Sentencia Oral V.

Preguntado por la utilización de pirotecnia en el local “Cemento”, mencionó un recital de “Callejeros” en el mes de octubre. En el mismo sentido, no recordó que se hubiese utilizado pirotecnia durante recitales de otras bandas.
Asimismo, destacó que nunca incautó pirotecnia mientras realizaba tareas de “cacheo” en el mencionado local.
Por otra parte, indicó que nunca vio agentes municipales mientras trabajó en ese local y que simplemente concurría gente de SADAIC.
Contó que el 10 de abril de 2004 comenzó a trabajar en “República Cromañón”. Comentó que se enteró por su padre que Chabán tenía la idea de tener otro local, más grande que “Cemento” a fin de competir con el estadio “Obras”.
Previamente fue citado a una reunión en ese local a efectos de conocerlo. A ese encuentro asistieron Mario Díaz, Omar Chabán y el hermano de éste.
Preguntado por si se charló acerca de pagos a la policía o gastos con relación a la Policía Federal Argentina, manifestó que no.
Puntualizó que él se encargaba de atender las barras mientras que a Mario Díaz le correspondía recibir la mercadería, atender a aquellas personas que eran convocadas a realizar tareas de reparación y ocuparse de la limpieza del local.
También trabajaba allí Juan Carlos Bordón quien se ocupaba de los problemas eléctricos.
Con anterioridad a “Cromañón”, indicó que conocía el local de vista y a través de publicidad radial como un boliche bailable llamado “El Reventón”.
Expresó que el local estaba en buen estado, listo para funcionar y que a través de dichos de Mario Díaz, Juan Carlos y Ana Sandoval, sabía que la habilitación del lugar estaba otorgada para mil personas. Asimismo, aclaró que era supuestamente una habilitación para “bailanta”.
Describió algunos de los trabajos que se realizaron en el interior de “República Cromañón”. Así, comentó que un herrero estuvo trabajando en el tema del vallado y que también hicieron arreglos en el techo del escenario, cree que en la media-sombra.
A preguntas efectuadas, aclaró que el vallado que se encontraba en el sector del escenario podía moverse y/o desarmarse. Recordó una noche que, una vez terminado el recital, lo desarmaron para que en la semana se pudiera realizar la limpieza correspondiente.
Indicó que se cerraron los baños situados en el primer piso del sector VIP porque los dueños del hotel deseaban que quedaran para el uso de sus clientes. Se colocó una puerta negra.
Precisó que también se cerró la circulación entre los dos sectores del primer piso colocándose unos tabiques con pinturas de Omar Chabán detrás de la cabina de sonido. También se quitaron, al momento de la inauguración, unas “luces navideñas” de la media-sombra que estaban allí sujetas y que las vio el primer día que visitó el local.
Luego de inaugurado el local se taparon las ventilaciones que se encontraban en el escenario. Al notar que ya no corría tanto aire, le hizo un comentario a Mario Díaz, quien le contó que habían sido cerradas.
Supuso que las decisiones sobre los arreglos las habría tomado Chabán, pues era el gerenciador del lugar y aclaró que a veces también participaba de ellas Yamil Chabán, hermano de Omar.
Indicó que tanto él como los demás empleados del local le realizaban recomendaciones a Mario Díaz, por ser quien tenía mayor jerarquía, sobre las reformas que creían convenientes.
Con relación a las funciones que cumplía Villarreal en ese local, indicó que hubo un cambio de jerarquía con respecto a “Cemento”. Explicó que el nombrado era empleado, mientras que en “Cromañón” daba órdenes, era “su mano derecha” o como un “socio”. Puntualizó que se quedaba a cargo cuando no estaba Chabán y en varias oportunidades se llevaba la recaudación o parte de ella. Veía a Villarreal como un patrón más.
Agregó también que cumplía funciones paralelamente en los dos locales indicados y que lo habría visto en seis o siete oportunidades en “Cromañón”.
Puso de relieve que las puertas que se utilizaban para ingresar al local eran las que daban a la boletería y la que desembocaba en el pasillo amarillo. Sólo una vez vio abierto el portón negro que se encontraba junto al escenario a fin de ingresar equipos y que estaba cerrado con alambre.
Sostuvo que a su criterio ese portón era “de emergencia”, pues estaba señalado con un cartel de “salida” en su parte superior y tenía además un barral para empujar. Aclaró también que en una oportunidad preguntó por qué no se podía ingresar la bebida a través de esa puerta y alguien le dijo que aquella no se podía utilizar más.
Exhibida que le fue la maqueta virtual, dijo que la valla situada frente al escenario continuaba sobre el lado izquierdo por delante de la barra del fondo casi hasta el portón.
Indicó que también trabajaban de forma “fija” en República Cromañón”, Bordón colaboraba donde se lo requería, Ana Sandoval en la barra, Patricia González y Leandro González como seguridad.
Aclaró que él era el encargado de armar y desarmar las barras –había cuatro dentro del local- y le entregaba la recaudación a Yamil Chabán. Generalmente trabajaba en la barra situada en la parte trasera de la planta baja donde Omar Chabán acostumbraba sentarse.
Se refirió a continuación a un incendio ocurrido en el local el día 1ro. de mayo de 2004. Narró que ese día trabajó en la barra ubicada sobre el lado izquierdo de la planta baja y que sobre la pared estaba la caja con una manguera. El incendio se produjo sobre el lado izquierdo de frente al escenario.
Contó que al tomar ese conducto de agua advirtió que le faltaba la mariposa para poder abrirlo, por lo que fue corriendo hasta la barra del fondo a buscar una pinza. Finalmente logró accionarlo, y aunque estaba pinchado y tenía poca presión, pudo apagar rápidamente el foco ígneo.
En ese ínterin, el show se interrumpió y todos los asistentes salieron del local, no así los empleados quienes permanecieron adentro. Creía que quien indicó que los asistentes debían salir fue Omar Chabán.
Aclaró que Yamil Chabán le dijo: “va a salir toda la gente, vos de acá no te movés, cuidame la plata y la bebida”.
Puso de relieve que un par de compañeros le dijeron que el incendio había sido originado por un elemento pirotécnico y que se abrió el portón negro junto al escenario para que los jóvenes salieran más rápidamente.
La suspensión del espectáculo duró aproximadamente 15 ó 20 minutos y el humo se “evaporó solo”. Por otra parte, indicó que la gente fue evacuada en aproximadamente 5 minutos. Realizó una comparación con el día 30 de diciembre y aclaró que había mucha menos gente que el día de la tragedia, ya que el 30 había 6000 personas y el día de la suspensión había 1000 personas aproximadamente. Aclaró que no tomaron intervención los bomberos ni personal policial.
Expuso que finalizada la jornada permaneció en su lugar de trabajo a fin de entregarle la recaudación y la liquidación a Yamil Chabán.
Puso de resalto que no le fue impartida ninguna directiva en particular para casos de emergencia como el sucedido aquella noche.
Describió también el principio de incendio ocurrido el 26 de diciembre de 2004 cuando tocó el grupo musical “La 25”.
En primer lugar y preguntado por sí se había realizado alguna reforma en el local en el transcurso de tiempo entre ambos incendios, manifestó que simplemente se retiró la media-sombra hasta la mitad del local.
Explicó que el incendio se produjo en el techo en la parte trasera derecha del salón entre las dos columnas cercanas a la escalera.
Después de la lectura de su declaración anterior, indicó que en esa ocasión se encendieron los paneles de acústica que estaban pegados al techo y que eran de un material similar a la “goma espuma”, aclarando que ya no había media-sombra.
Expresó que el foco ígneo fue sofocado fácilmente con vasos de agua que llenaron en la barra del fondo y que tiraron desde la escalera. Agregó que también mojaron una bandera y la hicieron impactar contra el techo.
Manifestó que era normal el uso de pirotecnia en los recitales suscitados en el local “Cromañón”.
Relató que los días 25 y 26 de diciembre que tocó “La 25”, la banda no tenía personal de seguridad, motivo por el cual Mario Díaz y Juan Carlos Bordón le dijeron que debían armar un equipo de seguridad.
En consecuencia, convocó a su primo Leandro González y a Julio Almirón. Bordón llevó a sus yernos, a su hijo, a unos vecinos y a dos amigos. También trabajaron Juan Ledesma, el Sr. Mendieta –quien falleció el 30 de diciembre- y Luciano Otarola.
Señaló que se ocuparon de la puerta, el vallado y de vigilar el interior del local. Dijo que creía que Mario Díaz se había ocupado de dar las indicaciones del trabajo a realizar esa noche.
Preguntado por las condiciones que debían reunir éstas personas, manifestó que se les explicaba lo esencial de la tarea a realizar. Agregó que era básicamente un control y que a la gente se la debía “tratar bien”, con respeto y educación.
Relató seguidamente lo ocurrido durante los recitales de “Callejeros” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004.
Indicó que sabía que la banda tenía su propia seguridad porque habían tocado anteriormente en “Cemento”.
Destacó que las personas que trabajaban tanto en “Cemento” como en “República Cromañón” no usaban una vestimenta que los identificara. A diferencia de lo que sucedía en el caso de la seguridad propia del grupo, quienes tenían remeras con la inscripción “Callejeros”.
Puntualizó que el encargado de seguridad del grupo “Callejeros” era una persona apodada “Lolo”, quien el día de la tragedia tenía un pie enyesado.
Preguntado por si existía algún tipo de coordinación entre la seguridad de la banda y quienes fueron contratados como seguridad por Chabán, respondió en forma negativa.
Puso de relieve que el día 28 llegó a “República Cromañón” aproximadamente a las 17:45 hs. y que los instrumentos y los equipos de los músicos, ya estaban ahí. Dentro del local se encontraban algunos de sus compañeros, personal de sonido, como así también gente realizando el cableado. También recordó haber visto personal de seguridad de la banda en la parte de afuera del local.
Preguntado por sí vio a Villarreal en el transcurso de la noche, dijo habérselo cruzado en el sector cercano al depósito de bebidas.
Expresó que normalmente quien autorizaba el ingreso del público era Chabán y que sí éste no estaba lo hacía Villarreal, quien era “su mano derecha”. Precisó que le avisaba Yamil Chabán o alguno de sus hijos en cuánto tiempo abrirían las puertas para que estuviera preparado.
Dijo que en la barra se vendía principalmente cerveza y gaseosas, pero que también tenían fernet, whisky y “Gancia”. Aclaró que no había restricciones para la venta de bebidas alcohólicas, salvo en los casos en que fuera realmente notorio que la persona fuera menor de edad.
Por último, manifestó no recordar si esa noche hubo uso de pirotecnia o algún tipo de comentario al respecto con anterioridad al comienzo del show. En cambio, el 29 aseguró haber participado de la incautación de elementos de pirotecnia. En esa oportunidad, manifestó que evitaron que se utilizaran petardos y bengalas.
Asimismo, indicó que las bolsas con la pirotecnia que se había incautado se encontraban guardadas en un armario de la oficina que se encontraba cercana a las puertas de ingreso al local. Indicó que tenían acceso tanto Chabán como Villarreal y que se encontraba cerrada con candado.
Por último, manifestó que se llevó dos bengalas de las secuestradas a su casa y aclaró que las sacó de las bolas antes de que se guardaran en el mencionado armario.
Expuso que el día 29 fueron convocadas algunas de las personas que trabajaron el 25 y 26 de diciembre a fin de reforzar el control de diversos lugares del salón, como las barras y los baños. Se pretendía evitar que hubiera disturbios debido a la gran cantidad de gente.
Expresó que el 30 de diciembre también trabajaron González, Mendieta, Ledesma y “Martín” quien era amigo del Sr. Bordón.
Señaló que los días 28 habría aproximadamente 4.500 ó 5.000 personas, mientras que el 30 calculó que seguro fueron 1.000 personas más. Sostuvo que había realizado esa estimación en atención su experiencia en el local en el que trabajó durante 6 meses.
En igual sentido, realizó una apreciación e indicó que de acuerdo a la capacidad que tenía el local, 4.000 personas podían ver los recitales cómodamente.
Dijo que en la oportunidad en que tocó en “Cromañón” el grupo musical “Rescate” estuvieron presentes 5.000 personas y que el día 30 hubo aún más.
Agregó que tanto la planta baja, como el primer piso y la escalera se encontraban colmados de gente y se hacía imposible circular.
Precisó que antes de que comenzara a tocar el grupo “Callejeros”, Chabán habló desde la cabina de sonido y dijo: “Chicos no prendan pirotecnia porque somos más de 6.000 personas”, repitiéndolo varias veces. También invocó lo que había sucedido en la República del Paraguay.
Relató que el público lo chifló y tomó la palabra Patricio Santos Fontanet, el cantante del grupo, y les dijo a los jóvenes: “no sean boludos, no prendan pirotecnia, vamos a disfrutar del show, yo se que es lindo, pero estamos todos apretados, vamos a terminar bien el show”.
Contó que cuando empezó el espectáculo se dio vuelta para acomodar unas botellas y advirtió que Yamil Chabán salió corriendo de la barra. En consecuencia, giró nuevamente y vio que se estaba prendiendo fuego el techo a la altura de la escalera del lado derecho y que desde allí caían “gotitas” de la media-sombra.
Explicó que la gente comenzó a saltar la barra y a correr por su sector interno; no obstante su esfuerzo y el de su hermano por advertir que por allí no había una salida.
Los jóvenes en su intento de escape, arrastraron todo lo que había en la barra, inclusive a él y las demás personas que allí trabajaban.
Puntualizó que se cortó el sonido y que no se realizó ninguna advertencia o sugerencia sobre las puertas por las que debían salir.
Caminó hasta las columnas ubicadas frente a las puertas “vaivén” y en ese momento se cortó la luz. Con relación al sonido, manifestó que se cortó luego de comenzado el incendio. Puntualizó que ni el día 30 ni el 1 de mayo, hubo alguna indicación a la gente.
Agregó que finalmente la presión de la misma gente lo empujó hacia afuera. Así, accedió al hall a través de la puerta situada en segundo lugar desde el lado derecho visto desde el frente del local, y luego alcanzó la vía pública por el portón izquierdo. Aclaró que esas puertas estaban abiertas y al resto no las recordaba.
Ya en la calle se encontró con su hermano y vio a Chabán quien estaba parado en la vereda frente al local, como “perdido”, pensando.
Dijo que también vio a Villarreal en el hall de “Cromañón” cuando ingresó al salón a fin de buscar la mochila de su hermano. En ese trayecto ayudó a rescatar a algunas personas.
A preguntas que le fueron formuladas, expresó que el tablero general de luces se encontraba ubicado debajo del escenario y que desde la boletería también se podían operar alguna de ellas. Aunque aclaró que las luces generales sólo podían manejarse desde el sector bajo del escenario. Explicó que quienes se encargaban de las luces eran Mario Díaz y Juan Carlos Bordón, e ignoraba sí la puerta de ese sitio se cerraba con llave.
Preguntado por sí la noche del 30 de diciembre el hotel tenía luz, manifestó que no recordaba.
Asimismo y respecto a la puerta “alternativa”, indicó que en el momento del “tumulto” se encontraba cerrada y por lo que pudo recordar se abrió después de varias horas.
Refirió también que generalmente durante los recitales quedaba abierta la puerta que daba al pasillo amarillo y, de las puertas “cine”, sólo se mantenía una abierta. Precisó que se colocaba la traba de arriba para dejarlas fijas.
Con relación a la presencia de personal policial dentro del local, expuso que el día 30 sólo la advirtió una vez acontecido el incendio.
Relató que habitualmente antes del comienzo del recital pasaba un patrullero y preguntaba a la persona que se encontrara en la puerta, qué banda iba a tocar, a qué hora terminaría y la cantidad de gente que asistiría.
Refirió que generalmente lo hacían durante la tarde y podían consultarle a cualquier empleado que se encontrara en la puerta del local. Mencionó una situación puntual el día del recital de “Rescate”, en que le preguntaron qué grupo “tocaba”, por la gente que presenciaría el show, como así también, por el horario de inicio. En tal sentido, aclaró que no se comenzaba o “se daba puerta” siempre en un mismo horario.
En ese orden, afirmó que nunca advirtió policías uniformados “en función” dentro del local o durante los recitales.
También refirió que todos los fines de semana en la esquina de la plaza había una “combi de la policía”, para evitar que se enfrentaran los asistentes de “Cromañón” con los de la bailanta situada a la vuelta.
Contó que en dos oportunidades vio a Omar Chabán conversando con un oficial de policía vestido de traje fuera de su oficina. Agregó que no podía precisar los días en que lo había visto. Leído que le fue un pasaje de la declaración prestada en la etapa de instrucción, recordó que había mencionado que el episodio había sido durante algunos de los recitales de “Callejeros” de los días 28 y 29 de diciembre de 2004.
Una de esas veces ocurrió cuando se dirigió al depósito de bebidas que estaba junto a la oficina y en la puerta estaban las personas nombradas precedentemente despidiéndose y dándose la mano. En ese instante observó entre las manos de ambos un papel violeta que supuso, por la forma y el color, que era un billete de $ 100. Indicó que se encontraba a 2 metros de ellos aproximadamente.
Narró que luego de ocurrida la tragedia, se reunió en un bar de San Telmo con sus ex-compañeros de trabajo y que al contarle a Ana Sandoval lo que había visto, ella le exhibió un folleto de “Rockmañón” en cuyo reverso había una liquidación en la que se consignaba “poli 100”, y que había hallado en la oficina de Chabán.
Agregó que no sabía a qué recital correspondía esa liquidación que le fue exhibida durante la audiencia y fue reconocida en el mismo acto.
También dijo que le describió a Mario Díaz el hombre que había visto conversando con Chabán y que aquél le indicó que se trataba de “un poli de la 7a.”. Destacó que, después de la tragedia, nunca más volvió a verlo. Aunque recordó que en dos ruedas de reconocimiento puedo reconocer a ese oficial de policía.
Por otra parte, dijo que durante el show no recordaba si la oficina era utilizada por algún motivo, aunque aclaró que muchas veces se utilizaba para pagarles a los empleados o alguna publicidad.
Con relación a los arreglos en general que se realizaban con las bandas, “casi siempre” al conjunto musical le correspondía el 70% y un 30% al local, y la mayoría de los gastos corrían por cuenta de ambos. No pudo determinar el lugar en el cual se realizaba tal liquidación, ya que muchas veces había venta de entradas anticipadas. Comentó que la mayoría de las bandas “tocaban” con al menos la mitad del show asegurado.
Preguntado por sí conocía a un tal “Polito”, contestó en forma negativa.
Por otra parte, comentó una charla que había tenido con Juan Carlos Bordón respecto de una invitación a una cena en su casa a la que asistirían Mario Díaz y Villarreal.
En tal sentido, reprodujo las palabras textuales con las que le contestó a Bordón y dijo “Juan Carlos yo lo único que te digo es que yo, una con los traidores no hablo, así ya vas sabiendo lo que va a pasar después. Y yo te lo dejo en claro: yo defiendo a mis compañeros, defiendo la memoria de mis compañeros que no están, de los chicos que no están, la de mi cuñado que no está; y yo voy a estar en contra de Omar Chabán y de todo aquel que se ponga a la par; así sea sentarse a tomar un café. Porque el tendría que haber pensado antes”.
Asimismo, refirió que tanto Bordón como Díaz se reunieron con Villarreal y señaló a Bordón como el traidor al cual aludió.
Por otra parte, resaltó que con Chabán sólo tenía charlas con relación al dinero que cobraba y aclaró que no había iniciado ningún juicio laboral contra el nombrado o contra Villarreal.
Preguntado por el evento denominado “Rockmañón”, comentó que “se hacían fechas y pasaban música bolichera; y el día que mas gente hubo fueron 6 o 7 personas”. Manifestó que el día de la inauguración estuvo presente, se realizaban los días viernes y lo organizaban los hermanos Ripa junto con Villarreal.
En tal sentido, comentó que seguro hubo 2 eventos más luego del de la inauguración. Afirmó que no se contrataba personal de seguridad para estos eventos y que no era usual el uso de pirotecnia, ya que estaba destinado a gente más grande.
A preguntas formuladas, manifestó en el mes de junio de 2004, Yamil Chabán, le ordenó a él y a su hermano que tramitaran la libreta sanitaria porque iba a ver una inspección, como había sucedido en “Cemento”. Agregó que el nombrado le dijo “no importa lo que salga, en una semana tenés que tener la libreta”. Aclaró que comenzó el trámite en junio y una semana después la recibió.
Leído que le fue un párrafo de una declaración anterior prestada en la etapa de instrucción manifestó que recordaba que Omar Chabán dijo “boludos, pajeros, se van a quedar sin mujeres que vengan a ver rock, no tiren que el techo es inflamable y se va a prender todo como en Paraguay”.
Mediante el mismo sistema previsto por el art. 391 del CPPN se leyó un tramo de una declaración anterior y, el testigo recordó que Mario Díaz le comentó que el portón debía permanecer cerrado porque al día siguiente al 1ro. de mayo de 2004, la gente encargada del hotel presentó una queja porque habían rotos los vidrios y los neumáticos de los automóviles de los pasajeros.
Fue convocada a prestar declaración en el juicio Viviana Cozodoy, quien previo a exponer su relato, refirió que conocía a los imputados Omar Chabán y Raúl Villarreal por motivos laborales. Respecto del primero dijo que le tiene mucho aprecio, pues le ofreció trabajo cuando ella lo necesitaba.
Asimismo, señaló conocer también por cuestiones de trabajo a Diego Argañaraz y a Patricio Fontanet por haberlo visto en la televysión. Agregó que no conoce al resto de los miembros de Callejeros, aunque puede haberlos observado en los medios.
Del resto de los acusados, dijo conocer a Carlos Rubén Díaz, por ser una persona a quien ha visto en la puerta de “Cromañón” como Sub Comisario.
Respecto de su relación con Omar Chabán, dijo que lo conoció por intermedio de una amiga –Alejandra Cañal-, en ocasión de realizar dos recitales en el local “Cemento” propiedad del nombrado, con el objeto de recaudar fondos para la “Asociación de Madres de Plaza de Mayo”.
Indicó que luego de estos eventos, se quedó sin trabajo y Chabán le manifestó que le iba a conseguir uno. De esta manera, trascurrida una semana, Chabán se comunicó con la deponente y le ofreció un empleo.
Refirió que en los shows que organizó en “Cemento” también participó Villarreal, quien en ese momento se mostraba como una persona que trabajaba con Chabán.
Que para la realización de esos dos espectáculos se efectuó una lista de gastos integrada por pagos que debían efectuarse a “SADAIC”, por sonido, al sindicato de músicos, etc. Además de ello, se pactaba un porcentaje de dinero por la venta de entradas en una proporción de 70-30, todo lo cual se consignaba en un papel.
Exhibida la prueba documental identificada como número 330 del índice labrado por Secretaría, dijo que ese es el documento a que hiciera referencia y que fue confeccionado por Chabán.
Además, señaló que para esos eventos, ella se iba a encargar de conseguir a las dos bandas más convocantes y Villarreal iba a ocuparse de contactar a otros grupos más pequeños, a fin de amortizar los gastos.
Indicó que en ambos recitales hubo seguridad; que había gente que ponían ellos mismos –en referencia a las madres de plaza de mayo- y otros eran del local. La tarea consistía, básicamente, en controlar a los asistentes.
Con relación a la oferta de trabajo que le hiciera Chabán, expuso que se la hizo en la última fecha de los eventos aludidos -24/10/04-, y que al martes siguiente la convocó para que se constituya en local “República Cromañón”.
Ese día, o Chabán o Villarreal –no pudo precisar cuál de los dos-, le dijo que iba a comenzar a trabajar en el local a partir del viernes 6 de noviembre y que iba a prestar funciones en el sector de boleterías. Agregó que aquél martes estuvo hablando un rato con Chabán y otro con Villarreal.
Su trabajo iba a depender de sí, en cada fecha, se iba a necesitar gente o no; también se pactó la remuneración, la cual consistía en una suma fija.
Relató que el día 6 de noviembre llegó al local y se presentó ante Raúl Villarreal. Éste la llevó al sector de boleterías y le dijo que allí iba a prestar labores. Además, le explicó cuáles iban a ser sus tareas y le presentó a la banda que iba a tocar esa noche –Jóvenes Pordioseros-.
Recordó que en el sector de boleterías estaba Gabriela Jurado, que era la encargada de prensa del grupo antes sindicado. Allí permaneció también con otra persona más, cuyo nombre no pudo precisar; transcurrido cierto tiempo, se quedó sola trabajando en ese lugar.
Indicó que después de vender las entradas tuvo que llevar el dinero recaudado a una oficina – marcó el sector en la maqueta virtual-. En ese lugar estaba Raúl Villarreal y el manager de la banda. Agregó que en esa ocasión lo único que ella hizo fue entregar el dinero y que si bien permaneció unos momentos en esa oficina, no observó qué fue lo que hicieron Villarreal y el manager.
Señaló que en otras oportunidades sí vio que se hacía con el dinero y los gastos. Una vez fue en el recital de “Callejeros” del 29 de diciembre de 2004 y en otra ocasión en una fecha anterior, cree que en un show de la banda “Los Gardelitos”.
En ésta última presentación, observó que Villarreal efectuaba un detalle de gastos, anotando en un papel en blanco distintos pagos, entre los que figuraban erogaciones a “SADAIC”, al sindicato de músicos y otro donde consignó “poli más 100”. Agregó no recordar si esa vez hubo gastos por sonido.
Respecto de ese papel en blanco, dijo que no sabe que pasó con éste, si alguien lo encontró o no.
Por otra parte, refirió que ella permanecía en el boliche durante los recitales, pero que en la fecha en que se produjo un principio de incendio en el local, aún se encontraba en las boleterías y solamente vio que del salón salía humo y la gente egresaba del lugar. Que inicialmente pensó que se trataba de una bengala, pero después tomo conocimiento de que se había prendido fuego.
Aclaró que trabajó en los tres recitales del grupo “Callejeros” de los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004. Manifestó que en las dos primeras fechas estuvo en las boleterías y que el día de la tragedia prestó servicios en una de las barras – en la maqueta virtual marcó aquella ubicada al costado izquierdo del escenario visto de frente-.
La noche del recital del día 29 de diciembre, tal como antes adelantara, estuvo presente en una liquidación de gastos. En esa ocasión, encontrándose en la oficina que antes detallara, y en momentos en que estaba contando tickets con Villarreal, se apersonó Omar Chabán, quien le preguntó al primero de los nombrados si “ya había arreglado con el Comisario”.
Expuso que ante ello, Villarreal le contestó que sí, que le había dado “lo de siempre mas doscientos más así corta la calle como anoche”. Señaló la dicente que luego se enteró de que en realidad se trataba del Sub Comisario. Que a este oficial ella lo divisó en la calle en alguna de las tres fechas. Agregó que a ese sujeto lo observó vestido de traje; era de mediana estatura y tenía bigotes. Resaltó que siempre lo vio solo en la calle. Precisó que tomó conocimiento de la jerarquía del oficial –Sub Comisario- cuando brindó su primer testimonio.
Aclaró que más allá de este episodio, desconoce si alguna de las tres noches el tránsito vehicular fue efectivamente cortado por la policía –no lo vio ni se enteró-.
Respecto de aquella conversación, precisó que ella estaba en el sector de boleterías, y que en cierto momento, Villarreal o Mario Díaz –no pudo recordar cuál de los dos-, la llamaron para que se apersone en la oficina para contar tickets.
Agregó no recordar si cuando la llamaron estaba sola o había alguien más con ella. Sobre esto último, señaló que en las boleterías estuvo en algún momento con un chico de nombre Ezequiel y con Aldana Aprea –jefa de prensa de “Callejeros”, pero no pudo asegurar si los nombrados se encontraban presentes cuando fue solicitada su presencia en la oficina.
En otro orden, reiteró que el día 30 de diciembre se desempeñó mayoritariamente en una de las barras. Solamente estuvo en las boleterías unos quince o veinte minutos –recuerda que la venta de entradas comenzó tarde porque tuvieron que esperar la llegada de unos talonarios-, hasta que Yamil Chabán la asignó para las tareas de expendio de bebidas. En ese sector también estaba trabajando un chico cuya identidad dijo desconocer. Agregó que en la barra no vio personal de seguridad y que no recordaba si había en los restantes sectores del salón.
Indicó que las personas encargadas del control estaban en la puerta del establecimiento y se identificaban con un chaleco con la inscripción “Callejeros”.
Dijo que para el recital del 30 hubo venta anticipada de entradas y que según escuchó cuando estaba en la boletería, por comentarios de un muchacho de nombre Ezequiel, se habían vendido unas 2700 o 2800 localidades. Allí también vio Argañaraz, manager de la banda, quien charlaba con Ezequiel y con otra chica de nombre Romina, aunque no pudo brindar mayores detalles de la conversación.
Relató que luego, durante su permanencia en la barra, pudo advertir cómo en el interior del local se lanzaban elementos de pirotecnia durante el recital del grupo soporte “Ojos Locos”. Que también durante el intervalo entre las bandas, se accionaron bengalas, tres tiros y candelas –aunque precisó que por sobre todo observó el uso de las primeras-.
Manifestó que antes del inicio del show de “Callejeros”, Omar Chabán realizó una “prevención”. Que el nombrado se dirigió a los concurrentes diciéndoles que no prendan bengalas, que había cerca de seis mil personas y que si el lugar se prendía fuego iba a pasar lo que sucedió en el “shopping de Paraguay”. Acto seguido, Patricio Fontanet, hizo lo propio y le indicó al público que pare con las bengalas, entre otras palabras que no pudo precisar.
Después de esto, la banda salió al escenario y dio comienzo al show. Recordó que en cierto instante ella se agachó para buscar dos aguas minerales que le habían solicitado, y que cuando estaba por entregarlas, justo en la punta de la barra, empezó a ver movimiento en el salón y a sentir olor. Fue por ello que miró hacia arriba y advirtió que la media sombra estaba encendida y que caían desde el techo restos de ese material.
Refirió que se fue hacia la pared y que en un primer momento pensó que lo iban a apagar, tal como había sucedido el día del principio de incendio del recital de la banda “La 25”. Sin embargo, el humo avanzaba y el fuego no se extinguía.
Indicó que la barra tenía una puerta y que desconoce como la atravesó. Que en cierto momento quedó atrapada contra una pared por la presión de la gente. Dijo que pensó que no iba a poder salir y que moriría en ese lugar. Agregó que no recordaba más nada, que estaba desmayada y que la presión del público la llevó hacia las puertas del local.
En otro orden, señaló que otra empleada de “Cromañón”, Ana Sandoval –a veces hacía mantenimiento, una vez efectuó cacheo-, en cierta ocasión le mostró un papel que había encontrado en un tacho de basura, que tenía una inscripción “poli más 100”. Que Sandoval le manifestó que eso significaba que se pagaba a la policía 100 pesos cada 500 personas que iban al local.
Exhibido que le fue el folleto cuya copia obra a fs. 12.310, lo reconoció como aquél que le mostrara Sanvodal -por las anotaciones del reverso, como asimismo por el anverso que dice “Rockmañón”-. Agregó que cuando Sandoval le enseñó el papel, estaba presente un muchacho de nombre Rafael, cuyo apellido desconoce.
Respecto de los eventos de “Rockmañón”, dijo que no sabe cuantas entradas se vendían porque ella aún no trabajaba en el lugar en la época en que funcionó esa disco.
Señaló que en otra ocasión, estando en las boleterías de “Cromañón” también escuchó un comentario de que se realizaban pagos a la policía, aunque no pudo precisar de quien fue la persona que lo había dicho.
Interrogada para que precise en cuantas ocasiones vio a la persona que luego supo que se trataba de un Sub Comisario, indicó que la vio en la calle una o dos veces. También la observó después del hecho, aunque no recuerda si fue el 31 de diciembre o el 1 de enero de 2005, ocasión en que se encontraba detrás del vallado frente a la puerta del local hablando con una persona. Agregó que lo volvió a ver en la rueda de reconocimiento que efectuó con su participación y luego en una marcha realizada el 30 de abril de 2005.
Explicó que en la rueda de personas, lo reconoció, pero como se sintió muy presionada, dudó y dijo que no. Refirió que la presión obedeció a que había un Fiscal, tres abogados, la Secretaria y un policía detrás. Agregó que la jueza no estaba y que no hizo saber su estado emocional en ese momento.
Indicó que en una de sus primeras declaraciones ya le habían comentado el nombre de ese oficial, como así también que se trataba de un Sub Comisario. Dijo no recordar quien fue la persona que le comentó la identidad y la jerarquía de este funcionario.
Preguntada para que diga si además de este oficial advirtió alguna vez en “Cromañón” la presencia de otro personal policial, respondió que sí, que ella vio una vez a un policía uniformado que ingresó al local y le preguntó si había mucha gente en el interior del salón. Eso ocurrió el 8 de diciembre de 2004.
Por otra parte, señaló que después del 30 de diciembre volvió a ver a sus compañeros de trabajo, puntualmente a Damián Albornoz –apodado He-man- y a Héctor Albornoz, con quienes visitaron el santuario de las víctimas y charlaron de lo sucedido.
Agregó que también volvió a ver a los Sres. Chabán y Villarreal, aclarando que lo hizo porque sintió la necesidad de abrazar y agradecerle por el trabajo ofrecido al primero de los nombrados.
Interrogada por las partes acerca de la distribución del hall de entradas al local los días 28, 29 y 30 de diciembre, respondió que en ese sector había unas vallas que separaban el ingreso entre varones y mujeres y que allí había unas 5 o 6 personas haciendo el control de acceso.
En la maqueta virtual marcó la existencia de una valla que separaba el vestíbulo principal del corredor amarillo justo antes de las puertas tipo cine. Agregó que en el hall había otro vallado más, pero que no recordaba su ubicación.
En otro orden de ideas, refirió que luego de su declaración en el juzgado, fue objeto de amenazas telefónicas y personales mediante automóviles que la seguían. Que estas tuvieron lugar en el año 2005 y luego en 2008 –por éstas últimas obra una constancia en la causa.-
Dio pormenores de los hechos sucedidos en el 2005. En primer lugar, dijo que se comunicaron con ella telefónicamente y le refirieron “ya supiste una vez lo que es morir ahogada, así que te puede pasar otra vez”. Agregó que eran llamadas de ese tenor. Por ejemplo, para el día del amigo, la llamaron y le manifestaron “somos tus amigos, no te ahogaste todavía”. También le hicieron una parecida para su cumpleaños.
Expresó que si bien la denuncia por las amenazas la quiso hacer, la secretaria del juzgado no se la tomó, aduciendo que como las frases intimidantes no hacían referencia a “Cromañón”, su origen podía ser ajeno a lo sucedido en el local. Por ello, esa funcionaria le recomendó que entablara la denuncia en la seccional.
Sobre las persecuciones de automóviles, precisó que se producían por la tarde o por la noche, por la zona de la Avenida Belgrano y Entre Ríos. Que la siguió un vehículo Peugeot 504 con un solo ocupante y un Renault 18 con vidrios polarizados. Recordó que al doblar la calle los autos le pasaban despacio cerca suyo, aunque nunca le hicieron manifestación alguna.
Tampoco en esta ocasión formuló denuncia alguna, porque no se encontraba bien debido a la cercanía de la tragedia, porque tenía conflictos personales y además por esa época se estaba mudando.
Exhibida que le fue nuevamente la prueba identificada como número 330 del índice labrado en Secretaría, relativa a los gastos que plasmara el Sr. Chabán para los recitales que hicieron conjuntamente en “Cemento”, y a preguntas que se le efectuaran para que diga si de allí surgen gastos en clave destinados a personal policial, respondió en forma negativa.
También se le requirió para que precise el detalle de anotaciones que allí figuran. En tal sentido, dijo que esa liquidación se efectuó cuando terminó el recital y que allí se observan los gastos destinados a sonido, luces, “SADAIC”, “SADEM” y un aviso de publicidad en el diario Clarín. También figura el porcentaje 70-30, al que antes hiciera alusión.
Asimismo, hay un número de teléfono con una flecha con una inscripción que dice “contactar a Mariel”; esa chica es la persona que había que llamar para el aviso del diario, al teléfono que figura al pie de la hoja. A su vez, está plasmado el número telefónico de Villarreal. Agregó que la manera de hacer estas liquidaciones se las explicó Chabán.
En otros lugares ha realizado eventos y a diferencia de lo que pactara con Chabán a veces les dejaban manejar las barras, y por ello le cobraban un alquiler.
Interrogada para que exprese si en la fecha en que comenzó a trabajar -6/11/04- Chabán, Villarreal u otra persona le comentaron acerca de posibles pagos a la Policía Federal Argentina, respondió que no.
A preguntas que se le efectuaran acerca de si sabe cuantas personas concurrieron al local en esa fecha –correspondiente al recital de Jóvenes Pordioseros-, dijo que no. Agregó, asimismo, que para esa época ella desconocía la capacidad del salón autorizada en la habilitación.
Preguntada para que diga si el Sr. Villarreal le manifestó a que obedecía el gasto que se consignara como “poli mas 100”, dijo que no, que solamente lo escuchó, pero que no sabía a que estaba destinado.
Asimismo, fue preguntada para que exprese si concretamente sabía si el 29 de diciembre de 2004 se materializó algún pago a la Policía Federal por parte de Chabán, Villarreal o alguna otra persona en nombre de éstos, respondió que no, que no lo sabía.
Interrogada acerca de si la tarea de conteo de entradas la efectuaba generalmente sola o con otros empleados, dijo que hizo esa labor en una o dos ocasiones sola y que en otra oportunidad la realizó junto con Mario Díaz. Respecto de ésta última ocasión no pudo precisar la fecha, aunque estimó que tuvo lugar en un recital de “Rescate” en “Cromañón”. Siempre el recuento de entradas se anotaba en un papel en blanco.
A interrogantes que se le efectuaron para que diga si se mencionó algún nombre o una seccional en particular cuando escuchó que la noche del 29 de diciembre Chabán le preguntaba a Villarreal si había arreglado con el Comisario, la testigo inicialmente respondió que había escuchado “el Comisario de la séptima”. No obstante ello, se rectificó y dijo que solo pudo oír “Comisario”.
Preguntada acerca de si en alguna otra ocasión le comentaron que se haya efectuado algún pago a la Policía Federal, dijo que sí, que en cierta ocasión, un compañero suyo, Damián Albornoz –cuyo apodo es He-man-, le contó que había visto cómo Chabán le pasaba un billete color violeta al Sub Comisario; agregó que no puede precisar la fecha de ese episodio. De todos, aclaró que personalmente nunca vio a Chabán entregar dinero a funcionario alguno.
Por otra parte, fue interrogada para que diga si conoce a la representante del grupo “Los Redonditos”, a lo cual respondió que si no tiene mal entendido es la “Negra Poli”.
Asimismo se le preguntó si en alguna ocasión al realizar una liquidación en boleterías advirtió el faltante de dinero y en su caso como se solucionó el conflicto.
Al respecto dijo que sí, que en cierta oportunidad faltaban 300 pesos y el manager de la banda que tocaba ese día, preguntó acerca de quien estaba en boletería - aparentemente sospechaba de la deponente-. El problema se solucionó cuando esa persona habló con Chabán, quien le dijo que él ponía las manos en el fuego por la declarante.
Por otra parte, se le dio lectura a un pasaje de una de sus declaraciones prestadas en la instrucción, puntualmente el tramo que comienza en los dos últimos renglones de la foja 12.336.
Allí la testigo había referido que “Villarreal sacaba la cuenta de pagarle a la policía cien pesos cada quinientas personas que había en el recital y luego, según el resultado, consignaba el importe pertinente de gasto. Manifiesta que en ningún momento Raúl decía a qué obedecía dicho importe y sólo se dedicaba a devengarlo como gasto. Esto ella lo vio en dos o tres oportunidades que, según recuerda, podían ser las fechas en que tocó Carajo y uno de los recitales de La 25”. Sobre el punto, la testigo dijo que no lo recordaba.
Se le dio lectura entonces de los dos párrafos siguientes, donde había referido “que durante los recitales siempre pasaba un patrullero de la Seccional 7ma. de la Policía Federal y se bajaban uno o dos policías uniformados, que entraban al local y charlaban en la puerta o en el hall con Omar o Raúl. Refiere que ella nunca vio que tanto Omar o Raúl le hayan entregado dinero a los policías”. Al respecto, la testigo señaló que sí lo recordaba, pero que no estaba segura.
Agregó que no vio entregas de dinero y que no podía aseverar acerca de si pasaban patrulleros o no.
Finalmente, fue interrogada acerca de si la cantidad de entradas que se vendían en boleterías era significativa del número de concurrentes para cada noche, dijo que lo desconoce. Que también se efectuaba venta anticipada de entradas en otros locales, como por ejemplo, el comercio “Locuras”.
En el transcurso de la audiencia de debate celebrada el 4 de febrero de 2009, Juan Carlos Bordón señaló que empezó a trabajar para Omar Chabán en marzo 2004 y que se ocupaba de la reparación de los sanitarios y de reponer los espejos.
En la fecha aludida el local “Cromañón” ya estaba “funcionando” y cumplía tareas una o dos veces por semana.
Aclaró que Chabán nunca le comentó que precise permiso para realizar arreglos y señaló que había baños en el primer piso, en los camarines y en la oficina.
Agregó que anteriormente había otros sanitarios en el primer piso y que “la gente del hotel los hizo sacar”.
Para atender la barra concurrían dos chicos, apodados “He-Man” y “El Gordo” y la limpieza del local estaba a cargo de “Ana” y “Pato”.
El encargado del lugar era Mario Díaz, quien en las ocasiones que debía ocuparse de la limpieza se presentaba más temprano y abría la puerta.
En abril o mayo de 2004, un señor -“el gordo Vidor”- retiró la media-sombra emplazada desde las dos columnas centrales del salón hasta el escenario y colocó unas placas de goma espuma en el techo.
Dicho material fue eliminado del lugar porque en un recital de “Jóvenes Pordioseros” la pirotecnia utilizada por el público lo había incendiado y tuvieron que suspender el espectáculo musical.
Las placas de goma espuma eran de dos metros por uno, se sujetaban con alambres y tarugos pegados al techo, y servían para aislar el sonido y proteger del fuego. Omar Chabán le dijo que quería evitar futuros incendios, atento que los concurrentes no acataban sus indicaciones y tiraban fuegos artificiales.
Recordó que en una prueba que realizó Omar Chabán observó que dicho material se “achicharraba” pero no se prendía fuego ni despedía humo.
Expresó que cuando se inició el incendio aludido estaba en la barra, cuidando que los chicos no pasen.
En dicha oportunidad utilizó una manguera para controlar el foco ígneo y desde otro sector usaron un matafuego para evitar que el fuego alcance a los cables.
Refirió que usaban las mangueras para baldear y que algunas estaban pinchadas.
Sin perjuicio de ello, indicó que los dos elementos extintores funcionaron bien y que en junio o julio o un mes antes del 30 de diciembre, se cambiaron tres mangueras y cinco matafuegos.
Explicó que muchos concurrentes salieron del recinto y otros optaron por quedarse.
La suspensión del evento provocó que “los chicos” se enojen y Chabán les dijo que para continuar el show debían esperar que se vaya el humo.
Afirmó que los extractores emplazados en el local funcionaron bien y sacaron el humo.
En dos o tres oportunidades habían venido a “trabajar” en los extractores y “había un aparato para que el sonido no salga para afuera”.
Con posterioridad al siniestro no se realizó ninguna reunión con el personal del local ni recibió instrucciones respecto a la apertura de la puerta emplazada cerca del escenario.
Transcurrida una hora y media desde la producción del incendio se reanudó el recital, sin que se haya presentado el personal policial y los bomberos.
Indicó que la manguera utilizada para sofocar el fuego estaba enrollada y que antes de usarla tuvieron que estirarla y abrirla para que saliera el agua.
Señaló que el boliche tenía luces de emergencia y dijo desconocer si había un sistema alarma contra incendio.
Asimismo, sostuvo que no presenció ninguna inspección municipal y que, solo una vez unos mesees antes de los hechos, fueron unas personas que cree que eran bomberos a llevar los matafuegos y las mangueras nuevas estaban a la vista del público.
Respecto a la puerta situada cerca del escenario, aseveró que siempre permanecía cerrada y asegurada con un candado.
El día del incendio la forzaron y al romperse la cerradura y el candado, algunos concurrentes alcanzaron el exterior por dicha salida.
Expuso que no sabía si la llave que abría el candado estaba en el llavero que dejaban arriba de la heladera ubicada en la barra del fondo del salón.
El llavero aludido no lo tenía nadie en particular, atento que permanecía en dicho lugar para ser tomado por quien lo necesite, tanto por Mario Díaz como por “alguien” de la barra.
El cierre de la puerta referida lo dispuso “la gente del hotel” porque comunicaba al garaje de dicho establecimiento.
La orden de cerrarla la dio Omar Chabán, quien además les dijo que le pusieran goma espuma arriba, abajo y en los costados, para que no pase el sonido.
El “gordo Vidor” se encargó de arreglar la puerta con chapa para que quede pareja, que posteriormente se volvió a cerrar con un nuevo candado.
Manifestó que tiempo después abrieron la puerta para una fiesta que organizó el “Hotel Central Park” para su personal.
En la reunión se presentó un conjunto de música melódica y estuvieron presentes Mario Díaz, Omar Chabán y dos personas, uno gordo que creía que era el dueño del hotel. Ese día después de hacer la limpieza, el portón se volvió a cerrar y creía que junto a Mario Diaz fueron quienes le colocaron el candado.
Por otra parte, afirmó que un domingo, durante un concierto de “La 25”, la media-sombra que estaba en la parte posterior del salón se prendió fuego y los chicos extinguieron el fuego “con cerveza”.
Explicó que en este episodio el foco ígneo era muy chico y se apagó rápidamente, sin intervención policial.
Acerca de sus labores, dijo que en el exterior del local no tenía tareas a su cargo y cuando prestaba servicios a la noche debía cuidar la barra o los baños de los varones.
En el sector de los sanitarios se presentaba cuando ya había entrado “bastante” público.
Respecto a las funciones de Raúl Villarreal, manifestó que se ocupaba de la contratación de los grupos musicales y que generalmente los miércoles ponía una mesa cerca de la escalera del salón para reunirse con los integrantes de las bandas. Aclaró que en esas reuniones participaba también Omar Chabán.
Los días que había conciertos, Raúl Villarreal controlaba que afuera no haya gente cerca del hotel y “daba puerta”, es decir, indicaba que se inicie la venta de entradas y el ingreso del público al recinto.
Además era el encargado de la boletería y se reunía con las bandas en la oficina del local para realizar la rendición del dinero.
Las indicaciones que daba Raúl Villarreal no eran órdenes sino sugerencias y en muchas oportunidades, antes de decidir una determinada situación, consultaba a Chabán, quien llegaba entre las 22:00 y las 24.00 horas.
Manifestó que el local no tenía personal de seguridad y que ignora si las bandas traían dicho personal o el local lo contrataba.
La seguridad se ocupaba de controlar el ingreso del público y de vigilar que los concurrentes no hagan destrozos en el interior del boliche.
Sólo revisaban al público de las bandas que utilizaban pirotecnia, no así a los técnicos, músicos o invitados que estaban en una lista. Mario Díaz le dijo que el público de “Callejeros” prendía muchas bengalas y cohetes.
Afirmó que los fuegos artificiales incautados los guardaban en la oficina y que desconoce de qué manera “los chicos” lograban ingresar los elementos pirotécnicos.
El 28 o el 29 de diciembre de 2004 “Pato” interrumpió el recital para que sus seguidores dejen de tirar bengalas. Posteriormente, al continuar el concierto, el público prendió menor cantidad de fuegos artificiales.
Respecto a ello, expuso que Omar Chabán había colocado carteles que indicaban la prohibición de uso de dicho material.
Siempre pedía a los concurrentes que no utilicen pirotecnia y era respondido con “puteadas” e inclusive, en algunas ocasiones, “le tiraron cohetes”.
Nunca habló con sus empleados respecto a dicha cuestión y tampoco suspendió ningún concierto.
En general el personal de seguridad llevaba alguna identificación referida a sus servicios o al nombre de la banda. Otros grupos usaban remeras negras.
La cantidad de personas que cumplían servicios de seguridad aumentaba en relación con el número de concurrentes.
Normalmente había entre once y doce personas afectadas al servicio de seguridad y el día del hecho, dicho personal, ascendió a dieciocho personas.
Como “Callejeros” convocaba mucho público, con Mario Díaz armaron en el hall un vallado para separar el ingreso de hombres y mujeres.
El 28 y 29 de diciembre llegó a las 17:00 horas y prestó servicio en los baños.
Antes de asumir sus tareas en el interior del local, veía en la puerta que hacía la vigilancia y así observó que los técnicos de la banda y sus invitados no fueron revisados.
Dichos días llegó mayor cantidad de público entre las 21:00 y las 21:30 horas, momento en el que tomaba posición en su puesto de trabajo.
Durante los tres recitales de “Callejeros” (del 28 al 30 de diciembre), los invitados llevaban una pulserita que los identificaba y entraron a último momento.
Fueron ubicados en el piso superior, donde había un sector exclusivo para ellos.
En el hall de ingreso, a efectos de hacer el “cacheo” y dividir a los invitados del público en general, se emplazó un vallado.
El 30 de diciembre la revisación fue intensa, tanto para los varones como para las mujeres.
En la puerta de la derecha –vista desde el exterior- el personal de seguridad revisaba a los concurrentes, pero en dicho lugar no se instaló valla alguna.
