo conocía y que antes tenía otro nombre, no recordando que actividad tenía para aquél entonces.
Leída la declaración de fs. 20.067 a pedido del Dr. Gutiérrez para mostrar una contradicción, en la que indicó que el grupo “Callejeros” era de su agrado, puntualizó que el grupo musical nunca fue de su gusto y que “puede haber un error de tipeo”.
Al exhibírsele el plano que realizara a fs. 20.066, manifestó que la distribución de los lugares no es correcta, atento que la puerta de ingreso y la puerta que tenía un candado figuran de frente al escenario.
Leída que le fuera su declaración obrante a fs. 20.068 -último párrafo-, en la que afirmó haber perdido el conocimiento en la puerta principal, señaló que ello le ocurrió en la “salida de emergencia” y que al prestar dicha declaración estaba en tratamiento psicológico y no quería recordar nada. Asimismo, consideró que en aquél momento no estaba en condiciones de declarar.
Por último, expresó que el estudio jurídico de su abogada queda en Moreno 850 de esta ciudad.
También prestó declaración testimonial Lucas Mariano Ríos, quien concurrió a “República Cromañón” el día 30 de diciembre de 2004.
Manifestó que había asistido a conciertos del grupo musical “Callejeros” pero que era la primera vez que iba al local indicado precedentemente.
Sostuvo que el uso de elementos de pirotecnia era común en todos los recitales de rock.
Relató que el día 30 de diciembre arribó a la puerta de “Cromañón” temprano, aproximadamente dos o tres horas antes de que comenzara el espectáculo y que sobre la calle Bartolomé Mitre había una fila de una cuadra de longitud.
Indicó que se colocó en otra hilera a fin de adquirir la entrada en la boletería del lugar. Luego se ubicó en la otra fila e ingresó al local a través del pasillo de color amarillo. Precisó que allí fue revisado por personal de seguridad que llevaba puesta una remera o un chaleco que decía “prevención”. Agregó que los hombres y mujeres entraban en forma separada.
En ese sentido puntualizó que lo palparon y le hicieron quitar las zapatillas; luego otro individuo le controló la entrada.
Señaló que accedió al salón a través de las puertas “vaivén” situadas sobre el lado derecho y que en ese momento todas ellas se encontraban abiertas.
Expuso que el recinto se encontraba bastante vacío y que lo recorrió todo antes de que comenzara el recital de la banda soporte.
Refirió que delante del escenario había una valla que se encontraba colocada en la forma que se halla dibujada en la maqueta virtual que se le exhibió y asimismo afirmó que no vio personal de seguridad detrás de ella ni en ningún otro sitio dentro del local. Agregó que no prestó atención a la terminación del vallado.
Contó que fue al baño ubicado en el primer piso donde mojó su remera y que ascendió allí por la escalera ubicada sobre el lado derecho, mirando de frente el escenario.
Expresó que luego bajó y se situó en el centro del salón a fin de presenciar el concierto de la banda soporte.
Puso de relieve que entre el grupo soporte y “Callejeros” se reprodujo música rock, entre ellos el tema “JiJiJi” y que los jóvenes empezaron a hacer “pogo”.
Explicó que al principio el ambiente estuvo tranquilo, pero que después de la música del intervalo, se fue poniendo más alborotado, y se fueron disparando mayor cantidad de elementos de pirotecnia y de mayor potencia.
Sostuvo que ello motivó la intervención de Chabán, quien se dirigió al público en dos oportunidades. En una de ellas les recordó lo acontecido en el “shopping” de la República del Paraguay. Dijo que el nombrado trataba de crear conciencia en los jóvenes respecto del uso de la pirotecnia pero que los asistentes reaccionaron con chiflidos e insultos. Aclaró que no vio a Chabán sino que lo escuchó, y que creía que éste se encontraba en la cabina de sonido.
Puso de resalto que se generó una discusión entre Chabán y el público y que por ese motivo Patricio Santos Fontanet subió al escenario y les pidió a los concurrentes que se calmaran. Inmediatamente la banda comenzó a tocar.
Leído que le fue un párrafo de su declaración anterior en la etapa de instrucción, manifestó que recordaba que: “el Sr. Chabán dijo que no se vendían más entradas por seguridad, pues ya había 6000 personas; que no encendieran bengalas, y que no fueran hijos de puta, que no dejaran que pasara algo como lo que ocurrió en Paraguay; que la gente lo insultó y entró el grupo “Callejeros” y el cantante tomó el micrófono, los tranquilizó y explicó que existían elementos altamente inflamables y que para que no ocurriera un desastre, no tiraran más pirotecnia así podían empezar con el recital”.
Destacó que mientras “Callejeros” ejecutaba la primera canción, se lanzaron petardos, bengalas y “bengalitas” y que la gente saltaba de un lado del escenario hacia el otro.
Dijo que repentinamente se cortó el sonido o la banda dejó de tocar; no pudo precisar qué ocurrió primero, y al darse vuelta observó que una bandera colocada entre dos columnas de la planta alta se había prendido fuego.
Inmediatamente quienes estaban en el centro de la pista se abrieron y se dirigieron hacia los costados. A los pocos minutos también se cortó la luz.
Afirmó que se encaminó hacia el lado derecho y que se topó con una puerta de chapa a la que golpeaba. Al no poder abrirla, siguió caminando rodeando todo el salón.
Dijo que finalmente logró llegar cerca de las puertas “vaivén” y que fue ayudado por un bombero a salir de allí.
Manifestó que permaneció sobre la vereda aproximadamente dos o tres horas, que vomitó, se desmayó y que recibió asistencia médica.
En la calle observó la presencia de ambulancias, bomberos y de personal policial. Puntualizó que la situación era un “caos”.
Expresó que cuando se sintió un poco mejor buscó a sus amigos y que luego se fue a su casa.
Relató que padeció de un edema pulmonar y que posteriormente fue atendido en una clínica especializada.
En el curso del debate, Fernando Ezequiel Rodríguez señaló que el día 30 de diciembre de 2004 concurrió con once amigos a “República Cromañón” para ver la presentación de “Ojos Locos”, que por primera vez tocaba como grupo soporte de la banda “Callejeros”.
Expresó que había asistido al local mencionado para ver los recitales de “Intoxicados”, en junio de 2004 y de “La 25”, el 25 de diciembre de 2004.
Manifestó que en el show de “La 25”, cerca de la escalera que conduce a los sanitarios, lanzaron una bengala que encendió la media-sombra y rápidamente los concurrentes que estaban en el piso superior, cerca de la barra, la apagaron arrojando “vasos de cerveza”.
En dicha ocasión hubo otro foco ígneo en la parte de adelante del salón que también fue controlado sin mayor problema.
La gente se alborotó pero no se retiró del lugar. Añadió que hubo llamas pero no se produjo mucho humo ni se cortó la luz.
Respecto al día del hecho, expuso que llegaron a las 20:00 horas aproximadamente y que ingresaron por una puerta “chiquita” que estaba emplazada sobre el portón de la derecha, que se hallaba cerrado.
En el hall donde se hallan las boleterías, unas personas que se identificaban con remeras que lucían la inscripción “control”, los palparon y les revisaron las zapatillas. Luego, en las cercanías de las puertas tipo cine, el personal de seguridad les controló los tickets de entrada.
Aclaró que a los invitados no los revisaban. Puntualmente, refirió que su amigo Juan Salgado, que entró como invitado de la banda soporte, no fue sometido a inspección alguna.
Mientras estaba cerca del escenario, esperando el inició de la actuación de “Ojos Locos”, vio un cartel verde que indicaba una salida, pero “no la vio habilitada como para salir” y no recordó haber visto una puerta.
Al concluir el recital, el recinto estaba lleno y se fueron para atrás, donde había unas “cajas de chapa” que tiraban aire.
Durante el intervalo pasaron música y los concurrentes que estaban entre las dos columnas centrales, lanzaban tres tiros y petardos.
A raíz de ello, Chabán subió al escenario y le dijo a los espectadores “que se dejen de joder con la pirotecnia”, que las puertas no iban a alcanzar “cuando quieran salir todos juntos como animales” y que ocurriría lo que pasó “en un shoping de Perú, donde murieron todos”.
Los asistentes reaccionaron tirándole botellas y hasta “un tres tiros”. Después Chabán “bardeó a la gente”, diciéndoles que estaban “en el antro más bajo de Once” y que eran “unos negros de mierda”.
Al entrar en escena “Callejeros”, el “Pato” pidió a la gente que deje de tirar pirotecnia. El público no depuso su actitud y continuó encendiendo fuegos artificiales.
Explicó que en los recitales de todas las bandas de rock se prenden bengalas de humo y que en algunas oportunidades vio que se tiraban “tres tiros”, mayormente en lugares al aire libre. Agregó que no recuerda haber escuchado advertencia sobre el uso de pólvora de artificio en otro lugar.
Al comenzar el concierto de “Callejeros” quisieron ubicarse cerca del escenario y no pudieron llegar.
La gente encendió un montón de bengalas de luces y de humo y se amontonó en el centro del salón. En la parte de adelante, un tres tiros entró por el agujero de la media-sombra -que había quedado desde el recital de “La 25”- y se hizo un círculo enorme de fuego que se expandió rápidamente para los costados.
Tal como lo manifestara Chabán minutos antes, “todos corrieron hacia las puertas tipo cine y se hizo imposible salir”.
Los que estaban en el centro del salón no se dieron cuenta de lo que sucedía y algunos bailaban cerca de “las gotas de plástico derretido” que se desprendían de la media-sombra.
En ese momento Chabán pasó por la barra lateral del salón, en dirección a las puertas tipo cine. Más tarde lo vio sin compañía, en las inmediaciones del local.
Después de un rato, se cortó la luz y se formó una nube de humo espeso “que te cortaba la garganta”.
Junto a un amigo se dirigieron hacia las puertas cine, donde se veía que de afuera entraba luz.
Posteriormente, dicha luminosidad fue tapada por los concurrentes que se apilaron en dicha zona e impedían egresar del recinto.
Quedó apretado contra una pared contigua a las aberturas aludidas. Tenía atorado un brazo y haciendo fuerza pudo zafarse y alcanzar el hall a través de la puerta de la derecha -vista desde el interior-.
Aseveró que en ese momento estaban abriendo “las persianas” (en la maqueta virtual que se le exhibió señaló las puertas principales) que dan al exterior y que accedió a la calle por el hall de las boleterías.
Aclaró que las puertas cine estaban abiertas pero bloqueadas por la muchedumbre y que mientras estuvo cerca de la escalera, esperando que comience el concierto de “Callejeros”, vio que las “persianas” estaban cerradas (en la maqueta virtual indica las puertas principales).
Al salir se encontró con su amigo y enseguida llegaron uno o dos patrulleros. La asistencia médica tardó diez o quince minutos en arribar y a los treinta minutos estaba lleno de ambulancias.
Los concurrentes salían desesperados y rompían los patrulleros. Otros se dedicaron a prestar ayuda en las tareas de rescate.
Pudo ver que del garage salía mucho humo y que había gente tirada en la vereda.
A raíz de lo ocurrido sufrió hematomas, desplazamiento de esternón y, por un par de días, dificultades para respirar.
A preguntas de las partes respondió que sus amigos tiraron bengalas de luces durante el recital de la banda soporte y que desconoce si su amigo Juan Salgado ingresó con pirotecnia.
Por último, afirmó que en la esquina de Jean Jaures vio al guitarrista de “Ojos Locos”, apodado “Pájaro” y que la manager de dicha banda se llama Marcia.
Fue convocada ante estos estrados Maria del Pilar Rodríguez Grellet, asistente al recital del grupo “Callejeros” el día 30 de diciembre de 2004.
En el inicio de su declaración testimonial, manifestó que conocía a Raúl Villarreal pues había conversado con él en varias oportunidades mientras se encontraba repartiendo volantes para una banda de rock denominada “Cielorraso”. Aclaró que era amiga de los integrantes de ese grupo.
Al respecto precisó que había concurrido a “Cemento” y que había ingresado gratis, porque se acostumbraba que quienes efectuaban esa tarea no tuvieran que pagar entrada.
Explicó que conoció a Villarreal en “Cemento” y que ignoraba qué funciones cumplía allí; agregó que al igual que en “República Cromañón” siempre lo vio en la puerta.
Dijo que el día del concierto de “Los Gardelitos” en el último de los locales enunciados, se acercó y le preguntó a la persona indicada precedentemente si podía hacerla ingresar gratis el día 30 de diciembre de 2004 al concierto del grupo “Ojos Locos”, y éste le contestó que sí.
Expuso que en ese recital había “mucha menos” gente que en el del día 30 y que el ingreso al salón estaba organizado de forma similar.
Manifestó que durante un año y medio o dos fue asidua concurrente a recitales de rock. Con relación a los elementos de pirotecnia, sostuvo que eran introducidos en los locales escondidos en zapatillas, medias, jeans y mochilas. Aclaró que los jóvenes ocultaban ese tipo de objetos porque sabían que su utilización estaba prohibida.
Afirmó que una vez que tocó la banda “Cielorraso” en “Cemento”, salió del local cuando ya se había retirado de la puerta de acceso el personal de seguridad y volvió a ingresar con una bengala en su mochila. Indicó también que sus amigos le comentaron que para poder presentarse en ese sitio debieron hablar con Chabán.
Puso de resalto que con anterioridad al 30 de diciembre había concurrido dos veces a “República Cromañón” a ver a “Los Gardelitos” y que se usó pirotecnia en esos recitales.
Asimismo manifestó que su hermana y otras personas del ambiente de la música le habían contado que esos elementos solían ser ingresados en el momento de la prueba de sonido.
Se refirió a continuación a la noche del 30 de diciembre de 2004.
Puso de relieve que no era seguidora del grupo “Callejeros” y que asistió sólo a fin de repartir los volantes y ver a la banda soporte.
Relató que llegó a la puerta de “República Cromañón aproximadamente a las 20:00 hs. junto con su hermana y que allí Villarreal le dijo que faltaba cerca de una hora para que empezara el recital de “Ojos Locos”; por lo que se quedó afuera hasta las 21:00 hs. Precisó que en la puerta del local había un patrullero policial.
Dijo que su hermana y ella no fueron incluidas en la lista de invitados, sino que Villarreal que estaba en el hall, las dejó entrar. Agregó que sólo le revisaron su bolso y que no fueron “cacheadas” ya que no había ninguna mujer efectuando esa tarea.
Sostuvo que ingresó al interior del local a través de la puerta de invitados y que se dirigió hasta la barra donde se encontró con un grupo de amigos.
Agregó que uno de ellos, Walter Mata, le pidió prestada una lapicera a fin de anotar un número telefónico y que como no tenía, lo acompañó hasta la entrada para que registrara aquel en su teléfono celular.
Narró que fue con Walter hasta la puerta por la que ingresaban los hombres. Allí estaba sentada en un banquito una persona apodada “Lolo”, quien controlaba el acceso al local. Después su amigo le contó que aquel era el jefe de seguridad de “Callejeros” y que le había dado su número a fin de organizar un asado con los integrantes de la banda. Agregó que su amigo era seguidor de ese grupo y que falleció aquella noche.
Indicó que en el salón hacia mucho calor y que presenció el recital de “Ojos Locos”. Dijo que en un momento se situaron al pie de la escalera del lado izquierdo porque allí se sentía un aire fresco que provenía de un ventilador ubicado en el techo.
Destacó que cuando terminó de tocar la banda soporte fue al baño del primer piso y que ascendió por la escalera situada a la derecha del escenario, la que se encontraba colmada de jóvenes. Al bajar escuchó la advertencia de Chabán respecto del uso de elementos pirotécnicos dentro del local. Aquel les dijo “que no tiraran bengalas porque había 6.000 personas dentro del local y que si se incendiaba no iban a poder salir todos”.
Puso de resalto que no le dio importancia a ese mensaje porque era habitual que Chabán se expresara de manera “incoherente” y que era “poco creíble”. Dio como ejemplo un recital de “Los Gardelitos” en el que le dijo al público “que tuvieran un año nuevo del orto”.
Sostuvo que mientras Chabán se dirigía a los asistentes no se usó pirotecnia, y que no escuchó a nadie más hablar sobre ese tema.
Contó que seguidamente se encaminó hacia el kiosco ubicado en la planta baja a fin de preguntar cómo podía llegar al barrio de Liniers. Cuando estaba allí sintió una avalancha de personas que se le caía encima. Por eso giró y observó que había fuego en la media-sombra y que “caían llamas”.
Aseveró que intentó dirigirse hacia el lado derecho del salón a buscar a su hermana, pero las personas que empujaban por salir la arrastraron de espalda hacia las puertas de salida que desembocaban en el pasillo amarillo.
Señaló que de repente la marcha se detuvo debido a que en el portón que daba a la calle Bartolomé Mitre se había formado una “cadena humana”. Esta se hallaba armada por el personal de seguridad que no les permitía salir. Agregó que la puerta estaba abierta y que en ese momento se cortó la luz.
Puso de relieve que lograron alcanzar la vía pública por la fuerza inferida por todos aquellos que pujaban y que rompieron ese cordón.
Expuso que en la vereda la situación era caótica y que la primer autobomba arribó bastante tiempo después.
Inmediatamente se dispuso a buscar a su hermana y a sus amigos. Puntualizó que al principio los jóvenes salían por sus propios medios y vestidos, pero que más tarde sus cuerpos estaban más desnudos, oscuros y cubiertos con una especie de brea.
Relató también que las ambulancias se habían estacionado en la esquina de Jean Jaures debajo del puente y que luego se trasladaron a la Plaza Miserere.
Refirió que sobre la calle Jean Jaures vio a Chabán, quien estaba con un buzo entre sus piernas, una botella de agua en sus manos y miraba el local.
Agregó que no advirtió que alguien estuviera organizando el rescate y traslado de las personas y que sí observó presencia policial en la puerta de “República Cromañón”.
Dijo que también vio en ese lugar a Patricio Santos Fontanet y que se había formado un cordón a fin de trasladar los cuerpos de las personas que debían ser asistidas hasta las ambulancias.
Indicó que como consecuencia del hecho tuvo varios hematomas y que debió recibir asistencia psicológica y psiquiátrica.
Por otra parte, narró que meses después del incendio, en un “boliche” de Flores llamado “La Reina”, reconoció a uno de los individuos de seguridad que el 30 de diciembre estaban impidiendo la salida de los concurrentes. Agregó que increpó a ese individuo por su desempeño de esa noche. Averiguó que a esa persona le decían “el Indio”.
Señaló asimismo que en ese lugar estaban pasando muchos temas de “Callejeros” y que ella no podía soportar escuchar esa música, por lo que pensó “hoy mato a un calleringa”.
También fue convocado a prestar declaración testimonial Marco Antonio Rojas, quien asistió al recital de “Callejeros” el día 30 de diciembre de 2004.
Manifestó que era la tercera vez que concurría a “República Cromañón” y que las dos anteriores oportunidades también había tocado la banda “Callejeros”.
Expresó que siempre se lanzaron elementos de pirotecnia tales como bengalas, tres tiros y petardos.
Agregó que si bien se efectuaba un cacheo previo al ingreso al local, la noche del 30 de diciembre esa revisación incluyó la orden de quitarse las zapatillas.
Relató que el día indicado precedentemente arribó a la puerta de “República Cromañón” con un grupo de amigos aproximadamente a las 21:00 horas y que entró en forma inmediata sin hacer fila, pues ya había adquirido las entradas con anterioridad en el establecimiento “Locuras”.
Accedió al salón a través del pasillo amarillo y allí fue revisado por una persona que llevaba puesta una remera con la leyenda impresa “seguridad”.
Dijo que seguidamente otro individuo le requirió la entrada; que luego ingresó y se ubicó en la planta baja sobre el costado derecho del escenario.
Indicó que en ese momento estaba tocando la banda soporte y se estaba detonando pirotecnia.
Contó que luego de un intervalo se presentó el grupo “Callejeros” y comenzó a ejecutar su música. En ese momento observó que un joven subido sobre los hombros de otro disparó una bengala y luego se empezó a prender fuego todo. Agregó que no sabía si la detonación efectuada por esa persona provocó el incendio, pues había más individuos utilizando elementos pirotécnicos.
Puntualizó que en consecuencia, se dirigió hacia las puertas “vaivén” pero que al llegar al pie de la escalera del lado izquierdo no pudo avanzar más. Por ese motivo decidió encaminarse hacia el lado contrario en busca de otra salida, mas en ese trayecto se cortó la luz y chocó contra una columna; luego se arrodilló y se desmayó.
Afirmó que cuando recuperó el conocimiento se encontraba internado en el “Instituto del Quemado” debido a las lesiones que presentaba en la espalda y en sus vías respiratorias. Aclaró que permaneció en dicho nosocomio aproximadamente 15 días.
Fue escuchado en el debate Carlos Ezequiel Romero, quien refirió que conocía el local “República Cromañón” por haber concurrido el día 25 de diciembre del año 2004, ocasión en que presenció el recital de la banda “La 25”.
Indicó que en esa oportunidad el techo del salón se prendió fuego dos veces y que recordaba que la gente lo había apagado. Ese día él había ingresado al boliche por el sector de boleterías y no vio otras puertas ni carteles de señalización.
Sobre el punto se le dio lectura a un pasaje de su declaración prestada durante la instrucción que obra glosada a fs. 3314, donde precisaba el desarrollo de los focos ígneos que se produjeron en la fecha señalada.
De allí se desprende que el primer incendio tuvo lugar por una candela en el rincón derecho del local cerca de una barra y que fue apagado por los asistentes tirándole banderas y con cajones de cerveza; el segundo foco de fuego también fue ocasionado por una candela en la media sombra ubicada en el centro del salón y fue extinguido por la gente con matafuegos y una manguera.
Al respecto, el testigo dijo recordar haber manifestado eso.
Ya en referencia a la noche del 30 de diciembre, indicó que llegó al local cerca de las 19:00 hs. junto con su hermano y un amigo. En las inmediaciones del lugar se encontraron con personas conocidas y permanecieron un rato en la calle. Agregó que ya tenían entradas.
Expuso que mientras se encontraba en la vía pública, pudo advertir que había mucha gente en la calle y que si bien existía una fila, estaba mal organizada. Dijo que no vio policías y que parte de las personas arrojaban elementos de pirotecnia en la calle, como ser tres tiros, petardos, etc.
Señaló que los hombres encargados de la organización estaban vestidos con unas remeras negras que decían “control”. Marcó como puerta de ingreso el pasillo color amarillo y dijo que allí fue revisado por esas personas de seguridad, quienes le inspeccionaron la cintura, la mochila y le hicieron sacar las zapatillas.
Estimó que la gente que fue con él fue revisada de igual forma y agregó que no vio que incautaran pirotecnia durante dichas inspecciones.
Una vez en el interior del salón se dirigió hacia la barra ubicada a la izquierda del escenario. Estaba tocando la banda soporte “Ojos Locos” y durante ese espectáculo se arrojaba pirotecnia. El lugar estaba lleno.
Indicó que en cierto momento fue a los baños del piso superior –marcó la escalera situada a la derecha del escenario visto de frente-. Aclaró que había mucha gente tanto en la planta alta como en las escaleras.
Cuando termino el show de “Ojos Locos” pasaron música en el lugar y en cierto momento Omar Chabán se dirigió a los asistentes –no vio desde donde lo hacía- y comenzó a decir que dejaran de tirar pirotecnia, porque de lo contrario todos iban a morir como en Paraguay. Indicó que como Chabán decía las cosas de mala manera “nadie le dio bola”.
Acto seguido comenzó el recital; para ese momento el dicente estaba ubicado en la planta baja frente al escenario. La gente comenzó a arrojar tres tiros, candelas y bengalas. En el centro del salón se prendió fuego el techo. Dijo que no recordaba bien cómo sucedió todo, pero los músicos dejaron de tocar y se apagó la luz. Agregó que caía fuego del techo.
Refirió que agarró a su hermano e intentó salir. Marcó que alcanzó la calle por el sector de boleterías y manifestó que recordaba que había vallas en el lugar, aunque no pudo precisar dónde.
En el momento no recibió atención médica, pero con posterioridad tuvo que hacerse revisar en el “Hospital Ramos Mejía” donde recibió tratamiento.
A preguntas efectuadas por las partes, dijo haber concurrido a otros recitales de rock tanto de “Callejeros” como de otras bandas. A “Callejeros” lo vio en “Excursionistas” y en “Cemento”. También presenció shows de “Los Piojos” y “La Renga”; el uso de pirotecnia era habitual en estos tipos de eventos.
Finalmente y respecto de las personas de seguridad, dijo que a la gente que controlaba el ingreso el día 30 cree haberla visto en otros recitales. De todos modos no pudo precisar que se trataran de los mismos individuos que trabajaron el día 25 de diciembre.
Se le recibió testimonio en el debate a Federico Alejandro Romero, quien manifestó que el día 30 de diciembre del año 2004 concurrió al show de “Callejeros” en el local “República Cromañón”. Aclaró que era la primera vez que asistía a un recital de rock.
Expuso que fue acompañado por su hermano y por un amigo de éste último y que llegaron a las inmediaciones del lugar cerca de las 20:00 hs. Que en la calle notó que había mucha gente y que varias de las personas que estaban allí arrojaban bombas de estruendo en la esquina del boliche cercana a la plaza.
Señaló que ingresó al salón por el pasillo de color amarillo y que previamente fue revisado por personal de seguridad –no pudo precisar cómo estaban identificados estos hombres-. Refirió que él ya tenía entrada y que a medida que inspeccionaban a los asistentes se iban cortando los tickets.
Relató que ingresó por el fondo del local y que se dirigieron hacia el sector de los baños en el piso superior. Recalcó que había mucha gente en el lugar, que no era fácil circular por su interior y que hacía mucho calor.
Indicó que subieron al sector de baños y que estaba tocando la banda “Ojos Locos”. Dijo no recordar si durante ese recital se estaba arrojando pirotecnia.
Cuando terminó el show del grupo soporte, salió Omar Chabán y habló; no pudo precisar cuáles fueron las palabras que profirió el nombrado.
Manifestó que para presenciar el recital de “Callejeros” fueron al medio del salón en la planta baja delante del escenario; en ese sector es donde se hace “pogo”. El cantante de la banda le preguntó a los asistentes si podían parar un poco con las bengalas y comenzó el show.
No habrían pasado ni diez minutos y el techo se prendió “un toque” y luego se apagó. La banda siguió tocando y al segundo se volvió a encender el techo. Había luz, pero era la propia de un boliche.
Dijo que quiso ir al sector de las puertas, pero la gente estaba trabada y lo empujaba contra la pared. No se veía nada y en un segundo se formó una nube de humo y todo se apagó.
Refirió que pudo salir del local gracias a su hermano; en la maqueta virtual marcó el sector del hall principal como el lugar por donde egresó del salón. La gente tirada en el piso operaba a modo de obstáculo para alcanzar la calle.
Expuso que fue hacia la plaza, estuvo un rato allí y luego trató de buscar al amigo de su hermano. Vio nada más un patrullero al salir que pasó por la puerta del lugar. Más tarde se fue a su casa. Pasados unos días tuvo que efectuar un tratamiento en el “Hospital Ramos Mejía”, donde le recetaron reposo por el lapso de una semana.
A solicitud de la Fiscalía, se le dio lectura de un pasaje de su declaración prestada durante la instrucción, puntualmente el obrante a fs. 3327 renglón 7mo., del cual se desprende que el dicente al dirigirse hacia las salidas había mucha gente que intentaba abrir las puertas empujándolas porque estaban cerradas y el cantante de “Callejeros” gritaba para que abrieran las puertas.
Sobre el punto, el deponente expresó que esta secuencia no la vio personalmente, sino que fue un amigo suyo el que se la comentó.
Asimismo se le dio lectura de lo manifestado en instrucción a fs. 3326 renglón 4to. sobre las advertencias de Patricio Fontanet, ante lo cual dijo que no lo recordaba.
Finalmente se leyó otro pasaje donde se hace referencia a unas vallas tiradas en el piso al momento de salir. Al respecto expuso que él recuerda unas vallas en la calle que estaban caídas, pero no dentro del local.
Convocada a prestar declaración en la audiencia de debate del 12 de diciembre de 2008, María Luján Rossi expresó que concurrió a “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004, respectivamente, para ver a “Callejeros”.
Los dos primeros días entró por la puerta de la derecha y fue revisada por una mujer que vestía un chaleco. El miércoles 29 le hicieron sacar las zapatillas y le dijeron que el día anterior el público se había comportado mal.
Había asistido al local en otras oportunidades y era la primera vez que controlaban su calzado.
En la primera presentación, el público utilizó un montón de pirotecnia y no se podía ver bien por el humo. Al siguiente día había menos concurrentes y la cantidad de fuegos artificiales disminuyó.
En el transcurso de la segunda presentación advirtió que el vallado que dividía al público del escenario se extendía hacia el costado izquierdo (visto de frente), donde había una mesa y unas personas que no eran del público, con “algo blanco”. Asimismo, en dicha zona vio un cartel de salida de color verde.
El día del hecho fue con sus dos hermanos -Juan Pablo y Juan Diego-, su vecino Roberto -que integra la banda “Zumbadores”- y la sobrina de éste.
Llegaron aproximadamente a las 20:00 horas y en las puertas principales Roberto habló con un hombre canoso, gordo, alto, que era jefe de seguridad o manager de “Callejeros”.
Con la persona descripta acordó que, salvo Juan Diego que tenía entrada, el resto del grupo ingrese al local para repartir unos volantes que promocionaban un recital de “Zumbadores”.
Entraron por el hall de boleterías, donde había unas vallas que formaban un pasillo angosto por el que sólo podía pasar una persona y el personal de seguridad los dejó ingresar sin someterlos a control alguno.
En dicho sector observó que cerca de una columna había una mesa apoyada contra un paredón grande de madera que dividía el lugar. También notó que había vallas al final del pasillo correspondiente a la entrada de la derecha, por donde ingresó Juan Diego.
La idea era repartir volantes y ver el recital. A fin de realizar la tarea se apostaron sobre los costados de las puertas cine.
A todos les llamó la atención la gran cantidad de concurrentes porque se les estaban acabando los volantes. Mientras los repartían se cruzó con un par de amigos y pudo ver la presentación de la banda soporte.
No vio gente comprando entradas pero le comentaron que se estaban vendiendo.
Antes de que empiece el recital se fue a la barra de atrás con sus hermanos. En el recinto hacía calor y había mucho humo. Escucharon que Chabán con insultos y palabras agresivas pidió a los concurrentes que no prendan bengalas. Posteriormente, salió “el Pato” y solicitó a los espectadores que se portaran bien. Aclaró que era común que en los recitales de rock el público encienda fuegos artificiales.
Apenas empezó el show una persona que transportaba algo que generaba chispas se fue para la parte de adelante del salón.
En un momento la música se cortó y durante unos segundos se hizo un silencio. Dirigió su vista hacia arriba y vio que en el techo, en la parte de adelante de la pista y cerca de las columnas centrales, había fuego y que el foco ígneo se expandió rápidamente.
Con sus hermanos, al igual que toda la gente, buscaron la salida. A los empujones llegó hasta el kiosco situado cerca de las puertas cine. De golpe se cortó la luz y perdió a Diego, que se desplazaba agarrado de su mano.
Escuchó gritos de unas chicas y golpes contra una pared. Pensó que podía tratarse de “la tabla de madera” que estaba en el hall. Otros gritaban “abran las puertas”.
Veía todo negro y consideró la posibilidad de que allí termine su vida. Se acordó que estaba al lado del kiosco y se trepó por un caño. Con la ayuda de un chico que la tomó de la mano y la levantó, quedó mirando hacia el interior.
Advirtió que la luz de emergencia le permitía ver el humo. La gente la empezó a empujar y terminó arriba de unas personas, cerca de las puertas tipo cine.
Algunos pasaron por arriba de ella y un chico, que no estaba bien, le trababa la cadera.
Después de un rato, pudo girar y quedó de frente a otro concurrente que la agarró de los brazos e intentó sacarla. Tenía trabados los pies y haciendo fuerza pudo zafarse. Al girar vio que atrás de ella había un metro y medio de gente apilada.
En el hall de las boleterías se topó con una pared y luego caminó en diagonal hasta alcanzar la salida. Una vez en el exterior, fue hacia la esquina de Jean Jaures, donde le ofrecieron agua.
No advirtió que el personal de seguridad colaborara con las tareas de rescate y a Chabán lo vio parado contra la pared, sin hacer nada.
Intentó reingresar pero se le cerró el pecho y se volvió para atrás. Luego se encontró con una amiga que le avisó que Juan Pablo estaba cerca del túnel de Jean Jaures.
Después apareció Juan Diego y con Roberto cargaron a Juan Pablo en un patrullero para que lo lleven al hospital “Ramos Mejía”.
En la guardia le pusieron oxigeno y más tarde, con su padre y Juan Diego, la trasladaron a la clínica “San Camilo”, donde quedó internada junto a sus hermanos hasta las 7:00 horas.
A preguntas de las partes, respondió que a Villarreal lo conoció después del hecho y que a Chabán lo conocía de vista.
Fue convocado a prestar declaración testimonial Hernán Ruiz, asistente al recital de “República Cromañón” el día 30 de diciembre de 2004.
Indicó que era la primera vez que concurría a ese local pero que había presenciado otros conciertos del grupo “Callejeros”, todos ellos en lugares abiertos.
Señaló que fue acompañado de su amigo Nicolás González quien lo invitó al recital.
Relató que arribó al lugar antes de que comenzara a tocar la banda soporte y que había mucha gente afuera. Precisó que en la esquina de “Cromañón” advirtió presencia policial y que sobre la calle Bartolomé Mitre estaba interrumpido el tránsito vehicular.
Dijo también que había dos filas sobre la vereda; una de ellas era para quienes debían comprar su entrada y la otra para los que esperaban ingresar al interior del local. Agregó que esta última cruzaba la calle y que una persona de seguridad, de contextura física grande y de unos 30 ó 40 años de edad, se ocupaba de organizarla y de facilitar el cruce de las personas que estaban en la acera contraria.
Afirmó que sabía que algunas personas compraron su entrada en las inmediaciones de “República Cromañón”.
Puso de relieve que ingreso a través del sector donde se encuentra la boletería y que la revisación era efectuada por un grupo de 3 ó 4 individuos que vestían remeras.
Leído que fue un párrafo de su declaración en la etapa de instrucción, dijo que recordaba solamente que la vestimenta de quienes estaban en la calle organizando las filas era negra con una inscripción en color rojo.
Puntualizó que el personal de seguridad palpó su cuerpo y le impartió la orden de quitarse las zapatillas. Agregó que le sacaron una gaseosa y un desodorante que llevaba en su mochila.
Expuso que aquellos objetos que eran extraídos a los concurrentes eran colocados sobre el piso en un costado del hall.
Destacó que el “cacheo” no era muy eficiente y que observó que algunas mujeres no eran revisadas.
Asimismo, puso de resalto que vio sobre la calle Bartolomé Mitre, más allá del hotel, a un grupo de chicas que estaban escondiendo entre su cabello elementos de pirotecnia.
Sostuvo que los mismos sujetos que realizaban la inspección eran quienes controlaban la entrada.
Explicó que traspasó las puertas “vaivén”, permaneció un rato debajo de una escalera situada sobre el lado izquierdo y que luego se dirigió a los baños del primer piso. Precisó que ascendió por aquélla ubicada sobre el lado derecho del salón pues un grupo de jóvenes le indicó que debía hacerlo por allí. Más tarde se ubicó delante de la cabina de sonido.
Afirmó que a su ingreso no había mucha gente y el recinto se fue colmando paulatinamente, y antes del recital notó que algunas mujeres ingresaban a los baños con niños muy pequeños.
Presenció el recital de la banda “Ojos Locos”. Al respecto destacó que duró aproximadamente media hora o 40 minutos y que se lanzó pirotecnia durante su desarrollo. Aclaró que se detonaron bengalas y tres tiros en el centro del salón y no hubo ninguna advertencia sobre el uso de esos elementos.
Contó que finalizado ese espectáculo, se reprodujo música de “Los Redondos” y que durante el tema “JiJiJi” los asistentes comenzaron a cantar y a disparar bengalas.
En consecuencia, Chabán se dirigió al público desde la cabina de sonido. Les dijo que dejaran de encender bengalas porque había más de 3.500 personas y que si se incendiaba el lugar no iban a poder salir todos; que iba a suceder lo del shopping de Paraguay.
Aclaró que el no conocía a Chabán, pero un adolescente que estaba a su lado le informó que quien hablaba, era el dueño del lugar. Los jóvenes no reaccionaron positivamente ante esa advertencia y lo silbaron.
Explicó que Chabán había hecho anteriormente otro llamado de atención en ese mismo sentido, pero que no recordaba específicamente en qué momento de la noche.
Seguidamente habló desde el escenario Patricio Santos Fontanet, quien pidió a los concurrentes que dejaran de arrojar esos materiales y que se portaran bien porque el humo le hacía mal.
Narró que inmediatamente comenzó el recital y se continuaron lanzando candelas, bengalas y tres tiros. Destacó que estaba situado junto a la cabina de sonido y vio a tres jóvenes subidos sobre los hombros de otros, llevando en sus manos candelas.
Puso de relieve que los muchachos salieron de la parte trasera del salón y que se abrieron paso mientras meneaban esos artefactos que despedían chispas. Aclaró que dos de ellos siguieron camino hacia la parte delantera, y el tercero se paró a su lado.
Resaltó que una de las candelas traspasó la media-sombra y se prendió fuego. De inmediato comenzó a caer plástico quemado del techo y se originó una gran cantidad de humo, motivo por el cual todo el público comenzó a dispersarse y la banda dejó de tocar.
En un principio se colocó debajo de la escalera, pues pensó que se iba a extinguir el fuego prontamente, como le había contado otro joven ubicado junto a él, quien tenía conocimiento de lo sucedido el día que tocó “La 25”.
Sin embargo, al cortarse la luz decidió buscar una salida. Puntualizó que se sentía mareado, no podía respirar y estuvo deambulando por el salón por un rato hasta que se desmayó.
Dijo que cuando despertó fue arrastrándose por el piso hasta que en un momento percibió aire fresco y una luz de una linterna sobre un cartel de salida; un bombero lo tomó de la mano y lo empujó hacia la salida.
Señaló que delante de las puertas “cine” había gran cantidad de personas recostadas que iban siendo removidas en forma gradual.
Manifestó que cuando estaba en la calle observó camiones de bomberos y ambulancias.
Agregó que allí se encontró con su amigo Nicolás quien lo llevó primero hacia la plaza y luego en un taxi hasta la estación “Constitución” donde sus padres fueron a buscarlo. Aclaró que no recibió asistencia médica en el lugar porque en las ambulancias había muchos jóvenes y no quería esperar.
Posteriormente fue trasladado a una institución médica donde permaneció internado por asfixia e intoxicación.
Expuso que conocía a los grupos de seguidores de “Callejeros” llamados “La Familia Piojosa” y “El fondo no fisura” y que sabía que no mantenían una buena relación entre ellos.
Destacó que el 30 de diciembre sólo advirtió la presencia de integrantes del primero de esos grupos, los cuales estaban ubicados en el primer piso del local junto a las banderas.
Afirmó que efectuó un identikit de la persona que detonó una candela a su lado y que también le exhibieron fotos, pero no encontró ningún sujeto parecido al que vio aquella noche.
Durante el transcurso de la audiencia de debate, María Candelaria Saggin señaló que el 30 de diciembre de 2004 fue a “República Cromañón” para ver el recital de “Callejeros”.
Precisó que con anterioridad había concurrido a dicho local para ver a “Jóvenes Pordioseros” y a otras bandas.
Relató que en el concierto de “Jóvenes Pordioseros” había pocos espectadores y una candela prendió el techo, que era negro y estaba decorado con “lucecitas” de colores.
Afirmó que no intervinieron bomberos ni se hizo presente personal policial y que desconocía cómo se apagó el incendio. En dicha oportunidad hubo mucho humo y los concurrentes pudieron salir rápidamente.
La banda dejó de tocar y la mayoría de los asistentes salió a la calle. Otros se quedaron en el hall, donde también había humo.
Recordó que las puertas por las que abandonaron el lugar eran “tipo galpón” y abrían para adentro del local.
Los que salieron estuvieron una o dos horas en la calle y después reingresaron.
Al continuar el recital la gente siguió tirando bengalas de luces y una persona bajó del escenario y sacó del local a un “chico” que tenía pirotecnia. Después del recital se retiraron con normalidad por las puertas principales.
Uno o dos meses después volvió a “Cromañón” para ver a “Intoxicados” y su novio le señaló que en el techo todavía estaba el hueco producido por el incendio aludido.
Por otra parte, manifestó que el día del hecho fue con su novio y con siete amigos.
Recordó que el personal de seguridad usaba unas remeras negras que lucían la leyenda “Control”, tipo de vestimenta igual a la que vio en otros recitales, inclusive de otras bandas.
Asimismo, precisó que para ingresar tuvo que hacer cola y que el personal referido separaba a las mujeres de los varones.
Entró por el hall de las boleterías y en dicho sector la palparon sobre la ropa y le revisaron las zapatillas. Destacó que dicho proceder fue comentado por todo el grupo de amigos, atento que en ningún recital les habían inspeccionado el calzado. Después de ello, otro integrante del personal de seguridad le controló la entrada.
Una vez en el interior advirtió que el techo no tenía las “lucecitas” que lo decoraban y que los espectadores estaban tirando bengalas y candelas, cerca de la cabina de sonido.
Faltaban pocos minutos para que empiece el show de “Callejeros” y se ubicaron debajo de la escalera que conduce a los sanitarios.
Quería ir al baño pero desistió de la idea, debido a la cantidad de personas y las dificultades que ello generaba para trasladarse dentro del recinto.
Chabán, que estaba en la casilla de sonido, se dirigió al público con insultos y les dijo que si seguían tirando pirotecnia se iba a quemar todo y podía ocurrir “lo de Paraguay”. Los concurrentes respondieron con abucheos.
Enseguida salió Fontanet y pidió a sus seguidores que se porten bien.
Aclaró que era habitual el uso de fuegos artificiales en los recitales de rock.
A los pocos segundos de iniciarse el espectáculo musical, vio que un poco más delante de su posición se lanzaron varias candelas que impactaron contra el techo, que se empezó a consumir rápidamente.
Al principio pensó que no pasaría nada grave y no entró en pánico. Luego le llegó una ola de calor y se dio cuenta que en el salón había mucha gente y que la situación no era la misma que en el recital de “Jóvenes Pordioseros”.
Con su novio se fueron en busca de la salida pero había un montón de gente que no se movía y quedaron apretados en medio de la muchedumbre.
Le costaba respirar y al llegar a las puertas cine observó que había una aglomeración de personas que hacía imposible acceder al hall de las boleterías.
La música se cortó y el salón estaba oscuro. Lo único que podía ver era un cartel verde que decía “salida”.
Su novio intentó levantarla por arriba de la gente y ambos se cayeron. A raíz de dicha maniobra quedó trabada, sin movilidad.
Después de un rato la sacaron entre cuatro chicos y pasó al hall, donde podía respirar un poco mejor. Desde allí alcanzó la calle a través de las puertas principales.
Al salir pudo ver que por las puertas mencionadas salían concurrentes.
Por último, manifestó que después del hecho recibió asistencia psicológica.
En oportunidad de ser oída Nadia Sandoval, señaló que el 30 de diciembre de 2004 fue a “República Cromañón” para presenciar el recital de “Callejeros”.
Manifestó que había asistido al local referido cuando funcionaba como boliche, bajo el nombre de “El Reventón”. No recordó como era su estructura y su decoración.
Por otra parte, indicó que el día del hecho fue con una amiga –Noelia- y con su hermano.
Llegaron alrededor de las 20:00 horas y en las inmediaciones del establecimiento había mucha gente. En la vereda de enfrente había una fila y el personal de seguridad se ocupaba de mantenerla en orden.
Ingresó por el hall de las boleterías, donde había una especie de panel de chapa que separaba las ventanillas del sector de ingreso.
Recordó que los hombres y las mujeres entraban por distintos lados y una chica la palpó y le revisó las zapatillas, a su amiga le inspeccionaron el bolso.
Cuando entraron al recinto estaba terminando la presentación de la banda soporte, “Ojos Locos”. Se ubicaron entre la cabina de sonido y la escalera que conduce al sector VIP, porque en dicho lugar había un poco de ventilación.
El salón estaba muy lleno y era difícil desplazarse por su interior. Las dos escaleras estaban colmadas y debido al tiempo que iba a demorar, decidió no subir al baño.
Durante el intervalo los espectadores encendieron pirotecnia. Tal conducta provocó que Chabán se dirija a los concurrentes para decirles que “no sean pelotudos”, “se van a morir todos como en Paraguay”.
Aclaró que dichas frases las repitió en varias oportunidades y de manera muy trágica, como si hubiera visto venir lo que sucedió después, poniendo mucho énfasis en que se producirían muertes. El público lo abucheó y no depuso su actitud.
A poco de iniciarse el recital observó que en la parte de adelante del recinto, del lado derecho, se prendió fuego el techo.
