A casi un año de habernos distanciado, nunca supe cómo rellenar estas líneas. A pesar de que hoy siento la paz de haber saldado todos nuestros caprichos, desde el momento en que te fuiste siempre sentí la necesidad de volverme a encontrar frente a vos de esta manera, la misma que nos supo unir y conocer durante todos estos años.
Tengo tanto por hacerte saber que me pierdo y no recuerdo más que detalles insignificantes. Lo único que me es imborrable es que hace 11 meses que tu partida me regaló más de una tristeza y un 2005 rengo. Sí, a enero lo cargué con noches largas y llantos entrañables. Pasó el tiempo y hasta hoy no hice más que hacerme cargo de esta soledad, tanto en nuestras fechas patrias, como en los repasos de nuestras coherencias y similitudes .
Perdón amigo pero no me acostumbro a extrañarte, a no sentirte cerca, a hacer realidad que ya no estás. No ha pasado un año y no dejan de tener eco en mí nuestras risas y delirios. No pasa un día que no me acuerde de tu voz, de tus mails, Dios me libre cuánto nos dijimos sin explayarnos tanto, cuántas veces nos tuvimos de esta manera para asegurarnos un lugar en nuestras vidas, una voz de aliento mutuo y sin descanso.
No te voy a mentir, se siente tan eterna tu falta que no quiero convencerme. Sobrellevo este pasar con la mejor de las firmezas que he encontrado hasta ahora pero últimamente mis días se me han puestos cada vez más perezosos. No es el correr del tiempo lo que me pesa sino más bien la vuelta nítida de tus recuerdos, la ausencia de uno más, pero por sobre todas las cosas, este impotente capricho de no haber deseado nunca que te fueras tan pronto
Sí, te has vuelto más significante en mí vida de lo que solías juzgarte por tus tiempos, mucho más para todos nosotros. Creéme Tachín, son más de un par de lágrimas las que te extrañan, toda la familia te reconstruye y te siente, en especial Carlos y Ornella. Ellos están como pueden estarlo después del infierno vivido por todos ustedes. Malditamente cada uno de los dos se ha quedado con una cicatriz en su carácter. Carlos te siente faltar siempre y no repasa un recuerdo sin sentir tu ausencia. Tan cierto es lo que te escribo que hasta sospecho que puso a Boca de duelo por vos. Nuestro fanático, por ahora, no puede más que evitar los lugares llenos de gente y con ello, esa amarga sensación de espanto inesperado que aún conserva.
A Orne le pasa lo mismo pero después de mucho esfuerzo pudo volver a entrar a un boliche. Supongo que esta valentía que la caracteriza forma parte del legado de coraje que le dejaste aquella noche. Todavía se carcome por no haber podido conservar tu remera, esa que le permitió resistir hasta el final y la protegió para salir.
Y ahora, qué más te puedo decir después de esto, que si hubiese previsto que el 31 de diciembre pasado íbamos a encontrarte sorprendido en el cielo, no me hubiese perdido ni hasta el más insulso abrazo. Pero si aún así no hubiésemos podido evitar todo lo que nos pasó. Cómo hubiésemos podido esquivar tan compleja desgracia, esa fermentación fatídica que resultó ser Cromañón, fiel espejo de la Argentina malograda que nos agrupa.
Sí, Cromañón es culpa de unos y responsabilidad de todos, consecuencia del lucro empresarial, la indiferencia política, la ignorancia en masa y la violencia disfrazada de diversión, en definitiva, un todo perversamente coordinado que nos mostró lo inesperado del rumbo y lo desdichado que podemos hacerlo cuando nos vendamos los ojos.
Pero, si a pesar de esta inmensa realidad te dijese que ya no quiero inmortalizarte de esta manera, que a pesar de sostener sin precio mi sed de justicia ya no quiero mantenerte despabilado entre vergüenza y humo, vos me cederías una nueva despedida, me dejarías esconderte donde pueda descubrirte, lejos de lo que nos separó y enlazado a los que nos mantuvo juntos. Y si así pasara, aprenderías a llamarme cuando las alturas te sientan sólo, regresarías a mí cuando necesitase una luz en mi camino. Entonces amigo, por todo lo que hemos vivido y por lo que nos resta cruzar de esta manera, sello nuestros recuerdos en el tiempo y vuelvo hacia atrás para quedarnos donde nos dejamos esta última navidad.
A Federico Pablo Molteni, víctima de la masacre del 30 de diciembre de 2004, en nombre de todos lo que te extrañan y te sienten faltar, estas palabras desde mi más profunda voz.
Florencia
30/11/05
"Pablo querido, hermoso recuerdo que nos deja tu amiga Florencia, hoy que cumplís años te deseamos paz eterna, la paz del Señor, que tengas una bella fiesta de cumpleaños con nuestos hijos, iluminando con tu luz a todos los que te amaron y siguen amándote a pesar de tu partida, te queremos y no te olvidaremos".
Octubre de 2009