Recordó que el 28 o el 29 de diciembre, a las 17 horas, “un plomo” ingresó por el hall de las boleterías con dos mochilas y se negó a ser revisado. Luego le dijeron que lo deje pasar porque era de “Callejeros”.
Respecto a los accesos al local, expresó que la persiana de la derecha –vista desde el exterior- era automática y se abría para ingresar los cajones de cerveza.
Los días que había conciertos se abría durante toda la jornada y después se cerraba y se ingresaba por el hall de las boleterías, a excepción de los casos en que había mucho público y se abrían todas las puertas.
La persiana correspondiente al garage del hotel sólo se abría cuando debía ingresar un vehículo, aún durante el transcurso de un evento musical.
Explicó que las bandas entraban al salón por la puerta que comunicaba con los camarines y que al inicio del recital algunas de las puertas tipo cine se mantenían abiertas y otras simplemente cerradas.
Precisó que el lunes 27 de diciembre a la mañana se dedicó a limpiar “todo” y que entiende que los equipos de música ingresaron al local por la tarde, atento que “el martes” llegó a las 17:00 horas y dichos elementos ya estaban instalados.
Luego del primer recital dos personas de seguridad de “Callejeros” se quedaron cuidando los instrumentos musicales.
El 29 de diciembre se quedó a dormir –al igual que Mario Díaz- porque había que limpiar el local y su jornada laboral había terminado tarde.
Esa noche, los integrantes de la seguridad de “Callejeros” que se quedaron cuidando los equipos durmieron arriba, en la cabina de sonido.
Generalmente los músicos de las bandas se alojaban en el “Hotel Central Park”, pero desconoce si estacionaban en el garage de dicho establecimiento y si “Callejeros” utilizó las comodidades del hotel.
En los recitales de “Callejeros” de diciembre de 2004 las barras fueron atendidas por “Omarcito”, “He-Man”, “El Gordo” y unas chicas, que no sabe si eran las novias de “los chicos”.
Para dichas presentaciones Diego Argañaraz les pidió que el vallado que separa al público de la banda se instale más cerca del escenario para que en el salón entre una mayor cantidad de concurrentes. Tampién que colocaran un vallado detrás de la columna que dividía los portones violeta de la entrada, a los fines de separar a las mujeres de quienes compraban sus entradas en boletería.
En el caso de “bandas grandes” el vallado cubría de un extremo a otro del salón –a lo ancho-, tal como se emplazó el día del hecho.
En cada punta del vallado había una puerta corrediza que permitía el paso del personal de seguridad que se apostaba en dicha zona.
Si se trataba de “bandas chicas” el vallado cubría de manera parcial el ancho del salón.
Manifestó que abajo del escenario estaba “la instalación de luz” y los parlantes. Dijo desconocer quien se ocupaba de mantener la “caja eléctrica”, donde se hallaban los interruptores para apagar todas las luces del local.
Afirmó que junto a Mario Díaz se encargaban de “manejar” dichos interruptores y que en la oficina había otra llave de corte.
El 30 de diciembre, alrededor de las 21.30 horas, Yamil Chabán le ordenó que se quede en la barra.
Luego le prestó su automóvil y le encargó que vaya a buscar hielo a “Cemento”.
Al regresar, a las 22.30 horas, había una fila de cuatrocientas o quinientas personas pero ya el boliche estaba lleno, la calle Bartolomé Mitre no estaba cortada al tránsito, pero como había muchas personas en los alrededores del local y algunos se cruzaban por la calle, la circulación de los rodados era más lenta.
Asimismo, expresó que sobre la calle Bartolomé Mitre no había semáforos.
Añadió que al ingresar al local observó que el portón izquierdo (visto desde el exterior) de las puertas principales se hallaba cerrado y que las boleterías estaban habilitadas.
En el interior del local el público no usaba pirotecnia y la banda estaba en el escenario, aunque aún no había empezado el recital.
Calculó que en el salón había “unas 6.000 o 7.000 personas” y aseveró que debido a ello no podía subir la escalera que conduce a la barra situada en el primer piso.
Refirió que el lugar “era inaguantable” y que al llegar a la barra observó que estaba “Omarcito” y un amigo de “He-Man”, que había entrado gratis para presenciar el show y por propia voluntad había empezado a colaborar con las tareas del sector.
En dicha oportunidad, Yamil Chabán le dijo que envíe a otra persona a cuidar el baño.
Más tarde escuchó que Fontanet le pedía a los concurrentes que dejen de tirar bengalas porque el humo no dejaba ver el escenario y les decía que si continuaba dicha situación iban a reproducir un compact disc.
Mientras despachaba bebidas oyó que se había iniciado el concierto y transcurridos unos dos o tres minutos, dos chicos se subieron a la barra y le dijeron “hay fuego”.
Acto seguido salió de la barra y se asomó por la baranda. Vio que en la media-sombra, a la altura de la escalera que conduce a los sanitarios, había un círculo de fuego que se agrandaba y les indicó a los asistentes que bajen porque arriba no había salida.
Observó que abajo no se movía nadie y que el incendio cada vez era más grande. En un momento, el fuego subió, “como si alguien lo chupara para arriba y explotó”.
Enseguida se apagó la luz y el salón empezó a llenarse de un humo espeso e irrespirable.
Aclaró que nadie supo contestarle porque se cortó la luz en “Cromañón”, atento que la llave general no había sido tocada.
Posteriormente se dirigió a buscar a su esposa y a sus hijos a la cabina del disc jockey del piso superior, pero no los encontró.
Decidió ir a la planta baja en busca de su familia y al bajar por la escalera se cayó en dos oportunidades y se quemó con la baranda.
Fue hasta el vallado emplazado cerca del escenario y luego se desvaneció en la barra lateral.
Se despertó sobre la calle Bartolomé Mitre, al frente del “local hípico” y lo trasladaron al hospital “Alemán”.
Ulteriormente se enteró que su señora y dos de sus hijos fallecieron.
Agregó que en las barras no se reforzó la cantidad de personal y que a Mario Díaz le había pedido que consiga más personas para cuidar los baños.
Recordó que para el 30 de diciembre contrataron a Juan Ledesma, a Evaristo - que era su amigo y había sido bombero- y a otro sujeto más que había contactado “He-Man”.
Finalmente, uno de ellos se situó en la parte de arriba de las escaleras y los otros dos se encargaron de cuidar los baños.
Afirmó que el día del hecho Omar Chabán tenía el pie lastimado y que en los dos días anteriores lo había visto a último momento.
Expresó que el público nunca había utilizado tantos fuegos artificiales y que al limpiar había encontrado muchos restos de pirotecnia por todo el salón, con excepción del piso superior, donde prácticamente no habían tirado dichos elementos.
Por otra parte, señaló que Diego Argañaraz concurrió a una reunión en “Cromañón” y que luego Omar Chabán le informó que “Callejeros” iba a realizar unas presentaciones en el local y debían darle “lo que necesite”.
Manifestó que junto a Mario Díaz se encargaban, sin necesidad de consultar a nadie, de atender los pedidos de la banda y que generalmente hablaban con Diego Argañaraz.
Recordó que en diciembre de 2004 Diego Argañaraz le solicitó que encienda los extractores y los inyectores de aire antes de que empiece el recital.
Ante la lectura de sus dichos anateriores sobre cómo se convivían las indicaciones de “Lolo”, Raúl Villarreal y Diego Argañaraz a los empleados de seguridad, ratificó que Diego hablaba con Raúl y él después hablaba con “Lolo”. De todos modos estos aspectos se decidían en las reuniones que hacían entre Omar, Raúl y Diego.
Puntualizó que “Bussi” daba órdenes a los empleados de seguridad y a su vez recibía órdenes de Diego Argañaraz.
Añadió que según los propios dichos de “Lolo”, Diego Argañaraz le había indicado que consiga más personal de seguridad para el concierto del 30 de diciembre.
Por otra parte, manifestó que a través de Mario Díaz se enteró que para los recitales del 28 al 30 de diciembre de 2004 la seguridad del local estaría a cargo de “Callejeros”.
Respecto a ello, dijo desconocer quien pagaba al personal que cumplía las tareas de control.
Explicó que los empleados del local debían avisar al personal de seguridad contratado por “Callejeros”, si veían que algún concurrente tenía fuegos artificiales, a fin de que ellos procedan a incautar dicho material.
Asimismo, debían proceder de la misma manera si había que “sacar” a algún “zarpado” del baño.
Por otra parte, expuso que en el recital de “La 25” no hubo personal de seguridad y que junto a “He-Man”, su hermano y Evaristo, se encargaron de revisar a los varones antes de su ingreso.
Posteriormente, se encargó de vigilar el baño y Mario Díaz recorrió el salón principal.
Relató que “Ana” efectuó el cacheo de las damas y que respecto al modo en que debían cumplir sus actividades consultaban con Raúl Villarreal y Omar Chabán.
Con relación a los eventos denominados “Rockmañón”, expresó que Alejandro, Daniel y el hermano de este último, le alquilaban el local a Omar Chabán y que la idea era que el lugar funcione como una “disco”.
Le comentaron que los nombrados eran directivos de “Lagarto S.A.” y que al frente del hotel no había ninguna referencia a dicha sociedad anónima.
Precisó que Omar Chabán pagaba mensualmente por el alquiler de la habilitación a Ale, a Daniel y a su hermano.
El local abría los viernes y los concurrentes no usaban pirotecnia ni provocaban disturbios.
La cabina de sonido estaba en el piso superior, donde había un tablero de electricidad, que permitía manejar las luces del escenario.
En los conciertos no se usaba dicho sector y se armaba una consola en la planta baja, extendiendo los cables desde el piso superior.
A preguntas de las partes, señaló que en el interior del local nunca vio policías y que en las fechas que había recitales siempre veía un patrullero en las cercanías del local o dos muchachos con una moto y un camión policial en la esquina.
Por último, señaló que Viviana Cozodoy atendía la boletería y que con posterioridad al 30 de diciembre no se reunió con ningún empleado de “Cromañón”.
Fue convocada ante estos estrados Patricia Desch, quien se desempeñó laboralmente en “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004.
Manifestó que comenzó a trabajar en el local “Cemento” a partir del año 2002 ó 2003 por intermedio del Sr. Yamil Chabán, hermano de Omar Chabán.
Expresó que cumplía sus funciones en la barra y que Omar le pagaba su sueldo al terminar la jornada laboral.
Sostuvo que ese comercio no tenía un grupo de seguridad propio y que ignoraba como se manejaba ese tema.
Dijo que conocía al Sr. Villarreal porque también se desempeñaba en “Cemento”, pero que no sabía que función cumplía.
Explicó que al inaugurarse “República Cromañón” comenzó a trabajar en la barra principal que se encontraba en la parte trasera del salón. Agregó que continuó asistiendo a “Cemento” las noches que el nuevo local permanecía cerrado.
Explicó que generalmente ingresaba antes que el público a través de la puerta de la boletería y que no tenía un horario fijo; Omar Chabán le avisaba cada día a qué hora debía estar allí.
Indicó que habitualmente el Sr. Omar o su hermano, al terminar el show, se dirigían a la caja y retiraban el dinero.
Expuso que nunca vio en el local personal policial o funcionarios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Se refirió a la noche del 30 de diciembre de 2004.
Relató que cuando llegó al local ya había concurrentes adentro del salón. Se ubicó en la barra, donde también cumplieron funciones la Sra. Rosa Cáceres, “Damián” y el hermano de éste último.
Sostuvo que aquella noche el público estaba muy “denso” y que le habían robado plata de la caja.
Escuchó al Sr. Chabán pidiendo que no arrojaran más elementos pirotécnicos, mas los jóvenes continuaron haciéndolo.
Relató que ello motivó la reacción del Sr. Yamil Chabán quien en una oportunidad saltó la barra y sacó del lugar a una persona que estaba detonando petardos.
Un tiempo más tarde, observó que en el centro del salón había un hombre pequeño con el torso desnudo que sostenía en las manos una candela. Aquel apuntaba directamente a las barandas donde estaban colgadas las banderas.
Contó que ese objeto pirotécnico impactó contra el techo y comenzaron a caer unas gotitas de fuego.
Explicó que ello generó un humo muy denso y oscuro que impedía respirar, casi instantáneamente se cortó el sonido.
Dijo que decidió salir en el momento que el público se desbordó y comenzó a saltar la barra. Cuando logró llegar al kiosco, se cortó la luz y la marcha se detuvo.
Puso de resalto que debió empujar para poder avanzar y que quedó “trabada en un columna” desde donde vio que en el hall había luz. Finalmente logró acceder a la vía pública.
Destacó que estaba en estado de “shock” y que permaneció un rato en la calle. Luego buscó un teléfono desde el cual llamar a su familia.
Manifestó que en la puerta del hotel vio a los Sres. Chabán y Villarreal. Precisó que éste último la acompañó a la esquina de Bartolomé Mitre y Jean Jaures a fin de buscar a los jóvenes que estaban con ella y le sugirió que se quedara allí esperando.
Agregó que más tarde volvió a ver al Sr. Chabán, pero que no podía precisar la hora.
Manifestó que presenció otro incendio en “República Cromañón” el día que tocó el grupo musical “La 25”. Éste fue apagado fácilmente con vasos de agua que desde la barra, le alcanzaban a los concurrentes.
Finalmente, puso de resalto que a raíz de ese suceso no recibió ninguna instrucción referida a casos de incendio.
En su oportunidad fue citado Juan Domingo Ledesma, quien trabajó en “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004.
Relató que comenzó a desempeñarse laboralmente en el local “Cemento” porque sus suegros eran empleados del Sr. Chabán desde hacía 20 años. En ese sitio se ocupaban de limpiar los baños.
Expuso que fue contratado a fin de colaborar con el cuidado de los baños y a veces también custodiaba el vallado.
Precisó que estaba a las órdenes del Sr. Mario Díaz, quien era el encargado de seguridad.
Sostuvo que el Sr. Raúl Villarreal estaba en la caja y que nunca le dio indicaciones.
Manifestó que trabajó en “Cemento” menos de un mes y que luego al abrirse “República Cromañón” pasó a cumplir funciones en ese local.
Puso de relieve que si bien en un principio se le informó que iba a ocuparse de los baños, también en algunas oportunidades efectuó cacheos o se ubicó en el vallado.
Refirió que hubo otro grupo de personas que pasaron a trabajar de “Cemento” a “República Cromañón”, entre ellos los Sres. Bordón, Díaz, y “He-man”. Agregó que Díaz era quien manejaba al personal de seguridad del local.
Expresó que siempre le pagó su sueldo el Sr. Omar Chabán.
Dijo que presenció en “Cromañón” un incendio el día que tocó el grupo musical “La 25” el cual se originó en el sector izquierdo del escenario. Indicó que lo apagó él mismo rápidamente con un matafuego.
Destacó que siempre se utilizaba pirotecnia a pesar de que se efectuaban controles en el ingreso.
Se refirió luego a lo sucedido el 30 de diciembre de 2004.
Relató que ese día llegó solo a las 20 hs. aproximadamente y que su mujer y su hija llegaron más tarde.
Señaló que al principio estuvo trabajando en la puerta de acceso realizando el cacheo y que luego se ubicó en el vallado frente al escenario. Dijo que junto con él había dos personas más de seguridad que cumplían funciones para la banda. Puso de resalto que éstos últimos vestían unas remeras que decían “Callejeros Seguridad”.
Expuso que todas las personas que ingresaban por la puerta principal eran revisadas y que encontró varios elementos pirotécnicos que eran colocados en unas bolsas.
Sin embargo, sostuvo que cuando ingresó la banda “Callejeros” junto con sus invitados a las 23:00 ó 23:30 hs. a través de la puerta que daba al estacionamiento, observó que ninguno de ellos fue revisado.
Mientras estuvo en la valla frente al escenario advirtió que se detonaba gran cantidad de pirotecnia y que había “muchísima gente”, más que los días anteriores.
Indicó que también estuvo un tiempo aquella noche controlando los baños y la escalera del sector derecho.
Explicó que cuando subió el grupo “Callejeros” se dispararon nuevamente materiales pirotécnicos y que por ese motivo el Sr. Omar Chabán pidió que “pararan un poco”.
Apenas comenzó a tocar la banda se produjo el incendio, se cortó la luz y la gente comenzó a gritar.
Manifestó que nadie pudo hacer nada y él tampoco. Aclaró que su familia estaba arriba en la cabina de sonido.
Por otra parte destacó que los controles de la iluminación del local estaban en la barra del fondo donde había una caja.
Puso de resalto que el portón negro estaba cerrado por dentro con una cadena y que él llegó a palparla.
Expuso que luego del incendio vio irse rápidamente al Sr. Chabán y dijo “que locura, que desastre”.
Finalmente, manifestó que no funcionaba una guardería en los baños de “República Cromañón”, pero que había declarado eso al día siguiente de la tragedia, debido al mal estado en que se encontraba porque habían fallecido su mujer y su hija de 9 meses.
Prestó declaración en el debate Alfredo Mario Díaz, quien previo a comenzar su relato, refirió que conocía al acusado Omar Chabán por haber sido empleador suyo durante varios años, y también por motivos laborales conocía a Raúl Villarreal.
Con relación al resto de los imputados, dijo conocer a Diego Argañaraz por ser el manager de la banda “Callejeros” y a Patricio Fontanet, Eduardo Vázquez, Cristian Torrejón, Elio Delgado, Juan Carbone por ser músicos de ese grupo. Agregó que conocía a Carlos Rubén Díaz como “Sub Comisario”.
Comenzando con su exposición, indicó que trabajó durante 7 u 8 años en el local denominado “Cemento”, propiedad de Omar Chabán, realizando tareas de seguridad. En tal sentido, explicó que su jefe era Néstor Suárez –conocido por el apodo de “Chiquito”- y que las funciones seguridad o control consistían en armar las filas de personas, cuidar que los asistentes no realizaran disturbios en la vereda, controlar el vallado que separaba el escenario del público, efectuar cacheo de concurrentes y vigilar los sectores de camarines y la oficina del lugar para evitar el ingreso de personas no autorizadas.
Señaló que con el tiempo los integrantes de ese grupo iban variando. Agregó que generalmente estaban identificados con chalecos que decían “control o prevención”.
Refirió que no tenía personas a su cargo y que nunca realizó trámites ni reparaciones en el local.
Dijo que siempre se tomó sus tareas como si fueran una changa y no como un empleo fijo –cobraba 25 pesos por día de trabajo-. Realizando esas funciones conoció a Villarreal, a quien siempre veía en las boleterías de “Cemento”.
Manifestó que generalmente Villarreal se dedicaba a armar alguna fecha de recital; además era quien tenía contacto y realizaba liquidaciones en las boleterías con los managers de las bandas.
Refirió que a raíz de la confianza que se fue generando a partir de sus labores en “Cemento”, Chabán lo convocó para trabajar en el local “República Cromañón” que estaba por abrir, a los efectos de que prestara servicios de limpieza en el establecimiento. A partir de sus trabajos en ese boliche, comenzó a sentir que era empleado del lugar –le pagaban 35 o 40 pesos diarios-.
De todos modos, explicó que ya conocía el lugar con anterioridad por haber trabajado en una ocasión como seguridad.
Sobre este punto, explicó que por intermedio de un aviso obrante en el suplemento “Sí” del diario Clarín, tomó conocimiento de que iba a efectuarse un recital del grupo “Menphis La Blusera” en el local. En consecuencia, “Chiquito” le manifestó que se constituyera en el lugar para ofrecer sus servicios de seguridad.
Expuso que se apersonó en el boliche y tuvo una charla con el Sr. Julio, quien era gerente del hotel lindero y otra persona más cuyo nombre no recordaba. La reunión se llevó a cabo en la oficina ubicada dentro del local –marcó aquella identificada de color gris en la maqueta virtual-.
En esa ocasión llegaron a un acuerdo y fue efectivamente contratado para realizar funciones de seguridad en el recital referido. Dijo que por esa época el lugar se llamaba “Stadium” y agregó que en ese momento no le hicieron saber cuál era la capacidad del boliche ni vio folletos o panfletos en tal sentido. De todos modos, en el evento, hubo muy poca gente.
Volviendo a su relación como empleado de “Cromañón”, expuso que fue la persona que limpió el establecimiento para el recital de inauguración, que justamente se trataba de un show de “Callejeros” –no hubo tanto público como en los recitales de la banda en el mes de diciembre; no pudo recordar si esa noche hubo presencia policial-.
Indicó que anteriormente se había realizado un festival de música peruana y que en el lugar había botellas rotas, mesas y sillas, todas cuestiones ajenas al ambiente del rock. Tuvo que acomodar el salón para dejarlo listo para el evento inicial. Agregó que las tareas las efectuó con dos compañeras, Ana Sandoval y Patricia –ésta última falleció el día de la tragedia-.
Recordó que en el evento de inauguración, los equipos de sonido de la banda se ingresaron por la puerta que da al escenario del local. Ese portón fue abierto por la gente del hotel y permitió descargar las cosas con facilidad. Incluso, los proveedores podían ingresar mercadería.
Más adelante, esa puerta tuvo que ser cerrada por orden de la gerencia del hotel y las descargas de proveedores comenzaron a efectuarse por la puerta que tiene una persiana azul –así lo marcó en la maqueta virtual- y los equipos de sonido eran ingresados por los portones principales.
Refiriéndose a las puertas, expuso que en los recitales el acceso de la gente se efectuaba por las principales –los que se observan de color violeta en la maqueta-; cuando había gran concurrencia de público, se habilitaba también para el ingreso el corredor de color amarillo. Si había poca gente, este último sector no se utilizaba y la persiana color azul permanecía baja.
Por su parte, los músicos accedían por una puerta que comunicaba los camarines con la zona del hotel. Muchas bandas que tocaban en el lugar se hospedaban en aquél durante las noches de shows.
En otro orden, expuso que en el lugar también trabajaba como empleado Juan Carlos Bordón, quien era la persona que se encargaba de efectuar el mantenimiento del establecimiento. Hacía “cableado”, reparaba vidrios o espejos rotos, cambiaba lámparas, aunque nunca efectuó modificaciones de gran importancia en el sistema eléctrico.
Respecto de esto último, señaló que había un encargado de mantenimiento del hotel de nombre Flavio, quien le dio ciertas indicaciones respecto del tablero de electricidad. Esta persona le explicó ciertas nociones básicas del funcionamiento de este sistema, aunque a su criterio era poco colaborador.
Indicó que había un tablero general debajo del escenario desde el cual se operaban las luces y se podía conectar el sonido –los técnicos de las bandas se manejaban libremente para hacer las conexiones-. Había una luz especial que iluminaba el interior del salón que se encendía de ahí y tardaba unos diez minutos en prenderse.
Manifestó que tanto en la oficina como en las boleterías había otros tableros. En este último lugar era de donde se operaban las luces que daban al hall y a la calle. A su vez, en la cabina del disck jockey, situada en el primer piso del salón, existía un tablero más, desde donde se podía cortar la luz especial a que hiciera referencia.
Por otra parte, explicó que al principio el local contaba con dos sectores de baños, pero luego uno fue cerrado y pasó a formar parte del hotel.
Sobre este punto, señaló que en el denominado sector VIP existían unos baños de hombres y mujeres, que fueron modificados porque se estaban efectuando una serie de reparaciones en unas oficinas situadas en el primer piso del hotel.
La idea era que esos baños pasaran a formar parte de ese sector del hotel donde se estaba emplazando una sala de computadoras.
De esta manera, la gerencia del hotel mandó a realizar una pared y a tapiar la puerta que comunicaba a ese sector de baños. Después de eso, en “Cromañón” sólo quedaron los baños ubicados en el piso superior que está enfrente del VIP. Ese lugar, durante los shows era cuidado por Ana Sandoval o Patricia.
Aclaró que los baños tenían agua, pero que en los recitales de concurrencia masiva, trascurrida parte de la noche, se quedaban sin suministro porque aparentemente el tanque se vaciaba.
Respecto del sector VIP, aclaró que estuvo habilitado desde que comenzó a funcionar “Cromañón”. En la escalera que permitía acceder a ese lugar se apostaba una persona de seguridad y se colocaba un vallado con el objeto de evitar que ingresen personas no autorizadas. La gente que podía ubicarse allí era generalmente identificada con una cinta.
En otro sentido, recordó que en la planta baja del local del lado derecho del escenario visto de frente, se colocó una mampara, a fin de que los músicos tuvieran mayor intimidad al momento de salir al escenario.
Aclaró que Omar Chabán quería hacer modificaciones en el lugar, como ser, pintarlo de negro. Sin embargo, la gente del hotel no se lo permitía; por ello concluyó que Chabán no tenía un control absoluto del local.
Sobre este punto, se le leyó un pasaje de su declaración prestada en la instrucción, de la cual se desprende que Chabán estaba dominado por la gente del hotel y que parecía que el nombrado no tenía el manejo exclusivo del local como cualquier inquilino; ante ello, expresó que ratificaba esas manifestaciones.
Indicó que en cierta ocasión le presentaron al dueño del lugar; se trataba del Sr. Levy. Esta persona o el gerente Julio, fueron los que le ordenaron después de la inauguración de “República Cromañón”, de que había que cerrar el portón que está ubicado al lado del escenario.
En esa ocasión se habían quejado porque encontraron jeringas del lado del hotel y además porque aparentemente los chicos que asistieron al recital habían pasado al estacionamiento a través del portón.
Esto fue lo que motivó que la puerta en cuestión fuera cerrada con candado. Se efectuó un trabajo de herrería sobre ese portón y también se le colocó en su interior una goma para acuatizarlo e impedir que el sonido de los espectáculos pasara para el lado del hotel.
El trabajo lo efectuó una persona de nombre “Armando”, quien también estuvo encargado de realizar el vallado que rodeaba el escenario –iba de punta a punta y en sus extremos tenía dos puertas corredizas que nunca estaban atadas-.
Señaló que después del arreglo del portón, el sonido seguía pasando del otro lado, razón por la cual se agregó goma en las ranuras que dejaba la puerta tanto arriba como abajo. Después de estas modificaciones, esta puerta no se abría con facilidad, estaba medio volcada y las gomas obstruían su apertura.
Refirió que las llaves del portón las tenía él y que cuando el local estaba cerrado las guardaba en la “panchera” ubicada en la barra del fondo del local. Se sabía que allí estaban las llaves generales del local, aunque desconoce si los demás tenían conocimiento de que las que abrían el candado también se guardaban allí. Agregó que durante los recitales las llaves eran colocadas arriba de la heladera de la misma barra – de hecho ahí estaban el 30/12/04-.
Dijo que según su conocimiento ese era el único juego de llaves del local. Sin embargo, aclaró que en varias ocasiones vio al gerente del hotel, Julio Garola, exhibiendo el salón a distintas personas, por lo que supone que tenía llaves – aclaró que el nombrado ingresaba por la puerta que comunica el hall con la recepción del hotel-.
Garola ingresaba al local como quería, como si fuera el dueño. También vio haciendo lo propio al conserje del hotel. Entraban dos o tres veces por semana.
Con relación a la función que cumplía Villarreal en “Cromañón”, dijo que generalmente el nombrado se dedicaba al tema de las bandas. Participaba en reuniones que los días martes se efectuaban con los representantes de los grupos y Omar Chabán –tenían lugar en el centro del salón donde está la cabina de sonido-, para arreglar los detalles de organización de los recitales.
Refirió que él personalmente ha recibido alguna indicación de Villarreal, como ser “fijáte esto” o “mirá allá”, aunque generalmente las directivas se las daba Chabán en forma directa.
Es decir, que si Villarreal le decía algo, era solamente por la experiencia que tenía, pero no se trataban de órdenes en sentido estricto.
Expuso que el local “República Cromañón” no tenía seguridad fija. Casi siempre se acordaba con las bandas para que éstas trajeran su propia seguridad a los recitales.
Esas personas se encargaban de trabajar en la puerta de calle, hacer el cacheo del público y cuidar todo lo relativo a la banda. No recibían órdenes de Villarreal, sin perjuicio de que el nombrado a veces les podía sugerir algo, como ser “fijate ese chico sacalo que está orinando en la vereda”.
Los encargados de la seguridad de las bandas casi siempre estaban identificados con chalecos que decían “Control”.
En otro aspecto, señaló que durante su funcionamiento, el local realizó varios festivales y que el tipo de público variaba según la banda que tocaba. En tal sentido, dijo que no es lo mismo el público del “reggea” o de “Rescate” –en este último caso la mayoría son evangelistas- que son personas tranquilas, que los seguidores de grupos de rock barrial que acostumbraban lanzar pirotecnia en el interior del salón.
Sobre esto último, recordó que el día primero de mayo y a consecuencia del empleo de elementos pirotécnicos, se produjo un principio de incendio en el local.
Esto sucedió en el festival en el que tocó como grupo principal “Jóvenes Pordioseros”. Narró que durante el show de la banda soporte “Sexto Sentido”, se prendió la media sombra que estaba colocada en el techo en el sector cercano al escenario.
Indicó que se dirigió hacia la manguera que está ubicada al costado derecho del escenario y con ella apagó el incendio. Antes se había tratado de extinguir con un matafuego pero el producto que lanzaba no alcanzaba la zona de fuego.
Refirió que el incendio se inició por un elemento de pirotecnia que consistía en una cajita de 36 tiros que los chicos habían colocado en el piso y despedía bolas de fuego. Recordó que las personas cantaban “quemamos Cromañón”. Cuando el problema se solucionó, el recital continuó.
Señaló que después de este episodio, la media sombra que estaba colocada en la parte de adelante del local, fue retirada -al igual que una cámara de video que se dañó por el fuego y el agua-. Agregó que esa tela existía en el salón desde que el dicente fue a trabajar como seguridad al recital de “Memphis”.
Luego de este episodio, en el techo se colocaron unas placas de goma ignífuga para acuatizar el local. Recordó que cierto día ingresó al salón y notó que se había depositado varias de esas planchas de color negro y gris.
Relató que con Chabán probaron que la goma sea ignífuga. En tal sentido, explicó que con un encendedor trataron de prender un pedazo de goma, y éste no hacía llama, sino que se “achicharraba” y despedía un hilito de color negro.
El trabajo de colocación del material lo efectuó el Sr. Armando. Agregó que en la parte trasera del salón quedó colocada también la parte de media sombra que no se había retirado.
Dijo que por televysión supo que una persona de origen canadiense había pasado un presupuesto por el tema del sonido en el local, pero que él no lo conoce.
También después del primero de mayo se reemplazaron los matafuegos, las mangueras y los picos que se colocan sobre éstas. Al respecto, señaló que recibió esos elementos. Agregó que según cree, las tarjetas de los matafuegos quedaron en el hotel.
Explicó que había matafuegos debajo y arriba del escenario, en el piso superior enfrente del VIP y en la cabina de disk jockey. Las mangueras estaban ubicadas de la siguiente forma: una del lado derecho del escenario, otra en la barra lateral de la planta baja, otra en el hall y finalmente otra en la columna cercana a la escalera que da al piso superior enfrente del VIP.
Expresó que las mangueras eran utilizadas por el dicente para limpiar el establecimiento, pues el local era muy grande. Algunas se habían pinchado por el roce con chapitas de botella. Dijo que tenían presión y que con los picos colocados la fuerza del chorro era mayor.
En otro orden, explicó que en el local hubo otro principio de incendio durante un recital de la banda “La 25”. Sobre este punto, dijo que ese día le comentaron que el foco de fuego se inició porque un concurrente prendió la media sombra con un encendedor.
Con relación a este espectáculo, recordó que antes de que comenzara la prueba de sonido, el manager del grupo referido le preguntó quién iba a realizar las tareas de seguridad para el evento.
Entonces se comunicó con Chabán y éste le dijo que se fijara si podía conformar un grupo para trabajar de seguridad esa noche. De esta forma, se comunicó con Juan Carlos Bordón y éste consiguió algunas personas para desempeñarse esa noche. También Ana Sandoval consiguió a un muchacho de nombre Luciano.
Indicó que él coordinó la seguridad esa noche y que aún cuando el cacheo se realizó de manera correcta, de todos modos ingresó pirotecnia dentro del local.
Agregó que ese día los chicos usaron un matafuego a modo de juego, pues cuando se enteró del incendio y subió al primer piso a buscar un extintor vio que el piso estaba lleno del humo blanco que despide ese elemento, el cual había quedado descargado.
Dijo que según le comentó Juan Carlos Bordón, Chabán fue quien finalmente extinguió el incendio con un trapo mojado.
Relató que en otra ocasión también coordinó la seguridad en un recital de la banda “Rescate”. El público de este grupo es mas tranquilo pues se trata en su mayoría de personas que practican la religión evangelista.
En ese evento hubo mucha gente en el local. Recordó que incluso los miembros de la banda en cuestión escribieron en los camarines que habían llenado el lugar con 5000 o 5500 personas.
Expuso que el local contaba con carteles sobre la prohibición del uso de pirotecnia. Durante los cacheos en los recitales, el personal de control incautaba elementos de pirotecnia y los colocaba en el interior de una bolsa que luego era guardaba en un cofre dentro de la oficina del local con candado y cadena.
Que él después agarraba las bengalas y las partía; a veces si algún compañero de trabajo le pedía una para llevarse y usarla en su casa, se las daba. También, cuando limpiaba el salón encontraba en el lugar restos de pirotecnia accionada.
Agregó que Omar Chabán acostumbraba a tomar el micrófono y le solicitaba a los asistentes que no encendieran esos elementos, que tubieran cuidado porque podía suceder lo que pasó en el mercado de Paraguay.
A modo de anécdota, recordó que en el primer recital de “Callejeros” de diciembre de 2004, Chabán le manifestó que estaba estafando a la gente pues no se veía nada por el humo de las bengalas y era lo mismo entonces que pusiera un compact disc.
También sobre la pirotecnia, aunque refiriéndose a un recital de “Cemento”, indicó que una vez revisó tres bolsos a personas de la banda que tocaba esa noche –no pudo precisar de qué grupo se trataba- y les encontró un “arsenal de pirotecnia”. Se los sacó, le dio cuenta de lo sucedido a su jefe – “Chiquito”- y al finalizar el show los bolsos fueron devueltos a sus dueños.
Agregó que en “Cromañón” nunca vio ni incautó pirotecnia del sector de camarines o en el VIP.
Fue preguntado entonces el testigo acerca de su conocimiento de los tres shows de la banda “Callejeros” de los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004.
Al respecto, dijo que esas noches estuvo intentando evitar encontrarse con el Yamil Chabán pues éste quería hacerlo trabajar en las barras –el nombrado era quien las explotaba- y a él no le gustaba el modo en que esa persona lo trataba.
Por su parte, los integrantes de la banda “Callejeros” se alojaron en el hotel durante esos días. Los equipos de sonido arribaron al lugar el día 28 de diciembre.
Señaló que abrió el local para el ingreso de los instrumentos, los cuales fueron llevados hasta el escenario desde las puertas principales por los técnicos y “plomos” de la banda.
Resaltó que cuando llegaron estas personas, él estaba sólo y que los equipos de sonido y demás cosas que entraron al local no fueron revisados por nadie.
Recordó que las distintas noches se quedaba en el local un sereno de la banda encargado de cuidar los equipos. Como encontró un colchón en la cabina del disc jockey, por lo que suponía que ese muchacho durmió allí. Las personas que trabajan en estas tareas para el grupo eran conocidos del ambiente del rock.
El personal de seguridad en los tres eventos estaba identificado como chalecos que decían “Control”, el nombre de la banda y “Locuras”.
Dijo que Chabán estuvo en los tres recitales. Los días 28 y 29, estuvo sentado en la barra del fondo. El día 30, llegó quince minutos antes del inicio del show y se mostró sorprendido por la cantidad de gente que había fuera del local.
De los tres eventos, recordó solamente cómo estaba distribuida la seguridad el día 30. Al respecto, señaló que del lado izquierdo del hall principal había un detector de metales y por ese sector estaba ubicado el personal femenino de control que efectuaba el cacheo de las mujeres. Por la persiana de color azul se efectuaba el ingreso y la revisación de los varones.
Recordó que en el vestíbulo principal se habían colocado unas vallas, las que cerraban el acceso de los invitados. También había un cajón de madera para colocar los tickets que se cortaban. Dijo no saber si en el pasillo color amarillo había o no otras vallas.
Asimismo, había personas de seguridad apostadas en el vallado que rodeaba el escenario, con el fin de impedir que el público pudiera subir al lugar donde tocaban los músicos. También había seguridad en la calle y en el sector de camarines. Desconoce cuántas personas eran en total.
Manifestó que tanto los días 28 como 29 de diciembre se utilizaron elementos de pirotecnia en el local. El primer día fue mucho mayor. El segundo estuvo más controlado, pero no pudo evitarse.
Aclaró que esos días Chabán permaneció en el interior del salón sentado al lado de la barra del fondo, pues se encontraba operado de una pierna.
Dijo que a Villarreal no lo vio dentro del local; generalmente estaba en la calle o en la puerta y era una especie de “relaciones públicas” del lugar.
Por otra parte, dijo que el local contaba con un sistema de ventilación. Había dos inyectores de aire ubicados a los costados del escenario, uno del lado derecho y otro del lado izquierdo –funcionaban y se encendían desde la cabina del disc jockey-.
También existían cuatro ventiladores gigantes que expulsaban aire detrás del escenario. Recordó que dos de esos tuvieron que cerrarse porque despedían aire caliente hacia el sector de las canchas de fútbol que estaban situadas en la terraza, lo que había motivado quejas de parte de sus encargados.
Agregó que en el recital del 29 de diciembre algunas banderas estaban tapando los inyectores de aire, motivo por el cual le comunicó la situación a Juan Carlos Bordón; finalmente un seguridad de la banda las corrió.
Puntualmente y refiriéndose a la noche del 30 de diciembre, dijo que arribó al local entre las 18:00 y 18:30hs. Ese día Bordón lo ayudó a realizar la limpieza del lugar.
Explicó que en ese momento ya estaba el personal de seguridad de la banda, pero que aún no se había habilitado el ingreso del público. Dentro del local ya había banderas, pues el primer día se autorizó a los concurrentes a colgarlas y quedaron allí para los tres eventos.
Indicó que desconocía quien fue la persona que dio la orden de “dar puertas” al recital. Generalmente esto lo hacía Villarreal o Chabán, luego de que terminaba la prueba de sonido; sin embargo, esa noche los nombrados aún no se encontraban en el lugar.
El ingreso de la gente la noche del 30 fue bastante ordenado; la situación se complicó cuando faltaba media hora para el inicio del show de “Callejeros”, porque en ese momento la gente se desespera para ingresar. Incluso aquellos que no tienen entradas pretenden acceder de todos modos cuando está por tocar la banda.
A esa altura se habían vendido todas las entradas y las personas que no habían podido adquirir entradas anticipadas querían entrar al salón.
Para evitar que esas personas accedieran en malón al local, los portones principales se arrimaron para ser cerrados. Por la puerta chica de color blanco que se observa en la maqueta virtual ingresaban los invitados.
Recordó que en ese momento vio a Argañaraz, quien le manifestó que abra esos portones porque hacía mucho calor; de todos modos el deponente no le hizo caso, pues si abría esas puertas, toda la gente que estaba afuera hubiera ingresado por la fuerza. No recordó que alguien de la banda “Callejeros” hubiera efectuado otro requerimiento.
Relató que estando en el hall de entradas, de repente sintió el fuego y vio que la gente salía del salón. Al mirar hacia el interior del local vio como un resplandor del fuego, por lo que estimó que las puertas intermedias, es decir, las tipo cine, estaban abiertas.
Explicó que en ciertas ocasiones alguna de esas puertas solían cerrarse para evitar que se escape el sonido.
Continuando con su exposición, dijo que una vez que advirtió el inicio del fuego, abrió los portones principales, sacándoles los pasadores que tenían colocados. Luego avanzó por el hall hacia el sector de las puertas tipo cine y cuando llegó a una puerta que se encontraba del lado izquierdo que comunicaba el local con la recepción del hotel –por allí también salía gente-, la luz se cortó.
Sobre el corte de energía, dijo desconocer si tuvo su origen en el siniestro o si alguien lo efectuó.
Respecto de los portones, aclaró que los pasadores existían desde mucho tiempo atrás y que se sacaban fácilmente. En general las puertas permanecían abiertas, pero esa noche y por los motivos ya expuestos, fueron cerradas.
Con relación a estas cuestiones se le dio lecturas a pasajes de sus declaraciones de instrucción, ante lo cual dijo que los portones tenían unos bulones que tuvo que sacar y que no recordaba que Villarreal le haya manifestado que cerrara las puertas antes del inicio de la tragedia.
Volviendo al relato, señaló que quería ingresar al local porque tanto su familia como los parientes de Juan Carlos Bordón se encontraban en la cabina del disc jockey en el piso superior del lugar.
Expuso que ingresó al salón. En un primer intento fue hacia la barra lateral trató, sin éxito, de alcanzar la manguera allí ubicada. Refirió que si bien no vio llamas, sí pudo observar cómo caía una especie de lava del techo.
Indicó que luego se dirigió hacia la segunda escalera para acceder al lugar donde estaban sus familiares, pero que al llegar a ese sector, comenzó a ahogarse y a sentir que se le quemaba el pecho. Trató de utilizar un tubo de oxígeno que un bombero le había proporcionado, pero estaba descargado.
Relató que entonces tuvo que salir del local. Dijo que Villarreal estaba en el baño del hotel y que lo ayudó mojándolo. En la calle vio a Chabán, quien estaba desorientado, perdido, como si estuviera en otro mundo –no observó que ayudara en el rescate-. En ese momento pudo reconocer a su mujer que se encontraba tirada en el piso y ya no volvió a ingresar al local. Agregó que su prima falleció en el lugar y que vio a Patricio Fontant colaborando con el rescate de las víctimas.
A preguntas que se le efectuaran para en que diga si en otra oportunidad vio que se abriera el portón cercano al escenario, respondió que un mes antes de la tragedia aproximadamente, en ocasión de realizarse un almuerzo de la gente del hotel, esa puerta fue abierta.
Recordó que ese día Omar Chabán lo llamó por teléfono para preguntarle por las llaves del portón porque había que abrirlo. Entonces se dirigió hacia el local y cuando arribó pudo observar que el Sr. Flavio estaba cortando el candado del portón con una amoladora. Después de ese evento, se colocó otro candado y se volvió a cerrar.
También se abrió para la fiesta de fin de año del hotel. Ese día el dicente concurrió para ver si se necesitaba algo y cuando terminó la reunión lo cerró con las llaves. Chabán estuvo presente en esa ocasión y se dedicó a animar la fiesta. No pudo recordar si el Sr. Levy participó del evento.
Preguntado para que diga si conoce a una persona apodada “Lolo”, dijo que sí, que era el jefe de seguridad de la banda “Callejeros”. Que el día del primer recital del mes de diciembre “Lolo” le preguntó si quería participar de las tareas de seguridad, pero el declarante le manifestó que no, porque tenía funciones específicas en el local.
Recordó que el 30 de diciembre lo vio en el hall de entradas del salón, efectuando tareas de control y dando ordenes. Agregó que estaba enyesado porque tenía una pierna lesionada.
Interrogado para que diga si alguna vez hubo una inspección de bomberos en el local “República Cromañón”, indicó que una tarde cuando estaba cerrando el lugar para retirarse, desde el hotel salió un hombre joven con una carpeta, quien le preguntó si él era el encargado del local. Esa persona le manifestó que era bombero y que concurría para revisar las instalaciones.
Señaló que como ese sujeto no le mostró ninguna credencial ni se identificó de manera alguna, el dicente le respondió que no lo podía dejar pasar y le aconsejó que volviera un día martes o cuando se esté realizando un recital, pues en esas ocasiones estaba Omar Chabán en el lugar. Por esa época se estaba esperando una inspección de bomberos y que la persona que realizó la visita no dejó ningún tipo de aviso o notificación.
Preguntado sí alguna recibió vez intimaciones de parte de Gobierno de la Ciudad, respondió que no, que nunca firmó nada.
En cuanto a la presencia policial en el boliche, dijo que había policías en la calle y además en la zona de la plaza se apostaba un carro de asalto. También en varias ocasiones –tres o cuatro- vio en el interior del local a un hombre de baja estatura que entraba y saludaba a Omar Chabán y que parecía policía. A ese sujeto lo reconoció en una rueda de personas –en la diligencia había personal del juzgado-.
A ese sujeto siempre lo veía en el hall del local. Una sola vez lo vio ingresar al salón, en el mes de noviembre aproximadamente, una noche en que había poco público. Que estuvo observando un rato el recital que en esa ocasión se estaba llevando a cabo, mientras aguardaba la llegada de Chabán.
Interrogado para que diga sí tuvo contacto con algunos de sus jefes o compañeros después del 30 de diciembre, dijo que sí. A Omar Chabán lo fue a visitar al penal de Marcos Paz y con Raúl Villarreal se cruzó por ser vecino y por haberlo visto cuando estuvo internado.
Asimismo tuvo contacto frecuente con Juan Carlos Bordón con quien mantiene una relación de amistad. Agregó que a Viviana Cozodoy la vio pasar por el subte, pero que no llegó a saludarla.
Manifestó, además, que cuando estaba internado en el hospital como consecuencia del suceso acaecido el 30 de diciembre de 2004, lo fue a ver Ana Sandoval, quien le dijo que estaba organizando un grupo de ex trabajadores de “Cromañón” con la supuesta finalidad de “hundir” a Chabán.
Sobre el punto, explicó que Sandoval trató de presionarlo para que formara parte de ese grupo a la vez que le comentaba que tenía un papel que podía perjudicar mucho a Chabán.
También había una serie de ex empleados como “José” de “Cemento” –es el padre de Damián Albornoz; éste también participaba- y “El Gordo”, que perseguían cobrar una indemnización. Por la situación que estaba viviendo no le interesó formar parte de esa movida.
Sabía que esos grupos tuvieron reuniones en la jefatura de gobierno y en la sede de un partido político ubicada en la calle Chacabuco y México. Le habían manifestado que estaban bien organizados y que querían que él fuera la cabeza del conjunto.
En otro aspecto y preguntado sobre las luces de emergencia del salón, indicó que recordaba que un muchacho de nombre Pablo las reparó en el mes de octubre aproximadamente. Cuando en los recitales se bajaba la iluminación, las luces de emergencia se veían. Agregó que puede ser factible que alguna no funcionara.
Respecto de Pablo –no recordó su apellido-, señaló que además estaba dedicado a instalar un equipo de sonido del local –nunca se llegó a culminar esta tarea- con el fin de que las bandas no tengan que contratar ese servicio.
En otro aspecto, señaló que el local inicialmente contaba con un depósito de bebidas situado debajo del escenario. Sin embargo, como cuando había mucho público era difícil atravesar el salón desde allí hasta las barras, el sector para guardar la mercadería se trasladó hacia la oficina ubicada en la entrada del lugar.
Agregó que en las barras se vendían bebidas alcohólicas, que no se solicitaba documento para su expendio y que al local ingresaban menores de edad sin restricción alguna.
A preguntas que se le efectuaran, dijo que durante su relación laboral con Chabán no tenía recibo de sueldo ni libreta sanitaria. Chabán no le debe dinero y no recibió indemnización alguna.
Interrogado para que diga sí alguna vez vio o escuchó que en “Cemento” o en “Cromañón” se efectuaran pagos a la Policía Federal, respondió que no.
Exhibido que le fue el folleto obrante a fs. 12.310, expuso que en el local hubo un proyecto denominado “Rockmañón” que consistía en habilitar un boliche después de los recitales. Había tres personas que se encargaban de esto, una de nombre Daniel.
Señaló que duró muy poco porque la gente no concurría. No hubo disturbios y no se uso pirotecnia. Tampoco en esa época escuchó sobre pagos a la policía.
Agregó que una vez Ana Sandoval le comentó sobre un papel donde se consignaron supuestas coimas y que quería presentar en el juicio que se estaba haciendo contra Aníbal Ibarra, aunque desconocía los pormenores de ello.
En otro aspecto, fue interrogado acerca de las funciones que cumplen los managers de las bandas. Sobre el punto, expresó que esas personas trataban de vender a los grupos para que puedan tocar seguido. Es decir, se dedicaban a efectuar los contactos con los productores y los empresarios para los eventos.
Indicó que si fuera manager también le daría instrucciones a la seguridad de la banda. Por ejemplo, la señora “Poli”, quien se desempeña como manager de “Los Redondos”, controlaba todo lo que sucedía en el interior del local.
En “Cromañón”, los managers o algún músico de la banda efectuaban las liquidaciones en la oficina del lugar junto con Chabán y Villarreal. Agregó que en los comienzos del grupo “Callejeros”, Villarreal fue manager del grupo.
Asimismo, fue preguntado por un empleado del local de apellido Ledesma y dijo que efectivamente se desempeñaba en el lugar y que en el recital del día 29 de diciembre estuvo encargado de cuidar los baños, pero como se quedó dormido, Chabán le manifestó que no fuera a trabajar más. Agregó que en “Cromañón”, Ledesma siempre prestó servicios en ese sector.
También prestó declaración testimonial Gabriel Amador García Aidenbaum, quien mantuvo una relación comercial con Omar Chabán.
Explicó que durante el año 2004 organizó en “República Cromañón” junto con Chabán y dos socios llamados Daniel y Eduardo Ripa, una especie de local bailable de “rock & roll”.
Relató que conocía a los hermanos Ripa porque habían sido socios en un restaurant y bar que explotaban en el “Paseo del Sol” en el que también se bailaba. Este local permaneció abierto durante 6 meses.