Quería retirarse y su amiga le pidió que permaneciera en el lugar. Al día siguiente, le comentaron que ya había ocurrido un principio de incendio en el recital de “La 25” y que después de normalizarse la situación no dejaron reingresar a los que salieron del salón.
Volviendo al relato de lo ocurrido el 30 de diciembre, indicó que se fueron para atrás, en búsqueda de la salida.
La gente las apretaba y en cierto momento se apagó la luz. Sólo pudieron seguir el recorrido de la multitud, que las llevó hasta el hall de las boleterías.
Las puertas principales estaban cerradas y chocaron contra ellas. Luego advirtieron que en uno de los portones había una puerta “chiquita”, en la que se hallaba una persona, “mitad adentro y mitad afuera”, que las agarró y las sacó a la vereda.
Una vez en el exterior se fueron hasta la esquina de Jean Jaures y Mitre. Posteriormente, volvió al local y visualizó que los concurrentes salían con la cara negra y escupiendo.
Por último, precisó que a raíz de lo vivido tuvo moretones y consecuencias psicológicas y psiquiátricas.
Fue escuchado en el juicio Sebastián Alberto Sandoval, quien el día 30 de diciembre del año 2004 concurrió al recital de “Callejeros” en el local denominado “República Cromañón”. Era la primera vez que asistía a ese lugar.
Expuso que fue al boliche junto con dos amigos, Alan y Emilian, y una vez en las inmediaciones se encontraron con su hermana y otras personas más. Estuvieron un rato en la calle antes de entrar y que allí no advirtió la presencia de policías ni autoridades del Gobierno de la Ciudad.
Señaló que ingresó al local por el pasillo de color amarillo y previo a acceder al salón fue revisado por personal de seguridad. La revisación fue normal como en cualquier recital, con la única diferencia de que en esta oportunidad le hicieron sacar las zapatillas.
Una vez dentro del local, él se dirigió junto con Alan y Emiliano al sector de los baños, para lo cual subieron por la escalera ubicada al fondo del boliche. Dijo que había muchísima gente y dicha escalera estaba repleta de personas, al igual que la planta alta. Aclaró que escuchó un par de temas de la banda soporte durante ese lapso.
Se mojaron en los baños y decidieron bajar. Así, se ubicaron en la barra lateral izquierda del salón. En ese momento estaban pasando unos temas de “La Renga”.
Manifestó que en cierto instante alguien salió a decirle al público que no tire más bengalas porque iban a morir todos como en Paraguay. Que esa persona hablaba de mala forma.
Acto seguido, salieron los integrantes de la banda. En dicho instante el dicente junto con su amigo Emiliano se fueron hacia adelante contra las vallas que rodeaban el escenario, mientras que Alan permaneció en el lugar donde estaban.
Refirió que cuando empezó el recital, él estaba mirando al “Pato” todo el tiempo y que en cierto momento se prendió fuego el techo. Era todo fuego, caía la tela negra y había agarrado algunas banderas. Se formó un círculo y quedó contra las vallas. Aclaró que primero se cortó el sonido y luego la luz.
Indicó que trató de dirigirse hacia la puerta por donde había ingresado. Era todo humo y salió por donde pudo. Supone que egresó por el lugar por donde entraban las mujeres, aunque dijo no distinguir bien la puerta por la cual alcanzó la calle.
Una vez afuera quiso volver a entrar para buscar a su hermana. Por ignorancia ingresó por un “garage” y vio que allí un grupo de entre diez o quince personas intentaba abrir un portón en forma manual. Se escuChabán gritos y en ese lugar lo vio a “Pato”.
Luego fue hacia la calle nuevamente y se descompensó. Se tiró en la vereda y justo llegó el primer camión de bomberos. Una vez que encontró a su hermana y al resto de sus amigos, se retiró del lugar. Agregó que vio bomberos y ambulancias y que la calle era un “quilombo” –en referencia al rescate de personas-.
Como consecuencia del hecho, dijo que estuvo bajo tratamiento psicológico durante dos años y los primeros días no podía respirar bien.
Le fue leído un pasaje de su declaración prestada en la instrucción donde hiciera referencia a que la puerta que da al “garage” era una de emergencia, dijo que no podía afirmar eso con precisión, pero como se trataba de un portón, calculó que era una puerta de emergencia.
Compareció ante estos estrados Nicolás Saleh, quien asistió a los recitales realizados en “República Cromañón” los días 28 y 30 de diciembre de 2004.
Manifestó que era seguidor del grupo “Callejeros” y que también había concurrido a los conciertos efectuados en “Obras” y en “Excursionistas”.
Aclaró que en los tres locales enunciados se realizaba, con carácter previo, una revisación consistente en palpar el cuerpo y revisar la mochila. Sin embargo sostuvo que los controles siempre fallaban y la pirotecnia era finalmente introducida.
Refirió que el uso de esos elementos era común en todos los conciertos de rock y en los estadios indicados precedentemente se detonaron bengalas, candelas y petardos. No obstante ello, no escuchó ninguna advertencia respecto de su utilización.
Precisó que el show de “Excursionistas” culminó con un espectáculo de fuegos artificiales detrás del escenario y en un recital de una banda de rock efectuado en un local llamado “El Marquee” se dispararon más de 300 bengalas.
Relató que la revisación fue similar los días 28 y 30 diciembre en “Cromañón” y que quienes cumplían esa función llevaban puesta una remera negra con la palabra “prevención” en color amarillo.
Con relación al día 28 de diciembre, señaló también que se detonó pirotecnia y que Patricio Santos Fontanet dijo: “hace dos semanas tocamos en Excursionistas para que tiren todo lo que quieran, pero acá paren”.
Expresó que vio policías en la puerta de “República Cromañón” quienes les indicaban a los jóvenes que hicieran la fila sobre la vereda.
Indicó también que “Callejeros” tenía un presentador apodado “Lombriz” que una de las dos noches de diciembre, -no pudo precisar cuál-, salió disfrazado de “Papa Noel”.
Se refirió a continuación al día 30 de diciembre.
Puso de relieve que ingresó al salón a través del pasillo de color amarillo y en ese sitio le efectuaron el “cacheo”. Aclaró que hombres y mujeres formaban filas en forma separada y eran revisados por personal del mismo sexo.
Manifestó que en el momento de su entrada estaba tocando la banda soporte “Ojos Locos” y se ubicó delante del escenario. Allí había colocada una valla que sobre su lado derecho tenía una “puertita” y detrás de ésta estaba parado un “patovica” que vestía una remera que decía “prevención”.
Indicó que vio entrar y salir personas a través de la puerta indicada, entre ellos a Juan Carbone.
También afirmó que dos amigas suyas le comentaron que acaecido el incendio el personal de seguridad abrió dicha valla y les indicó que salieran por allí.
Leído que le fue un párrafo de su declaración prestada en la etapa de instrucción, dijo que recordaba que detrás de la valla también había personal médico vestido con una remera blanca con una cruz roja en su pecho.
Finalizado el espectáculo del grupo soporte, hubo un intervalo durante el cual se reprodujo música de “Los Redondos”. Mientras se escuchaba el tema “JiJiJi”, un joven desde el primer piso sobre el lado derecho detonó una candela. Ello motivó la intervención de una persona que cortó la música y pidió que “dejaran de tirar bengalas porque si se prendía fuego se iban a morir todos”. También hizo alusión a lo sucedido en la República del Paraguay.
Contó que luego de esa advertencia la música continuó y comenzó a tocar “Callejeros” el primer tema.
Inmediatamente observó una luz y vio a una persona que estaba lanzando pirotecnia. Describió a ese individuo como un joven entre 25 a 30 años de edad y de tez morena, pero no pudo recordar su rostro. También notó que la media-sombra se estaba prendiendo fuego y enseguida se cortaron la música y la luz.
Destacó que sólo conocía las puertas por la que había entrado al local y por eso fue caminando por debajo de las galerías para llegar a ellas. Señaló que un momento todos los asistentes se detuvieron porque esos accesos estaban cerrados. Aclaró que si bien no observó esa circunstancia, lo dedujo porque la gente se chocaba contra algo como si fuera una pared, y cada vez estaba más aplastada.
Refirió que ya había pasado un largo rato desde que había comenzado el incendio y que había mucho humo.
Expuso que se sintió un golpe y una explosión en el momento que se abrieron esas puertas y la gente mientras salía, gritaba que tuvieran cuidado con las personas que se encontraban tendidas en el suelo.
Manifestó que siguió caminando, traspasó las puertas y cayó con la cabeza fuera del local, por lo que allí podía respirar, permaneciendo allí un rato más hasta que llegaron los bomberos y lo ayudaron a alcanzar la vía pública.
Señaló que sobre la calle Bartolomé Mitre había personal policial, bomberos y ambulancias.
Puntualizó que se había abierto un portón que desembocaba en un garaje por el cual también salían algunas personas. En ese sitio observó un individuo con una manguera mojando a quienes salían del salón.
Dijo que volvió a ingresar al local a través de la puerta indicada precedentemente y pudo avanzar solamente 10 pasos porque no se veía nada y no se podía respirar.
Buscó a su hermana por todos lados hasta que finalmente tomó conocimiento de que ella estaba internada en el “Hospital Durand”.
Finalmente destacó que luego de iniciado el incendio escuchó una voz similar a la del dueño de “República Cromañón” que salía de un micrófono y que dijo “ahora jódanse, yo les dije que esto podía pasar”.
En la audiencia de debate Néstor Damián Santomil expresó que en el año 2000 realizó colocaciones de durlock y trabajos de electricidad con Christian Eleazar Torrrejón. Asimismo, indicó que a los restantes integrantes de “Callejeros” los conoce por haber compartido “algún camarín” y a Diego Marcelo Argañaraz por ser el manager de la banda.
A Chabán y a Villarreal los conoce de vista, por asistir a “Cemento” y a “Cromañón”. En éste último establecimiento, presenció los recitales de “Callejeros” y de “La Covacha”.
El 30 de diciembre de 2004 llegó a “Once” a las 20:00 horas y con un grupo de amigos se fueron a una lavadero de autos situado a dos cuadras de “Cromañón”.
En la esquina del local, donde hay un albergue transitorio, vio que Villarreal mantenía una conversación con unos chicos y les vendía entradas.
Cuando estaba por empezar el show de “Callejeros” se hizo presente en el local junto a su mujer Paola Vanesa, Claudia y Rubén, apodado “manzana”.
Se quedó hablando con Lorenzo Bussi, jefe de seguridad de “Callejeros”, quien tenía muletas y no estaba cumpliendo sus tareas habituales.
En dicha ocasión advirtió que a los concurrentes los revisaban antes de ingresar y “Lolo”, a modo de broma, lo palpó. Agregó que el personal de seguridad lucía una remera o una pechera con la leyenda “Control – Callejeros”.
A preguntas de las partes, respondió que Bussi lo contrató para prestar tareas de control en el recital de “Atlanta” y específicamente le ordenó que se sitúe en el vallado de seguridad para evitar que el público se suba al escenario.
Precisó que la noche del 30 de diciembre entró como invitado por el hall de las boleterías y no recuerda si en dicha zona había algún vallado. Sin perjuicio de ello, afirmó que “siempre había un vallado”.
Recién empezaba el show de “Callejeros” y los concurrentes estaban bailando y cantando. En el salón había mucha gente y procedió a ubicarse entre las dos columnas de atrás. Desde allí observó que en el ambiente había humo y enseguida la gente lo empezó a llevar para atrás, hasta que finalizó en la calle.
Desconoció si en ese momento las puertas estaban abiertas o cerradas.
Reingresó en varias oportunidades para buscar a sus amigos y luego de entrar cuatro o cinco veces visualizó que sólo se encontraba cerrado el portón grande situado en el pasillo del estacionamiento, perteneciente al hotel “Central Park”.
En los alrededores del portón se hicieron presentes varios chicos, los bomberos y Fontanet. Junto a todos ellos, intentó abrir el portón para que los asistentes puedan salir.
Cuando finalmente se logró su apertura, observó que había mucha agua, zapatillas tiradas, banderas colgadas y poca gente dando vueltas. Agregó que varios espectadores salieron corriendo por encima de otros chicos.
Mientras prestaba ayuda en las tareas de rescate se cruzó con Eduardo Vázquez y en una ocasión reingresó al recinto con Torrejón. A Chabán lo vio hablando con unos bomberos enfrente del local.
Por otra parte, puntualizó que era común que se utilicen bengalas en los recitales de rock y no era habitual el uso de candelas y tres tiros en lugares cerrados.
Señaló que en el concierto de “Obras” los concurrentes encendieron bengalas y “el Pato” les pidió que no continúen con dicha conducta porque le hacía mal a la garganta.
Por último, refirió que generalmente Chabán advertía al público sobre el peligro que implicaba el uso de pirotecnia y lo hacía con un lenguaje acorde “a la gente del rock & roll”.
Fue convocada a prestar declaración testimonial Verónica Schamann, quien refirió que conocía de vista a los acusados Omar Chabán y Raúl Villarreal, no solamente por verlos en la televysión, sino además por haberlos observado varias veces al concurrir a los locales “Cemento” y “República Cromañón”.
Respecto de Omar Chabán, dijo que lo ha visto en el sector del sonido como asimismo en la puerta del local “Cromañón”. Con relación a Villarreal refirió que siempre se encontraba en la entrada de este último boliche y lo veía organizando la fila e ingreso de asistentes.
En lo inherente al conocimiento que tenía del grupo “Callejeros” expresó que conocía a los integrantes de la banda de verlos en los recitales o de contactarlos cuando éstos repartían volantes promocionando sus propios shows.
A “Callejeros” lo ha seguido a varios lugares como ser “El Teatro Colonial” de Avellaneda, “Cemento”, “Excursionistas”, a la Provincia de Córdoba, y a “República Cromañón” los días 28 y 30 de diciembre de 2004. En todos los eventos, al igual que en los recitales de otras bandas se utilizaba pirotecnia y se veían tres tiros y candelas.
En tal sentido, expuso que ha concurrido a shows de “Los Gardelitos”, “Ojos Locos”, “Viejas Locas”, “La Covacha”, “Motor Loco”, entre otros, y en distintos locales cerrados como ser “Cemento” o “El Marquee”. En todos lados se usaba pirotecnia.
Recordó que en “Excursionistas” se arrojaron bengalas y candelas y si bien no pudo precisar la cantidad, aclaró que era similar en todos lados.
También dijo haber asistido al primer recital que “Callejeros” brindó en “Obras” y allí se arrojaron candelas. Este elemento es “finito” y lanza disparos. Agregó no recordar incidentes en ese recital ni advertencias sobre el uso de pirotecnia y que nunca concurrió a un show de rock viajando en micros privados.
Asimismo, expresó que en casi todos los recitales había controles previos. Las personas de seguridad generalmente estaban vestidas con ropas negras y revisaban a los concurrentes separándoles entre hombres y mujeres. La revisación consistía en un “cacheo”, inspección de bolsos y zapatillas.
Por otra parte, expresó que consultaba la página oficial de la banda “Callejeros” –la dirección de la página era www.Callejeros.com.ar- , pero que no participaba en los foros ni recordaba si allí se hacían referencias al uso de pirotecnia.
Puntualmente en lo relativo al recital del 28 expuso que arribó al local “República Cromañón” cerca de las 21:30 o 22:00 hs y que ingresó por el sector de las boleterías. Señaló que ya tenía entradas, que fue revisada y que había unas vallas que marcaban el camino hacia el interior del salón. Agregó que las puertas estaban abiertas.
Indicó que se ubicó debajo de la primera escalera, que como en todos los recitales se arrojó pirotecnia y había mucha gente. Agregó que en un momento subió a los baños, no escuchó advertencias sobre el uso de pirotecnia, el show transcurrió con normalidad y salió del local caminando por la misma puerta por donde había ingresado. No recordó haber visto presencia policial en las afueras del local cuando llegó.
Respecto de la noche del 30 de diciembre, refirió que llegó al lugar cerca de las 21:00 o 21:30 hs. y que en la vía pública había gente esperando para entrar; algunos estaban sentados y otros cantando. Manifestó que ella tenía su entrada e ingresó al lugar por el sector de boleterías. No advirtió la presencia de personal policial.
Señaló que a la mitad del pasillo fue revisada y le hicieron sacar las zapatillas; el control fue más intensivo que el día 28 y vio que le sacaron pirotecnia a ciertos concurrentes y que esos elementos eran colocados en una caja de cartón. Dijo no haber observado personas que pasaron sin ser revisadas y además resaltó que ingresaban niños al lugar.
Una vez en el interior del salón, se ubicó en la barra situada a la izquierda del escenario. Presenció el recital de “Ojos Locos” y estuvo dando vueltas por el interior del local. Manifestó que había gente en ese momento, pero se podía caminar. No pudo recordar si durante el show de la banda soporte se arrojó pirotecnia.
Durante esa recorrida fue a los baños y si bien al principio había agua, ya en el intervalo se había acabado, tal como ocurre generalmente en otros recitales.
Refirió que al lado del escenario había una puerta de emergencia que estaba pintada de negro, la cual permanecía cerrada y tenía unas vallas. Sobre el punto explicó que anteriormente ya había notado la existencia de ese portón, en un tributo al grupo “Viejas Locas” que se había realizado en el mes de agosto del año 2004. Ese día la deponente estuvo apoyada en esa puerta y cerca de ese sector lo vio a Omar Chabán.
Agregó que había vallas que rodeaban el escenario y dijo no haber visto personal de seguridad detrás de estas.
Continuando con su exposición de lo sucedido en la noche del 30 de diciembre, expuso que en el local había mucha gente y que las personas se sentaban en las escaleras lo cual dificultaba el paso.
Explicó que para ver el recital ella se volvió a ubicar cerca de la barra que está a la izquierda del escenario, porque allí había una boca de ventilación que daba aire.
Refirió que luego de la banda soporte hubo un intervalo donde pasaron música, y que en cierto momento Chabán se dirigió al público diciendo que las puertas estaban cerradas, que había 4 o 5 mil personas y que si se usaba pirotecnia se iban a quemar todos como en el supermercado de Paraguay.
Indicó que las manifestaciones de Chabán la sorprendieron pues hablaba de mala manera tratando a los concurrentes de “negros de mierda”. Le llamó la atención que hiciera alusión a lo sucedido en Paraguay y que señalara que todos podían morir.
Expuso que nunca había oído a Chabán hablar así, pues si bien se dirigía hacia el público con frecuencia, siempre hablaba de las promociones que había en las barras.
Después de eso, “Pato Fontanet” dijo a los asistentes que se portaran bien y no arrojaron pirotecnia.
Sobre este punto y a pedido de parte, se dio lectura a un pasaje de su declaración prestada en instrucción, puntualmente la respuesta a la pregunta 25 obrante a fs. 5/vta. del legajo de herido, de donde surge que el cantante de “Callejeros” habría manifestado que “no prendan bengalas que tenía que ser una fiesta, para eso ya habían hecho Excursionistas para que usen bengalas y que se porten bien”. Ante ello, la deponente expresó recordar esas palabras.
Luego, comenzó a sonar el primer tema y se prendieron bengalas y tres tiros, que se arrojaron en el medio del salón. Indicó que miró hacia el techo y advirtió que se estaba prendiendo fuego. La banda seguía tocando y ella se dirigió hacia las puertas tipo cine para salir. Cuando salió del salón ya no estaban cantando, aunque no pudo precisar en qué momento dejaron de hacerlo.
Refirió que una vez en el hall de boleterías, se chocó con la caja de cartón que antes hiciera alusión como aquella donde se guardaba la pirotecnia secuestrada. Refirió que al pretender alcanzar la calle, notó que los dos portones principales estaban cerrados y que ella se quedó contra la pared aguardando para salir.
Exhibido que le fue el recorrido virtual, reiteró que las puertas principales estaban cerradas y que solo se podía salir por una “puertita mas chica” –es la blanca que se ve en el dibujo-. Agregó que la gente corría y era imposible salir. Al final, pudo egresar por sus propios medios a través de dicha puerta pequeña.
Señaló que se quedó en la calle buscando a sus compañeros y luego las puertas principales se abrieron y las personas salían por ese sector.
Expuso que quiso volver a entrar para buscar al hermano de una amiga suya, pero que la propia gente impedía que las mujeres reingresen al salón.
Indicó que no sufrió lesiones físicas, aunque sí presentó problemas psicológicos a raíz del hecho.
Respecto del rescate de personas, dijo que ella permaneció en el lugar hasta las dos de la mañana aproximadamente y que al principio la situación no estaba organizada. Luego la propia gente trató de ordenar el panorama haciendo dos filas para que nadie pudiera pasar, evitando que se obstruyan las vías de escape.
A preguntas de las partes, señaló que había tomado conocimiento de que el día 25 de diciembre de 2004, en un recital de la banda “La 25” se había prendido fuego el techo, pero lo apagaron. Ella no estuvo esa noche.
Finalmente y a preguntas del Tribunal, indicó que la persona que arrojó la pirotecnia que generó el foco de fuego, tenía el pelo un poco largo. Que una vez vio en la televysión un identikit de ese sujeto y era el mismo. Dijo que no recordaba bien si el día del hecho estaba vestido con una remera roja o con el torso desnudo subido a los hombros de otra persona. Sí sabe que era quien estaba debajo de donde se inició el incendio.
Asimismo, se le recibió testimonio en el juicio a Javier Salischiker, quien refirió ser seguidor de “Callejeros”, grupo al cual había visto en ocho o nueve recitales con anterioridad al 30 de diciembre del año 2004. Dijo haber presenciado shows de la banda en “Cemento”, “Bagdad”, “Obras”, “Excursionistas” y “Cromañón”, y en todos los espectáculos se arrojaba pirotecnia.
De todos modos aclaró que el empleo de elementos pirotécnicos era habitual en cualquier banda de rock. Se usaba bengalas y tres tiros, generalmente. Así, por ejemplo, recordó haber visto a otros grupos, como ser “La 25”, “Los Piojos” y “Los Ratones” y siempre se encendía pirotecnia, aún en lugares cerrados –por ejemplo en “Cemento”-.
Por otra parte, indicó que a “Callejeros” comenzó a seguirlos desde diciembre del año 2003, que nunca tomó un micro privado para ir a verlos y jamás ingresó por lista de invitados sin pagar. Agregó que en el recital que la banda brindó en “Obras” no recuerda haber visto candelas; pero este tipo de elementos sí los observó en “Cromañón”.
Expuso que en este último local, días antes del hecho, presenció un recital del grupo “La 25”, donde hubo un principio de incendio. En tal sentido, explicó que a raíz de la utilización de elementos de pirotecnia se generó un foco de fuego en la media sombra del techo –no era muy grande y estaba situado cerca de la segunda escalera-. Refirió que entre diez o quince personas trataban de apagarlo, arrojándole vasos de agua. También vio que alguien trató de accionar un matafuego, pero no funcionaba, pues el polvo que lanzaba no alcanzaba al fuego.
Señaló que el incendio no duró mucho –habrá pasado un minuto- y finalmente fue extinguido. Estaba con un amigo y reaccionaron alejándose de la zona, mas no salieron en ningún momento del local. Agregó que no vio que haya habido intervención de los bomberos y que el salón se llenó de humo. Pasado el incidente, el recital continuó.
Respecto de los recitales que “Callejeros” brindó a fin del año 2004 en “República Cromañón”, expresó que concurrió a los eventos de los días 28 y 30 de diciembre.
Con relación al día 28, dijo que concurrió con un grupo de personas y que si bien no recordaba con precisión por dónde ingresó, supuso que lo hizo por el sector de boleterías, conforme lo señalara en la maqueta virtual.
Indicó que tanto los hombres como las mujeres entraban por el mismo lugar y que previo a acceder al salón fue revisado por personal de seguridad. En tal sentido, refirió que el “cacheo” fue normal y que lo palparon en la cintura.
Manifestó que se ubicó cerca de la segunda escalera debajo del balcón y que durante el show pudo advertir que se arrojaba pirotecnia. No recordó que esa noche se haya efectuada alguna advertencia al respecto.
Con relación al recital del día 30, refirió que fue al lugar acompañado por su amigo Gonzalo Leo y que las entradas las había comprado ese mismo día cerca de las 17:00 hs. en el local “Locuras”.
Señaló que arribaron al boliche temprano, que hicieron un poco de tiempo y luego ingresaron. Aclaró que antes de entrar al lugar estuvieron en una estación de servicio que había a una cuadra y allí pudo advertir la presencia de un patrullero. No vio policías en la puerta del boliche ni que se arrojara pirotecnia en la vía pública.
Continuando con su exposición, refirió que previo a acceder al lugar, fue revisado y le hicieron sacar las zapatillas. Dijo que el “cacheo” fue riguroso. No pudo recordar bien la puerta por la que entró aunque nuevamente sindicó el sector de boleterías en la maqueta.
Expuso que como era temprano cuando entró, no había una gran cantidad de gente en ese momento y el lugar “estaba tranquilo”. Dijo que se encontró con unos conocidos y se ubicó detrás de la segunda escalera en un sector donde había un conducto de ventilación.
Refirió que vio el show de la banda soporte “Ojos Locos”, la gente comenzó a llegar y durante ese recital se arrojaron algunas bengalas. Agregó que cerca del escenario había unas vallas ubicadas en forma similar a la que evidencia la maqueta virtual, aunque no pudo recordarlo en precisión.
A medida que pasó el tiempo el local se llenó y comenzó a sentirse un calor insoportable. Aclaró que después de la banda soporte hubo un intervalo, pero no pudo establecer cuánto tiempo duró.
Cuando “Callejeros” estaba por empezar a tocar, ya había pirotecnia. Alguien salió a hablar y dijo que paren de tirar ese tipo de elementos que había mucha gente y estaba muy pesado.
Acto seguido comenzó el show y en un momento se cortó el sonido y luego la luz; se había prendido el techo. Puntualmente él pudo ver un foco de fuego en el cielorraso que comenzó a despedir humo e instantes después se produjo el citado corte de luz.
Explicó que perdió a su compañero y que no veía nada; se fue hacia el fondo del local detrás de la segunda escalera, donde había una baranda que se venció por la presión de la gente.
No podía avanzar hacia adelante porque el fuego quemaba. La presión de las personas impedía moverse por el lugar. Dijo que no tenía conciencia de donde estaba y que realmente no sabe bien cómo salió del salón.
Recordó que en cierto momento alcanzó el sector de las puertas cine, donde pudo notar que había una montaña de personas. Allí también vio un cartel de salida.
Finalmente egresó por arriba de esa pila de gente. Agregó que luego se quedó ayudando a esas personas.
Durante el transcurso del debate Pedro Lagües expresó que concurrió a “República Cromañón” en varias oportunidades para ver distintas bandas de rock.
Señaló que en mayo de 2004 presenció el recital de “Jóvenes Pordioseros” y que los fuegos artificiales utilizados por el público encendieron la media-sombra situada en la parte de adelante del salón, cerca del escenario.
En dicha ocasión había poca gente y muchos concurrentes salieron por las puertas principales. Otros se quedaron mirando como apagaban el fuego con una manguera.
Agregó que no observó la presencia de bomberos y que el espectáculo musical se interrumpió por unos veinte o treinta minutos.
Por otra parte, manifestó que el 25 de diciembre de 2004, antes de que empiece a tocar “La 25”, se produjo un foco ígneo cerca de la escalera que conduce al baño y unos espectadores lo controlaron arrojando vasos de agua.
Chabán agradeció a los que intervinieron para sofocar el fuego y pidió a los concurrentes que no tiren más pirotecnia porque podía repetirse la tragedia sucedida “en el shopping de Paraguay”.
Más tarde, durante el recital de la banda mencionada, se encendió la media-sombra emplazada en la parte de adelante del recinto, muy cerca del lugar donde se había iniciado el siniestro ocurrido durante la presentación de “Jóvenes Pordioseros”.
Desde la planta baja intentaron poner fin al incendio pero el matafuego empleado no tuvo el alcance suficiente para llegar al techo. Finalmente Chabán lo extinguió con una manguera.
Esperó la reanudación del concierto en el hall y la mayoría de la gente salió por las puertas principales. Añadió que no concurrieron policías ni bomberos.
Antes de que continúe el show, Chabán volvió a referirse a la tragedia de Paraguay y a solicitar al público que se abstenga de utilizar pólvora de artificio. El auditorio le respondió con silbidos.
Precisó que en todos los recitales de rock, ya sea en lugares abiertos o cerrados, se utilizaban bengalas, candelas y tres tiros.
Manifestó que el 28 de diciembre fue a “Cromañón” con Pedro Iglesias y su novia y que cuando estaban por ingresar visualizó que un patrullero se estacionó en la puerta del local.
El personal de seguridad que estaba en la vereda se ocupaba de mantener el orden de la fila de ingreso y de determinar qué cantidad de concurrentes debían pasar para ser “cacheados”.
Al acceder al hall fueron palpados sobre sus ropas; una vez en el interior notaron que en el salón había bastante gente.
Durante el transcurso del recital el ambiente se llenó de humo y Chabán suspendió el espectáculo para solicitar a los concurrentes que no prendan bengalas.
Advirtió que en la parte de adelante del recinto, cerca del escenario, la media-sombra no estaba más y que el público siguió tirando pirotecnia.
El 30 de diciembre fue con Pedro Iglesias y Osvaldo Ruiz y al ingresar por la puerta de la derecha (vista de frente), lo palparon y le revisaron las zapatillas. Añadió que dicho control lo sorprendió porque nunca le habían inspeccionado el calzado.
Los integrantes de la seguridad que estaban apostados en la vereda de enfrente del local y controlaban la fila de ingreso, lucían una remera con la leyenda “Control - Callejeros”.
Precisó que, al igual que el 25 de diciembre, en la esquina de Mitre y Ecuador había un camión de asalto de la policía.
En el interior del local había mucha gente, prácticamente no había lugar para moverse y como la banda soporte había concluido su presentación, aprovecharon el intervalo para ir al baño.
Al salir escucharon que Chabán hacia referencia a la tragedia de Paraguay y pedía a los asistentes que no tiren fuegos artificiales.
Estaba por empezar el recital y decidió bajar porque le pareció mas divertido estar cerca del escenario. Sus amigos Pedro y Osvaldo optaron por quedarse en el piso superior.
Bajó por la escalera y se ubicó cerca de la barra de atrás. En ese momento no escuchó detonaciones pero cree que el público estaba usando pirotecnia.
Cuando se hallaba de espaldas al centro del salón recibió un empujón y escuchó gritos. Al darse vuelta vio que se había iniciado un incendio delante de la cabina de sonido y enseguida se cortó la música y, al rato, la luz.
En búsqueda de la salida trató de desplazarse lejos de las paredes para no ser aplastado por la muchedumbre, que mayoritariamente emprendió su marcha hacia las puertas cine situadas a la izquierda (vistas desde el interior).
El humo le provocó ardor y con una remera se tapó la nariz y la boca.
Se desplazó por detrás de la cabina de sonido y se fue para las puertas cine del medio, que estaban cerradas. Le pareció que las aberturas estaban trabadas con el piso, como si estuvieran hinchadas. Al empujarlas con su cuerpo pudo acceder al hall.
Dicha zona estaba iluminada por la luz que venía de la calle, atento que los portones estaban totalmente abiertos.
Una vez que alcanzó el exterior se fue a esperar a sus amigos a la esquina de Mitre y Jean Jaures. Allí vio que Fontanet trataba de ayudar con las tareas de rescate y buscaba a sus amigos y familiares.
Después volvió al local y observó que habían levantado la persiana del estacionamiento del hotel y que en su interior había un portón abierto. Intentó colaborar pero el humo le impidió entrar al establecimiento.
No observó al personal de seguridad participando en las tareas de auxilio ni que dichas operaciones se realizaran de un modo coordinado.
Sostuvo que alcanzó la calle en aproximadamente dos minutos y que para ese momento no había llegado personal policial, ni bomberos, ni profesionales médicos.
Manifestó que a raíz de lo vivido sufrió daños psíquicos y tos.
A preguntas de las partes, respondió que en “Cromañón” no vio carteles de salida y que no se vendían entradas en el momento del recital. Tampoco advirtió que el día del hecho se hayan revendido localidades.
Asimismo, afirmó que conoce de nombre a los grupos de seguidores “La familia piojosa” y “El fondo no fisura”.
Por último, dijo que todas las advertencias sobre el uso de pirotecnia las escuchó con posterioridad al incendio del “shopping de Paraguay”.
Fue convocado a prestar declaración Luciano Andrés Stella, asistente al recital de “República Cromañón” el día 30 de diciembre de 2004.
Señaló que conocía el local porque había asistido en varias oportunidades a ver conciertos de rock, entre ellos a “Intoxicados” y a “Los Gardelitos”.
Destacó que en todos los espectáculos de ese tipo se utilizan elementos de pirotecnia, y que eran parte de la “fiesta”. Aclaró que la fiesta consistía en escuchar música, bailar y disfrutar del show, y para algunas personas también era parte de ella, disparar fuegos artificiales.
Agregó que en todos los lugares cerrados también se lanzaban ese tipo de materiales, pero nunca había ocurrido ningún incidente de magnitud, puesto que estaban “bien techados”. Dio como ejemplo de ello, un local denominado “El Hangar”.
Relató que el día 25 de diciembre de ese mismo año durante el recital de “La 25”, se produjeron dos incendios que fueron rápidamente extinguidos por personal de seguridad con una manguera. Puntualizó que esos individuos vestían una remera negra con la leyenda “prevención”.
Aclaró que varias personas del público también colaboraron echando agua hacia el foco ígneo desde el primer piso. Agregó que mientras el incendio era sofocado, un grupo de asistentes salió del local y otro permaneció adentro.
Indicó que la interrupción había durado aproximadamente 20 minutos y que no tomaron intervención los bomberos. Agregó que no escuchó aquella noche ninguna advertencia sobre el uso de elementos de pirotecnia.
A continuación se refirió al concierto del día 30 de diciembre de 2004.
Contó que fue acompañado por 13 amigos y llegó aproximadamente a las 21:00 hs. a la puerta de “República Cromañón”. Manifestó que era seguidor de “Ojos Locos” y que asistió al local indicado con la finalidad de presenciar el recital de ese grupo. Agregó que sus amigos llevaron una bandera que tenía escrito el nombre de aquél.
Señaló que accedió al salón a través del hall y allí fue revisado por el personal de seguridad.
En un principio sostuvo que esa revisación fue “leve”; sin embargo leído que le fue un párrafo de su declaración brindada en la etapa de instrucción, recordó que había sido intensa, le palparon el cuerpo y le impartieron la orden de quitarse las zapatillas.
Aclaró que los individuos que cumplían funciones de seguridad vestían remeras negras con una inscripción que en el momento de declarar no tenía presente.
Luego de traspasar las puertas vaivén se ubicó en el centro de la planta baja del local y presenció el recital de la banda soporte y al finalizar éste subió al baño del primer piso. Precisó que durante ese show sólo se detonaron algunas bengalas.
Narró que luego bajó y se situó al pie de la escalera del lado izquierdo a fin de tomar un poco de aire.
Puso de relieve que Chabán se dirigió al público en forma muy agresiva y dijo “que eran unos negros de mierda, lo más bajo de la sociedad y la escoria de la sociedad”. Agregó que “el lugar ya se había incendiado, que estaban metidos en una trampa y que si seguían tirando pirotecnia se iba a prender todo”.
Destacó que los asistentes se indignaron por las palabras de Chabán, y no prestaron atención a la advertencia, sino que reaccionaron con mucha bronca y continuaron tirando pirotecnia.
Señaló que no prestó atención al momento en que comenzó a tocar el grupo “Callejeros”.
Dijo que no vio cómo se originó el incendio, de repente “explotó todo”. Mencionó que estaba debajo de la escalera izquierda cerca de las puertas “vaivén” y logró salir muy rápido a través de la puerta del pasillo amarillo. Puntualizó que todos egresaron por esa vía y se empujaban y lastimaban en el intento. En ese momento observó que los portones violetas daban a la calle Bartolomé Mitre estaban cerrados.
Puso de resalto que luego de salir se situó en la vereda de enfrente para no obstaculizar el paso de los demás concurrentes y que se dispuso a buscar a sus amigos. Aclaró que en un principio pensó que no pasaba nada grave y volverían a ingresar como el día 25 de diciembre.
Expresó que no vio el momento en que los portones fueron abiertos y que pasados 20 minutos arribaron los bomberos, las ambulancias y la policía.
Manifestó que en la calle vio a los integrantes de “Ojos Locos” y que también observó a una persona, que creía que era Chabán, subirse a un auto y “se escabullía como una rata”. Dijo que la gente reaccionó mal y le rompió el automóvil.
Señaló que no visualizó a nadie fuera del local coordinando las tareas de rescate.
Finalmente expuso que al momento del incendio tenía 17 años y que dentro de “República Cromañón” le vendieron cerveza sin pedirle identificación.
También prestó declaración testimonial en el debate Julia Pamela Fernández, quien refirió que el día 30 de diciembre de 2004 concurrió junto a su novio y los dos hermanos de éste al local “República Cromañón” a fin de presenciar el recital del grupo “Callejeros”.
Aclaró que era la primera vez que concurría a ese boliche como así también a ver a dicha banda. Que fue al lugar porque su novio le regaló la entrada.
Indicó que arribaron a las inmediaciones del local cerca de las 21:00 hs. y que para ingresar se dividían las filas por sexo. Las mujeres ingresaban por el sector de boleterías y los hombres lo hacían por el corredor amarillo que da a la persiana azul.
Agregó que, según su recuerdo, en el pasillo había unas mesas que dividían las entradas o marcaban el camino.
Señaló que fue revisada por una mujer que tenía colocada una remera con la inscripción “Callejeros” de color azul; que esa prenda era común como cualquiera que se compra en la calle.
Una vez atravesado ese control, se reencontró con su novio y cuñados e ingresaron al interior del salón.
Dijo que se ubicó delante de la cabina de sonido y presenció el recital de la banda soporte “Ojos Locos”. Manifestó que ya había bastante gente y no recordaba que durante ese espectáculo se hayan utilizado elementos de pirotecnia.
Luego de ese show, comenzó a haber más gente y en el sector cercano al escenario las personas empujaban cada vez más. Por este motivo ella y su novio decidieron ir un poco más atrás. Ya el calor era insoportable. Uno de sus cuñados se fue hacia delante y el otro hacia las escaleras, las cuales estaban llenas de gente.
Indicó que en cierto momento salió un animador al escenario y luego como se estaban arrojando bombas de estruendo en el local, una persona, que hasta ese momento no conocía su identidad –más tarde se enteró que se trataba de Omar Chabán-, se dirigió al público manifestándole que dejen de tirar pirotecnia que se iba a quemar todo e iba a suceder una masacre como la de Paraguay.
Señaló que esta persona hablaba de manera agresiva y reiterativa, insultaba al público y la gente lo “abucheaba”. El discurso habrá durado un minuto aproximadamente.
Después de esto, comenzó el recital de Callejeros y se escucharon explosiones provenientes del sector trasero hacia la derecha del salón. Asimismo se arrojaron otros elementos de pirotecnia, que hasta el momento la deponente pensaba que eran los denominados tres tiros, pero luego del hecho tomó conocimiento de que se trataban de candelas.
Cerca de la segunda escalera una de las “bolitas” que lanzaba una candela prendió el techo. Indicó que su novio le dijo “mirá”, en referencia al foco. Éste era pequeño al inicio, luego empezó a caer plástico, e instantes después un pedazo del techo. La gente comenzó a moverse; ellos estaban delante de la cabina de sonido, su novio la tomó del brazo y la sacó hacia el sector de las puertas.
Si bien se mostró dubitativa al explicar el sector por donde egresó, al serle exhibida la maqueta virtual, marcó la zona correspondiente a las boleterías como el lugar por donde alcanzó la calle. Que antes de salir se escuChabán explosiones, estaba todo oscuro y había ruido de cosas golpeándose.
Señaló que ella se había colocado la remera en la cara porque no podía respirar y que salieron del local todos negros por el humo.
Refirió que su novio la llevó hacia una ventana en la vereda de enfrente del local y que la subió allí mientras él iba a buscar a sus dos hermanos.
Expuso que estuvo allí mas o menos una hora y que pudo ver que primero arribó al lugar un patrullero, el cual fue agredido por las personas que salían del boliche. Más tarde llegaron los bomberos y luego las ambulancias.
Aclaró que cuando ella salió del local, en un principio vio que las puertas principales estaban cerradas.
También observó que en cierto momento comenzó a salir gente por otro portón –marcó el sector de la denominada alternativa en la maqueta- y que la gente gritaba para que abran las puertas.
Finalmente indicó que a consecuencia del hecho sufrió “stress post traumático”.
Fue convocado a prestar declaración Luis Eduardo Tabera, asistente al recital de “República Cromañón” el 30 de diciembre de 2004.
Manifestó que asistió a ese local en el mes de mayo cuando se presentó el grupo “Callejeros” por primera vez y también cuando tocaron “Intoxicados” y “La 25”.
También dijo que era seguidor de esa banda desde el año 1999/2000 y que concurrió a muchísimos conciertos, entre ellos al “Teatro de la Plata”, Obras” y “Atlanta”.
Expresó que en todos esos sitios es común el uso de pirotecnia pero que no era habitual la detonación de candelas en lugares cerrados. Agregó que desde los grupos de rock no había incentivo del uso de esos materiales, sino que ello se debe a la “contaminación” que proviene del fútbol.
Precisó que en el “show” de “Excursionistas” se dispararon muchísimos elementos pirotécnicos; y que allí, al igual que en “Obras” y en el Congreso, se usaron candelas.
Indicó que nunca presenció ningún incidente por la utilización de esos materiales. Aclaró que si bien asistió al recital de “La 25” el día 25 de diciembre de 2004, se fue temprano y tomo conocimiento más tarde del incendio acontecido.
Sostuvo que sólo una vez en la anterior presentación de “Callejeros” en “República Cromañón” escuchó una advertencia respecto de la utilización de pirotecnia. En esa oportunidad los integrantes de la banda dijeron que “paren porque no se podía ver nada”.
Señaló que todas las veces que asistió al local indicado precedentemente entró y salió por el hall central y que siempre abonó su entrada.
Se refirió asimismo a las revisaciones que se realizan antes de ingresar a los recitales. Dijo que en algunos lugares, los más reducidos, no te revisan, y en otros esa requisa es muy superficial. .
Relató a continuación lo sucedido el día 30 de diciembre de 2004.
Indicó que asistió con su amigo Bruno, quien se encargó de comprar la entrada y que arribó aproximadamente a las 20:00 hs. a la puerta del local.
Dijo que permaneció en la vereda un tiempo y que allí había muchísima gente.
Observó que cuando llegó uno de los micros rentados por los distintos grupos de seguidores, éstos detonaban material pirotécnico. Aclaró que ello era habitual y que solían llegar también portando banderas.
Contó que ingresó a través de la puerta “central” y allí fue revisado por el personal de seguridad. Se sorprendió de que le hicieran sacar las zapatillas.
Expresó que un poco más adelante otras personas le pidieron su entrada y que luego accedió al interior del local.
Se situó al lado de la escalera del lado derecho y que desde allí presenció el concierto de la banda “Ojos Locos”. Finalizado ese espectáculo se encaminó hacia las puertas “cine” a fin de tomar un poco de aire porque allí dentro hacía mucho calor. Agregó que la circulación en ese sitio era dificultosa.
Señaló que durante ese recorrido se reprodujo música de fondo, y el público se enardeció y comenzó a tirar muchísimas bengalas. Aclaró que desde el lado derecho de la cabina de sonido se disparó pirotecnia. Puntualizó que cuando alcanzó las puertas indicadas en el párrafo precedente, comenzó a tocar el grupo “Callejeros”.
Resalto que de repente advirtió que los concurrentes intentaban salir, mas ignoraba el motivo de ello.
Dijo que pensó que se había generado alguna riña y que por eso salió rápidamente a través de las puertas vaivén quedándose parado delante de una columna ubicada en el centro del hall.
Narró que como todos continuaban saliendo decidió esperar en la vía pública, donde notó que se acercaba un patrullero policial. Resaltó que creía que esa fuerza de seguridad acudía al lugar a fin de reprimir a los jóvenes.
Luego se dio cuenta de que existía otro tipo de problema y comenzaron a organizarse para rescatar a las personas que estaban dentro.
Dijo que el personal policial tenía máscaras y linternas y que las ambulancias llegaron mucho después.
Precisó que no conocía la puerta de emergencia y tomó conocimiento de su existencia cuando vio que intentaban abrirla desde el lado de afuera. Aclaró que los primeros en efectuar esa tarea fueron los asistentes al recital y que vio en ese sitio al saxofonista de la banda “Callejeros”. Ubicó la referida puerta en la maqueta virtual y sostuvo que accedió a ella a través del estacionamiento.
Contó que luego se encaminó hacia la esquina a fin de realizar un llamado telefónico y al volver notó que la puerta ya había sido abierta.
Manifestó que reingresó al local y se percibía muchísimo humo con olor a plástico quemado. Indicó que no se podía ver nada, entró y salió en varias oportunidades y llevaba a las personas afectadas hacia la esquina de Jean Jaures.
