El cervecero. Matecito a las cinco de la mañana, una peinada rápida y a trabajar. La rutina de Sergio comenzaba en las silenciosas calles de Ezpeleta y seguía en el supermercado Auchan de Quilmes, donde reponía las frutas y las verduras.
Tenía que dejar las góndolas completas antes de las 10, hora de un descanso. Su jornada laboral terminaba a las 14, cuando volvía rápido a jugar con su hijo, Tomás, que lleva un año y medio de vida.
Hace un mes terminó de juntar la plata para comprarle un reloj con cronómetro a Griselda, su hermana, que estudia para profesora de gimnasia. Se lo dio en la fiesta de cumpleaños, el martes 28.
-¿Vamos mañana a ver a Callejeros, que presentan el disco?
-Uhmm, no sé -contestó Sergio- yo voy el jueves.
No era tan fanático del rock, pero sí de Quilmes, el equipo que lo hizo sufrir hasta que volvió a Primera División, luego de infinitos intentos. Rosana, su mujer, preparaba un gran festejo para el Año Nuevo, con toda la familia, en un salón que está a dos cuadras del nuevo estadio cervecero.
Nació el 11 de febrero de 1981, tenía 23 años. Su llegada al mundo invadía de felicidad a toda la familia; era el primer hijo; el sobrino más esperado; el hermano y primo mayor, la persona que iba a dar el ejemplo, y así fue un ejemplo de vida.
Chechi como le decían sus amigos, creció en San Francisco Solano, barrio al cual amaba, curso sus estudios en Quilmes, en donde cosechó su grupo de fieles amigos con los que compartió momentos inolvidables. Su personalidad: fuerte, llena de convicciones e ideales le permitió ganarse el cariño y respeto de todo aquel que lo rodeaba.
Ser, siempre expresó sus deseos de ser Papá, fue Rosana quien cumplió su sueño. Juntos formaron la familia que tanto querían. El 17 de octubre llegó al mundo la personita que iba a iluminar sus vidas Tomas Ariel Escobar, TOTO, como el le decía. A partir de ese día todo cambio, Chechi papá, tuvo que aprender a preparar la mamadera, a cambiar los pañales y a sentir el inmenso amor que un padre siente por su hijo; soñaba con el día que juntos puedan jugar a la pelota, ya que Chechi era un apasionado del fútbol, zurdo como el “Diego”, su ídolo, seguidor del cervecero pasión compartida con el fortín.
Pero el 30 de diciembre, fueron derrumbados todos los sueños, proyectos y las ganas de vivir que Chechi tenía, le robaron el sueño de ver crecer a su bebé, de poder darle una hermanita como el quería, de seguir amando a su mujer, de cuidar a sus papis y hermana, de SER FELIZ…
“Gracias Ser por todo lo que nos diste, tu alegría…contagiosa; tu amor…incondicional; tu felicidad… eterna y tu ejemplo que será por siempre”
TE AMAMOS HOY Y SIEMPRE TU FAMILIA