Contó que “los Ripa” habían sido quienes se encargaban de la explotación de la bailanta “El Reventón”, que funcionaba en el local antes de “República Cromañón”.
En primer término, tuvo una reunión con los hermanos “Ripa” y el gerente del hotel. Luego se acercó Levy, quien se presentó como el dueño del hotel y del local. Explicó que una vez que éste último le dio su aval al proyecto, conoció a Chabán con quien continuó las tratativas.
Formaron una especie de sociedad en la que él se ocuparía de armar el proyecto, hacer la publicidad, buscar sponsors, etc. Ello así, pues tenía experiencia en ese rubro.
Indicó que las ganancias era repartidas según el siguiente detalle: 50 % a Chabán, 25 % a los hermanos Ripa y 25 % a él. Agregó que desconocía si Villarreal tenía alguna participación en las gananacias.
Sostuvo que conoció a Raúl Villarreal, a quien definió como la “persona operativa del lugar”.
Por otra parte indicó que conocía el local con anterioridad porque había asistido a “El Reventón” y que el sitio le parecía óptimo para su proyecto.
Contó que acordaron que la noche comenzara con un recital y que luego continuara con el baile, permitiéndole permanecer sin cargo a quienes habían pagado la entrada para el show musical. Además cobrarían entrada a las personas que ingresaran más tarde.
No obstante ello, no pudieron captar mucho público y el proyecto fracasó. Sólo realizaron tres eventos a los que denominaron “Rockmañón”.
Con relación al personal que trabajó allí, manifestó que él llevó una persona para seguridad llamada Sergio y otra para la barra. Todo lo demás, inclusive la seguridad, era de competencia de Raúl y Omar.
Señaló que el lugar siempre contaba con personal de seguridad a fin de controlar que no hubiera comportamientos agresivos ni excesos con el alcohol por parte del público.
Dijo que tenía entendido que habitualmente cuando tocaba un grupo musical, éste era quien se ocupaba de llevar el personal de seguridad.
Afirmó que durante los eventos realizados, las puertas “vaivén” permanecieron abiertas y el portón que daba al estacionamiento, cerrado con un cadena.
En ese sentido, describió al portón como “de emergencia” y sostuvo que había sido cerrado por orden del hotel. Indicó que esta puerta se encontraba sellada a fin de evitar que el ruido se transfiriera al exterior. Aclaró que “los Ripa” le comentaron que anteriormente el pasillo no cumplía la función de entrada al estacionamiento, sino que ello sucedió como consecuencia de una reforma.
Contó que le pidió a Chabán que se abriera ese acceso, pero éste le explicó que los responsables del hotel no lo permitían porque el ruido molestaba a los huéspedes. Leído que le fue un párrafo de su declaración prestada en la etapa de instrucción, recordó que la primera noche que funcionó “Rockmañón” se quitaron el candado y el alambre y que luego se volvieron a colocar.
Puso de relieve también que si bien no vio la planilla de habilitación del salón, los hermanos Ripa le dijeron que era “Local Bailable clase “C””, la cual era la adecuada para la actividad que iban a desarrollar.
Manifestó que antes de comenzar con “Rockmañón” pintaron el salón y pulieron sus pisos.
Precisó que en el medio del local había un gran extractor de aire cuya salida desembocaba en las canchas de fútbol. Dijo que al realizarse la tarea de pulido, aquellas fueran dañadas por el polvillo que emanaba ese artefacto.
Destacó que en el techo se hallaban colocadas dos grandes media-sombras y que también Chabán había hecho instalar unos paneles acústicos para disminuir el ruido que se propagaba al hotel. Agregó que en el portón se había colocado un material especial.
Explicó que cuando funcionaba el local como “discoteque” se utilizaba la cabina de sonido del primer piso y cuando había un recital se armaba una consola en la planta baja.
Resaltó que el número de público que tenían pensado convocar era de 1000 personas, pero que el proyecto fue un fracaso y nunca asistieron más de 200.
Finalmente, exhibido que le fue el anverso del folleto de “Rockmañón”, señaló que las inscripciones no habían sido realizadas por él y que no se correspondían con su actividad.
También prestó declaración durante el debate el testigo Hernán Gustavo Albornoz, quien al comenzar su exposición aclaró que comenzó a trabajar para Chabán en el año 1994 en el local “Cemento”. El día 10 de abril de 2004 pasó a prestar funciones en “República Cromañón” junto a su hermano Héctor.
Al acusado Raúl Villarreal lo definió como un “compañero de trabajo”, quien siempre estaba en el sector de boleterías.
Aseveró conocer a algunos integrantes del grupo “Callejeros” -Argañaraz, Fontanet y Vázquez-.
Una semana antes de comenzar a trabajar en “Cromañón” tuvo una reunión en el lugar junto con Omar Chabán y su hermano, versando la misma sobre el trabajo en las barras de atención al público.
También precisó que la remuneración la percibía al finalizar cada recital o evento, y que tanto Chabán como su hermano Yamil eran los encargados de efectuar el pago.
Siempre se presentaba en el salón a las 16.00 horas aproximadamente –ingresando generalmente por la persiana azul-, y se retiraba cuando culminaba el espectáculo. Mario Díaz, encargado del lugar, era quien los recibía.
Al llegar se reunía con su hermano ya que sabía lo que había que hacer en esa jornada -qué barra abrir por ejemplo-; aclaró que siempre trabajó en la barra, nunca hizo otras tareas. Si bien generalmente lo hacía en la que se ubica arriba –sector baños-, los días que tocó “Callejeros” -28, 29 y 30 de diciembre- lo hizo en la principal junto a su hermano Héctor, Patricia Desch, Yamil Chabán y Rosita –encargada de vender panchos-.
En lo que respecta al 30 de diciembre, relató que al llegar sólo se encontraba su hermano junto a las chicas de limpieza, Mario Díaz y Juan Carlos Bordón –encargado de mantenimiento-.
No logró recordar si hubo inspecciones municipales en el local, y tampoco observó presencia policial –dado que generalmente se ubicaba en la barra de arriba-; sin perjuicio de ello, agregó que por comentarios de algunos compañeros –Ana Sandoval y Héctor, su hermano- sabía cuándo pasaba la policía.
En lo atinente a los días de diciembre que “Callejeros” se presentó en “Cromañón”, dijo que la banda tenía su propia seguridad, pero como el día 28 hubo inconvenientes en las barras en razón a la gran demanda de asistentes, le pidieron a Yamil que pusieran a alguien más para despejar dicha zona. Ello ameritó que para los días siguientes se requiera la ayuda de Daniel González y de dos sujetos más cuyos nombres no pudo recordar.
Respecto al personal de seguridad del grupo, precisó que lucían remeras negras con la inscripción “Callejeros”, y que se ubicaron en las puertas y en el vallado del escenario.
No pudo describir cómo estaban las puertas de ingreso por su ubicación, pero sí explicó que las puertas “vaivén” –aproximadamente seis- estaban abiertas al momento del ingreso, pero luego las cerraron para que no saliera el sonido.
Más tarde, a instancia de la Dra. Fangano, volvió sobre el punto y dijo no estar en condiciones de asegurar que el 30 de diciembre esas puertas fueron cerradas.
Al ser preguntado por la existencia de otras puertas, indicó que había una que estaba clausurada. Exhibida que fue la maqueta, señaló aquella que se ubica al lado del escenario y que da al sector del garaje, describiéndola como una puerta grande. Si bien aclaró que no la vio, tenía entendido que estaba soldada y atada con alambre. Nunca la vio abierta, y tampoco apreció que la misma tuviera un cartel de salida, lo que sí ocurría en las escaleras pese a que no se veían bien.
Señaló el testigo que el sector VIP se encontraba en el primer piso y para acceder al mismo se debía subir por una escalera que se encontraba vallada. Sobre el mismo nivel, pero en el sector opuesto, se ubicaba la barra “popular” que tenía acceso libre dado que allí se encontraban los baños.
Negó haber recibido instrucción alguna sobre las medidas de seguridad que poseía el local, recordando que sólo había una manguera que estaba pinchada y que había que buscarla. Tampoco era fácil conectarla ya que la boca de agua no tenía llave.
Sobre el sector del primer piso, recordó que uno y otro –VIP y baños- no se unían porque los separaba una cabina de iluminación.
Respecto del sonido, señaló en la maqueta su ubicación, no recordando si allí había personal de seguridad.
Al ser interrogado sobre la existencia de extractores de aire, respondió no tener conocimiento de ello.
En materia de público, recordó que el día 30 había más gente de la permitida, tal vez seis mil personas, mientras que el local contaba con capacidad para tres o cuatro mil localidades.
A modo de representación, explicó que un día normal tardaba 30 segundos en ir de una barra a la otra, pero el día de los hechos no se podía caminar.
Sobre el hecho puntual precisó que en un momento comenzó a escuchar gritos, luego miró para arriba y vio fuego; en ese instante se apagó la luz y la gente se zambulló en la barra.
Consideró que lo vivido fue un descontrol porque la gente, al no conocer el lugar, no supo por donde salir. Pese a los gritos de sus compañeros para que se dirigieran a la izquierda, las personas se agolparon contra la barra. Sólo atinó a tirar hacia atrás la caja registradora y la panchera –para evitar que se quemaran-, pero la presión de la gente hizo que se fueran desplazando hacia fuera.
Al momento de salir vio que las puertas estaban abiertas, a su vez que los vidrios de las boleterías estaban rotos porque la gente creía que por ahí se podía escapar.
Una vez afuera advirtió la presencia de los bomberos y la policía, incluso estos últimos no lo dejaron ingresar nuevamente. Según recordó, todas las personas salieron por las puertas violetas.
Aclaró que al momento del incendio no vio a Omar Chabán, y que su hermano Yamil estaba en la barra junto a él.
A instancias del Dr. Iglesias, explicó que con su empleador –Chabán- la relación laboral fue siempre informal.
En materia de organización de las barras, señaló que las bebidas se guardaban en un depósito, salvo que al día siguiente hubiera otro show. En este caso se dejaban en las heladeras que estaban detrás del mostrador.
Al serle exhibida la foto nro. 218, reconoció que se trata de una de las barras; agregó que nunca supo que allí existía una alarma contra incendios.
Se explayó el testigo sobre el principio de incendio que tuvo lugar el día 25 de diciembre cuando tocó “La 25”. Sobre el particular, dijo que pese a haber utilizado una manguera que trajeron del bajo escenario, habida cuenta las pinchaduras que tenía, al fuego lo apagó la gente que estaba arriba arrojando vasos con agua.
También afirmó que nunca recibió instrucciones sobre cómo apagar un incendio, y que nunca vio un matafuego.
Otro tema materia de consulta al testigo fue el abastecimiento de agua en los baños, en relación a lo cual dijo que antes de cada show el funcionamiento era normal, pero una vez comenzado se cortaba. Si bien no supo explicar los motivos, refirió que algunos lo adjudicaban a la gerencia del hotel, mientras que otros decían que era para que la gente consumiera más en las barras.
Interrogado por la Dra. Campos sobre si recordaba quién le acercó la manguera que intentó utilizar para apagar el principio de incendio que se gestó cuando tocó “La 25”, el testigo no supo precisar cuál de todos sus compañeros lo hizo, no obstante recordar que la conectó en la boca de agua que se encuentra en la barra que se ubica debajo del sector VIP. Más adelante señaló que ese día no hubo presencia de bomberos.
También se refirió a lo que hacían cuando la barra se cerraba al culminar el evento. Lo que sobraba lo llevaba junto a su hermano al depósito. Las llaves de ese sector, en caso que Héctor no las tuviera, debía pedírselas a Mario Díaz.
Luego de sucedidos los incendios de los días 1° de mayo –no estuvo presente- y 25 de diciembre, charlaron con Juan Carlos Bordón y Mario Díaz, pero no supo precisar si éste último, dado que tenía más llegada a Chabán, le transmitió la inquietud.
Vuelto a ser interrogado por el Dr. Iglesisas, respondió que a Omar Chabán no lo vio afuera –luego del incendio del día 30-, pero que observó a Yamil en la esquina de las calles Mitre y Jean Jaures. La actitud del nombrado era pasiva, como no sabiendo qué hacer.
Fue a instancia de la Dra. Nuñez Morano que el testigo afirmó que las llaves las tenía en su mayoría Mario Díaz, pero no supo ubicar dónde las guardó el día 30 de diciembre. Sin perjuicio de ello, dijo que en algunas ocasiones las dejaba detrás de la barra principal, en la mesada.
A preguntas de la Dra. Prince, explicó que contaba con libreta sanitaria porque, unos meses después de empezar a trabajar, Yamil se lo ordenó.
En materia de control, dijo que en algunas ocasiones las bandas no contaban con seguridad propia; y en esos casos estaba a cargo de Omar Emir Chabán o de su hermano Yamil, quienes le pedían a ellos que ubiquen amigos para llevar a cabo dicha misión. No requerían ninguna característica especial, y por lo general se buscaba a vecinos, familiares o amigos.
Con relación a lo anterior, expresó que el día 30 hubo tres personas que habían pedido ellos para seguridad dado que “Callejeros” no les dedicaba ningún servicio. En concreto, se contó con personal adicional en el sector barra, y otra abocada a los baños.
Llegado el turno de la defensa del acusado Omar Emir Chabán, los Dres. D´Attoli y Etcheverry preguntaron sobre la presencia de la Sra. Ana Sandoval el 30 de diciembre, y si podía precisar quién originó el incendio los días 25 y 30 de diciembre. Ambas preguntas fueron respondidas de manera negativa.
Sobre su padre, quien trabajó en “Cemento” con Chabán, expresó que tal vez prestó funciones en una sola oportunidad en “Cromañón”.
Luego, respondiendo a preguntas del Dr. Stefanolo, dijo que Sandoval y Patricia González se encargaban de la limpieza de los baños, ayudadas en algunas ocasiones por Mario Díaz. Amén de dicha precisión expresó no saber qué elementos utilizaban, pero que a su entender no usaban las mangueras.
Al ser interrogado por la Dra. Fangano, aclaró que el pedido de sumar más personal luego del recital del día 28 se lo hicieron a Yamil Chabán.
Merced a las preguntas que efectuó el Dr. Orlando, el testigo volvió a explayarse sobre la reunión que tuvo con Omar Chabán y su hermano Héctor al momento de comenzar a trabajar en “Cromañón”. Sobre el punto, dijo que en esa oportunidad nadie le comentó sobre el pago de “coimas” a la Policía.
También relató que su hermano concurría antes para informarse sobre cuántas y qué barras abrir.
Recordó que los días que tocó “Callejeros” casi no quedaron cosas en las barras, y por eso hubo que reponer todo. El día 28 se vendieron 72 cajones de 12 litros de cerveza cada uno. A su vez estimó que el día 30 la venta fue superior, precisando que en el local había chicos alcoholizados.
Agregó que Omar Emir Chabán, en uno de los tres días que se presentó “Callejeros”, tenía un problema en una de sus piernas.
Con relación al proyecto “Rockmañón”, aseveró que sólo trabajó la primera noche, recordando que era para ir a bailar o escuchar rock. En esa oportunidad el local no llegó a abrir porque no concurrió público.
Asimismo, al ser preguntado por el Dr. Iturbide, comentó que después de los hechos se reunió con sus compañeros de trabajo “para ver cómo seguía todo”, no recordando que se hubiera hablado de hacer alguna denuncia.
Con el objeto de ayudar a la memoria del testigo, las partes efectuaron una serie de lecturas sobre extractos de las declaraciones que prestó durante la instrucción.
En tal inteligencia, al ser leído aquel fragmento de la declaración que luce a fs. 4.199, renglón séptimo, comenzando desde abajo, el declarante recordó que Omar Chabán había advertido e insultado, desde el escenario, a los presentes diciendo que eran seis mil personas, y que no sean “boludos” porque iba a pasar lo de Paraguay. No obstante lo apuntado, no pudo precisar si ello se repitió los tres días. Estimó que el cantante también dijo “algo de que se porten bien”.
A instancia de la Dra. Campos, se hizo lectura de la declaración de fs. 12.356 vuelta, renglón segundo. De allí se infiere que sólo la noche que tocó “La 25” vio un patrullero de la Comisaría 7ª, que paró dos minutos y se fue. Algún compañero, como Ana Sandoval, le hizo saber que esos “rondines” se hacían para ver si estaba todo bien.
Sobre el particular, explicó que quizás antes de iniciarse el recital haya salido, recordando haber visto un patrullero.
Luego, a instancias del Dr. Etcheverry, ahondó sobre aquella cuestión y dijo que Ana Sandoval le hizo aquel comentario en una charla después de la tragedia.
También precisó que su hermano Héctor le comentó que en algún momento que pasó por el depósito se cruzó con personal policial de civil en las oficinas que estaban a dicho sector.
Finalmente, dijo que Héctor le hizo saber, en una charla que tuvieron en el mes de enero de 2005, que tenía conocimiento que alguna vez hubo entrega de dinero a la Policía porque lo había visto. Aclaró que con Ana Sandoval no habló de ese tema, y que no se reunió en un local de partido político, no estando seguro acerca de si su hermano lo hizo.
Durante el transcurso de la audiencia de debate, Julio César Garola señaló que se desempeñó como gerente del “Hotel Central Park” y que generalmente cumplía sus tareas de lunes a viernes de 9:00 a 18:00 horas.
Explicó que la propietaria del predio es la firma “Zarelux” y que de dicha sociedad sólo conoce a Rafael Levy, quien tomaba las decisiones concernientes a todo el complejo.
El director del hotel mencionado era Julio Chavelsky, quien se presentaba a firmar los cheques dos veces por semana.
Los temas administrativos y el pago de impuestos eran manejados por el “Estudio Contable Roosevelt”, que también redactaba los contratos referidos a las restantes actividades del predio.
Manifestó que se ocupaba de cobrar el alquiler del kiosco, el estacionamiento y el canje de servicios del restaurante -explotaban el local y como contraprestación brindaban el desayuno a todos los pasajeros-.
El salón se había usado para celebrar recitales y anteriormente había funcionado una bailanta, denominada “El Reventón”, donde se presentaban grupos de artistas.
Le comentaron que en dicha época asistieron 5000 personas para ver a “Rodrigo”.
Al poco tiempo que empezó a trabajar en el hotel, quedó sin efecto el contrato de “El Reventón” y por tres meses funcionó “Megadisco”.
La firma “Lagarto S.A.” era la titular de la habilitación del boliche como “local clase B” y la posesión del local era del hotel.
La sociedad mencionada estaba integrada por tres personas, los “hermanos Ripa” y Eduardo, quienes “habían llevado adelante” la bailanta referida.
Señaló que había visto folletos referidos a unos eventos denominados “Rockmañón”, que fueron organizados por los “hermanos Ripa”, quienes solían reunirse con Rafael Levy.
Luego, cuando dejó de funcionar “Megadisco” y durante el período comprendido entre agosto y noviembre de 2003, quedaron a cargo del salón y llegaron a un acuerdo con la firma “Lagarto” para realizar ciertos espectáculos.
Pintaron el local e intentaron darle otro tipo de actividad. Se llevaron a cabo algunas presentaciones artísticas y el Ministerio de Acción Social realizó una convención sobre “mujeres indígenas”.
Para dicha ocasión los asistentes ingresaron por la puerta que se comunica con el garaje del hotel.
Mencionó que se presentaron “Cacho Castaña”, “Ráfaga”, “Memphis” y que un grupo de peruanos organizó algunos bailes.
En los casos en que alquilaban el salón, el hotel tomaba parte de lo recaudado (del treinta al cincuenta por ciento) y Olmos -gerente de ventas- se encargaba de controlar el expendio de entradas.
Por el contrario, salvo en una oportunidad, no participaban de las ventas en las barras.
Mandaron a imprimir folletos que informaban que el hotel tenía un salón para convenciones, con capacidad para 5000 personas. Idéntica comunicación se difundía en la página “web” del “Hotel Central Park”.
Aclaró que posteriormente, cuando se alquiló el local, el sitio de Internet no se modificó.
Dijo desconocer quién se ocupaba de “manejar” la página referida.
Explicó que confeccionó el folleto en base a los comentarios recibidos por los integrantes de la firma “Lagarto”, que coincidían con los “comentarios generales” que escuchaba.
Exhibidas que le fueran los folletos obrantes en el sobre n° 207 del índice de prueba labrado por Secretaría, los reconoció como aquellos que mandó a imprimir el hotel cuando estaban a cargo del salón.
A partir de diciembre de 2003 decidieron no emprender más actividades porque les creaban problemas, atento que en muchas ocasiones alquilaron el local a personas que organizaban bailes.
Intentaron alquilar el lugar como depósito o agencia de autos, porque querían que se desarrollara una actividad menos ruidosa y evitar quejas de los clientes del hotel, que por lo general eran equipos de básquet y de fútbol que buscaban tranquilidad.
No obstante ello, se reunió con un grupo de personas que tenían la idea de explotar el local como tanguería.
Omar Chabán se acercó al hotel con la intención de alquilar el salón y luego de algunas reuniones y de haberse contactado con Olmos se lo presentó a Rafael Levy.
Al mismo tiempo que se presentó Omar Chabán, un grupo de peruanos pretendió alquilar el local, pero fueron “desechados”.
Sin perjuicio de ello, recordó que hubo una fecha en la que Omar Chabán estaba a cargo del salón y el hotel con anterioridad había comprometido el local al grupo de origen peruano.
Manifestó que Omar Chabán le comentó que estaba explotando “Cemento” y le preguntó si el local contaba con habilitación para realizar recitales.
Si bien no conocía el texto de la habilitación, entendió que el local estaba habilitado para dicha actividad, ya que anteriormente se habían presentado distintos artistas.
Sostuvo que recién después de la tragedia se enteró a través de la prensa que la capacidad del salón era de “mil y pico” de personas.
Posteriormente, en la primera reunión que estuvo presente Levy, hablaron de “insonorizar” el local.
Rafael Levy continuó las tratativas con Omar Chabán. En febrero de 2004 le avisó al declarante que el salón ya estaba alquilado y le ordenó que realizara un inventario del mobiliario.
Exhibida que le fuera lo documentación contenida en el sobre n° 178 del índice de prueba labrado por Secretaría, manifestó que no la había visto con anterioridad.
Añadió que Olmos confeccionó un inventario de las cosas que había en el salón y que tenía una copia firmada por Omar Chabán.
A partir de ese momento dejó de tener injerencia con dicho sector del predio.
Dijo desconocer si se formalizó un contrato y que si bien nunca había visto que se efectuaran pagos en concepto de alquiler, entendía que Omar Chabán le pagaba directamente a Rafael Levy.
Señaló que los contratos correspondiente al kiosco y al estacionamiento estaban firmados por Julio Chavelsky.
Posteriormente, Rafael Levy le dijo que cobraba nueve mil pesos por mes en concepto de alquiler del salón.
Indicó que el salón se entregó en febrero o marzo de 2004 y que “Cromañón” se inauguró en abril o mayo de ese año.
Respecto al local, refirió que en el hall de entrada había una puerta que se comunicaba con el lobby del hotel, donde había un tablero que contenía la llave que abría la abertura referida.
En dicho tablero había todo tipo de llaves, ignorando si allí estaban las llaves de entrada al local.
Manifestó que del estacionamiento situado atrás del escenario se podía acceder a los camarines y que en el primer piso había una puerta que se comunicaba con el hotel.
Dicha puerta estaba siempre cerrada y, anteriormente, en dicho sector había unos sanitarios que en septiembre de 2004 se incorporaron a las oficinas del hotel y de la agencia de turismo “Avax Travel” que funcionaba allí.
Dijo que el local de “Cromañón” perdió una “batería” de baños y que desconocía si se renegoció el contrato. Asimismo, indicó que Rafael Levy le comentó que dichos baños siempre habían pertenecido al hotel.
Respecto a dicha reforma, refirió que el arquitecto Marcelo Feito, que trabajaba para el hotel, les brindo el asesoramiento correspondiente, por cuanto desconocía todo lo atinente a temas edilicios.
Señaló que al salón se ingresaba por las puertas principales y que posteriormente había unas puertas tipo cine.
Afirmó que la puerta de la derecha –vista desde el exterior- era la salida emergencia y tenía un cartel que así lo indicaba.
Cerca del escenario había una puerta que tenía barral antipático y sólo se abría para ingresar la mercadería.
Recordó que en el 2004, para celebrar la fiesta de fin de año del personal de hotel, Chabán les facilitó gratuitamente el salón y se encargó de presentar a los artistas que animaron la reunión.
En dicha oportunidad accedieron al local por la puerta referida, que estaba muy pesada y tenía una de las bisagras vencida.
Dijo que en dicha puerta habían colocado unas placas y que sólo se podía abrir de adentro, accionando el barral antipánico.
Observó que arriba del escenario habían agregado tres ventiladores grandes y le dijeron que habían colocado un sistema de inyección de aire y extractores que sacaban aire y “sonido”.
Precisó que los extractores estaban en el sector lindero al estacionamiento y debajo de las canchas de futbol.
El salón tenía matafuegos, mangueras, rociadores y una “tela negra” con “lucecitas de navidad”, que había quedado de la época de “El Reventón”.
Señaló que no observó que se hayan tapiado ventanas y estimó que Chabán tenía libertad para realizar modificaciones en el local.
Precisó que en octubre o noviembre de 2003, el personal de “Lagarto S.A.” atendió a los bomberos que inspeccionaron el local y que habían encontrado que todo estaba en regla.
Siempre se preocupó por la seguridad y tranquilidad del hotel y debido a los ruidos que provenían del local, le pidió a Rafael Levy que tome medidas para “insonorizarlo”.
Asimismo, solicitó que se evite el amontonamiento de personas en la puerta de entrada al hotel.
A tal fin, pidió que la fila de ingreso se dirija para la esquina de Jean Jaures o que se realice en la vereda de enfrente.
En mayo de 2004 hubo un principio de incendio en el salón y muchos concurrentes salieron por la puerta emplazada cerca del escenario e ingresaron al hotel.
A raíz de dicho episodio le pidió a Rafael Levy que hablara con Omar Chabán para prevenir todo tipo de hechos que comprometieran la seguridad del hotel.
Explicó que la puerta se encuentra mal ubicada, porque quienes salían por ella ingresaban al estacionamiento del hotel.
No sugirieron medida alguna, pero solicitaron que dicho sector sea controlado para que la gente no entrara al hotel.
De igual manera, pidieron que por la puerta de los camarines no se introdujera cualquiera y que se “insonorice” por completo el local, atento que cada vez que se abría el portón, el sonido que salía del salón afectaba la tranquilidad del hotel.
Recordó que, con posterioridad al incendio ocurrido en el mes de mayo, el personal de mantenimiento le comentó que dentro de bolsas de basura habían encontrado jeringas.
Sostuvo que Rafael Levy pidió que la gente no entrara al hotel y dijo ignorar si dio “órdenes” o “algún tipo de indicación específica”.
Recordó que con posterioridad vinieron a poner paneles de “insonorización”.
El garaje lindero al hotel fue pintado por completo y acondicionado por exigencia de los bomberos, quienes les requirieron la colocación de “ojos testigos”, como medida de seguridad del hotel.
Además, les revisaron los matafuegos, las mangueras y les exigieron unas modificaciones para aumentar el caudal de agua.
Aclaró que las inspecciones se realizaban de manera individual para cada actividad del predio -cancha, kiosco, salón y hotel-.
Respecto a la elevación que presenta el piso del garaje, a la altura de la puerta que une el lobby del hotel con el restaurante, refirió que ello fue supervisado por funcionarios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Por otra parte, expresó que los libros de habilitación del hotel y del salón estaban en la recepción del primero, en la caja de seguridad.
En la conserjería se desempeñaban Ezequiel y Maximiliano y ambos estaban instruidos acerca de la exhibición de los libros del hotel.
En una oportunidad Omar Chabán le pidió el libro de habilitación del salón y posteriormente se lo devolvió.
Indicó que la plancheta de habilitación estaba “en el libro” y que nunca había visto la resolución que disponía la habilitación del salón.
La noche del hecho estaba de vacaciones y fue reemplazado por Olmos, quien le comentó que los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004 se habían hospedado los integrantes del grupo “Callejeros” y que se les había permitido el ingreso de vehículos al hotel.
Asimismo, dijo que por comentarios se enteró que Rafael Levy y Olmos se hicieron presentes en el lugar con posterioridad al hecho.
Aseveró que el mantenimiento del sistema de prevención de incendio estaba a cargo de Flavio Heredia -es gasista y plomero matriculado, y vivía en el hotel- y de otra persona más.
Durante su actividad laboral en el “Hotel Central Park” no presenció ninguna inspección municipal, pero recordó que hubo algunas inspecciones de la Administración Federal de Ingresos Públicos.
Puntualizó que el hotel había contratado un seguro para los pasajeros y cuya cobertura, “casi seguro”, alcanzaba al local.
Asimismo, manifestó que en el hotel funcionaba la agencia de viajes “Avax Travel” que era de la esposa de Rafael Levy y que prestaba servicios para dicha agencia por ser idóneo en la materia.
Aclaró que por una exigencia legal las agencias de viajes deben contar con una persona capacitada en turismo.
Con posterioridad al hecho siguió trabajando en la agencia de turismo y después de un tiempo renunció para comenzar a trabajar en el “Hotel Reconquista”.
Exhibida que le fuera la foto n° 241 aportada por la Dra. Fangano, relató que la cortina metálica correspondiente a la salida del garaje del hotel se cerraba a la noche -en invierno a las 19:00 horas- y que durante el día había una puerta de reja, que en una época tenía un candado.
Precisó que la cortina metálica se accionaba de manera manual y automática.
En dicho sector había una persona de seguridad -Catalino- controlando la entrada de los automóviles y un depósito de equipaje que estaba al costado del acceso.
Cuando había show, la puerta de reja tenía que estar arrimada y la persiana levantada.
Afirmó que Rafael Levy daba órdenes y que él nunca le transmitió órdenes a Omar Chabán.
A preguntas de las partes, respondió que en el salón se realizó un acto político, pero no recordó el motivo, sus participantes, ni la fecha de celebración.
Señaló que a Raúl Villarreal lo veía con Omar Chabán y en algunas ocasiones lo observó ordenando las filas de ingreso al local.
Detalló que a las canchas de fútbol se accede por Bartolomé Mitre y se encuentran en el primer piso, arriba del salón y del estacionamiento.
Agregó que desde las habitaciones del contrafrente del hotel se veían las canchas.
Por último, dijo que no conoce a Diego Argañaraz y que ignora si el local “República Cromañón” contaba con seguridad propia.
En la audiencia de debate también prestó declaración testimonial Mariano Ezequiel Bouhier.
Sobre el grado de conocimiento que tiene respecto de los acusados, dijo sólo conocer a Omar Emir Chabán, a Raúl Villarreal, y al resto de los integrantes del grupo “Callejeros”.
A estos últimos porque se alojaron en el hotel “Central Park” donde el declarante oficiaba de recepcionista del turno mañana –desde las 7 de la mañana hasta las tres de la tarde-, mientras que a los restantes porque concurrían al mismo.
El gerente del hotel era Julio Garola, pero estimó que quien depositaba su sueldo en el banco era el señor Julio Chavelsky.
Sobre el cese de funciones en el hotel, destacó que se reunió con el señor Levy en un estudio jurídico. Si bien los sueldos correspondientes a los meses posteriores a la tragedia fueron abonados en tiempo y forma, luego de arribar a un acuerdo en el Ministerio del Trabajo percibió la indemnización correspondiente y se desvinculó de “Central Park”.
Si bien en un primer momento negó conocer a personal de la Comisaría 7ª de la Policía Federal Argentina, destacó que efectivos policiales que se encontraban en la plaza de Once pasaban por el alojamiento y saludaban.
Exhibida que le fue la fotografía identificada con el número 230 –de las aportadas al Tribunal por la Dra. Fangano-, dijo reconocer el tablero donde se colocaban las llaves.
No pudo precisar si en dicho lugar había llaves pertenecientes a “República Cromañón”, pero recordó que una de las tantas que había era utilizada para abrir la puerta que comunicaba a la conserjería del hotel con el hall de boleterías de aquel predio.
Dicho acceso lo utilizaban para mostrar el local, pero una vez ocupado por Chabán se dejó de exhibir.
También hizo alusión a otra puerta que conecta a ambos establecimientos, ubicando en la maqueta al portón que se encuentra al costado del escenario que habilita el ingreso desde el garaje. Dicha abertura se cerraba con candado, pero no aseveró si dicha situación se extendió a los días que había recitales.
Sin perjuicio de que en algunas ocasiones el portón se abría para permitir el ingreso de proveedores y los instrumentos de las bandas, lo normal era que se utilizaran las entradas principales de “Cromañón”. Si bien contempló la posibilidad de que en el hotel existía una llave de aquella puerta, aseguró que personal del boliche tenía una –atinó a decir que estaba en poder de un sujeto llamado Raúl, pero no aseguró que así sea-.
Nunca supo quién había dado la orden de que permanezca cerrada, sólo que en algunas ocasiones se abría por limpieza.
Antes de que existiera “Cromañón”, en el lugar funcionaba “El Reventón”. La situación de ese portón era igual, siempre estaba cerrado. Cuando la bailanta dejó de funcionar en el predio lindero al hotel, abrió “Maxidisco”, emprendimiento que duró aproximadamente un año.
Luego de aquello el local estuvo administrado por personal del hotel, oportunidad en la cual se desarrollaron una serie de eventos –“mujeres indígenas”, “Cacho Castaña” y “Memphis”-.
Recordó que concurrió al espectáculo que brindó “Rodrigo” –cuando funcionaba “El Reventón”-, destacando que en dicho show fue el que más gente hubo –estimó que concurrieron más de dos mil personas-. También presenció aquel que realizó “Callejeros” el día anterior a la tragedia.
Ubicó el ingreso de Chabán al predio en el año 2004 aproximadamente, no pudiendo precisar si realizó reformas.
No obstante lo anterior, expresó que el hotel efectuó una ampliación por intermedio de la cual se quedó con un baño que antes era compartido con “Cromañón”-.
Supo por comentarios que cuando tocó el grupo “La 25” se prendió fuego una media sombra ubicada en el techo, pero la gente salió por un instante y volvió a ingresar.
Al ser preguntado sobre la relación que tenía con Levy, respondió que solo intercambió saludos. Tampoco supo aportar mayores datos sobre los trámites de rigor que se deben realizar ante los bomberos y la municipalidad; sólo se limitó a afirmar que eso era ajeno a su función.
Interrogado sobre las bandas que se alojaban en el hotel, recordó que tanto “Callejeros” como “Bulldog” permanecían en las instalaciones en el transcurso de sus espectáculos –en el caso de la primera banda recordó que Argañaraz abonó la estadía-.
El ingresó de las bandas al sector del boliche era por los camarines, y habida cuenta su calidad de “pasajeros” podían guardar sus vehículos en la cochera.
Hizo hincapié en las quejas de los huéspedes por los ruidos de los recitales, principalmente de aquellos que se alojaban en las habitaciones que dan a las canchas de fútbol –contra frente-. Incluso se pensó en la posibilidad de poner doble vidrio. También desestimó que se hayan realizado reformas en el portón.
A instancias de la Dra. Campos, afirmó que en algunos recitales la puerta lindera al escenario estaba cerrada con candado, pero no supo afirmar si estuvo siempre así.
Habida cuenta que identificó al portón de alusión como “puerta de emergencia”, explicó que la misma lucía un cartel que decía “salida”. Cuando funcionaba “El Reventón” se abrió en algunas ocasiones pero era vuelto a cerrar por personal de seguridad.
Recordó que “un par de veces” fueron a inspeccionar el local, pero como no había personal las diligencias no se hicieron efectivas. Agregó que no tenía conocimiento si realizaron. A su vez, precisó que las facturas que se recibían en el hotel correspondientes al establecimiento lindero se llevaban a la administración.
Cuando se presentaba personal para llevar a cabo una inspección se daba intervención al gerente. Si bien recordó que en la conserjería estaban los planos y los libros de la habilitación, no supo precisar si allí estaban los correspondientes al local bailable.
También le fue imposible recordar si estando Emir Chabán a cargo de aquel predio se hicieron inspecciones.
Vuelto a ser interrogado sobre su presencia en el recital que “Callejeros” ofreció el 29 de diciembre, destacó que ingresó al evento previo consultar a los integrantes de la banda. En el lugar se anunció con Raúl Villarreal y este lo dejó entrar en compañía de unos amigos. No fueron revisados y se ubicaron en el sector VIP.
Al ser vuelto a preguntar sobre el intervalo de tiempo en que el hotel estuvo a cargo de la administración del local, respondió que ello sucedió en el interregno que existió entre “Maxidisco” y “Cromañón”. Sólo en esa oportunidad accedieron al lugar.
En relación al interrogatorio que efectuó la Dra. Fangano, el testigo no supo relacionar el nombre de su pupilo procesal Djerfy, pero aseveró que “los principales” se alojaron en el hotel. Más aún, aseguró que si el nombrado era uno de los guitarristas estuvo allí.
También respondió el testigo a las dudas de la Dra. De Reatti, momento en que afirmó que en los años 2003 y 2004 hubo inspecciones municipales. En dichas ocasiones, llamaban al gerente, destacando que en el año 2004 era Julio Garola, pero Juan Carlos Olmos –gerente de ventas- también pudo haber sido convocado al efecto.
En última instancia el testigo fue vuelto a interrogar por el Dr. Iglesias, oportunidad en la cual se explayó sobre la función que tenía Raúl Villarreal. Al respecto, dijo que supuestamente era el encargado de la seguridad, “la mano derecha de Chabán”, y que en todos los recitales estaba en la puerta “chequeando que todo esté bien”.
Compareció ante estos estrados Jesús Flavio Heredia, empleado del hotel lindero del local “República Cromañón”.
Manifestó que conocía a los Sres. Omar Chabán y Raúl Villarreal debido a la actividad que cumplía en el “Central Park Hotel”. Aclaró que Chabán le presentó a Villarreal como “su mano derecha”, pero que no podía indicar qué funciones cumplía en el local.
Refirió que prestaba servicios en ese sitio desde el año 2000 y que realizaba tareas de mantenimiento. Explicó que recibía órdenes del gerente del hotel, quien a la fecha del incendio era Julio Garola.
Precisó que a partir del año 2002 comenzó a alojarse en una de las habitaciones del hotel, debido a que tenía que controlar en forma constante el funcionamiento de las calderas.
Indicó que durante el período en el cual el local quedó a disposición nuevamente del hotel -el que no pudo precisar- se realizaron en el salón diversos trabajos de pintura y arreglos de los sanitarios.
Explicó que cuando el Sr. Chabán tomó posesión del boliche, el declarante ya no realizó ninguna tarea vinculada con el local “República Cromañón”. Sólo excepcionalmente, debido a su conocimiento del tablero eléctrico, recibía una consulta técnica de Chabán o sus empleados.
Aclaró que en una oportunidad en que se produjo una filtración en la planta baja del estacionamiento, efectuó una reparación en los baños del local “Cromañón”.
También manifestó que a pedido de Garola colocó en las puertas “vaivén” del hall unos pasadores en cada una de ellas. Agregó que el material de los pasadores no era de “máxima seguridad”, sino que una persona con fuerza “normal” los podía quitar.
Dijo que el tablero principal de electricidad se encontraba debajo del escenario y que controlaba todo el salón. También expuso que el suministro de energía eléctrica se podía manejar desde la cabina del disc jockey, donde estaba el sistema de alarmas.
Puso de relieve que jamás vio en funcionamiento éste último.
Sostuvo que la energía podía cortarse desde la calle, en la línea municipal donde estaban los fusibles.
Puso de resalto que el sistema eléctrico del local “Cromañón” no dependía del hotel y que no estaban conectados.
Se refirió a las reformas realizadas en el salón durante el tiempo que era explotado por Chabán.
En tal sentido, manifestó que durante el año 2004 y por orden del gerente del hotel, se realizó una reforma en el primer piso a fin de cerrar el acceso a los baños ubicados en el lateral izquierdo del local. Precisó que se realizó una pared y que esos sanitarios pasaron a formar parte de las instalaciones del hospedaje contiguo.
Indicó que el Sr. Chabán realizó una reparación en el portón que tenía salida al estacionamiento a fin de evitar que se propagara tanto ruido del salón. Dijo que se abrieron las diferentes placas de las puertas y que se colocó un producto para aminorar el ruido.
También percibió que se habían suprimido dos de los cuatro extractores de aire que estaban ubicados cerca del escenario.
Expresó que observó personas trabajando quienes estaban colocando en el techo del local un material aislante para los ruidos.
Sostuvo que el portón de acceso al estacionamiento desde el local permanecía habitualmente cerrado y que sólo se abría cuando se realizaban tareas de limpieza.
Relató que durante los recitales ese acceso estaba cerrado y asegurado a fin de impedir su apertura.
Dijo que en la oportunidad de realizarse un evento del hotel llamado “mujeres argentinas” durante el mes de octubre de 2004, ingresó por la puerta principal y vio que se había colocado un candado en el portón. Dijo que éste fue abierto a su pedido por un empleado de Chabán. También refirió que el barral antipánico de ese portón estaba roto.
Contó que durante la realización del festejo de fin de año del hotel no pudo ubicar al personal de “Cromañón”, motivo por el cual puso en conocimiento de tal circunstancia al gerente del hotel y cortó el candado con la ayuda del personal de mantenimiento.
Dijo que esa puerta había quedado obsoleta pues se habían descolgado dos bisagras y ya no se podía abrir.
A preguntas realizadas respecto del mantenimiento de los tanques de agua del hotel, dijo que en el año 2004 se realizó una reforma para lo cual fue contratada una empresa, cuyo nombre ignoraba.
Señaló que se efectuaron trabajos de presurización de cañerías y se colocaron bombas “jockey” y auxiliares, para dejar “en regla” las instalaciones.
También destacó que ese mismo año se realizaron tareas de reparación en el tablero eléctrico del hotel, el que fue adecuado a las nuevas disposiciones del ENRE.
Puso de relieve que el Sr. Chabán le pidió si podía estar presente durante el desarrollo de los recitales de “Callejeros” de los días 28 y 29 de diciembre de 2004, a fin de ayudarlo si surgía algún inconveniente en temas de su competencia. Sin embargo, interrogado que fue posteriormente acerca de la fecha en que prestó esa colaboración, respondió que ello sucedió a mediados del año 2004.
En tal sentido indicó que aquellos transcurrieron con tranquilidad y que no tuvo necesidad de intervenir. Aclaró que ningún sonidista ni iluminador lo consultó acerca del tablero eléctrico ni sobre el tendido del cableado.
Afirmó que en los días indicados precedentemente las puertas “vaivén” se encontraban abiertas.
Expuso que el día 30 de diciembre de ese mismo año no trabajó en “República Cromañón” y que alrededor de las 19:30 horas salió del hotel a fin de realizar una tarea de reparación de cañerías de gas en una vivienda particular.
Al tomar más tarde conocimiento de lo que estaba ocurriendo en el local, se dirigió de inmediato hacia allá.
Puntualizó que a su llegada a “Cromañón” se había cortado la luz, mas no en el hotel. Resaltó que ingresó a través de la puerta del estacionamiento y se dispuso a ayudar a la gente.
A preguntas realizadas por el Dr. D’Attoli sobre si estuvo presente en el interior de “República Cromañón” los días 30 y 31 de diciembre de 2008 en que se efectuó una pericia ordenada por este Tribunal, respondió que estuvo presente en varias oportunidades con posterioridad a los dos recitales en los que Chabán requirió su colaboración, pero no dio precisión sobre las mismas.
Prestó declaración ante estos estrados Csaba Gregorio Panucza Sotomayor, quien manifestó conocer a Omar Emir Chabán por desempeñarse como auditor consulto del Hotel “Central Park” y por haber visto al nombrado circular por las inmediaciones del mencionado hotel.
Con respecto al resto de los imputados, refirió conocer a Diego Marcelo Argañaraz y a Patricio Rogelio Santos Fontanet por ser miembros de la banda “Callejeros” y por haberse alojado en el hotel.
Comenzando con su relato, indicó que inició su labor el 11 de noviembre –aclaró que recordaba la fecha exacta por ser el cumpleaños de su mujer- y finalizó el 30 de diciembre de 2004. En tal sentido, agregó que su horario laboral era desde las 23.30 horas hasta las 6.30 horas.
Manifestó que cuando se organizaban recitales en “Cromañón” los músicos del grupo “Callejeros” se alojaban en el hotel, permanecían unos días y, con posterioridad, se retiraban.
Precisó que ingresaron el día 28 o 29, no pudiendo recordar si fue él quien los registró o un compañero suyo.
Agregó que si bien no presenció los recitales de los días 28, 29 y 30 de diciembre, pudo oírlos desde el hotel.
Relató que el día de la tragedia se alojó en el último piso del hotel desde las 19.00 horas y permaneció allí hasta su horario de trabajo.
Refirió que cerca de las 22.30 horas escuchó mucho ruido y se asomó por la ventana que daba a la parte principal del hotel. Desde allí observó el lugar lleno de gente.
En tal sentido, explicó que el hotel contaba con un circuito cerrado mediante el cual se podía ver la recepción desde cada habitación.
Sobre esto último, indicó que tomó el control remoto y pudo ver el sector de la recepción. Allí había gente tirada, corriendo, empujándose y creyó que estaban robando.
Señaló que no encontró a su compañero “Maxi”, quien le daba el turno y por ello decidió ir hacia la recepción, haciéndolo a pie porque el ascensor no funcionaba.
Mediante la exhibición de las fotografías de aquel sector, señaló que había una puerta negra detrás de la barra de la recepción que comunicaba al hotel con el local “República Cromañón”, la cual se encontraba siempre cerrada. Agregó que se abrió el día que se realizó una fiesta en el hotel y recordó que él mismo salió por allí.
Retornando al día 30 de diciembre, manifestó que vio a su compañero y a los bomberos sacando gente por el sector del pasillo del estacionamiento.
Agregó que allí se encontraba la puerta de emergencia, indicándola de esa manera por la señalización que tenía en la parte superior. Señaló que el cartel que versaba “Puerta de emergencia” se encontraba del lado de afuera y que lo advirtió porque con anterioridad a la noche del siniestro frecuentemente circulaba por ese sector.
En otro orden, señaló que en el hall del hotel y en su habitación había luz.
Agregó que fue consultado por los bomberos acerca del switcher principal para cortar el suministro de luz. Aclaró que no sabía dónde se encontraba y les indicó que subieran al primer piso.
Manifestó haber estado presente en el momento en que los bomberos cortaron la luz, aunque dedicó su atención a socorrer a la gente que solicitaba agua y un teléfono.
Por otra parte y con anterioridad a la noche del 30 de diciembre de 2004, refirió que veía a Chabán en la parte de afuera del local. Señaló que por las noches cerraba las puertas porque la zona en la cual se emplazaban tanto el hotel como el local bailable era “fea”. En igual sentido, no recordó haberlo visto en el interior del hotel, pues sólo circulaba por las inmediaciones.
A preguntas del Dr. Iglesias, refirió que desde el año 2005 se desempeña en una compañía de cruceros.
Manifestó que no recibió indemnización luego de la tragedia.
Preguntado por las comunicaciones del hotel con el local “República Cromañón”, explicó que al trabajar por la noche no sabía si existía algún acceso en el sector de las oficinas del primer piso.
Por otra parte, expuso que si el acceso que se hallaba en el sector de la conserjería se encontraba cerrado, no tenían forma de pasar a Cromañón. Aseguró que la puerta podía abrirse pero no contaba con las llaves para hacerlo, ni sabía dónde estaban.
Con relación a esto último, se retractó y recordó que había una puerta en el sector del estacionamiento que comunicaba el hotel con el local y por la cual ingresaban los músicos.
A su vez, puso de resalto que no conoció la puerta del sector de camarines hasta el día del siniestro.
Asimismo, recordó tanto la existencia de un juego de llaves de la puerta principal como de las correspondientes a la puerta de hierro del estacionamiento.
En otro aspecto, señaló que participó de una fiesta de fin de año realizada en el hotel. Refirió que Chabán dio una especie de bienvenida, pero no pudo precisar cuáles fueron sus dichos en aquella ocasión.
Preguntado por la presencia del Sr. Levy, expresó que no podía asegurar si había participado de la fiesta anteriormente mencionada. Por otra parte e interrogado por el día del siniestro, manifestó no haberlo visto.
Seguidamente, indicó que al otro día de sucedida la tragedia se retiró a las 10.00 horas aproximadamente.
Señaló que un policía –al que denominó “principal”- se acercó hasta el hotel a fin de tomarle declaración testimonial, puesto que la comisaría se encontraba llena de gente.
Por otra parte, aseguró no haber visto a Chabán con posterioridad a la noche del 30 de diciembre y reiteró no conocer a Villarreal.
Preguntado el testigo si como conserje del hotel conoció personal de la Comisaría 7ma, relató que había policías de uniforme que pasaban en el horario de la noche por el hotel, permanecían un rato allí para “protegerlo” y luego se retiraban. En este sentido, no pudo precisar en qué Comisaría se desempeñaban, ni qué rango tenían.
Agregó que uno de ellos estuvo trabajando el día 30 de diciembre y aseguró que ayudó a trasladar a muchas víctimas.
A preguntas del Dr. Gutiérrez, refirió no haber visto a los integrantes del grupo “Callejeros” una vez desatada la tragedia.
Compareció ante estos estrados Víctor Ramón Fajardo, inquilino de un kiosco situado sobre la calle Bartolomé Mitre a pocos metros del local “República Cromañón”.