También expresó que auxilió a varias personas que habían caído en un hueco junto al escenario y a quienes estaban en el primer piso.
Expuso que permaneció un rato más en una terminal de colectivos situada en las cercanías del lugar y luego se fue a su casa.
Finalmente indicó que conoce a los grupos de seguidores llamados “La familia piojosa” y “El fondo no fisura” y que ignoraba si estaban enfrentados por algún motivo.
Prestó declaración en la audiencia de debate Agostina Gisella Venegoni, quien expresó que el 30 de diciembre de 2004 concurrió con veinte amigos a “República Cromañón” para presenciar el recital de “Callejeros”.
Señaló que se enteró del concierto en “Excursionistas” y que a la banda mencionada ya la había visto en “Cromañón”.
En las inmediaciones del local observaron que había muchísima gente y una fila de ingreso.
En el hall de las boleterías unas vallas separaban a los hombres de las mujeres, y el personal de seguridad, que lucía una remera con la leyenda “Control”, le revisó la mochila y las zapatillas. Agregó que era la primera vez que le inspeccionaban el calzado antes de ingresar a un espectáculo musical.
Después de trasponer las puertas cine sintió una sensación de disgusto. Hacía mucho calor y no había ventilación. Debido a la cantidad de personas que había decidieron no subir al primer piso y se ubicaron en la barra de atrás, cerca de la escalera. En ningún momento observó carteles que indicaran la salida.
Mientras esperaban el inicio del concierto, pasaron canciones de “Los Redondos” y de “La Renga” y desde el sector VIP (en la maqueta virtual que se le exhibió marcó la cabina de sonido del primer piso) tiraron una candela. Asimismo, afirmó que se encendieron “petardos de piso”.
Sostuvo que en todos los recitales el público encendía pirotecnia pero que en ninguna oportunidad había visto que se utilicen candelas.
En cierto momento se paró la música y se encendieron las luces. Acto seguido, Chabán tomó un micrófono y dijo: “no sean pelotudos, no tiren más bengalas”, porque la capacidad del salón está sobrepasada. “Esto tiene que ser una fiesta y se van a morir todos como en Paraguay”.
Luego Fontanet preguntó a los espectadores si se iban a portar bien y empezó el show. Aclaró que en otros locales había escuchado advertencias de “Pato” sobre el uso de fuegos artificiales.
Presintió que algo iba a suceder y tenía deseos de abandonar el lugar. Sabía que en Paraguay hubo muertos porque habían cerrado las puertas.
Observó el inicio del incendio y le dijo a su prima que había que abandonar el lugar. En la media-sombra se hizo un agujero gigante y empezó a caer una “lluvia de fuego”.
En ese momento se produjo una avalancha que la llevó para atrás y “quedó en el aire”. Recordó que todos los equipos de música se acoplaron y luego se cortó la luz.
Posteriormente perdió el equilibrio y terminó en el piso. La gente la pisaba y con mucho esfuerzo pudo reincorporarse y empezar a caminar.
En las puertas cine había una valla que dificultaba la salida y alguien la ayudó a pararse sobre ella.
Salvo la puerta que tenía la valla, las restantes aberturas estaban cerradas. Finalmente la empujaron para que se tire desde la valla y así consiguió acceder a la salida.
Al egresar del local visualizó que un patrullero se alejaba del lugar perseguido por varios chicos que le pegaban patadas al vehículo.
No se sentía bien y empezó a buscar a sus amigas. Todos los que salían estaban negros, llenos de hollín y despeinados.
En los alrededores del establecimiento vio a “Katy Alemann”, que tenía puesto un vestido amarillo con flores.
A raíz de lo vivido su padre la llevó al hospital “Zubizarreta”, donde la atendieron en un pasillo y compartió el tubo de oxigeno con otro paciente. Asimismo, agregó que el 15 de enero de 2005 sufrió una recaída y la internaron en el nosocomio mencionado.
Ulteriormente, recibió asistencia psicológica y psiquiátrica.
A preguntas de las partes, respondió que en el interior del local advirtió la presencia de personas con chalecos de la Cruz Roja.
Concurrió a declarar Facundo Fernando Tolosa, quien explicó que era seguidor del grupo “Callejeros”, al que había visto en presentaciones realizadas en “Cemento”, “Obras”, y en las provincias de Córdoba, Mendoza, La Rioja y Santa Fe. Sin embargo, con anterioridad al 30 de diciembre de 2004, no conocía al local “República Cromañón”.
Refirió que se enteró del recital a través de su amigo Ezequiel Romero, quien también le comentó que una semana antes, en un show de la banda “La 25”, se había prendido fuego el techo del local y lo apagaron con vasos de agua.
La noche del 30 de diciembre de 2004, concurrió al espectáculo junto a un grupo de 7 amigos, entre los que mencionó a Federico Romero, Emiliano y Nadia Sandoval. Se encontró con todos ellos en la Plaza Miserere a alrededor de las 20.00 horas.
Sostuvo que para ingresar debió realizar una fila ubicada en la vereda de enfrente del local, que si bien estaba conformada por bastante gente no llegaba hasta la esquina. En este último lugar vio a personal policial y durante el tiempo que estuvo afuera no advirtió que se utilizara pirotecnia en el exterior.
Parado en la calle había personal de control, que vestía remeras de color negras con la inscripción “seguridad” en blanco, que daban la indicación para que los concurrentes cruzaran hacia la puerta del lugar. De todas maneras, conforme a su recuerdo no circulaban vehículos por Bartolomé Mitre.
Ingresó por un corredor de color amarillo, en cuyo trayecto no observó carteles que indicaran la prohibición del uso de pirotecnia, y el personal de seguridad le hizo quitar las zapatillas y lo palpó.
Al llegar al hall se produjo un alboroto, por lo que se acercó hasta allí Omar Chabán -a quien conocía de vista-, tras lo cual se adentró en el salón ubicándose próximo a las vallas que separaban al público del sector del escenario.
Indicó que en ese momento se escuchaba música en el local, recordando puntualmente el tema “Jijiji” de la banda “Los Redondos”, y la gente utilizaba tres tiros y candelitas. En ese sentido, señaló que el primero de los materiales produce pequeñas explosiones hacia arriba, el segundo emite bolitas hacia el aire, y agregó que las bengalas generan humo de color.
Por ese motivo, Omar Chabán subió a la cabina de sonido, ubicada en el medio del salón, y advirtió que si utilizaban pirotecnia se podía producir una masacre como la del shopping de Paraguay, porque se iba a prender fuego el lugar y al haber 5.000 personas no se podría salir. En ese momento el público lo abucheó.
Luego de ello el cantante de la banda dijo que no se preocuparan pues sólo era una advertencia y comenzó el show de “Callejeros”. Al instante, escuchó a alguien decir que se estaba prendiendo fuego el lugar, por lo que se dio vuelta y siguió a esa persona en dirección a la puerta.
Explicó que al principio se trataba de una pequeña llama en el techo, en el sector cercano a la cabina de sonido, pero se fue agrandando hasta cubrirlo en su totalidad.
Cuando advirtió el fuego vio que los integrantes de la banda –el cantante y el baterista- saltaron las vallas hacia el lado del público.
Sostuvo que se cortó la luz del local y el humo le dificultaba la respiración, motivo por el cual se quitó la remera tapándose la boca con ella.
Previo a haber estado atrapado contra una columna llegó hasta las puertas vaivén, y a través de ellas accedió al hall del local, en donde había vallas tiradas con las que tropezó.
La puerta principal se hallaba abierta y por medio de aquella llegó a la calle, donde había presencia policial. Sobre ese aspecto recordó haber visto a dos patrulleros.
Por otra parte, señaló que había una puerta –marcó en la maqueta virtual aquella que posee persiana de color azul- que se hallaba cerrada y muchas personas trataban de abrirla.
Una vez que se encontró con sus amigos se retiró del lugar, previo a haber asistido a quienes salían en malas condiciones del interior del comercio.
A preguntas que se le realizaron con relación a la utilización de pirotecnia, respondió que era habitual que en los recitales de rock, no sólo del grupo “Callejeros”, encendieran bengalas, tres tiros y candelas, tanto en lugares abiertos como cerrados.
Asimismo, refirió que para asistir a las presentaciones que la banda llevó a cabo en Córdoba, La Rioja y Olavarria, tomó un micro que contrató a través de un conocido. En ese sentido, agregó que durante esos viajes no se usó pirotecnia en los transportes.
Además, aclaró que no visitaba páginas de internet relacionadas con el grupo de rock y que desconoce la forma en la que ingresaban la pirotecnia pues no la utilizaba.
Ante el interrogante de una de las partes, refirió saber de la existencia de dos grupos de seguidores de la banda, denominados “El fondo no fisura” y “La familia piojosa”, mas no conocer a sus integrantes ni la relación entre ellos.
Para finalizar, manifestó conocer el nombre de Carlos Díaz por los medios de comunicación, pero no así su calidad de funcionario ni su aspecto físico.
En oportunidad en que declaró, Lucila Torrente refirió ser seguidora de la banda “Callejeros”, habiendo concurrido a varios de los shows que realizaron en el local “Cemento” y en el “Club Excursionistas”. Asimismo, refirió ser amiga de Martín Rossi, quien es el cantante del grupo “Ojos Locos”.
Como la noche del 30 de diciembre de 2004 en el local denominado “República Cromañón”, al cual no había asistido con anterioridad, tocaban dos bandas que le agradaban, compró la entrada en “Locuras”.
Refirió que concurrió junto con Paula Antón, Agostina Antón y Darío Cornejo, con quienes se ubicaron en la fila; empero, personal de seguridad que vestía una remera de color negra que poseía la inscripción “Callejeros-Control” en amarillo le indicó que si tenía la entrada podía ingresar directamente. Indicó también que hombres y mujeres accedían por sectores separados, habiéndolo hecho Darío por el pasillo amarillo y ella junto a sus amigas por el sector de las boleterías, donde fue revisada por personal de control del lugar.
Una vez en el interior, se ubicó próxima al escenario, permaneciendo allí hasta que finalizó la presentación de la banda “Ojos Locos”, oportunidad en la que subió al baño para refrescarse. Hasta ese momento en este último sitio había agua.
Sostuvo que durante ese espectáculo se encendieron bengalas que generaron un humo que la asfixió.
Seguidamente, indicó que previo a que comenzara a tocar el grupo “Callejeros” se dirigió a la planta baja, ubicándose debajo de la escalera que conducía al sector VIP, debido a que deseaba estar cerca de la puerta porque corría un poco de aire.
Apareció una persona en el escenario, respecto de la que un conocido le comentó que era Omar Chabán, quien dijo que había mucha gente y pidió que no prendieran bengalas pues podía suceder lo mismo que en Paraguay. El público lo abucheó para que se bajara de ese lugar.
Tras ello salió Patricio Fontanet pidiéndole a la gente que se portara bien y comenzó el show.
Relató que a los breves instantes la banda dejó de tocar, pero no sabía lo que pasaba porque la escalera le tapaba la visión, hasta que advirtió una luz fuerte y un joven le dijo que debía irse porque había fuego. Salió rápidamente con Darío hasta la mitad del hall, cuando recordó que Paula y Agostina se hallaban arriba, por lo que su amigo regresó y ella llegó hasta las puertas de color violeta.
Luego de ello recordó que estaba en la esquina del local, mas no pudo explicar cómo llegó hasta ese sitio. Sin perjuicio de lo cual, sostuvo que se reencontró con Darío y subieron a Paula a una ambulancia que la llevó hacia el Hospital Argerich.
Asimismo, expuso que la gente formó un cordón para dejar libre la calle Bartolomé Mitre con el objeto de facilitar la evacuación del local y el acceso a las ambulancias.
Refirió que decidió dirigirse hasta el Hospital Argerich donde permaneció hasta las 6 de la mañana aproximadamente, ocasión en la que supo que su amiga Paula había fallecido ya que una de las hermanas la identificó.
Durante su relato rememoró que mientras estaba en la calle advirtió que había un portón de un garage, al lado del hotel, que se abrió y por el cual salían personas.
También sostuvo que en el exterior vio a varios integrantes de “Callejeros” y se cruzó con “Lulu”, el baterista de “Ojos Locos”, quienes estaban buscando a sus familiares.
Explicó que inmediatamente al salir vio a personal policial y con posterioridad llegaron los bomberos y las ambulancias. Agregó que previo al ingreso al local advirtió que cerca de la puerta había algunos policías, pero no pudo dar más precisiones sobre la ubicación.
A preguntas que le formularon las partes con relación al uso de pirotecnia, refirió que era habitual que en todos los recitales encendieran bengalas, dependiendo la cantidad de la trascendencia de la banda. Aunque aclaró que los tres tiros, como necesitan espacio, en general, los usaban en lugares abiertos.
Más allá de esa referencia, sostuvo que no sabía la forma en que ingresaban la pirotecnia y agregó que siempre que concurrió a recitales fue revisada.
Por otra parte, al ser interrogada por una parte, respondió que no ingresó a foro alguno de la banda, ni viajó en micro a los recitales.
Señaló que era la primera vez que “Ojos Locos” tocaba como banda soporte de “Callejeros” y que durante esa presentación no se hicieron advertencias sobre el uso de pirotecnia.
Por último, refirió que Martín Rossi le comentó que tras desatarse el incendio bajó del sector VIP hacia un portón que estaba cerrado donde permaneció respirando por un agujero hasta que se desmayó y lo sacaron del local.
En la ocasión en la que brindó su testimonio, Daniel Viggiano refirió que el día 30 del mes de diciembre del año 2004 arribó al local llamado “República Cromañón” a las 21.30 horas aproximadamente, junto con su hija Agustina y una amiga de ella de nombre Nadia Martínez, no recordando si había circulación de vehículos por la calle.
Explicó que accedió al local por un pasillo de color amarillo, que a través de un tabique separaba a los hombres de las mujeres, en donde no advirtió cartel alguno que indicara la prohibición del uso de pirotecnia. Al finalizar el corredor, personal de seguridad le revisó la riñonera que llevaba consigo y le hizo quitarse las zapatillas para verificarlas.
A la altura de las puertas vaivén se reunió con su hija y la amiga, traspasando aquélla que se ubica en el costado derecho visto desde el exterior del local, para ingresar finalmente al salón.
Se ubicó en la planta superior, del lado del sector de los sanitarios, puesto que le pareció que desde ese sitio se veía mejor el escenario. Recorrió el entrepiso, observando que sobre las barandas colgaban distintas banderas; empero, como no había espacio para quedarse allí se ubicó finalmente al pie de la escalera, en donde además había ventilación.
Comenzó el recital de la banda “Ojos Locos” y al terminar el espectáculo desde la parte superior, cerca de la barra, lanzaron una candela y un tres tiros que cruzaron el recinto.
A los pocos minutos, desde el escenario, una persona advirtió que tuvieran cuidado con la pirotecnia, específicamente refirió “tengan cuidado con los proyectiles porque se puede incendiar el local”. Frente a ese llamado de atención trató de resguardar a su hija y a la amiga.
Tras ello, apareció Patricio Fontanet, quien pidió al público que se portara bien, a lo que le respondieron de manera afirmativa.
El grupo “Callejeros” empezó a tocar y en ese momento le llamó la atención que se encendieron tantas bengalas que parecía de día en el interior del local. Luego, observó que delante de una columna ubicada a la derecha del escenario se encendió una llama en el techo y explotó una bomba de estruendo.
Frente a ese panorama, pese a que la banda aún tocaba, decidió retroceder hacia el fondo del local y avanzar en dirección hacia la cabina de sonido hasta llegar al sector de las puertas vaivén, sitio en donde no pudo salir hacia el exterior. A esa altura se separó de una de las niñas y después de unos instantes pudo llegar hasta el hall, saliendo por allí hacia la calle Bartolomé Mitre, por donde caminó en busca de la amiga de su hija hasta que la halló.
En ese contexto observó que el hall del local estaba lleno de agua y en la puerta había estacionado un autobomba.
Refirió que dejó a las niñas en la terminal de la línea de colectivo nro. 68, con el objeto de colaborar con las tareas de rescate.
Transcurridos alrededor de 15 minutos se encontró con su pareja y se retiró de la zona del siniestro hacia su hogar. Hasta ese momento no distinguió que se hubiera organizado algún operativo para controlar la situación.
A preguntas formuladas por la partes, respondió que mientras esperaba para ingresar advirtió la presencia de un carro de policía en la esquina de Bartolomé Mitre y Ecuador de esta ciudad, en donde se encuentra ubicada la terminal de la línea de colectivo nro. 68.
Por otra parte, frente a las preguntas que se le realizaron recordó que el personal que lo revisó estaba identificado con la inscripción “seguridad” en la vestimenta.
En el interior del lugar observó que el escenario estaba separado del público por un vallado, pero no pudo precisar la longitud de aquél. Asimismo, vio un cartel iluminado con luz de color verde en el sector de las puertas vaivén que indicaba la salida.
A instancias de las partes se hizo lectura de un extracto de la declaración obrante a fs. 654 vta., con relación a la advertencia que escuchó esa noche. Al respecto refirió que Chabán hizo referencia a que podían morir y a la capacidad del lugar, mas no pudo recordar los términos precisos que utilizó.
Por su parte, Alejandro Martín Villa relató que solía concurrir a los recitales del grupo “Callejeros” y de esa manera supo de la realización de los shows de los días 28, 29 y 30 del mes de diciembre del año 2004, habiendo asistido al primero y al último de los mencionados.
Asimismo, fue a ver los espectáculos que la banda llevó a cabo en lugares como “Cemento”, “Obras”, “Excursionistas” y “El Hangar”.
La noche del 28 de diciembre llegó sólo a “República Cromañón”, a las 20.30 horas aproximadamente, aunque una vez en el interior del local se encontró con amigos.
Refirió que había adquirido las entradas para ambos shows en al comercio denominado “Locuras”, sito en el barrio de Once.
Ahora bien, expuso que en el recital del 30 de diciembre accedió por el pasillo de color amarillo hasta el salón, trayecto en el que personal de seguridad le revisó la remera y las zapatillas. Si bien no pudo recordar si tal grupo de personas estaba identificado de alguna manera, sostuvo que a todos los asistentes los controlaban e incluso observó que se habían incautado bengalas.
Una vez adentro decidió subir a la planta superior, ubicándose del lado contrario al sector VIP, que tenía acceso restringido sólo para invitados.
Desde ese sitio vio tocar a la banda “Ojos Locos” y advirtió que durante esa presentación se encendieron bengalas en la parte delantera cercana al escenario.
Tras ello hubo un intervalo en el que pasaron música y Chabán se dirigió al público diciéndole que no utilizara pirotecnia pues podía suceder lo mismo que en Paraguay. En alguna otra oportunidad en “Cemento” el nombrado había realizado advertencias de esas características.
Esa noche Patricio Fontanet también pidió que no prendieran bengalas y, a diferencia de Chabán a quien silbaron, la gente lo escuchó y dijo que le haría caso.
Cuando comenzó el primer tema se encendieron bengalas en distintos sectores del local y una candela prendió fuego la media-sombra que colgaba del techo, en el sector de la derecha de la cabina de sonido, por lo que la banda dejó de tocar.
Al ver esa situación se dirigió hacia el pie de la escalera, para luego traspasar la puerta vaivén ubicada en el costado derecho y recorrer el hall hasta la calle. Durante el recorrido mencionado hubo luz dentro del salón.
Refirió que el personal de seguridad del local pedía a quienes lograban llegar a la puerta que despejaran la zona para que el resto de la gente pudiera evacuar el sitio.
A preguntas que se le formularon con relación a quienes llevaron a cabo el control, respondió que en todos los recitales revisaban a los asistentes y estaban vestidos con ropa de color negra. Agregó no recordar si detrás del vallado que separaba al público del escenario había gente de seguridad, aunque agregó que a veces había visto que eso sucediera en “Cemento”.
Por otro lado, a instancias de las partes, relató que en el mes de febrero del año 2004 concurrió al recital que el grupo “Callejeros” llevó a cabo en “Hangar”, ocasión en la que integrantes de los grupos identificados como “El fondo no fisura” y “La familia piojosa” se pelearon afuera del lugar.
Respecto de la pirotecnia sostuvo que su uso era habitual en los recitales de rock y que se accionaban candelas en lugares cerrados, mencionando como ejemplo shows de las bandas “La Renga”, “Divididos” y “Guasones”. Además, agregó que es probable que en el recital que “Callejeros” realizó en el estadio “Obras” haya visto ese tipo de pirotecnia, recordando que en esa oportunidad el cantante pidió que no la utilizaran para no ser multados.
Sostuvo que el grupo posee un presentador conocido por el apodo “Lombriz”, no obstante, no pudo recordar si estuvo presente en los recitales de los días 28 y 30 de diciembre de 2004.
En oportunidad de ser oído Mauro Veloso refirió que conocía el local denominado “República Cromañón” con anterioridad a la noche del 30 de diciembre de 2004, puesto que había concurrido a recitales de las bandas “Callejeros” y “Los Gardelitos”.
En razón de ese conocimiento estuvo en condiciones de afirmar que no advirtió que el lugar haya sufrido modificaciones en la estructura.
Asimismo, indicó haber participado de varios de los recitales llevados a cabo por los integrantes del grupo “Callejeros”, entre los que mencionó aquellos realizados en el “Club Excursionistas” y en el local “Cemento”.
Refirió que la noche del 30 de diciembre de 2004 arribó a “República Cromañón” a las 22.00 horas aproximadamente, en compañía de un grupo de amigos, oportunidad en la que observó que en la puerta había mucha cantidad de personas que pretendían ingresar sin contar con la correspondiente entrada.
Así, pues, señaló que traspasó un pasillo de color amarillo, que desembocaba en una puerta vaivén. En ese último lugar personal que vestía unas remeras de color negras con inscripciones en amarillo le revisó los bolsillos y le hizo quitar las zapatillas.
Cuando accedió al local había música de fondo y le llamó la atención la cantidad de concurrentes, por lo que se dirigió a la parte superior, más precisamente al sector de la barra, donde tomó una cerveza.
A los breves instantes, calculó que alrededor de 5 minutos, comenzó el show de la banda. Previo a ello no escuchó que realizaran advertencias sobre el uso de pirotecnia.
Mientras miraba el escenario escuchó gritos y observó que en el techo había fuego que se expandía. En ese momento la gente corría desesperada hacia abajo y la luz se cortó, por lo que decidió aguardar para descender.
Logró llegar a la altura de la cabina de sonido, sin embargo, en ese lugar cayó al suelo y varias personas quedaron encima suyo. Estuvo en esas condiciones hasta que algunos bomberos, con ayuda de otros concurrentes, lo llevaron hacia el exterior.
Refirió que durante el trayecto que realizó para llegar a la salida sufrió una quemadura en uno de sus brazos, puesto que del techo caía una sustancia similar a plástico quemado.
Con relación al foco ígneo, sostuvo que estaba ubicado delante de la cabina de sonido y sintió que lo había provocado el accionamiento de una candela. En esa ocasión vio tanto bengalas, como tres tiros y candelas.
A preguntas formuladas por las partes respecto del local “Cemento”, respondió que en ese lugar el sistema de ingreso era diferente porque no revisaban a los asistentes; no obstante, había personal de seguridad de similares característica y en ambos locales estaba presente Villarreal. Sobre este último, señaló que la noche del 30 de diciembre de 2004 vestía de negro y se hallaba en la puerta dándole órdenes a quienes ejercían el control, circunstancia que presenció mientras hacía la fila para ingresar.
Durante el tiempo que estuvo aguardando afuera sólo vio pasar un patrullero por la puerta de local, sin embargo, no pudo recordar si había tránsito vehicular por la calle Bartolomé Mitre de esta ciudad.
Ante un interrogante el testigo refirió que en el recital que el grupo “Los Gardelitos” llevó a cabo en el local “República Cromañón” no lo revisaron al ingresar al salón, y que en esa oportunidad también se utilizó pirotecnia durante el show.
Tras la lectura de la parte pertinente de la declaración que había brindado durante la instrucción, obrante a fs. 14.458, recordó que el personal de seguridad vestía remeras de color negras que decían “Callejeros” o “Callejeros-Control”, mientras que Villarreal tenía puesta una remera negra que decía “Seguridad”.
Por último, ratificó que el nombre de Villarreal lo conoció a través de la televysión.
Fue convocada a prestar declaración Stella Maris Visconti, asistente al recital de “Callejeros” el día 30 de diciembre de 2004.
Expresó que era seguidora de esa banda musical y que había concurrido a los conciertos de los estadios “Obras” y “Excursionistas”.
Manifestó que no conocía el local “República Cromañón” con anterioridad al siniestro.
Relató que fue aquella noche acompañada por su novio y por un grupo de 8 ó 9 amigos. Agregó que en la vereda del local y en la calle Bartolomé Mitre había muchas personas y no advirtió tránsito vehicular ni presencia policial.
Dijo que las mujeres y los hombres entraban juntos y que luego eran separados a fin de ser revisados por el personal de seguridad, no recordando si tenían alguna identificación o vestimenta especial.
Expuso que le inspeccionaron su bolso, la palparon y le impartieron la orden de quitarse las zapatillas.
Puso de relieve que luego los individuos de seguridad le cortaron su entrada e ingresó al salón en el momento que se encontraba tocando el grupo soporte “Ojos Locos”.
Seguidamente se ubicó en la parte trasera cerca de un kiosco a fin de esperar a sus amigos y desde allí escuchó a Omar Chabán. Este les dijo que “no sean tontos, que no tiren bengalas porque si se incendia, se van a quemar como en el shopping de Paraguay”. Agregó que Chabán habló desde un lugar muy cercano a la cabina de sonido y que estaba parado sobre un parlante.
Posteriormente se dirigió al público Patricio Santos Fontanet quien les dijo que “le hicieran caso a Chabán, así todos la pasaban bien”.
Narró que en forma inmediata comenzó a tocar el grupo “Callejeros” y que durante el primer tema observó un resplandor. Precisó que miró hacia arriba y que advirtió que se había prendido fuego el techo y que el foco ígneo crecía rápidamente.
En consecuencia, decidió encaminarse hacia la salida junto con su novio y en el recorrido hacia las puertas quedó detenida delante de una columna. Luego de un rato la gente la fue arrastrando, hasta que quedó nuevamente trabada contra una valla que estaba colocada en el hall a continuación de una columna, y cayó al piso.
Dijo que sobre su cuerpo cayeron muchísimas personas y no pudo moverse más. Por ese motivo debió esperar aproximadamente 15 minutos hasta que un joven comenzó a rescatar a quienes se encontraban encima de ella y finalmente la ayudó a alcanzar las puertas de salida.
Una vez fuera del local permaneció un rato en la vereda y luego los bomberos le pidieron que se desplazara hacia otro lugar. Agrego que se encontraba en estado de “shock” y que se dirigió hasta la esquina donde se encontró con sus amigos.
En la audiencia de debate Luis Antonio Visconti expresó que en un momento necesitó conseguir un empleo y por intermedio de su amigo Raúl Llos se contactó con Sergio para cumplir tareas como personal de seguridad.
Fue así que desempeñó dicha actividad en los recitales de “Quilmes” y de “La Renga” y también en “Cromañón”, el 25 de diciembre de 2004, en la presentación de “La 25”.
Afirmó que a “Cromañón” lo llevó la banda de rock mencionada para desarrollar tareas de seguridad detrás del vallado que separa el escenario del público.
Especificó que para el caso de que un concurrente se descompusiera debía retirarlo del lugar por la puerta que conduce a los camarines para que reciba asistencia. Asimismo, para el caso de que un concurrente encendiera pirotecnia debía quitársela.
Relató que usaba una pechera que en su frente lucía la leyenda “Control” y que en los recitales y en los festivales grandes siempre trabajaba en seguridad la misma gente.
En todos los casos se contactó con Sergio, quien luego le pagaba por sus servicios.
Respecto al recital de “La 25”, señaló que cerca de la escalera que da al baño, una bengala o una candela provocó que el techo se prenda fuego.
Los músicos bajaron del escenario y el show se suspendió. Finalmente, el incendió fue sofocado con la utilización de una manguera.
La gente salió del recinto y luego ingresó nuevamente, sin que intervinieran policías y bomberos.
Expuso que durante el siniestro se quedó en el vallado y que en ningún momento le dieron instrucciones respecto a que medidas debía tomar ante una situación de emergencia. Asimismo, agregó que no le explicaron dónde estaban las puertas de emergencia ni le enseñaron la salida por la puerta que conduce a los camarines.
Para el recital de “La 25”, la banda lo contrató a través de Sergio, quien le pagó cincuenta pesos. Precisó que dicho día el local había contratado personal de seguridad y que los músicos no le pagaron ni le indicaron qué hacer.
El 30 de diciembre de 2004 concurrió junto a Raúl Llos y sus respectivas hijas a “República Cromañón” para ver el recital de “Callejeros”.
Llegaron a las 20:00 horas y en la puerta del local se encontraba un amigo cumpliendo funciones de control. Esta persona llevaba una pechera con la leyenda “Control” y luego de consultarlo, los dejó ingresar sin entradas.
Explicó que dicha conducta es común y resulta un acto de cortesía. Aclaró que no observó que lo consultaran a Bussi, quien estaba sentado en una banqueta junto a otras personas que se hallaban cortando tickets.
Precisó que Bussi trabaja con las bandas “en seguridad de recitales y festivales” y que dicha actividad la ejerció con “La 25” y también en otros shows.
Volviendo a lo ocurrido el día del hecho, dijo que en la puerta de ingreso el personal de seguridad cacheaba y revisaba los bolsos de los concurrentes.
Luego de conversar con la “gente de seguridad” entró por el hall de las boleterías.
En el salón estaba tocando “Ojos Locos” y algunos concurrentes usaban bengalas.
Por un rato permanecieron cerca del escenario y posteriormente se fueron al primer piso. Luego, como hacía mucho calor, decidieron volver a la planta principal.
Finalmente, para ver el recital de “Callejeros” se ubicaron en la parte de atrás del salón, entre la barra y el kiosco. Luego, cuando estaba por comenzar el espectáculo musical, su hija se fue para la parte de adelante del salón.
Antes de que se inicie el show de “Callejeros” el público uso mucha pirotecnia. Chabán advirtió a los concurrentes sobre lo peligroso que resultaba dicha conducta y se refirió a la tragedia de “Paraguay”.
Sostuvo que en todos los recitales se usaba pirotecnia, ya sea en lugares cerrados o abiertos.
Era común el uso de bengalas y, en menor medida, de “tres tiros”. Por el contrario, no había visto que se utilicen candelas en los conciertos de rock.
Al iniciarse el show se encendieron bengalas, tres tiros y candelas. Por las puertas cine ingresó un chico arriba de otro con una candela y se dirigieron al salón.
Cerca de la escalera que conduce al sector VIP, las bolas de fuego que lanzaba dicha candela impactaron en un mismo lugar y empezó a prenderse fuego uno de los “trapos” que colgaban desde las barandas.
Se originó un fuego pequeño y la bandera se incendió en segundos. Al rato se cortó la luz y sintió como una explosión, que no era de pirotecnia.
La gente empezó a correr hacia la salida y quedó trabado en las puertas cine de la izquierda, vistas desde el interior.
El personal de seguridad no dejaba pasar a los concurrentes por el pasillo que conduce a la puerta de la derecha (vista desde el exterior) porque por allí no se podía acceder a la calle. Sin embargo, precisó que no alcanzó a ver si dicha puerta estaba cerrada.
Finalmente, pudo pasar al hall y acceder a la calle por las puertas principales que estaban abiertas.
Cruzó a la vereda de enfrente y posteriormente regresó al local para colaborar con las tareas de rescate y buscar a su hija.
Luego de sacar a una chica vio que su hija estaba en la vereda. Reingresó en cuatro o cinco ocasiones y luego ya no pudo continuar porque “no le daban más los pulmones”.
Afuera hicieron un cordón para trasladar a los asistentes hasta las ambulancias.
Toda la actividad descripta duró aproximadamente cincuenta minutos o una hora.
Manifestó que no observó que se haya implementado un operativo de rescate dirigido por un funcionario de seguridad ni un trabajo coordinado. A su entender no tenían idea de cómo actuar ante la tragedia.
Al día siguiente se contactó con la oficina de asistencia a la víctima y ulteriormente le sacaron unas radiografías y se sometió a un tratamiento psicológico.
A preguntas de las partes, respondió que es común utilizar vallas para el ingreso de la gente y que no recuerda haber visto carteles de prohibición de uso de pirotecnia en “Cromañón”.
Por otra parte, refirió que el día del hecho había gente de seguridad atrás del vallado que separa a los concurrentes del escenario.
Por último, indicó que podría aportar el teléfono de Raúl Llos.
Fue convocado a prestar declaración testimonial José Daniel Zamudio, asistente al recital el día 30 de diciembre de 2004.
Aclaró que había conocido a Patricio Santos Fontanet en un festival a beneficio realizado en un club de Mataderos, en el que estaba entregando volantes para otro show que se realizaría en La Plata.
Expresó que había asistido a recitales en el estadio “Obras” de los grupos “Callejeros” y “Los Piojos”.
Se refirió a continuación a lo sucedido el día 30 de diciembre de 2004, cuando asistió por primera vez a “República Cromañón”.
En tal sentido, relató que se reunió con un grupo de amigos en su casa, entre ellos sus dos hermanos Raúl y Hugo, y su mujer María Eugenia. Dijo que fueron juntos hacia Plaza Once y allí se encontró con dos amigos más.
Expuso que con algunas de esas personas, permaneció en ese sitio hasta las 22:30 hs. momento en el cual se dirigieron hacia el local. Agregó que durante el acceso había mucha gente.
Narró que ingresó en forma separada de su mujer y que fueron “cacheados” por el personal de seguridad del lugar. Se trataba de un grupo de 6 o 7 personas quienes vestían remeras negras que llevaban impresa la leyenda “Control Callejeros” o “Seguridad Callejeros”-no pudo precisarlo- en letras amarillas.
Puso de relieve que a él lo revisaron muy poco, a diferencia de lo que observó en otras personas a quienes las inspeccionaban más exhaustivamente y les impartían la orden de quitarse las zapatillas.
Sostuvo que como el recital de “Callejeros” ya estaba por comenzar y aún había mucha gente esperando, lo hicieron pasar rápidamente.
Dijo que luego entró al salón y que se encontró con su mujer; en ese momento estaban reproduciendo el tema “JiJiJi” de “Los Redondos”.
Resaltó que se ubicó sobre el costado izquierdo de la cabina de sonido en la cual había dos personas.
Destacó que una persona se dirigió al público y les dijo “que se portaran bien, porque si el lugar se prendía fuego iba a pasar lo mismo que en Paraguay”. Seguidamente Patricio Santos Fontanet les indicó a los asistentes “lo que está diciendo es que se porten bien”.
Narró que inmediatamente comenzó el show, y que su mujer al poco tiempo le solicitó que mirara hacia arriba. Así advirtió que algo había impactado contra el techo y que se estaba incendiando.
Expresó que tomó de las manos a su mujer y que una avalancha de personas los empujó hasta las puertas “cine” donde quedaron detenidos. Decidió dirigirse hacia el lado derecho y finalmente logró acceder a la vía pública. Aclaró que aún no se había cortado la luz.
Agregó que fueron de las primeras personas en salir y que en ese instante todos lo hacían por sus propios medios. Esta circunstancia cambió con el correr del tiempo, ya que los jóvenes debían ser ayudados y/o acarreados por otros concurrentes que no podían mantenerse en pie y que tenían su rostro cubierto de hollín.
Contó que trató de tranquilizar a su mujer y que luego comenzó a buscar a sus amigos y hermanos.
Precisó que el primer camión de bomberos arribó aproximadamente a los 15 minutos. Aclaró que cuando llegó la segunda autobomba un efectivo procedió a la rotura de los vidrios que estaban ubicados en el frente del local, y que de allí salió gran cantidad de humo.
Puntualizó que permaneció en las inmediaciones del local y que ingresó varias veces al interior de éste mientras procuraba encontrar a sus familiares y amigos.
Finalmente manifestó que como consecuencia del hecho falleció su hermano Hugo y varios de sus amigos.
También compareció ante estos estrados Carolina Soledad Moreira, quien asistió al recital de “Callejeros” el día 30 de diciembre de 2004.
Manifestó que era seguidora de ese grupo musical y que había concurrido a los conciertos realizados por la banda en “El Hangar”, “Cemento”, “La vieja usina”; “Cromañón” y “El Colonial de Avellaneda”, entre otros.
Expuso también que conocía con anterioridad el local “República Cromañón” pues había presenciado allí a los grupos “La Covacha” y “Los Gardelitos”.
Sostuvo que el uso de pirotecnia era habitual en todos los lugares en los que se realizan recitales tanto abiertos como cerrados. Agregó que se detonaban bengalas y nunca presenció ningún incidente.
Indicó que el día 30 de diciembre de 2004 arribó a la puerta del local aproximadamente a las 19.00 ó 20.00 hs. junto con su novio y un amigo.
Relató que permaneció en la vereda hasta las 21.00 hs. y que sobre la acera había una fila ordenada, formada por quienes deseaban ingresar al salón. Precisó que en el hall había personal de seguridad y que fue separada de su novio a fin de efectuarle el “cacheo”. Este fue similar al de otros recitales y también incluyó la orden de quitarse las zapatillas.
Accedió al recinto a través de las puertas “vaivén” y se ubicó al costado de la escalera del lado izquierdo mientras esperaba a su novio.
Expresó que en ese momento estaba tocando la banda soporte, caminó un rato por la parte trasera del salón y luego subió al baño del primer piso.
Cuando salió del tocador estaba dirigiéndose al público Chabán y sus amigos le manifestaron que estaba pidiendo que “no hagan quilombo porque iba a pasar lo de Paraguay”.
Posteriormente descendió a la planta baja por la escalera, la que se encontraba colmada de personas y en seguida comenzó a tocar “Callejeros”. Durante el transcurso del primer tema se cortó la luz y todos comenzaron a gritar.
Puso de relieve que al principio no advirtió lo que estaba sucediendo y que vio a un joven que tenía una bengala en su mano que disparaba “bolitas” de fuego. Aclaró que el fuego se inició en el sector medio del techo del local y que se fue agrandando y generando unas gotas “como lava”.
Destacó que el público comenzó a abrirse y su novio trataba de tranquilizarla. Aquel le comentó que ya había ocurrido un incendio anterior y lo habían controlado fácilmente con agua. Resaltó que ella también tenía conocimiento de un principio de incendio acontecido durante un concierto de “Jóvenes Pordioseros”.
Indicó que quedó comprimida contra la pared del lado izquierdo del salón. En ese momento se cortó la luz y perdió a su novio. Agregó que no se podía respirar debido al humo negro que había en el lugar, el que producía dolor de cabeza y garganta.
Continuó caminando a lo largo de la barra situada en la parte trasera del recinto hasta que se chocó con un objeto que no pudo precisar, cayó al piso y se desmayó.
Finalmente contó que se despertó en el “Hospital Ramos Mejía”.
Por su parte, Pablo Ariel Peluffo refirió que concurrió a varios de los recitales que organizó el grupo “Callejeros”, mencionando como ejemplo aquellos realizados en el estadio “Obras”.
Asimismo, señaló que sigue a la banda desde el año 1999, por lo que conoce a Diego Argañaraz y asistió en calidad de invitado a muchas presentaciones que llevaron a cabo en sitios pequeños. En ese sentido, explicó que se acercaba a la puerta del lugar y hablaba con alguno de los integrantes de la banda para poder acceder al show.
Concurrió a los recitales de los días 28, 29 y 30 del mes de diciembre del año 2004, habiendo ingresado en las dos primeras fechas como invitado, mientras que para el último de los espectáculos compró la entrada.
Refirió que los días 28 y 29 de diciembre habló con “Lolo”, quien ayudaba a la banda cumpliendo tareas de seguridad pero que no lo vio en el lugar el día 30.
Indicó conocer a “República Cromañón” puesto que con anterioridad había asistido a otra presentación que la banda llevó a cabo en ese local.
Sostuvo que en los dos primeros shows el público utilizó bengalas que generaron humo, por lo que los integrantes del grupo pidieron que no encendieran más elementos de esas características. Además, Omar Chabán también hizo una advertencia porque no se podía ver, pero la gente reaccionó silbándolo.
Refirió que la noche del 30 de diciembre arribó al local antes de que comenzara a tocar la banda soporte, habiendo sido palpado por personal de seguridad –le hicieron quitar las zapatillas-. Sobre ese punto, refirió no recordar si quien lo revisó estaba identificado con alguna vestimenta en particular.
Con respecto al control en el ingreso, refirió que la noche del 28 de diciembre fue menos exhaustivo que en oportunidad en que se realizaron las otras dos presentaciones.
Una vez en el interior del salón se ubicó delante de la cabina de sonido, sitio en donde permaneció mientras se desarrolló el show de la banda soporte. Durante ese período se encendieron bengalas, recordando en particular que desde la planta superior alguien arrojó una hacia abajo.
Con motivo de ello, Omar Chabán se dirigió al público diciendo “no sean boludos, porque va a pasar lo mismo que en Paraguay”, pero nadie modificó la actitud.
Seguidamente, Patricio Fontanet preguntó a los asistentes si se iban a portar bien y la banda comenzó a tocar.
Al tiempo advirtió que se encendió una candela que, luego de emitir una o dos luces, se enganchó en la media sombra que colgaba del techo, provocando un agujero. Tras ello, se cortó la luz y la gente empezó a gritar.
Frente a esa situación se dirigió hacia la parte trasera del local, junto con su novia, mientras utilizaba la remera para taparse la boca. A determinada altura quedó atrapado; sin embargo, vio el resplandor de una luz y corrió hacia ella, pasando por una de las puertas vaivén –no pudo precisar cuál-, hasta que logró alcanzar la calle.
Explicó que las puertas vaivén en un principio se hallaban cerradas, mas luego la gente logró abrirlas y sólo por allí vio evacuar el lugar.
Luego de acceder al exterior acompañó a su novia a la casa y regresó al local, advirtiendo que para ese entonces había ambulancias y gente corriendo por la zona.
A preguntas que le formularon las partes, respondió que no presenció incidentes con pirotecnia en otras presentaciones en el local.
Asimismo, señaló que en todos los recitales, tanto del grupo “Callejeros” como de otras bandas, el público utilizaba pirotecnia.
Refirió que fue a la presentación que “Callejeros” llevó a cabo en “Showcenter”, no obstante, no recordó que se hubiera suscitado algún incidente.
También indicó que concurrió a los dos recitales llevados a cabo en “Obras”; empero, no pudo afirmar si en ellos se accionaron candelas.
Señaló que viajó en micro a un recital en la provincia de Córdoba, contactándose con los que organizaban tales salidas a través de los números telefónicos que surgían de los volantes que se entregaban en los shows. En dichos transportes se llevaban banderas, mas no vio que hubiera pirotecnia.
Refirió que ingresó al sitio oficial de “Callejeros”, en el que no se hacía alusión al uso de pirotecnia, pero no era usual que frecuentara foros al respecto.
Con relación al inicio del fuego sólo pudo señalar que lo advirtió a unos 2 metros del lugar en donde se hallaba ubicado recordando que quien accionó la candela era un joven, ubicado a unos 3 metros de distancia, aunque no lo podría reconocer.
Por último, en respuesta a una pregunta, manifestó que en otras presentaciones también ingresó hablando con “Lolo”, quien siempre se hallaba en el hall, y que no conoce a los familiares de los integrantes de la banda.
En oportunidad de ser oída, María Lucía Roncero señaló que concurrió por primera vez a “República Cromañón” el día 28 de diciembre de 2004, debido a que su novio, Pedro Iglesias, era seguidor de la banda “Callejeros”.
En esa ocasión, se encontró con una amiga y juntas concurrieron al local de marras, pudiendo observar gran cantidad de gente en el lugar. Manifestó que al momento de ingresar fue revisada, no pudiendo individualizar a las personas que llevaban a cabo esa tarea.
Refirió que dentro del local había mucho humo y hacía mucho calor.
Por comentarios de Pedro Lagues, tomó conocimiento de que el día que tocó la banda “La 25” se produjo un incendio en “República Cromañón”.
Recordó que Chabán -con relación al uso de pirotecnia-, se dirigió al público, aunque no pudo precisar desde donde lo hizo, manifestándoles que no sean “boludos”, que concurrían a un recital para disfrutar.
Calificó al lugar como un “descontrol” y manifestó que durante el recital escuchó la detonación de bombas de estruendo. A pesar de ello, el evento no fue suspendido.
A preguntas de las partes, hizo saber que las puertas se encontraban cerradas y que por ello el humo de los fuegos artificiales se concentraba dentro del local.
Finalmente, puso en conocimiento de las partes que tiene grabado en un CD el recital que se llevó a cabo el día 28 de diciembre de 2004 y que desconoce quienes eran las personas que ingresaban pirotecnia en los recitales debido a que no las utilizaba.
En oportunidad de ser oída, Carla Galeano señaló que el día 30 de diciembre de 2004 concurrió al local “República Cromaron” entre las 21.30 y las 22.00 horas, para ver a “Callejeros”, encontrándose posteriormente con su ex novio y unos amigos.
