"Una princesa mandona".
No debió ser Macarena. Al menos para su papá, Sebastián, convencido de que la panza de Paola escondía un varón. Claro, la desilusión se acabó tras verla sonreír, con esos pocitos en los cachetes con que derretía a todos.
"Se sientan y se callan la boca" , repetía ella, probando si el reto de su maestra en el jardín tenía la misma eficacia en casa. Con su colección de muñecas le salía bien: ninguna se rebeló ante las sesiones de peinado o paseos por el living, que jamás la encontraban desarreglada. Amaba vestirse de princesa y maquillarse hasta el cuello. Y seguir a papá a todos lados. Incluidos los recitales. Su padre también murió en la masacre.