Manifestó que comenzó a trabajar ese comercio a partir de mediados del año 2003. Señaló que en el mismo se expedían bebidas no alcohólicas y productos comestibles. Asimismo disponía de dos cabinas telefónicas.
Indicó que tomó conocimiento del alquiler por intermedio de un aviso publicado en un diario en el que se consignaba, entre otros datos, que se encontraba en una terminal de ómnibus. Aclaró que este último aspecto no era cierto.
Dijo que suscribió un contrato de alquiler ante un escribano público y que en representación de la sociedad “Central Park” firmó el suegro de Levy. Le comentaron que Levy se negó a hacerlo porque no quería tener vinculación con la sociedad indicada. Aquella estaba integrada por la esposa y el suegro de Levy.
Agregó que mantenía con este último una buena y asidua relación.
Precisó también que el monto del alquiler pactado era de $ 800 mensuales, los que abonaba a Julio Garola, gerente del hotel lindero. Afirmó que los recibos eran suscriptos por aquél y que llevaban el membrete de “Central Park S.A.”.
Puso de relieve que el local no contaba con habilitación, motivo por el cual se contactó con un gestor a fin de iniciar ese trámite. Indicó que sin embargo no pudo comenzarlo porque no contaba con un plano del local conforme le fue requerido por “Habilitaciones” del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Aclaró que le solicitó a Olmos en varias oportunidades ese plano, pero que nunca le fue entregado. Puso de relieve que éste último le dijo que no se preocupara, que no iba a suceder nada, porque era una cuadra desierta. También le indicó que si alguien se presentara se lo informara.
Agregó que la agencia de viajes y el restaurante ubicados sobre la misma calle tampoco contaban con habilitación municipal. Puntualizó asimismo que “estimaba” que la cancha de fútbol que integraba ese complejo tampoco había cumplido con ese requisito.
Puntualizó que una vez fue visitado por una persona que se identificó como inspector municipal y que le requirió la planilla de habilitación del comercio. Ante la falta de ésta le fue labrada un acta de infracción.
Afirmó que según averiguaciones que realizó posteriormente, ese individuo no resultó ser un inspector, motivo por el cual el gerente del hotel le indicó que se despreocupara de ese tema.
Indicó que el acta labrada la guardó en su local y con fecha posterior a la tragedia se presentó a retirar sus pertenencias del kiosco, previa orden judicial. En ese acto le hizo entrega de ese documento a los policías que se encontraban allí.
En otro aspecto, relató que cuando tomó posesión de su comercio, el salón bailable del hotel se encontraba desocupado y que sólo esporádicamente se realizaba algún evento. Dio como ejemplos un recital de un grupo evangelista llamado “Rescate” y otro de “Cacho Castaña”.
Puso de relieve que asistió a ese último concierto por invitación de alguien del hotel. Dijo que todos los asistentes se encontraban sentados y que el número de espectadores ascendió a 800. Destacó que estuvo muy tranquilo y había poco personal de seguridad pues los asistentes eran en su mayoría personas de edad avanzada.
Resaltó que una parte del público ingresó a través de la puerta del estacionamiento y que ese acceso antes de inaugurarse “República Cromañón” lo había visto tanto abierto como cerrado.
Sin embargo, luego le comentó el gerente del hotel, que había sido cerrada por orden de Levy. Ello así, porque el ruido que trascendía desde el interior del local, molestaba a los pasajeros, quienes habían presentado quejas. Aclaró que esta circunstancia era un comentario generalizado y que estaba en conocimiento de todas las personas vinculadas al salón y al hotel.
Relató que luego del concierto de “Cromañón”, “Flavio” lo llevó a recorrer el local. Indicó que el horario de atención habitual del kiosco era desde muy temprano hasta las 21.00 horas.
Destacó que Olmos le informó sobre el alquiler del salón bailable, con la finalidad de que si lo deseaba pudiera trabajar hasta más tarde para atender al público que asistiría. Por ese motivo, los días que había recitales en “Cromañón” el comercio permanecía abierto hasta las 23:00 horas aproximadamente, momento en que normalmente daban inicio los conciertos.
La primera noche en que se realizó un concierto, Chabán se presentó en el kiosco y le dijo quien era. Luego lo vio esporádicamente en la puerta del local ordenando la fila de los asistentes.
Precisó que en la semana Mario se encontraba a cargo del local y realizaba la limpieza. Dijo que éste último le comentó que había ocurrido un incendio el día sábado anterior a los recitales de “Callejeros”.
También manifestó que conocía a Raúl Villarreal y señaló que creía que era el encargado de relaciones públicas del lugar. Destacó que mantenía con aquél una relación amistosa, cordial y constante.
Puso de resalto que al inicio de las actividades de “República Cromañón” la fila para ingresar se formaba hacia la esquina de la calle Jean Jaures. Sin embargo, ante las quejas de los dueños del “albergue transitorio” allí ubicado -obstaculizaba el ingreso-, comenzó a dirigirse hacia el lado contrario.
Finalmente, por consejo de personal policial que frecuentaba el lugar, la fila se realizó en la vereda de enfrente contra el paredón allí existente.
Señaló que el tránsito por la calle Bartolomé Mitre no era interrumpido, puesto que la cuadra donde se encuentra el local era de escasa circulación, máxime a la hora en que se llevaban a cabo los recitales.
Indicó que el personal de seguridad de Chabán vestía una remera negra con una inscripción que decía “control”; éstos se ocupaban de organizar las filas. Sin embargo, no recordó ninguna vestimenta especial de los empleados de seguridad de “Callejeros”.
Destacó que los portones violetas que dan a la calle del local “Cromañón” al principio los veía siempre abiertos y que luego los empezó a ver cerrados. Precisó que por ese acceso ingresaban los proveedores.
Se refirió luego al día 30 de diciembre de 2004.
Precisó que aquel día los jóvenes comenzaron a llegar a las 16:00 horas aproximadamente. Alrededor de las 19.00 horas arribaron un hombre y un niño pequeño quienes se ubicaron en la vereda de enfrente vendiendo remeras de la banda “Callejeros”.
Explicó que junto a ellos se situó otra persona que parecía de su conocimiento y que vendía elementos pirotécnicos.
Relató que alrededor de las 20:30 hs. Escuchó, desde una cabina telefónica de su kiosco, una conversación entre el vendedor de camisetas y su esposa. Durante esa charla le manifestaba que había comprado muchas bengalas y que le parecía que no iba a poder venderlas todas.
Puso de relieve que el vendedor de pirotecnia hacía demostraciones en la vía pública y que en una oportunidad casi impacta con esos elementos un colectivo de la línea que circulaba por esa calle.
Describió la pirotecnia utilizada como una cañita finita que disparaba hacia arriba unas “lucecitas” de colores.
Dijo que estos vendedores ambulantes permanecieron allí hasta que dio comienzo el recital. Aclaró que no los vio los días 28 y 29 de diciembre.
Con relación a la presencia policial expresó que en la esquina de la plaza se hallaba estacionado un camión de infantería desde las 19:30 hs. Expuso además que dentro del hotel había siempre dos policías uniformados. Aclaró que éstos habían sido asignados como custodia al hotel después de haberse producido un asalto.
Agregó que durante el día solían estar afuera, pero que las noches que había recital, se quedaban dentro del lobby para no suscitar inconvenientes con los jóvenes del público. Expuso que uno de ellos se llamaba Molina pero no pudo recordar el apellido de su compañero.
Afirmó también que Chabán tenía un empleado de “control” que era policía en actividad en otra jurisdicción. Describió a este individuo como una persona delgada de 1,78 m. de estatura y tez morena.
Indicó que dos integrantes del grupo “Callejeros” estuvieron comiendo panchos en su kiosco antes de que comenzara el show. También los acompañó durante un rato Patricio Santos Fontanet y un muchacho de 30 años quien le dijo que era el jefe de seguridad de esa banda.
Precisó que aquella noche a las 10:45 horas, mientras estaba en el kiosco, sintió como una explosión, un ruido fuerte de algo que se golpeaba. Explicó que posteriormente advirtió que era la gente que se golpeaba contra el portón grande que daba al estacionamiento.
Relató que se asomó a la vereda y observó que muchísimas personas salían por una puerta “chiquita”. En consecuencia cerró la persiana de su comercio y se dirigió al pasillo del estacionamiento a fin de averiguar qué había sucedido. Aclaró que en ese kiosco no se cortó la luz, pues contaba con un tablero independiente.
Destacó que les pidió a su mujer y su hijo que se fueran a su casa y que salió en busca del camión de infantería que había visto en la esquina anteriormente y ya no estaba allí.
Puso de relieve que junto con personal del restaurante del hotel ofreció agua a los jóvenes que salían “ennegrecidos” del interior del local.
Seguidamente se dirigieron al portón que daba al salón e intentó abrirlo con la ayuda de los bomberos y asistentes al recital.
Contó que uno de los bomberos golpeó la puerta con un hacha pero no le ocasionó ningún daño pues el portón era “como una fortaleza”. Señaló que con la ayuda de mucha gente lograron mover una de sus hojas cerca de 7 cm. y que a través de allí salió un humo negro y tóxico.
Resaltó que el día 30 no vio a Chabán en ningún momento y que a los integrantes de la banda no los vio después de la tragedia.
Compareció ante estos estrados Leandro González, quien trabajó en “República Cromañón” el 30 de diciembre de 2004.
Manifestó que fue convocado para prestar servicios en ese local el 25 de diciembre de 2004 por su primo Héctor Damián Albornoz, quien le indicó que debía realizar tareas de control.
Su función específica para el día indicado, era permanecer en la puerta del local y evitar que se acumulara gran cantidad de gente en la boletería. Sin embargo, el día 26 se ocupó del “cacheo” el que efectuó en la entrada del pasillo de acceso de color amarillo.
Expuso que el salario que le ofrecieron era de $ 25 ó $ 30 por jornada y que le era abonado por Mario Díaz. Agregó que recibía órdenes de éste último y de Juan Carlos.
Puso de relieve, asimismo, que no recordaba haber recibido alguna directiva específica sobre el estado en que debían permanecer las puertas de acceso al salón durante el espectáculo.
Sostuvo que sólo se le informó las tareas que debía desarrollar, mas no le mostraron el interior del local, ni los elementos de los que disponía para la extinción de un incendio. Destacó que no tenía ninguna capacitación previa para ese tipo de trabajo.
Afirmó que el día 26 hubo un incidente en una barra debido a que una persona se había subido sobre ella y se negaba a bajar. Por ese motivo, su primo fue a buscarlo al pasillo y luego de una charla lo convencieron para que descendiera. Seguidamente volvió a su puesto de trabajo.
Señaló que para el segundo show de “La 25” se le indicó que debía mejorar el “cacheo”. Las instrucciones precisas que le impartieron fueron que debía palpar bien el cuerpo, así como también revisar los caños de las banderas, los bolsos y las zapatillas –sin hacérselas quitar-. Asimismo, tenían que extraer y colocar en una bolsa negra todos los elementos pirotécnicos o cortantes incautados.
Aclaró que si bien habitualmente los músicos integrantes del grupo no eran revisados por el personal de seguridad, sí lo eran sus ayudantes. Contó que el día 26 se suscitó un problema con uno de ellos porque se negaba a mostrar el contenido de su bolso.
Precisó también que uno de los días en que tocó el grupo “La 25” se produjo un principio de incendio en “República Cromañón”. Expuso que se encontraba en la puerta del local y desde allí percibió el humo y la gente que egresaba.
Dijo que le informaron que el foco ígneo se habría originado por la acción de un elemento pirotécnico y que fue sofocado fácilmente con vasos de agua.
Relató que en un principio no fue llamado a trabajar para los recitales de “Callejeros” porque ese grupo, según le había comentado Mario Díaz, llevaba su propio personal de seguridad.
Sin embargo, el día 29 fue convocado nuevamente debido a que necesitaban una persona para controlar los baños y la barra. Asimismo Mario Díaz le indicó que si advertía jóvenes encendiendo pirotecnia dentro del salón, debía quitársela, mas no expulsarlos de aquel recinto.
Contó que el 30 de diciembre de 2004 arribó a “Cromañón” a las 19.00 ó 20.00 horas y que ya había gente sentada en la vereda de enfrente.
Inmediatamente ingresó junto con su primo y se dirigió a la barra trasera, donde mantuvo con sus primos y Bordón una conversación respecto de la forma de organizarse para casos de incendio, como el que había ocurrido días antes.
Puso de resalto que en un momento de la noche salió del salón junto con Juan Carlos Bordón a fin de buscar una bolsa con productos comestibles navideños que se hallaban en el automóvil de Yamil Chabán. Egresó a través de uno de los portones violetas grandes.
Puntualizó que cuando reingresó al hall fue detenido por el personal de seguridad de “Callejeros” quienes no le permitían volver a entrar. En consecuencia, intervino Bordón y les indicó que él era un empleado del local y le exhibió el “cartelito” que llevaba prendido en su vestimenta.
Dijo que durante el transcurso de la noche vigiló la barra y los baños alternadamente y que en el momento del inicio del fuego se encontraba en el primer piso.
Señaló también que Omar Chabán se dirigió al público y les solicitó que no prendieran bengalas. Además el mismo hizo referencia a lo sucedido en la República del Paraguay.
Observó en la parte trasera del techo varias candelas que se incrustaron en la media-sombra y provocaron, en sólo unos segundos, un foco ígneo.
Seguidamente, comenzó a desprenderse del cielorraso plástico con fuego y en consecuencia decidió refugiarse en los baños. Allí quedó atrapado un rato durante el cual fue disminuyendo la intensidad de la luz hasta que ya no pudo ver nada. Agregó que al tratar de refrescarse un poco en el baño de mujeres, comprobó que se había cortado el agua corriente.
Puso de relieve que tampoco se podía respirar en los sanitarios, y que por ese motivo decidió bajar a la planta baja, donde estuvo deambulando en busca de la salida. En un momento cayó al piso y se desmayó.
Finalmente se recuperó y logró acceder a la vía pública. Un rato después, con la ayuda de un compañero, fue trasladado a una ambulancia.
Asimismo, prestó declaración testimonial la testigo Avelina Rosa Cáceres, quien, al ser consultada por el grado de conocimiento que posee de los acusados, explicó que a Omar Emir Chabán lo conoce desde que comenzó a trabajar bajo sus órdenes en el local “Cemento” en el año 1985.
También manifestó que conoce a Raúl Alcides Villarreal, a quien calificó como “compañero de trabajo” y que se desempeñaba en las boleterías del local antes aludido.
De los demás imputados, dijo que sólo conoce a Patricio Fontanet por ser el cantante de la banda “Callejeros”.
Sobre la función que cumplía en “Cemento”, la declarante explicó que en un principio estaba encargada de los baños, pero después se desempeñó en el guardarropa.
Aclaró que su traslado a “Cromañón” se supeditaba a ocasiones especiales –cuando se esperaba la concurrencia de mucho público por ejemplo-. La primera vez que ocurrió aquello fue para la inauguración, es decir, en el mes de abril del año 2004.
Si bien hacía lo que le pedían, generalmente se ocupaba de la venta de panchos. De todas formas, como siempre era de las primeras en llegar, se hacía cargo de la limpieza de la barra.
Destacó que de las cuatro barras que disponía “Cromañón”, ella se ubicaba en la principal.
No supo precisar si el local tenía seguridad propia.
En lo que respecta al día 30 de diciembre, relató que al llegar -seis de la tarde aproximadamente- había personal de seguridad controlando el acceso -señaló su ingreso por la puerta chica que está inserta en una de las hojas de las puertas principales-.
Dijo que Omar Chabán siempre pedía que no se arrojara pirotecnia. Los tres días que tocó “Callejeros” no se detonó gran cantidad.
Si bien no se habló por dónde se ingresó aquello, dijo que en el cacheo se controló porque estaba prohibido entrar con fuegos de artificio.
En esa dirección afirmó que Chabán cuidaba mucho a los chicos; lo calificó como una persona de mucho corazón.
A su entender los encargados eran Mario Díaz y Juan Carlos Olmos; ella no sabía dónde estaban las llaves.
Sobre las medidas de seguridad, dijo que el lugar contaba con carteles de salida y que había matafuego atrás de la barra. También aseguró que había mangueras.
Detalló que el 30 de diciembre había poca gente y todo estaba tranquilo, agregando que del medio del salón alguien arrojó bengalas. Más aún, consideró que ese día en particular fue el que menos público concurrió “porque los chicos no tenían más plata, entonces no podían volver”.
Si bien en un principio creyó que iban a apagar el fuego, luego se asustó y se ubicó detrás de una valla. Salió con los chicos como pudo.
Precisó que había humo, no fuego; y que eso impidió que la gente respirara y observara con facilidad.
También explicó que ese día Omar Chabán estaba operado de un pie, lo que le impedía caminar. Afuera lo vio a Raúl Villarreal y le pidió ayuda para ingresar a buscar sus zapatos porque no la dejaban. De todas maneras quiso entrar, pero en el piso había mucha agua y vidrios rotos.
Con el objeto de ayudar a la memoria de la testigo, se hizo lectura de la declaración que luce a fs. 45.912 vta. del principal, precisamente del fragmento que comienza a renglón 14. Merced a ello recordó que Chabán, al momento de gestarse el incendio, apagó la consola de sonido y corrió al sector donde estaba la manguera. En ese momento lo perdió de vista porque se cortó la luz.
Durante el transcurso de la audiencia de debate, Fausto Hernán Lomba expresó que es manager y miembro fundador del grupo musical “Catupecu Machu”.
Aclaró que en los orígenes de la banda se encargaba de operar las luces y que “Beto” cumplía la función de manager.
A Omar Chabán y a Raúl Villarreal los conoce de “Cemento”, donde el grupo hizo varios shows.
En ese entonces, la banda tenía escasa convocatoria -“under”-, tocaban a las 2:30 o 3:00 horas de la madrugada en el local “Cemento”, que era “uno de los pocos lugares para el rock”.
Las entradas en los años 1998, 1999 y 2000 costaban cinco o seis pesos. Posteriormente, subieron a nueve o diez pesos.
Nunca firmaron contratos con Omar Chabán y el acuerdo consistía en pagar todos los gastos para luego repartir el resto del dinero recaudado en un setenta por ciento para los artistas y un treinta por ciento “para el local”.
En todos los espectáculos que hicieron en “Cemento” se repartieron las ganancias de la misma manera.
En el rubro gastos se incluía todo y las liquidaciones eran muy informales, se hacían en cualquier papel o en servilletas.
Dijo suponer que dicha modalidad era el “modus operandi” de Omar Chabán y que tenía entendido, aunque no pudo aseverarlo, que las bandas chicas no firmaban contratos.
Omar Chabán le inspiraba confianza y en el rubro gastos se incluían los efectuados por la banda y los correspondientes a la seguridad, aunque en esa época no llevaban más de mil personas.
La venta de entradas se hacía en varios lugares y el promedio de público de la banda era de setecientas u ochocientas personas.
Omar Chabán les decía que podían entrar dos mil personas, pero el grupo nunca convocaba más de mil.
La seguridad se circunscribía a la puerta de ingreso y al vallado. El local tenía un empleado –apodado “Chiquito”- avocado a dicha tarea.
Siempre llegaban a un acuerdo respecto a la seguridad y en la mayoría de las ocasiones se arreglaron con el personal del local porque eran una banda “under”.
Sólo en algunas oportunidades la banda llevó dos o tres personas “para el vallado del público”.
Agregó que siempre había un patrullero en la puerta de “Cemento” y que en el rubro gastos se incluía un ítem por “policía”, donde siempre figuraba el mismo importe.
No recordó si el costo por el personal policial eran cincuenta, cien o doscientos pesos.
Dijo ignorar si el patrullero aludido pertenecía a la jurisdicción del local ni si la suma de dinero que figuraba en los “gastos” correspondía a la presencia del móvil policial y si éste estaba afectado a un servicio adicional.
Asimismo, expresó que desconocía si la policía cobraba lo que figuraba como gasto y que dicha cuestión era manejada por Omar Chabán.
No recordó haber visto en “Cemento” a inspectores del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Raúl Villarreal siempre estaba en la caja y era la persona de confianza de Omar Chabán en la venta de entradas.
Recordó que se participaba en las reuniones en que se practicaban las liquidaciones, aunque “el número final” lo arreglaba con Omar.
Luego, cuando la banda se hizo más popular, dejaron de tocar en “Cemento” y empezaron a acordar los shows con productoras que tienen una estructura y se ocupan de sacar permisos, de la publicidad y se encargan de la seguridad, incluyendo policía, ambulancias, bomberos y defensa civil.
Puntualizó que la productora chequea todo lo referido a los matafuegos y las mangueras.
Sostuvo que ello les permitió dedicarse exclusivamente a la parte artística y que empezaron a presentarse en lugares “muy establecidos”, como el “Luna Park” y “Obras”.
En dichas ocasiones, la seguridad siempre la hicieron con una productora, que identificaba al personal con chalecos que lucían la leyenda “control” o “seguridad”.
Cuando tocaban en “El Teatro”, sito en Federico Lacroze y Álvarez Thomas, se ocupaba de verificar las salidas y consensuaba los puntos correspondientes a la seguridad del espectáculo.
Agregó que los dueños de dicho local pertenecían a una productora, se encargaban de la seguridad y se firmaban los contratos correspondientes.
Puntualizó que los términos “control”, “prevención” y “seguridad” tienen el mismo significado y que algunos prefieren utilizar uno de los dos primeros vocablos porque suenan menos agresivos para el público.
Considera que Omar Chabán es un histórico del rock porque generó mucho espacio para los jóvenes y para ese tipo de música.
Estimó que la existencia del noventa por ciento de las bandas de rock se debe a la actividad desarrollada por Omar Chabán.
Sostuvo que “Catupecu Machu” no tocó en “República Cromañón” porque Omar Chabán no se puso a la altura de las circunstancias de una banda grande y se seguía manejando como en “Cemento”, no tenía estructura.
Tampoco le gustaba la zona y estaban cómodos con las nuevas productoras.
A Omar Chabán siempre lo vio “medio bizarro”, “nunca pudo decir el rock creció y yo también crezco”.
Añadió que lo observaba como el pasado “under” de la década del “ochenta”, cuando a los “Ratones Paranoicos” iban a verlo cien personas.
En “Cromañón” se podía ganar más dinero porque era como “Cemento” pero “más grande” y Omar Chabán le ofrecía participar con un porcentaje mayor de las ganancias.
En “Obras” todo era más caro, tanto la publicidad, como el sonido y las luces, pero la banda no buscaba dinero exclusivamente y las productoras le brindaban más servicio.
Omar Chabán los llamaba para que tocaran en “Cromañón” y en una oportunidad le dijo que estaba enojado porque no se presentaban en ese local, cuando él los había hecho crecer.
Pese a que “en algún punto tenía razón” prefirió no concurrir a dicho local, atento que la banda estaba bien, trabajaban con una productora que sabía hacer el trabajo y estaban avocados a la parte artística.
Considera que a Omar Chabán “Cemento” le quedó chico porque las bandas se le iban a “Obras”. Quería competir con “Obras” y le decía que en “Cromañón” entraban cuatro mil o cinco mil personas.
Respecto a su actividad, manifestó que se desempeña como manager de “Catupecu” desde 1998 y que dicha banda dejó de ser “under” en el 2001, con la venta del álbum “Decapitados”.
Cuando la banda creció decidió no tocar más en “Cemento” porque era un lugar feo, desagradable y el grupo manejaba otras posibilidades.
Explicó que en el 2001 tocaron en “Obras”, ante cuatro mil o cinco mil personas y ello, en la década del ´90, significaba consagrarse.
En dicho lugar no mantuvo contacto con funcionarios del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y desconoce si Blander, quien respondía a la productora y se encargaba de la seguridad, atendió a algún inspector.
El manager de una banda grande tiene que ser “un poco de todo”, abogado, contador, publicista y atender las relaciones publicas.
Además, debe ocuparse se chequear la seguridad del espectáculo y el trato con el público.
Respecto a la cantidad de concurrentes, sostuvo que el manager es responsable del lugar que elige y que la semana pasada suspendió un show que era para cinco mil personas e iban asistir unas treinta mil.
Dijo haber tomado dicha medida porque no tenía garantizada la seguridad del espectáculo y por respeto al público.
A veces las bandas llegan a un acuerdo con una productora y venden los shows.
“Catupecu Machu” tienen un manager y un productor manager, porque ello le permite delegar algunas tareas y enfocarse más en el negocio y no estar preocupándose si las vallas están bien colocadas.
En el 2004 la banda convocó aproximadamente siete mil u ocho mil personas en el “Luna Park”.
Precisó que la seguridad se vuelve importante cuando la banda crece y que la mayor cantidad de público agrega incertidumbre respecto al buen resultado de las tareas correspondientes a la organización del show.
El público de “Catupecu” es muy enérgico y “poguero”; pero no usaba pirotecnia y ese comportamiento coincidía con “la línea que bajaba del grupo”.
Sabían que utilizar fuegos artificiales en un concierto de la banda era desubicado y no era festejado por los artistas.
Cuando tocaban en “Cemento” era habitual que el público quiera subir al escenario, porque el cantante los invitaba a hacerlo con la letra de una canción.
Luego, cuando crecieron, dejaron de tocar el tema.
Explicó que los seguidores entienden lo que el artista quiere y que en una presentación en “El Teatro”, cuando el grupo estaba en el camarín, escucharon que el público que estaba “abajo” insultaba a los que estaban en “la platea de arriba” y al salir al escenario el cantante les dijo que no quería que se manifestaran de esa manera y no volvió a ocurrir un episodio similar.
Desde 1999 hasta el 2001 aproximadamente el grupo usó pirotecnia en frío, que era apta para lugares cerrados.
Su uso respondía a una decisión artística y cuando creyeron que había cumplido su etapa, dejaron de usarla.
Cuando tocaron en el “Luna Park” y en “Obras”, se descartaba de plano la utilización de pirotecnia. Igualmente, como “el perfil” del grupo era conocido, no hablaban mucho del tema.
Recordó que en una oportunidad vio que en un show de “Catupecu” un concurrente utilizó “alguna bengala”, pero no era algo común de su público.
Por el contrario, afirmó que el uso de bengalas por parte de los seguidores era usual en muchas bandas de rock, que por lo general tenían otro estilo de música o género y otro público.
Escuchó comentarios que muchos grupos accedían a esa comunicación con la gente y que las llamaban bandas “bengaleras”.
Expuso que nunca compartieron escenario con “Callejeros” y que en un momento dicha banda empezó a llevar más asistentes que “Catupecu Machu”.
Considera que “Callejeros” hace “rock and roll clásico” y “Catupecu Machu” rock.
Precisó que el público de las bandas mencionadas es distinto y que los seguidores de “Catupecu” pertenecen a todos los ámbitos sociales y no tratan de generar tribus o grupos, como acontece en otros “géneros” musicales.
A preguntas de las partes, respondió que en general vende el show y a veces acuerda “un porcentaje”.
Cuando se realiza contrato por bordereaux y luego el espectáculo ocasiona pérdidas, la situación se resuelve según la modalidad acordada previamente.
En caso de tratarse de una productora, se puede pactar la realización de otro show.
Si la banda vende el espectáculo, el pago a SADAIC le corresponde al productor.
Por el contrario, si rige un contrato por bordereaux, el pago al sindicato referido se refleja en el rubro “gastos” y el manager debe controlar dicho desembolso.
En oportunidad de ser oída, Delia Yolanda Mangiarotti sostuvo que a Diego Argañaraz lo conoce porque su hija, Romina Branzini Mangiarotti –fallecida el 30 de diciembre de 2004 en el local “República Cromañón”-, era su esposa.
Refirió que a Chabán y al resto de los integrantes de “Callejeros” los conoce de vista.
Con relación a Argañaraz, manifestó que conoció a su hija cuando tenía 13 o 14 años y que tiempo después se encontraron en un colectivo y Romina lo invitó a su casa. En esa oportunidad Diego les manifestó que era manager de “Callejeros”.
Dijo que concurrió a los recitales que la banda brindó en “Obras”, “Cromañón”, “Cemento” y “El teatro”, siendo que la utilización de pirotecnia era común en los espectáculos. Puntualizó que en caso de “República Cromañón”, la utilización de bengalas era “muchísima” y en el lugar no se podía respirar por la cantidad de humo.
A preguntas que le formuló el Dr. Poplavsky, refirió que en “Cemento” había una mujer en la entrada que la hacía pasar, alguien de prensa; en “Cromañón” pasaban directamente.
Agregó que cuando la banda tocó en “Obras”, Fontanet se dirigió al público para que dejaran de tirar pirotecnia, a lo que la gente le restó importancia y continuó utilizándola.
En esa oportunidad habló con Argañaraz y le dijo que se había asustado mucho, a lo que éste le contestó “no pasa nada, es cosa de chicos” y se sonrió.
Refirió que a Lorenzo Bussi lo conoció en “Asbury”, que se lo presentó Argañaraz como el jefe de seguridad de la banda.
Asimismo, hizo saber que recordaba que en varias oportunidades Diego hacía sonar sus dedos y automáticamente se le acercaban dos o tres personas.
Manifestó que su hija concurrió a los recitales que la banda brindó en “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004. Que después de transcurrido el primero de los eventos mencionados, Romina llegó a su casa muy alterada y le dijo que la había pasado mal “por el tema de las bengalas”.
Sostuvo que en “Obras” se utilizó pirotecnia, que fue impresionante y que “era una lluvia de fuegos”.
Manifestó que cuando concurrió a “Cemento” fue al VIP y que el humo de las bengalas te ahogaba. En esa oportunidad, cuando se dirigió afuera del lugar, pudo observar en la esquina del local la presencia de un carro de asalto de la Policía Federal.
Refirió que con posterioridad al 30 de diciembre de 2004, Argañaraz concurrió a su domicilio para buscar su alianza de casamiento. En esa ocasión le manifestó al nombrado que no tenía la culpa y que no iba a ir preso.
En el caso de “Cromañón”, manifestó que para acceder al VIP había vallas y una persona de control que autorizaba el ingreso.
A Argañaraz le advirtió por el uso de pirotecnia, pues era una cuestión de sentido común. Manifestó que estaba asustada y se lo dijo.
Agregó que Lucas Hasmat vendía entradas en “Locuras” y que también colaboró para la realización de un recital a beneficio porque era íntimo amigo de Argañaraz. En varias oportunidades Lucas le comentó que había advertido a Diego acerca de la peligrosidad de la utilización de pirotecnia.
A preguntas del Sr. Fiscal, manifestó que en una oportunidad pudo observar que en la computadora de su hija había dos modelos de contratos en blanco, en formato Excel, uno de los cuales se titulaba “contrato Cromañón para dos fechas en mayo”. Diego le dijo que “llevaba un registro de las entradas que se vendían en Locuras”.
Recordó que en una oportunidad -cuando se dirigía en colectivo hacia el barrio de Once debido a una convocatoria que habían realizado los padres de los chicos fallecidos en “Cromañón”-, recibió una llamada telefónica proveniente del celular de Argañaraz y, al atender, pudo advertir que quien la llamaba era Lucas Hasmat.
Éste le preguntó a qué hora iba a retornar a su domicilio a lo que le contestó que no sabía. Frente a ello, Lucas le manifestó que, junto a Diego Argañaraz, querían llevar la computadora de éste último a su casa “por las dudas”. Presintiendo que algo “malo” estaba sucediendo, cortó la comunicación.
Posteriormente, cuando llegó a Once, llamó al celular de Argañaraz y al atender Lucas la dicente le preguntó “que quiso decir” en la comunicación anterior y Hasmat le contesto “perdón, nada, nada” y le cortó.
Refirió que con posterioridad al 30 de diciembre de 2004, aproximadamente dos años después, se reunió con Hasmat en un bar en flores, cerca del local de “Locuras” y éste le manifestó que la realización de las remeras estaba a cargo del local y que cuando le advirtió a Argañaraz sobre el uso de bengalas, éste le restó importancia.
En oportunidad de ser oído, César Ismael Branzini sostuvo que a Diego Argañaraz lo conoce porque su hija, Romina Branzini Mangiarotti –fallecida el 30 de diciembre de 2004 en el local “República Cromañón”-, era su esposa; al resto de los integrantes de “Callejeros” los conoció en el año 2001.
Manifestó que Argañaraz era el manager de la banda y que presenció los recitales que los músicos brindaron en “Obras Sanitarias”, “Cemento” y en el “Luna Park”; destacó que en todos esos espectáculos pudo observar la utilización de pirotecnia.
Recordó que su yerno le había referido que tuvo una reunión con Omar Emir Chabán el 29 de enero del año 2004, oportunidad en la que éste último le manifestó que quería que “Callejeros” inaugurara “Cromañón” y que el lugar era lindo, grande y con buena acústica.
Asimismo, hizo saber que durante el espectáculo que la banda brindó en el estadio de “Obras”, Patricio Santos Fontanet se dirigió al público y les manifestó que “pararan con la pirotecnia”, que dos chicos habían sido sacados del lugar por el humo. A pesar de la advertencia, los concurrentes continuaron utilizando bengalas.
A preguntas que le formularon los Dres. Rico y Poplavsky, refirió que a Lorenzo Bussi no lo conoce y que no recuerda que se lo hayan presentado.
Agregó que nunca habló con Argañaraz respecto de la utilización de pirotecnia durante los recitales y que con posterioridad al 30 de diciembre de 2004, le preguntó por qué habían ido a tocar a “Cromañón” si días antes de los espectáculos que brindó “Callejeros” el lugar se había prendido fuego. Ante ello, Diego le respondió que “Chabán le dijo que no se iba a prender fuego”.
Asimismo, hizo saber que también le consultó por qué después de haber tocado en el estadio de “Excursionistas” iban a tocar en un lugar más reducido que se iba a desbordar, a lo que Argañaraz nunca respondió.
Refirió que con posterioridad a la tragedia recibió amenazas telefónicas en el domicilio de su padre, cree que por los comentarios que hacía en la prensa. Habló con Argañaraz y lo puso en conocimiento de los hechos, manifestándole éste último que “iba a hablar con su gente para que no ocurra”. Agregó que cuando Diego se refería a “su gente” lo hacía en relación a las personas más allegadas a su entorno, que conformaban los grupos de seguidores “El fondo no fisura” y “La familia piojosa”.
A preguntas que le formuló el Dr. Iglesias, manifestó que “Callejeros” consiguió un contrato de exclusividad con la discográfica gracias a Chabán.
Agregó que Argañaraz y Patricio Santos Fontanet conocían “Cromañón” con anterioridad a los recitales que la banda brindó en diciembre de 2004 porque Chabán les mostró el lugar. Hizo saber que en una oportunidad Diego le refirió que tocaban en el local porque tenían que pagar una deuda moral con éste último.
Refirió que nunca presenció los ensayos de la banda, que jamás concurrió a “República Cromañón” y que se comentaba que la banda había vendido alrededor de 3.500 entradas para los recitales.
Con relación a “Lucas”, manifestó que era un empleador de “Locuras”, encargado de vender remeras en los recitales y que desconocía si tenía algún trato económico con los integrantes de la banda.
Finalmente, sostuvo que la banda realizaba filmaciones de los shows y que tenían seguridad privada cuando tocaron en el estadio de “Obras”.
Fue citada a prestar declaración en el juicio Aldana Aprea, quien previo a comenzar con su relato, explicó que conocía a los imputados Omar Chabán y Raúl Villarreal por haber realzado trabajos en el local denominado “Cemento”. También a los integrantes del conjunto musical “Callejeros”, toda vez que se desempeñó como “prensa” de dicha banda.
Indicó que desde hacía quince años que se desempeña en el rubro de comunicación, relacionando a los grupos de rock con los medios de prensa. Trabajó como productora en la radio “Rock and Pop”, para la parte de prensa de la productora “MTS” y “Los violadores”. En cierta ocasión le presentaron a Diego Argañaraz, quien por ese entonces estaba buscando una persona que pueda darle ese tipo de contactos a “Callejeros”.
Ello sucedió en el año 2002 y la primera tarea que efectuó fue promocionar un video cuyo nombre no recordaba y que el grupo había realizado en esa época. Enseguida, la banda sacó su segundo disco, titulado “Presión” y la idea fue difundir la edición de ese compacto, lo que así sucedió –en ese momento la banda pegó el “salto” y el disco fue presentado en el recital de “Atlanta”-.
Ese crecimiento se vio plasmado en cuanto a la cantidad de gente que llevaban, comenzó la difusión de la banda en distintas radios, comenzaron a trabajar con un sello discográfico – Pelo Music- y en las publicidades. Aclaró que, a medida que la banda crecía, no hubo cambios significativos en cuanto a la organización de los recitales.
Con posterioridad a ello, se dedicó a comunicar la realización de los shows del grupo a través de una gacetilla que confeccionaba. Durante los espectáculos la tarea suya consistía en trabajar en la entrada para verificar las listas de acreditados de prensa, como así también la lista de invitados de la banda.
Relató que se encargaba de “filtrar” los pedidos de entrevistas para luego consultar sí darían o no las seleccionadas.
Señaló que el contacto con Diego Argañaraz lo mantuvo a través de Mariano Leggio, quien era un muchacho que trabajaba en sonido. Esa persona una vez la invitó a un show que “Callejeros” brindó en la localidad de Ramos Mejía. En esa oportunidad, le comentó a Argañaraz los pormenores de su trabajo y llegaron a un acuerdo.
Dijo que se desempeñó para distintas bandas, como ser “Nativo”, “Karamelo Santo”, entre otras. Sus labores podían consistir en hacer prensa para un evento determinado o en forma permanente para un grupo, como ocurrió en el caso de “Callejeros”.
En general sus tareas eran remuneradas con una suma fija pactada de antemano al finalizar el show. A veces recibía un plus, si el espectáculo había sido bueno. Explicó que, en gran parte, esa suma dependía del lugar en donde se realizaban los recitales. En algunos eventos cobró 100 pesos, en otros, como por ejemplo el realizado en “Obras”, percibió 300 pesos y en “Excursionistas” alrededor de 400. El dinero lo recibía de manos de Argañaraz.
En otro aspecto, indicó que según le comentó el propio Diego Argañaraz, las decisiones de la banda se tomaban de manera conjunta. Se juntaban en un lugar determinado y todos decidían.
Así, por ejemplo, cuando se comunicaba con Argañaraz para decirle que algún medio periodístico estaba interesado en realizarles alguna nota, éste le contestaba que tenía que hablar el tema con el resto de los integrantes del grupo.
Señaló que generalmente las reuniones se efectuaban en la sala de ensayos y generalmente la decisión le era avisada a través de Argañaraz o Eduardo Vázquez, con quienes tenía mayor contacto. Estimó que consideraba que las determinaciones se tomaban por mayoría, aunque no podía precisarlo. Discutían, sacaban una conclusión y luego se la trasmitían.
Con respecto a Vázquez, indicó que hasta que se hizo cargo de la parte de prensa de la banda, era el nombrado quien estaba más relacionado con los temas de prensa y quien hacía la “movida de prensa”. Agregó que de alguna manera desligó esa tarea en ella.
Resaltó que según lo que tenía entendido todo lo referente a los shows, como ser la contratación de gente o de equipos, lo decidían de manera conjunta; ello sin perjuicio de que Argañaraz si surgía algo en el momento tenía autoridad para decidir.
Indicó que si bien no presenció muchas reuniones, sí vio que todos discutían. Alguna vez estuvo presente en charlas sobre notas a medios de comunicación y esa era la modalidad.
El grupo no acostumbraba a dar muchas entrevistas; incluso había una orden genérica de que al Suplemento “Sí” del diario “Clarín” no se le iban a otorgar notas, porque en los comienzos de la banda ese diario no los había tenido en cuenta; si en cambio se efectuaron con las revistas “El acople” y “Soy Rock”.
Expuso que no recibía directivas con relación al modo en que tenía que efectuar su trabajo como prensa. Simplemente la llamaban, le hacían saber los detalles del show y se encargaba de redactar la gacetilla correspondiente y de difundirla en los medios.
Expresó que esa gacetilla no era sometida a control de la banda; aunque sí se la remitía. La confeccionaba y la difundía. Había confianza en su trabajo y nunca recibió críticas. A veces se las mandaba previamente al grupo, le decían que estaba todo bien y las enviaba a los medios. Generalmente las mismas eran referentes a shows, lanzamiento de algún disco o alguna actividad similar.
En otro orden, dijo que la banda tenía una página de Internet, pero que no estaba a cargo de su edición ni tampoco sabe quien la manejaba, razón por la cual no pudo dar mayores precisiones sobre este punto –como por ejemplo si las gacetillas eran plasmadas en el sitio web-.
Expresó que concurría a los recitales del grupo. Asistió a los realizados en “Atlanta” –en junio de 2003-, “Hangar”, “Asbury”, “Cromañón”, “Cemento”, “Excursionistas”, “Obras”, uno brindado en la ciudad de La Plata, entre otros.
Durante los espectáculos permanecía en las boleterías con las listas de invitados, tanto la correspondiente a los familiares y allegados de la banda –el propio grupo se la proporcionaba-, como aquella relativa a los medios de comunicación –la confeccionaba ella misma-.
Con relación a ésta última, dijo que se invitaba a distintos medios, como ser la “Rock and Pop”, “Mega”, “Suplemento Joven” de Página 12, “El Acople”, “Soy Rock”, “Rolling Stones” y también a radios barriales o de segunda línea.
Aclaró que no tenía nada que ver con la tarea de recaudación. Solamente acreditaba invitados y medios de prensa y el lugar físico donde se situaba podía variar según el local. Por ejemplo en “Cemento” se ubicaba en la puerta; en “Cromañón” en las boleterías –en este último sitio a los acreditados se les entregaba una “pulserita” para distinguirlos y podía acceder al sector VIP-; en la escalera correspondiente se apostaba personal de seguridad-. Agregó que generalmente Eduardo Vázquez le daba la lista de invitados del grupo.
Por otra parte, explicó que la banda fue creciendo a lo largo del año 2004 y con ello su actividad de prensa. Así, por ejemplo, el primer show que el grupo brindó en “Cromañón” fue en abril de ese año y en mayo hubo que agregar dos fechas más por la cantidad de público que llevaban.
De igual forma, para el recital de “Obras”, las entradas se habían agotado un mes antes del evento, por lo que se agregó un segundo espectáculo en el mismo lugar.
Ya para el show que se hizo en el estadio de “Excursionistas” el grupo convocó entre 15 y 17 mil personas, de acuerdo a un cálculo que le comentaron. Con respecto a este último recital, manifestó que la organización se encontraba divida entre la empresa MTS y Callejeros. Asismimo, indicó que la seguridad siempre se encontraba identificada con remeras o pecheras con la inscripción control o seguridad “Callejeros”. Preguntada por sí durante el ingreso a ese show se secuestro pirotecnia, refirió que se encontraba lejos del sector de las puertas y no pudo ver nada.
Manifestó que muchos promotores del interior, a quienes les llegaban las gacetillas, se comunicaban con ella para poder lograr un contacto con el manager
Dijo que no concurría a los recitales realizados en el interior, sólo los difundía.
Respecto del uso de pirotecnia en los recitales, dijo que siempre el público empleó ese tipo de elementos. En una charla luego de un show brindado en diciembre de 2002 en un local del barrio de “Caballito” que era cerrado y subterráneo, Diego Argañaraz se había quejado por la cantidad de bengalas y porque el humo no permitía ver el espectáculo. Agregó que en todos los recitales a los cuales acudió se utilizaron bengalas.
En una entrevista con la revisa “El Acople” se trató el tema y si bien por el lado de la banda se aducía a la cuestión relativa a la falta de visibilidad de las escenografías por el humo, por otra parte reconocían que las bengalas le daban “color al show”.
Volviendo al tema de la gacetilla que confeccionaba, dijo que hacía una previa y otra posterior al recital. Ésta última consistía en una reseña de lo que había sucedido durante el espectáculo y anunciaba el próximo evento.
Así, por ejemplo, expuso que en la gacetilla que efectuó con motivo del recital de “Excursionistas”, como se trataba de un lugar al aire libre, dedicó un pasaje donde hizo mención a que el público con sus banderas y bengalas había hecho del show una fiesta. Comentó que fue confeccionada los días previos al recital.
Exhibida que le fue la pieza documental obrante a fs. 3199, dijo que esa era la gacetilla a la que hiciera referencia y que el extracto que mencionara se corresponde con el tercer párrafo.
Señaló que no recordaba haberle mostrado previamente el panfleto a la banda, pues como antes explicara generalmente la confeccionaba y la difundía directamente; de todos modos dijo que realizó el trabajo porque sabía que el grupo estaba de acuerdo con las bengalas y banderas.
Las gacetillas las trasmitía a una lista base de mails, que se fue acrecentando a medida que la banda crecía; lo mismo sucedía con la propagación en los medios. Para el recital de “Obras” también confeccionó una, aunque no recordaba haber hecho mención a las bengalas en esa ocasión, ni en ninguna otra a excepción del evento de “Excursionistas”.
Relató a modo de ejemplo, que en los últimos recitales del 28, 29 y 30 de diciembre, específicamente en el recital del 28 de diciembre, se encendieron muchas bengalas. Prácticamente no se veía nada y eso era una lástima porque no permitía apreciar la escenografía.
A raíz de ello, manifestó que le comentó a Diego -en presencia también de Lorenzo Bussi- que creía que no podían seguir tocando en lugares cerrados; porque algún día podría pasar algo o “les va a ir mucho humo”, a lo que Argañaraz contestó “y bueno Callejeros es así”.
Agregó que todas las veces que habló con los integrantes de la banda le daban a entender que estaban de acuerdo con el uso de bengalas.
Respecto del tipo de pirotecnia, dijo que siempre observó bengalas. A raíz de ello, el comentario fue que el día 29 se iba a intensificar el cacheo de los concurrentes.
En otro aspecto, indicó que conocía a Lorenzo Bussi como el jefe de seguridad de “Callejeros”. Así se lo presentó Diego Argañaraz, quien además le comentó que siempre trabajaban con la misma gente de seguridad. Asimismo, le comentó quien era el sonidista y el iluminador, y resaltó que intentaban formar un equipo de trabajo y crecer en conjunto.
Refirió que Bussi tenía a cargo al resto de los integrantes de la seguridad; se trataba de un grupo numeroso, pudiendo ser 50 personas. En tal sentido, aseguró que seguro no eran 5 o 10 personas; Algunos de los chicos “estaban siempre” y otros iban cambiando.
Señaló que cuando en “Cromañón” se incautaban bengalas, éstas eran llevadas al sector de boleterías. Por la hoja derecha del hall principal se realizaba la revisación de las mujeres y todo lo incautado allí se depositaba en las boleterías; por el pasillo de color amarillo se realizaba el cacheo de hombres y los elementos de pirotecnia que allí se secuestraban, eran llevados a la oficina cercana a ese ingreso –así lo marcó en la maqueta virtual-. Puntualizó que había vallas en el sector del cacheo.
Algunos invitados no eran revisados, como por ejemplo si se trataba de una persona mayor o la madre de algún miembro de la banda. En sus listados tenía diferenciado a quién debía dejar pasar por allí, a quién le debía dar una entrada para que haga la fila, etc.
Por otra parte, indicó que cualquier cuestión relacionada con la seguridad, que fuera dispuesta a fin de controlar la gente que ingresaría de acuerdo con sus listados, era consultada a Lorenzo Bussi.
Preguntada por si recordaba haber visto seguridad del local, dijo que el día 30 había visto un chico alto y de pelo largo, aunque no sabía si estaba allí “por cualquier cosa que pasara”, o si estaba trabajando y era seguridad de Cromañón. Aclaró que lo recuerda porque una vez desatado el incendio, lo vio abriendo la puerta que se encontraba “entornada”.
Asimismo, dijo que la seguridad estaba identificada con remeras que decían “Callejeros seguridad”. A veces tenían la fecha del show, como en Obras Sanitarias. Refirió que generalmente la banda que llevaba su propia seguridad se encargaba de proveerles la vestimenta.
Respecto de las funciones de Raúl Villarreal, dijo que en “Cemento” siempre lo vio en las boleterías y que en “Cromañón” era una especie de relaciones públicas del lugar.
Preguntada si sabía de incendios previos en “Cromañón”, dijo que sí, que hubo dos, uno el día 1ero de mayo en un recital de Jóvenes Pordioseros y otro el 26 de diciembre cuando tocó “La 25”.
Con relación al primer incidente, expuso que esa noche estuvo en el local trabajando con la lista de invitados de “Jóvenes Pordioseros”, cuando de repente algunos chicos comenzaron a salir porque se había prendido la media sombra. De todos modos esa noche se pudo apagar.
Luego, el día 28 de diciembre, Argañaraz le comentó que unos días antes en el recital de “La 25” hubo otro principio de incendio, pero en esa ocasión no estuvo presente en el local.
Por otra parte, refirió que para la serie de recitales del mes de diciembre de 2004, la banda estuvo alojada en el hotel lindero al local, aunque no sabía si todos sus integrantes. Que Argañaraz y Vázquez se hospedaron allí seguro.
En lo inherente a los equipos de sonido, estimaba que los llevaron al local a la mañana o al mediodía del 28 de diciembre, aunque no pudo dar certeza de ello.
Explicó que por su parte el día 28 de diciembre arribó al lugar cerca de las cinco y media de la tarde, el día 29 lo hizo a las seis y el 30 tipo siete. En esas jornadas cerca de las ocho de la noche se dio acceso para el ingreso del público.
Explicó que el primer día al llegar organizaba su trabajo y si se tenía que charlar algo se hacía en ese momento.