Ingresó por el hall en donde se encuentran las boleterías y presenció el recital que brindó la banda “Ojos locos”, desde al lado de la barra ubicada en la planta baja del local.
A minutos de iniciado el show que brindara “Callejeros”, pudo advertir que la gente comenzaba a empujar, por lo que quedó situada contra la valla que separaba al público del escenario.
En ese momento, le hizo saber a su ex novio Lucas y a su hermano Matías que comenzaran a dirigirse hacia el exterior del local.
Recordó que el público comenzó a agarrarlos y a pisarlos y que esa misma gente era quien empujaba hacia las puertas de salida. En ese momento se cortó la luz y debido al humo intenso que reinaba en el lugar su visibilidad era casi nula. Por ello, se tapó la cara con una remera para poder respirar.
Luego de un rato, quedó ubicada contra dos paredes y finalmente se desmayó. Manifestó que fue sacada del lugar por su ex novio, recobrando el conocimiento cuando se hallaba tendida sobre la vereda de la mano de enfrente a “Cromañón”.
No pudo observar el inicio del foco ígneo debido a que se encontraba cerca del vallado del escenario observando el show.
A preguntas de las partes, respondió que era seguidora de la banda “Callejeros” y que la primera vez que concurrió a verlos fue en “Excursionistas”, oportunidad en la que tomó conocimiento de que los días 28 y 30 diciembre llevarían a cabo recitales en el local mencionado anteriormente.
Asimismo, afirmó que con anterioridad al día del suceso nunca había concurrido a “República Cromañón” y que el día 30 de diciembre las personas que se encargaban de realizar el control al ingreso del local eran mujeres, las cuales sólo le revisaron la riñonera que llevaba consigo.
Al ingresar al lugar, pudo observar que a dos chicas que se encontraban delante de ella la gente de control les hizo sacar las zapatillas.
Manifestó que las entradas para los días 28 y 30 de diciembre las adquirió en “Locuras” y que durante el recital que se llevó a cabo en la última de las fechas indicadas, escucho la explosión de un petardo, no pudiendo recordar la utilización de otra clase de pirotecnia.
Durante el intervalo que se produjo entre la finalización del show de la banda “Ojos locos” y el inicio de “Callejeros”, en el local se escuchaba música de fondo, indicando que sonó el tema “tranquilo”.
Después, escuchó a Chabán hacer alusiones con respecto al uso de pirotecnia, manifestando que se dejaran de “romper las pelotas”, porque se iban a morir todos y que iba a ser más grave que la masacre de “Paraguay”. Acto seguido, salió “Pato” Fontanet y le dijo a los asistentes que dejen de prender bengalas porque no se podía ver nada.
No pudo advertir ninguna clase de señalización dentro del local que le indicara los medios de egreso.
Con relación al recital del 28 de diciembre de 2004 y a preguntas de las partes, hizo saber que llegó al lugar alrededor de las 21.30 horas y que el ingreso fue tranquilo debido a que no existió fila.
En esa oportunidad pudo observar que el público utilizó bengalas, no pudiendo dar mayores precisiones.
Finalmente, señaló que la utilización de pirotecnia era muy común en esta clase de recitales y que el día 30 de diciembre los amigos de su novio llevaban consigo un paraguas de color blanco.
En oportunidad de ser oído Andrés Alvar Chabán, señaló que es hijo de Yamil y sobrino de Omar Emir Chabán.
Asimismo, indicó que conoce a Raúl Villarreal pero no tiene una relación de “amistad íntima” con el nombrado. Agregó que siempre lo vio en “Cemento”, donde vendió entradas durante veinte años.
Dijo desconocer si tenía otra actividad y que nunca prestó servicios de seguridad ni se encargó de dar instrucciones al personal.
Sostuvo que recibía un sueldo de parte de su tío y que participaba de un porcentaje de lo recaudado por venta de entradas.
Con relación a la apertura del local de “Cromañón”, expresó que se trataba de respetar el horario que figuraba en la publicidad y que ignoraba quién daba la orden de abrir las puertas al público.
Explicó que en “Cemento” no había violencia ni quejas de los vecinos y que contaba con personal de seguridad. Aclaró que no era gente musculosa como en los boliches, sino que eran “tipos normales” que se ocupaban de controlar.
Mencionó que “Chiquito” prestaba servicios como personal de seguridad en “Cemento” y que no sabe su nombre ni de quién dependía. En distintas oportunidades lo vio en dicho local, aunque no en todas las ocasiones en que concurrió a ese lugar.
No recordó haberlo visto en “Cromañón” y desconoce los motivos por los que dejó de ir a “Cemento”.
En el caso de grupos de rock importantes, es decir, de aquellos que convocaban entre 600 y 700 personas o que ya sonaban en la “Rock & Pop”, la propia banda llevaba personal de seguridad.
Señaló que “Callejeros” era una banda que empezó como “chica” y luego se hizo importante.
Por otra parte, manifestó que en “Cemento” y en “Cromañón” el dinero lo manejaba su tío y que se realizaban reuniones con Villarreal y el manager de las bandas de rock para repartir la recaudación.
En “Cemento” hacían “los números” en la cocina, que era un lugar de paso obligado para ir al baño. Por ello ingresó a dicho recinto en varias ocasiones en las que se estaban realizando las reuniones aludidas.
Específicamente, indicó que no vio cuando “cerraron números con Callejeros”.
Añadió que las liquidaciones con la banda se hacían una hora y media antes del final del show y que en “Cromañón”, como había una oficina aparte, nunca observó cuando “cerraban las cuentas”.
En la maqueta virtual ubicó a la oficina aludida a un costado del pasillo situado a la derecha del local -visto desde el exterior- y de las puertas cine.
Relató que entregaba la recaudación correspondiente a las barras, kiosco y guardarropas de “Cromañón” a su tío, sin que intervenga en ello el representante de la banda.
Además, explicó que a pedido de su tío concurría a “Cemento” para atender la barra y que en general asistió en más oportunidades como espectador.
En “Cromañón” ayudaba en las barras o el kiosco y el guardarropas. Las tareas se las asignaba su tío y, atento la relación familiar que los unía, no recibía dinero a cambio.
Sostuvo que cuando llegaba al salón se metía directamente en la barra y que por ello desconoce si había entradas o salidas distintas a las existentes en el frente del establecimiento.
Precisó que los baños para el público estaban arriba y que había otros dos para el personal del local y para los músicos. Uno estaba cerca de la oficina y el otro dentro de las boleterías.
Respecto a la presencia policial, sostuvo que uno o dos patrulleros se estacionaban en la esquina de la plaza cuando se presentaban bandas de rock “grandes”.
Por el contrario, nunca vio personal policial en el interior del establecimiento.
El día del hecho funcionaron las tres barras, en las que vendían gaseosas, cerveza y otras bebidas alcohólicas.
Estas últimas bebidas sólo se expendían a los mayores de edad, sin que fuera costumbre del local requerir documentos a los clientes para efectuar dichas ventas.
En las barras no había seguridad y los que atendían cuidaban que nadie se robe nada.
El 30 de diciembre su primo “Omarcito” atendió la barra situada en el piso superior; en la de atrás estaba su “viejo”, junto a “Rosita” y “He-Man”. Dijo ignorar quién se hallaba en la de la izquierda (la que está más cerca del escenario).
Agregó que nunca conoció los camarines de “Cromañón” y que el 31 de marzo de 2004 asistió a su inauguración como invitado.
Puntualizó que dicho día el local no estuvo abierto al público, dado que se realizó una reunión para gente allegada y su tío hizo payasadas “tipo teatro”.
Afirmó que no conocía de antes el local y que no le comentaron que se hayan efectuado reformas antes de la inauguración.
Asimismo, sostuvo que Mario tenía llaves de la puerta de “Cromañón” y en la semana se ocupaba de recibir las gaseosas, la cerveza y de pagarles a los proveedores.
Además ayudaba en la barra, atendía el kiosco y en los festivales se encargaba de controlar a la banda y de observar que no haya “lío”, tanto adentro como afuera del local.
Al grupo “Callejeros” los vio por primera vez en “Cemento”, ante un público de no más de quinientas personas.
Por otra parte, expresó que conoce a Argañaraz y a Fontanet pero que no tuvo relación con ellos.
Asimismo, indicó que no vio a Argañaraz en las reuniones que realizaban Raúl y Omar.
Respecto a lo sucedido el 30 de diciembre de 2004, relató que llegó a “Cromañón” a las 21.00 horas y que había muchísima gente.
En dicha ocasión habló con sus padres, con sus primos y estuvo con “Rosita” -empleada de “Cemento” y “Cromañón”, que se encargaba de las gaseosas, la cerveza y del guardarropa-, “He-Man” y Albornoz.
Asimismo, entraba y salía del local para observar si se armaba “lío”.
No recuerda si el 29 o el 30 de diciembre Argañaraz le dijo que con la realización de los recitales de “Callejeros” le estaban dando una mano a su tío para que empiece mejor el año, porque sabían que la banda tenía “otro tipo de convocatoria”.
Luego de ello, cuando aún no se había presentado la banda soporte, el manager hizo pasar gratis y sin ser revisados a tres personas que estaban con el torso desnudo y no tenían plata para pagar. Los acompañó hasta la puerta y dijo “estos chicos pasan”.
En la entrada, los concurrentes debían hacer una fila de ingreso y la gente de control los palpaba y les revisaba las zapatillas.
El control sobre el público fue exhaustivo, meticuloso y estricto. Había personal de seguridad femenino y los días anteriores palparon dos o tres veces a los asistentes.
Aseveró que pese a haber entrado y salido del local en varias oportunidades no fue sometido a ninguna revisación porque lo conocían de vista o imaginaban que trabajaba allí, por haber saludado a Raúl Villarreal o a otro integrante del personal del boliche.
A las 22:50 horas Omar Emir le dijo que estaban “dando puerta en Cemento” y se fue para allí, sin alcanzar a ver a ninguna de las dos bandas.
En dicho momento todas las puertas de “Cromañón” estaban abiertas, pero no recuerda si seguía ingresando público.
Afirmó que el 29 y el 30 de diciembre de 2004 la seguridad estaba a cargo de “Callejeros” y el personal tenía una pechera con la inscripción del nombre de la banda.
Dijo desconocer quién los dirigía y que cuando habla de seguridad se refiere a tomar las medidas necesarias para cuidar a la gente, evitar peleas y de controlar a los asistentes de manera previa a su ingreso. Añadió que no sabe si el personal de seguridad debía ingresar al local.
Ignoró a quién se reportaba el personal de seguridad que prestó servicios el día del hecho ni quien les pagaba y coordinaba.
Precisó que el 29 y el 30 de diciembre de 2004 concurrió el mismo personal de seguridad, que constituían un grupo de quince o veinte personas.
Explicó que en los casos en que había mucho personal de seguridad sabía que se trataba de empleados que traía la banda.
Puntualizó que desconoce quien era responsable de la seguridad cuando la banda no era importante, dado que nunca preguntó tal cuestión.
Resaltó que en la mayoría de los shows de “Callejeros” el público usaba fuegos artificiales.
Nunca observó que se reparta pirotecnia en un recital e ignora cómo entraban dichos elementos al salón.
Señaló que en una oportunidad suspendieron por unos minutos un recital -no recordó de qué banda- porque el humo proveniente de la pólvora de artificio no permitía ver el espectáculo.
Volviendo al día del hecho, expuso que a las 23:15 horas recibió un llamado telefónico de una mujer con voz ronca, a quien no pudo identificar, quien le avisó que en “Cromañón” se había producido un accidente.
Ante ello le comunicó a Mario que se iba a “Cromañón” y emprendió el regreso a bordo de un taxi.
Dos cuadras antes de arribar al lugar ya no había acceso al tránsito vehicular. Ello le dio una pauta de la magnitud del “problema” y una vez que arribó a las inmediaciones del local, se percató que la situación era caótica.
Refirió que las puertas cine estaban siempre abiertas y que al regresar todas la puertas (inclusive las puertas principales y la situada a su derecha) se encontraban de esa manera.
En la puerta principal, cuando habrían transcurrido unos veinte minutos del inicio del incendio, observó que Argañaraz estaba desesperado porque no encontraba a “Pato”.
Entró por la puerta de la derecha y después de atravesar el pasillo accedió a la zona de las puertas cine.
Allí lo encontró a su tío parado sobre el lado derecho -visto desde el exterior- de las puertas referidas. Miraba hacia adentro del recinto y le manifestó que había visto a uno de sus primos pero no al otro. También le preguntó por su padre.
A su tío lo habían operado recientemente del pie -cree que del dedo “gordo”- y no podía pisar bien.
Hasta la zona de las puertas cine el acceso era fácil pero se dificultaba avanzar por detrás de dichas puertas.
La gente entraba y salía con remeras sobre la cabeza y todos estaban “negros”. La situación era desbordante y adentro del local no se veía absolutamente nada, había como una “cortina de humo negro” y se escuChabán gritos.
Entró a buscar a su “viejo” y a su primo y se topó con unos chicos que no reaccionaban. Sacudió a uno de ellos hasta que se reanimó y pudo salir. Como no veía nada decidió retirarse. Omar seguía en el mismo lugar en que lo encontró anteriormente. Estaba preocupado y buscaba a “Omarcito”.
Luego se cruzó con su primo “Frank”, que estaba buscando a su novia. Todo era trágico.
Después ubicaron a la novia de su primo y emprendieron la búsqueda de “Omarcito”, que trabajaba en la barra de arriba, donde había más humo y la dificultad para salir era mayor.
Luego de media hora llamó a su esposa y le comentó lo que estaban viviendo.
Reingresó al establecimiento y al salir percibió que en la puerta había “como unos bomberos especializados”.
Su vestimenta era parecida a la de la policía y llevaban una capa para el “oxígeno”. Ya habían pasado unas dos horas desde el inicio del siniestro y les dijo: “ahora llegan pedazos de hijos de puta”, “no podían venir antes”.
Un poco más tarde “la cortina de humo” del interior del salón se había disipado y había una visibilidad de tres o cuatro metros. La luz de emergencia iluminaba un poco y pudo ver la barra. Era como un día de neblina.
Su idea era sacar agua para ofrecérsela a la gente. Notó que había unos chicos “en cuero”, tomando cerveza y riéndose, “como diciendo vamos a robar todo y a tomar cerveza”.
Media hora más tarde apareció “Omarcito” y se calmaron un poco.
Sus dos primos estaban afectados por el humo y junto a ellos comenzó a colaborar para que los concurrentes que lograban salir del local sean atendidos en las ambulancias.
Advirtió que personal de la Cruz Roja le daba oxigeno a los que se encontraban afectados por el humo y que en las puertas principales “Pato” estaba cooperando con las tareas de rescate.
El operativo de salvamento y asistencia estaba muy mal organizado del lado de la calle Jean Jaures. Numerosas personas se acercaron al lugar para prestar ayuda, inclusive muchas que no habían asistido al boliche.
Afuera visualizó que un chico agitaba una bandera grande, como haciendo señas. Le pareció una conducta que estaba fuera del contexto de caos que se estaba viviendo.
En un momento se encontraron en la esquina de B. Mitre y J. Jaures con sus tíos. “Omarcito” estaba muy afectado, escupía sangre y una sustancia negra.
Allí un grupo de cinco concurrentes gritó durante diez minutos “quemamos Cromañón”, al tiempo que agitaban unas banderas “tipo barra brava”.
Le pareció una locura. Se indignó y se espantó, pero no comunicó el hecho a la policía porque no se le ocurrió.
Luego se fueron del lugar y se encontraron con Omar en la puerta del local -del lado de afuera-. En ese momento estaba contribuyendo a evacuar el establecimmiento.
Le comentaron que “Omarcito” estaba intoxicado y les dijo que lo lleven a la clínica.
El caos continuaba y los que ayudaban tendrían entre veinte y treinta y cinco años.
Luego de unos 20 minutos acompañó a sus primos y a la novia de uno de ellos al sanatorio “Providencia”. “Omarcito” quedó hospitalizado y al día siguiente lo internaron en la clínica “Maipú”.
A preguntas de las partes, respondió que no sabía quién estaba a cargo de las llaves del local y que desconocía qué había en el primer piso -donde se encuentra la cabina de sonido-, dado que nunca observó que sea utilizado dicho sector.
Por último, afirmó que los eventos denominados “Rockmañón” se trataban de fiestas bailables, donde no tocaban grupos musicales.
En ocasión de declarar, Amelia Esperanza Ramella relató que el día 30 del mes de diciembre del año 2004 arribó a las proximidades de “República Cromañón” a las 18.00 horas aproximadamente, junto con sus dos hijas Cinthia y Gabriela Borrás.
En el lugar había dos personas que vestían ropa de la banda “Callejeros”, quienes tenían las manos vendadas, y no dejaban que sus hijas se sentaran en la vereda de enfrente. Esos sujetos le indicaron que se ubicara contra la pared en la fila de mujeres, ya que los hombres debían aguardar en la vereda de enfrente.
Refirió que mientras estuvo en el exterior advirtió que pasó por la puerta un patrullero y, asimismo, recordó que aún transitaban colectivos por la calle.
Expresó que el hall de ingreso era semejante a un laberinto, puesto que había unas mesas previo a llegar a las puertas que daban al salón. En ese sitio le revisaron el bolso a su hija Gabriela y le hicieron quitarse las zapatillas, tras lo cual ingresó.
Refirió que sus hijas se ubicaron en la planta baja, con la expresa recomendación de quedarse cerca de la puerta, mientras que ella se dirigió hacia el piso superior, donde permaneció parada próxima a la barra hablando con una joven.
En ese contexto advirtió que había mucha gente y hacía calor, además, vio niños en el lugar. Sobre ese aspecto señaló que la persona con la que conversaba le comentó que muchas jóvenes llevaban a sus hijos pequeños porque había quienes los cuidaran.
En un momento, un sujeto que vestía una remera de color negra le dijo a uno de los asistentes que quitara una bandera que colgaba del piso superior, puesto que tapaba el único ventilador que había en el lugar.
Asimismo, sostuvo que por detrás de donde se hallaba ubicada un grupo de jóvenes encendieron la primer bengala y la arrojaron hacia el centro del salón. Le comentaron en ese instante que en una ocasión el local se había incendiado debido a la pirotecnia, habiéndose apagado el fuego con el contenido de los vasos que el tenía el público.
Expuso que se inició la presentación del grupo “Ojos Locos”, momento en el cual sus hijas subieron a donde ella se encontraba ubicada y Gabriela le pidió dinero para comprarse una gaseosa.
Seguidamente, un hombre de cabello canoso se dirigió a los asistentes solicitando que no utilizaran pirotecnia porque había 6.000 personas en el lugar y una sola salida, de modo que si se incendiaba podía ocurrir lo mismo que en Paraguay. La joven que estaba a su lado le hizo saber que ese sujeto era Omar Chabán.
A continuación sus hijas descendieron a la planta baja y comenzó el show de “Callejeros”, oportunidad en la cual el cantante de la banda preguntó al público si se iban a portar bien.
Se escuchó una bomba de estruendo, luego de lo cual observó que un elemento impactaba contra una columna y vio una mecha de fuego. Frente a ello gritó que debían correr, no obstante, hizo dos pasos y todo se oscureció.
Refirió que pese al corte de luz continuó descendiendo. En la planta baja se topó con muchas personas, era muy dificultoso respirar en ese ambiente, y los jóvenes se desvanecían.
Relató que quedó atrapada contra la valla de la cabina de sonido, todos la saltaban pero ella no podía, por lo que sintió que se moría allí. Sin embargo, tomó la remera de un joven que la arrastró hacia una salida.
Apenas llegó al exterior ingresó en un hotel, donde pidió que llamaran a los bomberos.
Tras ello observó como un grupo de jóvenes sacaba a su hija Gabriela del interior del local, a quien luego de reanimarla se la llevaron en ambulancia.
Refirió que continuó buscando a su otra hija hasta que la halló. Cinthia le explicó que salía junto a Gabriela, cuando esta última regresó a buscar a la compareciente pues creyó que aún estaba adentro del local.
Arribó un carro de asalto al lugar, a cuyos tripulantes les solicitó un teléfono para hacer una llamada, mas no se lo facilitaron. Finalmente, se comunicó con su marido desde una cabina, a quien le hizo saber que a Gabriela la habían llevado al Hospital Fernández.
Por último, explicó que no halló a su hija en el nosocomio antes mencionado sino que, finalmente, estaba internada en el Hospital Ramos Mejía, donde permaneció en terapia intensiva hasta que falleció.
Por su parte, Paula Gisella Pérez relató que tanto a Omar Chabán como a Raúl Villarreal los conoce porque era asidua concurrente del boliche “Cemento”.
En ese sentido, refirió que el último de los nombrados generalmente estaba en la puerta del local, por lo que cuando no llegaba a juntar el dinero para adquirir la entrada hablaba con aquél para que la dejara pasar. En esos casos, por ejemplo en el recital que “Los Gardelitos” llevó a cabo en “República Cromañón”, no le daba una entrada sino que simplemente ingresaba a cambio de la entrega del dinero que había logrado recaudar.
Respecto a la revisión por parte de personal de seguridad, señaló que cuando compraba la entrada siempre la controlaban, aunque más no sea por encima; por el contrario, en los supuestos en los que Villarreal le permitía el acceso no era revisada.
Explicó que concurrió a las presentaciones que el grupo “Callejeros” llevó a cabo en “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 del mes de diciembre del año 2004. Con relación a ellos indicó que en los dos primeros shows fue estrictamente revisada, pero en el caso de la última fecha no logró ingresar al recinto ya que el incendio se desató cuando se hallaba en la puerta.
Expuso que esa última noche, mientras estaba afuera del local, advirtió que la puerta del hall donde están ubicadas las boleterías se hallaba cerrada, permaneciendo abierta sólo una puerta más pequeña. A ese sitio se acercó un amigo para darle una entrada, ocasión en la cual se agolpó mucha gente en el lugar.
Seguidamente, señaló que una persona abrió el portón que daba a las boleterías y por ese lugar comenzó a salir el público, observando que en ese instante se cortó la luz en el salón.
Refirió que esa noche no vio a Raúl Villarreal, sólo recordando haber observado a Omar Chabán retirándose mientras un joven lo insultaba.
Explicó que durante las presentaciones de los días 28 y 29 de diciembre había una mesa ubicada a mitad del hall, hacia el lado izquierdo.
Con relación al personal de seguridad refirió que conocía a quienes se encargaban de esa función, puesto que los había visto tanto en “República Cromañón” como en “Cemento”. Agrego que aquellos también estuvieron en el “Quilmes Rock” y en recitales de “Los Piojos” y “Las Pelotas”.
A preguntas que le formularon las partes en cuanto al uso de pirotecnia, respondió que en todos los sitios en donde se hacían espectáculos de rock accionaban bengalas, tres tiros y candelas, mencionando como ejemplo sitios como “Cemento”, “Excursionistas”, “Luna Park” y “El Marquee”.
Sin perjuicio de ello, manifestó desconocer la forma en que los asistentes ingresaban el material pirotécnico.
Relató que conoce a los grupos “El fondo no fisura” y “La familia piojosa”, incluso sostuvo que pertenecía a este último, cuyos integrantes solían llevar pirotecnia a los shows. Sin embargo, señaló que una noche en “El Hangar” se pelearon, aunque desconoció el motivo por lo que ello sucedió.
Sostuvo que conoce a Lorenzo, apodado “Lolo”, por haberlo visto llevando a cabo tareas de seguridad en recitales a los que ingresaba con el objeto de vender remeras. Respecto de esta persona refirió que lo vio la noche del hecho con una pierna lastimada, pero no pudo precisar si estaba allí trabajando o como simple espectador.
Más allá de lo expuesto, tras una lectura que llevaron a cabo las partes, recordó que la noche del siniestro “Lolo” se encontraba en el corredor amarillo cortando tickets, aunque aclaró que no cumplía tareas de seguridad como lo hacía usualmente sino que sólo colaboraba con sus compañeros.
Manifestó que no viajaba al interior a ver al grupo “Callejeros”, habiendo concurrido a las presentaciones que la banda hizo en “República Cromañón” y “Cemento”. En ese contexto, recordó que Patricio Fontanet pedía que no tiraran bengalas puesto que no podía respirar por el humo, pero el público continuaba haciéndolo de todas formas.
Dijo que en los recitales de los días 28 y 29 de diciembre de 2004 Omar Chabán pidió a los concurrentes que no encendieran bengalas, puesto que el lugar podía prenderse fuego como en Paraguay. Refirió, asimismo, que jamás había escuchado una advertencia de esas características en “Cemento”.
Por último, señaló que en la esquina del local había personal policial, pero no supo precisar si controlaba la puerta de “República Cromañón” o simplemente la bailanta ubicada en la zona.
Fue convocado a declarar en el juicio Ezequiel Gerardo Carrizo, quien refirió haber concurrido al local “República Cromañón” el día 30 de diciembre del año 2004, junto con dos amigos de nombre Alejandro y Mario.
Relató que era la primera vez que asistía a ese local y que iba a ver a “Callejeros”. Sobre esto último dijo que no era seguidor de ese grupo y que decidió ir al recital porque acostumbraba con sus amigos a concurrir a musicales de rock con motivo de fin de año.
Indicó que arribaron a las inmediaciones del lugar cerca de las 20 hs y permanecieron un rato en la vereda. Allí, personal de seguridad que estaba identificado con remeras negras con inscripciones de color amarillo, les hizo formar una fila enfrente de la puerta del boliche para sacar las entradas. Al respecto aclaró que hacían pasar a la gente en grupos para obtener los tickets en el sector de boleterías. Agregó que cuando estaba afuera del boliche escuchó pirotecnia.
Refirió que una vez que sacó su entrada tuvo que formar otra fila para acceder al local. Esta vez el acceso se efectuaba por el corredor de color amarillo –así lo marcó en la maqueta virtual-.
Señaló que antes de ingresar fue revisado por personas que estaban vestidas con remeras similares a las que tenían los sujetos que le hicieron formar la fila. Sobre la revisación dijo que no fue muy exhaustiva, tuvo que abrir su mochila y sacarse las zapatillas. Algunas personas tenían muchas cosas en las mochilas, como por ejemplo banderas, y eran revisados mas intensamente. Eran elegidos al azar para ser inspeccionados más profundamente porque estaban sobre la hora del recital. No observó que se secuestrara pirotecnia.
Manifestó que una vez dentro del salón se dirigió junto a sus amigos a la barra ubicada en el fondo del local para tomar una cerveza. Dijo que hacía mucho calor y había mucha gente, tanta como dentro de “un colectivo en hora pico”.
Cuando empezó el recital de “Callejeros” vio que había gente arrojando elementos de pirotecnia, puntualmente aquellos que son “finitos” y lanzan luces de colores hacia arriba. Aclaró que no prestó mucha atención porque “estaba en la suya” y además se encontraba bajo los efectos de la marihuana. Refirió que no se encontraba “en sus cinco sentidos”. Uno de sus amigos fue hacia el escenario y el otro se quedó con él en la barra.
De todos modos en cierto momento pudo observar que en el techo se formaba una especie de “medialuna” que se iba abriendo como cuando se quema un papel. Dijo que vio una aureola dorada y que el fuego se inició en el techo, cerca de la segunda escalera –así lo señaló en la maqueta virtual-.
Indicó que de repente alguien dijo “corran” y que sintió una “estampida”. La gente lo llevó hacia un kiosco ubicado dentro del salón. Allí sintió como que algo se rompía y se cayó arriba de muchas personas y otras lo hicieron encima suyo. Para ese momento se había cortado la luz; aclaró que antes de ello la banda dejó de tocar.
Resaltó que la presión de la gente era asfixiante y que sentía el humo en la cara. Quedó allí atrapado, hasta que en un momento pudo liberarse y junto con otro muchacho salieron arrastrando a otra persona.
Una vez afuera del local advirtió que le sangraba la mano. Dijo que fue hacia una puerta que daba a un estacionamiento y allí vio que la gente trataba de abrir un portón de donde emanaba humo y se veían las manos de las personas atrapadas dentro del local.
Leído que le fue un pasaje de su declaración prestada en la instrucción, recordó que antes del inicio del incendio había visto un muchacho acompañado con dos jóvenes más que sacaba una “bengala cien fuegos” de las que tiran luces de colores. Que respecto de ese chico sólo tiene una imagen y lo puede describir como morocho de pelo corto. Aclaró que nunca hizo un identikit y que no recuerda su rostro.
Fue convocado a debate Eibon Nicolás Da Rosa Medero, quien refirió que luego de acaecido el siniestro del 30 de diciembre del año 2004, fue solicitada su colaboración para oficiar como testigo del secuestro de un trozo del techo del local “República Cromañón”.
Sobre este punto dijo que por ese entonces trabajaba en la zona del abasto y siempre pasaba por las inmediaciones del boliche mencionado. Allí fue detenido, le pidieron el documento y le explicaron que debía salir de testigo para una pericia. Recordó que las personas encargadas de la diligencia extrajeron un trozo de “guata” del centro del salón.
Indicó que al local lo conocía desde hacía tiempo cuando era un boliche llamado “El Reventón” porque él vivía en esa zona. En esa época, el lugar tenía unas maquetas en el techo, como por ejemplo un muñeco de un dinosaurio, las cuales no se encontraban cuando comenzó a funcionar “Cromañón”.
Cuando todavía era local de baile se ingresaba por el sector de boleterías y se salía por el corredor de color amarillo –conforme lo marcó en la maqueta virtual-. De todos modos, dijo que había un solo acceso de entrada y salida.
Para ese entonces al lugar se iba a bailar y se presentaban grupos de cumbia. El público era distinto, pues no usaba pirotecnia dentro del local ni llevaba banderas como se hace en los recitales de rock.
Señaló que en los conciertos de rock era habitual la utilización de bengalas o petardos, tanto en lugares abiertos como cerrados.
Explicó que él también concurrió al local cuando ya funcionaba “República Cromañón” y que asistió al lugar el día 25 de diciembre de 2004 cuando se presentó la banda “La 25”.
Esa noche se produjo un incendio generado por una bengala o un petardo. Aclaró que el foco de fuego se inició en el techo a la altura de la columna situada cerca de la segunda escalera.
Señaló que él estaba ubicado a la derecha de la consola de sonido y que vio cómo el incendio fue apagado por una persona del público con una manguera. Refirió que previamente otras personas –tanto desde arriba como desde abajo- trataron de extinguirlo accionando unos matafuegos, más estos no funcionaban o estaban descargados.
Luego de acaecido el incendio, desde la cabina de sonido apareció una persona diciendo que todos eran unos inconcientes, que eran unos “boludos” y que se iban a morir. La gente reaccionó insultándolo. Cuando el público se calmó, esa misma persona habló de nuevo diciendo que los esperaba el día 30 de diciembre en el local para despedir el año.
Aclaró que en ese momento no sabía quien era ese sujeto y que luego de la tragedia tomó conocimiento de que se trataba de Omar Chabán.
Indicó que pasado el incidente el espectáculo se reanudó normalmente y que esa noche se pudo acceder a la manguera porque no había tanta gente como la noche de la tragedia. Aclaró que esto lo sabe porque un amigo suyo de nombre Gonzalo Gabriel Mendez que concurrió el día 30 le comentó acerca de la cantidad de público y porque además lo escuchó en los medios.
Por otra parte dijo no recordar si el día 25 de diciembre fue revisado antes de ingresar como así tampoco cuál era el estado de las puertas de acceso al local. Agregó que esa noche la luz no se cortó en ningún momento.
En otro aspecto, se le dio lectura a ciertos pasajes de su declaración prestada durante la instrucción de la cual se desprende que durante el recital de la banda “La 25” se produjeron dos focos de fuego.
En primer término se dio lectura a un tramo del que surge que el primer foco fue apagado por la gente del lugar y por el propio Chabán, quienes le tiraban cajones de cerveza y lo controlaban a “banderazos”. Ante ello, dijo que fue efectivamente así.
Se leyó el pasaje de la declaración del cual se desprende que luego de extinguido el primer foco, “La 25” empezó a tocar y sin que pase un solo tema comenzaron otra vez a tirar bengalas y tres tiros y se incendió la parte cercana al escenario en donde no hay media sombra sino espuma y guata. Que ante ello la banda dejó de tocar y alguien agarró la manguera y lo apagó. Terminada la lectura, el testigo dijo que efectivamente así sucedió.
Finalmente, aclaró que luego de ocurrido esto, la pirotecnia duró dos o tres temas y todo siguió con normalidad.
Convocado a prestar declaración en la audiencia de debate, Juan Carlos Rojas expresó que se dedica a la fabricación y comercialización de afiches.
Precisó que los afiches los comercializaba en los barrios de “Constitución” y “Once” y en los recitales de las bandas de rock.
A Chabán lo conoce de vista, dado que lo veía en “Cemento”, donde vendía su mercadería.
Recordó que en el 2001, en un recital que se realizó en la ciudad de Cosquín, Villarreal estaba vendiendo remeras de “La 25” y mutuamente se obsequiaron los productos que estaban comerciando. Aclaró que luego de ello no volvió a tener relación con el nombrado.
Expuso que el 28 de diciembre Villarreal estaba vestido con una remera negra y que prestaba servicios de seguridad.
No recordó que su vestimenta tuviera una inscripción como las que llevaban los que integraban el personal de seguridad del local. Añadió que desconocía quién los contrataba y que vestían de negro.
En los recitales de “Callejeros” del mes de diciembre de 2004, sólo lo vio el día 28 en la puerta principal. En dicha oportunidad, conversó con su esposa, a quien le ofreció ingresar gratis a “Cromañón”.
Explicó que en la puerta del establecimiento siempre había un Ford Falcon de color rojo con personal policial uniformado en su interior.
A dicho rodado lo observó el 28 y el 29 de diciembre 2004, pero no al día siguiente.
El día del hecho, sobre la calle Bartolomé Mitre, casi llegando a Ecuador, había un camión del Cuerpo de Infantería y en la vereda de enfrente los grupos de seguidores “La familia piojosa” y “Bajo fondo” se estaban organizando para ingresar al boliche.
Afirmó que viajó con dichos grupos a “Córdoba” y que en alguna oportunidad les ofició de asador. Agregó que en el micro que los transportó hasta la provincia aludida llevaba la mercadería que vendía en los recitales.
Las agrupaciones se fueron formando a medida que crecía la banda y se disputaban el liderazgo de los seguidores.
Manifestó que “Ariel” y “Seba” integraban el grupo “La familia piojosa” y que todos tomaban cerveza en los alrededores del local.
Refirió que las agrupaciones habían tenido enfrentamientos en los conciertos de “Liniers” y de “Obras y que el día del hecho “los chicos” le comentaron que todos planeaban ir a “Villa Gessell” y que habían pactado no pelearse.
Los días 28 y 29 de diciembre el personal de seguridad separaba a los hombres y a las mujeres y formaban dos filas de ingreso. Las damas hacían la cola para el lado de la plaza y los varones en el sentido contrario.
El día 30 de dicho mes el personal de seguridad estaba en la vereda y el tránsito estaba cortado porque había mucho público en la calle.
Aclaró que las filas de ingreso no estaban bien organizadas y que le comentaron que las chicas podían ingresar al local dándole un “piquito” a Villarreal o a “Claudio”, quien integraba la seguridad del lugar.
Ese día fue a “Cromañón” con su esposa -Patricia Morales- y un grupo de colaboradores de seis o siete personas. Tenían la intención de ver el recital y vender los afiches a la finalización del show.
Mientras preparaban los afiches, el público entraba al local; cuando terminaron de armar la mercadería, su señora fue a guardarla al auto.
En dicho momento se acercó al local para averiguar cómo podían ingresar, atento que no tenían entradas.
Estaba en el borde del umbral del local y quería ver si alguien les regalaba una entrada. Tocaba “Ojos Locos” y faltaban unos quince minutos para que se inicie el concierto de “Callejeros”.
De pronto vio que los chicos que integraban los grupos de seguidores antes aludidos se aproximaron al boliche y que luego de repartirse unas varillas plásticas que usaban para armar las banderas ingresaron en forma masiva sin presentar las entradas.
Refirió que fueron unas ochenta personas las que avanzaron hacia el frente del local y que la fila de ingresó se desarmó.
Asimismo, indicó que sólo algunos tenían entradas y que otros chicos aprovecharon la situación para infiltrarse en la multitud e ingresar al local.
Precisó que dos chicos que venían con un bolso celeste o gris y una bandera argentina fueron abordados por una persona de seguridad que los revisó y les abrió bolso. Al detectar que llevaban “unas cajas de tres tiros y de multicolores”, abrió sus manos y dijo “qué hacés”.
Uno de los chicos soltó el bolso y el otro lo agarró y entró al local.
Luego de ello el hombre de seguridad desapareció del lugar. En dicho instante fue hasta una de las denominadas puertas cine y comprobó que estaba cerrada. Se desplazó hacia la derecha y al abrir una de las puertas referidas salió una masa de humo y se retiró para avisarle a su esposa que era imposible entrar.
Acto seguido, salió una señora que estaba con sus brazos quemados acompañada por su hija que tenían quemaduras en la espalda. De repente empezó a salir mucha gente, que gritaba: “no saben lo que está pasando”.
En ese momento se hicieron presentes los integrantes del Cuerpo de Infantería y empezaron a golpear a los concurrentes porque creían que querían entrar sin pagar.
Luego, cuando se dieron cuenta de que ocurría “algo”, fueron a dejar sus cascos y sus bastones al “camión”.
Sin perjuicio de ello, relató que con posterioridad a que ingresen los chicos en forma masiva, fue a buscar a su esposa para entrar al local durante el intervalo.
Dijo haber entrado por las puertas cine y que nadie lo controló.
Sostuvo que en el salón había mucho humo y que al comenzar a tocar “Callejeros” salió espantado del lugar porque se ahogaba.
Respecto a las tareas de rescate, señaló que las ambulancias tardaron entre quince y veinte minutos en llegar y que resultaron escasas para la cantidad de gente que las precisaba.
Asimismo, dijo que en primer lugar vio que dos policías y dos bomberos, socorrían a los que estaban afectados por el siniestro.
Refirió que los policías estaban en el lugar con anterioridad y que desconoce cómo llegaron los bomberos.
Además, precisó que a la izquierda de las puertas principales -vistas desde el exterior- había un portón que se hallaba cerrado y que los bomberos utilizaron “picos” y una amoladora para derribarlo.
Explicó que cuando el portón se cayó del local salieron muchas personas.
Finalmente, indicó que trató de organizar las tareas de rescate y que, sin éxito, pidió ayuda a los taxistas que estaban en plaza “Once”.
Convocado a prestar declaración en la audiencia de debate, Marcelo Boscoso expresó que el 29 de diciembre de 2004 concurrió a “Cromañón” para ver a “Los Garfios”.
Precisó que la banda mencionada es de “Campana” y que es amigo de sus integrantes.
Agregó que los llevó en su camioneta hasta el local y que publicó un artículo periodístico sobre su actuación en “Cromañón”, en el que refirió que la presentación había sido “una fiesta”.
Explicó que el grupo musical se formó hace quince años y siempre tocó en clubes de escasas dimensiones.
Recordó que a partir de una invitación de “Los Garfios”, “Callejeros” se presentó en “Campana” en el año 2000 y desde dicho momento las bandas quedaron relacionadas.
Sostuvo que Andrés Carrera, integrante de “Los Garfios”, mantenía contacto con uno de los músicos de “Callejeros”.
Volviendo al día 29 de diciembre, manifestó que llegaron a las 18 horas aproximadamente y previo a ser palpados por el personal de seguridad, que lucía unas pecheras, entraron por las puertas principales.
El local no estaba abierto al público pero había dos o tres personas que estaban esperándolos.
Dijo no poder precisar si el personal de seguridad era del boliche o había sido contratado por “Callejeros”.
Puntualizó que el grupo de “Campana” no llevó personal de seguridad y que en algunas oportunidades contratan una o dos personas para cuidar la puerta.
Una vez que ingresaron se quedaron en el salón principal y empezaron a armar los equipos.
Afirmó que a pesar de que en el salón y en el sector VIP había ventiladores, sintió calor.
Aseveró que en el recital de “Los Garfios” había poco público y que durante su desarrollo se utilizó pirotecnia.
Aclaró que en todos los conciertos de rock los espectadores tiran bengalas y en mayor cantidad en lugares abiertos.
Continuando el relato de lo sucedido el día 29 de diciembre, expuso que al finalizar la presentación de la banda soporte los organizadores los invitaron a comer pizza en los camarines.
Allí estaban los integrantes de la banda, el fotógrafo, apodado “El Profe” y uno o dos amigos de “Campana”. Agregó que en un momento Fontanet pasó a saludar.
Posteriormente les dieron unas cintas amarillas que les permitían acceder al sector VIP. En el acceso a dicho lugar había una persona de control que impedía el ingreso del público.
Antes de que empiece el show de “Callejeros” hubo un monólogo de Chabán, en el que realizó una advertencia muy clara de los peligros de encender bengalas. Incluso le dijo al público que “las bengalas son vergas” y que si la agarraban con la mano “son putos”.
El auditorio le respondió cantándole “cortá el discurso, la puta que te parió”.
Al momento de iniciarse el recital de “Callejeros” el salón estaba lleno, al igual que en otros espectáculos musicales que presenció.
Explicó que los espectadores podían moverse y que el uso de pirotecnia se incrementó en gran medida durante el desarrollo del concierto.
Al finalizar el evento el público abandonó el recinto en aproximadamente diez minutos. Luego de ello, retiraron los equipos por las puertas principales.
A preguntas de las partes, respondió que no vio carteles indicadores y que en la planta principal un vallado impedía el paso del público al escenario.
Añadió que los músicos accedían a dicho lugar abriendo una de las vallas del costado derecho.
Por último, señaló que no vio pirotecnia en los camarines.
Fue convocado a prestar declaración en el debate Daniel Arturo Coria, quien, en primer lugar, dijo conocer a los imputados Omar Chabán y Raúl Villarreal por haber trabajado en los boliches “Cemento” y “Cromañón”. Que también conoce a los integrantes del grupo “Callejeros” por motivos laborales.
Explicó que él se desempeñaba como “control” y que realizaba tareas para “Callejeros” y para otras bandas en “Cemento” y “Cromañón” desde el año 2002 aproximadamente.
Dijo que trabajaba en forma autónoma y que el control que efectuada dependía del lugar donde lo desarrollaba. A veces tenía que estar con los invitados en las plateas, otras en el ingreso al boliche, etc.
Refirió que cuando trabajó en “Cromañón” a él lo contrató Lorenzo Bussi y que en esas ocasiones no tuvo contacto directo con Omar Chabán. De todos modos, no sabe quien contrató al nombrado Bussi para desempeñarse en ese local.
Respecto de Villarreal dijo que era el encargado de los boliches “Cemento” y “Cromañón”. En tal sentido, expuso que cuando ellos llegaban a dichos locales, el nombrado Villarreal le decía a Bussi qué era lo que ellos tenían que hacer, dónde se tenían que armar las filas o cuándo debían abrirse las puertas.
Manifestó que en “Cromañón” trabajó en un recital de “Jóvenes Pordioseros” –no pudo precisar la fecha- y en los tres recitales de “Callejeros” de fin de año. En todas esas ocasiones, su tarea consistió en ubicarse en la escalera de acceso al sector VIP, es decir, en el interior del local; por esta razón no vio si Bussi o Villarreal supervisaban durante el show al resto del personal de control.
Señaló que a Lorenzo Bussi lo conoció por motivos laborales, mas precisamente en ocasión de trabajar en el marco de un recital del cantante Diego Torres. A partir de allí cuando Bussi necesitaba personas para trabajar, se comunicaba con él y le preguntaba si podía asistir a determinado evento. Luego de ello Bussi le abonaba por sus servicios la suma de 40 pesos por show, la cual se pagaba al término del espectáculo.
Con relación a los tres recitales de “Callejeros” en “Cromañón” dijo que arribó al lugar cerca de las 17:00 hs. y que fue acompañado por los hermanos Héctor y Horacio Zerpa, por Claudio Ruiz y Carlos Avila, todos pertenecientes al grupo de control coordinado por Lorenzo Bussi.
En la entrada al local, Bussi le explicó cuál era la tarea que debía desarrollar en los tres eventos. Al respecto debía ubicarse, como ya dijera, en la escalera de acceso al VIP para controlar el ingreso de las personas a ese sector. Sólo aquellos que tenían una pulsera que obtenían en las boleterías por estar en lista de invitados podían subir a ese lugar exclusivo.
Sabe que otros de sus compañeros efectuaron el cacheo de los concurrentes, pero no puede precisar de quiénes se trataban, pues él estuvo en el interior del establecimiento.
Explicó que este grupo de control estaba integrado por 30 personas que respondían a “Lolo Bussi”, y que dentro de éste había personal masculino y femenino. Sólo conoce a algunos hombres por el apodo, como ser “El Indio” y “El Tucu”, no así a las mujeres que participaron.
