"Dormir entre ángeles .
Hay dos amurados a la pared, varios en la repisa, quién sabe cuántos por el aire. La pieza de Fernanda está llena de ángeles. También hay duendes, pero ella prefería a sus amigos alados. Hizo pintar el cuarto de azul, para que no extrañaran el cielo.
Fernanda estudiaba cosmetología, una carrera con buena perspectiva laboral: siempre hay cumpleaños de 15, casamientos o alguna suegra necesitada de un retoque, fue lo que pensó. Coleccionaba aritos, de todos colores y tamaños. Nunca retomó sus habilidades como patinadora artística y nadadora, dos atributos de su infancia en la localidad de Florida, del norte bonaerense.
Con su hermana Sabrina, de 22 años, charlaba hasta tarde. Hablaban de chicos, de música, de proyectos. Los ángeles testigos, siempre discretos, cultivaban el disimulo.
Hace ocho meses habían sumado una compañera a sus conversaciones de trasnoche: Bernarda, una perra dálmata, invasora de cuartos, destructora de todo a su paso.
"Sus padres creen que Fernanda duerme entre ángeles" .