Respecto al mecanismo de organización con la gente de seguridad, narró que le entregaba a Lorenzo Bussi las cintas de identificación para que supiera que color correspondía ese día para el ingreso al VIP. En el sector de la escalera se encontraba personal de seguridad destinado al control de las mencionadas cintas de identificación.
Cuando llegó al local, el personal de seguridad ya estaba en el lugar.
Por su trabajo de esos días, Argañaraz le iba a pagar cien pesos por evento al término del último recital. El día 28 le pagó lo que le correspondía por el recital de “Excursionistas”. Si bien no presenciaba las liquidaciones, estimaba que se efectuaban entre Chabán y Argañaraz en la oficina del local.
Recordó que el día 30 cuando arribó –concurrió también su pareja- vio a Daniel Cardell y a Diego Argañaraz. Dijo que la banda tenía dos o tres asistentes que se dedican a verificar que estén los instrumentos como así también a proporcionarles agua a los músicos.
Indicó que esa noche también había personal del lugar dedicado a las barras y que lo vio a Villarreal chequeando las instalaciones, aunque no se encontraba realizando ninguna tarea en particular.
Las puertas se abrieron aproximadamente a las ocho de la noche. Bussi daba el “aviso” para empezar, aunque desconocía si alguien le había dado una directiva previa. En el hall principal había vallas que separaban a la gente que ingresaba de aquella que debía comprar entradas en las boleterías. No pudo recordar el estado de las puertas cine.
Respecto de la capacidad del local, dijo que por ese entonces se comentaba entre las bandas y gente del ambiente que en el lugar entraban 3500 personas, aunque no sabía para qué capacidad de gente se encontraba habilitado. Incluso se decía que anteriormente en un recital del cantante Rodrigo, el público había ascendido a 7000 asistentes.
Preguntada si por su experiencia podía estimar cuanta gente entraba en el local, manifestó que se veía un lugar grande y amplio, y agregó que “si se metían 3500 personas, entraban, una al lado del otra pero entraban”.
Con relación a la salida que comunica con el garage del hotel, señaló que en el primer recital de “Callejeros” realizado en el lugar; esa puerta estuvo abierta para el ingreso de los equipos y los fletes, lo cual era ventajoso porque daba al lado del escenario. También en un festival y en un evento de “Las manos de Filippi”. Fuera de esos casos, nunca más vio que ese portón estuviera abierto.
Volviendo al día 30, refirió que también tenía la lista de invitados de la banda soporte “Ojos Locos”, aunque la cantidad de personas que accedían por esta vía era menor que la correspondiente al grupo principal. Escuchó que Chabán y Fontanet hicieron advertencias sobre el uso de pirotecnia, diciéndole al público que no prendiera esos elementos, aunque no pudo dar mayores presiones porque permanecía en boleterías.
Continuando con lo sucedido esa noche, expuso que se encontraba en las boleterías con un muchacho de nombre Ezequiel –encargado de la venta de entradas-, cuando de repente vio que había gente que salía del salón. Inicialmente pensó que las personas egresaban porque hacía mucho calor o porque había mucho humo de las bengalas.
Aclaró que el día anterior además de Ezequiel –pertenecía al comercio “Locuras”-, estuvo con una chica cuyo nombre no pudo recordar, que también vendía entradas y luego trabajó en una de las barras. No pudo precisar si se trataba de la noche del 29 o del 30. Generalmente había dos personas en boletería vendiendo entradas; Ezequiel, por ser de confianza de la banda se encontraba siempre, y la otra persona rotaba.
Continuando con lo sucedido, expuso que en un momento ingresaron a la boletería el manager de Jóvenes Pordioseros, Lorenzo Bussi y otra persona de seguridad, y le manifestaron que el local se estaba incendiando.
Indicó que al principio no salía y que cuando se dirigió hacia la puerta trasera de las boleterías –da al pasillo color amarillo-, advirtió que el sector estaba lleno de gente y que no podía salir de allí.
En ese momento apareció un muchacho de la “Cruz Roja” y con un matafuego rompió una de las ventanillas de las boleterías, lo que le permitió salir por ese lugar.
Explicó que como el incendio se produjo ni bien comenzó el show, al principio las puertas principales -indicó en la maqueta virtual las puertas violentas del frente del local- estaban “entornadas”. Al respecto dijo que como había mucha gente afuera y para evitar incidentes, el personal de seguridad decidió cerrar esas puertas.
Cuando el público comenzó a salir del salón y como esas puertas abren hacia adentro, la propia presión de los concurrentes dificultaba su apertura. Se produjo un instante de desesperación, hasta que finalmente pudieron ser abiertas y la gente pudo egresar por allí.
Una vez afuera del local, indicó que vio que a Villarreal que se lo llevaban en un “auto policial” a la Comisaría. En ese momento, el nombrado le dijo “avisale a Emir que me están llevando a la Comisaría”. No pudo precisar el tiempo transcurrido entre el momento del incendio y cuando vio esta situación, aunque aclaró que aproximadamente fueron 1 o 2 horas.
Asimismo, no recordó ver a Chabán, pero sí a Eduardo Vázquez con su mujer. Por otra parte, se encontró con Argañaraz y con Felipe Benevenia -productor y dueño de MTS-, quien le dijo que se llevaría a Diego a su casa. Seguidamente, el guitarrista de la banda le pidió ayuda para ir a buscar las pertenencias de Argañaraz a la habitación del hotel para llevarlas hasta la camioneta de Benevenia.
Luego de la tragedia, comentó que en el mes de enero tuvo contacto con la banda y que al mes siguiente se desvinculó definitivamente, no sólo de “Callejeros” sino de la actividad de prensa en general.
Expresó no recordar si este procedimiento de “entornar” las puertas se había repetido los días 28 y 29, aunque precisó que generalmente la hoja izquierda si se cerraba.
Aclaró que lo que sucedió es que con el crecimiento de la banda el ambiente de la gente comenzó a ser más “denso”; incluso dentro del local se habían producido robos. De esta manera, a fin de impedir que ocurrieran disturbios en la calle, se pensó en la posibilidad de cerrar las puertas para poder sacar a toda la gente que quedaba afuera y después volver a abrirlas.
En la vía pública se juntaban personas “regateando” entradas y se formaban “barritas” que se peleaban. Igualmente nunca hubo incidentes de este tipo que “pasaran a mayores”.
Sabía que por la puerta del local pasaba un patrullero o había un móvil estacionado, aunque nunca vio que se llevaran personas por este tipo de acontecimientos.
Por otra parte, expresó que había dos grupos antagónicos de seguidores de “Callejeros”, los cuales existían desde que comenzó a trabajar con la banda; se trataba de “La Familia Piojosa” y “El Fondo no fisura”, quienes seguían al conjunto a todas partes.
Al respecto, refirió que la división tuvo su origen en un problema que se había suscitado con unos micros en un recital de “Los Piojos”. Existía una especie de competencia entre estos grupos, la cual se manifestaba a través de la cantidad de banderas y de gente que llevaba cada uno de ellos.
Ambas facciones tenían relación con los chicos de la banda, porque iban a todos los shows desde sus inicios. Los conocía de verlos en todos los recitales.
Refirió que de “La Familia Piojosa” siempre tenía tres o cuatro nombres que figuraban en la lista de invitados. Con respecto a “El Fondo no fisura”, siempre se presentaba un chico y hablaba con Diego Argañaraz, quien le preguntaba cuantos eran. De esta manera, si por ejemplo el grupo estaba formado por 20 personas, Diego le decía que pagaban sólo diez y que al resto le otorgara tickets sin cargo para ingresar.
Para los recitales del 28, 29 y 30 ambos grupos concurrieron y tuvieron esos beneficios, al igual que en cualquier show de “Callejeros”.
Interrogada para que diga si “Callejeros” tenía fama de ser una banda “bengalera”, dijo que sí, que formaba parte de un ritual como en otros grupos, por ejemplo, “La 25”, “Jóvenes Pordioseros” y “Las Pelotas”; se estilaba llevar bengalas, banderas y mucha gente.
Con respecto a las funciones que tenían los integrantes de la banda, detalló que cuando llegaba al lugar siempre estaba “Dani” y Diego ultimando detalles respecto de las luces y la escenografía. Al resto de la banda no se los veía hasta el momento en que comenzaba la prueba de sonido.
Realizó una comparación entre los locales “Cemento”, “Cromañón” y “Obras”. Específico que el primer local era bastante cerrado a comparación de Cromañón, que tenía una estructura mucho mas determinada, siendo Obras el local con mayor estructura y el que tenía mayor capacidad en cuanto a la cantidad de gente que podía ingresar.
Preguntada por las partes acerca de si sabía si el grupo “Callejeros” otorgó algún tipo de entrevista a la “Rock and Pop”, dijo que sí, que creía que una vez le dieron una nota en el año 2002. También para el recital del día 30 de diciembre, uno de los integrantes de la banda, Eduardo Vásquez, hizo una entrevista telefónica con el periodista Juan Di Natale.
Sobre esto último, indicó que fue en vivo y salió al aire. Después se enteró que en esa ocasión se habló de la pirotecnia y que se había dicho que las bengalas habían sido la “frutilla del postre”.
Por otra parte, dijo desconocer cómo se ingresaba la pirotecnia a los recitales. Sin perjuicio de ello, recordó que con motivo del recital de “Excursionistas” vio que el día anterior al evento, tres muchachos de “La Familia Piojosa” se reunieron con Diego Argañaraz y le dejaron dos bolsos llenos de bengalas y tres tiros. La idea era que Diego se los guardara –los puso debajo del escenario una persona que se encontraba trabajando allí, aunque no pudo identificar si era un asistente de la banda- y se los entregara el día del show. No le constaba qué sucedió finalmente durante el recital.
Agregó que algunos medios de prensa hacían referencia a la pirotecnia porque impedía ver el show. Otros no efectuaban mención alguna al respecto. En general dependía del periodista; de todos modos recordó que la revista “Soy Rock” hacía calificaciones en virtud del uso de pirotecnia, aumentado el puntaje si se usaban más fuegos de artificio.
Interrogada para que precise las funciones de Raúl Villarreal, reiteró que en el local “Cemento” estaba en las boleterías, generalmente acompañado por los managers de las bandas –cuando tocaba “Callejeros” lo veía con Diego Argañaraz-.
Señaló que en “República Cromañón” a Villarreal lo veía dando vueltas, mirando si alguien necesitaba algo y dando consejos, como por ejemplo, refiriéndole a “Lolo”, para qué lado formar la fila de personas; aclaró que no se trataba de órdenes.
A veces lo vio haciendo ingresar a algún amigo o a músicos de otras bandas.
Respecto del cacheo de ingreso del día 30 de diciembre, dijo que se había intensificado, ya no consistía en revisar por arriba, sino que fue mas detallado, se le requería a la gente que se sacara las zapatillas y se inspeccionaban las mochilas.
Por otra parte, refirió que Diego Argañaraz le comentó que el día 28 de diciembre concurrieron 3100 personas aproximadamente; el 29 unas 2800 y el 30 un poco menos, entre 2500 o 2700.
Interrogada acerca de si conocía la revista “Llegas a Buenos Aires”, respondió que sí, porque le llegó información de que ese medio había publicado que “Callejeros” iba a despedir el año con un festival de bengalas en “Cromañón”. Nunca escribió eso, pues la gacetilla donde comentara la cuestión de la pirotecnia, fue con motivo del recital de “Excursionistas”. Conoció la revista el 4 de enero de 2005 cuando una periodista de un medio gráfico le comentó que le había llegado un ejemplar a la jueza.
Por tal motivo, habló con el Dr. Bordone, quien le dijo que si no era lo que había escrito, debía quedarse tranquila. Más tarde se comunicaron de Página 12 a fin de hacerle saber que la revista había publicado un informe que ponía de manifiesto que se había malinterpretado la gacetilla en cuestión.
Por otra parte, comentó que sólo se encontraba autorizado para tomar vistas fotográficas la revista “El Acople”. En tal sentido, las fotografías tomadas las distribuía a aquellos medios que las requerían.
Refiriéndose a las gacetillas, dijo que las trasmitía vía correo electrónico a una casilla de la banda, pero aclaró que no le constaba que la referente a “Excursionistas” la hayan recibido.
Dijo que sabía que Patricio Fontanet era asmático y que en una nota que le hicieron para la revista “El Acople” sostuvo que las bengalas le hacían mal, pero que le daban colorido al show.
Preguntada para que diga si vio o escuchó actividades de parte de la banda que incentivaran el uso de pirotecnia, dijo que sí, que en “Excursionistas” el cantante le manifestó a los concurrentes que estaban en un lugar al aire libre y que podían tirar lo que quisieran; además en entrevistas han manifestado que las bengalas eran “pintorescas”, lindas y daban otro color al show.
Por otra parte, recordó que en los recitales de los días 28 y 29 las puertas tipo cine estuvieron abiertas, en razón del calor que hacía esas noches.
Interrogada acerca de la existencia de un presentador de la banda, refirió que sabía de un chico apodado “Lombriz” que salía en la mitad de show, pero no como presentador inicial.
También durante el debate, prestó declaración la testigo María Laura Squillace, integrante del grupo voluntario “ESSA”.
Declaró la nombrada que conoce a Omar Emir Chabán y a Raúl Alcides Villarreal como dueño y ayudante de “Cromañón” respectivamente, y que a la identidad de ambos la supo por los medios periodísticos.
También dijo conocer a tres integrantes del grupo “Callejeros”; a saber: Diego Argañaraz, Patricio Fontanet y a Eduardo Vázquez.
Preguntada por el Dr. D´Attoli, comenzó su exposición aludiendo que el día 30 de diciembre, ingresó a “Cromañón” a las 18:30 horas aproximadamente para preparar los botiquines.
Recordó que en un determinado momento, cuando volvía de la zona de boleterías, advirtió que en el techo había un círculo de fuego. La gente se abrió y se hizo una ronda dado que también caían cosas desde arriba.
Si bien su intención era ingresar al local, la misma gente la llevó hasta una pared donde quedó atrapada junto al marco de una puerta. La cantidad de personas que había tornaba imposible salir, a la vez que “el aire era humo”. Luego de correr a unos individuos, logró llegar a las boleterías. Tapándose la boca y apoyándose contra una pared pudo salir a la calle.
Agregó la deponente que tuvo la intención de volver a ingresar por el estacionamiento (aludió y señaló a la puerta de camarines en la maqueta virtual), pero el humo era muy denso. De todas formas se quedó en la calle sacando gente de la puerta para que no impidieran el paso.
Después se reencontró con una compañera y se dirigieron a la estación de servicio “Petrobras” que queda a la vuelta e intentaron comunicarse con los demás socorristas. De regreso al lugar de los hechos, se encontró en la puerta del hotel con dos compañeros más, quienes le pidieron que se queden en la estación de servicio realizando primeros auxilios para heridas leves, apoyo psicológico y presión baja.
Recordó que junto con Marcia Lamella vieron a Omar Chabán parado, mirando hacia “Cromañón”. Supusieron que estaba en estado de shock –porque estaba quieto, mirando fijo sin hacer nada-, así que lo tomaron de las manos y lo llevaron hacia la esquina; en un momento dado se soltó. Cuando se dieron vuelta ya no estaba.
A instancia de las preguntas que le efectuó la Fiscalía General, la testigo explicó que el grupo “ESSA” es un equipo de socorristas que al momento del hecho se encontraba gestionando la personería jurídica. Dicho trámite estaba en manos de Emiliano, fallecido en “Cromañón”. Agregó que eran un grupo de voluntarios al que las bandas hacían donaciones. A modo de ejemplo, manifestó que “Callejeros” donó una tabla de politraumatismos y botiquines, como así también agua y hielo los días del recital.
Supuso la declarante que Diego Argañaraz se contactaba con Gabriel Porticatto, y que Lorenzo Bussi estaba en “Control Callejeros”.
En lo que respecta a la vestimenta del grupo de socorristas, dijo que lucían remeras blancas con una cruz azul en el brazo y en la espalda.
En lo atinente a la ubicación en el lugar, explicó que el grupo tenía un puesto fijo al lado del escenario –a la izquierda mirándolo de frente-, pero a su vez contaba con patrullas. En el primer grupo se encontraba la testigo junto con Marcia Lamella y Emiliano Giralt, mientras que Gabriel Porticatto, Pablo Gorgal y Daniel Solís eran quienes patrullaban.
Al ser preguntada sobre una eventual reunión con la gente de seguridad para organizar el modo de actuar en caso de una emergencia, no recordó si existió.
Expresó que concurrió a otros recitales que ofreció “Callejeros” –Excursionistas y Obras-, y que se utilizaba pirotecnia. Afirmó que fue una candela lo que originó el incendio en “Cromañón”.
Si bien los días 28 y 29 de diciembre también hubo fuegos de artificio, no se habló de qué hacer en caso de que suceda algo, pero sí estaba claro que de ser así, el grupo debía salir en primer termino para reagruparse fuera del local y poder ayudar a la gente.
Al ingresar al grupo, se hace mención a que “si pasa algo grave, primero salimos nosotros, nos reagrupamos, y después vemos lo que se hace, de sacar a la gente o asistir la que esta herida”.
Sobre las salidas que el grupo tenía previstas para cumplir con lo antes expuesto, la testigo señaló en la maqueta virtual el portón que se encuentra al lado del puesto fijo al que hiciera referencia, y el acceso desde camarines que tiene salida al garage del hotel. Al ser consultada sobre el estado que presentaba la primera de las puertas, la declarante recordó que era alta, negra y con manija de salida de emergencia.
Dijo a su vez que en los días previos al recital no realizó el recorrido por el predio, sino que tenía por función controlar los botiquines y demás instrumentos del grupo.
Recordó que los días 28 y 29, tanto Fontanet como Chabán hicieron advertencias sobre el uso de pirotecnia. A su entender, el último de los nombrados, por la forma agresiva de dirigirse al público, incitaba a la gente a que la utilizara. Decía “que no sean boludos, que no sean pelotudos, nos puede pasar lo mismo que en Paraguay”; la gente reaccionaba de manera violenta encendiendo mayor cantidad de pirotecnia.
Llegado el turno de la Dra. Campos, e interrogada la testigo sobre una serie de precisiones sobre la formación y función del grupo de socorristas, la declarante aclaró que ella es “colaboradora”, es decir que debe “asistir al auxiliador”. Agregó en este punto que los únicos que tenían el título de “auxiliador” eran Porticatto, Solís, Gorgal y Lamella.
Al ahondar sobre ésta última precisión, dijo que el citado título habilita a realizar primeros auxilios, y “a tratar de que la persona no corra riesgos”. Tal es así que inclusive se trabajó en conjunto con la gente del SAME.
A dicho título lo expide la “Cruz Roja” y otro organismo del que no recordó el nombre.
También expresó que “ESSA” estuvo las tres fechas de “Cromañón”, y que asistieron a varias personas con lipotimia, dobladura de tobillos, descomposturas, etcétera.
Sobre incendios que se sucedieron en el lugar en fecha anterior al día 30 de diciembre, recordó que si bien no estuvo presente, algo había escuchado, pero que pese a ello no se tomó ningún recaudo en particular.
Asimismo, aseveró que el grupo no posee tubos de oxígeno, y que si bien en el curso de primeros auxilios se tratan temas como asfixia e ingesta de monóxido de carbono, aún siendo “auxiliador” no pueden efectuar “tareas invasivas”, es decir, “no podemos entubar, no se puede hacer una traqueotomía, al menos que esté corriendo riesgo la vida de la persona”. Tampoco tenían camillas.
En la misma dirección le fue preguntado si el grupo realizaba simulacros. Si bien respondió de manera afirmativa, no supo precisar qué tipo de práctica realizaban porque no hizo el curso.
A instancia del Dr. Gutiérrez, la testigo aseveró que si bien se utilizó pirotecnia en “Cromañón”, como nunca había pasado a mayores, no fue un tema que el grupo contemplara como para preparar una estrategia. A su vez, dijo que el uso de fuegos artificiales no era exclusivo de “Callejeros”.
Con el objeto de ayudar a la memoria de la testigo, se efectuaron una serie de lecturas correspondientes a extractos de la declaración que efectuó en instrucción.
Así, el Dr. D´Attoli hizo lectura de lo que luce a fs. 17.011 vuelta, último párrafo –“…cuando se encontraba detrás de la auto bomba, advirtieron la presencia de Omar Chabán, trataron de convencerlo de que las acompañe a tomar un poco de aire con ellas ya que parecía estar en estado de shock, respondiéndole aquel que no quería ir con ellas, quedándose allí”-. A dicho evento, precisó que se presentó a declarar de manera espontánea, y de ello recuerda que cuando testimonió dijo que a Chabán lo llevaron cada una de una mano para que pudiera respirar, pero que en un momento lo perdieron de vista, no estando en condiciones de aseverar si se quedó allí o si se retiró.
En última instancia, el Dr. Iturbide hizo lo propio con la primera parte de la declaración -oportunidad en la cual se expresó que previo a su deposición se hizo lectura de la testimonial efectuada por su compañero de grupo Gabriel Porticatto-. Tal circunstancia no fue recordada por la declarante, quien a su vez agregó –también a instancia de parte- que en aquel acto procesal se encontraba presente el Fiscal.
Compareció a prestar declaración testimonial Fabián Jorge Leggio, quien trabajó como sonidista de la banda “Callejeros” durante los recitales de los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004.
Expresó que era técnico en sonido y que se desempeñaba en esa tarea desde hacía 18 años en forma independiente. Realizó su actividad en distintos locales, abiertos y cerrados. Por otra parte, señaló que también poseía equipos para alquilar.
Manifestó que conocía a Chabán porque era el dueño de “Cemento” y de “República Cromañón”, locales en los que trabajó para diversas bandas de rock. Especificó que en “Cemento”, Chabán había adquirido un equipo de sonido y acudía al local para manejarlo.
Expuso que en esas ocasiones mantuvo contacto con Raúl Villarreal, quien siempre estaba en la boletería del primero de los locales indicados vendiendo entradas. En cambio, en el último de los boliches mencionados, se ubicaba en la puerta y controlaba el ingreso y egreso del público.
Dijo que el local bailable del hotel lo conocía desde los años 97, 98 ó 99 -no pudo precisarlo con certeza- cuando allí funcionaba una bailanta llamada “El Reventón”. También había sido contratado por “Maxi Disco”, comercio que abrió posteriormente en ese sitio, para realizar algunos trabajos de sonido.
Más tarde fue convocado para la colocación de equipos de sonido en un congreso de aborígenes, en el cual intervenía el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Refirió que en esta última oportunidad no asistió personalmente sino que lo hizo su sobrino Mariano Leggio, quien recibió el pago directamente de “gente del hotel”.
Relató que en el mes de diciembre de 2003 o marzo de 2004 Chabán lo invitó a una reunión en “República Cromañón” a fin de que conociera el nuevo local que comenzaría a explotar. Fueron citados asimismo, managers de bandas y periodistas. El salón estaba en buen estado y contaba con buenas instalaciones sanitarias, camarines y escenario.
Destacó que en un principio, no advirtió modificaciones importantes en ese lugar en relación con los boliches que funcionaron con anterioridad. Sólo notó que habían colocado un vallado frente al escenario.
Sin embargo, posteriormente percibió que había mejorado la acústica del recinto, y uno de sus ayudantes le comentó que habían sido colocados paneles acústicos.
Dijo que ya en el local “El Reventón” había una media sombra en el techo, aunque no sonaba “muy bien” y había que hacer varios arreglos para lograr un buen sonido. En ese sentido, destacó que aquéllos se habrían instalado en los meses de octubre o noviembre de 2004, y que los vio detrás del escenario. Se trataba de un material que salió a la venta en la década del 90 y que era semejante a la lana de vidrio pero con mayor absorción. No sabía si eran ignífugos.
Explicó que nada es totalmente ignífugo, “todo prende, aunque hay cosas que son retardadores, en realidad”. Antes de la colocación de los mentados paneles, arriba de la media sombra había “lucecitas”.
Preguntado por si realizaban trabajos relacionados con el sonido en el techo del local, explicó que sólo una persona de su equipo de colaboradores subía a “enganchar los aparejos para colgar el equipo”. Con posterioridad al hecho, su colaborador le comentó sobre la existencia de los paneles acústicos y de la “guata”.
Resaltó que había muchos proveedores de ese producto en el mercado y que inclusive se vendían en las casas de música.
Preguntado por sí notó alguna otra medida para intentar evitar que el sonido salga al exterior, aclaró que no percibió ningún trabajo en particular en ese sentido.
Contó que conoció a la banda “Callejeros” en el año 1996 ó 1997 durante un recital, en el que tocó como soporte del grupo “Viejas Locas”. Agregó que Eduardo Vázquez era ayudante de esta última banda, cuyo sonido estaba a su cargo.
Un año después de ese recital el baterista de “Callejeros” le pidió que trabajara en el sonido de su banda para un show determinado y que posteriormente se repitieron las solicitudes.
Aclaró que al principio no le pagaban nada, pues a los recitales iba muy poca gente y el grupo perdía plata en esos shows. Ello durante aproximadamente el primer año.
Explicó que con la intención de que sonaran mejor les ofreció llevar sus equipos, aún cuando sabía que no podían pagarle.
Puso de relieve que su relación con la banda era estrictamente profesional, pero que se inició en una forma especial y familiar, pues trató de ayudarlos en sus comienzos. Siempre trataba de buscar una comunión con las bandas para trabajar más a gusto y había asistido a fiestas de cumpleaños de Juan Carbone, con anterioridad al hecho.
Señaló también que si bien había asistido a algún ensayo o grabación, nunca los asistió técnicamente.
Sostuvo que “Callejeros” no tenía asistentes de seguridad, pero sí “conocidos de seguridad”.
Expresó que en el ámbito del rock es común que se contratara personal especializado en ese rubro, pues se trata de evitar que maltraten a los jóvenes.
En ese orden, mencionó a Blander, empresas que trabajaban con POP ART o “Rock and Pop”, pero no recordó cuál era la empresa por la que tenía predilección la banda y que habitualmente le prestaba esos servicios.
Dijo que conocía a “Lolo” Bussi por haberlo visto en espectáculos de bandas tales como “La Renga”, “Viejas Locas” y “Callejeros”. Lo indicó como personal de seguridad y no pudo precisar si tenía o no personal a su cargo. Agregó que estuvo en “República Cromañón” durante los recitales de diciembre de 2004 y que tenía colocado un yeso.
Con relación a su forma de trabajar, explicó que cuando el recital se realizaba en un sitio que tenía sus propios equipos de sonido, sólo se ocupaba de operarlos. De manera contraria, llevaba los suyos.
Dio como ejemplo el concierto realizado en “Obras” en el que sólo operó los equipos que pertenecían al estadio. Con relación a la cantidad de gente que participó de ese recital, indicó que había sido un poco menos concurrido que el del día 30 de diciembre.
Agregó que trabajó con el mismo equipo de sonido en ambos shows. Respecto a la pirotecnia, refirió que se paró el show por su uso. Comentó que el cantante paró el recital porque tenía problemas para cantar.
Enumeró entre sus colaboradores a Ricardo Vázquez, Orlando Fernández y Gustavo Sequeira. Aclaró que si bien durante el año 2004 se ocupó del sonido de todos los conciertos de “Callejeros”, no asistió personalmente a todos ellos, porque también realizaba esa función para otros grupos. En consecuencia, organizaba varios equipos de trabajo. Durante ese mismo año trabajó el sonido para el show realizado en el local denominado “Vieja Usina”.
Respecto de la forma de pago de sus honorarios, dijo que le abonaba el dueño del lugar o el manager de la banda. Puntualizó que para los recitales de los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004 la suma pactada fue de $ 2000 por noche, incluidos los gastos. Agregó que nunca había tenido dificultad para cobrar sus haberes de parte de Omar Chabán, aunque nunca recibió el pago directamente de manos del nombrado.
Explicó que trabajó en Cromañón con varias bandas -“Los Gardelitos”, “La Covacha”, “Carajo”- y que siempre arreglaban con Omar o Villarreal. Indicó que sólo una vez fue a cobrar con Villarreal y muchas otras iban sus colaboradores. Asimismo, mencionó la posibilidad de que los managers de las bandas cobraran por ellos.
Preguntado por la ocasión en que le abonó Villarreal, indicó como el lugar de pago una oficina -la señaló en la maqueta virtual- y que fue con posterioridad a la realización del recital.
Relató que habitualmente el manager de la banda Diego Argañaraz le avisaba dónde se realizaría el show y si el lugar contaba con equipos propios. En caso de tener que trasladar sus aparatos, lo hacía el día anterior al concierto, y también concurría con anterioridad a ver las instalaciones.
Contó que en el mes de abril de 2004 “Callejeros” brindó dos shows en “República Cromañón” y que sus colaboradores le dijeron que ingresaron por el portón violeta del lado izquierdo.
Resaltó que le pareció que el lugar estaba “buenísimo” y que las instalaciones eléctricas eran satisfactorias, pues los cables tenían el grosor debido para el buen funcionamiento de los equipos de audio y de luces. Indicó que no se ocupó personalmente de la instalación del sonido. Señaló en la maqueta virtual el lugar en donde se colocaron sus equipos, indicando los laterales y la parte de abajo del escenario, como así también, en el sector medio del salón.
Dijo que el día 28 de diciembre de 2004 arribó al lugar entre las 16 ó 17 horas y que ya estaban presentes Ricardo, los chicos de iluminación y los del lugar. No sabía si había personal de seguridad. Creyó recordar que los equipos habían llegado un día antes del primer show.
Aclaró que mientras el salón permanecía cerrado ningún empleado se quedaba a custodiar sus equipos.
Puso de relieve que a fin de ingresar al salón no recordaba si tenía alguna credencial o “cintita” que lo identificara, o si estaban en la puerta Villarreal o Argañaraz. Agregó que no le revisaron, pues no era habitual efectuar esa tarea si se trataba de una persona conocida. Luego de probar los equipos esperó a que llegaran los músicos de la banda.
Señaló en la maqueta el lugar donde se hallaban situadas las consolas y el personal que allí se desempeñaba.
En el escenario se encontraba Orlando Fernández y en la consola de monitoreo Ricardo Vázquez. Ambos realizaron la conexión de los equipos, aunque no la instalación ya que se encontraba realizada con anterioridad.
Explicó que la consola de sonido que él operaba se ubicaba en la planta baja porque para poder mejorar la calidad de la acústica, el equipo debía estar situado al ras del piso, al igual que el público.
Dijo que en ese mangrullo estaba el iluminador, a quien lo acompañaba su hijo, con un tablero independiente y que desde allí manejaba las luces del escenario.
Destacó que compartía la tensión con aquel técnico, pero que ignoraba de donde se obtenía la energía. Estimó que ésta podría ser tomada de la parte inferior del escenario o de la cabina de sonido del primer piso. No había claves de conducción de tensión de señal –tensión mínima- en el piso, sino que se encontraban dispuestos por debajo de las barandas del sector de planta alta.
Indicó que los cables que llevan la señal desde el escenario no se colocaban por el piso, sino que se conducían por las cornisas del primer piso, debajo de las barandas.
Puso de resalto que “Cromañón” tenía casi el mismo personal de seguridad que “Cemento” y que aquéllos se ocupaban de controlar el ingreso al local. Agregó que era un grupo de 5 ó 6 personas.
Puntualmente se encargaban de controlar el ingreso del público, evitar peleas entre ellos, realizar el ingreso de acuerdo con el horario pactado, “aguantar” a la gente que quedaba afuera y que no tenían entrada.
Con respecto a la detonación de pirotecnia, comentó que desde mediados de los 90 que su uso era muy común en el ámbito de los recitales.
En tal sentido, señaló que no había escuchado acerca de otros incendios con anterioridad al 30 de diciembre de 2004. Sin perjuicio de ello, luego de la tragedia fue advertido acerca de un principio de incendio suscitado en el recital que brindara del grupo “La 25” y en el show de “Jóvenes Pordioseros”.
Preguntado por la cantidad utilizada durante los 3 recitales de “Callejeros” en Cromañón, indicó que el día 28 se utilizó “muchísima” y agregó que ello imposibilitaba ver el show , a diferencia de lo sucedido el día 29 donde se usó muy poca.
Recordó que el día del primer show la cantidad fue tal que el propio Chabán preguntó “¿para qué contratamos luces, sino se ve nada?”.
Se refirió luego al concierto del día 30 de diciembre de 2004.
Expresó que llegó a “Cromañón” a las 17 ó 18 horas y que no debió realizar ningún cambio en sus instalaciones con respecto a los días anteriores.
Por ello, luego de realizar la prueba de sonido, se retiró del local; y volvió a las 21:45 horas con sus dos hijos de 15 y 16 años de edad. Resaltó que a su reingreso no fueron “cacheados” por el personal de control y que no recordaba si estaban inscriptos en la lista de invitados. Habitualmente ese listado era controlado por Raúl Villarreal o Aldana.
Aseguró que en las pruebas de sonido, probaban cada uno de los instrumentos por separados. Los músicos tocaban 4 o 5 temas y “quedaba todo listo para el show”. En el caso de que algo no funcionara en el momento del recital, al día siguiente en la nueva prueba de sonido se trabajaba sobre el punto. Con respecto a la prueba de las luces, precisó que podía o no haber.
Narró que se ubicó en la cabina de sonido de la planta baja junto con sus hijos, el iluminador y dos personas de seguridad. Ignoraba a quien respondían estos últimos y señaló que siempre solicitaba la presencia de esos empleados.
Puso de relieve que a su arribo ya había comenzado a tocar la banda soporte “Ojos Locos”, por lo que uno de sus colaboradores estaba operando el sonido.
Precisó que durante el transcurso de ese show se detonó todo tipo de pirotecnia -bengalas, tres tiros, candelas-. Por ese motivo Chabán le pidió un micrófono y se subió sobre una tarima de madera que había en la consola de sonido y requirió a los asistentes que no encendieran nada.
Indicó que en el momento del intervalo entre los dos grupos una persona desde el primer piso lanzó una candela contra el público situado en la planta baja y por ello Omar Chabán volvió a dirigirse a los concurrentes e insultó al autor de ese hecho. Reiteró que los días anteriores también había adoptado la misma actitud.
A preguntas del Sr. Fiscal General, manifestó para que Chabán utilizara el micrófono no tuvo que “sacarle” sonido a las bandas, ya que siempre lo hizo en momentos de intervalo.
Comentó que luego de las advertencias no había detonación de elementos de pirotecnia por unos momentos, hasta que se retomaba el show.
Expuso que si bien al principio los jóvenes se calmaron un poco con el lanzamiento de pirotecnia, luego continuaron. Al subir al escenario la banda “Callejeros”, el cantante pidió que no silbaran a Chabán y dijo que escucharan lo que les estaba diciendo y tuvieran una fiesta en paz.
En tal sentido, refirió que cada vez que encendían gran cantidad de pirotecnia percibía en el audio del cantante una “pérdida de voz”, porque le costaba respirar.
Preguntado por sí la pirotecnia interfería con su labor, manifestó que si bien le molestaba no tenía consecuencias directas en el audio o con su trabajo.
Relató que al comenzar la banda a cantar estaba muy atento al sonido pero percibió que se detonaron bengalas y pudo oír los fogonazos. Inmediatamente Chabán se subió a la tarima y le dijo “dame el micrófono”.
Expresó que en ese momento vio a un niño sobre los hombros de otro individuo con una candela en sus manos y Omar Chabán le pidió que cortara el sonido. Éste intentó cortarlo pero no lo logró y agregó que él tampoco “llegó a cortarlo”.
Seguidamente notó la aureola que se estaba formando en el techo y en ese instante Chabán se “avalanzó” sobre la consola pero no pudo apagar el sonido. Creía que la banda dejó de tocar, pues podía percibir la vibración del equipo encendido.
Explicó también que el sonido no puede apagarse totalmente desde ninguna de las dos consolas porque son independientes. Tampoco le pareció probable que desde la consola de monitoreo lo hubieran cortado puesto que esa vibración o “fritura” que percibió no podría llegarle desde los bafles del escenario. Aclaró que desde el monitoreo era necesario tocar 8 teclas para apagar el sonido.
Dijo que en su consola Omar Chabán tocó 7 u 8 perillas pero que ninguna era el “master”, es decir, la que apagaba todo. Agregó que ese equipo tiene aproximadamente 1000 perillas y tenía 26/28 canales de micrófonos conectados.
Contó que se generó fuego y que muchos de los jóvenes lo festejaron, mientras otros se asustaron muchísimo. En consecuencia le pidió a su colaborador Sebastián Meniño que sacara a sus hijos del salón. Como en ese momento se desprendió material del techo y al comprobar que el foco ígneo se extendía, decidió ayudar a salir a su familia.
Intentó abrir un matafuego pero que no pudo hacerlo. Dijo que en la “isla” siempre había un extintor y que suponía que era por disposición de Chabán. Saltó el vallado y cuando estaba al pie de la escalera sobre el lateral izquierdo del salón, se cortó la luz. Finalmente logró acceder al vestíbulo a través de las puertas “vaivén”.
Refirió que en la vereda de enfrente al hotel lo vio a Chabán “descolocado”, inmóvil entre todas las corridas de la gente.
También observó como Raúl Villarreal, los integrantes de la banda “Callejeros” y Diego Argañaraz estaban intentando abrir una puerta. Exhibida que le fue la maqueta virtual indicó que se trataba de una de las puertas del lado izquierdo que daban al hall. Sin embargo, de inmediato se corrigió y señaló que era el portón grande que daba al estacionamiento. Aclaró que en las otras oportunidades que había señalado aquel acceso en realidad se estaba refiriendo al que desembocaba en el estacionamiento.
Respecto de esa puerta, manifestó que la conocía desde que funcionaba “El Reventón”. En esa época se utilizaba para ingresar los equipos de sonidos y con posterioridad nunca más la vio abierta. Asimismo, indicó que durante los shows permanecía cerrada.
Con relación a las características de la misma, explicó que era grande, al punto de que ingresaba una camioneta. Permitía llegar al escenario sin tener que “cargar” los equipos para su instalación. Aclaró que después del día 30 se enteró la dirección en que se abría ese portón.
Señaló que Ricardo Vázquez en una oportunidad lo llamó por teléfono para decirle que no le dejaban entrar la camioneta por ese portón debido a un impedimento del hotel lindero. Aclaró que les indicó que descargaran por la parte delantera del local.
Leído que le fue un pasaje de su declaración prestada en la etapa de instrucción, recordó que Vázquez le dijo que ese acceso se encontraba roto y que no podían arreglarlo –refiriéndose al portón que comunicaba con el garaje- .
Agregó que al personal de su equipo le efectuaron advertencias para que evitaran que el sonido se transfiriera hacia afuera y molestara a los huéspedes del hotel.
Sostuvo que después de la tragedia continuó un tiempo más trabajando como sonidista de “Callejeros”, pero luego dejó de hacerlo. El último recital que compartieron fue el realizado en La Rioja en el año 2005.
Contó que actualmente trabaja para “La Renga”, pero que con su equipo de sonido ha trabajado para todas las bandas.
Volviendo sobre su conocimiento del grupo “Callejeros”, sostuvo que en el año 2004 fue el más popular de la Argentina en el rubro del rock. Era el que mayor crecimiento y convocatoria había tenido.
Sostuvo que la banda tenía un concepto compartido de cómo debía ser un show, y que no había un líder. Fuera de los roles musicales, dijo que había un escenógrafo y un manager que tenía voz respecto de las fechas, los lugares, etc.
Respecto del uso de pirotecnia en los recitales, sostuvo que esa costumbre se originó en el fútbol y que luego fue llevada al rock.
Señaló que una de las primeras bandas en cuyos shows vio detonación de esos elementos fue en “Los Redondos”. Indicó que el uso de bengalas se convirtió en algo común e imposible de detener y recalcó que no había distinciones si eran lugares abiertos o cerrados.
No advirtió diferencias entre “Callejeros” y otras bandas respecto del uso de elementos de pirotecnia.
Destacó que en los intermedios entre las bandas soporte y principal se reproducían temas de ese grupo, como de “La Renga”, “Viejas Locas” o “Los Redondos”; y se hacía un “juego” para que la gente cantara el estribillo. No recordó el uso de pirotecnia durante ese intervalo.
Finalmente se refirió a la cantidad de público presente en “República Cromañón” durante el recital del día 30 de diciembre de 2004. Estimó que estarían presentes aproximadamente 3.000 ó 3.500 personas. Aclaró que los días 28 y 30 hubo casi la misma afluencia de personas, a diferencia del día 29 en que fue menor.
Por otra parte, mencionó que para la época en que funcionaba “El Reventón” era común que concurran alrededor de 3.000 a 4.000 mil personas.
Interrogado acerca del recital brindado por “Callejeros” en el estadio “Excursionistas”, manifestó no haber participado. Sin perjuicio de ello, participó Ricardo Vázquez y agregó que el equipo de sonido era suyo.
Preguntado por sí conocía a Zerpa, quien trabajaba en el local, manifestó que lo conoció después de la tragedia. Consultado por Coria y Curcuy indicó que no los conocía. En tal sentido, explicó que en ese ambiente era muy normal que no se supieran los nombres de todos aquellos que participaban en los recitales.
En la audiencia de debate Sebastián Miguel Meniño expresó que desde hace varios años se desempeña como asistente de sonido de distintas bandas de rock.
Precisó que generalmente trabaja para Jorge Leggio y que se encarga de la instalación del sistema de sonido, es decir, los micrófonos y el equipo necesario para que el público reciba el audio y a los músicos les llegue “el retorno”.
Respecto a la contratación, explicó que el productor se contactaba con un empleado administrativo para requerir el servicio de la empresa.
A “República Cromañón” concurrió en quince oportunidades. La primera vez en el 2003 y la última el día del hecho.
Refirió que el local mencionado era el único lugar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires donde podían organizarse conciertos para dos mil o tres mil personas sin tener que ir a “Obras”, donde entraban cinco mil o seis mil personas.
Aclaró que lo expuesto se trata de una suposición personal y que no es un especialista en el tema.
Recordó que a lo largo del tiempo se hicieron modificaciones en el local. Puntualmente refirió que pintaron el piso y colocaron media-sombra y planchas de goma espuma en el techo.
Sostuvo que también prestó servicios en otros lugares, tanto para “Callejeros” como para otras bandas.
Para los recitales de “Callejeros” del 28 al 30 de diciembre de 2004, instalaron al borde del escenario un sistema de monitoreo que le daba “retorno” a los artistas.
En el salón armaron el mangrullo, que tenía un pequeño desnivel con el piso del público, para que se pudiera divisar fácilmente el escenario.
Allí estaba la consola de sonido, que permitía controlar el audio del público.
Manifestó que cerca del Área de monitoreo y de la consola había matafuegos y que en el salón había mangueras.
La alimentación eléctrica del mangrullo llegaba desde el “rack” situado en el escenario, que a su vez, estaba conectado a un tablero emplazado en una pared cercana.
Dijo no recordar por dónde pasaban dichos cables y aclaró que siempre trataban de ubicarlo fuera del alcance del público, por el riesgo que ello implicaba.
Explicó que desde el techo salían una especie de ganchos o perchas que permitían colgar el equipo de audio para el público.
La primera vez que fue a “Cromañón” entraron con el camión que transportó los equipos de sonido, por el garaje del hotel.
Posteriormente no fueron autorizados a utilizar dicho acceso e ingresaban sus elementos de trabajo por la puerta de la derecha o por el hall de las boleterías.
El 27 de diciembre llevaron los equipos e hicieron la prueba de sonido.
El 30 de diciembre llegó al local a las 17:30 horas y observó que estaban los integrantes de la banda soporte -“Ojos Locos”- y el baterista y el cantante de “Callejeros”.
Especificó que al ingresar no fue sometido a control alguno y que no recuerda si en dicho momento había personal de seguridad en el local.
En la prueba de sonido del 30 de diciembre participaron los músicos, los asistentes y los sonidistas.
Durante dicha prueba no observó que alguno de los integrantes de “Callejeros” diera órdenes a sus compañeros.
En las dos fechas referidas visualizó que la puerta que se comunicaba con el garaje del hotel estaba cerrada y asegurada con un candado.
El día del hecho permaneció toda la tarde en el escenario y luego durante el recital estuvo en el mangrullo, junto a los operadores –de luces y sonido- y otras personas más.
En el recinto había mucha gente y en un momento se acercó Omar Chabán y, por medio de un micrófono, se dirigió a los concurrentes para pedirles que no tiraran bombas y bengalas.
Dijo que no quería que suceda otro “Keyvis” ni “lo de Paraguay” y les advirtió que el techo se podía prender fuego. El discurso de Omar Chabán se extendió por mucho tiempo y el público empezó a abuchearlo. Ante dicha situación, “Pato” tomó la palabra para pedirle a sus seguidores que se portaran bien.
Asimismo, les dijo que se trataba de “una fiesta” y debían pasarla bien.
Precisó que en otros recitales no presenció que algún integrante de “Callejeros” se opusiera a la utilización de pirotecnia y que en ningún recital observó que una banda adopte dicha conducta.
Posteriormente, los asistentes tiraron fuegos artificiales y vio como una candela pegó contra el techo - a la derecha del mangrullo- y se inició el fuego.
Empezó a salir humo y el público que estaba debajo del foco ígneo se corrió hacia los costados.
Escuchó gritos desesperados y su jefe le dijo “salí de acá”. Demoró su partida porque no quería dejar sólo a su superior, pero ante su insistencia se fue en busca de la salida.
Sostuvo que estaba atento al incendio y que desconocía por qué motivo se cortó el audio.
Añadió que desde la consola sólo se podía cortar el sonido del público y no el correspondiente al “retorno” y a otros monitores emplazados en el escenario.
Refirió que los parlantes situados en dicho sector enfocan en sentido contrario al público y que el sonido sólo puede ser percibido en un radio de diez o quince metros.
Volviendo al relato de lo ocurrido el día del hecho, indicó que cada vez se escuChabán más gritos y que quedó trabado entre los asistentes que buscaban salir del recinto.
Posteriormente, pudo continuar su camino y accedió al exterior por las puertas principales.
En un primer momento, tomó aire y buscó a sus compañeros y más tarde visualizó a algunos integrantes de “Callejeros”.
Expuso que “siempre creyó que había una salida de emergencia” y consideró que la puerta de la derecha -vista desde el exterior del local- y las puertas que dan al garaje del hotel y a los camarines, podían funcionar como salidas de emergencia porque tenían acceso a la calle.
Precisó que al cortarse la luz no pudo visualizar a ninguna de las puertas mencionadas.
Por otra parte, expresó que prestó servicios en el recital de “Callejeros” en “Excursionistas”.
En dicha oportunidad trabajó en el escenario y vio que se utilizaron bengalas.
Explicó la diferencia entre bengalas y candelas, precisando que sólo era habitual el uso de bengalas en los conciertos de rock.
Asimismo, manifestó que asistió como espectador al recital de “Obras” y que al ingresar no fue sometido a control alguno.
Por último, dijo que con posterioridad al 30 de diciembre trabajó en los recitales de “Callejeros” en Santa Fe y Córdoba.
En oportunidad de ser oído, Ricardo David Vázquez expresó que se desempeña como técnico de sonido en la empresa dirigida por Jorge Leggio y que también trabaja en forma independiente.
Con los integrantes de la banda “Callejeros” tenía contactos de índole laboral y luego, con el transcurso del tiempo, entabló una relación de amistad.
Al local de “Cromañón” concurrió por primera vez en marzo de 2004 para instalar el equipo de sonido que se utilizaría en un recital de la banda mencionada.
Las cajas de sonido, los micrófonos y los monitores se emplazaron en el escenario, y en el mangrullo -que estaba en el salón- colocaron la consola de sonido.
Aclaró que en la cabina de sonido no había matafuegos.
Precisó que entraron los materiales de trabajo con un camión por el garaje del hotel y que al concluir el recital los retiraron por el mismo lugar.
Con posterioridad a dicho evento, regresó al local en muchas ocasiones para realizar idénticas tareas y siempre ingresaron por el sector aludido.
En los casos en que el sonido era colocado por otra empresa y sólo asistía como sonidista, ingresaba al local por las puertas habilitadas para el público.
En junio o julio de 2004 concurrió nuevamente a “Cromañón” y Mario, el portero del local, le explicó que no abría la puerta del garaje del hotel porque en una oportunidad “casi se les cae” y había sido soldada.
Luego, cuando estaban bajando los materiales de trabajo, Omar Chabán le dijo que la puerta no se podía usar más porque el sonido “se iba para el hotel”.
Dijo “creer” que a partir de ese momento la puerta “tenía puesta un candado o cadena”.
Posteriormente, vio que en una oportunidad abrieron dicha puerta para entrar bebidas.
Por otra parte, indicó que los instrumentos del grupo “Callejeros” eran llevados al local por asistentes de la banda, quienes los bajaban y los instalaban.
Señaló que “Callejeros” contaba con seguridad propia y que ello era de su conocimiento por haber trabajado con ellos y por haber visto que en los recitales había personal que cumplía dicha función.
Agregó que la cantidad de personas dedicada a tareas de seguridad variaba según el show.
Recordó a “Lolo” como una de las personas que realizaba dicha labor y afirmó conocer a tres o cuatro más.
En lo que se refiere a la seguridad, entendió que dicho personal debía tomar las medidas para que el público “esté cuidado” y recibiera un buen trato.
En la instalación del equipo de sonido para los recitales del 28 al 30 de diciembre participó Sebastián Meniño, quien permaneció durante el recital para asegurarse de que el desarrollo del show fuera óptimo.
Las cajas de sonido las colgaron de un “fierro” que estaba tomado del techo.