Expuso que la modalidad de trabajo consistía en recibir instrucciones de Bussi cuando arribaban al lugar donde iban a desempeñar sus tareas. La labor dependía de lo que a Bussi se le decía en el local. De esta manera, el nombrado juntaba al grupo y les decía que le habían dado determinadas indicaciones y eso debían cumplir.
Las personas que integraban el grupo de control –entre ellas el dicente-, se hallaban identificadas con remeras negras con inscripciones que decían “Callejeros” y “Control”. Dijo que también había algunas de color blanco.
Respecto de aquella vestimenta, indicó que se la dieron en el local, aunque no pudo precisar qué persona se la entregó –aclaró que debía devolverla al término del último show-. Agregó ya haber utilizado remeras similares cuando tocó “Callejeros” en “Cemento” y en otro recital de la banda que se realizó en un lugar ubicado en la zona de San Justo, Provincia de Buenos Aires. El día que tocó “Jóvenes Pordioseros” no utilizaron esa vestimenta –en esa ocasión también fue contratado por Bussi-.
Con relación al uso de pirotecnia en los espectáculos de “Callejeros” de fin de año, manifestó que los tres días se arrojaron fuegos artificiales. Que el día 28 hubo bastante, el 29 un poco menos y el 30 se produjo el siniestro. Puntualmente, él observó bengalas y escuchó explosiones que pueden haber sido consecuencia del accionar de los denominados “tres tiros”.
Destacó que él no recibió ninguna directiva relativa a la pirotecnia, pero resaltó nuevamente que su función consistía en controlar el acceso al VIP, donde había una reja que abría para que pasaran las personas autorizadas.
En otro aspecto, dijo que en el sector VIP los tres días había más o menos la misma cantidad de gente y que no recordaba si estaba lleno. Agregó que no conocía a las personas que se ubicaron en ese lugar.
Expuso que los días 28 y 29 permaneció en el local hasta que los asistentes se retiraron. Respecto de su remuneración, dijo que iba a cobrar todo junto al final del último evento, pero que debido a lo sucedido no percibió dinero alguno.
Puntualmente en referencia a la noche del 30 de diciembre, reiteró que arribó al lugar cerca de las 17:00 hs. y que ya sabía que debía situarse en la escalera del VIP como los días anteriores.
Esa noche, vio a compañeros suyos de control ubicados en las vallas que separaban al escenario del público como así también a otro colega más situado junto a la cabina de sonido. En realidad, dijo que durante los tres eventos había gente allí, aunque no sabe si se trataban de las mismas personas.
También manifestó saber que el lugar tenía sus propios empleados de seguridad, los cuales los autorizaban a ingresar a ellos para comenzar a trabajar.
Continuando con su relato, refirió que antes del comienzo del show de “Callejeros” del 30 de diciembre, Chabán –desde la cabina de sonido- hizo una advertencia sobre el uso de pirotecnia. Al respecto el nombrado les manifestó a los asistentes que “no tiren cohetes porque podía pasar lo de Paraguay”. Aclaró el testigo que no recuerda bien las palabras exactas.
Luego de que hablara Chabán, el cantante Patricio Fontanet –desde el escenario-, le pidió a los concurrentes que no tiraran pirotecnia porque el lugar era cerrado.
Agregó que de todos modos el público, como siempre, hizo lo que quiso, y continuó arrojando fuegos de artificio –puntualmente él vio bengalas-.
En tal sentido, explicó que en los recitales la gente siempre hace lo que quiere. Es decir, si alguien le dice a los chicos, por ejemplo, por acá no se puede pasar porque hay cables, “los pibes se mandan igual”. En definitiva, todo lo que está prohibido ellos quieren igualmente hacerlo.
Volviendo a la noche del siniestro, dijo que no vio cómo se inició el fuego, pero que de repente sintió cómo las personas comenzaban a descender rápidamente por las escaleras. Allí sí pudo ver que ya había fuego encima suyo.
A raíz del descenso de las personas, en cierto momento, lo pasaron por arriba y cayó rodando. Quedó atrapado entre el público y la luz se cortó. En determinado instante, algunos concurrentes que estaban encima de él pudieron liberarse; esto le permitió egresar del lugar. No pudo recordar bien por cuál de las puertas salió.
Una vez en la calle, un muchacho le arrojó agua con una manguera; se colocó la remera en la cara y volvió a ingresar al local para colaborar con el rescate de las personas que estaban en su interior, entre ellos los hijos de sus conocidos Horacio y Héctor Zerpa.
Refirió que cuando ingresó se topó con mucha gente amontonada en el descanso de la escalera. Dijo que ayudaron a sacar a varios de los concurrentes y luego fueron afuera a tomar un poco de aire. Instantes después volvió a ingresar y junto con un muchacho que tenía una linterna llegó a acceder al sector VIP donde había muchas personas y notó que allí había una puerta cerrada que daba al edificio de al lado.
Por otra parte, recordó que esa noche a Villarreal lo vio cuando llegó al boliche en su interior, pero que no volvió a verlo luego del siniestro. Dijo que tampoco recuerda haber visto a Chabán después del incendio. En lo que respecta a Argañaraz, dijo que tuvo un contacto el día 29 de diciembre cuando éste se le acercó para preguntarle si quería tomar algo porque hacía mucho calor.
En otro aspecto, dijo que no recibió instrucciones en “Cromañón” para casos de emergencia. Que no conocía las entradas y tampoco sabía si el lugar tenía o no salida de emergencia. Agregó haber visto matafuegos, pero aclaró que no sabía cuántos había y que nadie le explicó dónde estaban ubicados. También notó la existencia de la media sombra, la cual estaba siempre y cubría la mitad del techo.
Como no estuvo en el cacheo desconoce los pormenores, pero sabe que sus compañeros tenían la instrucción de revisar a todas las personas incluso a familiares. La idea es que no ingresen elementos cortantes o pirotecnia. La función de control se realiza con el objeto de evitar que los chicos se lastimen. No sabe si se revisaban los instrumentos musicales. El personal de seguridad no era a su vez revisado.
Manifestó que la noche del hecho no se veía nada en el local, que no observó luces de emergencia ni carteles indicadores; tampoco vio salir gente por el sector del escenario ni ingresando al hotel lindero. Agregó que antes del siniestro no vio que se arrojara pirotecnia desde el VIP ni que se colgaran banderas.
Respecto de su puesto de trabajo en el descanso de la escalera, aclaró que había dos rejas, pero él había corrido una donde se apostó y abrió la otra para permitir el acceso a las personas autorizadas. Como en el transcurso de la noche hubo gente que saltaba y se metía en el VIP sin autorización en un momento le mandaron a otra persona de control para que lo ayude en sus tareas. Recordó que pudo ir al baño cuando estaba tocando la banda soporte.
También en lo inherente a la noche del siniestro, expresó que hubo personas de la “Cruz Roja”, a las cuales vio en la puerta, aunque no pudo precisar en qué sector del boliche finalmente se ubicaron.
Agregó asimismo que advirtió que en la entrada del local –marcó el sector de boleterías- había unas vallas que separaban los accesos de hombres y mujeres.
A preguntas que se le efectuaron acerca de si tuvo contacto con los músicos, respondió que el día 29 cuando ingresó al local ni bien llegó se dirigió al baño y vio que la banda estaba efectuando la prueba de sonido. En ese momento el salón estaba iluminado.
Preguntado para que brinde mayores precisiones respecto de sus labores, respondió que ellos trabajaban en distintos estadios los fines de semana y también en espectáculos para la empresa Fénix en “Obras”. Así conoció a Bussi y a varios de sus compañeros trabajando en distintos lugares y de esta manera se fue conformando el grupo de control. Prestaban tareas a medida que salía algún trabajo. No sabe qué criterio se utilizaba para seleccionar al personal.
En los recitales de “Callejeros” en “Obras” estuvo en la puerta de acceso verificando que no robaran en la entrada; no realizó cacheo en ese lugar ni en “Cemento”.
En el espectáculo que la misma banda brindó en el estadio de “Excursionistas” –allí también usó las remeras negras que antes ilustrara- estuvo trabajando detrás del escenario cuidando los instrumentos de los músicos. Esa noche al término del show hubo fuegos artificiales lanzados desde el club.
En ambos eventos respondieron a las órdenes de Carlos Galarza, que era jefe de seguridad de la firma “MTS” que es las que los contrató para esos eventos. No sabe si figuraba en un listado.
Agregó que nunca estuvo inscripto en algún organismo oficial y que desconocía si debía hacerlo. Siempre lo contrataban para eventos determinados.
Interrogado por el Sr. Fiscal General para que diga si conoce la empresa “Seguridad Integral Start Blue”, dijo que no.
Se le dio lectura entonces a la prueba documental identificada como número 201, donde figura el listado de personal que prestó servicios de control en el recital de “Callejeros” realizado en “Obras” para que exprese si conoce a esos sujetos. Al respecto dijo que solo conoce a Carlos Galarza, Lorenzo Bussi, Héctor Zerpa, Horacio Zerpa, Gerardo Rossi, Javier Maidana, Claudio Curcuy y Leonardo Djerfy, quienes trabajaban para la firma “MTS”.
También se le leyó un listado similar del personal que se desempeñó en el recital que “Callejeros” realizó en “Excursionistas”. Señaló que de esas personas solo conoce a Carlos Galarza, Javier Coria y a Rafael Coria, los cuales trabajaban en la firma “MTS”.
Agregó desconocer si la empresa “MTS” era a su vez contratada por otra firma.
Indicó que luego del 30 de diciembre no volvió a trabajar como personal de control hasta mediados de 2006. Después de esa fecha cumplió servicios para la empresa “Fénix” en “Obras” y también participó en el recital que el grupo “La Renga” brindó en San Pedro –aquí no vio a Bussi, si a los hermanos Zerpa-.
No volvió a trabajar en recitales de “Callejeros”, aunque concurrió como espectador al show que esta banda brindó en la Provincia de Córdoba cuando volvió a tocar después de la tragedia.
En otro orden y a preguntas que se le efectuaran, dijo que a Villarreal lo vio los tres recitales de “Callejeros” en “Cromañón” cuando llegó, pero que no presenció personalmente reuniones entre el nombrado y Lorenzo Bussi.
A preguntas de si conocía a dos sujetos apodados “Chiquito” y “He-man”, respondió que no.
Leído que le fue un pasaje de su declaración prestada durante la instrucción sobre comentarios de incendios anteriores en “Cromañón”, respondió que no lo recordaba.
Interrogado acerca de la existencia de personal de seguridad del local, aclaró que pudo ver a algunos cuando fue al baño y a otros ubicados en las barras.
Fue convocado ante estos estrados Javier José Coria, quien trabajó en “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004.
Manifestó que fue convocado para aquellas noches por Héctor Zerpa y que tanto él como su hermano Daniel, llevaban trabajando con aquél aproximadamente un año. Señaló que los grupos no estaban siempre integrados por las mismas personas y que también había personal femenino.
Precisó que prestaron sus servicios en los recitales de Luis Miguel, Chayanne y también en el del grupo “Callejeros” realizado en la Provincia de Córdoba.
Sostuvo que desconocía de quién dependía Zerpa, y que en todos esos conciertos su función era estar en la puerta para cortar las entradas y efectuar el cacheo. Debían revisar en forma total a los asistentes, hacerles sacar las zapatillas y si encontraban objetos tales como navajas o bengalas tenían que colocarlos en una bolsa. Precisó que ignoraba qué sucedía luego con aquellos elementos secuestrados.
Destacó con relación a los espectáculos realizados en “República Cromañón” que los instrumentos fueron ingresados al salón el día 28 a través de la puerta que da a la boletería y que no sabía quiénes se encargaron de esa tarea.
Refiriéndose al recital de “Callejeros” del día 30 de diciembre de 2004, puso de relieve que arribó al local aproximadamente a las 16.00 ó 17.00 horas y que Zerpa se encontraba en la puerta con un grupo de 10 personas que trabajarían como “control”. Aclaró que el número total de individuos que cumplieron esa función los días 28, 29 y 30, era alrededor de 30.
Destacó que a su llegada las puertas del frente del local estaban cerradas y que sólo se encontraba abierta la correspondiente a la boletería.
Indicó que permaneció en la vereda hasta las 18:00 hs. momento en que tomó lugar en el puesto que le fue asignado por Zerpa en el acceso sobre el pasillo amarillo –así lo marcó en la maqueta virtual-. Estimó que allí habría aproximadamente 5 ó 6 personas más. Agregó que no recibió ninguna directiva especial respecto de las tareas que debía realizar, y que la indicación era revisar a todos los asistentes incluidos a los invitados; debiendo inspeccionar los bolsos y las mochilas.
Puso de resalto que aquel día vistió una remera negra que llevaba impresa la leyenda “control” y sus compañeros usaron unas similares.
Contó que durante el cacheo quitaron a los concurrentes gran cantidad de elementos, entre ellos botellas y bengalas. Dijo que no vio ingresar al salón banderas con caño sino solamente la tela.
Puntualizó que las puertas situadas detrás suyo estuvieron abiertas durante todo el recital y que permaneció en el portón de acceso al pasillo amarillo durante toda la noche. Aclaró que al momento del inicio del concierto de “Callejeros” aún estaba ingresando gente al interior del local.
Relató que cuando se produjo el incendio se encontraba en el sitio indicado precedentemente junto con dos compañeros llamados Javier y Sebastián, y que el público comenzó a salir a través de ese corredor gritando “fuego” y chocándose entre ellos. Expuso que ese grupo de personas lo arrastró hacia la calle y que en ese momento no habían llegado aún ni el personal policial ni el de bomberos.
Explicó que intentó volver a entrar porque su sobrino Maximiliano Coria, quien había ingresado como invitado de Zerpa, se encontraba en el primer piso del local.
Manifestó que a su ingreso las luces estaban apagadas, había muchísimo humo y no se podía respirar. Tampoco observó la presencia de carteles ni luces de emergencia.
Dijo que su sobrino fue rescatado por su hermano y que él se quedó allí ayudando a otros jóvenes. Agregó que posteriormente arribaron los bomberos y la policía, y que todos los presentes colaboraban en la tarea de sacar al público del salón.
Señaló que la policía empujaba a la gente hacia las esquinas pegándole con los bastones.
Interrogado que fue acerca de su conocimiento de una persona apodada “Lolo”, manifestó que éste trabajaba para “Callejeros” más no para el local “República Cromañón”. Era quien impartía órdenes a todos. Precisó que era el “control” de la banda y que cuando Zerpa no estaba presente, era quien les indicaba donde debían ubicarse.
Puso de relieve que los días 28, 29 y 30 “Lolo” estaba lastimado y que tenía un yeso en una pierna. No pudo recordar si aquél le impartía órdenes a Zerpa.
Destacó que ignoraba si el local “República Cromañón” tenía personal de seguridad propio.
También manifestó que como retribución por sus servicios se había convenido la suma de $ 40 por noche y que se abonaría al final de cada jornada.
Precisó que si bien en el inicio de su declaración había indicado que Zerpa le había abonado el día 28 su salario, había incurrido en un error, puesto que recordaba que había sido Lorenzo Bussi. Agregó que luego de concluido el recital se reunieron en el hall y allí le pagaron. Dijo que no recordaba si había integrantes de la banda “Callejeros” y que no conocía a su manager. Puntualizó que el resto de los días no cobró.
Puso de resalto que habitualmente “Lolo” les entregaba las remeras que usaban en los recitales y luego las dejaban en el lugar.
Aclaró que él no trabajaba con Lorenzo Bussi, sino con Zerpa.
Finalmente, leído que le fue un tramo de su declaración anterior prestada en la etapa de instrucción, manifestó recordar que junto con sus compañeros intentaron sacar una valla situada en el hall –la cual dividía el sector por el que ingresaban los hombres del de las mujeres- para que nadie se lastimara, y que la gente al salir los arrastró hacia fuera del local junto con la valla.
En oportunidad de ser oído, Fernando Horacio Zerpa señaló que a Omar Emir Chabán y a Raúl Villarreal los conoce debido a que se desempeñó como personal de control en los recitales que brindó “Callejeros” en “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004 y que junto al último de los nombrados trabajó en el local “Cemento”, cuando la banda mencionada llevó a cabo diversos shows.
Refirió que comenzó su actividad como personal de control en recitales porque un amigo suyo, de nombre Juan, le ofreció hacer algunas “changas”, lo que aceptó debido a que se encontraba desempleado.
Asimismo, hizo saber que nunca recibió ninguna clase de capacitación para desarrollar su trabajo, ni tampoco ningún curso.
Hizo saber que a Lorenzo Bussi lo conoció trabajando en un recital de “Callejeros” y, a partir de ello, cuando la banda tocaba, éste lo llamaba y era el encargado de pagarle por la tarea realizada. Agregó que desconoce qué clase de relación laboral unía a Bussi con las personas que organizaban los diversos shows.
Refirió que las personas encargadas de contratarlo eran las que pertenecían al local donde se llevaban a cabo los espectáculos y no los integrantes de la banda que lo brindaban. En el caso particular de “República de Cromañón”, las diversas tareas de control que debía llevar a cabo le eran informadas por Bussi, quien previamente recibía las ordenes de Villarreal.
Con relación al show que llevó a cabo “Callejeros” en Excursionistas, manifestó que fue contratado por la productora “MTS” y que el encargado de seguridad era Carlos Galarza, a pesar de haber sido contactado para trabajar por Lorenzo Bussi.
Preguntado por el Sr. Fiscal General acerca de si tenía conocimiento de la existencia de la empresa “Seguridad Integral Star Blue”, refirió que no. Su relación era con “MTS” y ésta podía ser contratada por distintas empresas para que se encargara de llevar a cabo las tareas de control en un establecimiento determinado.
Para los recitales que realizó “Callejeros” en “República Cromañón”, fue convocado por Lorenzo Bussi, junto a otras quince personas más, entre los que se encontraban su hermano Héctor Zerpa, Claudio Curcuy, Javier y Daniel Coria.
Refirió que al local lo conocía de antes porque concurrió cuando era un bailanta y que en oportunidad de regresar para llevar a cabo las tareas de control, no advirtió cambios estructurales en su interior, agregando que los medios de egreso del lugar eran los mismos.
Los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004, llegó a “República Cromañón”, aproximadamente, a las 15.00 horas, ingresando directamente debido a que las puertas del local se encontraban abiertas.
Agregó que Villarreal llegó un poco más tarde, a las 17.00 horas. Éste fue quien les indicó cómo debían realizar su trabajo, esto es, a qué hora tenían que abrir las puertas del local y en qué sentido debían organizar la fila de concurrentes para controlar el acceso.
Con relación al cacheo, les hizo saber que se encontraba prohibido el ingreso de pirotecnia al lugar, por lo que debían, incluso, revisar las zapatillas del público en busca de esos elementos.
Recordó que uno de esos días pudo observar que Villarreal le manifestó a su compañero, Leo Montero, que dejara pasar a unas personas sin ser revisadas porque eran invitados de él, lo que no fue objetado por ninguna de las personas de control porque Villarreal “era el encargado”.
Hizo saber que para llevar a cabo su actividad de control, apostado en el ingreso del local, no utilizaba ninguna vestimenta en particular, pero que algunos de sus compañeros tenían unas remeras de color negro que decían “control”.
Junto a él, desempeñando la tarea asignada, había cinco personas. Uno de sus compañeros se encontraba en la escalera que conduce al sector VIP y otros tantos, detrás del vallado que separaba a los concurrentes del escenario.
Agregó que el local contaba con personal de seguridad, siendo él sólo de control y que aquellas personas podían ser identificadas porque tenían colgado un cartelito que decía “seguridad”. Tenían a su cargo diversas tareas, a veces atendían las barras y en otras oportunidades se encargaban de controlar que la gente no se peleara entre sí ni ocasionara rupturas en el local.
En aquellos días, sólo se encargó de controlar el ingreso del público al local y de organizar las filas que formaban los concurrentes, aclarando que no realizó ningún cacheo.
Pudo observar que sus compañeros, encargados de realizarlo, extraían de la gente pirotecnia y que la depositaban en un bolsa que, con posterioridad, era retirada por Raúl Villarreal.
Agregó que todos los concurrentes eran revisados, incluso los invitados, y que en el caso de personas discapacitadas, se les inspeccionaba la silla con el fin de evitar que ingresaran pirotecnia o elementos contundentes al interior del lugar.
Con relación al día 30 de diciembre de 2004, manifestó que al momento de iniciarse el siniestro se encontraba en la puerta de “República Cromañón” –identificada en la maqueta virtual con color azul-, pudiendo advertir que algo sucedía debido a que comenzó a escuchar gritos provenientes del interior del local. Momentos después, los concurrentes comenzaron a salir corriendo.
Así, refirió que él, junto a uno de sus compañeros, fueron los encargados de abrir el portón “violeta” que se encontraba cerrado por orden de Raúl Villarreal.
Posteriormente, decidió ingresar al local en varias oportunidades, debido a que dentro de aquél todavía se hallaban sus familiares y algunos conocidos. En ese momento, se encontró con el cantante de la banda, quien intentaba sacar a la gente. Pudo observar que el lugar estaba lleno de humo y que no había luz.
Con relación a la presencia policial, refirió que frente a la puerta donde se encontraba realizando las tareas de control, había un patrullero estacionado y que se retiró del local cuando comenzó el siniestro porque obstruía la salida del público.
Asimismo, refirió que uno de sus compañeros se acercó a los oficiales a fin de comentarles lo que estaba sucediendo dentro del local, pudiendo observar que éstos comenzaron a reírse, descreyendo los comentarios que les eran vertidos.
Agregó que al momento de comenzar el egreso de los concurrentes del local, el grupo de infantería que se hallaba apostado en la intersección de las calles Bartolomé Mitre y Ecuador, se trasladó hasta el hall de “República Cromañón”, comenzando a reprimir a las personas que intentaban abandonar el lugar.
Asimismo, manifestó que el día 25 de diciembre de 2004 en “República Cromañón”, cuando tocó la banda “La 25”, se produjo un incendio que fue apagado con una manguera o con un vaso de agua. Ello lo supo por comentarios.
Respecto a la forma en que llevaba a cabo su actividad, refirió que en todos los locales había un jefe de seguridad quien daba las ordenes y efectuaba los pagos a la “cabeza visible del grupo” de personas que se encontraban realizando el control. Agregó que por lo general, éste último era Lorenzo Bussi.
En relación a la puerta del garage lindero al hotel, hizo saber que la noche del 30 de diciembre se encontraba cerrada y que no recuerda si contaba con alguna clase de cartel indicador.
Exhibida que le fue la maqueta virtual, reconoció como puertas de emergencia a las vaivén tipo cine, indicando que contaban con “barras antipánico”.
A continuación, especificó que al momento de arribar al local, previo al comienzo del recital, realizó una recorrida por su interior con el fin de corroborar que todo se hallara en orden y agregó “Villarreal nunca me manifestó nada acerca de qué medidas debía adoptar frente a una situación de emergencia”.
Con respecto a Argañaraz, hizo saber que el día 30 lo vio dando vueltas por el local y que lo conocía como “un colaborador más de los chicos”, no pudiendo precisar qué clase de tareas realizaba junto a ellos.
Posteriormente, hizo saber que en el acceso destinado al ingreso de caballeros -señaló en la maqueta virtual el pasillo de color azul- había dos vallas destinadas a organizar la fila y que éstas fueron reiteradas por él y sus compañeros al momento de comenzar la evacuación de la gente del local.
Aclaró que el día 30 de diciembre, a pesar de encontrarse en el lugar, Lorenzo Bussi no realizó tarea alguna debido a que había sido operado del tobillo. Con relación al personal femenino que efectuaba el control, refirió que sólo conocía a una señora de nombre “Carmen”, no pudiendo aportar más datos al respecto.
Con posterioridad al hecho que se investiga, efectuó tareas de control en los recitales que brindó la banda “Callejeros” en las provincias de Córdoba y Santa Fé, refiriendo que a los integrantes de la banda los conoce desde el año 2002 o 2003, cuando comenzó a trabajar con ellos.
A preguntas de las partes, expresó que el día 30 de diciembre la fila de ingreso de concurrentes se formó en la vereda de enfrente al local, mientras que los días 28 y 29, aquellas se encontraban sobre la vereda del lugar.
Con relación a Leonardo Djerfy y a preguntas de la Dra. Fangano, refirió que el día 30 de diciembre trabajó con ellos, no recordando si aquél realizó tareas de control en Obras y/o Excursionistas.
A preguntas formuladas por el Dr. Gutiérrez, agregó que el día de los hechos no sabe si en las inmediaciones de “República Cromañón” había alguna persona vendiendo afiches de la banda y que no percibió, mientras desarrollaba las tareas de control en el acceso al local, el ingreso “de prepo” de un grupo de ciento cincuenta personas.
Desconoce quién fue el encargado de llamar a los bomberos.
Preguntado que fue por la Dra. De Reatti acerca del conocimiento que tenía de la ley 118, manifestó no conocerla, siendo que nunca le solicitaron que se inscriba en ningún registro del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, referido al personal de seguridad.
Con relación a la postura que adoptaba “Callejeros” al momento de brindar sus recitales en torno al uso de pirotecnia, expresó que conocía la oposición que tenían con respecto a su utilización, pues así se lo habían manifestado.
Refirió que el público ingresaba la pirotecnia a pesar de los controles que se realizaban porque la “escondía bien”. Para ello utilizaban sus zapatillas, e incluso, sus partes íntimas.
Antes del inicio de los recitales, manifestó que vio cómo ingresaron al local los integrantes de la banda sin ser revisados y que los equipos de sonido ya se encontraban instalados en el lugar.
Efectuada la lectura de un tramo de una de las declaraciones que brindara en instrucción -obrante a fs. 38.180- en la que refirió que la media sombra que se hallaba en el techo del local fue colocada el día 30 por personal del lugar, manifestó no recordar aquellos dichos.
Hizo saber que el día 28 de diciembre cuando arribó al local, en el pasillo del garage que se halla junto al ingreso del hotel, había estacionado un camión, sin poder precisar qué era lo que estaban descargando, ni tampoco a qué hora se retiró del lugar.
Previa lectura efectuada por la Dra. Campos de un tramo de su declaración que obra a fs. 38.180, recordó que para los recitales que brindó la banda utilizaron unas remeras de color negro, con inscripción que rezaba “Callejeros control” en color amarillo.
Asimismo, manifestó que los hermanos Coria son sus vecinos de “toda la vida” y que él los llamo para trabajar en “Cromañón”, agregando que Javier Coria estaba encargado del cacheo, mientras que Daniel Coria tenía a su cargo el control del acceso al sector VIP, situado en el descanso de la escalera.
Finalmente manifestó que el trabajo realizado en las fechas mencionadas, debido a lo sucedido, no fue remunerado.
Fue convocado a prestar declaración testimonial Héctor Zerpa.
En primer término, precisó que de la nómina de imputados que le fuera nombrada sólo conoce a Omar Emir Chabán, Raúl Villarreal, Lorenzo Bussi y a la totalidad de los integrantes del grupo “Callejeros” (Argañaraz inclusive). En todos los casos por razones estrictamente laborales.
Comenzado el interrogatorio por el representante del Ministerio Público Fiscal, ahondó en precisiones sobre el grado de conocimiento que posee respecto a los nombrados, destacando que a Omar Emir Chabán y a Raúl Villarreal los conoció cuando trabajó en los locales “Cemento” y “Cromañón”; al primero por ser el dueño, y al restante por ser el jefe de seguridad de los boliches. Aseveró que al concurrir a los mentados lugares era informado que estaba bajo las órdenes de Villarreal.
También expresó que conoce a los integrantes del grupo “Callejeros” puesto que en reiteradas oportunidades ofició de control de la banda.
Sobre la modalidad de trabajo, explicó que Bussi se comunicaba con su hermano Fernando o con él de manera indistinta para ver si podían trabajar de control de “Callejeros”, es decir, para efectuar cacheo, control de acceso, cortar ticket, etcétera. También hicieron lo mismo para otras bandas -La Renga, Los Piojos, Jóvenes Pordioseros, etcétera-, siendo la modalidad siempre la misma, a saber: recibían un llamado para que concurran a un determinado lugar, y una vez allí eran puestos en conocimiento sobre la tarea específica a cumplir.
Nunca recibió entrenamiento o instrucción sobre cómo realizar las tareas, y nunca solicitaron sus antecedentes policiales.
Aclaró que si bien era de Bussi de quien recibía la paga, las instrucciones provenían de Villarreal, siendo el primero “uno mas que trabajaba”. Nunca recibió órdenes de Argañaraz, y siempre fue convocado por Bussi, nunca por Raúl Villarreal.
Su tarea como control de “Callejeros” comenzó en el mes de abril del año 2004 en “Cromañón”. En ese mismo lugar estuvo presente en las tres funciones que ofrecieron en el mes de diciembre. En todas estas oportunidades su tarea se circunscribió al control de acceso y al cacheo, ubicándose en un primer momento en la vereda de enfrente al local -donde se formó la cola de ingreso- para luego situarse en la puerta derecha (salida de emergencia). La orden la recibió de Villarreal.
Con relación al cacheo, explicó que la finalidad era evitar que el público ingrese con pirotecnia, bebidas y elementos contundentes. Para ello el control era exhaustivo, llegando incluso a revisarse las zapatillas. Lo que se incautaba se depositaba en una bolsa que luego era retirada por Villarreal, quien, previo llevarla al sector boleterías, la dejaba en otra oficina. Destacó que el material incautado en aquellas ocasiones fue guardado en tres bolsas aproximadamente.
Todos los asistentes que ingresaron por su puerta fueron controlados, sin excepción. Los tres días se incautó la misma cantidad de pirotecnia.
Nunca escuchó un comentario referido a la pirotecnia que haya provenido de Chabán.
Al momento de centrar la atención en el día 30 de diciembre, recordó que llegó a “Cromañón” a las 17:30 horas aproximadamente, junto a su hermano y otros sujetos -de los cuales no recordó mayores datos-. No recorrió el local, sino que se quedó en la puerta. Ese día trabajó en grupo, dentro del cual se encontraba su hermano y Claudio Curcuy.
En lo que respecta al ingreso, se formó una fila en la vereda de enfrente del local y se hacía pasar al público de a tandas, siendo una cantidad de ocho personas aproximadamente las que se avocaban a ello. Los tres días hubo un móvil policial en la puerta.
Era Villarreal quien decidía cuándo se abrían las puertas para que el público ingrese.
Cuando terminó de tocar “Ojos Locos”, por orden de Raúl Villarreal, se cerraron los portones principales para que la gente no ingrese sin pagar, quedando abiertas únicamente la puerta chica de la hoja derecha y la persiana azul –pasillo amarillo-. Los días anteriores ello no se hizo, quedando siempre abierto el portón principal.
En determinado momento, comenzó a escuchar gritos que indicaban que se estaba incendiando el lugar, a la vez que la gente salía corriendo. Tuvo que sacar una valla que se encontraba en el pasillo para facilitar el egreso del público, del mismo modo que se abrieron las puertas principales que se encontraban cerradas.
Ésta última empresa no fue sencilla toda vez que esa puerta se abría hacia el interior del local, por lo cual chocaba con la gente que quería egresar. El público, en un primer momento, consideró que no los querían dejar salir; en realidad lo que se intentaba era mermar el fluido de gente para poder abrir el portón. La decisión de abrirlo fue espontánea, la decidió su grupo de trabajo, es decir, no fue una orden de Villarreal.
Junto a su hermano intentaron ingresar para ayudar a sus familiares que se encontraban en el sector VIP, pero el humo, la oscuridad y la cantidad de personas que había apilada en las “puertas cine” se los impidieron. Tuvieron que sacar a muchos de los chicos que se encontraban en dicho sector hasta la vereda.
En un primer momento, el grupo de infantería que se encontraba en la esquina -no precisó cuál de ellas- reprimió a la gente que se encontraba en la calle, dado que a su entender consideraron que se querían “colar”. Una vez que la situación se aclaró, se limitaron a formar un cordón. Por su parte, el móvil policial que se ubicaba en la puerta, apenas el público comenzó a salir, se retiró del lugar.
Al ser preguntado sobre el eventual regreso del patrullero, no pudo aportar información toda vez que luego de ver aquello ingresó al local en procura de auxiliar a su familia -a sus dos hijos y a su ex mujer-.
Recordó haber visto a Chabán agarrarse el cabello y retirarse del lugar, mientras que a los integrantes de “Callejeros” los vio ingresar para sacar gente.
Aseveró que el primer día vio la puerta que daba al garaje del hotel cerrada.
Al ser interrogado por las partes explicó que a “Cemento” concurrió con las bandas “Jóvenes Pordioseros”, “Callejeros” y otra cuyo nombre no logró recordar. En todas esas oportunidades lo hizo con Bussi, quien en definitiva fue quien le pagó. Misma consideración realizó del recital del mes de abril que “Callejeros” brindó en “Cromañón” en el año 2004.
El día 29 de diciembre se requirió al personal que se mejore el cacheo porque estaban ingresando mucha pirotecnia. No pudo precisar quién transmitió dicha directiva.
Sobre Raúl Villarreal destacó que se ubicaba en la puerta de ingreso del local, pero a veces caminaba por el lugar. Que lo conoció en Cemento haciendo de control para bandas como “Jóvenes Pordioseros” y “Callejeros”.
El pago siempre lo recibió de Bussi, siendo en definitiva éste quien se contactaba con ellos. Desconoció quién le pagaba a Bussi, pero especuló que lo hacia gente del local.
Explicó que el ingreso de invitados era por lista y se controlaba en el hall de boleterías del mismo modo que al resto de los concurrentes.
El personal de control se ubicaba en la escalera de acceso al VIP, en el sonido, en el ingreso, en la zona donde se efectuaba la fila para acceder al local, en los camarines y frente al escenario.
La gente que se encontraba avocada al control tenía distinta vestimenta y funciones que aquellos que trabajan como seguridad del local -sin perjuicio de aclarar que el día 30 él sólo tenía una remera negra-. Los primeros lucían una remera negra con la inscripción “Control”, debiendo encargarse de cuidar los instrumentos, efectuar el cacheo y organizar el ingreso. El grupo restante no poseía ningún distintivo, encontrándose dentro de sus tareas la de limpiar, atender las barras, evitar peleas y cuidar el local.
De las personas que conformaban la seguridad de “Cromañón” sólo pudo precisar el nombre de una de ellas: Mario.
Asimismo, y en lo que respecta a las mujeres que realizaban el control, sólo aportó el nombre de dos de ellas, Carmen y “Eli”.
Vuelto a ser interrogado sobre el tipo de relación que lo vincula con Lorenzo Bussi, agregó que lo conoció en un recital en el año 2000 aproximadamente por intermedio de un amigo, siendo a través de Bussi que tomó conocimiento que necesitaba gente para trabajar. Tal vínculo laboral no se desarrolló de manera continua.
Precisó también que el día de los hechos Bussi se encontraba lesionado en una pierna, razón por la cual se limitó a colaborar con el control de los tickets.
A su vez, recordó haber trabajado con el nombrado para otras bandas y en otros lugares. Tal fue el caso del recital que realizó “La Renga” en San Pedro y aquel que efectuó “Callejeros” en “Obras”. En este último, Lorenzo Bussi se ubicó en el vallado.
Al ser preguntado si conocía a “Chiquito”, Oscar Ortiz y “He-man”, respondió de manera afirmativa en los dos primeros casos. “Chiquito” trabajaba de seguridad en “Cemento” pero dejó al tiempo porque le cortaron las piernas a raíz de un problema de salud. Ortiz trabajó con él el día 30 de diciembre; al restante negó conocerlo.
Sobre el uso de pirotecnia, precisó que era normal en los recitales de rock, no percibiendo en el público de Callejeros un comportamiento “anormal”. Siempre se incautaron bengalas, petardos y tres tiros, pero en lo que a candelas respecta, aclaró que las conoció el día 30 de diciembre.
Fue contundente al manifestar que Raúl Villarreal nunca lo llamó para que trabaje en “Cromañón” o “Cemento”.
En otro orden refirió que, además del móvil policial que se ubicaba frente al local, se constituía un vehículo particular (Ford azul) con personal policial. Antes de que comience la banda soporte el citado personal se retiraba del local.
Culminada su declaración, el Fiscal General realizó una serie de lecturas con el objeto de ayudar a la memoria del testigo. Puntualmente procedió a dar lectura de lo declarado por Héctor Zerpa el día 10 de enero de 2005 obrante a fs. 38.175, renglón 25, que versa sobre quién lo contrataba. En aquella ocasión aludió al manager del grupo, Diego Argañaraz, por intermedio de Lorenzo Bussi, encargado de control de la banda. Precisó al respecto que dicha afirmación alude a una creencia suya, pero aclaró que Bussi en realidad “era el encargado de nosotros”.
De esa misma declaración también le fue leído el extracto que obra en el renglón 16 de fs. 38.176, siendo en esta ocasión el tema de interés aquel que menciona que el día 29 de diciembre hubo mayor control. Aseveró Zerpa dicha mención, reconociendo que no fue una orden especial, sino que por tratarse de un lugar cerrado se sabía que había que tener un mayor cuidado.
Prosiguió el Fiscal leyendo aquella parte de la declaración que obra en la misma foja que la anterior, pero ubicada a partir del cuarto renglón empezando de abajo. Aquí reconoció que en una oportunidad Omar Chabán se acercó a la puerta, dirigiéndose de manera despectiva hacia el personal de seguridad y la misma gente que pretendía ingresar, para que se corrieran del frente del local. Incluso agregó que fue por ello que se empezó a organizar la fila en la vereda de enfrente.
Sobre una pregunta que se le realizó en función de las lecturas efectuadas, respondió que cualquier duda que tuvieran sobre el procedimiento de control, la evacuaban directamente en Villarreal, o de manera indirecta a través de Bussi.
En torno a las pérdidas que sufrió a raíz del suceso ocurrido en “Cromañón”, precisó que a su sobrino lo encontró en la esquina del local -no mencionó cuál- en momentos en que estaba siendo trasladado en una ambulancia. Colaboró con el galeno que lo transportaba masajeando el pecho y ventilando al menor con respiración boca a boca. Constituidos en el Hospital Ramos Mejía, y pese al empeño dispuesto, el menor falleció minutos más tarde.
De regreso en “Cromañón”, siguió sacando personas hasta que tomó conocimiento de que su hijo había aparecido. Supo por comentarios, que luego de que un particular lo reanimara, un oficial policial trasladó al menor hasta una ambulancia que lo llevaría al Hospital Fernández –esto último transmitido por el efectivo al propio declarante-. Sin perjuicio de ello, el niño apareció a las 15.00 horas en el cementerio de Chacarita.
En oportunidad de ser convocado a juicio, Claudio Edgardo Curcuy manifestó conocer tanto a Emir Omar Chabán como a Raúl Alcides Villarreal puesto que concurría asiduamente al local “Cemento” a ver los recitales que realizaban las distintas bandas de rock. Aclaró que con posterioridad a ello comenzó a trabajar con algunas de ellas en el cumplimiento de tareas de control.
De acuerdo a su conocimiento, el imputado Villarreal siempre se hallaba en la boletería del local “Cemento” y, asimismo, tanto en ese sitio como en “República Cromañón” tomaba las decisiones en los momentos en los que no se encontraba presente Omar Chabán.
Refirió que hacia el año 2000 inició sus tareas como personal de control para distintas bandas, entre las cuales mencionó a “Los Ratones Paranoicos”, “La 25” y todas aquellas que requirieran los servicios de la productora “Pop Art”, para la cual aquél se desempeñaba.
En ese marco, sus funciones consistían en realizar cacheos, controlar las puertas y, en definitiva, seguir las instrucciones del dueño del lugar en el que se llevaran a cabo los eventos.
Expuso que la primera vez que trabajó para el grupo “Callejeros” fue entre los años 2001 y 2002, habiéndose contactado con ellos porque conocía a Eduardo Vázquez, quien es integrante de la banda musical.
En un principio, no sólo colaboraba con el control sino que, además, cargaba los equipos y los ayudaba con lo que fuera necesario.
En cuanto a la forma de trabajo, sostuvo que generalmente era su amigo Lorenzo Bussi quien se encargaba tanto de juntar a todos los integrantes del grupo que iba a ejercer el control, como de dar las indicaciones. No obstante, Diego Argañaraz -manager de la banda-, y los dueños de los lugares en donde se realizaban las presentaciones, también podían impartir instrucciones.
Refirió que, en general, se le proporcionaba una remera de color negra con la inscripción “control” para identificar la función que cumplía. Esta última vestimenta es la que utilizó durante los recitales de los días 28, 29 y 30 del mes de diciembre del año 2004.
Con relación a los equipos de música, dijo que fueron llevados al local unos días antes de las presentaciones; empero, no pudo precisar por dónde los ingresaron puesto que, si bien en esa oportunidad se hizo presente en el lugar, llegó cuando ya habían sido recibidos.
Asimismo, sobre ese punto, señaló que desde el día anterior a los shows, permaneció en el local cuidando los instrumentos, acompañado por Gerardo Rossi y Horacio Zerpa.
Durante esas jornadas podía acceder a la calle a través de la persiana mecánica de color azul que posee el corredor amarillo y pese a haber estado en el local no pudo precisar la ubicación de las llaves de luz puesto que no se ocupó de ellas.
Esos días ingresó personal de limpieza al local y en la tarde del 30 de diciembre, cuando se hallaba sentado en la puerta tomando aire, se acercó el encargado del hotel junto con dos hombres quienes se presentaron como inspectores del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, todos ellos se retiraron porque no había personal del local que les permitiera el ingreso.
Sostuvo que había trabajado en el local “República Cromañón” con anterioridad, más específicamente en una presentación del grupo “Callejeros”. Dijo que efectuó un recorrido por el salón para verificar que no hubiera elementos riesgosos para el público, pero no recordó si había matafuegos colocados.
Respecto de los accesos existentes en el local, sostuvo que conocía los portones principales de color violeta, la persiana eléctrica y las puertas antipánico por las que se ingresa al salón. Con relación a estas últimas, si bien no recordó que tuvieran algún cartel indicador, señaló que ellas eran los egresos para casos de emergencia.
Por otra parte, comentó que en un festival de rock llevado a cabo en el local se prendió fuego un sector de la media-sombra que colgaba del techo –aquél ubicado entre una columna y las escaleras que conducen a los sanitarios-, pero no se produjeron consecuencias graves pues el foco ígneo fue apagado rápidamente. En ese sentido, aclaró que no presenció el incidente sino que se lo relataron cuando llegó al lugar a ver el show.
Explicó que mientras estuvo cuidando los equipos no recibió indicaciones y a partir del inicio de las presentaciones, su función se desarrolló en el interior del local durante las dos primeras fechas y en el control de la fila de ingreso el último de los shows.
Respecto de la distribución de tareas, sostuvo que podía llevarla a cabo Lorenzo Bussi o cualquiera de los miembros del grupo de control con suficiente antigüedad; incluso él mismo estaba en condiciones de impartir ciertas directivas.
De todos modos, aclaró saber que de arribar asistentes con pirotecnia no debe dejar que ingresen tal material y, en su caso, de advertir que en el interior alguien enciende algún fuego de artificio, de ser posible, debe apagarlo.
Indicó que el día de la tragedia, desde las 20.00 horas aproximadamente, se halló en la entrada de hombres –señaló en la maqueta virtual el corredor amarillo- junto a seis personas más que ejercían el control. Asimismo, refirió que el sector de las puertas de color violeta estaba destinado al ingreso de mujeres e invitados, especificando que estos últimos pasaban cerca de las boleterías para retirar las respectivas invitaciones.
En oportunidad de abrirse el acceso al público, advirtió que en la zona había un carro de la Guardia de Infantería y un patrullero en la puerta del local que se retiró poco antes del show.
Tenía la orden de que durante las presentaciones los asistentes no ingresaran pirotecnia al salón, por lo cual decidió que además de palparlos debían quitarse las zapatillas para una mejor verificación.
Pese a que mientras realizaban la fila se le advirtió a los concurrentes que no estaba permitido que llevaran material pirotécnico, a muchos de ellos les incautaron bengalas, tres tiros y rompeportones. Todos esos elementos fueron colocados en una bolsa que se guardaba en la oficina del local.
Refirió que se llenó alrededor de una bolsa por día, mas no pudo recordar con exactitud lo sucedido en ese sentido la noche del 30 de diciembre, toda vez que no participó en la revisión del público.
Sostuvo que el cacheo se realizaba a todos los asistentes, aunque alguno de sus compañeros que se hallaba en el sector de ingreso de invitados le comentó que Raúl Villarreal dispuso que eximieran de control a un grupo de concurrentes.
Señaló que esa noche eran aproximadamente 30 personas las que cumplían tareas de control, algunas ubicadas en el ingreso, otras en el vallado del escenario, en los camarines y en el sector VIP. Para calcular la cantidad de personal que iba a ser necesario, partieron de la base de que el local tenía capacidad para 4.000 asistentes y así establecieron la cifra.
Además había 5 ó 6 personas que cumplían la función de seguridad del local, quienes debían estar identificadas con una credencial y se encargaban de verificar que no se produjeran disturbios en el interior.
Manifestó que los accesos al local permanecieron abiertos en todo momento, a excepción de la hoja derecha de la puerta violeta, la cual fue entornada luego del ingreso de los invitados. Más allá de esa consideración, no supo decir quién dio la indicación de que esa puerta fuera cerrada.
