"Marido y padre "de fierro".
Pocas palabras hacen falta para dibujar un perfil del Pelado, y las elige Karina, su esposa: vecino de Isidro Casanova, vivaz, trabajador, tenía un único y gran sueño: fanático de Chevrolet, quería armarse un buen "Chivo". Había tenido uno, rojo, que tuvo que vender para hacerse la casa. "Y me lo recordaba todos los días", suspira Karina.
Hijo de un carpintero, le pedía a su papá que le hiciera autitos de madera, y hasta el amor por sus hijos lo vivía en clave automovilística:
"Cuando yo no esté, la moto es para el nene y el auto para la nena" , dijo más de una vez. "La moto" se la había podido comprar hacía poquito gracias a las prendas que cortaba y vendía en la feria de La Salada, y era para Marcos, que tiene un año y medio. "El auto", que todavía no existe, sería para Bárbara, de cinco años. Un detalle: Marcos, dueño de un karting cuyos pedales todavía le quedan lejos, le debe su nombre a Marquitos Di Palma.
"Yo no sé si era una premonición o qué", reflexiona Karina. "Pero también pedía que cuando se muriera lo cremáramos y tirásemos sus cenizas en el autódromo".