Los cables que conducían la señal de audio salían desde el escenario hacia el primer piso y continuaban por el borde de las barandas para bajar a la consola de sonido situada en el mangrullo.
Dichos cables eran de una sola sección y “no estaban protegidos para que la gente no los pise”.
La consola aludida recibía la alimentación eléctrica a través de unos cables que partían del primer piso, de la cabina del discjockey.
Precisó que en el mangrullo había una “tarima” para elevar al sonidista y que los tableros que estaban debajo del escenario alimentaban eléctricamente al equipo emplazado en dicho sector.
Observó que para insonorizar el recinto se habían colocado paneles de goma espuma en la pared que da al escenario y en el techo.
Asimismo, aclaró que en el salón también había una media-sombra.
Señaló que habían instalado dos consolas, una en el escenario y otra en el mangrullo y que el 28 de diciembre se realizó una prueba de sonido.
La consola ubicada en el escenario generaba sonido para los músicos y la otra para el público.
Los días 28 y 29 de diciembre el público encendió bengalas y candelas y tanto Omar Chabán como “Pato” pidieron a los concurrentes que no se utilizaran pirotecnia.
Explicó que no lograron un cambio de conducta en los asistentes y que el uso de fuegos artificiales por parte del público era habitual en los recitales de muchas bandas y en todo tipo de lugares -grandes, chicos, cerrados y abiertos-.
En otras ocasiones –con otras bandas- había escuchado que Omar Chabán solicitaba a los concurrentes que dejaran de usar pirotecnia y les decía que el humo afectaba al show y que podía producirse un incendio y lesiones.
Además, indicó que Omar Chabán estimulaba al público, con la entrega de un premio de oro o plata, denominado “Prodan”, y los concurrentes se esmeraban en seguir a su banda para que les fuera bien.
No escuchó que en otro show los integrantes de “Callejeros” fijaran una posición respecto al uso de pirotecnia.
Puntualizó que cuando entraba al local no había personal de seguridad y no era sometido a control alguno.
El día del hecho estaba a cargo de la consola del escenario y vio que una candela pegó contra el techo y se encendieron los paneles de goma espuma.
Ello generó mucho humo y cuando el fuego creció, empezó a caerse parte del revestimiento del techo y la banda dejó de tocar.
Observó que el cantante se bajó del escenario y se acercó al público con la intención de apagar el fuego.
Notó que la situación era peligrosa y empezó a cruzar el escenario para dirigirse al sector de los camarines y salir por la puerta que comunica a un estacionamiento.
A mitad de camino, cuando llegaba a las escaleras que conducen a la salida, se cortó la luz. Con la ayuda de su linterna pudo seguir y acceder al garaje aludido.
En un primer momento la banda se mantuvo expectante y una vez que visualizaron que había fuego se dirigieron a la salida referida. Dijo desconocer si alguien quiso apagar el foco ígneo y que al único que vio con dicha intención fue al cantante de la banda.
Permaneció en el estacionamiento unos minutos y luego se dirigió a la puerta que comunica el salón con el garaje del hotel.
Allí observó que desde el local muchas personas intentaban abrir la puerta a los empujones.
En el lugar estaban algunos músicos, técnicos de sonido y personal de seguridad.
En la puerta del estacionamiento del hotel lo vio a Diego Argañaraz y un poco más alejado de dicha puerta, estaba Omar Chabán lamentándose de lo que sucedía. Escuchó que decía: “yo les dije que iba a pasar”.
Por otra parte, manifestó que durante un festival de rock en “Cromañón”, al que asistió contratado por la banda “Motor Loco”, los concurrentes hicieron uso de pirotecnia y se incendio un panel de goma espuma.
El foco ígneo afectó un proyector que estaba colgado y luego fue controlado por agua.
Manifestó que en esa ocasión tocaba “Jóvenes Pordioseros” y que pese a que el espectáculo se interrumpió, el público permaneció en el salón.
Asimismo, expresó que se enteró por comentarios que en un recital de “La 25” había ocurrido un episodio similar.
Respecto a la actividad de Raúl Villarreal, señaló que solía verlo en la puerta del local, dando indicaciones.
Por último, recordó que en los recitales de diciembre de 2004, “Callejeros” fue presentado por “Lombriz”, quien animaba el espectáculo con algunos chistes.
Al prestar declaración en la audiencia de debate, Lucas Javier Hasmat señaló que mantuvo una relación comercial con Omar Chabán por ser dueño de “Locuras”, comercio que vendía entradas para los locales de “Cemento” y “Cromañón”.
Expresó que Raúl Villarreal “era el segundo de Chabán” y que en los casos en que éste llegaba tarde, se encargaba de organizar las tareas del local.
Aseveró que el personal le rendía cuentas y que se ocupaba de vender tickets.
Explicó que en general “Cemento” tenía una entrada genérica, en la que figuraba el nombre del local y la leyenda “Espacio Cultural”.
Para cada evento agregaban el valor de la entrada y el nombre de la banda que se presentaba.
Por el contrario, para “República Cromañón” no había entrada genérica.
Las entradas se vendían en cinco locales de “Locuras” y Omar Chabán se informaba de la cantidad de entradas que se habían vendido.
La comercialización se “cortaba” cuando no quedaban más tickets o por indicación del organizador.
La firma "Locuras” no tenía injerencia en la cantidad de entradas que salían a la venta.
Tampoco auspiciaban ni hacían publicidad en radio, televysión y medios gráficos. Sólo colocaban un póster de la banda con la fecha en que se realizaría el concierto y hacían remeras alusivas al recital.
El diseño lo hacía el declarante o su padre y se relacionaban con la tapa de los discos.
En algunas ocasiones le regalaron remeras a los integrantes de “Callejeros”, pero “no a modo comercial”.
A veces efectuaban liquidaciones anticipadas y luego, el día que se realizaba la rendición final, descontaban el dinero adelantado.
Con relación a “Callejeros”, manifestó que en un principio Daniel Cardell llevaba las entradas a los locales “Locuras” y que posteriormente dicha tarea estuvo a cargo de Diego Argañaraz.
Ello dio lugar a que conociera y entablara una relación de amistad con el manager de la banda mencionada, quien se ocupaba de hablar con los dueños de los salones para acordar conciertos.
Apuntó que solía asistir a los recitales para “darle una mano a Diego” con la venta de entradas y que los boletos que se adquirían en el salón tenían un costo más elevado –dos o tres pesos- que en los locales de “Locuras”.
Dijo que por ser amigo de Diego Argañaraz, en el local de Flores recibió de la empresa “Gardencrot” –la imprenta de “Juan Carlos”- la totalidad de las entradas que iban a comercializarse para los recitales de “Callejeros” del 28 al 30 de diciembre de 2004 en “Cromañón”.
No recordó la cantidad de entradas recibidas.
Posteriormente, el 29 de diciembre, se fue a Santa Teresita y no participó de la rendición de cuentas correspondiente al expendio de dichos tickets.
Precisó que Diego Argañaraz encargó la confección de los boletos a Juan Carlos, con quien tenía una buena relación y ya había impreso los correspondientes al concierto de “Excursionistas”.
Refirió que las entradas para los recitales de “Callejeros” no siempre las imprimió la misma persona.
Explicó que en general las bandas se las encargaban a Marcelo Caputo, quien es manager de “Almafuerte” y tiene una imprenta.
Las entradas para ver a “Callejeros” se comercializaban en los locales “Locuras”, “La Cueva” -que tiene un local en Lanús- y en “La Estaca”.
Precisó que los tickets eran numerados y presentaban la fecha, lugar y horario del evento y un dibujo de fondo.
Dijo que los invitados no retiraban entradas en los locales “Locuras” y que generalmente los amigos y familiares de la banda ingresaban gratis por estar incluidos en una lista que poseían en la puerta del salón.
La rendición correspondiente a la venta de entradas las hace de manera independiente el encargado de ventas de cada local.
Explicó que los boletos se venden hasta el mismo día en que tiene lugar el evento y que en algunas oportunidades “los llaman” para pedirles que no vendan más entradas.
No recordó si tal situación ocurrió en relación a una presentación de “Callejeros”.
Afirmó que los locales “Locuras” nunca cobraron por la venta de entradas y que sólo se beneficiaban por el movimiento de clientes en el local, donde vendían remeras de confección propia y discos de “Callejeros”, tanto antes como después de diciembre de 2004.
La actividad comercial de “Locuras” se inició hace veinte años y en el 2004 había siete locales propios (Once, Flores, Morón, Belgrano, Munro, Mar del Plata y Villa Gesell).
Posteriormente abrieron otros locales en Córdoba, Santa Teresita y San Bernardo.
Para los recitales de “Callejeros” del 28 al 30 de diciembre de 2004 no vendieron entradas en los locales situados en la costa atlántica.
Afirmó que vendían remeras, mochilas y “merchandising de Callejeros” y que no pagaban por utilizar el nombre de la banda, porque a los grupos musicales “les sirve” que haya prendas de vestir con su nombre.
Aseveró que en el recital de “Excursionistas” armaron un puesto de venta.
No recordó que la banda le haya encargado remeras, pero afirmó que ello pudo haber ocurrido.
Exhibidas que le fueran las entradas obrantes en el sobre nº 163 del índice de prueba labrado por Secretaría, seleccionó las correspondientes al recital de “Callejeros” del 28 y 29 de diciembre de 2004 y manifestó que no están las del 30 de diciembre.
Por otra parte, dijo que Diego Argañaraz le comentó que estaba contento por el éxito de “Callejeros” y por haber dejado de trabajar en una pinturería para dedicarse completamente a la banda.
Precisó que a Diego Argañaraz no le gustaba que se utilizara pirotecnia en los recitales de “Callejeros”.
Aclaró que tal conducta formaba parte de la “cultura del rock” y que el humo de las bengalas le hacía mal a Patricio Fontanet.
Dijo que salvo que adopten una conducta “hipócrita”, ninguna banda puede afirmar que le anunciaba al público una posición contraria al uso de bengalas y otros fuegos artificiales.
Sostuvo que no le gustaba que se utilizara pirotecnia porque el ambiente se llenaba de humo y porque era peligroso.
No advirtió que “Callejeros” se dirigiera al público por dicha cuestión ni recordó “haber visto claramente a Diego” usando pirotecnia en algún recital.
Dijo haberlo acompañado a distintos eventos en el interior del país -mencionó las localidades de “25 de Mayo” y “Gálvez”- y que “no puede precisar un momento en que haya estado usando pirotecnia”.
Por otra parte, manifestó que luego de ocurrido el incendio en el local de “Cromañón”, Diego Argañaraz quiso devolver a la madre de “Romina” –quien fuera la esposa de Diego- una computadora, porque le traía recuerdos.
Por dicho tema se comunicó con la progenitora de “Romina”, con quien se había encontrado en la morgue.
Dijo haber recibido un llamado de la suegra de Diego Argañaraz, quien le manifestó que le había parecido raro “el tema de la computadora”.
Indicó que la computadora era de “Romina” y que ignoraba la información que contenía.
No recordó haberse encontrado con los padres de “Romina” en otra ocasión, pero no descartó que ello haya ocurrido.
Respecto a la seguridad de los shows, indicó que “Callejeros” contaba con un grupo de personas que se encargaban de cuidar a sus integrantes, a los instrumentos musicales y a las pertenencias que quedaban en los camarines.
Se trataba de un equipo reducido de personas, que variaba según la capacidad del lugar.
Indicó que “Lolo” y “Claudio” integraban el plantel de seguridad del conjunto musical y que estuvieron presentes en el recital de “Callejeros” realizado en el mes de mayo de 2004 en “Cromañón”.
Estimó que “Cromañón” tenía personal de seguridad y afirmó que en “Cemento” contaban con dicho personal.
Agregó que “quizás cruzaban el personal”, atento que ambos locales eran explotados por Omar Chabán.
Expuso que el incremento en la venta de entradas de “Callejeros” fue gradual y que el “punto de despegue” se produjo cuando decidieron editar un disco con “Pelo” y su música empezó a sonar en la radio.
En los locales “Locuras” vendieron las entradas correspondientes al concierto de “Obras” y como las localidades se agotaron, el conjunto musical hizo una segunda presentación.
Para dicho evento la banda regaló un afiche con cada entrada.
Fue a verlos a su primera presentación en “Cromañón” y, en dicha ocasión, vendió entradas en la boletería.
Una vez que se inició el recital siguieron vendiendo tickets y las puertas permanecieron abiertas porque algunos concurrentes llegaban más tarde.
Luego, cuando el recital ya estaba avanzado, dejaron de expender boletos y entró al salón sin ser sometido a control alguno.
Estuvo en el primer piso, en el sector VIP, al que accedió sin problemas. Posteriormente se ubicó en la planta baja, en la parte de atrás.
El 28 de diciembre de 2004 comió en el hotel con Diego Argañaraz y luego estuvo en la boletería, junto a Aldana y Marcela Núñez -que eran de prensa-.
Agregó que el personal de “Locuras” asistía para ver el concierto y que para el hecho puntual de “Cromañón” fueron a ayudar “en las gestiones” Ezequiel Orlandi y Cristian Medina –no recordó si éste último trabajaba en el local mencionado-.
Desde allí observó que en el hall habían emplazado vallados para guiar el ingreso de los asistentes.
No observó que alguna persona ajena a la lista de invitados ingresara al salón sin entradas.
Sin embargo, relató que Raúl Villarreal en alguna ocasión dio el visto bueno para que ingresara un músico de otra banda o un amigo suyo que no estaba en la lista de invitados.
Expresó que en “Cemento” los invitados entraban con un ticket y que en “Cromañón” se les ponía una cinta.
Por otra parte, dijo que no advirtió que se vendieran localidades fuera de la boletería y que no recibió comentario de que ello haya sucedido
Puntualizó que por el garaje del hotel se podía acceder a los camarines.
Sostuvo que Mario Díaz cortaba tickets o revisaba a los concurrentes en la puerta y que “todo” era manejado por Raúl Villarreal, que era “encargado general del boliche”.
A Diego Argañaraz no lo vio dar órdenes.
En relación a las liquidaciones, manifestó que Raúl Villarreal –tanto en “Cemento” como en “Cromañón”- no tenía participación en el bordereaux y que una vez descontados los gastos –los correspondientes al sonido, luces y personal- el treinta por ciento de lo recaudado era para el local y el setenta por ciento para la banda.
En relación a los seguidores de “Callejeros”, manifestó que había dos grupos -“La familia piojosa” y “El fondo no fisura”- que por motivos que desconoce, tenían posiciones antagónicas.
Añadió que en alguna ocasión -no recordó si en el propio recinto de los conciertos- se produjeron enfrentamientos físicos.
Dijo que en general el público que seguía a la banda era bueno y que Sebastián -integrante de “La familia piojosa”- organizaba viajes al interior para ver a “Callejeros” y hacía volantes para promocionarlos.
Estimó que Sebastián se enteraba de las fechas de los recitales a través de la banda.
Con posterioridad al 30 de diciembre y por hechos comerciales que ocurrieron con algunos miembros de “Callejeros”, la cadena de locales “Locuras” no siguió comercializando las entradas de la banda.
Sólo de manera excepcional y a pedido del organizador –Palazzo-, vendieron boletos para el concierto realizado en Córdoba.
Por otra parte, señaló que a través de sus familiares se enteró que Ezequiel Orlando llevó la recaudación correspondiente al 30 de diciembre de 2004 a la boletería del local, a donde asistió para vender entradas.
Precisó que nadie se encargaba de controlar la calidad o seguridad de los tickets, en miras de evitar falsificaciones.
A pregunta de las partes, respondió que Fabián Lillo tiene un local -“La mosca roja”- en la ciudad de “Córdoba”, donde se vendieron entradas para los recitales de “Callejeros”.
Leída que le fuera su declaración del 10 de enero de 2005, en la que afirmó haber recibido tres mil quinientas entradas durante tres días consecutivos y que las entradas se diferenciaban porque cada fecha tenía la tapa de un disco distinto, manifestó que “hoy” no lo recuerda y “en ese momento seguramente sí”.
Durante el transcurso de la audiencia de debate, Martín Alejandro Hasmat expresó que se desempeña como titular de la sucursal Belgrano de la cadena de locales “Locuras”.
Aclaró que desde el 2002 al 2004 trabajó en el local de “Flores”, donde se relacionó comercialmente con Diego Argañaraz, quien le dejaba las entradas correspondientes de los recitales de “Callejeros”, para su posterior venta.
Explicó que los boletos generalmente eran recibidos por el encargado de venta de cada local. El valor de cada ticket lo fijaba la banda y no se comercializaban por Internet. Debían abonarse en el comercio donde se habilitaba una caja especial para las entradas, distinta a la caja del local.
La firma “Locuras” no tiene injerencia en la fecha ni en el horario de los conciertos, sólo interviene en la venta de entradas.
Tampoco realiza publicidad ni se encarga de imprimir las entradas.
En los casos que tienen un mayor conocimiento de los integrantes de la banda, hacen rendiciones anticipadas para que el conjunto musical pueda disponer del dinero.
Dijo creer que en el caso de “Callejeros” hicieron una rendición anticipada, porque conocían a Diego Argañaraz.
En otros casos no accedían a dicha modalidad por temor a que se suspendiera el evento y los seguidores les reclamaran el dinero de la entrada.
Las liquidaciones las practicaba cada local de manera independiente y en dichas oportunidades entregaban el dinero equivalente a los importes de las entradas vendidas y los tickets sobrantes.
Manifestó que el mismo día del recital continuaban vendiendo entradas y que no recuerda el caso puntual de los shows de “Callejeros” en diciembre de 2004.
Aseguró que para los conciertos aludidos su hermano fue a ayudar a un amigo y que Ezequiel Orlandi vendió entradas en las boleterías del local.
Afirmó que no mandó a ningún empleado al local mencionado y que con posterioridad se enteró que Ezequiel Orlandi había estado en la boletería de “Cromañón”.
Agregó que ignoraba si “Locuras” enviaba personal a las boleterías.
Indicó que las rendiciones se realizaban en un cuaderno, donde dejaba asentado la cantidad de entradas vendidas.
Dijo no tener un archivo de esos cuadernos y desconocer si aún los conservaba.
Precisó que en los casos de eventos grandes recibían las entradas con un mes de anticipación y que las entradas correspondientes a los recitales de “Callejeros” en diciembre de 2004 las recibieron quince días antes, porque la fecha de los conciertos fue “muy cercana” a la presentación de la misma banda en “Excursionistas”.
Aclaró que no había entradas para invitados y que los tickets tenían un diseño distinto para cada fecha.
Recibió quinientos boletos para cada evento. Para el día 28 de diciembre vendió doscientos noventa y siete entradas, para la segunda jornada comercializó doscientos ventidós boletos y para la última noche expendió trescientos tickets.
Los boletos contenían la fecha y horario del show, el lugar y un dibujo del grupo.
Además tienen marcas de agua, “stamping” -color plateado- y siempre están numeradas.
Todas se vendieron a diez pesos cada una y la recaudación correspondiente a la venta de la totalidad de las entradas se rindió a Diego Argañaraz antes del show.
El dinero recaudado por el show del 30 de diciembre –tres mil pesos- y las entradas sobrantes las remitió a “Cromañón” a través de un remisero.
Sostuvo que no podía recordar si el envío fue recibido por Diego Argañaraz o por Ezequiel Orlandi.
Dijo suponer que por la mecánica del sistema de ventas, el resto de las sucursales que vendieron entradas también entregaron el dinero recaudado a Diego Argañaraz antes del inicio del show.
Precisó que la firma “Locuras” es propiedad de su padre -Carlos Hasmat- y que en el 2004 había cinco locales en Capital y alrededores, y otros en Mar de Plata, Villa Gesell, San Bernardo y Santa Teresita.
Aseveró que anteriormente habían comercializado entradas para ver a “Callejeros” en “Excursionistas”, “Cromañón” y en “Obras”.
Con posterioridad al 2004 vendieron entradas de “Callejeros” en una sola oportunidad.
En los locales se venden remeras, compact disc de “Callejeros”, mochilas, accesorios, dijes y calcomanías.
Explicó que elaboraban los productos textiles y que los accesorios les eran proveídos.
Durante el 2004 la venta de productos de “Callejeros” se fue incrementando, pero la banda no tenía participación en la venta de la mercadería descripta.
No descartó que excepcionalmente alguna banda tenga algún tipo de “arreglo”.
Por otra parte, expuso que en invierno de 2004 asistió con cuatro amigos al recital de “Callejeros” realizado en “República Cromañón”.
Entró por la puerta de la derecha del local como invitado de Diego Argañaraz y se ubicó en el primer piso, donde permaneció durante todo el concierto.
Esa noche hubo mucha pirotecnia y salió por la misma puerta que utilizó para ingresar.
Respecto a la actividad de Diego Argañaraz, expresó que llevaba las entradas a los locales, averiguaba “como estaba la venta de entradas” y se encargaba de la recaudación del dinero.
Al recital de “Callejeros” en “Excursionistas” fue como invitado con diez amigos.
Expuso que en dicho evento había un puesto de ventas de “Locuras”, desconociendo las condiciones comerciales pactadas para dicha actividad.
Por último, afirmó que generalmente los productores y organizadores de recitales le ofrecían la venta de entradas a la firma “Locuras”.
Compareció ante estos estrados Ezequiel Martín Orlandi, quien durante el mes de diciembre de 2004 era empleado de la firma “Locuras”.
Manifestó que se desempeñaba como vendedor del local ubicado en el barrio de Flores de esta Capital Federal, cuyo encargado era el Sr. Lucas Hasmat.
Dijo que con motivo de su actividad conoció a Omar Chabán, quien periódicamente concurría a ese comercio a fin de llevar entradas para la venta de espectáculos en “Cemento” y “República Cromañón”. Agregó que aquél a veces se comunicaba telefónicamente a fin de averiguar cómo iba la recaudación.
Expresó que conocía a Raúl Villarreal por haberlo visto en los “boliches” indicados. Precisó que se encontraba en la boletería o “dando vueltas” por el lugar.
Puntualizó que en “Locuras” se vendieron entradas para casi todos los recitales de “Callejeros” realizados en el año 2004.
Explicó que los tickets eran vendidos en todos los locales de esa firma y que cada uno de ellos efectuaba la correspondiente liquidación y devolvía aquellos no vendidos. Sostuvo que habitualmente los músicos de “Callejeros” iban de visita a su comercio, pero que el manager de la banda era quien se encargaba de llevar las entradas y retirar el dinero.
Dijo que trabajó en la boletería durante el concierto desarrollado en el estadio “Excursionistas” y que le abonaron separadamente por esa tarea. Indicó que también se instaló allí un puesto de venta de remeras de “Locuras”.
Manifestó que asistió como espectador al anterior recital de ese grupo en “República Cromañón”. Precisó que allí se detonó pirotecnia y que desde el escenario se solicitó que dejaran de hacerlo porque había muchísimo humo.
Dijo también que generalmente a los shows de esa banda ingresaba como invitado y no pagaba entrada. Le avisaba con anterioridad a Diego y éste le entregaba una credencial o pulsera. Agregó que no era revisado por el personal de seguridad.
Indicó que en “Locuras” se pusieron a la venta tickets para los recitales de los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004, mas no recordó la cantidad que fue entregada.
Puso de relieve que también trabajó los tres días en la boletería de “República Cromañón” a propuesta de Diego Argañaraz. Dijo que por su tarea éste último le abonó $ 100 por noche.
Puntualizó que las entradas que no habían sido vendidas en “Locuras”, las llevó al local bailable.
Con relación a la liquidación, agregó que no recordaba exactamente si los encargados de los locales de “Locuras” se acercaron al boliche o enviaron por remise o moto la liquidación y el dinero. Sostuvo que la intención era efectuar el conteo general en forma conjunta con Argañaraz.
Relató que en la boletería se encontraban Cristián Medina, quien era un compañero de “Locuras”, y una joven llamada Aldana –encargada de prensa de la banda Callejeros-.
Dijo que los días 28 y 29 realizó la liquidación al finalizar cada show junto con el manager de la banda. No pudo precisar si aquellas comprendían también lo vendido en el local indicado, o sólo se trataba de lo recaudado en la boletería de “Cromañón”.
Puntualizó que una de esas dos jornadas el conteo se realizó en una habitación del hotel lindero donde se estaba alojando Argañaraz, y la otra en la boletería. En esas oportunidades el dinero se lo entregó a éste último.
Señaló que conocía a “Lolo Bussi” y que lo vio las noches de diciembre en “República Cromañón”. Dijo que generalmente estaba en la puerta y que lo vio en otros recitales de “Callejeros”, tales como “Obras” y “Excursionistas”.
Se refirió a continuación al día 30 de diciembre de 2004.
Contó que arribó al local aproximadamente a las 18:00 ó 18:30 horas y que se estaba realizando una prueba de sonido. Indicó que permaneció en el salón presenciando el ensayo y que se hallaban presentes los miembros de la banda, sonidistas, Diego Argañaraz y otras personas más, de las que no dio precisión.
Puso de resalto que un rato antes de que se “diera puerta”, se ubicó en la boletería y desde allí observó al personal de seguridad que trabajaba en el hall. Aquellos vestían remeras negras, las cuales, estima, que tenían impresa la leyenda “Seguridad Callejeros”. Señaló que las puertas “vaivén” se encontraban abiertas.
A preguntas formuladas, también manifestó que vio pasar un patrullero de la policía con sus sirenas lumínicas encendidas.
Puntualizó que no salió en ningún momento de su lugar de trabajo, pero que su compañero entró y salió en varias oportunidades. Dijo que estimaba que la encargada de prensa, Aldana, había estado toda la noche con él.
Relató que mientras se encontraba en la boletería terminando de “hacer los números” -ya no entraba más público-, observó que a través de las puertas “cine” salía gente en estado de desesperación del interior del salón.
Dijo que en un primer momento pensó que se había originado alguna pelea y en consecuencia guardó todas sus pertenencias en la mochila, incluido el dinero de la recaudación, y se quedó allí adentro.
Sostuvo que inmediatamente oyó que las personas golpeaban la puerta de la parte trasera de la boletería con la falsa creencia de que aquella era una salida. Por esa razón, transcurridos dos minutos aproximadamente, rompió los vidrios de una de las ventanillas y salió junto con sus compañeros.
Puso de resalto que uno de los portones que daban a la calle Bartolomé Mitre se encontraba cerrado y que el público debía salir por una puerta pequeña. Por ello se generó una especie de “tapón” en el hall del local, hasta que ese portón fue abierto.
Indicó que una vez que accedió a la vía pública permaneció unos minutos mirando lo que sucedía y luego comenzó a transitar por las calles buscando a las personas que conocía.
En los alrededores vio a los integrantes del grupo “Callejeros” y a Villarreal, mas no a Omar Chabán.
Contó que se encontró con un amigo llamado Matías, quien trabajaba en el sector de estampería de “Locuras”. Agregó que aquél trabajaba en el primer piso del local de Flores estampando remeras de “Callejeros”.
Señaló que su compañero estaba buscando a su novia y, por esa razón, dejó su mochila entre unas plantas del lobby del hotel e ingresó al interior del salón a buscarla.
Dijo que allí no pudo hallarla, entonces recuperó su bolso y con su amigo comenzaron a recorrer los hospitales y clínicas de la zona.
Finalmente llamó por teléfono a su familia y se fue a casa.
Destacó que aquella noche no entregó la plata y que la tuvo en su domicilio por dos o tres días, hasta que se comunicó Lucas Hasmat preguntándole sobre aquél.
Relató que le pidió que llevara la recaudación a la casa de Bruno Díaz y así lo hizo. En esa reunión estuvieron presentes, Diego Argañaraz, Bruno Díaz y Lucas Hasmat. Refirió que la suma que entregó ascendía a $ 51.000 aproximadamente y que no recordaba el número total de entradas vendidas. Agregó que no sabía si junto con el dinero también había entregado la liquidación.
Con relación a la rendición de cuentas de ese día, señaló que comprendía a la de todos los locales de “Locuras” y que la había llevado en su mochila a “Cromañón”.
Leído que le fue un pasaje de su declaración prestada en la etapa de instrucción, recordó que en el “Hospital Ramos Mejía” el día 30, se encontró con uno de los guitarristas de “Callejeros” –no Maximiliano Djerfy- y un amigo de éstos llamado “Fabián” que era de la Provincia de Córdoba. A esta persona le entregó una parte pequeña del dinero recaudado, aproximadamente $ 1.000.
Aclaró que él les había dicho que tenía allí el monto recaudado por si lo necesitaban y que uno de los integrantes de la banda le dijo que le diera a Fabián aquella suma.
Mediante la utilización del mismo mecanismo, dijo que era posible que en la mochila hubiera parte de la recaudación de los días anteriores que no hubiera sido entregada por el local a Diego o que no lo hayan mandado para hacer el conteo el día correspondiente.
Respecto del precio de las entradas, indicó que no recordaba su valor exacto, pero destacó que existía una diferencia de $ 5 entre las de venta anticipada y las adquiridas en la boletería del local. Aclaró que las localidades vendidas en “Locuras” eran las más baratas y al efectuar la rendición discriminaba esa circunstancia. Dijo que el valor rondaba los $ 15 y $ 20, ó $ 10 y $15.
También le fue leído un parágrafo de su testimonio anterior sobre la cantidad de entradas vendidas en los locales de “Locuras”. La cantidades consignadas en esa declaración eran las siguientes: en Flores: 700, en Munro: 182, en Once: 1200, en Morón: 500, en Belgrano: 300. También indicó que se había entregado un talonario de 50 entradas para los invitados.
Manifestó que si bien ya no estaba seguro sobre esos números, en el momento de efectuar esa declaración “sí lo tenía fresco”. Aclaró además que los montos que él recordaba los había ratificado telefónicamente con los distintos locales los días siguientes al hecho.
A preguntas formuladas agregó que él no manejaba las entradas para los invitados, sino que de ello se ocupaba el encargado del local.
Finalmente, indicó que dejó de trabajar para “Locuras” en el mes de diciembre de 2005 cuando fue despedido por hechos no relacionados con la tragedia del 30 de diciembre de 2004.
En la audiencia de debate prestó declaración el testigo Walter Villalba, quien refirió conocer a Omar Emir Chabán como dueño de los locales “Cemento” y “Cromañón”. Respecto de Raúl Alcides Villarreal dijo que trabajaba con Chabán pero que no lo conocía personalmente.
También dijo que conocía a la totalidad de los integrantes del grupo “Callejeros” por ser miembros de la banda.
A preguntas efectuadas por el Fiscal General, aludió que al momento del hecho, y desde el mes de septiembre de 2004, trabajó en la sede de comercio que “Locuras” posee en Morón, Provincia de Buenos Aires.
Si bien lo habitual era que las bandas se ocuparan del tema de las entradas, en ciertas ocasiones el propio Chabán iba a “Locuras”, o se contactaba por teléfono, para informarse de la venta de los tickets.
Además de entradas, el local vendía indumentaria y accesorios. La ropa la fabricaban en un taller que tenía la empresa en Morón. Ahí se cortaba y se estampaban las remeras.
Sobre la relación que tenía con el personal del taller, dijo que no era muy fluida. Negó conocer a Matías Ramirez.
Si bien no concurrió a “Excursionistas”, manifestó que era posible que en el lugar se haya montado un puesto de ventas de “Locuras”.
En lo atinente a “Callejeros”, no recordó que se hayan confeccionado remeras para otro destino que no sea la venta al público, pero aseveró que en el local donde trabajaba sólo se recibían casacas para vender.
Asimismo, y en materia de venta de entradas para los recitales de “Callejeros”, explicó que en su local se habían recibido para la venta 500 entradas para cada día -28, 29 y 30 de diciembre-, y se distinguían unas de otras con las tapas de los distintos discos de la banda. Sobre este punto, el declarante estimó que se vendieron todas las localidades ofrecidas.
No obstante no recordar si recibió algún llamado de parte de Omar Chabán para interiorizarse sobre el ritmo de las ventas, si aseveró que lo hizo Diego Argañaraz.
Tampoco le fue posible precisar cómo llegaron las entradas a su local, pero sí pudo rememorar que se recibieron en fecha posterior al recital que la banda ofreció en la cancha de “Excursionistas”.
Explicó que día por día se separaba el dinero y los tickets que no se vendieron, y que generalmente tenía unas planillas donde se firmaban los retiros de dinero. En el caso puntual de “Callejeros” no recordó haber firmado nada.
Sí precisó que tuvo que enviar dinero al local que la firma posee en Flores –que, al menos en ese momento era la casa central- y de ahí iban a retirar todo.
También refirió conocer al grupo “Callejeros” porque en Munro se acercaban a dejar entradas. Lo hacía cualquiera de ellos, recordando en especial a Fontanet y a Maxi. Como público los vio en “Cemento” y en “Obras”.
Sobre la venta de entradas, declaró que todos los empleados del local estaban avocados a ello, es decir, no se delegaba en nadie de manera específica. Sí existían cajas aparte, una para recitales y otra de ingreso al local.
A su vez explicó que en el local había merchandising de “Callejeros”, más que nada ropa, pero no supo precisar si en los recitales de la banda se vendió, dado que no fue a ninguna de las tres presentaciones.
En materia de afiches, dijo que era normal que las bandas los colocaran en el local. Si bien la firma “Locuras” tenía una página web, no recordó qué se podía hacer en ella, pero más que nada tenía los teléfonos y direcciones de las sucursales. De todas formas, en el comercio no se pegaron afiches correspondientes a los shows de los días 28, 29 y 30 de diciembre.
Al momento de efectuar la lectura de una parte de la declaración que prestó en la instrucción de la causa con el objeto de ayudar a su memoria –en lo relativo a la venta de entradas el día 30 de diciembre-, el testigo recordó que sólo para ese día se vendieron la totalidad de los tickets.
Luego, a pregunta del Dr. Gutiérrez, el declarante precisó que para todos los recitales se hizo una sola liquidación, no logrando recordar con exactitud la fecha.
Por último, y al ser preguntado por la Dra. Fangano sobre cuándo vio a Maxi en Munro, el testigo dijo que ello ocurrió entre los años 2002 y 2003.
Fue convocado a prestar declaración en el debate Sergio Fernando Piñeyro, quien previo a comenzar con su relato indicó que conoce a Omar Chabán y a Raúl Villarreal por motivos laborales.
Señaló que también conoce a los integrantes de “Callejeros” por cuestiones de trabajo. Además lo une una relación de amistad con los miembros del grupo.
Comenzando con su exposición, indicó que el día 30 de diciembre del año 2004 concurrió al local “República Cromañón” –acompañado del hijo de su mujer- cerca de las siete de la tarde, a fin de realizar sus tareas como iluminador de la banda.
Expuso que ingresó al local por la puerta de persiana color azul –así lo marcó en la maqueta virtual- y que en ese momento aún no se “había dado puerta”. Agregó que al entrar no fue revisado.
Manifestó que fue hacia el escenario, luego a la consola de luces y desde allí verificó que los equipos estuvieran funcionando. Posteriormente se dirigió al sector de camarines, lugar donde permaneció hasta el comienzo del espectáculo, salvo por algunos momentos en que salió al estacionamiento lindero en virtud del calor. Aclaró que él no efectuó el show de luces de la banda soporte y que en la zona de camarines no vio que hubiera elementos de pirotecnia.
Refirió que previo al inicio del show de “Callejeros” se dirigió hacia su puesto de trabajo junto con la persona que lo asistía –su hijo-. De esta forma, se ubicó en la consola de luces situada en el mangrullo existente en el local –allí también estaba Leggio, un colaborador de éste y Omar Chabán-. Aclaró que el salón estaba tan lleno de gente que tardó aproximadamente diez minutos en realizar el trayecto desde el escenario hasta la consola.
Expresó que antes del inicio del show de “Callejeros”, Omar Chabán pidió a los asistentes que no arrojaran pirotecnia porque se podía prender fuego el lugar, tal como “en Paraguay”-aclaró que Chabán manifestó ese discurso los tres días de recital-. También habló Patricio Fontanet, diciendo que “no seamos boludos, no prendan fuego”, entre otras palabras que no pudo recordar.
Dijo que comenzó el espectáculo y que cuando se estaba tocando el primer tema, observó que una persona arrojaba una candela que prendió fuego el techo del local, más precisamente en el sector cercano a la segunda escalera del salón –así lo marcó en la maqueta virtual-.
Indicó que al iniciarse el incendio, en un primer momento, permaneció en la consola. Pudo ver cómo comenzó a caer fuego y colchones encendidos sobre ese lugar. Intentó tomar un matafuegos -de unos cincuenta centímetros aproximadamente- que estaba situado en la consola, pero cuando lo accionó no funcionó. Fue por ese motivo que procuró apagar el fuego que caía sobre los equipos, pegándole con su remera.
Agregó que él no sabía qué era lo que había en el techo; solamente veía la media-sombra que ocupaba todo el salón, pero desconocía el material que estaba colocado por encima de ésta.
Luego se dirigió hacia el sector de las puertas tipo cine, pero no pudo salir. Volvió hacia el interior y en ese momento se cortó la luz.
Aclaró que pretendió dirigirse al interior del salón, porque recordaba que al lado del escenario había un portón que conocía porque para el recital que “Callejeros” realizó en el mes de mayo, por ese sector ingresó un camión para descargar los equipos. Sin embargo, esa puerta no se abrió, porque estaba cerrada con un candado que no dejaba usar el “barral de seguridad”.
Continuando con su relato, señaló que finalmente lo sacaron y que una vez en la calle, cuando era ayudado por tres personas, una de éstas le quitó su riñonera, pantalones y las zapatillas. Instantes después, pudo reconocer al fletero de la banda, apodado “Yogui”, quien lo acompañó hasta el sector donde se encontraban las ambulancias para que lo atendieran. Agregó que estuvo cuatro días internado a consecuencia del hecho.
A preguntas que se le efectuaran sobre las instalaciones de sus equipos, explicó que en el escenario había un tablero correspondiente al lugar en muy buen estado. Allí el declarante hacía colocar una potencia, desde donde se mandaba un cable hacia el sector de las consolas ubicadas en el medio del salón.
Había dos consolas diferentes, la de sonido y la de luces. Que él tomaba la energía de aquella destinada al sonido, puesto que de ésta solo necesitaba la tensión; en lo demás, las consolas eran independientes. Los cables pasaban por las barandas de los balcones.
En “Cromañón” el deponente llevaba equipos de luces de su propiedad, pues para el recital de mayo había visitado el lugar y no le servían aquellos propios del salón. En general, esa era la modalidad de su trabajo, esto es, concurrir a un establecimiento, verificar el equipo que necesitaba y llevar aquel acorde al salón de que se trate. Si sus equipos no eran suficientes, subalquilaba otros.
Aclaró que los equipos fueron instalados el día 27 de diciembre y que el armado lleva aproximadamente unas seis o siete horas. Expresó que ese día arribó al lugar cerca de las tres de la tarde y que no dejó a ninguna persona encargada de cuidar esos elementos, puesto que se trataba de un local cerrado. Cuando arribó los equipos ya estaban, por lo que desconoce por dónde fueron ingresados.
En los recitales se acostumbra armar primero las luces, luego el sonido y finalmente la escenografía; con esto último se hace referencia a los instrumentos de los músicos.
Precisó que para instalar el sistema de luces, él llevaba dos trípodes que ubicaba a los costados del escenario y allí colocaba las luces móviles. Por su parte, el local contaba con una estructura de metal propia, que era utilizada para colgar las luces de frente al escenario, además de las que pertenecían al salón.
Aclaró que en realidad, eran dos las cabinas de luces, una para las fijas y otra para las móviles; ambas estaban situadas en el mangrullo al lado de la cabina de sonido.
La energía total provenía del tablero del escenario, y se empleaba aproximadamente entre 100 y 140 amperes por fase; los equipos eran trifase.
Explicó que las luces se podían cortar desde la potencia o desde la consola. De realizarse ese corte, el escenario quedaría sin luz y permanecería la iluminación del local. El día 30 de diciembre recuerda que había unos “pines” del lugar; que las luces que se cortaron fueron las del local, aunque desconoce cómo fue que esto se produjo.
Lo que sí aseguró es que “alguien apagó las luces” y que no hubo cortocircuito. Esto lo afirmó porque cuando se cortó la luz ya no había fuego en el lugar.
En otro aspecto y respecto del uso de pirotecnia, indicó que él personalmente siempre vio con odio la utilización de esos elementos, porque el humo que desprendían las bengalas impedía que se pudiera apreciar el producto de su trabajo, es decir, la iluminación que preparaba para cada tema.
Respecto de los miembros de la banda, dijo que no alentaban al empleo de pirotecnia, sino todo lo contrario. Para esa época, el público de todo recital de rock encendía esos elementos, tanto en lugares abiertos como cerrados. Por ejemplo, en el show que la banda “La Renga” brindó en el estadio de “Huracán”, se prendieron cincuenta bengalas durante una misma canción.
Expresó que él se desempeñó desde el año 1986 a 1992 con la banda “Los Redondos” y ya desde esa época se comenzó a utilizar pirotecnia en recitales de rock. Las candelas sólo las vio el 30 de diciembre de 2004.
Dijo que trabajó los recitales de los días 28 y 29 de diciembre de 2004 y que a ambos eventos arribó aproximadamente a las 19:00 hs; siempre verificaba que antes de “dar puertas”, el equipo estuviera en funcionamiento.
Realizando una comparación de los eventos, expuso que el 28 hubo bastante gente y se accionó pirotecnia, pero no hubo candelas; el 29 fue mas tranquilo y el 30 fue el día que más público asistió al local.
Interrogado para que diga si conoce a “Lolo” Bussi, respondió que sí, que vive a dos cuadras de su casa y que era seguridad de “Callejeros”. Sabe que trabajó el 30 de diciembre, aunque no pudo precisar qué tareas realizó esa noche, pues estaba enyesado por una lesión en una de sus piernas. Aclaró que lo vio en los camarines.
También a preguntas de las partes, señaló que conoce a Paula Mangone, mas no sabe si la nombrada estuvo presente en el local el día de la tragedia.
Volviendo a las modalidades de su trabajo, dijo que él presta labores para la banda y que todo lo hablaba con el manager Diego Argañaraz; incluso éste último es quien le pagaba por sus servicios. La plata la podía cobrar al término de cada evento o en la semana subsiguiente.
Explicó que como iluminador del grupo, recibía la lista de temas y luego trabajaba libremente, es decir, hacía lo que quería con las luces. Nunca participó en reuniones por cuestiones laborales.
A preguntas que se le efectuaran para que precise qué funciones observó cumplir a Raúl Villarreal, expresó que en el local “Cemento” el nombrado realizaba tareas de seguridad, agregando que a su entender era jefe de seguridad. Dijo que si querías preguntar algo de seguridad se lo preguntabas a Villarreal.
Explicó que a Villarreal lo conoce por concurrir al local “Cemento”, desde aproximadamente el año 1986 o 1988. Que lo ha visto en recitales de distintas bandas, como ser “Divididos”, “Los Redondos” o “Memphis”. Varias veces advirtió que se ubicaba en la boletería; agregó que nunca le pidió al nombrado que le hiciera ingresar algún invitado –eso lo manejaba con la banda; aclaró que nunca le proporcionó invitados a Djerfy para su inclusión-.
Expresó que el día 30 de diciembre no recordaba haber visto a Villarreal en “Cromañón”. De acuerdo a su trabajo no tenía ningún trato con el nombrado.
Asimismo, refirió que conoce a la seguridad de la banda, que son las personas que cuidaban a los músicos y están siempre que toca “Callejeros”. A modo de ejemplo, pudo nombrar a “Lolo” y a “Claudio”.
En otro orden y a preguntas que se le efectuaran acerca de si la primera vez que concurrió al local “Cromañón” le fueron exhibidas las instalaciones eléctricas, manifestó que generalmente él acostumbraba verificar previamente los lugares. Señaló que quizá cuando lo hizo en “Cromañón” estuvo presente Chabán, aunque no lo pudo asegurar. El tablero del local tenía térmicas con seguridad; dijo no recordar si contaba con disyuntor.
Además del tablero del escenario, el lugar contaba en el piso superior con una cabina de discjockey; sin embargo, este sector no era utilizado para ello porque estaba destinado más bien para cuando el salón funcionaba como discoteca.
Interrogado que fue para que expresara si estuvo en los recitales que “Callejeros” brindó en el estadio “Obras”, respondió afirmativamente; que no estaba seguro si esos eventos fueron filmados, aunque estimó que sí. Agregó que nunca advirtió que se suspendieran los shows por algún incidente.
A preguntas que se le efectuaran, señaló que ha participado en reuniones sociales con los miembros de la banda “Callejeros”, como ser, en asados. En el marco de esos encuentros, todos juntos observaban los videos de los recitales y generalmente se hablaba en contra de la pirotecnia, porque el humo de las bengalas dificultaba la visión del show y tornaba nulo el trabajo realizado con las luces.
Interrogado para que precisara si pudo observar a la persona que ocasionara el siniestro del día 30 de diciembre, refirió que desde el lugar donde estaba ubicado, a ese sujeto sólo le vio la nuca, pues le daba la espalda. Advirtió que se estaban lanzando varias candelas y que se hacía en actitud festiva, bailando y cantando. Incluso algunos concurrentes bailaban alrededor del fuego cuando se desató la tragedia.
Por lo demás, agregó que no sabía dónde se ubicaron esa noche los grupos de seguidores de “Callejeros”, denominados “La Familia Piojosa” y “El Fondo no fisura”.
Respecto del público de “Callejeros”, dijo que había violencia como en todo lugar donde concurre mucha gente; no obstante generalmente era todo muy festivo. Podía suceder que existiera algún robo y en esos casos la propia gente golpeaba a la persona que cometía la sustracción.
Interrogado para que dijera si después de la tragedia pudo recuperar sus equipos de sonido, dijo que se los entregaron en febrero del año 2005. Refirió que notó que el lugar estaba totalmente diferente; por ejemplo, había zapatillas ordenadas por número y su caja de herramientas estaba vacía. La escena, según su criterio, varió aunque no hizo notar esta situación en aquella ocasión.
Finalmente, agregó que sus equipos estaban destruidos por el polvo, el moho y el hollín.
También prestó declaración el testigo Juan Carlos Cisneros, empleado de SADAIC, quien concurrió el día 26 de diciembre de 2004 al local “República Cromañón” con el objeto de controlar la taquilla y boletería.
Al ser preguntado por el grado de conocimiento que tenía de los imputados, manifestó que a Omar Emir Chabán lo conoce por motivos laborales, dado que realizó controles en el referido establecimiento. Con relación a Raúl Alcides Villarreal, expresó que ha oído su nombre, pero sólo en caso de verlo podría precisar si lo conoce.
También dijo conocer a Patricio Fontanet por ser miembro del grupo “Callejeros”.
Por último, y en lo que al resto de los imputados respecta, dijo no conocerlos.
En referencia a sus labores, precisó que, generalmente, los viernes se presenta en SADAIC a fin de retirar los respectivos bordereaux de los lugares a los que debe concurrir. Allí sólo se consigna el nombre y la dirección del predio a controlar.
Luego se presenta en los establecimientos y se entrevista con los encargados para comenzar su labor -identificándose con una credencial-.
Normalmente se ubica detrás de quienes controlan el ingreso y, con ayuda de un “cuenta ganado”, realiza el conteo de las personas que ingresan a presenciar el espectáculo.
Una vez que no ingresa más gente, se cierra el bordereaux y generalmente se presenta el cobrador de SADAIC; se emite la factura para que se abone. Si bien en algunos lugares se paga en otro momento, el día 26 de diciembre de 2004 el cobrador ingresó a una oficina y cobró.
El número a facturar queda exclusivamente determinado por los controladores -no por el cobrador-.
Sobre la cantidad de gente que SADAIC destina para controlar, aclaró que depende de las dimensiones del lugar. En el caso concreto de “Cromañón”, sólo se designó una persona.
También precisó que se hace una planilla de bordereaux por evento; refiriendo en torno a ello que, en los casos donde en un mismo lugar se hace un evento a la tarde y otro a la noche, se confeccionan dos planillas.
Normalmente, los cobradores tienen asignada una zona específica –no así los controladores-, de modo tal que, pese a que SADAIC posee una lista de usuarios, son aquellos quienes informan al sindicato los espectáculos que se van a ofrecer. Del mismo modo, dan a conocer los nuevos lugares que abren en la zona.
Manifestó desconocer cómo se registran los establecimientos.
Al ser preguntado sobre quién esta obligado a pagar el 12 % del bordereaux, aclaró que ese monto se corresponde a lugares donde sólo se realiza un recital, dado que si además se expiden entradas con consumición, el porcentaje a recaudar asciende a un 16 %. De todas formas el declarante estimó que dicha normativa comenzó a operar en el año 2005.
Asimismo, y en lo que respecta al día 26 de diciembre de 2004, el testigo dijo que no inspeccionó el lugar, y que no tomó conocimiento de que ese día haya ocurrido algo especial.
A pedido de la Dra. Fangano, y con ayuda de la maqueta virtual, el declarante señaló el lugar donde se ubicó para realizar el control –en el sector de las boleterias, próximo a las “puertas cine”-. También fue interrogado por la capacidad del lugar, explicando el testigo que, de acuerdo a una disposición municipal, en la entrada al local había un cartel que reflejaba la cantidad habilitada de público.
Al ser interrogado por la Fiscalía, precisó que su tarea comienza cuando se habilita el ingreso de los espectadores. Si bien todos ingresan con la entrada correspondiente, algunos tickets se diferencian por el color -como por ejemplo las que se expiden “de favor”-, siendo para ellos indiferente dado que no efectúan distinción; hay dos contadores que cuentan uno y otro, y al final cierran el bordereaux.