Desde el sector en donde se encontraba ubicado no advirtió si dentro del salón utilizaban pirotecnia o, en su caso, si alguien realizó alguna advertencia al respecto.
Refirió que en un momento dado el público salió gritando que se prendía fuego el lugar. Por ello intentó ingresar al salón a través del corredor amarillo, pero debido a la cantidad de gente que había en ese sitio tuvo que hacerlo por el sector de las boleterías.
Sostuvo que en el interior todo estaba oscuro y el humo era tan denso que no permitía la visión.
Asimismo, señaló que para ese entonces no había personal policial en la zona y sólo se había presentado un grupo de bomberos que debían acceder a la planta superior, más uno de ellos refirió que no tenía sentido ir hasta ese lugar pues seguramente “ya eran todos fiambres”.
Desde otra perspectiva, recordó que producido el siniestro se habilitó una puerta que tiene salida al garage del hotel, aunque no la consideraba un posible acceso ya que siempre la había visto cerrada.
Sin perjuicio de que no pudo precisar con exactitud el tiempo que permaneció en el lugar, refirió que se cruzó con algunos de los integrantes del grupo –Cristian Torrejón y Patricio Fontanet-, quienes se hallaban sacando gente del interior.
A preguntas que le formularon las partes, respondió que entre las personas del grupo de control conocía a Lorenzo, Héctor, Horacio y Sebastián, entre otros. Además, agregó que convocó a tres mujeres para realizar cacheos, trátese de Eli, Carmen y Mirta, a quienes él o Héctor Zerpa le daban las indicaciones.
Con relación al pago de su tarea, señaló que no se realizaba de una forma específica, sino que variaba de acuerdo al caso. Explicó, incluso, que cuando trabajaba para la productora “Pop Art” era él quien se encargaba de abonarle a las personas que convocaba, mientras que en los casos de los shows de “Callejeros” podía recibir el dinero de manos de Lorenzo, de Diego o de cualquiera de sus compañeros.
De todos modos, aclaró que por su trabajo durante las presentaciones del mes de diciembre de 2004 no cobró suma alguna –al igual que los demás integrantes del grupo de control-, puesto que iba a recibir el dinero tras finalizado el último recital. Más allá de eso, recordó que alrededor de un mes después de la tragedia Lorenzo Bussi le entregó una suma, mas no le especificó de manos de quién la había recibido.
Las partes lo interrogaron con relación a la oficina en la que se guardaban las bolsas con el material secuestrado en el cacheo, explicando el testigo que conocía ese sitio puesto que ingresó para darse una ducha, previo a que habilitaran la puerta.
Refirió que pudo ver que en dicha oficina había un baño, una mesa, un escritorio y bolsas de los días anteriores. Asimismo, señaló que la llave que permitió su apertura la tenía Mario Díaz –quien trabajaba en el local- o el encargado cuyo nombre no recordó.
Respecto de Mario Díaz dijo que formaba parte de los empleados de seguridad del local y que, asimismo, lo conocía pues trabajaba en “Cemento”, donde se hallaba bajo las directivas de una persona apodada “Chiquito”. Manifestó que con este último tenía una relación de amistad y que cada vez que iba al boliche pasaba como invitado.
Ante preguntas que se le realizaron respondió no tener conocimiento de la manera en que deben utilizarse los elementos de protección contra incendio, ni haber recibido instrucciones acerca de lo que debía hacer frente a una situación de emergencia que requiriera la evacuación del lugar.
Por otra parte, expuso que participó de la realización de cacheos en el recital que el grupo “Callejeros” llevó a cabo en “Obras”, ocasión en la que muchos concurrentes intentaron pasar material pirotécnico, pero no pudieron hacerlo pues le fue incautado.
Refirió que en alguna oportunidad Diego Argañaraz le pidió que dejaran pasar a alguna persona que carecía de la correspondiente entrada; sin embargo, jamás le indicó que no la revisaran.
También estuvo en el recital que tuvo lugar en el “Club Excursionistas”, donde al finalizar la presentación hubo un show de fuegos artificiales que no produjo lesión alguna al personal de control.
Explicó que para trabajar como control era contactado por las bandas; no obstante, frente a un conflicto siempre prevalecía la voluntad del dueño del lugar. Sobre ese aspecto trajo a colación que el día 28 de diciembre se suscitó una discusión entre Héctor Zerpa y Omar Chabán, con motivo de la cantidad de gente que ingresaba al sector VIP, la que concluyó con la aplicación de la directiva del último de los nombrados de verificar que sólo los familiares accedan a ese sitio del local.
A pedido de una de las partes, especificó que jamás fue convocado para trabajar por parte de Maximiliano Djerfy.
Sostuvo que escuchó hablar de los grupos “La familia piojosa” y “El fondo no fisura”, que tenían como máximo 15 integrantes cada uno, quienes llegaban todos juntos con las entradas en la mano. Todos ellos eran revisados, fundamentalmente porque llevaban banderas consigo, las que eran desenrolladas para verificar que no tuvieran escondidos objetos contundentes en los dobleces.
En cuanto a las banderas, refirió que el día 28 de diciembre, previo al recital, ingresaron algunos asistentes a colgarlas, quienes fueron acompañados por personal de control durante esa tarea.
Preguntado por las partes en punto a la pirotecnia, respondió que su uso era habitual en todos los espectáculos de rock, tanto en sitios abiertos como cerrados, aunque en estos últimos sólo era común ver bengalas, porque las candelas son más difíciles de pasar por el tamaño.
Sostuvo que los integrantes de la banda “Callejeros” no querían que se encendiera pirotecnia en los lugares cerrados, por lo que en el local “República Cromañón” pidieron que el cacheo fuera riguroso. En ese mismo sentido, recordó que en el recital llevado a cabo en un teatro de la ciudad de La Plata, el cantante le pidió expresamente al público que no utilizara bengalas.
Por último, durante su exposición el testigo explicó que para el año 2004 se exigía que los locales tuvieran personal de seguridad propio, además del control que pudieran llevar las bandas, y aclaró que nunca estuvo inscripto en algún registro para ejercer sus funciones.
Fue convocado a prestar declaración en el debate Leonardo Djerfy, quien previo a exponer su relato señaló que conoce a los imputados Omar Chabán y Raúl Villarreal de vista, por haber trabajado en el local “Cromañón”.
Asimismo refirió que conoce a todos los integrantes del grupo “Callejeros” con los cuales mantiene una relación de amistad. Puntualmente, es primo hermano del acusado Maximiliano Djerfy.
Con respecto a la banda “Callejeros”, dijo que trabajaba con ellos desde hacía unos tres o cuatro años antes del hecho. Que un día los fue a ver a un espectáculo, y le preguntaron si quería realizar tareas con ellos; de esta manera comenzó su relación.
Indicó que generalmente se desempeñaba en el sector de los camarines cuidando las pertenencias de los músicos. Con otros grupos ha realizado labores en el vallado o las puertas de los locales. Así por ejemplo estuvo en eventos de “La Renga”, “Quilmes Rock” y en el estadio “Obras”. Generalmente lo llamaban por teléfono del lugar y trabajaba.
Manifestó que con “Callejeros” trabajó en “Cromañón” los tres recitales del mes de diciembre de 2004. Aclaró que en ese local ya había realizado tareas en ocasión de tocar el grupo “Jóvenes Pordioseros”.
En referencia a éste último evento, dijo no recordar que se hubiera producido algún incidente. De todos modos, manifestó que “se comentaba entre los chicos” que en el local “Cromañón” el día primero de mayo de 2004 hubo un principio de incendio, pero aclaró que él no lo presenció.
Señaló que para los tres recitales de “Callejeros” del mes de diciembre de 2004, fue Lorenzo Bussi quien lo llamó para trabajar. Además el nombrado era quien le impartía las órdenes.
Aclaró que cuando trabajaba para “Callejeros”, Diego Argañaraz le abonaba a Bussi y éste le pagaba a él. Recordó que en cierta ocasión, concurrió a la casa de Bussi a buscar la plata por su trabajo durante una semana posterior a un recital en el que había trabajado.
Reiteró que en los recitales de los días 28, 29 y 30 de diciembre realizó la misma función, esto es, permanecer en el sector de camarines cuidando los efectos personales de los artistas. De esta manera custodiaba que ninguna persona ajena a la banda o a la organización ingrese a ese lugar y además vigilaba las ropas, bolsos, mochilas y platillos de batería que los músicos habían dejado allí. Aclaró que no vio por dónde ingresaron esos bienes, puesto que cuando llegó ya estaban en el camarín.
Manifestó que en el momento no recibió dinero por su labor; días después de la tragedia Bussi le abonó por sus servicios.
Dijo que los equipos de sonido estaban en el escenario y éstos eran custodiados por Diego, Fede y otros muchachos del “staff de la banda”.
Recordó que esos días salió del camarín por una puerta que daba a un estacionamiento lindero, tenía un pasador y abría desde adentro. El día 30 Argañaraz le dijo que mantuviera cerrada esa puerta, pero él la dejó abierta y la trabó con una piedra. También, antes de que toque la banda sopore, estuvo en el VIP donde había familiares suyos.
Asimismo refirió que los tres días estuvo con él un sujeto cuyo nombre y apellido desconoce, pero que es apodado “Yogui”. Esa persona es el fletero de la banda y se encargó de llevar los instrumentos. Agregó no saber por dónde los ingresaron.
Esas noches había otras personas de control, a las cuales conoce por los nombres o apodos. Así, dijo que además de Bussi, estaban “Claudio”, “Niki”, “Dani”, “El Tucu” y “los chicos del staff de la banda”.
Por otra parte, señaló que las bandas soportes también podían usar el sector de camarines. Agregó que en ese lugar no vio que hubiera elementos de pirotecnia.
Puntualmente en referencia a la noche del 30 de diciembre, refirió que los integrantes de la banda subieron al escenario para empezar a tocar. En ese momento él permanecía en el sector de camarines junto con “Yogui”. Escuchó que la música comenzó a sonar, pero pasados unos instantes el grupo dejó de tocar.
A raíz de esto, se dirigió hacia la zona del escenario y cuando salió al boliche, vio que desde la media sombra del techo caía una lluvia de fuego.
Explicó que al lado de la pared situada a la derecha del escenario visto de frente hay una manguera –así lo marcó en la maqueta virtual-. Además, la valla que separaba al público del escenario en ese extremo tenía una puerta que se corría.
De esta manera, abrió esa reja para pasar con el objeto de agarrar la manguera allí ubicada, pero por el lugar comenzó a salir la gente rápidamente hacia el sector de camarines.
Señaló que finalmente salió por esa puerta, que fue al garage y luego se dirigió al frente del local, para tratar de ingresar al salón por el sector de boletarías a fin de buscar a sus amigos y sus familiares que se encontraban en el piso superior.
Indicó que al llegar al sector de las puertas cine no se podía pasar. Había gente entrelazada y el humo impedía respirar. Colaboró para sacar a esas personas y luego logró ingresar al salón.
Refirió que llegó a subir al VIP, pero que no veía nada y no podía respirar. Por este motivo tuvo que salir del local y mojarse la cabeza con las mangueras de los bomberos.
Volvió a ingresar y después llevó a un amigo suyo a una ambulancia en el lugar donde atendían a la gente. Dijo que allí había un “centro de emergencia”. En ese momento preguntó por su papá y le dijeron que estaba en la plaza.
Cuando encontró a su padre, estaba recibiendo asistencia, pero no reaccionaba. Instantes después personal del SAME le refirió que ya estaba muerto.
Por otra parte, recordó que el día del hecho a la tarde estuvo durmiendo la siesta en la cabina del disck jockey ubicada en el primer piso del local. Que allí en cierto momento accionó un tablero de luz y todo el lugar quedó sin iluminación. Luego Mario Díaz lo prendió de nuevo. Agregó que al nombrado Díaz ese día lo vio descargando cajones de gaseosas.
En otro orden, señaló que el vallado a que hiciera referencia se extendía hasta la puerta que está a la izquierda del escenario visto de frente. De todos modos, dijo recordar que había un pequeño espacio para pasar que estaba permanentemente abierto. Así lo vio el día que trabajó en el recital de “Jóvenes Pordioseros”, pues él estaba ubicado allí para impedir que la gente no autorizada pasara hacia el escenario. Agregó que allí se ubicaban personas de la “Cruz Roja” y que la distribución de las vallas supone que fue igual los días 28, 29 y 30 de diciembre.
La puerta que estaba próxima al vallado el día del hecho estaba cerrada con alambre y cadena. Eso lo sabe porque el día del recital de “Jóvenes Pordioseros” se pinchaba la espalda con ese portón. También divisó que había un cartel que decía salida, aunque no pudo establecer si estaba o no iluminado. Añadió que nunca escuchó comentarios de los miembros de “Callejeros” referentes a esa puerta.
Refirió que al local lo conocía desde antes de los recitales en que trabajó pues había concurrido como espectador a shows de “Callejeros”.
Indicó que sabía que la pirotecnia si se accionaba se tenía que secuestrar y arrojar a unos “tachos” con arena. En el recital de “Jóvenes Pordioseros” no recuerda haber secuestrado pirotecnia. Los eventos del 28, 29 y 30 estuvo en camarines, pero cree que la orden era la misma, aunque no recuerda haber observado la existencia de los “tachos” aludidos.
Las veces que fue a prestar servicios, nadie lo instruyó acerca de las condiciones del local, los medios de salida, la forma de evacuarlo en emergencias, ni sobre los matafuegos o mangueras. De todos modos sabía que el lugar contaba con esos elementos contra incendio, pues se veían a simple vista. Agregó que él sabía usar matafuegos y también las mangueras; dijo que se enteró por la prensa que los extintores manuales estaban descargados.
Preguntado para que profundice acerca de la modalidad de su trabajo, dijo que en general Bussi daba las órdenes y el resto las cumplía. A veces Zerpa o Curcuy, que eran los “segundos” de Bussi también impartían directivas.
Expuso que después de la noche del 30 de diciembre trabajó un par de veces mas como control en el estadio de Obras; tiempo después no lo hizo nunca más. Aclaró que no tenía preparación previa como seguridad, que no estaba registrado en organismos del Gobierno de la Ciudad, que nunca fue capacitado por un empleador, sea para la lucha contra el fuego o para realizar evacuaciones en situaciones de emergencias.
Recién después de Cromañón tuvo obra social, estaba inscripto y tenía una credencial.
Dijo que trabajó en recitales de “Callejeros” en “Obras”, “Excursionistas” y en la Provincia de Córdoba. La gente de control era la misma que aquella que participó en la noche del 30 de diciembre.
Precisó que en “Obras” participó en dos recitales de “Callejeros”; en el primero trabajó en el sector del vallado, en el segundo estuvo en los camarines. Refirió que utilizó una remera que decía “Callejeros Control” como en Cromañón y que ésta se la había dado Bussi.
Esos días no recuerda incidentes con la pirotecnia, aunque efectivamente se utilizaron bengalas. No advirtió que se encendieran candelas, elemento éste último que conoció luego de la tragedia.
Indicó que en el recital de “Callejeros” realizado en el club “Excursionistas”, trabajó en la platea de familiares. No recuerda haber visto pirotecnia en el escenario ni detrás de éste.
Interrogado para que precise acerca de si la noche del 30 vio a los Sres. Chabán y Villarreal, expuso que sí. Pudo verlos en el hall de entrada, aunque dijo desconocer qué tareas o funciones estaban realizando.
En otro orden, señaló que generalmente los manager de las bandas le daban órdenes a Lorenzo Bussi, aunque no supo precisar quién era la persona que solicitaba los servicios del nombrado, es decir, quién en definitiva lo contrataba.
Por otra parte, se le dio lectura de un pasaje obrante en su declaración prestada durante la instrucción, puntualmente la respuesta al interrogante número 11, donde habría manifestado que Villarreal era encargado de seguridad la noche del hecho; sobre el tema dijo que “puede ser, supuestamente en esa época se decía eso”.
Al respecto y a preguntas que se le efectuaran para aclarar el punto, reiteró que se decía que era el encargado de seguridad, que la gente preguntaba “¿Raúl está?” y las personas iban y lo buscaban. A él nunca le preguntaron por Villarreal en “Cromañón” pero sí en “Cemento”. Por tanto concluyó que su afirmación se refería a este último local.
También prestó declaración testimonial Mirta Enríquez quien trabajó en “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004.
Explicó que cumplía funciones de seguridad en recitales desde hacía 15 años aproximadamente. Agregó que empezó en una “bailanta” de su barrio y que luego un vecino que trabajaba en conciertos grandes la llevó con él.
Aclaró que en el momento del hecho trabajaba para Juan Carlos Blander, y que a éste no le gustaba que su personal se desempeñara en forma autónoma. Sin embargo, una persona conocida llamada Claudio -no recordó el apellido- le propuso trabajar en los recitales del mes de diciembre del grupo “Callejeros” y como necesitaba el dinero, aceptó.
Manifestó que en ese momento no conocía la normativa vigente respecto del personal de seguridad y que Blander no le indicó que debía cumplir requisitos de inscripción para desempeñarse en ese rubro.
Expuso que Claudio la llamó por teléfono y que aquél trabajaba para Lorenzo Bussi, pero que ignoraba de quién dependía éste último. Asimismo, Claudio le solicitó que llevara a dos chicas más, y así lo hizo; una de ellas era Fabiana Goitea y la otra Elizabeth, de quien no recordó el apellido.
Puso de relieve que no conocía el local “República Cromañón” y que nunca había trabajado como seguridad del grupo “Callejeros”.
Destacó que a Lorenzo Bussi lo conoció en el transcurso de esos recitales.
Relató que el día 28 llegó a la puerta del local y allí se presentó ante Claudio. Aclaró que éste le había dicho que si él no se encontraba en el lugar debía anunciarse con Villarreal.
Indicó que la función que debía cumplir junto con las otras dos mujeres, era efectuar el cacheo del público femenino. Manifestó que el primer día se ubicó en el pasillo amarillo, mientras que los otros dos estuvo en el hall. Explicó que la segunda de las jóvenes antes mencionada sólo fue convocada para el día 30, ya que Claudio le dijo que necesitaba otra chica más porque se habían vendido más entradas.
Con relación al cacheo, manifestó que el día 28 efectuaron un control que consideraba “normal”, pero que a partir del 29 éste se volvió más exhaustivo, y les solicitaban a los asistentes que se quitaran las zapatillas. Ello así, porque el día anterior se había lanzado gran cantidad de pirotecnia. Contó que antes de que comenzara el ingreso, Villarreal en el hall de “Cromañón” le dijo al personal de seguridad que les iba a descontar $ 5 por cada bengala que viera encendida dentro del local.
Precisó que la pirotecnia y demás elementos que incautaban al público eran depositados en una bolsa negra, que luego era llevada a una oficina situada detrás de la boletería. Agregó que ella acarreó una bolsa cada día, abrió la puerta de la boletería y la dejó allí.
Narró que el día 30 arribó aproximadamente a las 17:00 horas e ingresó con su hija al interior del local a fin de presenciar la prueba de sonido. Cuando se disponían a “dar puerta”, se ubicó en el lugar de trabajo que le había sido asignado.
Dijo que ello ocurrió alrededor de las 20.00 hs., una hora más tarde que los días anteriores.
Durante la revisación encontraron diversos tipo de elementos pirotécnicos, entre ellos, tres tiros, petardos y otros que generan luces de colores. Aclaró que éstos eran escondidos en los lugares más insólitos. Citó como ejemplo una bengala encontrada en un sándwich envuelto en papel metálico. Algunos los ocultaban también en los caños de las banderas que ingresaban.
Contó que en el recital estuvo presente su hijo quien entró con unos amigos. Aclaró que ninguno de sus hijos fue revisado por el personal de seguridad.
Explicó que en todos los recitales existía una forma de ingreso denominada de “cortesía”. En ese caso, el dueño del lugar, la banda que tocaba, o las personas de mantenimiento, se acercaban a la puerta y le decían al personal de seguridad que quienes los acompañaban estaban con él y los dejaban pasar sin efectuarle previamente revisación alguna. Refirió que durante los recitales de “Callejeros” varias personas ingresaron de esa forma en compañía de Raúl Villarreal.
Otra variación de esa forma de ingreso se advertía cuando alguien se acercaba al personal de control e indicaba que era conocido de alguna persona del lugar. En ese supuesto, se buscaba al nombrado y se lo hacía pasar. Puntualizó que en algunos casos también sin efectuar el cacheo previo, pues ello dependía del grado de conocimiento o parentesco que tenían entre ellos.
Aclaró que eso sucedió siempre, siendo un manejo distinto al de la lista de invitados. Puso de relieve que en “República Cromañón” la lista de invitados era manejada por la Srta. Aldana Aprea, quien era la jefa de prensa de “Callejeros” y que la presentación ante ella se realizaba luego de ser efectuado el cacheo.
Refirió que al finalizar la revisación se acercó hasta las puertas vaivén a fin de observar dónde estaban sus hijos.
Leído que le fue un párrafo de su declaración anterior brindada en la etapa de instrucción, ratificó que en ese momento Villarreal mandó cerrar el portón grande que daba a la boletería pues un grupo de jóvenes que carecían de entrada intentaba ingresar a “Cromañón”.
Relató que a los dos minutos de haber comenzado el concierto comenzó a salir el público y que por ello intentó abrir el portón violeta que había sido cerrado 10 minutos antes, sin poder hacerlo. Quedó aprisionada entre la puerta y la pared, y debió esperar un rato hasta poder salir de allí.
Cuando accedió a la vía pública no advirtió la presencia de policías ni de bomberos. Resaltó que se encontraba “paralizada” y que Aldana la animó para que fuera a buscar a sus hijos.
Seguidamente comenzó a entrar y a salir del salón en busca de sus hijos; se iluminaba con la luz del teléfono celular porque arriba era donde más se condensaba el humo y ayudaba a los jóvenes que encontraban en su camino. Observó que del techo caían unas “tiritas prendidas fuego”, las cuales luego se apagaban.
Contó que primero halló a su hija en la esquina, quien se encontraba en buen estado de salud, y luego a su hijo quien tuvo que ser internado en el “Hospital Penna”.
Puso de relieve que “recién a los 45 minutos” se escucharon las sirenas de los bomberos y que lo primero que hicieron fue ordenar que no entrara nadie más.
Afirmó que en la esquina de “Cromañón” vio a Chabán, quien estaba quieto con un bolso en la mano y no auxiliaba a nadie.
Destacó que el día 31 de diciembre de 2004 un grupo de amigos de sus hijos que eran seguidores del grupo “La 25”, le contaron que el día 25 de ese mismo mes y año en “República Cromañón” habían presenciado un principio de incendio que fue rápidamente sofocado con vasos de cerveza.
Interrogada acerca de las diferencias existentes entre tareas de seguridad y control, manifestó que para ella no existen. Agregó que en ese momento no prestaba atención a las condiciones de seguridad del local, ni a los planos de evacuación y que no se le exigía estar inscripta en un registro ni realizar exámenes psicofísicos.
Aclaró que ello ahora sí es obligatorio, y que un amigo que trabajaba en “Ruso Eventos” le indicó los trámites que debía realizar.
Puso de resalto también que con anterioridad a la tragedia de “República Cromañón” no vio nunca inspectores municipales en los recitales, pero que actualmente se presentan siempre en ellos y les piden sus credenciales.
Finalmente, refirió que sólo una vez vio inspectores en el estadio de “River”, pero no eran de la Municipalidad sino de la AFIP, y los interrogaban acerca de la suma que ganaban.
En oportunidad de ser oído, Sebastián Pattenden señaló que a Omar Emir Chabán y a Raúl Villarreal los conoce de vista, debido a que se desempeñó como personal de control en los recitales de “Callejeros” en “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004.
En relación al primero de los nombrados, manifestó que era gerenciador de “Cemento” y, con respecto a Villarreal, refirió que trabajaba en las boleterías de dicho local y era conocido como “el encargado”.
Asimismo, refirió que con Patricio Santos Fontanet lo une una amistad, mientras que al resto de los integrantes de la banda consignada los conoce de vista, en razón de su actividad laboral.
Indicó que llevó a cabo funciones de control de acceso de concurrentes a diversos recitales brindados por “La Renga” y que al momento de los hechos que se investigan, cumplía tareas como asistente de uno de los músicos de “La 25”.
En razón de ello, afirmó que presenció el comienzo de incendio que se originó en el local “República Cromañón” el día 25 de diciembre de 2004, momento en el que la banda referida brindaba un show.
Así, agregó que en la fecha mencionada, encontrándose los músicos sobre el escenario, uno de sus integrantes le señaló el techo del local y él pudo advertir que se estaba generando un foco ígneo en el lugar.
Debido a ello, la banda dejó de tocar y algunos de los concurrentes que formaban parte del público intentaron atacar el fuego con los matafuegos del local.
Esa tarea no dio resultados positivos y, ante ello, decidió tomar la manguera de incendios que se hallaba a la izquierda del escenario. Con la ayuda de una persona que no pudo identificar, comenzó a rociar el techo con agua, logrando extinguirlo.
Hizo saber que mientras desempeñaba estas tareas, varios de los asistentes comenzaron a bailar haciendo una ronda alrededor del fuego, a medida que se consumía el material que cubría el techo.
Debido al humo que invadió el lugar, el público fue evacuado. Agregó que al no poder respirar tuvo que retirarse del salón –por la puerta que conecta a los camarines con un garage-, comenzando a devolver una sustancia de color negro. A pesar de ello, el recital no fue suspendido.
Por otra parte, señaló que con “Callejeros” también trabajó en el estadio de “Atlanta” y para llevar a cabo actividades relacionadas con el control de los recitales que brindaba la banda, él era convocado por Lorenzo Bussi –a quien conoció cuando éste era socorrista en los shows de “La 25”-.
En torno a los espectáculos llevados a cabo en “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004, refirió que su función de control, designada por Bussi, consistía en permanecer en el espacio que se encuentra entre el escenario y el vallado, a fin de colaborar y “cuidar” a los asistentes. Agregó que por su labor no recibió bonificación alguna.
No pudo afirmar si aquél vallado, el día 30, se encontraba como figuraba en la maqueta virtual, o si, por el contrario, estaba distribuido a lo largo del escenario, apoyado sobre la pared que se encuentra a la izquierda del local, junto a la salida que desemboca en el garage que comunica con el hotel.
Asimismo, refirió que a lo largo de los recitales consignados, los concurrentes utilizaron pirotecnia dentro del local –candelas y bengalas-, y Omar Emir Chabán y Patricio Santos Fontanet les solicitaron que cesaran su actividad debido a que se trataba de un lugar cerrado con mucha gente. Estas manifestaciones fueron repudiadas por el público.
Dijo que junto a él había cinco personas más desempeñando idéntica función y recordó que el día 30 de diciembre la cantidad de concurrentes era superior a la del día 25, sin poder indicar mayores detalles al respecto.
Refirió que, comenzado el show el 30 de diciembre, pudo observar como el cantante de la banda se tiró del escenario hacia donde se encontraba la gente.
Agregó que en ese momento alcanzó a tomarlo para que no se cayera al piso, oportunidad en la que Fontanet le indicó que el techo del lugar se estaba prendiendo fuego. Tras ello, éste último salió corriendo, traspasó la puerta corrediza que se hallaba al final del vallado y se perdió entre los concurrentes.
Refirió que intentó tomar la manguera que se encontraba junto al escenario, la misma que utilizó el día 25 de diciembre, pero no pudo hacerla funcionar debido a que no había presión de agua. Acto seguido, se cortó la luz y perdió la visibilidad del lugar.
Indicó que comenzó a ayudar a la gente para que pudiera evacuar el local por la puerta que se encontraba en los camarines y desembocaba en el garage que da hacia la calle Jean Jaures.
Manifestó que salió del local, pero ingresó nuevamente, esta vez por la puerta del garage de la calle Bartolomé Mitre.
Así, pudo observar cómo un grupo de personas intentaba abrir el portón que se encuentra del lado izquierdo del escenario. Indicó que debió retirarse del lugar debido a la gran cantidad de humo, el cual dificultaba su respiración.
Luego de ello, al retornar al mismo sitio, advirtió que aquél portón ya se hallaba abierto, oportunidad en la que pudo observar que detrás de éste había una gran cantidad de personas tendidas sobre el piso y desmayadas.
Agregó que pudo ver cómo en varias oportunidades Patricio Santos Fontanet ingresaba al local por el hall de las boleterías con la intención de rescatar a la gente.
A preguntas de la Dra. Campos, afirmó que su actividad se reducía a llevar a cabo tareas dirigidas a socorrer a las personas que asistían a los recitales y a retirar la pirotecnia que el público arrojaba hacia el escenario.
Para alcanzar a los concurrentes que requerían de su ayuda, utilizaba un “banquito” que apoyaba sobre el vallado y así podía tomar a las personas que se encontraban “descompuestas” y pasarlas hacía el otro lado de la valla.
Agregó que desconocía la existencia de otras mangueras dentro del local, no recordando con cuántos matafuegos contaba el lugar.
Asimismo, a preguntas de las partes, manifestó que nunca recibió indicaciones acerca de qué hacer ante una emergencia ni de cómo debía utilizar aquellos elementos contra incendios.
Por otra parte, sostuvo que a fin de permitir el acceso de alguna persona hacia la zona de los camarines, donde se encontraban los músicos, era necesaria la autorización de Argañaraz.
Indicó que también llevó a cabo tareas de control para la banda “Callejeros” en los estadios de “Excursionistas” y “Obras”, y que siempre se encontraba apostado frente al escenario.
A preguntas del Dr. Poplavsky, hizo saber que desconocía la existencia de alguna persona lesionada por el uso de pirotecnia durante los recitales antes sindicados.
Afirmó que en el caso de la “La 25”, eran sus integrantes quienes requerían su presencia para llevar a cabo las tareas de control y que, con otras bandas, eran los encargados de los locales donde se llevaban a cabo los shows quienes lo contrataban. Recordó que, en varias oportunidades, fue Lorenzo Bussi quien le pagó por su trabajo.
Indicó que junto a “Callejeros” trabajó nuevamente, después del 30 de diciembre de 2004, en los recitales que la banda brindó en la provincia de Córdoba. Allí estuvo con “Lolo Bussi”, quien lo llamó para que colaborara en las tareas de control.
Finalmente, especificó que las personas encargadas del “control” responden a la banda y están atentos a sus requerimientos. Agregó que en su caso particular, para desarrollar su trabajo el día 30 de diciembre, utilizó una remera que decía “control”.
Fue convocado ante los estrados Oscar Ramón Ortiz quien trabajó en “República Cromañón” el día 30 de diciembre de 2004.
Relató que cumplía tareas de seguridad en recitales desde hacía un tiempo atrás pero no pudo precisar cuánto. Manifestó que había trabajado en el local “Cemento” como personal de seguridad en alguna oportunidad y por ese motivo conocía de vista a los Sres. Omar Chabán y Raúl Villarreal.
Indicó que Villarreal era el encargado de seguridad de “Cemento” y de “República Cromañón”.
Expuso que trabajaba para el grupo “Callejeros” y que la seguridad de la banda era manejada por una persona apodada “Lolo”. Agregó que éste era quien daba las instrucciones a los demás empleados y que el pago de los salarios era efectuado indistintamente por “Horacio”, “Héctor” o “Lolo”.
Si bien indicó que en un principio fue llevado a trabajar por Sebastián Zerpa, sostuvo que el día 30 de diciembre fue convocado a prestar sus servicios por Héctor Zerpa.
Contó que ese día arribó a la puerta del local “República Cromañón” a las 17:30 ó 18:00 hs. aproximadamente, siendo la primera vez que asistía a ese local. Al llegar se presentó ante Héctor, Horacio y Sebastián, siendo éste último quien le entregó una remera negra que exhibió en la sala de audiencias con la leyenda impresa “Callejeros Control”.
Aclaró que no todo el personal de seguridad usaba la misma prenda, quienes tenían una jerarquía superior no lo hacían, entre ellos “Claudio”, “Héctor” y “Horacio”.
Expresó que además de la seguridad que llevaba la banda, había 3 ó 4 personas que trabajaban para el local.
Manifestó que previo al inicio del recital vio a Raúl Villarreal en el hall cerca de la boletería.
Sostuvo que el cacheo realizado a los asistentes era intenso, e incluía la orden de quitarse las zapatillas. Señaló que si bien no vio cómo incautaban elementos a los jóvenes, sí observó las bolsas en donde los depositaban.
Puso de relieve que ingresó al interior de “Cromañón” una sola vez para ir al baño y que luego permaneció en la puerta porque debía ocuparse de la formación de las filas.
Indicó en la maqueta virtual donde se ubicó –puerta de acceso al pasillo amarillo- junto con un compañero apodado “He-Man” y otros jóvenes. Antes de comenzar a trabajar, Héctor le informó que la fila debía formarse en la vereda de enfrente.
Además, precisó que debían hacer ingresar grupos de 6 ó 7 personas al pasillo para que otros empleados efectuaran el cacheo de los concurrentes al recital.
También, expuso que temprano en la puerta del local observó la presencia de un patrullero policial con dos oficiales dentro.
Relató que apenas comenzó el recital, se produjo una especie de avalancha de las personas que estaban en la vereda y que empujaban para entrar. Especificó que era un grupo de 50, 100 ó 200 personas que carecían de entradas.
En ese momento, mientras intentaba junto con sus compañeros de trabajo contener a esa gente, comenzaron a salir del local gran cantidad de jóvenes que gritaban “fuego” y que empujaron hasta lograr acceder a la vía pública.
Contó que luego ingresó al salón a socorrer a quienes estaban allí atrapados y que no podía ver nada.
Dijo que observó cómo los bomberos y el público intentaban abrir el portón grande que daba al estacionamiento del hotel, lo cual fue una tarea difícil.
También vio que en la entrada del garage había una manguera con la que se lanzaba agua al portón del local.
Puso de relieve que no había recibido ningún tipo de indicación sobre cómo actuar en caso de emergencia, como tampoco ningún tipo de instrucción en el manejo de los elementos contra el fuego. Precisó que sabía utilizar matafuegos y que creía que a las mangueras también.
Resaltó que había trabajado para “Callejeros” en el estadio “Excursionistas” y en “Cemento”.
Agregó que en el primero de esos conciertos cumplió funciones fuera del estadio y luego en el vallado. Expuso que esa noche se detonó pirotecnia sobre el escenario detrás de él y alguien le dijo que se corriera de ese lugar porque se iba a quemar.
Manifestó que no percibió el salario correspondiente a su trabajo del 30 de diciembre de 2004 y se enteró de que otras personas sí lo hicieron. Aclaró que la suma convenida era de $ 30 ó $ 40.
Finalmente, expuso que luego de lo acontecido en “República Cromañón” continuó trabajando de seguridad en los estadios de Obras y Boca con las mismas personas. Dijo que cumplió esas funciones en los conciertos de “Juanse” y “Lenny Kravitz” y que fue convocado por Zerpa.
Prestó declaración en el debate Carlos Jacobo Avila, quien previo a comenzar con su relato de los hechos, aclaró que conoce de vista a los integrantes de la banda musical “Callejeros” por motivos de laborales.
Explicó que el día 30 de diciembre del año 2004 fue a trabajar al local “República Cromañón” para realizar tareas de control. Era la primera vez que iba a ese lugar y que asistió porque recibió un llamado de “Lolo”, que era la persona que se comunicaba con él cuando necesitaba de sus labores.
Recordó que “Lolo” lo llamó, le dijo que iba a tocar “Callejeros” y que estaba buscando gente para trabajar. Agregó desconocer quién contrataba los servicios del nombrado “Lolo” y que ese día acordó presentarse en “Cromañón” cerca de las tres de la tarde.
Expuso que él ya había cumplido tareas de control trabajando para la productora “Pop Art”, habiéndose desempeñado también en otro recital de “Callejeros”, más precisamente aquel que días antes del hecho brindaran en el Estadio de “Excursionistas”.
En este último evento también fue convocado por “Lolo” y fue éste quien le pagó por sus servicios –desconoce de quién recibía el dinero el nombrado-. Algunos de los compañeros que trabajaron en “Excursionistas” también estuvieron la noche del 30 en “Cromañón”, como ser Héctor y Horacio Zerpa, Javier y Daniel Coria, entre otros.
Volviendo al día 30 de diciembre, dijo que una vez en el lugar “Lolo” le indicó qué era lo que tenía que hacer. Al respecto, lo ubicó en el pasillo de color amarillo para efectuar el cacheo de los concurrentes.
Sobre el punto, recibió la directiva de “Lolo” de ser sumamente estricto en el control. Debía revisar a los asistentes en sus pelos, tocarlos en el cuerpo, sacarles las zapatillas y las plantillas, inspeccionar las medias, etc. Esa labor se realizaba con el objeto de incautar cohetes, desodorantes, botellas y en definitiva cualquier elemento contundente.
Refirió que esa noche secuestró bengalas y petardos y que esos objetos eran colocados en una bolsa a un costado en el piso, que luego era retirada al terminar el trabajo.
Indicó que a todas las personas las revisaban por igual, sin excepciones. Manifestó que el cumplía su trabajo “en un cien por cien”.
Recordó que junto con él, estuvieron trabajando en dicha tarea Juan Carlos Torres, Sebastián Zerpa y Coria, entre otros muchachos. Unos hacían cacheos, otros cortaban tickets. Había otras personas de control en el vallado del escenario, los cuales se encargan de llevar a los asistentes que se descomponen para que los atiendan los sujetos que hacen primeros auxilios.
Dijo que esa noche él no llevaba ninguna identificación, que estaba vestido con una remera negra que era suya. Agregó que tampoco en “Excursionistas” le fue proveído algún tipo de distintivo.
Señaló que unos veinte minutos antes de comenzar su labor, “Lolo” le avisó que tenía que comenzar a trabajar y se abrieron las puertas de acceso. Dijo que durante el tiempo que duraron sus tareas, las puertas siempre estuvieron abiertas. Agregó que el ingreso de la gente fue normal, no hubo corridas y había personal de control que organizaba la fila y mandaba a las personas a la vereda de enfrente para evitar que se coloquen sobre la calle, porque circulaban colectivos.
Refirió que en “Cromañón” no le presentaron al dueño, él directamente preguntó por “Lolo”. Aclaró que éste último se encontraba lesionado utilizando muletas, por lo que solamente se dedicó a cortar entradas.
Resaltó que ese día no había arreglado la forma de pago. Que generalmente se llegaba a un lugar, se acordaba en el momento las horas de trabajo y la remuneración, la cual se pagaba al término de las tareas o durante la semana. Por el trabajo del día 30 nunca cobró ni lo reclamó.
Señaló haber estado toda la noche situado a la mitad del pasillo color amarillo y que en ese lugar advirtió que había un cartel de salida de emergencia; también había otro en el sector existente entre ese corredor y las puertas tipo cine.
Puntualmente en referencia al momento del siniestro, dijo que él todavía se encontraba realizando tareas de cacheo –no pudo recordar si aún quedaba mucha gente por ingresar-, cuando de repente observó que varios chicos salían del local gritando “fuego, fuego”.
Ante ello, expuso que salió a la calle en dirección a un patrullero que estaba estacionado en la acera del local hacia el lado del hotel alojamiento y le pidió a uno de los policías que se encontraba a bordo del móvil que llame a los bomberos porque el boliche se estaba incendiando.
Refirió que el preventor se reía ante la situación, razón por la cual el dicente lanzó una patada contra la unidad policial, insultó al oficial y volvió a requerirle que se comunicara con los bomberos. Sin embargo, el patrullero arrancó y se fue del lugar a gran velocidad.
Luego de ello, se dirigió nuevamente al local para ayudar a sacar gente. Los chicos salían corriendo hacia el sector de la plaza Miserere y desde allí unos policías que descendían de unas camionetas –eran seis vehículos aproximadamente- comenzaron a reprimir a la gente pegándole “palazos”.
Respecto de esto último, dijo que esos policías reprimían y se negaban a su vez a trasladar en las camionetas a los heridos. Esto ocurrió hasta que en un momento arribó al lugar una persona de bigotes robusta –vestida de civil y a quien no podría reconocer-, que comenzó a gritarles a los uniformados y les ordenó que llevaran a las personas lesionadas a los hospitales públicos y privados.
Ante una lectura de un pasaje de una declaración suya prestada durante la instrucción de la cual surge que esa persona sería un Fiscal, indicó que él nunca dijo que se trataba de un funcionario de ese tipo, sino solamente que le parecía que era un Fiscal o Comisario, porque cuando llegó y dio las órdenes los policías las cumplieron diciendo “Si, señor”.
Por otra parte, dijo que durante las tareas de rescate, ingresó al local primeramente por el sector del pasillo amarillo, donde llegado a la altura de la segunda puerta tipo cine se topó con una montaña de personas. También accedió al local por el hall principal y por la zona que da al estacionamiento del hotel –atravesó una persiana que estaba levantada-, lugar éste último donde había una puerta de emergencia que no se podía abrir.
Respecto de éste último portón, recordó que había bomberos –alrededor de tres- colaborando para abrirlo –se hacía fuerza con una barreta-, habiendo transcurrido un buen rato hasta que se logró su apertura. Una vez que cedió, la gente que estaba en el interior no salía por sus propios medios, sino que era sacada por los concurrentes al recital, quienes colaboraban.
En ese sector del estacionamiento del hotel, había una manguera contra incendios, aunque tenía poca presión, según pudo recordar. Agregó que en el primer momento en que se dirigió hacia ese lugar, vio en el corredor un rodado Fiat 147 color blanco o crema, el cual ya no estaba en cierto momento cuando volvió a ese sector.
Dijo que los policías y bomberos no entraban a rescatar a la gente. Esa tarea era realizada por el público; se trataba de sacar a los heridos y llevarlos hasta el hall y desde ahí los oficiales los trasladaban a la calle.
Asimismo, dijo que en cierto momento subió por una escalera existente en el lobby del hotel que permitía acceder al primer piso, donde había una comunicación con el local porque se había hecho un agujero en la pared –no sabe quién lo efectuó-. A través de esa apertura comenzaron a sacar gente; algunos salían por sus propios medios y otros no. Recordó haber visto un bombero en esa escalera. Agregó que en el hotel había luz y que él sacó una criatura de ese lugar.
Por otra parte, el testigo aclaró que no puede determinar los tiempos trascurridos en las distintas secuencias, como ser en qué momento llegaron los móviles policiales, los bomberos o el señor de bigotes que impartía ordenes a los uniformados.
Asimismo, dijo que observó a todos los “chicos” de la banda “Callejeros” colaborando en las tareas de rescate de las víctimas.
Como consecuencia del hecho se sintió mal, se le cerraba el pecho y no podía respirar normalmente. Además, un médico le explicó que una herida (que tenía producto de una operación anterior en el estómago) se le llenó de pus por el esfuerzo realizado esa noche.
En otro orden, expresó que el uso de pirotecnia en recitales era habitual, sea de la banda de que se trate y en lugares abiertos o cerrados. Como ejemplos, dijo que ha visto el empleo de ese tipo de elementos en los shows de “La Renga” en San Pedro –reciente- y en “Huracán”; también en eventos de “La 25”, “Bersuit” y “Los Gardelitos”.
A preguntas efectuadas por las partes, señaló que nunca se inscribió en un registro para realizar tareas de control y que no sabía si eso era obligatorio. Tampoco recibió instrucciones sobre el uso de matafuegos o mangueras ni sobre la forma de actuar en situaciones de emergencia o evacuación –aunque dijo que sabía hacer primeros auxilios-.
Preguntado para que brinde precisiones sobre su trabajo como personal de control, dijo que aproximadamente comenzó sus actividades en el año 1997 o 1998. Que empezó a trabajar en esa época a través de un amigo apodado “Dibu”; cuando había un evento éste lo llamaba y él iba.
Refirió no recordar cuándo se inició la relación con “Lolo”. Que como ya expusiera tanto para “Cromañón” como en “Excursionistas” fue éste quien lo llamó para trabajar. Agregó que no estuvo en los recitales de “Callejeros” en “Atlanta” ni en “Obras” y que a Chabán y a Villarreal no los conocía.
Indicó que no se sentía en relación de dependencia con la persona que lo llamaba para trabajar; él sentía que trabajaba para el lugar a donde iba.
Interrogado acerca de si existe alguna diferencia entre las tareas de “control” y “seguridad”, respondió que estimaba que la persona de “control” trabaja por el día, es decir, para un show determinado; en cambio a la “seguridad” la identifica con algo permanente del lugar.
Luego de la tragedia participó como control en el recital de “Callejeros” en Córdoba cuando volvieron a tocar. Manifestó que también estuvo en un recital de “La Renga” y que actualmente no se desempeñaba más con “Lolo”.
Señaló desconocer quiénes eran las personas de seguridad en “Cromañón”, así como la identidad del personal femenino de control que estuvo la noche del hecho.
En otro sentido y a preguntas de las partes, dijo que a los músicos y a la gente de sonido no se los revisa antes del show porque cuando comienza el cacheo ya están adentro del local.
