Esa luchadora del alma.
"Le decían Pato o Patito y su nombre quedará para siempre en el comedor de la asamblea popular de San Telmo, donde ponía sus manos cada vez que podía, donde terminaron despidiendo a su cuerpo entero.
Pato trabajaba en República Cromañón desde diciembre del 2003. Le pagaban 30 pesos por una noche de limpiar baños, levantar cajas de cerveza, barrer pisos después de la función o lo que hiciera falta.Se había criado en San Telmo, con su familia, hasta los ocho años y luego con sus vecinos Lidia y El Ruso, a los que adoraba como padres adoptivos.
No pudo terminar el colegio y ya desde chica se las tuvo que rebuscar. Lo último fue un puesto en una feria de antigüedades, pero lo que conseguía un domingo se le acababa el lunes o el martes.
Ahora vivía en un departamento de Almagro con Ana, su amiga del alma, inseparables. Juntas llevaban años buscando un crédito para poner una empresita de mensajería o un cybercafé. Era su sueño. Algo para tener un sueldito fijo, para no tener que meterse en la oscura Cromañón los fines de semana.
A Patito no le gustaba su trabajo, pero lo hacía siempre con esa sonrisa, con la fe de los creyentes. Creía en Dios, Patito. Creía en la paz de un cielo protector".
El 28 de agosto Pato cumpliría 26 años. Con profundo cariño y respeto acompañamos a quienes la criaron y aman, como a todos los que la conocieron, en este día de tristeza infinita pero también de recuerdo.
"Patito querida, así te llamaban y seguramente te seguirán llamando en el Cielo, no solo tu amiga del alma Ana Sandoval a quien recibiste hace poco tiempo y todos los chicos. Ella te estará preparando esa fiesta de cumpleaños en tu honor junto a tus nuevos amigos, nuestros hijos. Te queremos y nunca te olvidaremos".
Agosto de 2009.