Aclaró, no obstante, que si entran 500 personas de favor, el sindicato prevé que más del 3 % del total no pueden quedar exentos de cobro, de modo que por más que hayan entrado gratis, el lugar tiene que pagar. Luego expresó que tal normativa comenzó a regir en fecha posterior al 30 de diciembre de 2004, tal vez en el año 2006.
Se exhibió al testigo la planilla de bordereaux que confeccionó en aquella ocasión –obrante a fs. 2.051-, aclarando que la anotación que reza “s/c” alude a los que ingresaron “sin cargo”, no logrando recordar quién le trasladó esa información.
Precisó que el cierre del bordereaux se efectúa cuando comienza el show, mientras que el cobrador factura antes de que finalice.
A instancias del Dr. Iglesias, el declarante manifestó que presta funciones en el sindicato desde hace aproximadamente seis años; y que la hora en la que se presentan en el lugar la señaló en la planilla –no alude al comienzo del show, sino al momento en que se constituyen los controladores-.
Merced a una pregunta que efectuó el aludido letrado, el testigo no supo precisar el procedimiento que efectúa SADAIC, pero aclaró que él no se fija si hay más puertas.
Sin embargo expresó que para que el conteo sea lo más exacto posible, no se pone delante del control, sino donde los concurrentes pasan de a uno. También aclaró que en raras ocasiones les delegan dos controles, tal vez cuando en un mismo lugar se ofrecen dos espectáculos.
El horario que consigna en la planilla, dando cuenta del momento en que se presentó, lo avala el cobrador.
Relató que al llegar a “Cromañón” en aquella oportunidad, la gente estaba esperando para ingresar en la vereda de enfrente; y que siempre que se realiza un recital había un patrullero y una ambulancia en la puerta.
A preguntas del Dr. D´ Attoli, el testigo explicó que recibe órdenes de la Oficina Administrativa del sindicato, quienes además le proporcionaron las respectivas planillas para hacer los controles. Agregó en dicho sentido que hay una grilla general de los trabajos, suscribiendo los bordereaux que retiran para el fin de semana, debiendo entregarlas el lunes siguiente.
En un momento determinado, la municipalidad sacó una disposición que exigía a los locales tener a la vista un cartel con la cantidad de público autorizada a ingresar, cifra que debía citarse al dorso de la planilla de alusión.
No obstante lo anterior, no recordó si tal normativa estaba vigente a la fecha que controló “Cromañón”, motivo por el cual no pudo precisar si consignó aquello en la planilla respectiva.
En última instancia, y a pregunta del Dr. Bravo, el testigo explicó que si el número de concurrentes superaba la capacidad que rezaba el cartel del local, sólo se limitaba a cerrar el bordereaux, dado que no tenía otras atribuciones.
A fin de ayudar a la memoria del testigo, el Dr. D´Attoli recurrió a la lectura de la declaración que efectuó en el transcurso de la instrucción. En concreto, recordó que un compañero le había comentado que el día 25 de diciembre de 2004 hubo un principio de incendio; pero no recordó haber escuchado a Chabán instando al público a que no detonara pirotecnia.
Finalmente, dijo no recordar si el lugar contaba con carteles que hicieran mención a la prohibición de ingresar con pirotecnia.
También prestó declaración testimonial Daniel Vicente Giménez, quien trabajó en “República Cromañón” los días 29 y 30 como control de boletería de SADAIC.
Manifestó que en virtud de su actividad conocía a Chabán y Villarreal, pues había sido designado varias veces para realizar controles en “Cemento”. En ese sitio, el segundo de los nombrados se encontraba en la boletería.
Explicó que su trabajo consiste en hacer controles en los locales donde se reproduce música o se realizan eventos musicales; se desempeñaba en esa sociedad desde hacía aproximadamente 5 años.
Indicó que habitualmente se ubica en un lugar estratégico para visualizar la entrada del público y que cuenta la cantidad de gente que ingresa. Esta tarea la efectúa con la ayuda de un reloj o “cuenta ganado”.
Señaló que la designación del comercio al que debe concurrir, la realiza su jefe inmediato del Área “Usuarios Generales”. Aclaró que allí se desempeñan 20 ó 25 personas y que no tienen una zona determinada, sino que pueden ser convocados para asistir a locales hasta una distancia de 40 km. de la Ciudad de Buenos Aires.
Puso de relieve que el criterio utilizado para decidir la cantidad de empleados para cada evento, es el número de accesos o puertas existentes.
Puntualizó que generalmente se desempeña en esa función los fines de semana y que el sitio al que debe concurrir le es informado el día viernes anterior. Dijo que no visita previamente el comercio asignado.
Destacó que el dato que obtiene en el control es volcado en el bordereaux, que es el documento principal que se presenta ante SADAIC. Agregó que éste no se realiza por duplicado y que queda en poder del empleado que efectúa el control.
Aseveró que la planilla es suscripta por el control de boletería y que esa información no puede ser objetada porque es una especie de declaración jurada. Sostuvo que no obstante ello, en la práctica todos los managers y responsables discuten la cantidad de gente que se consigna a fin de abonar menos.
Respecto del pago dijo que se solventa un porcentaje sobre la recaudación y que la modalidad de aquél depende del usuario de que se trate.
Puso de resalto que en algunos comercios cobran la misma noche, y que en cambio en otros no, ya que es diferente la forma de manejarse de un estadio que un pub.
Dijo que cuando consideran que ya no entra más público se reúnen con los encargados y/o responsables del local y les presentan los números. En esa reunión se establece el cierre.
Relató que el día 29 se presentó en el local ante Villarreal porque ya lo conocía. El nombrado se encontraba en el interior del salón cerca de la barra conversando con otros trabajadores. Aclaró que estaba vestido de sport, porque en ese tipo de conciertos no desean llamar la atención del público.
Indicó que cuando se dio puerta se ubicó delante de las puertas “vaivén” y que a unos pocos metros se encontraba cortando tickets una persona apodada “Lolo”. Dijo que a éste lo conocía de otros eventos y que tenía personal de seguridad a su cargo. Aclaró que llevaba un yeso en una pierna.
Expuso que en el reloj cuenta tanto los invitados, como aquellos que pagan entrada, sean de venta anticipada o de la boletería del local. Ello así, porque se paga sobre la totalidad de los asistentes y según el total de dinero recaudado.
En consecuencia en el bordereaux se discriminan todas estas circunstancias. Aclaró que las entradas compradas con anticipación tienen un valor menor que las adquiridas por ventanilla y que por ello también se deja constancia de ese dato.
Sostuvo que en la práctica le resultaba fácil distinguir la condición referida porque las personas realizaban dos filas separadas para ingresar. Dijo que por el hall ingresaban los invitados, mientras que los que ya contaban con su ticket esperaban sobre la calle Bartolomé Mitre y entraban por el pasillo amarillo. Por otro lado indicó que a quienes compraban la entrada en la boletería los veían desde el lugar en que se encontraba ubicado.
Observó que aquella noche se efectuó un cacheo tan riguroso que llamó su atención. Afirmó que a todos los jóvenes se le impartía la orden de quitarse las zapatillas y se les inspeccionaba el interior de ellas. Agregó que esta conducta sólo la había visto en espectáculos realizados en zonas peligrosas del Gran Buenos Aires.
Contó que el personal que realizaba el control vestía unas remeras negras que supuso que decían “Callejeros”, pero no pudo precisar si todos ellos las usaban.
Dijo que aquella noche vio a Omar Chabán transitando por el sector de ingreso y recomendando al personal de seguridad que extremaran las medidas.
Expresó que permaneció todo el tiempo en el hall y que cuando el cobrador arribó a “Cromañón”, se dirigieron a una oficina a fin de realizar y firmar la liquidación.
Exhibido que le fue el bordereaux del día 29 de diciembre, lo reconoció. Aclaró que la normativa lo autoriza a dispensar de pago hasta un 5 % por invitados y que el resto de éstos que excede ese porcentaje se abona como cualquier otro asistente.
Manifestó que estuvo presente durante el pago y que creía que la orden de abonar la había dado Chabán, pero que quien materializó aquél fue Villarreal. Dijo que no recordaba exactamente el motivo por el cual no se abonó el total. Supuso que se debió a que se realizarían tres shows consecutivos.
También se le exhibió el recibo del día 29 y señaló que si bien no lo reconocía, era un recibo oficial de SADAIC.
Puso de resalto que en esa reunión también participó por un breve lapso de tiempo el manager de “Callejeros”. Leído que le fue un pasaje de su declaración anterior prestada en la etapa de instrucción recordó que “Diego el manager de la banda” se hallaba presente en el momento de realizarse el pago.
Se refirió seguidamente a las tareas que realizó el día 30 de diciembre de 2004.
Puso de relieve que a su llegada también se presentó ante Raúl Villarreal y que al comenzar sus tareas, “Lolo” estaba ubicado en una banqueta delante de él.
Dijo que la revisación del público fue tan exhaustiva como el día anterior y que vio al personal de seguridad con bengalas en sus manos que habrían incautado a los concurrentes. No se mostró seguro pero señaló que luego fueron llevados esos materiales a la boletería o la oficina del local.
También vio a Chabán deambulando por el vestíbulo y exigiendo al personal que efectúe la revisación.
Indicó que, según su experiencia, la cantidad de gente era superior a la del día anterior y que los invitados eran en su mayoría familias con niños pequeños.
Contó que cuando comenzó a tocar “Callejeros” el primer tema, ingresó unos minutos al salón y enseguida salió. Dijo que en ese momento ya no había más ingreso de público y que se ubicó nuevamente de espaldas a las puertas “cine”. Aclaró que éstas no estaban abiertas, pero tampoco trabadas, sino que con sólo empujarlas se podía acceder al interior del local.
Expresó que “de golpe” se cortó el sonido y que al darse vuelta comenzó a escuchar gritos y corridas. En consecuencia, empujó la puerta de la boletería y se quedó allí con el personal. Puso de resalto que se cortó la luz y que pasados aproximadamente 40 minutos rompieron una de las ventanillas y salieron a través de ella.
Exhibido que le fue durante la audiencia el bordereaux del día 30 y su anverso, reconoció los mismos. Agregó que en esa planilla no consignó las entradas anticipadas porque no le pareció importante, en atención a lo sucedido aquella noche.
Aclaró que el día 30 no se realizó ninguna reunión para el cierre del bordereaux, sino que cuando logró salir de “Cromañón” el cobrador, llamado “Cesáreo” y su supervisor, Fabián Carranza, estaban afuera y lo llevaron a tomar algo un bar. Ello debido al estado en que se encontraba.
Afirmó que el bordereaux lo escribió junto con los nombrados en un bar de una estación de servicio ubicada en la Av. Rivadavia y Anchorena un par de horas después del incendio. Puntualizó que en ese mismo momento devolvió la planilla.
Interrogado acerca de la cantidad de relojes que usó el día 30 para contabilizar los asistentes, manifestó que sólo uno.
En la audiencia de debate Fabián Ariel Carranza señaló que hace veinticinco años que trabaja en SADAIC y que actualmente se desempeña como supervisor de cobranzas del sindicato mencionado.
En cumplimiento de sus obligaciones laborales concurrió en muchas oportunidades a “Cemento” y “Cromañón”, donde conoció a Omar Chabán y a Raúl Villarreal.
A Raúl Villarreal siempre lo veía en la puerta de dichos locales junto a los encargados de recibir las entradas y al personal de seguridad.
Explicó que los empleados de SADAIC se hacen presentes en los eventos de cierta magnitud y que siempre concurre un supervisor para brindar apoyo y fiscalizar la tarea del “control de boletería” y del cobrador.
Aclaró que el supervisor es el que en definitiva determina el monto de dinero que se debe cobrar, “conforme a lo que se marcó”.
La tarea del personal de “control de boletería” consiste en contar la cantidad de público que ingresa al espectáculo y de averiguar el precio de las entradas.
Precisó que en todos los shows se generan discusiones en torno a la suma de dinero que deben abonar al sindicato mencionado, sobre todo en los casos en que hay tarifas diferenciadas o entradas anticipadas.
Sostuvo que los organizadores siempre arguyen que tienen tickets vendidos a menor valor -generalmente entradas anticipadas-.
Con Omar Chabán mantuvo discusiones similares a la descripta, tanto en “Cemento” como en “Cromañón”.
Asimismo, dijo que los organizadores siempre cuestionan el porcentaje -12 %- que deben abonar del monto recaudado, por considerarlo elevado.
En “Cromañón” se hizo presente en diciembre de 2004, tanto en los recitales de “Callejeros” como de “La 25”.
No recordó si en el recital de “La 25” o el 28 o el 29 de diciembre de 2004 hubo un principio de incendio y cuando entró al local escuchó que por los altoparlantes Omar Chabán le decía a los concurrentes: “hijos de puta, si tiran bengalas nos vamos a quemar todos”.
Por otra parte, precisó que “normalmente” el control de boletería, el cobrador y el supervisor se reúnen con el organizador.
Exhibido que le fuera el bordereaux del 29 de diciembre de 2004, reconoció su firma y su nombre.
Explicó que la casilla “hora de llegada” se refiere a la del control de la boletería y que ello se requiere para cotejar la cantidad de horas trabajadas por el “control” a efectos de calcular la remuneración que le corresponde.
Aclaró que el día 30 de diciembre debían “cerrar” los tres eventos “en relación a lo producido”, porque tienen el deber de llevar el “bordereaux cerrado”, más allá de que esté o no pagado.
Expuso que en presencia de un representante del grupo musical, recibieron de parte de Omar Chabán “un monto a cuenta” y que faltaba el pago total, el cual iba a producirse con el “cierre” de la última jornada.
Respecto a la manera de controlar la venta de entradas anticipadas y el ingreso de invitados, manifestó que por lo general se llega a un acuerdo, porque no tienen posibilidades de saber o determinar claramente la cantidad de tickets comercializados antes del show.
Puede ocurrir que haya filas de ingreso distintas, una para los que tienen entradas anticipadas y otra para los que adquieren el boleto en el momento. En el conteo no se toma en cuenta dicha diferencia, solo se hace una cuenta por el total de concurrentes. Luego, se discrimina de acuerdo a los porcentajes que el control de boletería observa a simple vista. Ello, al igual que la cantidad total de asistentes, crea un espacio de discusión en la reunión aludida.
Respecto a la presencia de familiares y allegados que ingresan sin cargo, puntualizó que SADAIC no admite gratuidad y sólo se puede aceptar la presencia de un diez por ciento de invitados.
Además, por una “comunicación interna” del sindicato se encuentran autorizados a “tomar” un cinco por ciento del total de concurrentes sin cargo e idéntico porcentaje a un “valor especial”.
Dijo que no es habitual zanjar la discusión acudiendo al cotejo de las entradas, porque generalmente se trata de lugares en que el público no ingresa ordenadamente sino que lo hace con cierto apuro y las entradas caen al piso.
Sostuvo que las entradas se vendían de manera anticipada en “Locuras” y que en la mayoría de los espectáculos de “mucha” convocatoria las localidades se venden por adelantado, porque los espectadores quieren asegurarse la entrada con anterioridad a la fecha del evento.
Exhibido que le fuera el dorso del bordereaux correspondiente al 29 de diciembre, que da cuenta que se reciben “mil cien a cuenta”, indicó que “el 30 de diciembre, con el resultado de esa noche, iban a terminar de recibir todo el importe”.
Aclaró que el monto que figura en el bordereaux que se le exhibió iba a ser cobrado, porque ya no había espacio de discusión.
Por otra parte, precisó que “Central Park” figura como usuario, porque no tienen actualizado el padrón que usan los cobradores.
Aseveró que después de la “tragedia” tomaron conocimiento que los locales debían colocar un “cartelito” que detalle la capacidad del local y empezaron a pedir a los controladores que tomaran nota de ello para relacionar dicho dato con el monto que cobraban.
Exhibido que le fuera el contenido del sobre nº 284 del índice de prueba labrado por Secretaría, señaló que dicho documento no es un padrón sino el historial del número asignado al usuario, donde figura el evento, la suma de dinero abonada, el nombre del cobrador, del pagador, el usuario y la identidad de los “controles de boletería” de SADAIC que intervinieron.
Respecto al local de “Cromañón”, refirió que en el padrón figuraba como pagador “Lagarto S.A.”.
Manifestó que dicho usuario tenía una deuda con el sindicato y que por tal motivo se reunió en un par de oportunidades con Daniel, que era delgado y de pelo ondulado y entrecano.
Señaló que a las reuniones referidas iba a asistir Omar Chabán, quien finalmente nunca se presentó.
Indicó que Daniel tenía interés en solucionar el “tema de la deuda” y que desconocía si pertenecía a la firma mencionada.
Asimismo, expuso que Chabán le presentó a una persona –grandota, robusta- del hotel, con quien conversó acerca de la deuda referida.
Expuso que en estos casos el sindicato “en realidad al que va a ejecutar es a las paredes, al lugar” y que además puede solicitar a la justicia “que se prohíba el uso del repertorio de SADAIC”. En definitiva el que se va a perjudicar es “el propietario” o “el dueño de la habilitación o el que tenga la administración del lugar”.
Dijo desconocer “cómo era la relación entre Lagarto y Chabán” y que éste último en una oportunidad le afirmó que podía hacerse cargo de la deuda, para después descontar lo abonado del alquiler.
Agregó que Omar Chabán no tenía deudas con el sindicato y que no le manifestó “a quién le pagaba el alquiler”.
Respecto al funcionamiento de SADAIC, refirió que los cobradores llevan la información de lo que sucede con los usuarios y piden la realización de un control de boletería. En el caso de espectáculos de mucha envergadura, el control referido se dispone de oficio.
Los supervisores controlan el trabajo de los cobradores y es la administración la que decide qué supervisor debe concurrir a cada evento.
Al controlador de boletería sólo se le asigna zona en época de vacaciones o en caso de enfermedad de los cobradores y puede ocurrir que deban presentarse varias veces en un mismo lugar.
La retribución del control de boletería depende de las horas que permanece en el lugar y se incrementa en un cincuenta por ciento, cuando el local se encuentra a más de treinta kilómetros.
El 30 de diciembre no entró al local porque el cobrador de la zona le avisó telefónicamente que se había producido un incendio.
Cuando se acercó a los alrededores del local, observó la presencia de bomberos y el rescate de varios concurrentes.
Decidió irse a la estación de servicio situada en la intersección de la avenida Rivadavia y Urquiza, donde se reunió con el cobrador y con el control de boletería.
Exhibido que le fuera el bordereaux correspondiente al 30 de diciembre (fs. 2054), manifestó que suponía que dio la indicación de “cerrarlo” de esa manera y que no recuerda si “lo cerraron” en el lugar referido o al día siguiente en la oficina.
Por último, indicó que los informes los confecciona el “control de boletería” y que “el bordereaux no se cerró con números” porque el incendio hizo imposible terminar el trabajo.
En oportunidad de ser oído, José Carlos Paz, Sargento de la Policía Federal Argentina, señaló que el 30 de diciembre de 2004, cuando se encontraba recorriendo la zona de la plaza de “Once”, por estar asignado a la Comisaría 7ma. -junto a sus compañeros Molina y Caballero-, pudo advertir que del local “República Cromañón” salía humo.
Ante ello, se acercaron hasta el lugar y pudieron observar que del “boliche” mencionado salía el público “atropellándose”. En ese instante, tomó contacto con el resto de sus compañeros e ingresó al local por las puertas que dan al hall que comunican a las boleterías.
Notó que estaba lleno de gente, “que había muchos empujones” y, a pesar de ello, comenzó a rescatar al público presente en medio de la oscuridad. En ese sector del local pudo notar que había un “para-avalanchas” para organizar el ingreso de los concurrentes.
Manifestó que no entendía qué era lo que estaba sucediendo porque había mucho desorden, “todo era muy desagradable” y estaba lleno de chicos.
Agregó que traspasó las puertas “tipo cine” –que estaban abiertas-, pudiendo observar que en la planta alta del local había mucha gente y mucho humo.
Tuvo que ser rescatado por un bombero, quien lo sacó del lugar y lo colocó cerca del auto bomba. Luego, habiéndose recuperado, sin necesidad de ser hospitalizado, prosiguió con las tareas de de rescate.
Por otra parte, señaló que la noche del 30 de diciembre, cuando estaba recorriendo la plaza “Once” antes del siniestro, pudo advertir que muchos chicos tenían en su poder pirotecnia y banderas referidas a la banda “Callejeros”.
Aclaró que para llevar a cabo su trabajo en el lugar, no recibió instrucciones de ningún tipo. Agregó que en las cercanías del lugar advirtió la presencia del Subcomisario Díaz, no pudiendo recordar si éste le dio alguna indicación ya que todo era un “desorden”.
Permaneció en el boliche hasta las cinco de la mañana, habiendo ingresado al local en veinte o treinta oportunidades para rescatar gente. Luego, se acercó hasta el Hospital “Churruca” donde recibió asistencia médica.
A preguntas que le formuló la Dra. Marcos, respondió que los bomberos que arribaron al local contaban con máscaras para llevar a acabo las tareas correspondientes, no pudiendo especificar cuantos de ellos había en el lugar.
Añadió que nunca realizó inspecciones en “República Cromañón” y que el lugar lo conocía porque es un boliche que forma parte de la jurisdicción.
Continuó manifestando que en la intersección de las calles Ecuador y Bartolomé Mitre siempre había un carro de asalto. Ello, con el fin de controlar al público que concurría a los locales bailables de la zona.
En la intersección de las Avenidas Rivadavia y Pueyrredón había un patrullero, que por lo general pertenecía a la Comisaría 7ma.
Agregó que no existía una consigna policial específica para el local “República Cromañón”, que a su dueño no lo conoció nunca y que al boliche entró por primera vez la noche de los hechos.
Manifestó que “Cromañón” era un lugar donde se brindaban recitales y no una bailanta como el resto de los locales de la jurisdicción. Recordó que, anteriormente, se llamaba “El Reventón”, que sí era una bailanta.
En otro orden, a preguntas que le formuló el Dr. Iturbide, manifestó que la noche del 30 de diciembre perdió la “tonfa”; aclarando el declarante que se trata del “bastón” que le proveyó la institución policial.
Posteriormente, a preguntas de las partes, expresó que en la Comisaría 7ma. prestó servicios durante seis o siete años, finalizando en el año 2007. Allí, realizaba recorridos de “prevención” en la zona de “Once”, entre las 18.00 y las 24.00 horas.
Finalmente, se procedió a dar lectura de un tramo de su declaración prestada en sede instructoria, fs. 3.838 vta., de la que surge que, en varias oportunidades, cuando realizaba las tareas de rescate, el testigo pudo sentir que intentaron quitarle el arma de la cintura, que finalmente no pudieron, aunque sí le sustrajeron “el tonfa”.
Frente a ello, el dicente expresó que se remitía a lo anteriormente declarado y, ante la pregunta del Presidente del Tribunal acerca de si recordaba el suceso que se le había relatado, manifestó: “si lo declaré allí, lo ratifico”.
Compareció también a debate el testigo Alejandro Walter Molina, quien relató que para la fecha del hecho prestaba servicios en la plaza Miserere, cumpliendo horario entre las 18.00 y las 24.00 horas. Así, el día 30 de diciembre de 2004 mientras se encontraba recorriendo la plaza, vio público que se dirigía al local –no observó que llevaran pirotecnia- hasta que, en un momento, escuchó por radio que había un foco ígneo en el local “República Cromañón” por lo que fue hacia el lugar.
Al llegar a la calle Ecuador vio que mucha gente corría para el lado de la plaza por lo que fue hacia el comercio y en el trayecto le dijo a los chicos que se fueran abriendo porque iban a venir los bomberos. A la altura del hotel vio venir un patrullero que fue agredido por la gente con golpes de puño, creyendo que a él le harían otro tanto. También observó un carro de asalto en la intersección de las calles Mitre y Ecuador, aunque no sabía qué hacían dado que no prestó mayor atención al punto y no vio a sus ocupantes.
Continuó relatando que se colocó contra un paredón mirando al hotel e ingresó al mismo por el hall. En el interior se encontró con muchos chicos en el piso gritando y los acomodó en un sillón. Luego se fue por una puerta ubicada entre el sector en donde se encontraba y el estacionamiento del lugar. Allí escuchó gritos y vio un portón grande que intentaron abrir junto a un compañero, lo que lograron cuando llegó un bombero con una barreta grande. Esa fue la única puerta que observó, destacando que la persiana de ingreso al estacionamiento estaba abierta.
Aseguró que se sintió asfixiado por lo que se retiró del sitio para regresar luego e ingresar al local en muchas oportunidades a sacar gente con un toallón colocado sobre el rostro. Había muchas personas en el piso y mucho no miró, sacó gente y la llevó hasta la intersección de las calles Mitre y Ecuador en donde había una ambulancia.
Aclaró que antes del siniestro conocía el local pero desde el exterior, conocía su existencia y sabía que había recitales de rock; en otra época había sido una bailanta. Por lo demás, aseguró que nunca había participado en inspecciones a República Cromañón ni a locales de la zona.
Dijo que nunca fue custodio del hotel aunque conocía a su conserje porque charlaba cuando éste estaba en la puerta; también conocía a Fajardo, quien trabajaba en un kiosco aledaño.
Finalmente, señaló que el día del hecho no vio a Omar Chabán a quien, además, no conocía a ese momento. Agregó que sus compañeros eran los oficiales Paz y Cavallero.
Fue convocado a prestar declaración en el juicio, el Suboficial Miguel Ángel Navarro, quien para la fecha de los hechos se desempeñaba en la Seccional 7ma. de la PFA. A raíz de ello, dijo que conoce a los acusados Miguel Ángel Belay y Carlos Rubén Díaz, por haber sido sus superiores.
Comenzando con su relato, expuso que había comenzado a prestar servicios en la dependencia mencionada, unos cinco, diez o quince días antes del suceso objeto del debate.
El día 30 de diciembre del año 2004 ingresó a la Seccional cerca de las 8:30 hs. de la mañana para cumplir con sus tareas habituales en la brigada de prevención, recorriendo el ámbito de la jurisdicción. Agregó que estaba acompañado por el Sargento García, el Principal Suárez y dos personas más.
Indicó que cerca de las 20:00 hs. regresó a la comisaría en virtud de un procedimiento que se había realizado por unos celulares y a fin de que el jefe de brigada labrara el correspondiente sumario.
Inmediatamente le fue ordenado que se dirigiera a un kiosco ubicado cerca de la Plaza Miserere acompañado por un inspector del Área de Bromatología del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a fin de realizar inspecciones.
Señaló que esta diligencia no pudo llevarse a cabo, porque cuando se encontraba en la intersección de la Avenida Pueyrredón y Bartolomé Mitre, circulando con el móvil, le llegó un alerta de incendio.
Refirió que en consecuencia “moduló al comando” y se dirigió, junto al resto de los integrantes del patrullero, hacia el lugar de los hechos. Al llegar a la calle Ecuador la cantidad de gente era tal, que le fue imposible avanzar con el móvil. Por ello, descendió de la unidad y trató de arribar a las inmediaciones del boliche a pie. Aclaró que no sabe qué fue lo que hizo el personal del Gobierno de la Ciudad que antes sindicara.
Dijo que en la vía pública había “un montón de gente” y que reinaba una “confusión total”. Él se dirigió hacia un portón rígido que se encontraba cerrado –en la maqueta virtual marcó el sector correspondiente a la persiana metálica que da al garage del hotel-. Exhibido el recorrido virtual, sindicó la denominada “puerta alternativa”.
Indicó que desde ese momento estuvo avocado a la tarea de abrir esa puerta. Instantes después arribó al lugar el primer camión de bomberos y el personal de esa dotación también se dedicó a lograr la apertura del portón.
Explicó que a la par que realizaban esta tarea, él modulaba a comando para pedir ambulancias, coordinación del SAME, indicando asimismo que los médicos se acercaran al lugar a pie, en virtud de la gran cantidad de personas que había en la calle.
Relató que en ese ínterin el portón se abrió y en un primer momento pensó que la gente que estaba dentro del local se les iba a venir encima al querer salir. En realidad los chicos estaban atrapados, no se produjo una avalancha porque permanecían como “taponados”.
Aclaró que nunca vio una tarea semejante para lograr la apertura de la puerta, lo cual parecía imposible. Mientras trabajaban veían las manos de los chicos detrás del portón.
Dijo que él creía que fue el primer funcionario policial en llegar al lugar con equipo con modulación y que por ello moduló a comando en varias oportunidades contando lo que estaba pasando y lo que necesitaban.
Indicó que luego de que la puerta se abrió, se dedicó a sacar a la mayor cantidad de gente posible del local. La oscuridad y el humo espeso no dejaban ver el interior del recinto. Aclaró que nunca vio fuego.
Expuso que en un momento subió por una escalera del hotel y arrancó una luz de emergencia, la cual utilizó para iluminar el boliche durante sus ingresos.
Señaló que cuando volvió a entrar al boliche lo hizo por el portón que abrieron. Allí notó que había una especie de estructura de hierro, similar a los andamios de las obras en construcción que estaba tirada y había chicos entremedio. Se apreciaba que esa estructura había sido utilizada para luces o sonido; en el momento dificultaba también la salida.
Preguntado acerca del arribo del personal policial y de bomberos, dijo que en realidad él se dedicó a ver qué se necesitaba en el lugar y a tratar de rescatar a las personas. Sí recuerda que cuando arribaron en el móvil 100, tuvo que ayudar a bajar al oficial a cargo de la unidad, porque había una confusión generalizada.
Sobre el punto, explicó que estimaba que los chicos que estaban afuera del local pensaron que tanto el móvil policial como el primer carro de bomberos llegaron al lugar para impedir el ingreso de más gente al boliche por estar agotada su capacidad.
Esta circunstancia, en un principio, tornó casi imposible la tarea del personal policial uniformado y de los bomberos. Es que la presencia de preventores vestidos de uniforme en un evento de rock es como “chocante”.
Recordó que el patrullero fue inicialmente roto “a patadas” por la gente. Luego se pudieron organizar y lograron que esas personas tomaran conciencia de que en realidad lo que estaba sucediendo era que había fuego en el local y que había gente atrapada.
Allí esos chicos comenzaron a colaborar para abrir el portón hasta que arribó el segundo carro de bomberos. Aclaró que él no tuvo tantas dificultades para realizar sus labores porque estaba vestido de civil.
De todos modos dijo que no vio un “choque” entre la policía y la gente.
En otro orden, e interrogado para que diga si con motivo del hecho acaecido el 30 de diciembre de 2004 realizó alguna diligencia ordenada por el juzgado interventor, dijo que él es Suboficial y que si el juzgado ordenó alguna medida lo hizo a la Superioridad.
De todos modos, aclaró que participó en dos diligencias, a saber, en la búsqueda de documentos en el interior del local y en otra cuya finalidad consistía en asegurar los instrumentos musicales que habían quedado en el recinto.
Preguntado para que brinde precisiones sobre la inspección del kiosco con personal de Bromatología del GCBA, dijo que solamente había un inspector y que desconocía si éste estaba munido de alguna orden u oficio.
Aclaró que generalmente en la dependencia se pide mediante nota la colaboración de las distintas Áreas del GCBA, como ser Fiscalización y Control o Bromatología para este tipo de diligencias.
Dijo que él sabía que iban a inspeccionar un kiosco. Recordó que ese comercio, situado en Rivadavia y Ecuador, fue clausurado uno o dos años después de la tragedia por venta de bebidas alcohólicas.
Resaltó que a la época del hecho -30/12/04-, el Código Contravencional no facultaba al personal policial a disponer una clausura; solamente debían observar e informar. Los inspectores municipales eran quienes podían ordenar ese tipo de medida.
Por ello se acostumbraba, desde la dependencia, a pedir colaboración al Gobierno de la Ciudad, para que los inspectores en su caso dispusieran la clausura.
Aclaró que él desconocía si en este caso se cursó alguna nota puntual pidiendo colaboración o una de tipo general, pues esa no era su función. Sólo puede decir que se dirigían a ese kiosco sobre la Avenida Rivadavia cuando recibió el alerta.
A preguntas que se le efectuaran para que dijera si los días posteriores al 30/12/04 se materializó esa inspección, dijo que no, que todos los días siguientes fueron destinados a la investigación del suceso, particularmente a la detención del Sr. Chabán y a la búsqueda de un menor de apellido López.
Interrogado para que refiera si observó puestos de venta de pirotecnia en la vía pública a la fecha del hecho, dijo que no, que de haberlos visto hubiera avisado a la brigada de contravenciones; desconociendo quiénes eran sus integrantes en esa época. Aclaró que él trabajaba en la brigada de “delitos”.
Fue citado a prestar declaración testimonial Claudio Ariel Rivas, agente de la Policía Federal Argentina que prestó servicios el día 30 de diciembre de 2004.
Manifestó que el día indicado formó parte de un cuerpo de combate perteneciente a la Policía Montada que se ubicó en la esquina de Bartolomé Mitre y Ecuador aproximadamente a las 17.00 ó 19.00 horas. Aquél estaba integrado por el Subinspector Cármodi –quien se encontraba a cargo-, el Cabo Rojo, el Cabo Guglianone y él.
Explicó que sus superiores los enviaron a la Comisaría 7ma. de esta ciudad y que en ese lugar el Subcomisario le transmitió al Subinspector la orden de dirigirse a la intersección de las calles antes mencionadas. Sólo le informaron que allí habría un recital, pero no de qué banda musical.
Dijo que la función de su grupo era de seguridad general y que debían controlar cualquier disturbio que se presentara.
Relató que mientras estaban emplazados en esa esquina, observó gran cantidad de gente en las inmediaciones, pero que no obstante ello, el tránsito vehicular era normal y ninguna calle se encontraba cortada.
Además, expuso que en la calle Bartolomé Mitre sobre la vereda de “República Cromañón” había un puesto de venta de remeras. No pudo precisar su ubicación exacta, pero sí que se hallaba entre la vereda del local indicado y la esquina de Ecuador.
Expresó que si bien no vio personas con elementos pirotécnicos en sus manos, escuchó detonaciones de “cohetes”. También pudo apreciar que había personas consumiendo alcohol en la vía pública.
Puso de relieve que antes de producirse el incendio no vio otros móviles, mas sí advirtió la presencia de dos “policías uniformados de comisaría” en frente del cuerpo de combate.
Contó que se encontraba parado junto al móvil policial cuando de repente observó que muchísima gente comenzó a salir del “boliche”.
Puso de resalto que los jóvenes se dirigieron inmediatamente hacia ellos y les informaron que se había producido un incendio.
En ese momento el Subinspector que se encontraba a cargo dio aviso de la novedad y solicitó el envío de ambulancias y dotaciones de bomberos.
Destacó también que las personas se encontraban en estado de desesperación y que les pedían que ellos mismos se ocuparan de trasladar a los heridos en el carro de asalto.
Dijo que, sin embargo, en un principio no pudieron acceder a lo solicitado, pues no obtuvieron autorización de sus superiores. Estos les indicaron que debían esperar que arribara el personal idóneo, es decir, las ambulancias del SAME.
Manifestó que ellos trataban de ayudar a las personas y que no presenció ningún incidente entre el personal policial y el público.
Puntualizó que minutos después se acercó un bombero y le solicitó que fueran a ayudarlos porque la gente se había puesto muy agresiva y estaba golpeando el autobomba.
Narró que en consecuencia, el móvil policial dio la vuelta a la manzana por la Av. Pueyrredón y se estacionó sobre la calle paralela a Ecuador –de la cual no recordó su nombre- antes de llegar a la esquina de la calle Bartolomé Mitre.
Refirió que allí la gente golpeaba el carro e intentaba subirse a la fuerza con el objeto de que transportaran a los lesionados a los nosocomios cercanos.
Indicó que posteriormente fueron autorizados a realizar aquella tarea y que efectuaron dos o tres viajes a los hospitales “Penna” y “Ramos Mejía”.
Afirmó que todas las operaciones realizadas quedaban asentadas en el “libro de guardia” donde se asentaban todas las novedades.
Finalmente, interrogado que fue sobre si escuchó algún canto por parte de los concurrentes que salían de “República Cromañón”, manifestó que no.
En el transcurso de la audiencia de debate oportunamente celebrada, Carlos Abel Stortini señaló que desde el 1° enero de 2004 hasta fines del mes de octubre, prestó servicios en la Comisaría 7ma. de esta ciudad.
En dicha seccional estuvo a cargo de la Brigada de Delitos y de la Oficina Judicial y tenía por función la prevención y represión de los distintos modos delictivos de la jurisdicción.
Añadió que por tratarse de una zona comercial, los hechos delictivos ocurrían mayormente durante el día, en horario comercial -entre las 9:00 y las 20:00 horas- y que por ello cumplía funciones de lunes a sábado, desde las 9:00 hasta las 22:00 horas.
Por otra parte, manifestó que cuando “se podía” hacían controles a los “boliches nocturnos”.
Recordó haber asistido a controlar “Latino Once” y “La Máquina” y a la inauguración de “República Cromañón”, el día 30 o 31 de marzo de 2004.
Relató que el local mencionado en último término era una confitería bailable, donde pasaban música de rock “a través de una pantalla”, con la idea de que los concurrentes bailaran ese tipo de música.
En la fecha referida asistió junto al Subcomisario Díaz para controlar que el local contara con toda la documentación correspondiente y a ver “el ambiente”, es decir, el tipo de gente que asistía, por prevención de la ley 23.737, dado que a veces “ingresan punteros a vender droga” y su presencia tenía por objeto prevenir “ese tipo de cosas”.
Aclaró que el día de la inauguración no se presentó ante Omar Chabán ni ingresó al local, desconociendo si el Subcomisario Díaz revisó la documentación.
Precisó que en junio o julio de 2004, se realizó en la cancha de Ferro el festival denominado “Quilmes Rock”, que contrató grupos musicales extranjeros y nacionales.
Durante dicho período, “Cromañón” estuvo cerrado, tanto un mes antes como un mes después, porque las bandas de rock estaban contratadas para el espectáculo mencionado y por cláusulas contractuales no podían tocar en otro lugar, ni antes ni después de dicho evento.
Aseveró que dicho salón permaneció cerrado por un tiempo y luego comenzó a abrir casi todos los viernes y sábados.
A partir de dicho momento empezaron a presentarse conjuntos musicales poco conocidos -música “under”- y no concurrían demasiadas personas.
Afirmó que no informó al GCBA que el local estaba cerrado y que en dicho establecimiento sólo realizó una inspección porque abría “muy poco tiempo”.
En dicha oportunidad -el 26 de junio de 2004- le exhibieron la plancheta de habilitación y el certificado de bomberos.
El único inconveniente que advirtió fue que los empleados de seguridad no estaban bien identificados.
Puntualmente observó que Villarreal -quien se presentó como personal de seguridad- tenía un gafete con su nombre incompleto y tampoco figuraba el número de CUIT y el nombre de la empresa de seguridad a la que pertenecía.
Por dicha razón labró el acta correspondiente y documentó la actuación en el Libro de Brigadas.
Asimismo, envió el acta a la “superioridad”, remitió una nota al GCBA, a la Justicia Contravencional e informó lo actuado a la Fiscalía en turno.
Exhibida que le fuera el acta obrante a fs. 103, reconoció su firma e indicó que se trataba del acta realizada durante la inspección aludida y que el número que allí figura se correspondía con el número de la habilitación que le exhibiera Omar Chabán.
Aclaró que en dicha acta Omar Chabán figura como titular del negocio o comercio y no de la habilitación.
Asimismo, especificó que en la plancheta de habilitación figuraba como titular “Lagarto”.
Con relación al horario asentado en el acta -“de 8 a 1:30 horas”- dijo que se correspondía con la información que obtuvo en aquél momento y que se refería al horario en que tocaban los conjuntos musicales, atento que el salón había dejado de trabajar como local bailable.
Agregó que por error no tomó nota de la capacidad del establecimiento y que en ese momento “estaban cambiando la legislación” y no se exigía la exhibición de carteles que indicaran la capacidad del local.
Además, explicó que la planilla conforme OT 662 se vinculaba a una orden dirigida por la Superintendencia de Seguridad Metropolitana a todas sus dependencias para que realizaran inspecciones a las confiterías bailables.
Precisó que la sigla OT significa “orden telefónica” y pueden ser emitidas por los Directores, Comisarios Inspectores, Oficiales Superiores, el Jefe de Policía y el Subjefe.
Asimismo, señaló que dichas órdenes son documentadas en las dependencias.
Exhibida que le fuera la fs. 104, aseveró que lo allí anotado correspondía a su puño y letra, y que la expresión “uno por semana” significa que el local abría una vez por semana, ya sea un viernes o un sábado.
Por otra parte, manifestó que “800 a 1200 personas” se refería a la capacidad del lugar, y que tal dato lo recibió de Omar Chabán y no surgía de la plancheta de habilitación.
Precisó que en el borrador aludido realizó una corrección y que donde decía “800 a 1200” se lee “600 a 1200”.
Explicó que pudo observar que en la “plancheta” estaba indicada la cantidad de personas que el local se encontraba habilitado para recibir y que las anotaciones referidas no eran oficiales y estaban confeccionadas con los datos que le brindó Omar Chabán.
Al exhibírsele la plancheta de habilitación del local, señaló que no puede asegurar si se trata de la que vio en su momento, pero afirmó que “recuerda haberla visto” y que inclusive “cree” que le pidieron una copia a Omar Chabán.
Puntualizó que a la inspección concurrió con el Sargento García y con el Cabo Primero Villanueva, quienes se quedaron en la puerta.
En dicha ocasión, observó que en el hall había unas vallas que separaban el ingreso del egreso.
Luego, al entrar al salón, visualizó que se expendía cerveza, que había muy poca gente -no más de veinte personas, ninguna menor de edad- y que un cartel indicaba la salida.
Ulteriormente, salió y le pidió a Omar Chabán que le exhibiera la plancheta de habilitación y el certificado de bomberos.
Como dicha documentación estaba en el hall de entrada del hotel contiguo, se acercó hasta dicho lugar, donde finalmente Omar Chabán le mostró lo solicitado.
Al exhibírsele la foto de la conserjería del hotel “Central Park”, reconoció el lugar como aquél en donde le enseñaron la documentación.
Señaló que el local estaba en funcionamiento y que tomó nota de la documentación.
Indicó que los controles a los que se refirió respondían a órdenes emanadas del comando de la Policía Federal Argentina y del Superintendente de Seguridad Metropolitana que a principios del 2004 y mediante “memorandum” solicitó que se intensificaran los controles.
El objetivo de dicha orden era la prevención y represión de la ley 23.737, controlar la venta de alcohol, la presencia de menores y que los locales se encontraran “en condiciones”.
Explicó que el expendio de bebidas alcohólicas se halla vinculado con la producción de grandes desmanes que ocurrían en la Plaza Miserere, con el resultado de personas heridas.
A raíz de dichos episodios, sobre la calle Ecuador, en su intersección con Bartolomé Mitre, siempre había apostado un grupo de combate, “a modo de prevención”.
Aseveró que siempre pidieron refuerzo para la seguridad de la zona, no exclusivamente por “Cromañón” sino por los locales “Latino Once” y “La Chevecha”, dado que siempre se producían peleas de cuarenta o cincuenta personas en estado de ebriedad.
Además, si había mucha actividad de entretenimientos nocturnos, el Jefe de la dependencia pedía un móvil para apostar en la intersección de las avenidas Rivadavia y Jujuy, y otro para Bartolomé Mitre y Jean Jaures o para los alrededores de “La Maquina”, de acuerdo a la disponibilidad de servicios.
La presencia de dichos móviles también lo disponía la Superioridad, más específicamente la División General de Operaciones.
Para disponer de estos refuerzos no se tenía en cuenta la cantidad de gente que entraba a los boliches sino los desmanes que se producían y la confluencia de personas en los alrededores de la Plaza Miserere, atento la gran cantidad de medios de transportes que circulaban por la zona.
Por otra parte, precisó que por orden del Comisario Miguel Ángel Belay, enviaron gran cantidad de notas al GCBA para solicitar la realización de inspecciones a todas las confiterías bailables, dado que el personal policial no tenía poder de policía para clausurar un local y por ello precisaban la presencia de los funcionarios del gobierno mencionado.
Dijo que generalmente el GCBA evadía dar una respuesta y que dicho proceder no respondía a “mala voluntad” sino a la escasa cantidad de inspectores que tenían para realizar las inspecciones.
Finalmente obtuvieron respuesta y en el mes de junio o julio de 2004 se realizaron inspecciones junto al personal de la Unidad Polivalente de Inspecciones del GCBA, que tenía muchas falencias porque recién se estaba organizando.
Expuso que Aníbal Ibarra había dispuesto el cierre de “Inspecciones” alegando hechos de corrupción y que a los inspectores los habían echado o derivado a otras dependencias.
Refirió que la nueva dependencia estaba formada, en su mayoría, por profesionales contratados, que tenían “mucha voluntad” y poca experiencia.
En la fecha aludida inspeccionaron y clausuraron “Latino Once” y “La Máquina”, por falta de seguridad contra incendios.
Al jefe de inspectores le pidieron ir a inspeccionar “República Cromañón” y les respondió que dicho local no sería inspeccionado porque estaba habilitado para eventos.
La respuesta le pareció extraña, atento que tenía entendido que “Cromañón” se trataba de un local clase “C”, donde podían ir grupos musicales a cantar y la venta de bebidas alcohólicas se encontraba permitida.
Sin perjuicio de ello, indicó que las reglamentaciones cambian y el personal policial se notifica por “orden del día”.
Agregó que en la actualidad desconoce si la clasificación clase “C” sigue vigente.
Dijo no haber pedido explicación alguna a los funcionarios del GCBA y que en la Comisaría le solicitó al jefe de inspectores -del que no recordó el nombre- que dejara asentado en el Libro de Lanzamientos las actuaciones realizadas y los motivos por los que no se había inspeccionado “República Cromañón”.
Manifestó que posteriormente no se produjeron inspecciones porque “Cromañón” no abría asiduamente, es decir, “todos los viernes o todos los sábados”.
El local funcionaba cuando podía contratar a un grupo musical y podían pasar dos o tres fines de semana seguidos sin actividad o permanecer un mes cerrado.
En octubre dejó de prestar servicios en la Comisaría 7ma. y con posterioridad a dicha fecha el local empezó a abrir todos los fines de semana hasta que ocurrió la tragedia, el 30 de diciembre de 2004.
Por otra parte, expresó no recordar si la inspección que realizó en el local de “República Cromañón” la decidió personalmente, pero afirmó que generalmente todo lo que realizaba contaba con autorización de sus superiores.
Explicó que “específicamente no se dan órdenes” y que la inspección es una función y “una cuestión de prevención”, para controlar si los locales cuentan con habilitación.
Sin perjuicio de ello, sostuvo que en su caso el motivo de la inspección era observar el ambiente y ver si había exceso en la venta de alcohol.
Explicó que distinta es la situación cuando concurren a inspeccionar un local junto a los funcionarios del GCBA, porque hay leyes u ordenanzas que escapan a su conocimiento y en consecuencia no tiene la capacidad técnica para inspeccionar.
Puntualmente, refirió que quería ver si había anomalías en orden a delitos y que no fue a cumplir la función que puede prestar un inspector del GCBA, que se ocupa de verificar si el local cumple con todas las normas de la ciudad.
Agregó que para realizar estas verificaciones no tenían un límite de tiempo y que si observaba anomalías “en función de delitos que se podían cometer”, podían permanecer mucho tiempo en el local.
Indicó que no corroboró con el GCBA el número de la habilitación que había anotado y que la plancheta le había parecido auténtica.
Por otra parte, señaló que habitualmente no prestaba servicios en horario nocturno.
Aseguró que en la misma fecha que inspeccionó “Cromañón” hizo lo propio en “Latino Once”, en “La Máquina y en “La Chevecha”.
Con relación a las inspecciones realizadas con el personal de la Unidad Polivalente de Inspecciones, puntualizó que en dicha ocasión lo acompañaron el Cabo Primero Villanueva y el Sargento García, y que fueron para brindar apoyo a los inspectores, para que no tuvieran inconvenientes en el desarrollo de sus tareas.
Posteriormente, los inspectores del GCBA -aproximadamente cuatro- se trasladaron hasta la Comisaría y dejaron asentado en el Libro de Lanzamiento el número de las actas que habían labrado, las infracciones constatadas y que habían procedido a clausurar “dos comercios”.
Afirmó que los inspectores contaban con credenciales del GCBA.
Señaló que el personal policial debería conocer la capacidad de cada local clase “C” y que para detectar excesos se debía enviar un policía a cada local.
Dijo que en caso de comprobarse exceso de público en un local, el personal policial debía efectuar una consulta con la Fiscalía Contravencional en turno.
Manifestó que en general la referida consulta la puede hacer cualquier oficial, pero que también puede ocurrir que el Fiscal solicite que dicho acto lo realice el Comisario o el Subcomisario.
Precisó que el Jefe de Brigada y todos los Jefes de Servicio tienen el número telefónico del Fiscal en turno.
Por otra parte, indicó no conocer el mundo del rock y que en su momento se interesó por propia iniciativa en saber los motivos por los que estaba cerrado “Cromañón”.
A través de un “productor amigo” se enteró de la realización del festival denominado “Quilmes Rock”.
Manifestó que mandó a inspeccionar el local para averiguar si estaba abierto y “los chicos de la brigada” –García y Villanueva- le dijeron que estaba cerrado.