Leído que le fue un pasaje de su declaración prestada en la instrucción, del cual surge que la noche del siniestro el personal de control tenía colocadas remeras de la firma “Locuras” de color rojas, blancas o negras con la inscripción “Callejeros Control”, refirió que efectivamente esto fue así, aunque reiteró que él no usó ninguna. Agregó que en recitales de otras bandas también se utilizan remeras con la inscripción del grupo de que se trate.
También fue convocado ante estos estrados Claudio Ruiz, quien trabajó en “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004.
Expuso que fue convocado para cumplir funciones de control por su cuñado Héctor Zerpa.
La primera vez que había realizado esas tareas había sido en el recital brindado en el estadio “Excursionistas” y allí se ubicó delante de las vallas para impedir que la gente pasara. Dijo que en esa oportunidad su cuñado le pagó su salario y que le entregó una remera blanca con la leyenda “Callejeros Control”, devolviéndola una vez finalizado el espectáculo.
Relató que en aquella ocasión se realizó un show de fuegos artificiales detrás del escenario. Aclaró que no había sido organizado por el público.
Explicó que el día 28 de diciembre arribó a la puerta del local aproximadamente a las 17.00 ó 17:30 hs. junto con su cuñado y amigos, entre ellos, Javier y Daniel Coria, Juan Torres y los Zerpa.
Relató que mientras sus acompañantes se anunciaban en el local, permaneció en la vereda. Luego, Héctor Zerpa le entregó una remera como la descripta anteriormente y le indicó que debía realizar el “cacheo” en la puerta que daba a un pasillo amarillo –así lo señaló en la maqueta virtual exhibida-.
Agregó que siempre estuvo allí y ese acceso siempre estuvo abierto, mientras que las que se encontraban al lado estuvieron en un momento cerradas.
Indicó que a las 19:30 hs. se autorizó la entrada del público por orden de Villarreal. Dijo que realizó la revisación conjuntamente con Javier Coria.
Explicó que les habían indicado que inspeccionaran bien las mochilas, el cuerpo, y las piernas especialmente, a efectos de que los jóvenes no ingresaran con desodorantes, bebidas alcohólicas, ni elementos de pirotecnia.
Señaló que aquellos objetos incautados eran depositados en bolsas negras ubicadas en el medio del pasillo. Una vez llenas fueron atadas y retiradas por Raúl Villarreal. Respecto de los elementos de pirotecnia, aclaró que se secuestraron únicamente bengalas.
Contó que luego de la revisación se efectuaba el control de las entradas, siendo esa tarea cumplida por Sebastián Zerpa y “Lolo” Bussi, a quien conoció aquella noche. Agregó que a lo largo del pasillo se hallaba colocada una valla y que al final de ésta estaban ubicadas las personas nombradas precedentemente. Aclaró que ignoraba quién había colocado ese vallado y por orden de quién se había hecho.
Precisó que a “Lolo” se lo presentaron como un amigo y que no cumplía ninguna función en el local.
Contó que todos los asistentes eran revisados, pero ese día Villarreal ingresó acompañado por una chica y dos chicos más conocidos suyos, los que no fueron inspeccionados por el personal de control.
Puso de resalto que el día 29 Héctor Zerpa le indicó que se ubicara en el vallado frente al escenario. Precisó que la valla estaba colocada como se mostró en la maqueta virtual y cuando alguien saltaba aquélla, lo llevaba hasta el extremo en que se corría y los hacía salir hacia el sector del público.
Manifestó que desde ese lugar no observó ni se le indicó la existencia de una puerta de emergencia.
Expresó que detrás de la valla se encontraban cuatro personas y él estaba en el extremo izquierdo. Dijo que Héctor Zerpa le había señalado que si veía a alguien con una bengala, debía sacársela y tirarla al piso para apagarla. Aclaró que él no tuvo que hacerlo, pero sí sus compañeros en alguna ocasión.
Contó también que hacia la izquierda de la valla había personal para auxiliar a los individuos del público que sufrieran una indisposición.
Se refirió a continuación a lo sucedido el 30 de diciembre de 2004.
Destacó que ese día se ubicó nuevamente en el pasillo amarillo a fin de realizar el cacheo. Puntualizó que esa fecha cree haber visto en la puerta de “República Cromañón” un móvil policial con dos efectivos.
Indicó que mientras realizaba sus tareas, en dos oportunidades Villarreal hizo ingresar personas con él, no recordando haber efectuado otra excepción. Aclaró que los dejó pasar porque él creía que aquel era “el seguridad del local”.
Relató que cuando empezó el show del grupo “Callejeros” continuaba efectuando el control y de repente su cuñado le gritó que quitara el vallado porque se había prendido fuego el local. Al mirar, observó una “bola de humo” y la gente comenzó a salir corriendo.
Explicó que junto con su compañero corrieron la valla contra la pared y la misma gente que egresaba los empujó hacia la calle. Aclaró que la puerta estaba abierta, mas la hoja izquierda del portón violeta estaba cerrada.
Puso de resalto que se acercó luego hasta las puertas vaivén a fin de ingresar en el salón, pero que Héctor y Horacio Zerpa que tenían familiares en el VIP del primer piso, no lo dejaron y le pidieron que se quedara afuera, viendo si salían de allí.
Aclaró que no vio quién abrió el portón violeta, el cual estaba cerrado.
Destacó que los primeros policías en llegar comenzaron a golpear a los jóvenes en el entendimiento de que se había producido una pelea entre ellos. Dijo que por ese motivo los jóvenes comenzaron a golpear el patrullero.
Puntualizó que después de aquella noche nunca más efectuó ese tipo de trabajo y que los días 28 y 29 le abonó su salario Héctor Zerpa.
Respecto de la vestimenta del personal de control, expuso que todas las remeras llevaban impresa la leyenda “Callejeros Control”, pero que no eran del mismo color; algunas eran blancas, otras rojas y también negras.
Explicó que la cadena de mando era la siguiente: Villarreal le daba directivas a “Lolo”, “Lolo” a Héctor y éste último a él.
Sostuvo que su cuñado lo había elegido para realizar ese tipo de tareas porque él era asiduo asistente a recitales de rock y sabía la manera en que se manejaban.
Dijo que las tres jornadas vio a Villarreal, y también a “Lolo Bussi” quien se movilizaba con muletas.
Finalmente, refirió que en todos los recitales de rock, tanto en lugares abiertos como cerrados, se disparaba pirotecnia, y que no advertía diferencias con otros grupos musicales.
Comparando el cacheo efectuado en República Cromañón con el que habitualmente se efectuaba en el estadio “Obras”, dijo que era igual.
Fue convocado ante los estrados Javier Schiavoni, quien trabajó en “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004.
Manifestó que conoce a los Sres. Omar Chabán y Raúl Villarreal porque trabajó como “control” durante un tiempo en “Cemento”.
Explicó que fue contratado porque conocía a una persona apodada “Chiquito” y dijo que su función era “cuidar a la gente” y procurar “que no ocurrieran disturbios”. Esas tareas las realizaba dentro del lugar o afuera. Puntualizó que “Chiquito” le daba las órdenes”.
Relató que también trabajó en “República Cromañón”, pues desde su apertura a veces “Chiquito” lo llamaba y le indicaba que se presentara a cumplir sus tareas en ese local. Expuso que eso sucedió aproximadamente en 6 ó 7 oportunidades. Destacó que Chabán era el encargado de ese sitio y se comentaba que Villarreal era el jefe de seguridad.
Puso de relieve que dejó de trabajar en “Cemento” y comenzó a hacerlo en el estadio “Obras”. Agregó que “Claudio” era el encargado de seguridad del estadio indicado y quien le pagaba su salario.
Precisó que durante un recital de otra banda en “Obras”, “Lolo” -quien era el jefe de seguridad de “Callejeros”-, le ofreció trabajar en los conciertos de ese grupo que se realizarían en el mes de diciembre de 2004.
Indicó que las tareas que cumplía en “Cemento”, en “Cromañón” y con “Lolo” para “Callejeros” eran similares.
Contó que el 28 de diciembre de 2004 arribó a la puerta del local a las 17.00 hs. aproximadamente y “Lolo” le dio las indicaciones sobre lo que tenía que hacer aquel día. Le dijo que se quedara afuera, ordenando la fila y procurando que haya orden.
También recibió órdenes de “Héctor” y “Claudio” quienes eran una especie de “encargados”.
Expresó que caminaba por la vereda hacia la esquina –así lo señaló en la maqueta virtual-.
Señaló que en el pasillo amarillo se hallaba ubicada una valla que separaba el ingreso de los hombres y de las mujeres, y que en el hall de acceso había otra. Agregó que ese vallado fue colocado los tres días por él y sus compañeros.
Destacó también que para el cumplimiento de su tarea una persona –no recordó quién- le entregó una remera de color negro con una inscripción en color amarillo que decía “Callejeros Control”.
Precisó que los días 28 y 29 de diciembre “Lolo” le pagó su salario.
Se refirió a continuación a lo sucedido el día 30 de diciembre de 2004.
Narró que cuando llegó a “Cromañón” sólo se encontraba presente el personal de seguridad, encontrándose únicamente abierta la puerta que desembocaba en el pasillo amarillo.
Precisó que le dieron instrucciones respecto de la pirotecnia. Le indicaron que debía estar “bien atento” y quitar al público esa clase de elementos si los hallaban.
Manifestó que la fila era realizada en la vereda en forma conjunta por hombres y mujeres. Luego, en la puerta eran separados a efectos de efectuarles la revisación.
Contó que cuando comenzó a tocar la banda “Callejeros” se acumuló frente a la entrada del pasillo amarillo gran cantidad de jóvenes que carecían de entrada y que empujaban para ingresar. Dijo que junto con sus compañeros tuvieron que contener a este grupo de gente. Aclaró que los otros dos portones violetas ya se encontraban cerrados. Aclaró que ignoraba por orden de quién se había cerrado.
Transcurridos apenas 3 minutos percibió los gritos de las personas que estaban dentro del local y que comenzaron a salir. Advirtió también que se paró la música.
En consecuencia, junto con otra persona de control quitaron la valla del pasillo amarillo y la llevaron hacia afuera. En ese momento se cortó la luz y se dispuso a ayudar a salir a la gente del público, pues muchos habían caído al piso.
Puso de resalto que ingresó en varias oportunidades a auxiliar a las personas. Dijo que en una ocasión accedió al estacionamiento del hotel –que señaló en el recorrido virtual- y vio que había muchas personas intentando abrir un portón cerrado.
Relató que con la ayuda de un bombero aquella puerta logró ser abierta y en ese momento cayeron gran cantidad de cuerpos que se encontraban apoyados contra ella.
Destacó que en ese garaje no había luz y que intentó conectar una manguera pero no pudo, porque ésta tenía un diámetro menor que el caño del agua.
Permaneció en “Cromañón” ayudando a los heridos hasta el momento en que la policía le impidió volver a ingresar.
Sostuvo que aquella noche vio a los integrantes del grupo “Callejeros” colaborar con el rescate de los concurrentes.
Afirmó que no había sido instruido para casos de emergencia con anterioridad y que el día 28 o 29 –no pudo precisarlo-, cuando ingresó al salón para ir al baño, escuchó a Patricio Santos Fontanet pidiendo al público que no tiraran más bengalas.
Leído que fue un párrafo de su declaración prestada en la etapa de instrucción, dijo que recordaba que “Lolo” le dijo el día 29 que ingresara al local con otros compañeros a fin de sacar las bengalas y que aquello se lo había ordenado Chabán.
En oportunidad de ser oído Juan Carlos Torres, señaló que conoce de vista a Chabán, a Villarreal y a los músicos de “Callejeros”, por haber trabajado en “Cromañón”, los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004.
Dijo desconocer qué funciones cumplían Chabán y Villarreal.
Explicó que para las fechas mencionadas estaba desempleado y su primo Héctor Zerpa, que laboraba para el grupo “Callejeros”, le ofreció trabajar en las tareas de “control”, esto es, realizar el “cacheo” y ordenar el ingreso de los concurrentes.
El 28 de diciembre llegó a las 19:00 horas, Héctor Zerpa le dio una remera negra con la inscripción “Control” en color amarillo y le indicó que debía revisar a los concurrentes para evitar que ingresen con desodorantes, encendedores, cuchillos y todo tipo de pirotecnia.
Asimismo, recordó que “Lolo” Bussi le pidió al personal de control que extremara los recaudos para que no ingresen fuegos de artificio al boliche.
Alrededor de las 20:00 horas había un patrullero en la puerta del local y junto a Daniel Coria, Javier Coria, Carlos Avila y otros empleados, ordenaron, previo “cacheo”, el ingreso de los asistentes.
Las mujeres entraban por el hall de las boleterías y eran controladas por personal femenino. Por su parte, los varones ingresaban por la puerta de la derecha –vista desde el exterior-, donde pusieron un vallado que dividía el pasillo por la mitad, para ordenar el ingreso de los concurrentes.
El público llevaba pirotecnia en las medias, adentro de las zapatillas o al costado del cuerpo. Al ser detectados dichos elementos, los ponían en una bolsa negra que al llenarse era reemplazada por otra vacía.
Puntualizó que entre las 19:00 y las 20:00 horas otro patrullero cortó el tránsito de la calle Bartolomé Mitre y que los concurrentes, al enterarse que no podían ingresar con pirotecnia, tiraban cohetes en los alrededores del local.
La primer noche se tiraron muchas bengalas y el día del hecho escuchó desde afuera del boliche que Chabán advirtió al público respecto al uso de pirotecnia y le pidió que dejen de usar fuegos artificiales.
No obstante ello y en respuesta a una nueva pregunta que sobre el punto le dirigiera el Dr. Stefanolo, expresó que, “si mal no recuerda”, escuchó dicha advertencia desde el sector de enfermería, que estaba situado detrás del vallado y a un costado del escenario, donde había enfermeros vestidos con guardapolvo blanco con la inscripción “Cruz Roja”.
Tanto el 28 como el 29 de diciembre, al terminar el control de ingreso, Héctor Zerpa lo mandó al sector de “enfermería”, donde debían ser llevados los que sufrían un desmayo o necesitaban tomar agua.
El vallado separaba al público del escenario y cubría todo el ancho del salón. En dicho sector siempre había personal de control para evitar que los concurrentes accedan al lugar asignado a los músicos.
Expresó que no tiene entrenamiento para dar primeros auxilios ni recibió instrucciones respecto a las salidas del local ni de cómo actuar ante una situación de emergencia.
Añadió que tampoco le indicaron qué conducta adoptar ante el uso de fuegos artificiales por parte del público.
El día del hecho, cuando terminó de ingresar la gente, le ordenaron que “corriera” hasta la esquina a los que no tenían entrada.
En dicho momento observó que empezó a salir humo y corrió hasta la puerta del boliche para buscar a su hijo y a sus dos sobrinos, que estaban en su interior.
Debido a la cantidad de personas que salían corriendo quedó apretado contra la pared y el vallado situado en el pasillo de ingreso.
El personal del Cuerpo de Infantería se acercó al lugar y en la creencia de que se estaban produciendo disturbios empezaron a reprimir a los concurrentes.
Luego de haber transcurrido aproximadamente treinta minutos desde el inicio del siniestro, entró al local. Como estaba oscuro y no se veía nada, utilizó un celular para iluminar su camino.
Observó que muchos concurrentes estaban apilados en la puerta de ingreso y les prestó asistencia para “sacarlos” del recinto.
Afirmó que los bomberos no subieron al primer piso del local porque no tenían los elementos necesarios para ello y que el portón situado cerca del escenario estuvo cerrado con candado y alambre las tres noches.
Respecto a dicho portón, manifestó que fue abierto con posterioridad al inicio del incendio.
Aclaró que su tarea era de “control” y que consistía en controlar a la gente en la parte de afuera del local. Es decir, realizar el “cacheo”, ordenar la fila de ingreso y “sacar” de la puerta a quien no tenga entrada.
Consideró que los que cumplían tareas de “seguridad” se encargaban del “local” y “de las barras”. Señaló que estaban vestidos de negro y que tiene entendido, “por haberlo escuchado”, que dependían de Raúl Villarreal.
A preguntas de las partes, respondió que Héctor Zerpa lo llamó para trabajar en los recitales de “La Renga”, “Los Piojos”, del “Indio” y en el de “Callejeros” en “Excursionistas”.
Además, indicó que “Lolo” Bussi le avisaba a su primo que necesitaba “gente” para trabajar y éste, en la mayoría de las ocasiones, ofrecía los puestos laborales “a los amigos del barrio”.
Precisó que en los recitales aludidos usaban chalecos de colores sin inscripciones y que los responsables del “control” eran su primo o Lorenzo Bussi.
Manifestó que siempre le pagaba Héctor Zerpa y que supone que éste recibía el dinero de las productoras.
Por último, dijo desconocer a qué Comisaría pertenecía el patrullero que cortó el tránsito de la calle Bartolomé Mitre.
También prestó declaración testimonial Carlos Javier Medina quien asistió al recital de “Callejeros” el día 30 de diciembre de 2004 y además trabajó en otras ocasiones como “control” de ese grupo musical.
Manifestó que conocía a Chabán y Villarreal porque se había desempeñado como control de “Callejeros” y de “Los Ratones” cuando tocaron en el local “Cemento”. Agregó que el primero de los nombrados era el dueño del lugar y que el segundo de ellos era el jefe de seguridad.
Indicó que hacía esta última afirmación porque siempre lo veía dando órdenes a las personas empleadas por las bandas. Destacó que en una oportunidad Villarreal lo echó de “Cemento” por no estar de acuerdo con algo referido a sus tareas.
Relató que trabajó como control de “Callejeros” varias veces y dijo que su función en general era controlar el ingreso, acomodar a la gente, ordenar las filas, cuidar los camarines y el ingreso de la banda. Ello, según la tarea puntual que le era asignada en cada jornada por Lorenzo Bussi.
Puso de relieve que “Lolo” fue quien lo convocó a desempeñarse laboralmente para la banda y que el día del recital debía presentarse ante él en el horario convenido.
Precisó que la cantidad de gente que cumplía funciones para cada espectáculo dependía del lugar en el que se realizaba y el número de público estimado. Aclaró que trabajaba casi siempre con las mismas personas, a saber, “Lolo” Bussi, Claudio Curcuy y Horacio Zerpa, entre otros.
Afirmó que la contratación para cada show la efectuaba Bussi, quien le abonaba su salario al finalizar el día. Aclaró que sólo un par de veces Claudio Curcuy también le había pagado.
Destacó que para realizar sus tareas vestía una remera negra con una inscripción en color amarillo, que decía “Callejeros Control”.
Sostuvo que la indicación “prioritaria” era tratar bien al público para que la “pasara bien”. Agregó que no tenía instrucciones acerca de cómo actuar en los casos de utilización de pirotecnia.
Puso de relieve que en todos los recitales de grupos de rock se usaban ese tipo de materiales, tanto en lugares abiertos o cerrados. Sin embargo, aclaró que no conocía a ninguna banda que alentara esa conducta y que era imposible detener al público. Destacó que Patricio Santos Fontanet era asmático, motivo por el cual suponía que no estaba a favor de ello.
También refirió que habitualmente era el encargado del local, quien “daba puerta” y no el personal de la banda.
Manifestó que para el cumplimiento de sus funciones no se requería ninguna capacitación ni inscripción especial; que ello jamás le fue exigido. Puso de resalto que la experiencia la adquirió con el tiempo y que Bussi, quien tenía conocimientos de primeros auxilios, les daba indicaciones para algunos casos de emergencia.
Expresó que trabajó como control del grupo “Callejeros” en el primero de los recitales realizado en “República Cromañón” durante el mes de abril de 2004. En esa ocasión cortó entradas.
También cumplió funciones durante el show de “Excursionistas”. Aquella vez se encontraba a cargo de una puerta de acceso y controlaba asimismo a la gente que allí trabajaba.
Expuso que luego del ingreso se ubicó en el vallado situado frente al escenario. Finalizado el recital, se dispararon fuegos artificiales desde un techo que había detrás del escenario y que ya se encontraban previstos. Agregó que estos fueron manejados por gente idónea de “Cienfuegos”, y que no había peligro alguno.
Manifestó también que los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004 no fue convocado a prestar sus servicios en “República Cromañón”, pero que el día 30 asistió junto con su novia llamada Silvana González, como invitado. A fin obtener esa invitación llamó por teléfono a sus amigos “Lolo” o Claudio -no pudo recordar con precisión a cual de los dos-.
Relató que el día 30 arribó cerca de las 21:00 hs. e ingresó a través de la puerta de invitados. Allí habló con “Lolo” y le preguntó si podía pasar. Asimismo, “Lolo” le consultó a Villarreal -quien se encontraba en el hall- si podía dejarlo entrar y éste lo autorizó.
Indicó que “Lolo” aquella noche no cumplía ninguna función porque estaba con una pierna quebrada, pero que se hallaba en el hall cerca de una columna.
Precisó que en la calle había mucha gente y que se había formado una fila ordenada en la vereda de enfrente; se ingresaba por tandas al local. Agregó que Héctor Zerpa estaba organizando al público y “Lolo” y Claudio estaban cerca del sector en que se cortaban las entradas.
Afirmó que en la puerta del local había un patrullero de la policía, pero no pudo ver si había alguien adentro.
Luego de ser revisado, ingresó al salón a través de las puertas “cine” del lado izquierdo y acompañó a su novia al baño situado en el primer piso. En ese momento ya había terminado de tocar la banda “Ojos Locos”.
Contó que luego se ubicó junto a la cabina de sonido, donde estaba el sonidista llamado “Leggio” y otra persona más que lo ayudaba. Agregó que también había otro joven de control del grupo, llamado Leandro, que cuidaba que la gente no ingresara a ese sitio.
Sostuvo que también vio otro individuo de “control” frente a los camarines y dos más junto a una valla ubicada a fin de controlar el acceso de amigos y familiares al sector del local exclusivo para ellos.
Expresó que al iniciarse el show se detonó pirotecnia y que ello motivó la intervención de Chabán desde la consola de sonido. Señaló que insultó a los asistentes y les dijo que si seguían tirando bengalas iba a suceder lo mismo que en Paraguay. También les preguntó si se querían morir todos allí. Aclaró que eso lo expresó de muy mal modo y que seguidamente “Pato” Santos Fontanet señaló lo mismo pero de una manera más amable; pidió que se portaran bien y trataran de no tirar pirotecnia porque se iban a ahogar.
No obstante esas advertencias, el público continuó con la misma conducta.
Cuando comenzó a tocar “Callejeros”, observó que un joven subido sobre los hombros de otro disparó una candela, cuyas “bolitas” impactaron contra el techo del salón y una de ellas se quedó incrustada contra la media-sombra.
Puso de relieve que pensó que enseguida se apagaría; sin embargo el foco ígneo comenzó a expandirse y a caer unas “bolitas de fuego”. El público se abrió y se quedó allí riéndose, suponiendo que nada iba a pasar. Aclaró que en ese momento Chabán estaba en la consola de sonido, pero que no sabe qué estaba haciendo.
Contó que en seguida se cortó la música y luego la luz; en ese momento todos los asistentes entraron en pánico. Puntualizó que recién tomó conciencia del humo cuando se encontró a oscuras, por lo que se sacó su remera y trató de tapar su boca y la de su novia. Se quedó inmóvil unos minutos y luego se dirigió con esfuerzo hacia las puertas “cine” porque percibió una brisa que de allí provenía.
Relató que el hall se encontraba iluminado por la luz que venía de la calle, y los tres portones de acceso estaban abiertos.
Indicó que Claudio lo llevó junto con su novia hasta el “lobby” del hotel y le dio agua.
Se encontró con Djerfy, quien se disponía a entrar al local nuevamente a fin de buscar a su padre que estaba en el primer piso. Lo acompañó y estuvo un largo rato entrando y saliendo del lugar ayudando a rescatar a las víctimas.
Más tarde se dirigió a los hospitales cercanos en busca de amigos y familiares. Dijo que recién recibió atención médica al día siguiente en su barrio porque presentaba dificultades para respirar.
Puso de resalto que con posterioridad al 30 de diciembre de 2004 continuó trabajando como “control” de “Callejeros” y que prestó servicios en todos los recitales con excepción del realizado en La Rioja.
Actualmente refirió que sólo cumple funciones como seguridad de una banda llamada “Hijos del Oeste”.
Durante el transcurso de la audiencia de debate, José Gabriel Porticatto señaló que a Chabán lo conocía de vista por haber concurrido a “Cemento” como espectador y como integrante del grupo “ESSA”, asociación dedicada a brindar primeros auxilios en forma voluntaria y gratuita.
Aclaró que presta dichas tareas desde 1994 y que en un principio lo hizo como integrante de “GOE”, entidad perteneciente a la agrupación “Protección Civil Argentina”.
Aseveró que Lorenzo Bussi había sido integrante del “GOE” y que les presentó a Diego Argañaraz, quien se mostró interesado en recibir el servicio de “ESSA” en los recitales y le dijo que le tenía confianza por su forma de trabajar, atento que lo había visto brindar primeros auxilios en “Cemento”, en el transcurso de un show al que había asistido como espectador.
Afirmó que “Callejeros” fue el primer grupo de rock que los llamó para que presten asistencia y, según su entender, nunca tuvieron una relación contractual con la banda mencionada.
Refirió que durante los eventos musicales Argañaraz se acercaba a preguntarles si “estaba todo bien” y que nunca había visto dicha actitud por parte de las personas que les solicitaban su asistencia.
Recordó que un coordinador de “GOE” los convocó para cubrir los recitales de “Callejeros” en La Plata y en “Obras”.
Luego, en el año 2000 o 2002 formaron el grupo “ESSA”, que en su mayoría estaba integrado por voluntarios que habían pertenecido al “GOE” y se habían distanciado de sus dirigentes.
Aclaró que aún no ha obtenido personería jurídica y que el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires nunca los contactó.
Puntualizó que el manager de “Callejeros” lo llamaba o hablaba con su compañero Emiliano para requerirles la colaboración del grupo asistencial aludido y comunicarles la cantidad de público que estimaba concurriría al espectáculo musical.
Cada uno de los integrantes asistía a los eventos con un morral en los que portaban un tensiómetro, solución fisiológica, antisépticos, “curacid” y elementos para curación menor.
De ser necesaria la intervención de un profesional médico llamaban al servicio de ambulancia del “SAME” o a la empresa contratada por el local.
La dotación de personal que asistía a los recitales estaba formada por seis o siete personas y no contaban con un equipo de “handys”.
A medida que cada uno se desocupaba de sus actividades laborales se dirigía, por sus propios medios y a su costo, hasta el lugar al que habían sido convocados y le avisaban a Diego de la presencia del grupo.
Usaban unas pecheras blancas con una cruz azul y la inscripción “ESSA”.
Llegaban antes de que empiece el recital y en ningún concierto fueron sometidos a revisión o control alguno. Generalmente un grupo se ubicaba cerca del escenario y otro patrullaba el lugar.
Manifestó que no trabajaban de manera “exclusiva” con “Callejeros” y que asistieron a Plaza Congreso, donde se realizó el recital “Dos kilómetros por el SIDA”, Córdoba, Luján, “Cemento” en varias oportunidades, “Cromañón” y “Excursionistas”-donde trabajaron en coordinación con la “Cruz Roja Argentina”-, Liniers -para cubrir el día de “San Cayetano”- y a los “Campeonatos Paraolímpicos”.
Además, explicó que no estaba dentro de sus funciones inspeccionar el local ni estaban calificados para ello.
Relató que nunca se plantearon la posibilidad de un incendio, pero a raíz de una conversación con personal de “control” que estaba en “Cromañón”, se enteraron que en un recital de “La 25” hubo un incendio por una falla en el “aire acondicionado” y pidieron revisar las salidas.
Puntualizó que Emiliano le comentó que el local de “Cromañón” era “una ratonera” y pidió ver las salidas para saber cómo actuar en caso de tener que salir con heridos.
Agregó que su compañero Emiliano estaba preocupado con dicho tema por haber actuado como bombero en una dotación de Villa Soldati.
No le mencionó las razones de dicho comentario y finalmente la cuestión fue consultada con una persona que estaba en las barras, quien les indicó las salidas.
Observaron una puerta que daba a un garage y otra que estaba situada cerca del escenario y tenía un barral antipánico. Además de las mencionadas, conocían las que están en el frente del local.
En una oportunidad, en un momento en que no había público, observó que la puerta situada a un costado del escenario estaba entreabierta.
En un recital de “Jóvenes Pordioseros”, Emiliano temió que algún elemento de pirotecnia incendie una tela que estaba colocada cerca del escenario, a modo de “telón” e hizo retirarla de allí.
En el primer piso, donde estaban los sanitarios, no observaron la existencia de salidas.
Por la actividad que desarrollaban conocían a algunos de los que integraban el personal de control de las distintas bandas, entre los que recordó a Bussi y Djerfy, quien es tío del músico de “Callejeros”.
Respecto a Bussi, expresó que ignora cuáles eran sus funciones y que la noche del hecho estaba fracturado.
Por medio de un volante publicitario se enteró de la realización de los recitales de “Callejeros” del 28 al 30 de diciembre de 2004 en “Cromañón” y se contactó con “Diego” para saber si necesitaba la asistencia del grupo “ESSA”.
En las fechas mencionadas los recibió Argañaraz y se dividieron en dos grupos. Uno, conformado por Emiliano, Pablo, María Laura y Marcia, se situó atrás de un vallado que separaba al escenario del público y se extendía a lo ancho de todo el salón.
Precisó que del costado en que se hallaba el puesto sanitario, el vallado no estaba sujeto a su extremo.
Por otra parte, junto a su compañero Daniel, se encargaron de patrullar el local.
Por lo general prestaban asistencia en el hall de entrada y si tenían que retirar a una persona del interior del recinto salían por las puertas tipo cine.
En el primer show el público encendió bastante pirotecnia y al día siguiente la utilización de dicho material fue “mucho menor”.
Chabán advirtió a los concurrentes que podían quemarse “como en Paraguay” y les dijo que el humo de los fuegos artificiales impedía ver el espectáculo, de manera que podrían “poner robots en el escenario”.
Por su parte, Fontanet pidió a sus seguidores que dejen de usar pirotecnia y les manifestó que podía ocurrir una desgracia.
Aseveró que el público no modificó su conducta y que en otros recitales de “Callejeros” había escuchado pedidos similares por parte del conjunto musical.
Agregó que el 30 de diciembre, para evitar el ingreso de petardos, el control de ingreso de la gente fue más exhaustivo que en los dos días anteriores.
Observó que en dicha oportunidad a los concurrentes le revisaban el calzado. Nunca había visto que se adopte dicha medida.
El personal que realizaba la tarea descripta vestía una remera con la inscripción “Control”; procedía a incautar y poner en una bolsa los elementos contundentes y de pirotecnia que portaban los concurrentes.
Refirió que en los recitales de “Callejeros” y en los de otras bandas, el público usaba pirotecnia, tanto en lugares abiertos como cerrados.
Afirmó que en la esquina del local había un patrullero y en el interior del boliche era dificultoso caminar, al igual que en otros recitales realizados en “Obras”, “River” o en una peregrinación.
Por otra parte, precisó que la ventilación del salón “no era tan adecuada” y el día del hecho habían empezado a cerrar las puertas principales para que no entrara más gente.
Ante ello, pidió que la dejen abierta porque cerrarla importaba poner una “trampa mortal” y porque el día anterior habían tenido que atender a algunas personas que estaban sofocadas.
A consecuencia de su pedido, el muchacho encargado de cerrar la puerta la dejó abierta por completo y fue a consultar cómo debía seguir.
Al momento de producirse el incendio, estaba junto a su compañero Daniel en la zona de las puertas cine y observó que alguien corría y gritaba “fuego”. Acto seguido, “una avalancha de gente lo tapó” y quedó dentro de la boletería.
Luego, sacó una “tarimita” de la puerta de la boletería y alcanzó la calle a través del pasillo que conduce a la puerta de la derecha (vista desde el exterior). Expuso que entre el pasillo aludido y las puertas cine habían vallados que obstaculizaban el paso.
Al reingresar al salón no se veía nada y junto a otras personas ayudó a salir a los asistentes que estaban caídos.
Con posterioridad fue a la puerta situada cerca del escenario y la encontró cerrada. Ulteriormente y ante la presencia de muchos concurrentes, los bomberos la abrieron con una barreta.
Al abrirse el portón visualizó una pila de treinta o cuarenta personas y junto a otras personas hicieron “un pasamanos” para retirarlos del lugar.
Señaló que algunos no tenían pulso ni respiración. A los que no tenían pulso les practicaron maniobras de resucitación y después se dedicaron a clasificarlos.
No vio que por dicha abertura saliera alguien por sus propios medios.
Indicó que Emiliano salió “por camarines” y luego al ingresar para colaborar con las tareas de evacuación perdió su vida.
Aseveró que en un primer momento no había policías ni ambulancias y de acuerdo a su experiencia, la presencia de ambulancias durante la realización de un recital depende de la cantidad de concurrentes.
Los primeros en llegar fueron unos policías que estaban de consigna a la vuelta del local. En sus alrededores no se cruzó con ninguno de los integrantes de “Callejeros”, ni con Chabán, tampoco con Villarreal.
Dijo conocer a Villarreal por haberle pedido hielo para atender a un concurrente de “Cromañón”. También señaló que en una oportunidad lo vio en “Cemento”.
Explicó que el grupo “ESSA” no tenía un coordinador pero todos sabían como manejarse.
Añadió que en “Cromañón”, antes del incendio, atendieron a algunos concurrentes que estaban sofocados o que sufrían baja presión.
En el recital de “Callejeros” en “Obras” asistieron a un concurrente que se había lastimado la pierna –trepándose- y a otros que les había bajado la presión.
Manifestó que en “Excursionistas”, al terminar el concierto de “Callejeros”, se realizó un espectáculo de pirotecnia en una de las plateas que no estaban ocupadas por el público.
Dijo que no le habían avisado de la realización de dicho show y que concurrieron a dicho evento a pedido de Diego Argañaraz.
En dicha ocasión había un servicio de ambulancia y trabajaron en coordinación con la “Cruz Roja”.
Con posterioridad al concierto, recibió de Diego Argañaraz una suma de dinero en concepto de donación, que posteriormente fue utilizada para adquirir “tablas para traumatismos”.
Expresó que no presenció incidentes o peleas de los concurrentes en las presentaciones de “Callejeros” y los primeros auxilios que tuvieron que brindar no resultaron distintos a los proporcionados en los conciertos de “Los Piojos” y “La Renga”.
Puntualizó que a su entender la seguridad de un local está a cargo de policías y bomberos y las tareas de control se limitan al “cacheo” e ingreso de los concurrentes
Con posterioridad al 30 de diciembre no trabajaron con “Callejeros” y con el personal de seguridad que prestó servicios dicho día se cruzaron en un recital en “River”.
A preguntas de las partes, respondió que para ser rescatista se debe tener aprobado un curso de primeros auxilios dictado en un hospital, en el “GOE” o en la “Cruz Roja”.
Especificó que los integrantes de “ESSA” habían efectuado cursos básicos y charlas sobre como actuar ante una catástrofe o incendio y aclaró que no es posible determinar la presencia de monóxido de carbono y ácido cianhídrico sin practicar un análisis de sangre.
Por último, precisó que el día del hecho y por propia iniciativa intervinieron integrantes de la “Cruz Roja” en las tareas de rescate y asistencia.
Fue convocado a prestar declaración en el debate Ernesto Alejandro Taranto, quien refirió que conoce al imputado Omar Chabán desde el año 1985 o 1986 cuando abrió el local denominado “Cemento”, donde en forma conjunta han realizado centenares de shows hasta el año 2001 o 2002 aproximadamente. A raíz de esto, mantuvo una muy buena relación comercial con el nombrado.
Indicó que por los mismos motivos conoció a Raúl Villarreal, quien era la persona encargada de vender entradas en las boleterías del local “Cemento” al momento de los shows.
Por otra parte, señaló que a Diego Argañaraz lo conoció en ocasión de realizarse un evento musical en el Congreso de la Nación, denominado “Dos kilómetros por Sida” en el año 2002 o 2003. En esa oportunidad también le presentaron al cantante del grupo “Callejeros”, Patricio Fontanet.
Respecto de su conocimiento de Villarreal, precisó que la relación se remonta al año 1994 o 1995 y reiteró que el nombrado, en el local “Cemento”, vendía entradas en la boletería y acompañaba o supervisaba a la persona que el dicente ponía a trabajar allí como coproductor de los eventos.
Sobre esto último, refirió el deponente que él era representante o manager del grupo “Animal” y que coproducía los recitales de ese grupo en “Cemento” con el dueño del local, Omar Chabán.
En tal sentido, señaló que con Chabán se coordinaba una fecha de actuación para la banda y se coparticipaba en las ganancias en una proporción de setenta por ciento para el artista y treinta por ciento para el local. Eso era un uso y costumbre en la producción de este tipo de eventos.
Una vez arreglados estos detalles, el dicente como representante del grupo se encargaba de repartir y realizar la expedición anticipada de entradas en algún punto de venta, del control de lo recaudado en tal concepto y luego de presentar la liquidación correspondiente a Chabán, o en su ausencia ante Villarreal.
Refirió que así se trabajaba en la coproducción de recitales y él en una sola ocasión firmó un contrato escrito con Chabán en el año 1985 o 1986, cuando abrió “Cemento”, con motivo de una presentación del grupo “Los Twists”.
A excepción de ese evento, siempre se manejaron de la misma forma en cuanto al porcentaje 70-30 antes aludido. Nunca tuvo la necesidad de firmar ningún tipo de acuerdo en lo sucesivo pues la relación era completamente transparente.
En todo tipo de espectáculo artístico cuando se coproduce, se reparte el dinero en esa proporción y a destajo por el show. No se estila pactar rentas fijas, ni alquilarle el local a su dueño.
Señaló que Chabán realizaba aportes a fin de promocionar a las bandas incipientes y también a otros grupos no tan incipientes. A modo de ejemplo, recordó que Chabán compró un equipo de sonido de avanzada para el local “Cemento” y también un sistema de iluminación para que las bandas pudieran usarlos y se evitaran pagar por esos servicios. Particularmente en el caso de “Animal” ellos contrataban otro equipo de sonido que les gustaba más.
Asimismo, Chabán hacía grandes aportes a los grupos consiguiéndoles espacios de publicidad en periódicos y radio a menor precio. Dijo que a él le consta que muchos artistas no alcanzaban a cubrir las expectativas y Chabán se hacía cargo de las perdidas que éstos generaban.
En ese sentido, el trato que existía en “Cemento” era incomparable con relación a otros lugares.
Señaló que la última vez que habrá realizado un recital en “Cemento” fue en el año 2001 o 2002, también con el grupo “Animal”. Después de eso, una vez estuvo en el lugar, en un espectáculo de una banda de su hijo, pero ya no participó como co-organizador.
Indicó que generalmente el público de “Animal” alcanzaba las novecientas o mil personas. Dijo que él se preocupaba mucho por no desbordar la capacidad del local y prefería agregar una función más, antes que vender muchas entradas; ello a fin de evitar accidentes.
En esa época existía otro lugar donde se podían hacer recitales en el “Show Center” de Haedo, donde había un auditorio bien equipado. Agregó que él no sabía cuál era la capacidad de “Cemento”.
Refirió que este último se caracterizó por ser el espacio cultural más grande del país. Muchos artistas consagrados han emergido de ese lugar. A modo de ejemplo, mencionó a “Divididos”, “Memphis” y “Los Redondos”, entre otros. Muchas bandas no rendían al principio y desde el local se las apoyaba, se les dejaba usar los equipos y volvían a tener una oportunidad; agregó que esto podía ser una especie de inversión.
Recordó que “Cemento” tenía una puerta de emergencia enorme, la cual en cierta ocasión donde había mucho público, él la hizo abrir y la gente a través de pantallas de video podía ver el show desde la calle.
Respecto de la seguridad de los eventos, dijo que el local ofrecía varias opciones, pues existen distintos grupos que a partir del tipo de música que realizan hacen que la clase de público que los sigue varíe. Hay bandas que ejecutan una música tranquila y otras donde las canciones son más efervescentes; en éste último supuesto la seguridad debe ser mayor. Agregó que a Villarreal nunca lo vio desempeñar tareas de seguridad en “Cemento”.
Manifestó que el local exigía que haya seguridad y que podía recomendar a ciertas personas. En el caso del grupo “Animal”, el dicente afirmó que ellos llevaban su propia seguridad.
Indicó que él se ocupaba de conseguir personal idóneo para esa tarea. En la década del 90, por ejemplo, trabajaba con la productora de Juan Carlos Blander, la cual en esos años participó en casi todos los eventos importantes, como ser los promocionados por la “Rock and Pop” y Daniel Grinbank.
En lo inherente al uso de pirotecnia en los recitales de rock, dijo que ya promediando el año 1998 se empezó a observar la existencia de esos elementos en los shows. Ello se originó en los grupos de fans de las bandas que venían de determinado barrio del conurbano y arrojaban pirotecnia para mostrarse como tratándole de expresar a los grupos que estaban allí “haciéndoles el aguante”.
Recordó que él personalmente reprimió a una persona que había encendido una bengala en el público durante un recital de “Animal”. En esa ocasión, la banda paró de tocar y él se introdujo en el público, le quitó la bengala al asistente y la apagó. Resaltó que ese elemento producía mucho humo y que no dejaba ver el espectáculo. Agregó que le dijo a la persona que había prendido la bengala que los estaba perjudicando y que podía lastimar a alguien.
En otro orden, expresó que él nunca trabajó en el local “República Cromañón”. Solamente concurrió a ese lugar a ver a un grupo de origen americano llamado “Brujería” con el cual mantenía una relación de amistad. Dijo que no sabe quién estaba a cargo de la seguridad esa noche y en esa ocasión no vio a Raúl Villarreal. Agregó que en ese evento se colocó cerca de la cabina de sonido y luego estuvo en los camarines donde visualizó una puerta que comunicaba a una playa de estacionamiento lindera.
Comparando “Cemento” con “Cromañón”, dijo que este último era mucho más grande. Chabán estaba muy entusiasmado con la inauguración del lugar. Recordó que por esa época Chabán se había comunicado con artistas, músicos y representantes a fin de comentarles que estaba por abrir ese local como una alternativa al estadio “Obras” que era un lugar monopolizado y no dejaba dividendos. Supuestamente en “Cromañón” se iba a poder ganar más plata, tanto para el dueño como para las bandas; además ellos iban a poder manejar la venta de entradas y la publicidad.
Se hablaba que “Cromañón” iba a ser un local con una capacidad para cuatro mil personas y que eso incluso se promocionaba en la televysión. Que incluso recuerda haber visto a Chabán en la prensa respaldado por el cantante “Cordera” hablando del tema. Era un lugar que el ambiente del rock necesitaba como opción al estadio “Obras”. Agregó que hay archivos periodísticos de esto.
A preguntas que se le efectuaron para que diga si conoce a una persona apodada “Chiquito”, indicó que sí lo conocía, que su nombre de pila era Néstor y trabajaba en “Cemento” prestando tareas generalmente en la puerta del lugar, haciendo control de entradas, verificando su autenticidad e impidiendo que ingrese gente sin el ticket correspondiente.
El perfil de esta persona era adecuado para este tipo de trabajo, por su gran contextura física y su obesidad. Agregó que él personalmente nunca contrató a “Chiquito” para trabajar como seguridad de sus grupos, pero recuerda que el nombrado le había comentado que estaba haciendo ese tipo de tareas y que le ofreció sus servicios.
Manifestó que tiempo después tomó conocimiento de que “Chiquito” había perdido una pierna –desconoce el motivo- y dado el ambiente de fraternidad e igualdad que representa la comunidad del rock, se juntó dinero para ayudarlo.
En otro orden y con relación a la presencia de personal policial en los recitales, dijo que había policías, pero la cantidad variaba según el tipo de público. Refirió, a modo de ejemplo, que no es lo mismo ir a ver un show de Nito Mestre que uno de “Animal”, donde los concurrentes son más efervescentes porque se trata de una banda de heavy-metal.
Explicó que la cantidad de policía también dependía de la venta anticipada de entradas. A medida que se expedían los boletos, iban viendo lo que se necesitaba y se contrataba un servicio de policía adicional.
Recordó que en “Cemento” se cortaba la calle Estados Unidos y alguna de las arterias adyacentes para evitar el desborde de público. Personalmente él ha ido a la sede de la Policía Federal ubicada en la calle Azopardo para solicitar el servicio.
El trámite consistía en concurrir a ese lugar, avisar que se iba a realizar un recital y pagar el canon correspondiente, por el cual se otorgaba un recibo. El monto variaba según la cantidad de personal requerido, como asimismo, si se solicitaban móviles o una brigada.
Esto lo hacía él como representante, previo aviso al dueño del local. A veces se tomaban recaudos para que haya móviles policiales para controlar a la gente que se quedaba en la calle e impedir de esta manera molestias a los vecinos.
Dijo que él no tenía contacto con la comisaría de la zona del local, de eso se encargaban los dueños. La policía que concurría a “Cemento” era la de la jurisdicción –recordó haber visto los antiguos patrulleros modelo Ford Falcon-.