Dijo desconocer qué grupos tocaron en el local mencionado y que el día que lo inspeccionó, Omar Chabán le presentó a Raúl Villarreal como encargado de seguridad.
Mantuvo una conversación con Villarreal en la zona de las boleterías y como no tenía gafete de seguridad no lo consignó en el acta, atento que consideró que no prestaba tareas en el lugar.
Aclaró que sólo consignó en el acta a los que tenían gafete -Javier Schiavoni y Ernesto Mazzanti-.
Afirmó desconocer la capacidad de los locales, en tanto que el personal policial puede conocer dicho dato en una inspección por medio de la habilitación.
Expresó que es obligatorio inspeccionar los locales “al menos una vez”, para verificar si se encuentran habilitados.
Refirió que los servicios prevencionales especiales -incluido el móvil que se apostaba en la intersección de Ecuador y Bartolomé Mitre- también se prestaban cuando “Cromañón” permanecía cerrado.
Por otra parte, precisó que en el año 2004 la dotación de la Comisaría 7ma. era de doscientos hombres y que dicho personal se distribuía en turnos de seis horas, a excepción de algunos agentes que trabajaban turnos de ocho horas.
Refirió que la jurisdicción de la Comisaría 7ma. abarca setenta y cinco manzanas y que ellas se hallan emplazados más de veinte templos judíos y escuelas de origen israelí.
Puntualizó que por falta de personal algunas escuelas y templos eran custodiados por personal de la Superintendencia de Bomberos.
El radio jurisdiccional de la seccional mencionada comprende desde Jean Jaures y Rivadavia a Pasteur y Rivadavia, y desde Pasteur y Córdoba a Córdoba y Jean Jaures.
Aclaró que la inspección efectuada con funcionarios de la Unidad Polivalente de Inspecciones a “Latino Once” fue realizada con posterioridad a la que él realizó.
Asimismo, precisó que inspeccionó “Cromañón” con anterioridad a que la Comisaría 7ma. remitiera las notas referidas al GCBA, más precisamente a la Unidad Polivalente de Inspecciones.
Expresó que su conocimiento en materia de faltas y contravenciones tiene por base las enseñanzas recibidas en la Escuela de Cadetes de la PFA respecto a las “contravenciones policiales”, que ahora vendrían a estar suplantadas por el Código de Faltas.
Asimismo, dijo que adquirió conocimiento en la materia aludida través de la experiencia y la lectura de las normas.
A preguntas de las partes, respondió que en “Popularísimo” y en “Latino Once” tocaban grupos y que no tuvo conocimiento de inconvenientes ni de la ocurrencia de incendios anteriores en “República Cromañón”.
Por último, indicó que no recibió directivas de no reprimir contravenciones de locales clase “C” y que desconocía que en los boliches nocturnos se hacía uso de pirotecnia.
Fue convocado a prestar declaración en el debate el Comisario Jerónimo Alberto Molina, quien se desempeña como Jefe de la División Judiciales de la Superintendencia de Asuntos Internos de la Policía Federal Argentina desde el mes de febrero del año 2004. Aclaró que la dependencia a su cargo trabaja en colaboración con la justicia para el esclarecimiento de aquellas investigaciones donde resulte involucrado personal policial.
Respecto de su conocimiento de los imputados en esta causa, expresó que conoció al acusado Miguel Ángel Belay, a través de la función policial, por desarrollar una actividad en el marco de una investigación contra el personal de la Comisaría 7ma.; a raíz de ello tuvo contacto con este funcionario, quien prestó colaboración en la pesquisa como Comisario de esa dependencia.
Por su parte, al Subcomisario Carlos Rubén Díaz lo conoce por una intervención que realizó en la misma Seccional con motivo de sus labores.
Interrogado que fue acerca de sus intervenciones en la presente causa, dijo que la primera vez que tomó participación fue a raíz de una disposición de Juzgado de Instrucción n° 1 a cargo de la Dra. Crotto, ocasión en que le fue encomendado constituirse en la Comisaría 7ma. de la PFA a fin de recolectar una serie de libros relacionados con los servicios internos y externos, el listado de personal, las libretas de turnos y cuartos, etc.
En esa oportunidad, se secuestraron una pluralidad de libros donde se plasmaba la actividad de la Comisaría y se procedió al traslado de esa documentación.
Indicó que posteriormente, dado el cúmulo de libros y la difícil lectura e interpretación que estos comportan, se realizaron una serie de diligencias tendientes a transcribir la información que contenían.
Sobre el punto, dijo que esos libros, al ser manuscritos y en razón de su uso policial, no son fáciles de interpretar para quienes no tienen experiencia suficiente en la fuerza. Agregó que una vez finalizada esa tarea, se elevaron las transcripciones al Juzgado interventor.
Expuso que dos meses después de realizar este trabajo, ya por el mes de marzo de 2005, fue convocado a prestar testimonio en la causa para que volcara allí la interpretación de los libros desde el punto de vista de un funcionario policial. En esa declaración trató de aclarar las dudas que surgían de cada uno de los libros.
Refirió que días después le fue ordenada una nueva diligencia a la Comisaría 7ma., esta vez por el Dr. Lucini, ocasión en que se secuestraron dos o tres libros puntuales, de contravenciones policiales y órdenes internas. El material fue elevado al Juzgado.
Pasados unos días más, se dispuso un allanamiento de la Seccional con amplias facultades para requisar despachos, recintos y lugares donde pudieran guardarse documentos de interés para la investigación. En aquella oportunidad se hizo la diligencia con una gran cantidad de oficiales a su mando y se los sectorizó para hacer más expedita la medida. Además, contó con la presencia de funcionarios del Juzgado, entre ellos el secretario y el oficial de ese tribunal, para evacuar cualquier consulta en forma inmediata. También se secuestró material que quedó a disposición del Juzgado.
Resaltó que en esa ocasión, se ocupó personalmente de revisar las oficinas del Comisario y de los Subcomisarios. Agregó que lo secuestrado versaba sobre biblioratos con documentación que plasmaba la actividad de la Comisaría en locales de baile y distintos tipos de comercios.
Preguntado para que dijera si concurrió alguna vez a la Seccional 7ma. de la PFA, por algún otro motivo, dijo que sí, que para mediados del año 2004 lo convocó el Juzgado de Instrucción n° 7 por una serie de denuncias sobre supuestas irregularidades cometidas por el personal de servicio de calle de la dependencia.
La denuncia había sido efectuada, según estimó, por la Secretaría de Seguridad, e involucraba a ciertos oficiales de la Comisaría por supuestos hechos de corrupción; se decía que el personal de servicio de calle tomaba contacto con locales de la jurisdicción y requerían dádivas a sus dueños para dejarlos trabajar sin mayores inconvenientes. Por ejemplo, les permitían estacionar, efectuar carga y descarga de mercadería en horarios no permitidos, entre otras cuestiones. Agregó no recordar si entre esos comercios había locales de baile; sí que había librerías, remiserias, entre otros establecimientos.
Interrogado acerca de las reglas para labrar los libros de la Comisaría, dijo que es habitual que los libros sean llevados en forma desprolija, pues se “hacen a la ligera” y no traducen la verdad plena de la actividad desarrollada en la Seccional.
Esto último no es que se realiza a propósito, sino que a veces se dejan horarios inconclusos o no se vuelca alguna actividad de calle; el libro es para ilustrar y muchas veces sólo se consigna el sumario, el Juzgado interventor, y por lo demás se remite a la actuación simplemente.
Explicó que dentro del marco de una Comisaría existen cuadros de responsabilidades y el funcionamiento de la seccional esta regulado en el reglamento general número 3332 de la Policía Federal Argentina que data del año 1947.
Este reglamento traduce las obligaciones y deberes de cada funcionario en el ejercicio de sus funciones. Allí se plasman las tareas del Comisario, del Segundo Jefe, del Tercer Jefe, de los Jefes de Servicio, y así hasta llegar al rango más bajo de la dependencia.
El Comisario es el responsable absoluto del mecanismo de la Comisaría, pero para desarrollar su actividad, la ejerce a través de colaboradores, los dos Sub Comisarios; éstos, cumplen a través de los cuadros inferiores.
Los Subcomisarios son, respectivamente, el Segundo y el Tercer Jefe de la Seccional. El Segundo Jefe está encargado del contralor administrativo de la dependencia, vale decir, fiscaliza que los libros se lleven adecuadamente, que se cumpla el mantenimiento de la Comisaría en forma correcta, supervisa el trato del personal, las licencias de éste, su distribución y los distintos horarios.
La función del Tercer Jefe es más operativa; sin dejar de colaborar con el resto, globalmente se encarga de lo referido al servicio de calle y de confeccionar el mapa del delito de la dependencia. En éste se plasman dónde se cometen determinados ilícitos, donde hay confluencia masiva de personas dentro de la jurisdicción o los focos de conflicto que haya que prevenir.
Por su parte, en la orden 150 bis está volcado el reglamento. Esa orden data del año 1991 aproximadamente, y a pesar de su ambigüedad, no deja de tener validez, pues se traducen los deberes y obligaciones de la misma manera.
Interrogado acerca de la forma de recolectar datos para la operatividad de la dependencia, indicó que el conocimiento de la actividad de la jurisdicción es permanente. Señaló que personalmente, cuando se desempeñó como Tercer Jefe de una Seccional, se encontró con un cúmulo de información relativa a la actividad a desarrollar. En el día a día se va completando esa información y ésta es la que va a servir para conformar el mapa del delito de la jurisdicción. En tal sentido, dijo que a medida que pasan los días, se van consumando hechos en determinados lugares, ciertas modalidades de robo, o se detectan determinados puntos de conflicto y que, en definitiva, conforman un foco de atención.
En el caso de la Comisaría 7ma. tales puntos están constituidos por los objetivos de índole israelita y la Plaza Miserere, donde se sabe que confluyen gran cantidad de personas por existir una terminal ferroviaria. También en el mapa del delito se consignan los horarios de determinados comercios; en definitiva, así se va conociendo la jurisdicción.
Respecto de las actividades del Jefe de Servicio Externo, refirió que es un oficial que en la generalidad de los casos tiene jerarquía de Oficial Inspector, con una experiencia de entre siete u ocho años en la fuerza, con cuatro años de experiencia como policía de calle.
Su función consiste en diagramar el servicio de calle, tomar contacto con el personal subordinado que trabaja en la vía pública para indicarle a dónde deben dirigirse y pasar lista de esos policías. Una vez que estos hombres están distribuidos, sale a recorrer la jurisdicción con el móvil policial vistiendo uniforme. Se dirige a las distintas paradas supervisando que el resto de los policías estén cumpliendo con la tarea encomendada, vale decir, que estén ubicados en las consignas o esquinas diagramadas.
Paralelamente a esto, el vehículo cuenta con un sistema de comunicación radial directa al Comando Radioeléctrico y a través de esta frecuencia es derivado a diferentes intervenciones, sea por una demanda de auxilio, por ladrones a un comercio, o por algún accidente en la jurisdicción, o para acudir a solicitud de algún miembro policial al que se le presenta algún problema en su tarea; este Jefe de de Servicio no trabaja solo, sino que está secundado por otros patrulleros –identificados como móviles 200 o 300- que colaboran en la actividad encomendada.
Aclaró que el Tercer Jefe de la Seccional, además del Jefe de Servicio Externo, también tiene amplio poder para recorrer la jurisdicción y, de hecho, cuanto más esté en la calle, mejor conocerá la zona y podrá confeccionar de manera mas precisa el mapa del delito que antes explicara.
Respecto de las funciones del Jefe de Brigada, indicó que las tareas de éste y del Jefe de Servicio Externo van de forma paralela. El Jefe de Brigada recorre la jurisdicción a pie o en móvil, pero vistiendo ropa de civil. Tiene mas libertad para desempeñarse y puede hacerlo en distintos horarios.
Normalmente se avoca a investigaciones que demandan un trabajo mas pormenorizado donde se pretende conocer un hecho determinado o puntual. A diferencia del Jefe de Servicio Externo, que actúa en casos de flagrancia, el oficial de brigada lo hace respecto de hechos oportunamente denunciados; también participa en allanamientos y colabora en diligencias con los oficiales de justicia.
Preguntado acerca de si ésta colaboración con la justicia se vuelca en algún libro, dijo que si el oficial de brigada es puntilloso, debería plasmar en parte la actividad que desarrolló en libros, sea que trabajó en colaboración para la justicia u otro organismo. Lamentablemente, hay que reconocer que no siempre se hace esto; de hecho le ha sucedido de recurrir a libros de esta naturaleza y darse cuenta que no todo se encuentra documentado.
Un buen oficial de brigada debería llevar un registro de todos aquellos objetivos de interés de la jurisdicción, como ser sinagogas, locales de baile, clubes, hospitales. Ese libro antiguamente se llamaba de “registro urbano” y es de utilidad porque el oficial que sucede al Jefe de Brigada tiene allí plasmado todo el trabajo realizado. Es un libro cuyo uso no es permanente e incluso ha llegado a desuso.
Interrogado acerca de las órdenes telefónicas, señaló que son órdenes emanadas de una autoridad superior que puede ser la Circunscripción o la Dirección General de Comisarías, dirigidas al Comisario, y que traducen que en determinado día y momento se debe cumplir con algún servicio puntual o bien puede indicar que determinado funcionario o ciertas funciones cumplan con pautas específicas. En cuanto a la jerarquía, pueden ser dictadas de Comisario Inspector para arriba.
Las órdenes telefónicas llegan y se guardan en biblioratos para su reserva. Llegado el día se cumple con la diligencia, en función de esa orden que lleva un número determinado. No son libros de uso recomendado, sino que se guardan conforme al criterio del Jefe de la dependencia o del Jefe administrativo. A veces se juntan por un período determinado y pasado cierto tiempo se dejan en desuso porque se acumula mucha documentación.
Interrogado para que brindara mayores precisiones de la investigación relativa al personal de la Comisaría 7ma., expuso que la pesquisa a que hizo referencia arrancó a fines del año 2003 y se retomó en mayo del año 2004. Primeramente la investigación había quedado sin resolución en el Juzgado de Instrucción nro. 7 y en esa fecha se reanudó.
En tal sentido, explicó que fue convocado conjuntamente con la Gendarmería Nacional por la Dra. Bértola, en ese momento a cargo del Juzgado, y ésta les ordenó profundizar los trabajos que se habían realizado. Se diagramó la tarea a seguir y el Tribunal dispuso que tanto la Dirección de Asuntos Internos como la Gendarmería realizaran todas las diligencias necesarias para esclarecer los hechos.
Un inconveniente que se les presentó fue la necesidad de recolectar datos internos de la Comisaría. Por esos días, salió el pase del Comisario Belay a esa dependencia; como llegaba de otro destino, se consideró un hombre útil para colaborar con la investigación. El Juzgado estuvo de acuerdo y de esta manera Belay se presentó en la Dirección de Asuntos Internos, se le hizo saber los pormenores de la pesquisa y a partir de ese momento prestó una amplia colaboración en las diligencias. Sobre esto último, dijo que Belay proporcionó documentos, horarios de personal, la información relativa a los turnos, etc., todo lo cual fue enviado al Juzgado.
A partir de la prueba colectada, el Juzgado terminó procesando a tres o cuatro funcionarios policiales, cuyos nombres no pudo recordar. Esos policías fueron puestos a disponibilidad en forma inmediata y separados del ejercicio de sus funciones.
Respecto del resto de la gente sospechada, no se pudo comprobar su participación y continuaron prestando funciones en la dependencia.
Preguntado acerca de si la reglamentación impone alguna obligación particular a un Comisario cuando asume como Jefe de una Seccional, dijo que no. Cuando un funcionario policial es destinado a determinado lugar, en el caso, un nuevo Comisario a una Comisaría, lo primero que debe hacer es recolectar la información general de la dependencia; es decir, conocer los objetivos vitales que pueden traer conflicto. Algunos se nutren de información a través de interlocutores, esto es, de los funcionarios que trabajan allí –por ejemplo, por medio del Subcomisario; no está mal que así lo hagan-. Otros son más activos, no se conforman con la información que reciben y salen a la calle para tomar conocimiento directo de la jurisdicción.
A preguntas que se le efectuaran para que dijera cómo se solicita personal de apoyo para determinados eventos, como ser, por ejemplo, la colaboración del Cuerpo de Montada, señaló que lo que no puede hacer un Comisario es peticionar en forma directa a otra dependencia esa colaboración. Esa solicitud se tiene que hacer a través de una instancia superior, que puede ser al Jefe de la Circunscripción o a la Dirección de Comisarías.
Para determinar cuándo debe solicitarse este tipo de colaboración, rige el sentido común del Comisario a cargo de la dependencia, quien así va a proceder, cuando sepa que se va a realizar un evento de confluencia masiva de personas.
Interrogado acerca de si existe alguna norma que obligue a llevar libros en la Comisaría, manifestó que la norma es el sentido común. Los libros deben estar prolijos como toda actividad. Hay un reglamento, es el número 9 de la PFA, que dice la forma de llevar los libros y los tiempos que deben conservarse.
Preguntado acerca de si corresponde labrar sumarios administrativos con motivo de defectos en los libros, expresó que la Dirección de Asuntos Internos tiene varios departamentos, a saber el administrativo, el judicial y otro de control de la integridad profesional.
Si con el devenir de una investigación surge que la forma de llevar un libro determinado fue irregular, poco prolija o insuficiente, puede nacer entonces la necesidad que el declarante tenga que comunicar la situación al departamento administrativo y que allí se efectúe la pesquisa que corresponda para reprochar esa conducta al responsable. En cuanto al reproche, son sanciones disciplinarias.
A preguntas que se le efectuaran sobre si en el año 2004 era habitual realizar inspecciones en locales de baile, dijo que desde siempre se hizo eso, que la mejor manera de nutrirse de información dentro de la jurisdicción es hacerlo en forma personal. Muchas veces se concurre a determinado local comercial, se toma contacto con su responsable para saber quién es, si el lugar está habilitado y si tiene personal de seguridad para, en su caso, identificarlos. Esto último es de utilidad porque si en un boliche golpean a un chico, cuando se hace la denuncia, ya se conoce quiénes son los encargados de seguridad.
Esta información generalmente la acumula el oficial de brigada o directamente se cita al dueño del local a la dependencia y se le pide lo que se necesita saber del local. Esto debería plasmarse en el libro del oficial de brigada si la tarea la hizo éste o en su defecto en el libro del jefe de servicio externo si fue este policía quien cumplió esta diligencia. Los locales cerrados no se inspeccionan, salvo que el cierre obedezca a una intervención propia para verificar que siga la clausura.
A preguntas de las partes, dijo que no recordaba si la Comisaría 7ma. tenía mapa del delito, que cuando se investigó a esa dependencia fueron encomendados para buscar documentación relativa a horarios de los funcionarios, es decir, para establecer quién trabajaba en determinada función y en qué turnos.
Ampliando su explicación relativa a las órdenes internas, señaló que normalmente salen tantas órdenes que después de un período prudente esa cantidad de papeles se destruye porque desborda la capacidad de la dependencia. Las órdenes llevan un número correlativo, que es colocado por quien la emite, a partir del día 1° de enero del año calendario. Al año siguiente la numeración comienza de nuevo. La orden telefónica se traduce en un papel, generalmente se recibe un telegrama, toma conocimiento de ella el Jefe de la dependencia y la trasmite a sus subordinados.
Las órdenes pueden ser generales. A veces obedecen a un evento deportivo. Otras van orientadas a objetivos; pueden estar destinadas a locales de baile en general o a la prevención de una determinada modalidad delictiva.
Preguntado para que explicara cómo debe actuar un oficial ante una contravención, expuso que el funcionario policial tiene la obligación de hacer cesar la contravención o en su caso ponerla en conocimiento de la autoridad contravencional o judicial que corresponda para que le digan cómo proceder.
Normalmente en caso de contravenciones, se reciben directivas determinadas de la fiscalía contravencional y se promueve consulta telefónica para saber los pasos a seguir. Cuando no hay duda, lo único que se debe hacer es cesar la contravención, es decir, notificar al contraventor de la infracción; si es reincidente y no depone su actitud, se hace la consulta y la fiscalía puede disponer el traslado del contraventor al Ministerio Público.
Interrogado para que expresara si sería una actitud irregular que un Subcomisario decida concurrir a un local el día de su inauguración para establecer su nuevo propietario, manifestó que él no maneja investigaciones administrativas, sino judiciales. El departamento a su cargo no efectúa reproches de índole administrativo. Cualquier acto funcional que se realice de acuerdo a las normas éticas no debería ser cuestionado, es decir, en la medida en que la conducta no salga de las pautas normales de la función policial.
Preguntado acerca de si el Subcomisario Carlos Rubén Díaz fue objeto de la investigación que se realizó respecto del personal de la Comisaría 7ma., dijo que no, que la denuncia estaba orientada al personal de calle, no a los jefes.
Interrogado acerca de la forma de vestir de los Comisarios y Subcomisarios, dijo que visten ropa de civil, que no están uniformados, salvo que tengan que cumplir algún servicio que implique el uso del uniforme; pueden vestir de traje o de sport, es indistinto.
Exhibido que le fue el sobre n° 194 del índice de documentación labrado por Secretaría y preguntado para que dijera a qué se refiere esa pieza documental cuando versa distintos horarios y se plasma “a terminar”, explicó que quiere decir que la tarea finaliza cuando el oficial considera que su presencia en el lugar es innecesaria; que no tiene un horario fijo.
Leído que le fue un pasaje de su declaración prestada en la instrucción relativa a la causa que se siguiera contra personal de la Comisaría 7ma., dijo que el juzgado había procesado a 3 o 4 policías, pero aparentemente eso fue apelado y la Cámara los sobreseyó.
Sobre el punto, agregó que no recordaba cómo termino la investigación administrativa relativa a esos hechos.
Fue convocado ante estos estrados José Marcelo Díaz, quien durante el mes de diciembre de 2004 prestó servicios en el Cuartel Cuarto de Recoleta de la División Bomberos de la Policía Federal Argentina.
Relató que el día 30 de diciembre de 2004, aproximadamente a las 23:00 horas, recibieron en el destacamento indicado una alarma para asistir a un boliche bailable motivado en un código 3. Aclaró que esa clave se emite para los casos de “incendios con fuego”.
Manifestó que durante el viaje receptaron información sobre el cambio del código al número 4, el cual corresponde a situaciones en la que se encuentran “personas atrapadas”.
Indicó que tardaron 8 minutos aproximadamente en llegar al lugar del siniestro y que a su arribo ya se encontraban trabajando las dotaciones Primera y Segunda del Cuartel Central de Bomberos.
Expuso que el autobomba estacionó sobre la calle Bartolomé Mitre frente al hotel alojamiento ubicado junto al local “República Cromañón” y que sobre la vía pública había gran cantidad de jóvenes.
Precisó que en primer término bajó el Primer Oficial y que luego lo hizo el resto de los integrantes de la dotación, cada uno de los cuales tenían asignada una función específica.
Puso de relieve que apenas descendió, un grupo de personas se le acercó y solicitó su ayuda. Estos lo condujeron hacia un pasillo ubicado sobre el lado izquierdo del local, donde al final se encontraba entreabierta una puerta. Señaló ese sitio en la maqueta virtual como la entrada del estacionamiento del hotel lindero.
Destacó que detrás de esa abertura había una “pila de personas” y que ayudó a sacarlas de allí junto con otros individuos.
Puso de resalto que no podía ver nada hacia adentro del salón pues había un humo pesado y fuerte; lo describió como una “pared negra”. Agregó que no percibió que el recinto se encontrara iluminado.
Contó que posteriormente tomó el resucitador y comenzó a socorrer a los chicos en ese pasillo. Dijo que luego de unos minutos de proporcionarles oxígeno y cuando aquellos se encontraban en mejor estado, los concurrentes se ocupaban de trasladarlos hasta las ambulancias. Estas se encontraban situadas a mayor distancia que los autobombas.
Expresó que al finalizar de trabajar en el portón, uno de sus compañeros le pidió colaboración para ingresar al local con un grupo electrógeno “Suzuki”. Explicó que ello lo hicieron con la finalidad de iluminar especialmente las escaleras y continuar con el auxilio de las personas atrapadas en el primer piso.
Finalmente, señaló que desconocía si las otras dos dotaciones de bomberos contaban con un generador de energía, porque él no lo había visto aquella noche.
Compareció a prestar declaración testimonial Romina Mellado Toledo, asistente a los tres recitales de “República Cromañón” del mes de diciembre de 2004.
Expuso que para los conciertos de los días 28 y 30 del mes y año indicados compró las entradas en el local “Locuras” de Once.
En cambio, el día 29 asistió como invitada de la banda soporte llamada “Los Garfios”, con cuyos integrantes mantiene una relación de amistad.
Sostuvo que el grupo de personas con el que concurría a los recitales solía utilizar elementos pirotécnicos porque ello era parte del folklore y festejaban de esa forma que su banda estaba tocando.
Sin embargo, dijo que para los espectáculos de “Callejeros” habían decidido no llevar esos materiales porque consideraban inconveniente su detonación en el interior del local.
Ello así, explicó, ya que en ese sitio siempre hacía mucho calor y no se podía respirar. Además porque había presenciado un incendio anterior ocurrido el día 1ro. de mayo de 2004.
Dijo que en el transcurso de ese festival se prendió fuego el techo y los organizadores hicieron salir al público a fin de sofocarlo. Señaló que luego los espectadores volvieron a entrar y el show continuó, aunque en circunstancias no muy seguras, pues el agua le llegaba a los tobillos y había allí equipos electrónicos conectados.
No obstante lo expuesto, los días 28 y 29 de diciembre de 2004 habían llevado petardos. Estos los accionaron en la esquina del hotel alojamiento lindero al local “Cromañón”, durante 5 ó 10 minutos previos a su ingreso, mientras cantaban temas del grupo “Los Garfios”.
Indicó que el día 29 concurrió desde Campana, Provincia de Buenos Aires, lugar donde habita, junto con un grupo de 250 personas. Entre ese conjunto de individuos se encontraba Jessica Domínguez y su pareja Juan Facundo Diana. Agregó que Jessica era en ese momento su amiga, pero que no volvió a ver nunca más a ninguno de los dos.
Explicó que se trasladaron desde la localidad mencionada en dos micros contratados a tal efecto y algunos autos particulares. Aclaró que habitualmente concurre a los recitales mediante esa forma de transporte a fin de abaratar los costos en atención a la distancia en que se domicilian.
Puntualizó que estacionaron los micros a dos cuadras del local y que llegaron aproximadamente a las 21.00 ó 21:30 horas, momento en que estaba por comenzar el show de “Los Garfios”. Resaltó que no llevaron banderas que los identificaran, sino sólo remeras de la banda mencionada.
Con relación a la revisación de los concurrentes durante las tres jornadas, señaló que era realizada por personas que vestían remeras negras con la leyenda “seguridad” impresa y que luego otros individuos cortaban la entrada.
Aclaró que el día 29 -cuando asistió como invitada-, ingresó a través del portón izquierdo que daba a la calle Bartolomé Mitre y que no fue palpada porque no había ninguna persona de seguridad de sexo femenino.
Señaló que por ello, sólo le inspeccionaron su mochila y que no le incautaron ningún objeto contenido en ella. Aclaró que sólo tenía papeles, un monedero, una billetera y una agenda en la que tenía anotados los nombres de todos aquellos que viajaron en los micros.
Puso de relieve que los días 28 y 30 ingresó por la entrada principal, y que allí fue rigurosamente revisada debiéndose incluso quitar las zapatillas.
Se refirió posteriormente a lo sucedido el 30 de diciembre de 2004.
Relató que aquel día se ubicó muy adelante, casi pegado a la valla sobre el lado derecho del salón. Sostuvo que había mucha gente y hacía mucho calor, y que por ello se percibía un clima tenso entre los concurrentes que estaban sensibles ante los roces. Sin embargo, no advirtió conflictos entre ellos, sino un estado de euforia por el comienzo del recital.
Manifestó que vio el incendio que se producía en el techo y que se quedó paralizada, sin saber qué hacer. Puso de relieve que el público tampoco reaccionaba y que en un principio ella pensó que sería sofocado como había sucedido el día 1ro. de mayo de 2004.
Dijo que al cortarse la luz intentó escapar por el centro del recinto pero no pudo. Por ese motivo expresó que permaneció junto al vallado, lugar del que fue rescatada por un joven que la ayudó a salir a través de una puerta de los camarines que desembocaba en el estacionamiento.
Puso de resalto que fuera del local se encontró con Juan Facundo Diana, a quien no había visto en ningún momento aquella noche y a quien sólo le preguntó cómo se encontraba. Afirmó que jamás le comentó que había ingresado al recital con diez bengalas.
Respecto del uso de pirotecnia en los conciertos de rock, sostuvo que se efectuaba en todos ellos, tanto en los de bandas musicales chicas como grandes, y en mayor medida en lugares al aire libre, como estadios.
Señaló que percibió la detonación de esos elementos en un recital de “Bersuit” realizado en el “Luna Park” unos meses antes de diciembre de 2004.
Con relación a la forma de introducir los fuegos artificiales expuso que los cacheos y controles siempre fallaban, aún en sitios como “River” o “Vélez”, donde la forma de palparlos no era tan intensa.
Destacó que vio ingresar esos materiales, en las zapatillas o en el busto de los concurrentes. También dijo que era habitual esconderlos en los caños de las banderas.
A preguntas realizadas con relación al personal de seguridad, precisó que por su experiencia estimaba que generalmente éstos trabajan para el sitio donde se realiza el espectáculo, porque muchas veces llevan puestas remeras con el nombre del local.
En oportunidad de ser oído, Orlando Fernández señaló que a Omar Emir Chabán y a Raúl Villarreal los conoció a partir de su desempeño laboral, como electricista y sonidista, tanto en el local “República Cromañón”, como en “Cemento”; agregó que con los integrantes de la banda “Callejeros” lo une una relación de amistad.
Indicó que concurrió al local “República Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004 e instaló los equipos de sonido para que la banda pudiera brindar los shows.
Agregó que por la tarde del día 27 de diciembre de aquél año, se encargó de llevar los equipos de audio al local. En esa oportunidad, fue recibido por Mario, quien era el encargado del salón.
Señaló que en algunas ocasiones los equipos eran ingresados a “República Cromañón” por la puerta que da al sector de las boleterías y, en otras, por el portón que se encuentra a la derecha de ésta –indicando en la maqueta virtual el pasillo de ingreso al local de color amarillo-.
Continuó manifestando que a “Cromañón” concurrió en varias oportunidades a fin de instalar el equipo de sonido para la banda “Callejeros” y que la primera vez que desarrolló sus tareas laborales en el local fue cuando éste inauguró, no pudiendo precisar la fecha. Aclaró que, en esa oportunidad, ingresó los equipos por la puerta del “garage” del hotel que desemboca al costado del escenario.
Con relación a ello, señaló que sólo esa vez pudo ingresar por allí debido a que con posterioridad le manifestaron a su compañero Vázquez que “no se podía abrir”.
A preguntas que le formularon las partes, manifestó que los equipos de sonido –los días 28, 29 y 30 de diciembre-, no quedaron al cuidado del personal de seguridad porque el local permanecía cerrado cuando los shows finalizaban.
Agregó que “República Cromañón” tenía su propia instalación eléctrica, que la tensión para los equipos era tomada desde el escenario, mientras que la necesaria para la consola de sonido -que se encontraba en el centro de la planta baja del local-, la tomaban desde la cabina del discjockey que se encuentra en la planta alta y conectaban los equipos a una “zapatilla reforzada”. Ello les fue sindicado por Mario la primera vez que concurrieron a trabajar.
Indicó que el cableado de la señal, que va desde el escenario hasta la consola de sonido de la planta baja, estaba colocado en el balcón de la planta alta, de manera de no tener contacto con el público.
Continuó manifestando que el día 30 de diciembre de 2004, se encontraba en el escenario junto a Ricardo Vázquez, Jorge Leggio y Sebastián Meniño. El recital comenzó bien hasta que “prendieron la candela, eso fue lo que inició el siniestro”, indicando que ello sucedió al lado de la escalera que conduce a los baños del local.
Añadió que aquél día llegó a “Cromañón” alrededor de las tres de la tarde y que no recuerda si hubo un show con banda soporte. Asimismo, indicó que pudo abandonar el lugar por los camarines, desembocando posteriormente en el “garage”.
Señaló que la puerta que se encuentra al costado del escenario estaba cerrada, no pudiendo precisar si estaba asegurada con algo; y que él fue quien cortó el sonido del escenario, tocando los interruptores, no pudiendo sindicar quién cortó la luz. Que ello lo hizo porque el público comenzó a “saltar” hacia el escenario.
Posteriormente, agregó que con “Callejeros” trabajó en “Excursionistas” y en “Cemento” y que, actualmente, desempeña para la banda tareas de sonido.
Continuó manifestando que el uso de pirotecnia en los recitales era usual, no sólo en los de la banda “Callejeros”; ello era parte del espectáculo, “el público usaba bengalas y candelas”. Agregó que en varias oportunidades pudo advertir cómo Fontanet le pedía al público que no las utilizaran porque “afectaba a todos”.
A preguntas del Dr. Iglesias, señaló que comenzó a trabajar para Leggio en el año 1996 y que éste era quien le abonaba por sus servicios. Ello lo hacía al finalizar cada show.
Asimismo, indicó que al techo de “República Cromañón” le hicieron tareas de “acustización”, a partir de la instalación de “goma espuma, de un panel acústico en todo el techo”.
Con relación a los recitales de diciembre, señaló que la prueba de sonido se hizo el día 28 a la tarde, que en ella participaron los músicos, la gente de sonido y el manager de la banda. Agregó que las pruebas finalizan cuando todos estan conformes, no existiendo un plazo preestablecido para su duración.
A preguntas de la Dra. Trebino, manifestó que en el escenario había 28 o 29 micrófonos y que Fontanet utilizaba uno inalámbrico.
Posteriormente, indicó que nunca vio ingresar pirotecnia en los recitales, que a Maximiliano Djerfy lo conoce de los shows y que en “Excursionistas” escuchó a Fontanet pedirle al público que no prendieran bengalas “porque se podían quemar”.
A preguntas del Dr. Stefanolo, señaló que a “Lolo” lo conoce porque lo vio en varios shows de “Callejeros”, “era de seguridad” y que también pudo verlo en recitales de otras bandas. Agregó que a Raúl Villarreal lo veía siempre en la puerta de “Cromañón”, que “sólo estaba parado ahí, hablando con la gente”.
Finalmente, se procedió a dar lectura de un tramo de la declaración que prestó el testigo en sede instructora –fs. 1639/vta.- referida a manifestaciones que habría vertido Chabán la noche de los hechos con relación al uso de pirotecnia. Frente a ello, recordó lo manifestado en esa ocasión.
Fue también convocado al debate Bruno Alejandro Díaz, quien precisó, respecto de los acusados, que conoce a Omar Chabán, a Raúl Villarreal y a la totalidad de los integrantes del conjunto “Callejeros”, incluido el manager Diego Argañaraz.
A su vez, y sobre el grado de conocimiento que posee de los nombrados, explicó que, dado que trabajó en la sucursal que la firma “Locuras” tiene en el barrio de Once desde el año 1994 hasta el 2006; tuvo contactos de índole laboral con Chabán y Villarreal pues explotaban los boliches “Cemento” y “Cromañón”.
Explicó que la firma para la que trabajaba funcionaba como punto de venta de entradas para recitales, algunos de los cuales se efectuaban en aquellos establecimientos.
Respecto de los miembros de la banda “Callejeros”, los conoció por el mismo motivo, llegando a establecer cierta amistad con el cantante Patricio Fontanet. Tal es así, que presenció algunas pruebas de sonido del conjunto, citando, a modo de ejemplo, el recital que ofrecieron en “Cromañón” en el mes de mayo de 2004.
Sobre la modalidad que se adoptó en relación a la venta de entradas para los recitales que la referida banda realizó en “Cromañón” los días 28, 29 y 30 de diciembre de 2004, expresó que a los tickets se los enviaron de la sede que la empresa posee en Flores, no pudiendo precisar si lo hizo su dueño –Carlos Hasmat- o las trajo un remise. Para cada presentación recibió mil entradas numeradas y cada una poseía el logo del respectivo disco del grupo. Si bien no recordó cuántas vendió para el primer día, aseveró que se lograron vender aproximadamente 800 para el segundo espectáculo y alrededor de 1.200 para el último. Incluso agregó que para la última presentación le entregaron 300 entradas más que corrieron la misma suerte.
Habida cuenta de la cercanía que había entre “Locuras Once” y “Cromañón”, fue el propio declarante quien llevó la recaudación y se la entregó a Ezequiel Orlandi –orden que había recibido de Lucas, “el chico de Flores”-. Dicha operación la realizó los tres días.
El valor de la entrada anticipada era de $ 10 y el remanente se vendía el día del recital en las boleterías.
Si bien la cantidad de entradas que se destinaron para los referidos espectáculos ascendió a 3.500 por cada presentación –dicha cifra era la que comentaban sus compañeros de “Locuras” y Lucas Hasmat-, se sabía que el local tenía capacidad para 500 personas más. A esto último se lo dijo Chabán –“era un “Obras” en plena Capital Federal”- y también salió publicado en los medios.
No obstante haber presenciado los primeros dos shows, al tercero sólo concurrió para llevar la recaudación porque tenía que buscar a su hijo. Pese a ello, cuando le avisaron lo que estaba sucediendo en “Cromañón”, volvió e intentó ayudar en lo que pudo. Al ingresar vio a Ezequiel Orlandi, Aldana Aprea y otro sujeto de nombre Cristian que fue quien lo llamó y le avisó que se estaba incendiando el lugar.
Con relación al panorama que contempló al llegar, dijo que por la puerta de ingreso que se encuentra sobre la calle Bartolomé Mitre salía humo, y que en el salón central estaba todo oscuro, encontrándose personal de bomberos intentando encender un motor. Lo primero que atinó a hacer fue ponerse una remera en el rostro e ingresar a auxiliar a la gente, dado que en el interior del local aún se encontraban familiares de sus amigos. Primero se dirigió a la zona del primer piso donde se encontraba el VIP, para luego auxiliar gente del lado opuesto, es decir, donde se encuentran los baños. Las personas que sacaba de allí las llevaba hasta las puertas violetas y otros individuos se encargaban de trasladar a los cuerpos hasta los camiones que había en la calle.
En determinado momento lo exhortaron a que se retirara del establecimiento porque ya no quedaban más personas.
Recordó haber visto a los integrantes de la banda colaborando con la evacuación, nombrando puntualmente a Maximiliano Djerfy, Patricio Fontanet y Cristian Torrejón.
Junto al segundo de los nombrados y con la colaboración de otro sujeto que poseía automóvil, recorrieron los hospitales en busca de familiares. Primero fueron al “Ramos Mejía” y luego al “Francés”, siguiendo el recorrido por otros nosocomios.
Al día siguiente estuvo con Diego Argañaraz en el “Hospital Francés”. También se encontró con Ezequiel Orlandi en el “Hospital del Quemado”, pero no precisó fecha exacta. No obstante, y en relación a éste último encuentro, recordó que Orlandi tenía el dinero de la recaudación y le dio parte a un chico de Córdoba de nombre Fabián. Todo ello en presencia de Fontanet y otros chicos de “Locuras”.
La noche del día domingo, luego de lo ocurrido en “Cromañón”, junto a Diego Argañaraz y a Lucas Hasmat se dirigieron del “Hospital Francés” a su domicilio. De allí llamaron a Ezequiel Orlandi, que vivía a unas 10 o 15 cuadras, para que llevara el dinero de la recaudación. Como al final quedó en su casa, fue el dicente quien lo acercó al Juzgado.
Sobre el monto de la recaudación de los tres días, precisó que osciló entre los 51 y 52 mil pesos y que lo depósito judicialmente en el Banco Ciudad a pedido del doctor Luccini cuando se presentó de manera espontánea en el Juzgado.
Al ser preguntado sobre la presencia de vendedores ambulantes en los alrededores del local donde se realizaba el recital, explicó que si bien había gente vendiendo banderas y cosas relacionadas con la banda, no estaban vinculados con “Locuras”.
Si bien no participaba de las reuniones del grupo “Callejeros”, sabía que a Fontanet no le gustaba la pirotecnia porque le hacia mal el humo, al punto tal que la madre le llevaba a los recitales un nebulizador.
Sin perjuicio de haber concurrido en reiteradas oportunidades a “Cromañón”, nunca advirtió que se haya modificado la estética del lugar.
A pesar de desempeñarse en “Locuras”, cuando ingresaba a “Cromañón” lo revisaban, pero por trabajar en esa empresa entraba a todos los recitales como invitado.
A preguntas de la doctora Fangano, dijo que no vio a Djerfy ingresar pirotecnia; y que en “Excursionistas”, “Locuras” tenía un puesto de venta de remeras y demás cosas de la banda, pero nunca se vendió pirotecnia. También expresó que conoce a una persona de nombre Sebastian que pertenece a “La Familia Piojosa”, dado que concurría asiduamente a su local porque organizaba viajes en colectivos para ver a distintas bandas de música.
Con el objeto de ayudar a la memoria del testigo, se procedió a dar lectura de una serie de extractos de las declaraciones que prestó en el transcurso de la instrucción; comenzando con la operatoria el señor Fiscal General, quien se remitió a la declaración testimonial de fecha 10 de enero de 2005 –fs. 17.740-, puntualmente a lo que declaró a partir del renglón nro. 11. En esa oportunidad expresó que “del total de las entradas que recibió, se vendieron 874 para el evento del día 29 de diciembre y 1.294 para la última presentación, no pudiendo recordar la cifra exacta del día 28 de diciembre”. Tal aseveración fue ratificada por el testigo, quien volvió a insistir con la falta de memoria respecto de la última cifra.
Continuó el Fiscal General con la misma modalidad, pero ahora con lo que manifestó a párrafo seguido de aquella declaración. Allí explicó que “el producido de la venta de entradas de los días 28, 29 y 30, conjuntamente con las entradas remanentes de cada día, fueron rendidas por el declarante en la boletería de “República Cromañón” los días indicados precedentemente, haciéndole entrega de ello, tanto a Ezequiel Orlandi como a Diego Argañaraz. Que la operación se realizó de manera directa y sin mediar recibo o remito alguno”. Sin perjuicio de asentir lo leído, precisó que Diego le dijo que le entregara el dinero y el remanente a Ezequiel porque era la persona encargada de las entradas.
Finalmente, procedió el Fiscal a dar lectura de lo declarado en aquella misma ocasión, pero a fs. 14.742 vuelta –octavo renglón-, ocasión en la que el testigo explicó que parte del dinero de la recaudación de la venta de entradas en “Cromañón” se utilizó para apoyar económicamente a familiares y amigos que estaban internados en distintos nosocomios. Tal circunstancia fue sostenida por el declarante.
En la audiencia de debate Salvatore Albano señaló que se dedica de manera independiente a la colocación de materiales acústicos.
Indicó que ha realizado obras grandes y otras de menor importancia, mencionando entre las primeras su participación laboral en un salón de “Showcenter”.
Explicó que en diciembre de 2003 o en enero de 2004 una persona de seguridad, que trabajaba para Omar Chabán, lo llamó para pedirle un presupuesto de trabajo.
A fines de febrero o el 2 de marzo de 2004 se dirigió al local de “Cromañón” y en un primer momento entró al hotel, donde lo recibió un hombre que cumplía funciones de recepcionista.
Posteriormente llegó Omar Chabán y salieron hacia el salón, para entrar por la puerta izquierda –vista desde el exterior- del hall de las boleterías.
Luego de atravesar unas puertas tipo cine –había varias puertas y una sola estaba abierta-, observó que estaban lavando el piso del salón.
En ese momento Omar Chabán se fue a conversar con otras personas y después se le acercó para presentarse y darle la bienvenida.
Agregó que tomó unas fotos del lugar para su cuaderno de presupuestos y para ir viendo los cambios que se iban sucediendo.
Dijo que había obtenido aproximadamente treinta fotos y que al averiarse su computadora sólo pudo “salvar” una de ellas.
Exhibida que le fuera la fotografía que oportunamente aportó a la instrucción, indicó que en ella se aprecia que la puerta situada cerca del escenario estaba abierta y que tardaron diez o quince minutos en buscar la llave del candado para poder abrirla.
En dicha oportunidad, observó que no había suficientes salidas, atento que sobre las paredes laterales del local no había aberturas.
Consideró que ello conformaba un grave problema, porque el salón tenía capacidad para recibir muchas personas.
Puntualizó que por su experiencia laboral sabe que la salida es un tema muy importante, aún más importante que la calidad de los materiales existentes en el local.
Manifestó que Omar Chabán quería realizar trabajos acústicos en la pared situada detrás del escenario, en la pared del sector VIP, en la pared de la barra del fondo, en los portones cercanos al escenario y en una puerta chiquita que daba a la oficina del hotel.
Aseveró que arriba del escenario había cuatro extractores de un diámetro de noventa centímetros y que le dijeron que el sonido salía por dichos conductos y molestaba a los jugadores de fútbol que solían alojarse en el hotel.
Con un chico del hotel subió a los techos para verificar el ruido que producían los extractores cuando estaban en funcionamiento. En ese momento, le dijeron que sólo funcionaba uno de ellos y que encontrarían la manera de arreglar los restantes.
Cuando bajaron observó que la puerta situada cerca del escenario tenía colocada una cadena con candado del lado del local y en su exterior había unos listones apoyados en el rincón.
Asimismo, advirtió que los conductos de aire acondicionado que se hallaban suspendidos en el techo tenían guata pintada, que se asemejaba a la lana de vidrio.
Le dijeron que en el techo había lana de vidrio pero no pudo ver el material porque estaba oscuro.
Preciso que había media-sombra en todo el boliche y que le dijo a Omar Chabán que debía sacarla, porque al tratarse de un material plástico, podía prenderse fuego si las luces del escenario explotaban.
Aclaró que desconocía si comprendió su sugerencia y que advirtió que en ese momento Omar Chabán estaba atendiendo otros temas y no le prestó atención.
Además le comentó el problema de “las salidas”, pero no hizo mucho hincapié en dicho tema porque no quería perder su oportunidad de trabajo.
En el lobby del hotel le mostró fotografías correspondientes a trabajos anteriores y le informó que el material ignífugo era caro.
Refirió que en la actualidad hay dos empresas que producen ese tipo de material y que en aquél momento sólo lo fabricaba la firma “Veltex”.
Precisó que dicho material se exportaba a Brasil y Estados Unidos y sólo el cinco por ciento de la producción se comercializaba en el país.
Por otra parte, explicó que hay tres tipos de sonido: alto, medio y bajo y que la lana de vidrio sólo absorbe los dos primeros.
Sostuvo que en un recital es inevitable que el sonido “bajo” repercuta en toda las instalaciones y que por ello los boliches deberían estar como mínimo a cien metros de otras edificaciones.
Omar Chabán le dijo que la noche anterior habían festejado la firma del contrato de alquiler y que no había colocado la cadena en la puerta referida ni la media-sombra.
Expuso que un ingeniero le explicó que en los conductos de los extractores debía colocar cuatro codos de chapa con lana de vidrio y un vellón ignífugo para evitar que el sonido se propagara.
Expresó que dicho trabajo se encarecía porque requería la utilización de un andamio y que Omar Chabán le dijo que había invertido mucho dinero en lana de vidrio que había colocado en el techo.
Dijo no haber comprendido cómo había efectuado dicha inversión, atento que la noche anterior había festejado la firma del contrato de alquiler.
Exhibido que le fuera el plano de fs. 2059, lo reconoció como el que efectuara en su anterior declaración y explicó que “los puntos” que allí se observan indican el lugar en que se paró a hablar con Chabán y con las personas que lo acompañaban, entre ellas una mujer de pelo rubio.
En su primera visita al local, le dijo a Omar Chabán que tenía que hacer cuentas para darle un presupuesto.
Luego, al concurrir nuevamente a “Cromañón”, le informó al hermano de Omar Chabán que el costo de la obra solicitada era de diecisiete mil pesos ($ 17.000) e incluía la mano de obra, los materiales que debían colocarse y la utilización de un andamio, atento que los extractores estaban muy altos.
El hermano le dijo que era caro y que tenían otros presupuestos de cuarenta mil pesos ($ 40.000), de cuarenta y cinco mil ($ 45.000) y de cincuenta y cinco mil pesos ($ 55.000).
Volvió a comentar su opinión sobre las salidas y a raíz de ello conversó con el dueño del hotel -un hombre alto, que estaba vestido de traje-, quien le dijo que tenía “todos los papeles al día”, tanto de bomberos como del GCBA.
Al dueño del hotel le refirió que no había suficientes salidas y que con miles de concurrentes el salón “era una trampa mortal”.
Por otra parte, indicó que la puerta situada cerca del escenario tenía lana de vidrio térmica en el medio, que sólo sirve para mantener el frío o el calor.
Explicó que para que cumpla una función acústica debe tener “varias capas” en ambos lados de la puerta.
Además, señaló que dicha apertura presentaba la pintura rajada a la altura de la manija, por lo que entendió que los listones apoyados en el rincón eran usados para trabar la puerta.
Precisó que Omar Chabán le comentó que el dueño del hotel quería la puerta cerrada para que nadie saliera al pasillo del hotel o a la entrada de autos, por lo que ellos trababan la puerta con la cadena y con los listones.
A Omar Chabán le dijo que por tratarse de un lugar público debía usar material ignífugo y que ello lo sabía a través del 2º Jefe de Bomberos de Montegrande, quien le comentó que la ley que ordena el uso de dicho material es de 1973.