Interrogado para que diga si conoce a Mario Díaz, respondió que conocía a una persona de nombre Mario que trabajaba en el local “Cemento”. Ese sujeto era como el ordenanza del lugar, limpiaba el local y lo abría para descargar los equipos. Dijo no saber si el nombrado trabajó en “Cromañón”.
Preguntado para que diga cuál es la tarea de un “manager”, respondió que en este país es como el representante, el productor, el agente de prensa, es decir, algo integral.
Pero en realidad debería entenderse que el manager es aquel que se dedica exclusivamente a una banda determinada, arregla sus horarios, las cuestiones técnicas, consigue los fletes, es decir, todo lo relativo a la logística. Esto se diferencia de lo que realmente es un representante, que en una agencia reúne a varios artistas distintos.
Lo que sucede en Argentina es que el manager es entendido como una figura integral. A partir de lo sucedido en el año 2001 o 2002 dada la situación del país, muchos artistas tuvieron que trabajar con un manager que generalmente era un amigo o persona de confianza de la banda. En esa época los músicos se tuvieron que encargar de muchas cosas, incluso de las liquidaciones, porque la industria se había caído, se vendía poco y varias de las productoras habían emigrado del país.
Interrogado para que diga si el personal de seguridad en un recital era identificado de alguna manera, refirió que al principio no se realizaba, pero recordó que a partir del año 1991 o 1992 comenzó a utilizarse la modalidad de tomar los nombres y datos filiatorios de los integrantes del equipo que iba a desempeñarse como seguridad; que no se acostumbraba a que empleen algún tipo de vestimenta que los distinga. Estimó que a partir del año 2004 sí se identificaba a las personas de seguridad con alguna ropa, aunque concluyó que si tenían un logo de una banda no significaba que pertenecieran a ésta.
Interrogado para que diga si sabía si el local Cemento tenía habilitación, respondió que sí, que es de conocimiento público, hay archivos gráficos de que hubo intenciones de cerrar el lugar en varias oportunidades.
Refirió que él como productor nunca le pedió a Chabán que le exhibiera la habilitación, pues entendía que si no concurría un inspector a clausurar el local era porque estaba bien habilitado. Agregó que en esa época el lugar era promocionado en periódicos y en la radio.
Preguntado para que diga quién decidía la cantidad de entradas que se ponían a la venta para un evento en “Cemento”, señaló que el límite al número de entradas lo hacía él en base al sentido común. Durante los shows se seguían vendiendo tickets y esa tarea la efectuaba Villarreal.
Recordó que en esa época Chabán tenía otro local denominado “Die Schule” donde se realizaban eventos que eran simultáneos con los espectáculos que se efectuaban en “Cemento”. Por ello, cuando culminaba un show, él esperaba que Chabán llegara del local “Die Schule” para realizar las liquidaciones; a veces, como Chabán, se retrasaba esa tarea la efectuaba con Villarreal.
Asimismo expresó que él fue uno de los primeros que en la venta de entradas impuso la modalidad de colocar el nombre del grupo y la fecha de los eventos. Aseveró que para los recitales de “Cemento” él las hacía confeccionar.
Refirió que para hacer la venta de entradas tenía una relación con el comercio “Locuras”, en el cual se ofrecían remeras de rock. De esta manera se contactaba con Carlos Hasmat y los tickets se expedían en las distintas sucursales del negocio, las cuales en ese momento eran tres – ubicados en Munro, Morón y Once-.
Recordó que la cuestión era informal, hablaban por teléfono y se ponían de acuerdo en cuantas entradas necesitaba el local según las ventas que se iban haciendo. Además se pactaba colocar el logo de “Locuras” en las entradas.
Interrogado para que precisara acerca de la afirmación efectuada respecto de que él trabajaba con personal idóneo, señaló que hay gente profesional y otra que es amateur, es decir, carece de preparación o experiencia.
Señaló que en aquel momento, por ejemplo, el trabajo de seguridad era muy ingrato y se tomaba por necesidad. Hay que soportar al público, evitar que se suba al escenario y tratar de ordenar a los asistentes. En aquella época esto no estaba legislado.
Indicó que él personalmente, como productor, durante los shows caminaba para ver las filas en la calle, iba a los camarines, se metía en el público tratando de que todo estuviera en orden.
A veces concurrían menores a los eventos en “Cemento”; el público menor de edad eran generalmente adolescentes de entre 15 y 17 años. No estaba prohibido su ingreso; incluso a los padres que concurrían con sus hijos se les recomendaba que le coloquen algodones en los oídos por el ruido. Se los trataba incluso de ubicar en un sector privilegiado donde pudieran estar más cómodos.
A preguntas de las partes, dijo que en el período que va del año 2000 al 2004 no realizó recitales en “Obras” ni en “Excursionistas”, pero que el año pasado organizó un evento en el estadio de “Ferro”.
Por otra parte, dijo que el porcentaje de la coproducción 70-30 que antes aludiera, no sabe cómo se repartía luego, es decir cuánto le correspondía a cada integrante de la banda y sus representantes. Esto varía según el grupo.
Interrogado para que diga qué es el pliego de condiciones entre el grupo y el productor de un recital, dijo que es un listado de requerimientos técnicos que fue usual durante muchos años. En “Cemento” no se hacía, pues en esos recitales de las cuestiones técnicas se encargaba él personalmente.
En oportunidad de ser oído, Gabriel Omar Calvani señaló que desde el año 1991 hasta el 2004 se desempeñó como voluntario de la “Cruz Roja Argentina” y ocupó el cargo de Director de Socorro del Hospital de Vicente López.
Agregó que, a raíz de ello, concurrió en calidad de colaborador de la institución a los recitales de “Los Fabulosos Cadillac”, “Madonna” y “Animal”, entre otros.
Indicó que la “Cruz Roja Argentina” fue convocada por el grupo “Callejeros” a través de la empresa “CEMEC” -encargada de tercerizar la prestación del servicio-, a fin de que asista al estadio de “Excursionistas” para brindar la ayuda que resulte necesaria durante el transcurso del recital realizado por dicha banda. En esa oportunidad conoció a sus músicos.
En torno a ello, refirió que se instalaron dos carpas para proporcionar sus servicios al costado del escenario. Alrededor de 60 voluntarios concurrieron al lugar para cumplir con la tarea consignada y fue el coordinador operativo el encargado de establecer el número de participantes que debían conformar aquél grupo. Ello, a tenor de la cantidad de público que asistió al recital.
Destacó que en aquella oportunidad la tarea de los voluntarios consistió en auxiliar a los concurrentes que se desmayaban en el lugar, así como a aquellos que requerían asistencia primaria por torceduras, esguinces o quemaduras por utilización de pirotecnia, más precisamente, bengalas.
Refirió que en las inmediaciones del estadio se produjo un incidente entre el público y el personal de control encargado de organizar el ingreso al recital –a los que identificó porque utilizaban unas pecheras-. Como consecuencia de ello, varios de los voluntarios debieron auxiliar a las personas que, una vez finalizada la pelea, ingresaron al lugar con la intención de presenciar el show.
Señaló que si bien en el lugar observó la presencia de personal policial, éste se avocó a realizar el cacheo de los concurrentes, lo cual llamó por demás su atención.
Por otra parte, indicó que dentro del estadio de “Excursionistas”, la empresa de fuegos artificiales “Júpiter” había asentado dos puestos de venta de pirotecnia para los concurrentes, uno en el campo de juego y el otro en una de las tribunas.
Asimismo, hizo saber que cerca del vallado que separa el escenario del auditorio, se encontraba un grupo de bomberos encargados de cuidar el sector, de asistir a los que se desmayaban y de apagar los cartuchos de las bengalas una vez utilizados en “baldes de arena”.
A preguntas de las partes, manifestó que al grupo “ESSA” lo conoce como el “cuerpo de auxilio que trabajaba sólo para “Callejeros” y sus integrantes habían pertenecido a la asociación “GOE”.
Agregó que, en aquella oportunidad, quienes conformaban “ESSA” se apostaron en el estadio de “manera muy precaria, tipo camping”, ello lo llevó a advertirle a su coordinador que no quería compartir la tarea de asistencia con aquellas personas, toda vez que demostraban no estar capacitadas.
Así, a fin de “neutralizarlos”, se dispuso que se quedaran en las carpas de la “Cruz Roja Argentina” prestando la asistencia requerida en el lugar.
Indicó que esa situación fue informada al “manager de Callejeros” y éste les manifestó “dejá que los pibes se ganen el mango”.
Por otra parte, indicó que durante ese recital le fue sindicado quien era el “Jefe de Seguridad” y se le advirtió que “tenía tuberculosis”, no pudiendo agregar mayor información al respecto.
Asimismo, refirió que no conocía si “ESSA” cobraba por los servicios que prestaba, manifestando que “GOE” sí lo hacía, al igual que la “Cruz Roja Argentina”.
Continuó su relato haciendo saber que los miembros de aquella institución son capacitados, a través de diferentes cursos a los que asisten –primeros auxilios básicos, avanzados y técnicas de rescate-, a fin de brindar con profesionalismo, ante una potencial evacuación, las tareas para los que son requeridos. Asimismo, informó que en la filial “Vicente López” tenía formada una unidad de intervención preparada para situaciones de violencia interna como las de 2001.
Con relación al siniestro que aquí se investiga, manifestó que concurrió al lugar alrededor de la 1.30 horas del día 31 de diciembre de 2004, cuando las tareas de rescate ya habían finalizado.
Para llegar hasta la puerta de “República Cromañón”, ingresó por “Plaza Once” y posteriormente se reunió con sus compañeros de la “Cruz Roja”, que ya se hallaban en las inmediaciones del local.
Agregó que en el lugar se encontraban unidades de rescate, ambulancias del “SAME” y de dependencias privadas, personal policial e inspectores del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Estos últimos se encontraban apoyados en una “traffic” y vestidos con trajes. Los conocía de vista, por ser quienes habitualmente se hacían presentes en los lugares donde se llevan a cabo diferentes espectáculos, se reunían con los organizadores y autorizaban la apertura de las puertas.
Indicó que el grupo a su cargo se encargó, a pedido del personal del “SAME”, del traslado de los cadáveres -alrededor de veintisiete- a la Morgue Judicial, tarea que culminó a las 3.00 horas del día mencionado anteriormente y que acompañaron a los familiares en las tareas de reconocimiento de los cuerpos.
Finalmente, tras la lectura de un tramo de su declaración obrante a fs. 27.462/vta. de la presente, el testigo reconoció que pudo haber arribado a “República Cromañón” aproximadamente a las 0.30 horas del 31 de diciembre de 2004, pero que no lo recuerda con exactitud, debido al paso del tiempo.
Prestó declaración en el debate Luis Armando Manioli, quien refirió ser Presidente del Club “Excursionistas”, lugar donde en el mes de diciembre del año 2004 se realizó un recital del grupo “Callejeros”.
Señaló que la organización del evento estuvo a cargo de la empresa “MTS”, la cual realizó las contrataciones del caso con la banda. En un principio iban a tocar varios grupos, pero finalmente sólo se efectuó el recital de “Callejeros”.
Tanto la venta de entradas, la seguridad como la limpieza del club fue realizada por la empresa “MTS”. La persona de Excursionistas que mantuvo los contactos del caso con la firma organizadora fue Fernando Huevo. Que él personalmente como presidente del club nunca tuvo contacto con los artistas ni participó de la organización del show.
Recordó que para realizar el espectáculo el club tuvo que presentar una nota ante las autoridades del Gobierno de la Ciudad, quienes enviaban unos inspectores para verificar que el estadio reuniera las condiciones mínimas para llevar a cabo el evento.
En el caso del recital de “Callejeros” se tuvieron que realizar mejoras para obtener la habilitación, más precisamente construir tres puertas de salida del estadio hacia el exterior, la cuales existen en la actualidad. Si bien no recuerda con precisión los tiempos, estima que el pedido a la municipalidad se hizo entre sesenta o noventa días antes del show.
Explicó que el club firmó un contrato con una empresa, aunque en realidad la que realizó el evento fue “MTS” como antes refiriera. Que desconoce por qué se efectuó así el arreglo.
Refirió que el club estaba interesado en que se ponga énfasis en la seguridad, la responsabilidad civil y la limpieza, pues sabían que “Callejeros” llevaba mucha gente y además porque el estadio está ubicado en el barrio de Belgrano, es decir, en una zona habitada y por tanto se pretendía evitar molestias a los vecinos. Se querían evitar riñas dentro del estadio y en sus adyacencias, como así también se velaba por cumplir con las exigencias de seguridad del gobierno de la ciudad.
Sobre esto último, recordó que la gente encargada de “MTS” les presentó a las personas de seguridad que eran las mismas que en esa época trabajaban en el Estadio de River.
Agregó que él estuvo el día del evento, horas antes del comienzo del recital y vio que el grupo de seguridad se estaba desempeñando de manera habitual como en todos los espectáculos artísticos y que ese conjunto de personas era numeroso. Dijo que no hubo incidentes.
Que las personas de seguridad estaban distribuidas en el vallado del escenario, a una cuadra del estadio controlando las entradas y en los accesos para la revisación de las personas. Refirió que algunos estaban identificados con remeras negras.
Además hubo policía adicional y un grupo de primeros auxilios cuyo nombre no recuerda. Todas estas cuestiones estuvieron a cargo de la firma “MTS”.
Indicó que con la normativa vigente al momento del recital, la capacidad del estadio contando el campo de juego ascendía a 15 mil personas aproximadamente. Que después de “Cromañón” esa capacidad se redujo.
Exhibido que le fue el contrato que se celebrara para la realización del evento, dijo reconocerlo y que allí obra una fotocopia de su firma.
Interrogado puntualmente sobre la cláusula 8va. de dicho acuerdo relativa a la capacidad del estadio, señaló que se dejaba establecido que la capacidad disponible era la correspondiente para hacer la venta al público. Ello se firmó así por la normativa vigente en ese momento. Al respecto, dijo que primero había que hacer el contrato con la empresa y solamente colocar la fecha y el horario del evento sin siquiera tener que consignar el grupo que iba a tocar ni el número de concurrentes.
Luego de esto, se hacía el pedido formal a la municipalidad, y cuando concurrían los inspectores para verificar las condiciones del lugar, éstos determinaban la cantidad de espectadores.
Recordó que las personas del gobierno de la ciudad estuvieron en el estadio junto con miembros de la empresa organizadora. Allí acordaron las mejoras que se debían realizar, la ubicación del escenario –en dirección al río para evitar ruidos molestos- y asimismo la capacidad de espectadores.
En esa ocasión estuvo presente el Secretario del club, Maximiliano Contreras, quien actualmente vive en España. Agregó que Excursionistas no tiene una estructura administrativa muy grande, que había dos empleados de ese tipo y la comisión directiva.
Asimismo indicó tener conocimiento de que al término del recital hubo un show de fuegos artificiales, los cuales seguramente contaron con la habilitación correspondiente. Sabe que este tipo de espectáculos requiere una autorización del Gobierno de la Ciudad. Agregó sobre este punto, que los fuegos de artificio, según sabe, se arrojaron detrás de la zona del escenario.
Por su parte, el público también utilizó pirotecnia. Era habitual que en esa época los seguidores de las bandas la usaran. Si bien él no estuvo en el recital, se comunicaba permanentemente con directivos del club, quienes le informaron sobre el empleo de pirotecnia y le comentaron que se estaba viviendo una fiesta.
Ante cualquier eventualidad o anormalidad, esos dirigentes se encontraban facultados, si fuera el caso, para actuar libremente y tomar las medidas necesarias para solucionar el problema.
De hecho le consta que al día siguiente, cuando se efectuó la limpieza del estadio, en el campo de juego se incautaron restos de material pirotécnico accionado. Que aproximadamente se llenaron dos bolsas de consorcio con ese tipo de elementos –bengalas, tres tiros, etc-. Agregó que en el estadio ni en sus adyacencias había puestos de venta de pirotecnia.
Preguntado por las partes para que diga si como Presidente del club se encargaba de que la empresa contratista cumpliera con los requisitos exigidos por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, respondió que sí, que por supuesto. Que si bien no recordaba si el club conservaba copias de las actuaciones municipales, las autoridades del Gobierno de la Ciudad se presentaron en el club y les informaron acerca de cuáles eran las reformas que había que efectuar para llevar a cabo el evento.
Se realizaron las modificaciones, se determinó la cantidad de espectadores, se hizo otra inspección para constatarlas y el día del evento también concurrieron las autoridades para verificar que todo se encontrara en condiciones para que el espectáculo se desarrollara como se había estipulado.
El día del evento los inspectores arribaron unas dos o tres horas antes del inicio del espectáculo. Si se cumplía con la normativa, autorizaban a la apertura de las puertas del estadio.
Recordó que el club lo que hizo fue firmar una nota de pedido a las autoridades para la realización del recital, la cual se entregó a la empresa organizadora, cuyos miembros se encargaron de efectuar el trámite burocrático para obtener la habilitación.
Asimismo le fueron exhibidas las notas obrantes a fs. 9524, 9525 y 9526 para que las reconozca, ante lo cual señaló que en principio no las reconocía como emanadas del club por cuanto faltaban los membretes de estilo como así también su firma y la del secretario de la entidad. Respecto de la foja 9528, agregó que puede ser alguna nota cursada por el Gobierno de la Ciudad al club, pero que no la tiene presente pues se reciben mas de diez por año.
Aclaró que no era habitual realizar recitales en “Excursionistas” y que antes del show de “Callejeros” solamente se había efectuado uno solo en el año 1999, pero el público era distinto, más tranquilo.
Interrogado para que diga si sabía que el uso de pirotecnia estaba prohibido en este tipo de eventos en aquella época, respondió que por ese entonces no estaba prohibido; de hecho en partidos de fútbol se utilizaban bengalas cuando los equipos salían a la cancha o cuando convertían un gol; recién después de “Cromañón” la pirotecnia se prohibió en todos lados.
Preguntado por las dimensiones del estadio y la cantidad de espectadores que concurrieron al evento, expuso que el campo de juego tiene 75 por 97 metros y el día del show de “Callejeros” se utilizó en un 75 por ciento. Además en esa ocasión se emplearon las dos cabeceras que tenían una capacidad de 1800 personas cada una. Agregó que para esa fecha, estima que la capacidad reglamentaria era de una persona por metro cuadrado.
Refirió que si bien no conoce el número de concurrentes real del espectáculo, cree que asistieron unas 9 o 10 mil personas. Agregó que el público llevaba banderas y que no recuerda haber tomado conocimiento de algún incidente por el uso de pirotecnia.
Fue preguntado acerca de si conocía el Área del Gobierno de la Ciudad que estaba a cargo del control del espectáculo, refirió que en la actualidad es “Eventos Pasivos”, pero que no recordaba cuál era la que operaba a la fecha del recital. Que él no estuvo presente en las inspecciones que se hicieron para ese show.
Agregó que con los años –tiene 10 como presidente del club- va conociendo a algunos inspectores, aunque no pudo precisar quiénes concurrieron porque van rotando en cada espectáculo.
Dijo no saber si a consecuencia del hecho hubo multas, estimando que sí y que había tenido su origen en el uso de pirotecnia. Pudo haber intervenido una fiscalía por ese hecho. Si bien el club no estaba a cargo de la organización, cree que hubo un apercibimiento para la entidad.
Finalmente, exhibidas las fojas 15218/19/20, dijo que si bien tiene características de faxes emanados del club y seguramente salieron de la institución, no recuerda haber cursado esas notas a un juzgado o si le fueron requeridas.
En oportunidad de ser oído, Ariel Alberto Barroso sostuvo que hasta el mes de marzo del año 2004 se desempeñó en el Área administrativa de la empresa “Upstage”, entidad encargada de gerenciar los diferentes espectáculos que se realizaban en “Obras Sanitarias”.
Indicó que para llevarse a cabo un determinado show en el estadio de mención, las bandas debían comunicarse con la productora encargada de gerenciarlos a fin de convenir los detalles para la realización del evento.
Agregó que durante el año 2004, ésta función fue llevada a cabo por dos empresas diferentes, debido a que se encontraba en una etapa de transición y que él fue el encargado de mediar entre la nueva productora y el estadio de “Obras”. Puntualizó, que hasta el mes de marzo de aquél año funcionó la productora “Upstage” y que luego lo hizo “CIE PRESENTA”.
El club cobraba un “canon” fijo a la productora para que llevara adelante diferentes espectáculos previamente convenidos. Esa era toda la intervención que la institución tenía en torno a la realización y organización de los diferentes acontecimientos artísticos.
En ese sentido, manifestó que era la productora la encargada de requerir al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires los permisos correspondientes para que la entidad gubernamental autorizara la realización del evento, previa inspección de los funcionarios públicos en el lugar.
Indicó que fue él quien se ocupó de realizar los trámites necesarios para que la banda “Callejeros” llevase a cabo los shows en el estadio de “Obras Sanitarias” durante el año 2004.
Señaló que en esa oportunidad había dos empresas diferentes encargadas de desarrollar tareas relacionadas con la seguridad del lugar y que la capacidad de “Obras” alcanza la cifra de cuatro mil o cuatro mil quinientas personas.
Agregó que durante los recitales que la banda mencionada llevó a cabo en el estadio, los concurrentes utilizaron pirotecnia, particularmente bengalas, a pesar de que en los accesos al lugar el personal de seguridad realizaba los correspondientes cacheos.
Con relación a las tareas que llevaban a cabo los inspectores del Gobierno de la Ciudad, hizo saber que dos o tres horas antes de comenzar a desarrollarse el espectáculo se constituían en el lugar a fin de verificar que todo estuviese en orden y “daban puerta”.
En esa oportunidad se labraba un acta que era firmada por los funcionarios y por los representantes de la productora, así como por el personal policial, de bomberos y por los médicos que se encontraban en el lugar cumpliendo funciones. En ese acto nunca participaban los músicos encargados de brindar los shows y los representantes del gobierno permanecían en el estadio durante todo el desarrollo de los recitales.
Posteriormente, mencionó que previo al inicio de los recitales que llevó a cabo “Callejeros” en el estadio durante el año 2004, él se acercó a Diego Argañaraz y le hizo saber que estaba prohibido el uso de pirotecnia dentro del lugar. Éste le refirió que “a la banda tampoco le convenía que se utilizaran bengalas porque estaban desarrollando una filmación del evento”.
Agregó que ante la presencia de pirotecnia dentro del estadio, se le daba aviso inmediato al personal de seguridad para que tome las medidas necesarias a fin de hacer cesar a los concurrentes de esa actividad.
Posteriormente, recordó que en varias oportunidades al estadio “Obras” se le hicieron actas de infracción, lo cual era habitual que pasara en espectáculos de rock. No pudo especificar qué bandas estaban realizando el show.
Finalmente, mencionó que en aquella oportunidad fue el encargado de solicitar la concurrencia al lugar de policía adicional que ejerciera actividades de prevención en las inmediaciones del estadio.
Leído que fue un párrafo de la declaración testimonial que brindó en instrucción, obrante a fs. 7.843/vta. -referido al suceso narrado con anterioridad, en el que el testigo mencionó haber puesto en conocimiento de Diego Argañaraz la prohibición que regía en el estadio en torno al uso de pirotecnia-, Barroso reconoció que éste último también le esbozó, en torno al uso de bengalas, que ello podría ocasionar un daño.
También prestó declaración testimonial durante el debate el testigo Juan Carlos Blander, quien al ser consultado por el grado de conocimiento que tiene de la totalidad de los imputados, expresó que sólo conoce por los medios a Omar Emir Chabán, a Raúl Villarreal, a Patricio Rogelio Santos Fontanet y a Diego Argañaraz.
Luego de ser interrogado por el Fiscal General, ahondó en el conocimiento que posee sobre el cantante Patricio Fontanet. De tal modo precisó que su relación con el grupo “Callejeros” se circunscribe a dos eventos artísticos; el primero de ellos en “Hangar” –al momento en que era explotado por el declarante- y el restante en el estadio de “Obras Sanitarias” -siendo el testigo quien estaba a cargo de la seguridad del espectáculo-.
Sobre el primer recital -“Hangar”-, recordó que tuvo un acercamiento con un sujeto que se presentó como “programador” -no pudo aportar mayores datos pero dejó en claro que no tenía vinculación con el grupo “Callejeros”-, para luego sí reunirse con Fontanet –quien se presentó en compañía de otra persona-. Allí quedó en claro el porcentaje que quedaría para cada parte y la seguridad que se llevaría a cabo.
Aseveró en reiteradas oportunidades que la seguridad del evento estuvo a su cargo -“las condiciones de seguridad las imponía el lugar”-, agregando a modo distintivo que “Hangar” contaba con personal de seguridad propio –incluso afirmó que el vinculo tenía una antigüedad de veinte años aproximadamente-.
Sin perjuicio de lo anterior, comentó que “Callejeros” era una banda atípica dado que tenía muchas amistades. Tal es así, que dos o tres personas de confianza del grupo se encargaron de custodiar la zona de camarines y el escenario.
Preguntado por la vestimenta de uno y otro grupo, respondió que el personal de seguridad a su cargo vestía chalecos con la inscripción seguridad o prevención. Distinto fue el caso de las personas allegadas a la banda, quienes sólo lucían remeras negras con el nombre del grupo pero sin especificar función o cargo.
En una reunión que tuvieron un día antes del recital, se estableció la modalidad de trabajo. En esa oportunidad les hizo saber sobre la prohibición de ingresar con pirotecnia -ello extensible a los camarines y demás ámbitos de la banda-. Tal circunstancia generó una discusión con “Callejeros” dado que ellos entendían que las bengalas eran parte del folklore del grupo.
Tal es así que en un momento se intentó hacer un bosquejo de un contrato para deslindar responsabilidades sobre el tema de la pirotecnia pero “llegaron a entender la situación” y no hubo necesidad de hacerlo.
Remarcó en este contexto que la política que seguía el local en materia de seguridad no era negociable; si la banda no estaba de acuerdo, el recital no se efectuaba. En el caso puntual hizo saber que de no comulgar con su sistema de trabajo se devolverían las entradas que se habían vendido.
Otra condición que puso el lugar fue el número de asistentes, el cual no podía superar las mil seiscientas personas pese a que el lugar estaba habilitado para dos mil doscientas. Ellos querían expedir un mayor número –dos mil o dos mil quinientas-.
Aclaró que a la reunión a la que hizo referencia concurrió Fontanet junto a un sujeto del mismo sexo. Los temas apuntados se decidieron en ese mismo momento, es decir, con las dos personas precisadas.
Tal como lo pronosticó, tanto en el ingreso, como dentro del local, se secuestró pirotecnia. Si bien en el interior solo se secuestraron dos o tres bengalas, aseveró que fue “impresionante” la cantidad de pirotecnia que se secuestró en la entrada.
En materia de cacheo, aseguró en reiteradas ocasiones que se controlaba a todas las personas, incluidos los integrantes de la banda, familiares de estos, y los invitados.
Sobre las características de “Hangar” destacó que la salida de emergencia abarca el 70 % del frente del local –ello sumado a otra salida de emergencia que estaba en el fondo del local que daba a las vías-, y que estaba habilitado para el ingreso de 2.500 o 3.000 personas. Aclaró que si bien hasta que dejó dicho predio no se gestionaba un permiso por evento, sí había inspecciones periódicas de inspectores municipales y de la Policía –dos veces al mes aproximadamente-.
También recalcó que para los eventos que organizaba se encargaba de contar con la presencia de un escribano de guardia, una ambulancia, servicio de bomberos de brigada con matafuegos aptos para instalaciones eléctricas y la cruz roja. Todo lo anterior a la luz de lo que implica un “movimiento de masas”, no porque fuera exigido en aquel momento.
No dejó de destacar que la presencia de la ambulancia comenzaba desde el armado del escenario para cubrir posibles lesiones de las personas que se encontraban trabajando.
En relación a la habilitación del predio, aseveró que estaba habilitado como local bailable clase “C” con eventos, “o algo así”. No obstante, luego respondió a instancia de una pregunta del Dr. Gutiérrez que no vio la habilitación dado que al alquilar el lugar ya contaba con la misma.
En el año 2004 aproximadamente, su empresa “Control Star Service” –cuya función radica “en el control de masas en los eventos”- fue contratada por el club “Obras Sanitarias” para que se haga cargo de la seguridad de los eventos.
Dicha misión hizo que vuelva a trabajar en un show de “Callejeros”, destacando que en esta ocasión no tuvo contacto con los integrantes de la banda en lo que respecta a la organización.
También se secuestró mucha pirotecnia en el cacheo, no así en el interior, donde sólo se procedió a la incautación de una o dos bengalas.
A colación de lo sucedido se remitió a lo ocurrido en “Hangar” con el grupo “Motorhead”, oportunidad en la cual se suspendió el recital a raíz de un problema que tuvo el cantante que le impidió cantar, lo que generó la reacción del público
Volviendo la atención al recital de “Obras Sanitarias”, afirmó que el cacheo fue igual al de “Hangar”, se revisó “a todos, en Hangar y en Obras se hizo exactamente lo mismo”.
Afirmó que “antes de esta era Callejeros, prácticamente no existía el tema bengalas, caso “La Renga en algún lugar espacioso”, o sea no era tan grande el tema”. Acto seguido afirmó que en los dos recitales que “Callejeros” ofreció en “Obras Sanitarias” se secuestró pirotecnia del interior de las cajas donde se guardan los instrumentos. Tal situación ameritó que diera intervención a la escribana de turno con el objeto de que se confeccione el acta de estilo.
A instancias de la Dra. Rico, el declarante recordó haber recibido un llamado de Omar Emir Chabán promediando los meses de octubre/noviembre de 2004 para contratar los servicios de seguridad de su empresa. Si bien se negó, los motivos que adujo no resultaron claros puesto que en un principio afirmó que no contaba con la cantidad de gente necesaria, pero luego declaró que en realidad Chabán quería solo una persona, lo que consideró insuficiente habida cuenta la capacidad del lugar. También influyó en su negativa que no tenía buenas referencias del predio.
Aclaró que nunca ingresó a Cromañón, sólo lo vio desde afuera.
Sobre la cantidad de personas que se encontraban avocadas a la seguridad, precisó que en “Hangar” el número oscilaba entre 40 o 50, mientras que en los recitales de “Obras” se utilizó el doble de personal aproximadamente.
También fue preguntado sobre otro espectáculo en el que haya intervenido su empresa de seguridad, citando el declarante a modo representativo los diecisiete shows que ofrecieron los “Rolling Stones”.
Al ser interrogado por si conoce a Lorenzo Bussi, respondió que no.
Con el objeto de colaborar con la memoria del declarante, se hizo lectura de un extracto de la declaración que prestó el día 27 de mayo de 2005 –fs. 10.388, últimos dos renglones- en torno a establecer quién sería la persona que acompañó a Fontanet a la reunión que tuvieron en vísperas al recital efectuado en “Hangar”. En concreto, aseveró que podría tratarse de “Diego”, manager de la banda.
En última instancia, y en sintonía a lo anteriormente precisado, le fue leída un fragmento de la declaración donde afirmó que Diego Argañaraz habría manifestado que la banda no iba a aceptar que se prohíba el ingreso de bengalas -“…Esto porque en su momento Diego -Argañaraz-, le dijo que las bengalas eran parte de su público, y que la banda no iba a aceptar que no se lleven bengalas, sino no tocaban”-. Recordó dicha aseveración, expresando incluso que eso ya lo había dicho.
En oportunidad de ser oído, Alberto Fabián Lillo sostuvo que a Omar Emir Chabán lo conocía por haber concurrido al local “Cemento” y a Raúl Villarreal de una oportunidad, cuando presenció como público un recital de “Callejeros” en “República Cromañón”, que le indicaron quien era. Aclaró que en ese momento Villarreal se encontraba en el interior del local y no lo vio cumpliendo una función en particular.
Refirió, que a los músicos de la mencionada banda los conocía desde el año 2003, debido a que fue el encargado de organizar los recitales que “Callejeros” llevó a cabo en las provincias de Córdoba y Santa Fe.
Así, indicó que para llevar a cabo dichos espectáculos, debió pedir autorización a la Municipalidad y cumplir con los requisitos formales que ésta le exigía –contrato con el lugar, contrato de seguro de espectador, solicitar la presencia de personal policial y de bomberos, requerir la prestación de un servicio de asistencia médica, etc.-, para lo cuál debía completar un formulario y pagar el impuesto correspondiente.
Con relación a la participación de la banda en aquella organización, dijo que se ponía en contacto con el “manager” y juntos convenían una posible fecha de presentación.
Refirió, que los honorarios se distribuían en un porcentaje de 70-30, previo descontar los gastos que erogaba la realización de los shows.
Agregó que el personal policial adicional –cuya convocatoria era exigida por la Municipalidad-, se encargaba de realizar las tareas de control y cacheo de los concurrentes al recital, así como de efectuar una actividad de prevención en las inmediaciones del lugar. Se encargaban exclusivamente de evitar que el público ingresara con elementos prohibidos, ejemplificó indicando desodorantes, elementos cortantes, alcohol, botellas, entre otros.
Indicó que los recitales se hicieron en “Casa Babylón” el día 12 de julio de 2003 y en “Centro Cultural” aunque no recordó la fecha exacta.
Indicó que el uso de pirotecnia -específicamente las bengalas- en recitales de rock era algo “habitual” y que en la oportunidad antes referida, vio como la policía se encargó de secuestrarlas.
Agregó no tener conocimiento de que existiese una prohibición en torno a su uso. Asimismo, refirió que sugirió muchas veces al personal policial encargado del cacheo que el control debía ser más estricto porque el humo que generaban dentro de los locales era cada vez mas “molesto”.
Con respecto a la seguridad privada, manifestó que en el caso de los recitales que se llevaron a cabo en la provincia de Córdoba, él fue quien la contrató y que el número de personas requeridas para realizar el control, dependía proporcionalmente de la cantidad de concurrentes.
La banda contaba con su propio personal de seguridad, un grupo de entre 14 y 20 personas –dentro de los que recordaba a “Lolo” y a “Claudio”-, pero éstos se encargaban de custodiar sus efectos personales y los equipos que se trasladaban para la realización de los recitales.
Asimismo, agregó que trabajaban en la parte de los camarines y su función era “estar con los chicos”, como así también, “cortaban” tickets y ayudaban a acomodar si ingresaba “gente conocida”. El pago a la seguridad que llevaba “Callejeros” no se encontraba dentro de los gastos que debía solventar. Remarcó que nunca le dió indicaciones a ese grupo de seguridad.
Con relación a la capacidad de público que podía concurrir a un espectáculo, manifestó que ello le era informado por la Municipalidad al momento de requerir la debida autorización. Recordó en el caso del local “Vieja Usina”, la Municipalidad le informaba la cantidad de gente que ingresaba en total y hasta ese número se podían vender entradas.
Refirió que todas las entradas destinadas al show eran autorizadas por esa institución. En tal sentido, refirió que no recibió ningún comentario respecto de advertencias -sobre utilización de pirotecnia- a insertar en los tickets.
Exhibida que le fuera la fs. 11.603, no reconoció la firma del documento como propia. Aclaró que correspondía a Matías Civin, un autorizado a realizar tal solicitud.
Con respecto al recital en la provincia de Santa Fe, indicó que habló con el productor o dueño del boliche denominado “El Sitio” a fin de alquilar el lugar. Se hizo cargo de todos los gastos y la banda simplemente “tocó y después se fue”. El local era cerrado y también se utilizó pirotecnia.
Asimismo, manifestó que la autorización para realizar el recital fue tramitada por el dueño del local. Reiteró no conocer sí existía alguna prohibición de utilización de pirotecnia para ese local en particular.
Preguntado por cómo se materializaba la liquidación, señaló que “juntaba la plata” y debía cumplir con los gastos referentes a la banda, como el alquiler del lugar, el traslado, la comida y el hotel de la banda.
Explicó que si la fecha “daba perdidas” se hacía cargo y, en caso contrario, las ganancias se dividían en el mismo porcentaje anteriormente mencionado. El manager informaba la cantidad de gente que sería y así contrataba los lugares para el alojamiento, traslado, etc. Agregó que al personal de seguridad que trabajaba con ellos también se los incluía.
Preguntado por el tema de la responsabilidad civil y su inclusión en los contratos que celebraban con los dueños del local, explicó que era otra exigencia del Municipio y que en su calidad de productor se hacía cargo de ella. En tal sentido, aclaró que era un arancel que se debía pagar y adjuntarse a los otros requisitos que se solicitaban.
Con respecto a la cantidad de gente que presenció los recitales en Córdoba y Santa Fe, detalló que al show realizado en el local “El Sitio” fue muy poco público, calculó 150 personas aproximadamente. En los recitales realizados en el local denominado “El Centro Cultural” fueron 700 personas y el lugar era para 1000 aproximadamente.
Manifestó que a Diego Argañaraz le consultaba en torno a la estética que debían tener las entradas, pero que era él quien se encargaba de imprimirlas, así como de la publicidad del show. Asimismo, indicó que nunca tuvo contacto con los músicos de la banda a fin de convenir detalles de los recitales.
Relató que estuvo en “Cromañón” con anterioridad a la tragedia, aunque no pudo precisar la fecha. Ese día ingresó con los integrantes de la banda por el sector del garaje del hotel.
A preguntas del Sr. Fiscal General, manifestó que el 30 de diciembre de 2004 se encontraba alojado en el hotel que se halla lindero al local “República Cromañón”, porque había sido invitado por los músicos de “Callejeros” para presenciar los recitales que esta banda brindó los días 28, 29 y 30. Aclaró que se hizo cargo de todos los gastos relativos a su alojamiento y viáticos de esos días.
En aquél lugar se hospedó junto a los integrantes del grupo y permaneció allí los días indicados. Comentó que los cruzó en varias oportunidades, sobretodo cuando desayunaban o almorzaban porque lo hacían en el restaurante del lugar.
Para acceder al hotel utilizaba el garaje cuyo pasillo también lo conducía a los camarines, por lo que no debió ingresar por las puertas principales del local para acceder al escenario.
Había previsto, junto a dos de los integrantes de la banda, que una vez finalizado el show del día 30 de diciembre partirían hacia Mina Clavero. Ello, debido a que “Callejeros” tenía que brindar allí un recital el día 15 de enero.
Agregó que el día 28 estuvo presente en la prueba de sonido y que durante el transcurso de los recitales pudo observar la presencia del personal de seguridad que asistía a la banda. Indicó que no recordaba haber visto a Villarreal y/o a Chabán en el lugar.
Con relación al portón de color negro que se encuentra al final del pasillo del garaje del hotel, refirió que siempre lo vio cerrado y que, una vez iniciado el siniestro, intentó abrirlo en compañía de Juan Carbone y de varios concurrentes del recital. Finalmente los bomberos con la ayuda de una barreta pudieron abrirlo.
Precisó que no tenía recuerdos muy claros con relación a lo que sucedió la noche del 30, una vez acaecido el incendio.
Asimismo, hizo saber que los recitales de los días 28 y 29 los presenció ubicado en la planta baja del local, cerca de la barra que se encuentra al fondo y que el 30 estaba en el escenario cuando advirtió el inicio del fuego.
Se encontraba allí porque quería ver la lista de temas que la banda iba a tocar y, en ese momento, observó cómo la gente comenzaba a formar una ronda alrededor del material encendido que se desprendía del techo.
Comentó haber visto los mismos elementos de pirotecnia que se usaban generalmente –bengalas-. Por otra parte, no recordó haber escuchado advertencia alguna respecto de la utilización de pirotecnia.
Continuó manifestando que en ese momento pudo advertir que Fontanet saltaba desde el escenario hacia el sector donde se encontraba el público y entonces decidió abandonar el lugar, en compañía de varios de los músicos, retirándose por camarines.
Indicó que en ese momento, cuando estaba huyendo, pudo escuchar como la gente, que aún se encontraba dentro del lugar, golpeaba el portón antes indicado y pedía auxilio.
Una vez fuera del local, se enteró que su amigo Javier Karl estaba grave y por ello, decidió llevarlo al hospital “Ramos Mejía”.
Recordó un episodio sucedido en el garaje del hotel, en donde un auto arrancó un portón de ese sector, aunque se mostró confundido al respecto.
Refirió que pudo colaborar en las tareas de rescate sacando a varias personas del lugar y que a los integrantes de “Callejeros” los volvió a ver, después de los hechos, en los velorios de Romina, la esposa de Diego Argañaraz, y de la madre de Eduardo Vázquez.
Finalmente hizo saber que el 30 de diciembre dentro de “República Cromañón” vio sólo bengalas; pero de acuerdo con su punto de vista, no fue ese tipo de elemento pirotécnico el que ocasionó el incendio.
Preguntado por sí vio luz en hotel una vez desatada la tragedia, explicó que sí había en el hall.
Por otra parte, desconocía si las noches del 28 y 29 personal de seguridad se hospedó en el local con el fin custodiar los equipos de sonido.
En oportunidad de ser oído, Rolando Barbano señaló que la información contenida en la nota periodística obrante a fs. 9107/9 la obtuvo de fuentes policiales, judiciales y de datos que colectó de distintas publicaciones del ambiente del rock.
Explicó que algunos colegas le comentaron que en el local “Hangar” trabajaba Juan Blander, quien le habría exigido a “Callejeros” que tome a su cargo la responsabilidad civil del concierto a realizarse en dicho boliche, atento que el grupo musical pretendía que se autorizara el uso de bengalas al público.
Intentó sin éxito contactarse con Juan Blander y posteriormente, como dejó de trabajar en la sección “sociales” del diario “Clarín”, no prosiguió con el seguimiento del tema.
Además, indicó que en una entrevista publicada antes del hecho en la revista “Si se calla el cantor”, Fontanet manifestó que no le gustaba hacer recitales en “Obras” porque en dicho estadio no le dejaban “poner” al personal de seguridad.
Por otra parte, precisó que las crónicas publicadas en el sitio “el acople.com”, respecto a las presentaciones de “La 25” y “Jóvenes Pordioseros” en “Cromañón”, referían que una bengala había prendido el techo del recinto.
Asimismo, allí se indicaba que en el concierto de “La 25” había pocos asistentes y que no hubo problemas en evacuar el salón.
Por otra parte, fuentes judiciales le informaron que el fuego se había controlado arrojando agua con vasos que se llenaban en la barra.
Agregó que en el sitio de internet mencionado se publicaba un registro de los temas que “Callejeros” había tocado en un concierto y la cantidad de bengalas que los concurrentes encendían en cada uno de ellos.
Expuso que también había un foro de opinión, donde el público expresaba que los seguidores de “Callejeros” eran los que llevaban más bengalas.
Aclaró que ello le sirvió para enterarse de una “nueva corriente” del público del rock, que se interesaba en el uso de fuegos artificiales, atento que había concurrido al festival de “Quilmes rock” y no había visto que se utilicen bengalas.
Afirmó que en general las revistas del ambiente del rock son emprendimientos pequeños y que la publicación “Si se calla el cantor” cumplía las condiciones para ser “creíble”.
A preguntas de las partes, respondió que los autores de las crónicas publicadas en el sitio “elacople.com” son “Nacho Girón y Patricio”.
Por último, respecto a la nota periodística obrante a fs. 9107/9, manifestó que no tiene certeza de que la banda “Callejeros” tenga interés en vender “cuantas entradas pudiera” y que tal hipótesis puede responder a un razonamiento lógico.
Fue convocado ante estos estrados Héctor Damián Albornoz quien trabajó en “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004, y era conocido con el apodo “He-man”.
Manifestó que conocía a Omar Chabán desde el año 1991 porque su padre era empleado de aquél en un local llamado “Die Schule”. En 1993 comenzó a trabajar en ese sitio encargándose de la limpieza del local y del cuidado de los baños. Con respecto al pago por su labor, agregó que cuando realizaba las tareas de limpieza le pagaba su padre y sí debía cuidar los baños, le abonaba Chabán.
Dijo que en el mes de agosto de 1998 el local se transformó en una peña folklórica llamada “La Flor” y que cuando ésta finalmente cerró, fue convocado junto con su padre por Chabán para trabajar en “Cemento”. Allí cumplía tareas de seguridad en el vallado y otras veces en el escenario. Puntualmente realizaba tareas de “cacheo”, control de la gente sobre los vallados, entre otras.
Relató que en “Cemento” trabajaba Raúl Villarreal a quien ya conocía desde mediados de 1990. Se ocupaba principalmente de la venta de entradas.
En general, las bandas podían o no llevar su propia seguridad. Para el caso de no tener un grupo de seguridad determinado, los locales contaban con gente consignada a cumplir tal tarea. En tal sentido, puntualizó que no se trataba de gente especializada o con “credencial”, sólo se los contrataba en los casos en que el propio conjunto musical no llevará su propia gente.
Para el caso puntual del local “Cemento” y si la banda no llevaba su seguridad, se ocupaba de formar un equipo que era convocado por el encargado de seguridad apodado “Chiquito”. Ese grupo estaba integrado entre otras personas, por él, Mario Díaz y un joven llamado Jorge. El número de personas variaba de acuerdo a la cantidad de público estimado y de la banda musical que se presentaba, independientemente de que la seguridad fuese del local o de la propia banda.